Saludos! La verdad es que imagino que después de un parón de… pff… yoquesé cuántos meses, nadie sigue el fanfic… pero recibí hace bastante tiempo un review deMAriia KudoxKid que, en fin… la verdad es que me ha reactivado. No me esperaba ya ninguno a estas alturas XD. Asi que, en fin: esta actualización de tres capítulos va por ti!

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CAPÍTULO XXIX:

-Entonces, ¿Qué debemos hacer? – tenía sus propias ideas, pero quería saber lo que había pensado el pirata al respecto. Observando distraídamente el techo de la tienda, siguió acariciando la espalda del hombre acurrucado sobre su pecho, desnudo como él mismo bajo las mantas. Le oyó suspirar cuando su cabeza estaba todavía reclinada en su hombro antes de que apoyase los codos en el improvisado lecho para mirarle.

-Arreglaremos esto – había determinación en sus ojos, de total franqueza -. Iremos en socorro de Larsa y disolveremos el senado para alimentar a los buitres con su carne corrupta – Basch contuvo una carcajada, observándole divertido antes de apuntar.

-¿Un pirata con sentido del deber?

-Es lo que tú harías – le corrigió.

-Dudo mucho que "alimentase a los buitres con su carne corrupta" – dejó de sonreír sin abandonar la ternura de su mirada -. Pero sí, es lo que debo… - Balthier cubrió sus labios con un dedo, y el caballero entrevió una nota de tristeza en sus ojos cuando lo hizo.

-Para mí es sólo lo que quieres hacer… Sólo eso – Basch esperó un momento antes de apartar su mano de sus labios, jugueteando con sus anillos antes de preguntar.

-¿Sabes que… Larsa me relevó de mi cargo para… poder venir a buscarte? – los ojos castaños se abrieron de par en par con sincera sorpresa -. Él necesitaba a alguien de confianza para… "capturarte", pero me dejó ir a parte de los cuerpos del Imperio para que actuase según mi criterio.

-Sabía que me encontrarías antes – explicó con sencillez, dando por zanjado el tema.

-No era su obligación hacerlo.

-Fuimos aliados en su momento, eso es lo que se denomina como un "contrato verbal". De no ser por nosotros no estaría sentado en ese pomposo trono.

-Todo indicaba que habías sido tú.

-Pero yo no fui – puntualizó, pellizcándole la nariz.

-Él no podía saberlo.

-¿Qué intentas decirme? ¿Qué estoy accediendo a ir contigo a desmantelar un complot porque me siento responsable?

-Fuiste el desencadenante – apuntó.

-¿Y qué hay de mi reputación de pirata del aire más buscado de Ivalice?

-¿Merece tu reputación la muerte de un inocente?

-Ese niño tiene muchas virtudes en su haber, pero apuesto que inocencia o ingenuidad no se hallan entre sus cualidades. En cambio, tú posiblemente te lleves la palma – le pinchó.

-Eres bueno aunque prefieras que todos te conozcan por esa cubierta de duro cinismo irónico con la que te paseas por el mundo – Balthier hizo un mohín.

-No intentes manipularme, capitán.

-Lo haces todo tú solo, pirata.

-¡Vaya! ¡Sin tregua, mi capitán! – se rindió exasperado, rodando hacia un lado para tumbarse en el saco -. ¡Me retiraré antes de que me arrebatéis lo que me queda de dignidad! – bromeó. Basch se deslizó a su lado, apoyando la cabeza en su vientre y mirándole desde allí.

-¿Entonces?

-Seguiremos con lo planeado.

-Que es…

-Ir a Golmore a por el Strahl y a por Fran. De allí a Arcadis, y de allí a la corte y el senado – Basch se revolvió inquieto, ganándose una mirada interrogante del pirata.

-…Temo que no dispongamos de tanto tiempo – confesó.

-Es necesario – intentó consolarle, abrazándole y acariciando aquel pelo rubio aún demasiado corto para su gusto -. Es la más rápida. Tus quince horas de vuelo se reducirían a ocho, y no hay ninguna otra nave cerca en buenas condiciones que nos ahorre la caminata a la Selva. Siento no poder ofrecerte más alternativas, pero como puedes ver ando algo limitado de recursos.

-¿Cuántos días serían? – hubo un silencio en el que la mirada del castaño se abstrajo en la lona de la tienda, pensativo.

-…Dos, tres días quizás, sólo hasta Golmore y la aldea de Eryut – la espalda del guerrero se convirtió en un amasijo de músculos tensos al oírle -… Y después ir a por la nave a Guiza, donde muere el bosque. Y el vuelo, claro.

-Balthier…

-Es lo que hay. Nos daremos prisa y estarás en Arcadia antes de que te des cuenta – le animó -. Tienes mi palabra de pirata del aire.

-Oh, ahora me siento mucho más tranquilo – bromeó, recuperándose de la inquietud -. No hay nada como el apoyo de un fugitivo del Estado.

-Ni como su afecto – rió Balthier, revolviéndole el pelo y besándole la frente -. Pero me temo que no puedo… ofrecerte nada más ahora mismo, o no me perdonarás el retraso.

-Entonces habrá que ponerse en marcha ahora – se sentó con un quejido, buscando su ropa para vestirse antes de añadir -. O mi voluntad caerá fulminada a los pies de tu ofrecimiento.

-¿Demasiado orgulloso para eso? – replicó con una sonrisa mordiéndole una oreja mientras se pasaba la camisa por los hombros.

-Al contrario, estaría muy tentado en ceder – Balthier sonrió al escucharle, terminando de cerrar las hebillas de su pantalón. Todavía no acababa de acostumbrarse a aquél uso tan sugestivo de la verdad con el que a veces le sorprendía el guerrero. Sintió que se acercaba por su espalda y tiraba suavemente de su cabeza hacia atrás, logrando desequilibrarle un instante para devolverle el beso en la frente -… pero ya sabes que no puedo ceder siempre – concluyó, echándose la chaqueta por los hombros y saliendo fuera perfectamente abrigado.

-Precisamente por eso es por lo que eres tan encantador, mi capitán – le replicó alzando la voz desde dentro de la tienda -, porque es fácil tentarte y difícil ser rechazado – Basch no le contestó, pero Balthier escuchó con satisfacción una cordial risa sincera que transformó aquél diminuto campamento perdido en el lugar más frío de Ivalice en un oasis de incandescente complicidad.