Uff, me tomó un laaaaaaaaaaaaaargo tiempo volver a la acción.

Estoy estancada, sé qué quiero que pase pero no cómo hacer que llegue a eso ;-;

No es de lo mejor que escribí, pero es algo.

LAMENTO LA TARDANZA. MUCHO. :c

PnF characters © Dan Povenmire & Jeff 'Swampy' Marsh


Capítulo 29: ¿Te animas?

— ¡Woah! ¡Isabella, Isabella! ¡Creo que encontré una... una...!

Los gritos emocionados de Gretchen hicieron que la líder se dirigiera hacia donde estaba. Allí, en una rama más o menos baja, se encontraba posada pacíficamente una mariposa de alas negras con manchas amarillas.

— Oh, esa, esa es... —sacó su libro de especies de mariposas de su mochila, y comenzó a hojear en él—.

"Papilionidae"

Phineas dijo mientras se acercaba a las muchachas.

— Es una mariposa diurna, no me sorprende que la hayas encontrado —comentó, mientras trataba de hacer que se pose en su dedo—.

Isabella se permitió mostrar una sonrisa de enamorada. Si había algo que le gustaba de Phineas, era su inteligencia. Adoraba cuando interrumpía para aclarar algo, por más pequeño que sea.

— ¿Eso cuenta? —preguntó la castaña, pero al ver que su amiga no reaccionaba, repitió lo dicho— ¿Isabella, eso cuenta?

— ¡Oh! Uhm, sí, eh... ¿Cuál fue la pregunta?

— ¿No estabas prestando atención, cierto? —al ver que ella asintió, dijo con una sonrisa burlona—No me sorprende.

— En fin, —dijo Isabella mientras corregía su garganta— sí, esa cuenta. Te faltan otras cuatro.

— ¿Isa?

— ¿Sí, Phineas?

El muchacho extendió su mano, con una sonrisa, mientras decía...

— Acompáñame, quiero mostrarte un lugar.

— Oh, pero... es que las chicas y yo estamos tratando de hacer algunas cosas, y probablemente necesiten mi ayu-

— Ve, Isa, yo me encargo de lo otro. No te preocupes —dijo Gretchen, guiñándole un ojo—.

— ¿Entonces? —Phineas insistió—.

Isabella no tuvo otra opción que aceptar, curiosa y emocionada. Su simple tono de voz hacía que confiara ciegamente, sin siquiera saber a dónde se dirigían. Solo se dejaba llevar por él.

Atravesaron algunos caminos, se cruzaron con algunos animales pequeños y bastantes insectos. Pero se sentía segura, por alguna extraña razón. No es que los bichos le dieran miedo, en verdad había cuestiones como, por ejemplo, el hecho de que pudieran perderse o llegar a un callejón sin salida. Pero no. De la mano con él, no había nada que la atemorizara.

Levantó la vista, un rayo de sol dando por donde ellos iban. Miró distraída las especies de "moléculas" que flotaban en la cálida luz. Entre el poco espacio que dejaban los arboles, vio pedazos de cielo, por donde pasaron volando algunos que otros pájaros. Volvió la vista a Phineas.

— ¿Phineas, falta mucho? No quiero que nos alejemos mucho del campamento…

— Solo un poco más, estoy seguro de que estaba por acá...

Llegaron a una esquina llena de arbustos y enredaderas, casi impenetrable.

— Uh, no contaba con eso —susurró decepcionado el pelirrojo—.

Isabella le dirigió una mirada con pena. Pero pocos segundos después, su rostro se iluminó, acordándose de que tenía una navaja en su mochila.

— Atrás, Flynn —dijo mientras la sacaba, reluciendo en los rayos del sol—.

En unos simples y escasos movimientos, abrió un agujero, lo suficientemente grande como para los dos.

— Qué suerte que siempre la traigo conmigo —la volvió a guardar, satisfecha—.

Phineas dio un paso hacia al otro lado, como dudoso, como si estuviera asegurándose de algo. Después de un segundo, sonrió y asintió. Luego, volvió a extender su mano, invitándola a ir con él una vez más.

Del otro lado había un arroyo que cortaba el bosque a la mitad, caudaloso pero era posible cruzarlo si se tenía cuidado.

— Okay... me rindo. ¿Qué querías mostrarme?

— ¿Necesitabas por lo menos tres especies, no?

— Uh, sí. ¿Por qué?

Sin contestar, se dirigió cerca de un gran árbol a los pies del arroyo. Era hermoso, con flores blancas y un ancho tronco. Su copa se perdía en lo alto. Phineas tomó una piedra, y midiendo un poco la dirección, la tiró hacia una rama.

Al principio no pasó nada, por lo que Isabella se preguntaba si tenía que esperar por algo o no. Pero pronto, miles de mariposas, de casi todos los colores y diseños, comenzaron a salir de la copa. El lugar se llenó de ellas, revoloteando por todas partes.

Isabella se quedó allí, parada, inmóvil. No podía hacer nada más que observar, sorprendida y maravillada por lo que presenciaban sus ojos.

Phineas se acercó, tímido y con una sonrisa.

— ¿Te gusta? En uno de los campamentos que tuve de chico acá, con Ferb encontramos este lugar. Descubrimos que las mariposas, por alguna razón, que supongo han de ser por las flores, adoran posarse en las ramas de este viejo árbol. Creo que hay más de tres especies, así que, uhm, supongo que ya te ganaste la insignia.

— Phineas...

Besarlo. Quería besarlo, demasiado. Era tan amable, el hacer eso sólo para que ella obtuviera su insignia…

La muchacha mordió su labio inferior, apretando sus puños. Si lo seguía mirando por 5 segundos más, no iba a poder evitarlo. No quería cometer un error del que pudiera arrepentirse. Pero a estas instancias ya había tirado todas sus cartas, y él se había confesado aquella noche en la fiesta, ¿o no? Sí, así había sido. Pero no, no quería hacerlo aun. ¿Era el momento indicado? Tal vez. Y tal vez no, al mismo tiempo.

— ¿Qué ocurre?

Despertando del trance, contestó lo primero que se le ocurrió.

— C-creo que deberíamos volver. Tal vez tus padres necesiten algo.

— Oh, uh, tienes razón... —bajó la vista—.

— De todos modos, ¡esto ayudó mucho! Estoy segura de que voy a conseguir esa insignia, gracias —sonrió cálidamente—.

— No hay problema, Isa. En fin, ¿vamos?

— Sí.

De alguna forma, Isabella suspiró por dentro. Pero esta vez no fue de frustración. De hecho, estaba agradecida de que había sido capaz de controlar sus impulsos antes de que estos salieran a flote y cometiera algo de lo que se podría arrepentir. Y era la primera vez que pensaba eso.

Por su parte, Phineas tenía un solo objetivo en mente: Concretar la relación que hacía varios meses se venía interrumpiendo. Ya no quería echarse atrás, estaba claro que la situación no se podía estirar más, y tampoco quería dejar que eso pase.

— ¿Mamá? Las chicas dijeron que me estabas buscando. ¿Necesitas algo?

— Oh, sí, Phin, ¿podrías ir a buscar leña? —Linda pidió a su hijo menor—.

— No hay problema, ma.

— ¿Te acompañamos? —ofreció Baljeet—.

— No, está bien chicos, ustedes quédense ayudando por acá.

Luego de recibir un mapa, en caso de perderse, y ser advertido por su madre de no alejarse, el muchacho se adentró en el bosque.

Necesitaba un tiempo para reflexionar, organizar sus pensamientos, y terminar de pulir los detalles del plan que había ideado.

Al llegar cerca del arroyo de nuevo, se sentó en un tronco, y sacó de su mochila un anotador y un lápiz.

— A ver...

Haciendo algunos garabatos por aquí y allá, todo lo que logró fue frustrarse, arrancar el papel, hacerlo un bollo y tirarlo.

Su mente estaba bloqueada.

— ¿Por qué no se me puede ocurrir ni una frase? No me solía costar escribir canciones… —murmuró para sí mismo—.

Tomó un suspiro, y se levantó.

— Supongo que la inspiración vendrá después. Aunque tengo menos tiempo que antes…

Guardó de nuevo sus cosas en su mochila, y se concentró en seguir con la tarea que le habían encomendado.


Espero no atrasarme con los otros caps, estoy tratando de ponerme al día denuevo D:

De todos modos, ¡quedan pocos! Asi que vayan esperando sol más, y el gran final [:

¡Los quiero!

Jime