Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...
Épico
(Epic)
Un fic de The Prime Minister
Traducción por Apolonia
"Pero aparte de eso las cosas han estado pacíficas," Nappa dijo con un suspiro enojado.
Vegeta dejó su boca girar en una pequeña sonrisa ante la decepción del Comandante. "No me lamenta escucharlo, Nappa. No pareces entender que necesitaremos un imperio unificado cuando luchamos contra Freezer. Para mí este altercado en Tournrak es más molesto. Ve que se solucione de una vez," dijo con severidad.
Los ojos de Nappa se abrieron como platos, su pesada mandíbula cayendo un poco. "Bueno, Vegeta," gruñó desde la pantalla del comunicador, sus mejillas empezando a mancharse con color rosa, "La mayoría de nuestros soldados están en Wharlo o Urstece. Se ha producido un levantamiento contra el gobernante que dejamos allí."
Las facciones de Vegeta se ensombrecieron. "¿Fue allí donde todo el sistema ya estaba bajo un solo comando?" preguntó en voz baja.
Nappa asintió con su brillante cabeza. "Sí, señor, ese sería el sistema Vemben. Vemben Cinco y Seis."
"¿Y exactamente por qué no fue este levantamiento sofocado por nuestras tropas de inmediato? De hecho, Nappa, ¿por qué no fue el gobernante depuesto tan pronto nos dimos cuenta que su popularidad se había ido?"
Nappa lo miró fijamente durante unos momentos antes de inclinar su cabeza y murmurar una disculpa. "Lo siento, Vegeta," retumbó, sin levantar sus ojos.
Vegeta miró hacia abajo y vio que su brazo estaba temblando con la fuerza con la que estaba cerrando su puño. "¿Es esto lo que puedo esperar de ti, Nappa?" siseó en voz baja. "¿Es esta completa, total y absoluta incompetencia la norma en tu desempeño?"
"N-no, señor," balbuceó Nappa, sus facciones volviéndose blancas.
"Entonces, maldita sea, Nappa, ¡ve que se solucione de inmediato!" Vegeta gritó, bajando sus puños a la consola, doblando el metal y enviando chispas al aire. Vio mientras la mandíbula de Nappa se movía sin ruidos, el carnoso y gran rostro del Saiyajin palideciendo y quedando blanco de miedo. Vegeta gruñó e hizo un gesto de escupir en su disgusto. "Está bien, Nappa, eso es todo. Enviaré la nave a Tournrak ahora mismo."
"Pero, Príncipe Vegeta, ¿qué hay de ti y Radditz?" Nappa espetó.
Vegeta apretó sus dientes, siseando a través de ellos mientras hablaba. "Zarbon, Radditz, y yo llevaremos las naves de nuevo a Arlia cuando nuestro asunto aquí termine," escupió. "¡Ve que este tipo de cosas no suceda en el futuro!"
"Sí, señor," tartamudeó Nappa, moviendo su brazo a través de su pecho en el saludo Saiyajin, y Vegeta furiosamente terminó la señal. Chispas salieron volando de la consola donde la había golpeado, lanzando extrañas sombras atrapadas en la muy iluminada habitación. La miró por unos momentos, casi olvidándose qué las había causado antes de que se volviera lo suficiente para mirar a un sirviente. Una de las caídas de tener un comunicador total configurado en sus habitaciones privadas era que tenía que ir a buscar a alguien para que limpiara tras él. Salió por el pasillo y ladró órdenes a los soldados más cercanos para que se ocuparan del comunicador dañado y se dirigió hacia el puente.
Una vez allí se acercó al sauriano azulado que había estado sirviendo como comandante de la nave. "Vas a llevar esta nave e ir a Tournrak de una vez," ordenó bruscamente.
El sauriano se reverenció y habló sin erguirse. "Sí, señor," dijo, "Pero podría respetuosamente recordarle a Su Majestad que esta nave está baja en suministros y armamentos para semejante misión."
Vegeta frunció el ceño y cruzó sus brazos sobre su pecho. "¿Qué? ¿Qué tipo de excusa patética es esa? ¿Por qué la nave no está lista para la batalla en todo momento?" preguntó.
El sauriano siguió reverenciado. "Su excelencia y el Amo Zarbon eran todas las armas que necesitábamos, señor," dijo con suavidad.
Vegeta ladeó su cabeza a un lado. "Oh, por supuesto. Bueno, entonces, ¿cuál es el planeta más cercano bajo nuestro control entre aquí y Tournrak?"
"Orec, señor," respondió, lentamente enderezándose.
Vegeta asintió y le dio la espalda. "Muy bien. Para en Orec y toma los suministros que necesites, bajo mis órdenes oficiales. No necesitamos burocracia en momentos como este. Una vez que llegues allí habla con Atlia y hazle saber que planeas continuar en la zona de batalla. Informa al Comandante de tus acciones. Mientras tanto, haz que alguien junte mis cosas y las de Zarbon. Deposítalas, junto con tres naves, en el césped aquí frente a la nave. Deja un comunicador portable y dile a Atlia que sólo se contacte conmigo en grave emergencia. No puedo hacer que mi trabajo aquí se vaya al infierno sólo porque Nappa llama cada vez que hay un puñetazo."
El sauriano juntó sus talones y saludó. "Sí, señor," respondió. "De inmediato."
Vegeta se volteó y miró al sauriano de arriba a abajo, el menor vestigio de sonrisa girando en la esquina de su boca mientras miraba al comandante de la nave empezar a temblar ligeramente. "Muy bien. Sé rápido," murmuró. y se alejó del puente.
Dos horas después las pertenencias y naves eran depositadas en el césped y la nave estaba despegando, dejando a Vegeta de pie allí solo en el césped con el equipaje apilado alrededor de sus tobillos. El suelo se sacudió mientras la nave se alzaba en el aire, rápidamente desapareciendo de la vista con un ruido atronador mientras la barrera del sonido era rota. Unos momentos más tarde la gente salió corriendo de la casa y los edificios, cubriendo sus ojos mientras miraban hacia el cielo. Después de lanzar miradas superficiales al hombre y a su equipaje casi todos volvieron a entrar, aparentemente habiendo decidido que la emoción había terminado. Vegeta frunció el ceño en desaprobación y miró a su alrededor, sin tener idea de qué hacer después pero sin querer admitirlo.
"¿Qué demonios fue eso?" una estridente voz sonó a través del aire, y él se volteó para ver a la mujer de pelo azul dirigiéndose hacia él. "Vegeta, ¿qué está pasando aquí?" preguntó.
"Bueno, mujer, si tuvieras dos dedos de frente verías que mi nave ha despegado," dijo sarcásticamente.
Sus azules ojos se ampliaron, escalofríos corriendo sobre su piel como insectos. "¿Qué?" jadeó con incredulidad. "¿Despegó sin ti en ella?"
Su boca se torció en una mueca. "Ese parece ser el caso, ¿no?" él replicó. "No puedo creer que tú eres la humana que logró alterar el scouter de Radditz Con tu capacidad mental estoy sorprendido que pudieras siquiera decir mi nombre."
"Y maldeciré tu nombre también," ella gruñó. "¿Cómo diablos vas a volver a casa?"
"¿Tan ansiosa de librarte de nosotros ya?" dijo con una sonrisa. "Bueno, tal vez podríamos irnos ahora y llevar nuestra tecnología con nosotros."
Sus ojos se angostaron mientras ella estallaba en una sonrisa. "¿Y cómo te propones hacer eso?" rió, señalando a la masiva cantidad de equipaje rodeándolo.
Él gruñó entre dientes y la maldijo silenciosamente cuando algo se le ocurrió. "Bueno, sólo tienes que encapsularlo todo si te quieres liberarte de mí, ¿no?"
Ella se cruzó de brazos con fuerza sobre su pecho y le frunció el ceño con enojo. "Tendré que empezar a trabajar en eso ya mismo," gruñó para sí misma, su mirada llena de dagas. "¿Entonces dónde planeas quedarte hasta que hayamos terminado con el otro?"
Otra maligna sonrisa se desplegó sobre sus afiladas facciones y levantó un brazo, haciendo un leve gesto al edificio principal. "Oh, creo que tendrás que encontrar algo," contestó en voz baja.
Sus ojos se ampliaron y su mandíbula cayó casi a su pecho. "¿Vas a quedarte aquí?" jadeó. "¡Pero no puedes quedarte en mi casa!"
Él alzó una ceja y siguió sonriendo. "Radditz ya está viviendo aquí y tu pareces tener mucho espacio para Zarbon y para mí. ¿Realmente vas a dar un mejor hospedaje a un soldado de tercera clase que al Príncipe Saiyajin?" dijo suavemente, dando unos pasos hacia ella.
Pequeñas espinas de aprensión se trazaron sobre su espina mientras él se acercaba. "Bien," gruñó ella, mirándolo con recelo. Quién sabía lo que pasaría, pero ella temía lo peor. Estaba completamente segura que su casa sería una pila de escombros humeantes dentro de una semana. "Pero no voy a cargar tu equipaje."
Su sonrisa se torció un poco y asintió. "Eres demasiado débil para eso de todos modos," respondió, sus oscuros ojos cerrados sobre los de ella.
Por un momento se olvidó donde estaba, el infinito negro de su mirada absorbiéndola, recubriéndola con oscuridad. "Uh, lo que sea," respondió ausente, y se volteó hacia la casa, incapaz de creer su mala suerte. "Sígueme."
Él frunció el ceño y se mantuvo firme, plantando sus manos en sus caderas.
Sintiendo que él no estaba justo detrás de ella se volteó hacia él y le frunció el ceño en respuesta, sus carnosos labios bajando en las esquinas por el disgusto. "¿Qué?" dijo ella bruscamente.
Él agitó una mano al equipo que lo rodeaba. "¿Qué pasa con esto? ¿No tienes sirvientes que se hagan cargo de este tipo de cosas?" dijo imperiosamente.
Ella entrecerró los ojos. "Sí, se llaman basureros," gruñó ella, luego resopló mientras estudiaba la gran cantidad de paquetes. Sus ojos parpadearon de nuevo a su disgustada expresión, la boca un poco arrugada en su amargo rostro. "Bueno, supongo que se me puede ocurrir algo," comenzó, pero luego algo ocurrió con ella. "Ya que no puedes manejarlo tú mismo," terminó, pasando su lengua por la parte de atrás de sus dientes frontales en anticipación.
Sus palabras funcionaron con encanto. Miró mientras la espina de Vegeta se enderezaba y su ceja se torcía en alguna emoción no expresada. Gruñendo en silencio se volteó y miró a sus pertenencias, haciéndola gritar mientras se alzaban lentamente, una por una, en el aire y flotaban allí en una fina línea detrás de él. "Date prisa, mujer," gruñó.
Ella cerró su boca, que había estado colgando abierta, y sonrió para sus adentros. Su pequeño plan había funcionado con encanto. Vagamente se preguntó si él podía levantar maquinaria pesada- tal vez él o Radditz serían útiles en el viejo taller de máquinas. "Me alegra ver que seas capaz de hacer algo útil," dijo a la ligera, y se acercó hacia la casa.
Él la había seguido por varias escaleras y bajo numerosos pasillos antes de llegar a un destino. "Estas serán tus habitaciones," dijo, señalando a una habitación de tamaño moderado con un baño contiguo. "Sólo pon tus cosas donde mejor te parezca." Él la miró fijamente sin decir nada y varios de los contenedores flotando en la habitación se acomodaron en el piso. Ella miró detrás de él y notó una larga línea de objetos todavía quedados. "¿Qué hay de esos?" preguntó, señalando.
Vegeta hizo una mueca. "Son de Zarbon," se quejó. "Nunca has visto un coleccionista de ropa peor."
Bulma sonrió. "Bueno, siempre se ve muy bien. Excepto, por supuesto, que cuentes las veces que viene después de que has intentado matarlo." Vegeta gruñó y giró su cabeza hacia un lado. Ella se encogió de hombros y sonrió para sus adentros. Estaba comenzando a disfrutar molestarlo. Tal vez había encontrado un nuevo pasatiempo. "Entonces supongo que deberíamos encontrar una nueva habitación para él, también," dijo suavemente, pensando en voz alta mientras se tocaba su mejilla. "Esta bien, ¿qué tal aquí?" dijo, yendo hacia unas puertas más allá.
Vegeta se asomó a la habitación. "¡Esta habitación es el doble de grande que la mía!" declaró, sus ojos ampliándose en sorpresa. "¡Cómo te atreves a darle una habitación más grande!"
Bulma se encogió de hombros. "Él tiene más cosas que tú. Pensé que eras un guerrero, Vegeta. ¿No se supone que los guerreros no se preocupan por lo material?"
Vegeta angostó sus ojos y se acercó un paso. "¿Estás implicando que Zarbon es un guerrero menos que modelo?" dijo en voz baja.
Ella trató de ignorar el hielo que se alzó rápidamente por su espina mientras él se acercaba. "Por supuesto que no," respondió ella, su valor rápidamente dejándola. Debía recordarse en el futuro no jugar con él por demasiado tiempo a menos que quisiera salir lastimada. "Después de todo, te dio una buena paliza." El rostro de Vegeta se torció y ella pensó por un momento que él iba a golpearla, pero sin embargo sólo alejó su mirada. "Escucha, si realmente quieres la habitación más grande puedes tenerla, pero tendrás que bajar por el pasillo para usar el baño. Sólo pensé que preferirías privacidad por sobre espacio."
Él volvió su atención a ella, su oscura mirada un poco perpleja. ¿Cómo sabría ella algo así? "Mis habitaciones están bien pero no pretendas saber lo que prefiero, terrícola."
Ella se encogió de hombros. "Bien. Sólo pensé que querrías algo de tiempo a solas, siendo un emperador y todo. Imagino que no pasas mucho tiempo a solas. Después de todo, yo ciertamente no lo hago, y soy sólo el presidente."
Él inclinó su cabeza, sin quitar sus ojos de los suyos. Él se había olvidado que ella tenía una posición importante en este planeta. Diplomacia, casi escuchó a Zarbon decir detrás de él. "Entonces esto nos vendrá muy bien a ambos," dijo con frialdad.
Ella asintió, sintiendo el frío en su espalda lentamente derritiéndose. El desastre se había evitado una vez más. "Bien, genial. Radditz está a sólo tres puertas por el pasillo, pero está en lo de Goku ahora mismo. Si necesitas algo haz lo que creas conveniente. Sabes donde queda la cocina y tu habitación está equipada con toallas limpias y ropa de cama. ¿Algo más?"
Él la miró por un breve momento más y lentamente alzó su nariz en el aire, mirando las pertenencias de Zarbon flotar junto a ellos y en la habitación. "No," respondió.
Ella suspiró. "Si sólo fueras así de útil todo el tiempo," dijo ella, viéndolo ponerse rígido. "Bueno, como dije, sólo siéntete como en tu casa," continuó, mirándolo. "Sabes," dijo, "Estás sucio." Inclinándose hacia adelante, lo olfateó con cautela. Estaba apestando, no había duda de eso, pero debajo de eso había un aroma que se ataba a su abdomen y hacía cosas divertidas en sus rodillas. Estaba lo cerca suficiente de él para sentir el calor corporal irradiando de su fuerte cuello y miró por un momento mientras su corazón latía lenta y fuertemente en la artería que vio allí. Yéndose hacia atrás rápidamente puso su mano en su rostro y lo miró, sonrojándose. "Uh, ve a darte un baño, apestoso," murmuró con una risa, tocando su pecho, sintiendo algo dentro de ella moverse mientras su dedo se encontraba con el músculo duro como roca. El color se alzó en su rostro incluso más y lo miró a los ojos, su expresión suavizada en su confusión. De repente se sintió como si la habitación se estuviera cerrando en ella y ella sintió la urgente necesidad de aire fresco. "Tengo que irme. Que te diviertas," murmuró, y se volteó para caminar por el pasillo lo más rápido que pudo.
Observó su espalda en retirada en total confusión, sin entender por qué su estado de ánimo había cambiado tan de repente. En un momento estaba siendo combativa y al siguiente estaba sonrojándose y medio bateando esos enormes ojos azules suyos... ¿estaba sana? ¿Había algo mal con ella? Frunció el ceño de repente. No le importaba si algo estaba mal con ella o no; sólo le importaba si conseguía su tecnología. Murmurando maldiciones en su dirección, volvió a su habitación para tomar una ducha.
Todavía se estaba preguntando qué pasaba con ella cuando salió de la ducha, secándose con una ráfaga de ki después de mirar las felpudas toallas colgando a la izquierda de la ducha. Mirando alrededor del baño, decidió que tal vez las toallas valían algo después de todo y sacó una, haciéndola un bollo y limpiando el vapor fuera del largo del espejo en la pared. Inclinándose examinó sus clavículas con cuidado, buscando por las cicatrices finas que sólo él sabía que estaban allí, las dos idénticas rendijas equidistantes de su muesca externa. Dos más de la misma clase de cicatrices corrían a través del aumento de sus pectorales, tan pequeños que apenas se podían ver a excepción de cuando la luz los golpeaba directo. Girando, examinó sus muñecas y sobre sus rodillas, moviéndose para que las lámparas de luz las alumbraran para que las cicatrices fueran visibles también. Golpeó una mano abierta sobre el mostrador y se miró en el espejo, mirando las llamas del infierno arder en sus propios ojos mientras miraba a su reflejo. "Freezer pagará," gruñó para sí, y dio a las cicatrices un último vistazo antes de abrir la puerta y salir del baño.
El aire más frío de la habitación golpeó su piel desnuda como una bofetada mientras entraba en el cuarto, pero después de ser confrontado con el desorden que encontró en el centro de la habitación apenas notó el frío. Su ceño fruncido se intensificó mientras se daba cuenta que todas sus pertenencias estaban metidas en las espaciosas cajas, y no sabía qué había en ellas. Ciertamente más de lo que hubiera llevado si él mismo lo hubiera empacado. Echando una mirada encontró una que pensó que sería útil, pero al abrirla se dio cuenta que contenía su armadura ceremonial y la pesada capa roja que había quitado del tirano Arliano que lo había precedido. La sacó de la caja y la puso en la cama; estaba igual de bien empacada, porque si la mujer realmente era una clase de presidente se aseguraría de tener que usarla. Abriendo otra caja se encontró con un comunicador portátil, algunas armas Arlianas, y un par más de dispositivos tecnológicos. Sonrió; tendría que mantener los pálidos dedos de la mujer fuera de esta caja de seguro. Ya podía ver sus azules ojos brillar diabólicamente ante la idea de nuevos dispositivos. La sonrisa cayó de su rostro de inmediato. Maldita sea, siempre parecía estar en su cabeza de una manera u otra, así fuera sus claros ojos, su blanca piel, o ese aroma peculiar y cambiante suyo. No podía esperar hasta que ella hubiera cumplido su propósito y matarla. Miró a la caja de nuevo, restaurando el código de cierre, y la hizo a un lado. Sólo que entre y trate de abrir eso. Alguien en la nave había empacado un montón de caja de guantes, otra de botas, y dos más de armaduras, sin mencionar la plétora de diferentes trajes con los que se encontró viendo. Suspirando, levantó uno negro y suave que era un poco más suelto que lo usual, tomando una pechera para ponerse y tomando un par de guantes y botas. No había razón de andar por la casa hecho un desorden, supuso. Encontró un armario y alejó todo, asegurándose que los dispositivos estuvieran ocultos, pero en un punto que pudiera ver desde cualquier parte en la habitación. Eso la detendría con suerte si alguna vez se armaba del suficiente valor como para saquear su habitación. Esperaba que lo hiciera, porque eso le daría una excusa concreta para hacerla volar a la próxima dimensión. En una cuestión de momentos había guardado todo y se sentó en el borde de la enorme cama, mirando a la habitación. ¿Ahora qué? Zarbon estaba en un tanque, Radditz se había ido con su traidor hermano, y la mujer se había ido corriendo a hacer mandados o algo, así que no siquiera podía atormentarla. ¿Qué otra cosa podía hacer? Se levantó y paseó por la habitación un par de veces antes de estar angustiosamente aburrido. Supuso que podía meditar como Zarbon siempre lo molestaba para que hiciera, pero pensó que eso simplemente no era atractivo. Resoplando, abrió la puerta y sacó su cabeza, mirando en ambas direcciones antes de salir al pasillo. Con cuidado abrió sus sentidos para un débil ki, se dio cuenta que el área donde la mayoría de las alas privadas de la casa estaba desocupada. Entonces, explorarla sería la actividad, parecía. Una torcida sonrisa se abrió paso en su rostro y comenzó a caminar por el pasillo.
Se movió lentamente por los pasillos, levitando cuando pensaba que sus botas sonaban contra el suelo y creaban ruido innecesario. Sus ojos buscaron cada rincón y espacio, sus instintos de guerrero tomando control mientras mentalmente asignaba los lugares. Las puertas pasaban de izquierda a derecha y las contó, asomándose cuando veía una grieta y tomando nota de los contenidos de las habitaciones. Muchas de las habitaciones eran simplemente cuartos para invitados y otras eran evidentemente depósitos, pero se dio cuenta que la mujer no le había fallado; los cuartos suyos y de Zarbon estaban entre los mejores, el suyo siendo el más privado de hecho. Sintió su frente aumentar mientras su ceño fruncido se sumía más profundo y se alejaba de las habitaciones vacías con un gruñido. Corriendo por el pasillo logró alejar más pensamientos conscientes de su cráneo hasta que se encontró frente a una puerta familiar. ¿Qué extraño impulso lo había traído hasta aquí? Cerrando sus ojos por un segundo, Vegeta tomó un profundo respiro y exhaló lentamente a través de su nariz, poniendo una mano en la puerta y empujándola lentamente hacia adentro. Luz rozó contra sus párpados y los levantó, mirando directo a la figura que flotaba en el tanque, Zarbon. Los rasgados ojos del alienígena estaban cerrados, las pestañas haciendo oscuras sombras en sus mejillas mientras la luz jugaba sobre sus perfectas facciones en el agua casi inmóvil. Una mirada a la pantalla de estado le dijo que Zarbon no saldría por otro día o dos- parecía que Zarbon realmente había pagado por su arrogancia, aunque fue tan herido porque se había empujado demasiado cuando estaba cansado. El ataque de Radditz no había ayudado, había escuchado. Vegeta se encontró sacudiendo su cabeza levemente mientras entendía que si no hubiera tenido los factores de curación Saiyajin su propia recuperación hubiera sido mucho, mucho más larga que la de Zarbon. Lo más probable una semana o más. Ese bastardo casi lo había matado. Una sonrisa cruzó por su rostro; casi se lo merecía. Bueno, eso sería resuelto cuando Zarbon estuviera recuperado. Vegeta se aseguraría que nunca hubiera una razón para que Zarbon fuera capaz de ganar contra él nunca más, ¿y qué mejor que ser enseñado por el oponente? Vegeta lentamente extendió una mano y tocó el frío vidrio del tanque de rejuvenecimiento, sintiendo su suave superficie debajo de la tela de sus guantes. Angostó sus ojos mientras miraba a Zarbon a través del azul líquido, el verde cabello extendiéndose como telarañas desde detrás de su señorial rostro. "¿Qué debo hacer ahora, Zarbon?" susurró Vegeta, todavía frunciendo el ceño a la figura que flotaba. Suavemente se acercó con su mente pero sólo se encontró con silencio. Zarbon estaba muy, muy inconsciente. "Maldita seas," susurró de nuevo, dejando caer su mano, y se giró sobre sus talones para irse del cuarto.
Después de ver a Zarbon se dio cuenta que realmente tenía ganas de irrumpir en las habitaciones y husmear y así se limitó a vagar por los pasillos, esperando una oportunidad para entretenerse. Mientras caminaba pasó por una habitación llena de equipo electrónico, lisos y negros estantes llenos de cosas. Eso despertó su atención y revisó la habitación, encontrándola vacía. Había un mueble de aspecto cómo frente a la caja principal, apilado con pequeños almohadones. El color no le gustaba, pero supuso que por una vez los mendigos no podían elegir. Entró en la habitación con cautela, mirando alrededor por alguna clase de dispositivo de vigilancia, luego se acercó a la cosa mullida y se sentó, recostándose con un suspiro mientras los almohadones envolvían su cuerpo entre sí. En el estante frente a él había algo que se parecía a una pantalla de comunicador pero tenía varios cables en la parte de atrás y parecía estar conectado a varias máquinas. Una caja en particular parecía ser de importancia, su posición directamente debajo de la pantalla. La caja era bastante estrecha, con una ranura adelante y números parpadeando en una pequeña pantalla al lado. Mirando al sillón junto a él vio lo que asumió sería un control remoto. Había tenido suficientes controles remotos en su vida como para reconocer uno, y si la cosa junto a él no era un control remoto supuso que tendría que destruirlo para borrar toda prueba de su ignorancia. Levantándolo, lo equilibró en su mano, sintiendo su peso y preguntándose a qué grado de avance sus componentes eran creados. El control estaba repleto de pequeños botones que tenían toda clase de nombres escritos en ellos, como VCR, TV, CD, DVD para nombrar algunos. Encogiéndose de hombros, vio un botón marcado como encendido y lo presionó con su pulgar. La pantalla parpadeó a la vida, imágenes de personas corriendo de aquí para allá, incluyendo unas mujeres muy poco vestidas. Frunciendo el ceño, presionó el botón de TV, luego el encendido una vez más. La pantalla se puso negra. Entonces la caja con pantalla era la televisión. Presionó el botón VCR y el botón de encendido. La caja más delgada zumbó a la vida pero nada más pasó. Su ceño fruncido se intensificó y encendió la televisión una vez más. Estuvo a punto de arrojar el control remoto a un lado como inútil cuando notó que una sección del dispositivo estaba reservada para la función del VCR. Una flecha que apuntaba a la derecha estaba puesta en el centro de ella y presionó el botón. La vídeo grabadora hizo un ligero ruido y de repente las imágenes de las mujeres con poca ropa desaparecieron, una imagen de un vehículo explotando la reemplazó en la televisión. Su curiosidad creció, y probó los otros botones. Las imágenes se aceleraban, iban más lento, se pausaban, o se detenían por completo dependiendo qué botón presionaba. Entonces el VCR era alguna clase de dispositivo de grabación. Interesante. Presionó un último botón, uno con un triángulo apuntando hacia arriba con una línea debajo de él. El VCR hizo un sonido aterrador y escupió una caja negra, al parecer alguna clase de cassette. Vegeta se levantó del sofá y extendió la mano para tomar la cinta, sopesando el negro plástico con cuidado. Su mirada se deslizó hacia otro estante y vio que muchos elementos similares se alineaban en los estantes, todos en paquetes de colores, algunos con imágenes y otros con sólo decoraciones. Poniéndose de pie, se movió hacia los estantes y levantó algunas de las cosas. "¡La película más destacada del siglo! ¡Un éxito!" el texto en la parte de atrás de la caja decía. Entonces, éstos eran películas, hechas para entretenimiento. Zarbon tenía razón, los terrícolas tenían demasiado tiempo en sus manos. Mirando alrededor de la habitación, suspiró. Él también tenía demasiado tiempo en sus manos. Tal vez le daría a la televisión y a la vídeo grabadora un intento. Volviendo al sofá comenzó a pasar por los canales de televisión, deportes de todo tipo, series, películas, espectáculos de cocina, dibujos animados, y se aburrió inmensamente con todo. Cuando estuvo completamente cansado de los programas lanzó una mirada a la ventana, sorprendido de ver lo oscuro que se había puesto. Revisó sus sentidos- la energía de la rubia estaba en la cocina, el viejo estaba en alguna habitación lejana, y la mujer de pelo azul no estaba por ningún lugar. Así que seguía solo, parecía. Se sentó y frotó sus ojos con una mano enguantada, casi al borde de su resistencia. Volvió a caminar a donde estaban las películas y eligió una al azar, metiendo la cinta en la ranura de la vídeo grabadora. Volvió al sofá y se reclinó, poniendo un brazo detrás de su cabeza mientras se acomodaba en los almohadones y levantó el control remoto a un punto en la VCR.
De alguna manera soportó toda la película. Era una historia larga e interminable sobre cómo dos personas que se odiaban hasta la médula terminaron enamorados. Casi se había aburrido hasta las lágrimas, pero cuando miró al reloj se dio cuenta que había logrado pasar dos horas bastante rápido. Qué extraño que los humanos se sentaran para ver historias inventadas en lugar de salir y hacer las suyas. Oh bueno, si todos estaban tan aburridos como él supuso que tenía sentido. Volvió la cinta a su lugar y eligió otra al azar. Esta no tenía ninguna clase de marcas en la caja más que lo que asumía era la marca del fabricante de casetes. El casete no tenía ningún nombre en él tampoco. Frunciendo el ceño, lo metió en la VCR y lo rebobinó, balanceando su pie de un lado a otro sobre su rodilla opuesta de sus piernas cruzadas mientras esperaba. Finalmente la máquina terminó y presionó reproducir, frunciendo el ceño cuando la película comenzó.
La película comenzó bastante normal- pensó al principio que iba a ser otra historia de amor, con el muchacho y la muchacha haciéndose ojitos el uno al otro en la escuela. La falda de la muchacha parecía inusualmente corta, pero desestimó esa clase de ajuste de la moda que probablemente sólo Zarbon entendería. Luego el muchacho se detuvo en la clase de la muchacha después de la escuela, levantó sus libros, y los dos comenzaron a caminar hacia la casa. Vegeta suprimió un bostezo, presionando el dorso de su guante en su boca. Luego, cuando la pareja pasó un seto, el muchacho arrojó los libros al suelo y se volteó hacia la muchacha, tomando su camisa y rasgándola abierta para exponer sus pechos. Ella jadeó en sorpresa y él la empujó al suelo, rasgando sus ropas y arrojándolas a un lado mientras él separaba sus piernas y se hacía camino entre ellas. La muchacha comenzó a gemir y se aferró al muchacho. Los ojos de Vegeta se abrieron más amplios y sintió la sangre apresurarse a sus mejillas mientras se daba cuenta lo que estaba viendo. ¡Los terrícolas hacían muestras de sus rituales sexuales! No podía creerlo, olvidándose de parpadear mientras miraba fijamente a la pantalla en una mezcla de horror y fascinación. ¿Era esta la norma del planeta? El muchacho estaba gruñendo y sudando y la mujer ciertamente no parecía estar pasando un buen momento. ¿Era esto lo que Zarbon había hecho con las mujeres Kijaranas? ¿Era eso todo lo que era el sexo- violencia inocultable? De repente las luces en la habitación se encendieron, sacándolo de su shock. "¿Eres un gran fanático de las películas porno?" una tranquila voz dijo detrás de él, el sonido suave con humor mientras flotaba alrededor de la habitación.
Vegeta se volteó y sintió sus mejillas sonrojarse aún más. Por supuesto que tenía que ser la maldita mujer, con su suerte. "¿Así es como llamas a esto? Ustedes los humanos tienen demasiado tiempo en sus manos," acusó, poniéndose de pie rápidamente y deteniendo el programa.
Ella se encogió de hombros, una sonrisa divertida serpenteando su camino a través de sus carnosos labios. "Hey, no es mi problema. Esa cinta debe ser una de Yamcha. Yo nunca entendí el atractivo."
Vegeta bufó y sacudió su cabeza, arrojando el control remoto al sofá. "No me sorprende. Ese hombre parece un individuo bastante básico," dijo con frialdad.
Bulma le frunció el ceño. "Piensa lo que quieras. Yamcha es un sujeto encantador y de buen corazón," dijo bruscamente, corriendo hacia la VCR y arrebatando el cassette. Lo embistió en su estuche y lo volvió a poner en el estante. "De todos modos, volvió con alimentos y mamá casi está terminando de hacer la cena. Baja en quince minutos, ¿está bien?"
Vegeta no respondió, sólo se puso rígido mientras ella pasaba a su lado en su camino al salir de la habitación. Una vez que dejó de escuchar sus pasos por el pasillo dejó a su rostro romperse en un feroz gruñido, maldiciendo su horrible suerte. ¡Por supuesto que tendría que ser descubierto por ella viendo esa película! Hirvió por dentro mientras supo que no escucharía el final de eso por varios días. ¡Maldita sea! Después de unos momentos se sintió calmarse, la sangre lentamente dejando sus mejillas y su cabeza aclarándose. Oh bueno, al menos Zarbon la pasaría bien con eso. A él parecía gustarle casi todo lo que tenía que ver con los humanos. Él los encontraba molestos, pero Zarbon estaba realmente entretenidos con ellos. Vegeta pensó de nuevo en lo que había visto en la cinta. Si la oportunidad se presentaba una vez más para Zarbon era mejor, él tenía algunas preguntas que quería responder. Se inclinó en el sofá y apagó la televisión y sonrió para sí mismo en anticipación, dejando la habitación mientras los aromas de la cena flotaban por el pasillo hacia su nariz.
