Disclaimer: Ninguno de los personajes de la saga Harry Potter me pertenecen, son propiedad de la ingeniosa J. K. Rowling. Sólo me pertenecen los personajes restantes y el fic. Sólo por diversión.
Severus se encontraba en el estudio, recostado en el cómodo y espacioso sofá, disfrutando de un buen té, y de una excelente y única publicación como lo era el libro "Los mantras: primera representación de la magia antigua", cortesía del reino asariano.
Los elfos le habían informado que su ama tenía por costumbre levantarse tarde los fines de semana, siempre y cuando no tuviese compromisos.
Además, Lucius le había enviado una nota invitándolo a desayunar con ellos. Minutos después se llevó una sorpresa al recibir una nota de su ahijado diciéndole que Lynette tenía pensado estar todo el día en Malfoy Manor. Obviamente después de saber eso, rechazó la invitación. Lo que menos quería era pasar el día a la vista de una caprichosa como ella.
Así que decidió que mientras tanto disfrutaría de las bonanzas y de la paz que ofrecía el lugar.
Al desviar la mirada hacia el ventanal, se percató de la asaria que estaba en el escritorio. Se encontraba apagada, de un color nacarado opaco, nada comparado a como estaba el día de su victoria: brillante, hermosa, con un gran esplendor. Si tan sólo el suelo no estuviera cubierto de tanta nieve, plantaría una asaria y se la regalaría a la castaña, de esa forma ese maldito nenúfar perdería todo su chiste.
-¿Se le ofrece algo amo Snape?- preguntó Alix con una reverencia, sacando al pelinegro de sus pensamientos.
El pelinegro entrecerró los ojos. Era el mismo elfo que le había arruinado el momento con la castaña. ¿Que qué se le ofrecía? ¡Desaparecerlo! Eso era lo que se le ofrecía.
-No se me ofrece nada- respondió impasible, dirigiendo nuevamente su mirada al libro.
Después de unos segundos, el elfo continuó.
-Esa flor es la favorita de la joven ama- dijo señalando hacia el escritorio. -Es una lástima que no crezca por estos lares, ni siquiera en un lugar tan fértil como Spring Mount, así Alix recogería muchas flores para la joven ama-
El ex mortífago desvió la mirada hacia la criatura.
-Es obvio de que esa flor no crece aquí ya que es una especie solamente del reino asariano. Además si se pudiera plantar sólo se podría en primavera, con esta nieve sería imposible. Y ya retírate criatura tonta, ya te dije que no se me ofrece nada- espetó el pocionista regresando a su lectura.
-Como ordene señor. Pero sólo déjeme aclararle una cosa: Spring Mount debe su nombre a que allí siempre es primavera, allí no hay nieve. Con su permiso-
-Detente- dijo antes de que la criatura de grandes orejas desapareciera. -¿Siempre... es primavera en ese lugar?- el elfo asintió. -¿Por qué?-
-Al parecer fue obra del gran mago Merlín. Pero... no fue su intención hacerlo, intentó hacer crecer una flor y el encantamiento le salió mal y produjo que en ese lugar fuera primavera hasta nuestros días señor-
-¿El gran Merlín equivocándose en un encantamiento? ¿Por qué lo haría?- preguntó intrigado.
-No lo sé señor-
"Interesante, muy interesante" era lo que pasaba por el pensamiento del mago. Merlín era el mago más grande de la historia, con extraordinarios poderes y de una interminable sabiduría. ¿Equivocarse? Jamás había escuchado cosa semejante de él.
-¿Y dónde está ese lugar?- preguntó mientras cerraba el libro y se incorporaba en el sillón.
-Después de esos árboles amo Snape- respondió Alix señalando hacia el bosque que estaba a la vista del ventanal.
El mago se levantó del sillón y se dirigió a su habitación. Una vez allí tomó su abrigo, un frasco con una poción transparente y una cajita de cristal con semillas rosadas ovaladas, redujo las cosas y las colocó en su bolsillo.
-Si tu ama pregunta por mí, dile que fui al bosque-
-Pero amo...-
El pelinegro ignoró olímpicamente el intento de advertencia del elfo y se dirigió a la salida de la mansión, rumbo al misterioso lugar.
Jessica se encontraba en su cama, estirándose de una forma muy similar a la de un felino y volvió a recostarse. Había descansado muy bien. Sabía que era tarde porque los rayos del sol se colaban en su ventana.
Esa era una de las ventajas de vivir sola, si quería dormir hasta altas horas de la mañana su mamá no aparecería para impedirlo diciendo que la pereza no era una virtud ni mucho menos productiva. "Pero si es un placer" pensó mientras se estiraba con gusto. Después de unos minutos de holgazaneo se levantó y se metió en la ducha; hacía un hermoso día, perfecto para dar un pequeño paseo por el pueblo. Se vistió con unos blue jeans claros ajustados, un abrigo estilo militar y una boina color azul marino, y unos botines marrones. Después de ver que su apariencia estaba bien, bajó a desayunar.
Sabía que el pelinegro, a esas horas, no estaría por el comedor. Lo más probable es que estaría en el despacho disfrutando de algún libro.
-Mejor le doy los buenos días antes de desayunar- se dijo con una sonrisa. Y así se fue rumbo al despacho.
Al llegar, se sorprendió de no verlo allí.
-¿Dónde puede estar?- se preguntó.
Al fijar su mirada en el sillón se dio cuenta de que había un libro. Y no cualquier libro, era uno de los ejemplares de la biblioteca de los reinos.
-Sí estuvo aquí- dijo mientras tomaba el libro y lo devolvía a su estante. -Ahora la pregunta es ¿Adonde fue?-
-Joven ama qué bueno que ya despertó- saludó un nervioso elfo con una reverencia.
La morena notó el raro comportamiento de la criatura.
-Así es. ¿Pasa algo Alix?- preguntó mientras se acercaba al elfo.
-Eh... pues verá...-
El elfo no pudo seguir con su explicación ya que se escuchó un gran rugido provenido del bosque.
-¡Oh no! Ya el amo Snape llegó al lugar- exclamó el elfo con preocupación.
-¿Snape?- preguntó desconcertada. -¿Adonde fue Snape, Alix?- la morena se estaba poniendo nerviosa.
-Dijo que iría a... Spring Mount- respondió la orejona criatura en un hilo de voz.
Un nuevo rugido se escuchó por el lugar.
-Demonios, Kyana- y rápidamente la castaña se marchó rumbo al bosque.
-¿Un dragón? Esto debe ser una broma- se decía el ex mortífago mientras se resguardaba detrás de un árbol.
Después de caminar unos treinta minutos por el bosque, al fin había encontrado el lugar. Aquella fastidiosa criatura tenía razón, si no fuera porque sus botas y su abrigo tenían restos de nieve, hubiera pensado que era primavera. El lugar no tenía rastro alguno del frío y húmedo invierno, todo estaba en un vivo verde y coloreado por diferentes clases de flores. Al final había una colina cuya parte superior mostraba la entrada a una gran cueva. Spring Mount, en definitiva, era el lugar perfecto para plantar la asaria.
Sacó de su bolsillo la Elypsium (otro recuerdo de su victoria) y la cajita con las semillas. Abrió un agujero en la fértil tierra y depositó una semilla. Estaba agregando las dos gotas de poción cuando escuchó un ruido en la elevación. Al mirar, se llevó una gran sorpresa.
Un dragón azulado brillante se encontraba en la entrada de la cueva y lo miraba con recelo.
Severus dio un paso en retroceso, produciendo que el majestuoso dragón emitiera un gran rugido. Aquel aterrador sonido fue suficiente para él, buscando resguardo en algún árbol.
Un nuevo rugido se escuchó, advirtiendo que la mágica criatura estaba sobrevolando el área.
El mago sacó su varita, era cuestión de tiempo para que aquel dragón lo encontrara. Y para su desgracia no se equivocó. El dragón se detuvo encima de la zona donde estaba su presa. Estaba a punto de atacar en picada cuando se escuchó una voz femenina.
-¡Detente!- ordenó.
Y así sin más el dragón acató la orden, volando solamente sobre la zona. El ex mortífago, sorprendido, salió de su resguardo. Al llegar nuevamente al primaveral lugar vio a la castaña en el centro del lugar, mirando con atención a la milenaria criatura.
-Kyana ven aquí- ordenó nuevamente la bruja, haciendo que el dragón aterrizara cerca de ella.
-¿Kyana?- se preguntó el mago, totalmente desconcertado.
