A/N: Nunca es fácil escribir un final, por eso es que me demoré tanto, porque significa que no volverás a narrar una historia, por eso es que también me gusta dejar una puerta medio abierta, que indique que de alguna forma la historia sigue, que los lectores puedan terminarla como se les antoje, y es por eso que hoy les traigo este y el último capítulo. ¡Disfrútenlos!
El Dolor y la Llave
La pelea era dura, no había una forma clara en la que pudiésemos vencer, sólo sabía que no podía darme por vencida. Todos estaban igual; Bella y Edward comenzaban a levantarse, mientras Raiden tomaba una vez más su rifle y su espada, y yo me mantuve en fase, lista para seguir, a pesar de todo. Corrí una vez más hacia ella con los colmillos listos para desgarrarla, sin embargo fui embestida con rayos que la reina lanzó contra mí como si fuera el cielo lanzando relámpagos para detenerme. Caí en el suelo y tras de mí saltó Raiden hacia delante, quien cortó la mano de la reina con la espada para evitar que diese el golpe final, y mientras su mano derecha guiaba la espada hacia la mano izquierda, sacó el rifle con la izquierda e intentó apuntar al cerebro, un golpe decisivo usando aquella bala color esmeralda, sin embargo pronto fue embestido con un golpe mental, telequinesia, y retrocedió, a la vez que Bella se cubría en su protección y comenzaba a golpear a la reina con tantos golpes como podía; yo intenté levantarme, recuperarme, para así intentar tomarla de sorpresa y acabar con esto de una vez por todas. Salté al frente tan pronto como Bella fue golpeada en el abdomen, y así mientras ella retrocedía unos pasos yo salté encima de ella para llegar a la reina, sin embargo ésta me golpeó en la cara y yo salí volando hacia la derecha como si hubiese sido rechazada por una barrera. Aterricé en tierra y tan pronto me puse de pie, me di cuenta de que el bastón de Hades estaba junto a mí y cambié a mi forma humana; lo tomé y comencé a trazar una estrategia en mi mente, tratando de analizar un punto débil, encontrar una apertura que me permitiese acabar esto de un solo golpe.
Noté que Edward me miró y me dedicó una sonrisa; había leído mi mente y esperaba que mi idea funcionase.
Bella hizo lo mejor que pudo para cubrirnos a todos en su protección, Raiden parecía agotar lo que le quedaba de su energía con el disparo que pretendía realizar, Edward intentaba leer la mente a la reina y yo me preparé para actuar.
-¡Cuidado, Leah!
Fue más rápido de lo que mis ojos pudieron seguir; la reina apareció frente a mí y me golpeó en el abdomen. Tosí sangre y luego ella me pateó la cara haciendo que yo cayese en el suelo y rodase. Intenté levantarme, pero entonces fui embestida con su fuerza mental y rodé en el aire. Mientras rodaba en el aire me di cuenta de que la sangre de Raiden yacía en el aire; éste se había abierto un corte en la mano y la cargó en la bala esmeralda que yacía en el rifle, como si ésta absorbiese su sangre, luego cargó el mismo rifle y disparó. El disparo fue de una fuerza tan grande que nos hizo a todos retroceder. La bala había generado una especie de fuerza telequinética parecida a la de la reina que hizo que todo a su alrededor fuese empujado hacia atrás. La reina pudo desviar el impacto para que llegase a su brazo izquierdo y lo destrozó como si nunca hubiese existido.
-¡Maldita sea!- grité.
Si aquel disparo tan sólo le hubiese llegado a los sesos habríamos ganado, no obstante sólo le había destruido el brazo, y la había llenado de dolor, pero el dolor no fue suficiente para detenerla, porque un segundo después pateó a Raiden en las costillas y éste cayó en el suelo sin aire, mientras que la reina llenaba su mano de flamas.
-¡Raiden!- grité mientras corría hacia a él a toda velocidad.
Sabía que no llegaría a tiempo, sin embargo algo más increíble pasó.
Alex cubrió a Raiden para evitar que las flamas lo consumiesen vivo. Éstas no lograron deshacer a Alex, no lo convirtieron en cenizas, pero si lo debilitaron, y mientras yo me acercaba pude escuchar vagamente lo que decían.
-¿Por qué?- preguntó Raiden.
-Tú tienes algo por lo que vivir; no desperdicies tu vida- le contestó Alex.
Alex intentó contra atacar, pero estaba debilitado y lento, sólo la protección de Bella, quien lo cubrió en ella tras ver como protegió a Raiden, fue capaz de salvarlo del golpe de la reina, que en otras circunstancias lo habría quebrado en miles de fragmentos pequeños, mas él sólo fue impactado hacia atrás, y antes de salir volando la reina le agarró la muñeca y lo lanzó hacia su espalda como si fuese basura.
-No te mataré como agradecimiento a liberarme.
-Perra…- murmuró Alex débilmente.
Yo corrí hacia Raiden y lo tomé en mis brazos para apartarlo de la reina antes de que atacase de nuevo. Edward y Bella nos cubrieron, mientras Raiden intentaba recuperar el aliento.
-¡No sigas!- le dije-. ¡No tienes más energía para continuar! ¡Si sigues así…!
-¡Mientras tú pelees, yo también debo!- me contestó con la fuerza que le sobraba.
Pero su estado era lamentable, apenas podía mantenerse de pie, estaba demasiado debilitado, y tanto Bella como Edward caían ante la gran fuerza de la reina, quien al parecer había logrado atravesar vagamente la protección de Bella, y yo supe por qué; era la primera vez que Bella creaba un escudo físico y requería demasiada concentración, más de lo que estaba acostumbrada y por eso era más fácil que flaqueara, sobre todo en el fuego del combate, y aún si Edward era capaz de leer sus movimientos, no era tan rápido como para reaccionar contra ellos.
Carlisle estaba ocupado tratando de sacar a Jacob del peligro vital y veía el combate con dolor al no poder ayudarlos. Yo intenté abrirme paso entre Edward y Bella que yacían en el suelo agotados e intenté asestar un golpe con el bastón de Hades, pero la reina lo rompió en dos con un solo golpe y luego me golpeó cerca del pulmón. Me quedé sin aire y ella me tomó del pelo.
-No estás dando el máximo- me dijo ella-. Quizás esto te motive.
Me hizo girar y me hizo ver como nuestra nave chocaba, con otras que yacían en el cielo, donde habían venido los Cullen y los Vulturi.
-¡RENESMEE!- gritó Bella aterrorizada.
Ni siquiera le importó la reina, salió corriendo con Edward tras suyo para intentar salvarla, mientras la reina me giraba una vez más y me lanzaba contra la tierra, al lado de Raiden. ¿Acaso habríamos perdido?
-¡Todo va a estar bien!
Todo lo que Renesmee quería era ayudar a su madre, a su padre y a Jacob; era capaz de sentir que estaban en peligro y todo lo que deseaba con el alma era salvarlos, ser capaz de hacer algo para que estuviesen bien. Odiaba ser siempre protegida y ser incapaz de hacer nada al respecto, y todo lo que yo podía hacer era sacarla de esta nave antes de que el infierno se desatase y la reina intentase matarnos. Yo sabía que ella no quería que le dijese algo como "te protegeré", pero eso era exactamente lo que iba a hacer, porque ella era como yo, y tenía una vida por la cual seguir, por lo mismo salí de la nave antes de que la reina decidiese matarnos. Y tal como había previsto, las naves chocaron entre sí tan pronto como nosotras habíamos salido.
-Por favor Seth, no creas que me ha pasado nada…
Si Seth creía que algo me habría pasado pondría su vida en el límite, y eso era exactamente lo que no quería, yo lo amaba, porque una vez fui suya, y él una vez fue mío, en una vida donde mi nombre no era Naomi, sino Samanta Letice, y donde mi padre, Alex, me hizo huir de los Vulturi para evitar que eventualmente me asesinasen. Y entonces… conocí a ese hombre, que dentro de cincuenta años pasaría a ser el Seth que conocía.
Bella y Edward llegaron a gran velocidad frente a mí y un enorme alivio les llenó al ver que Renesmee estaba bien.
-¡Gracias a Dios!- dijo Bella, mientras tomaba a Nessie en sus brazos-. ¡Gracias Naomi!
-Deben alejarse de aquí- les dije-. La reina quiere la sangre de Nessie para obtener más poder, su sangre es especial.
-Bella, ve con Nessie- le dijo Edward-. Yo…
-¡No puedes dejar a Bella sola!- repliqué de inmediato, antes de que Bella pudiese hablar-. Tienes una esposa y una hija por los cuales seguir adelante, ¡Tienes que confiar en los demás! ¡De alguna manera venceremos, pero no haces bien aquí!
A Edward le dolía dejar a su familia atrás, pero él sabía que yo estaba en lo cierto, Nessie y Bella eran lo primero. Ellos se alejaron del terreno de combate y yo corrí hacia él, esperando lo mejor, deseando que Seth estuviese bien, y que Leah ya hubiese llegado.
De alguna forma sabía que era el final, el final del conflicto, el final de mis días en la Tierra, de alguna forma sabía que también los lazos de culpa que ataron mi cuerpo al mundo de los vivos finalmente se cortaban, dejando mi alma libre para rondar junto a la de Raiden; mi amado Raiden.
Por un momento creí que no sería capaz de prevalecer, que moriríamos todos juntos y que el mundo estaría condenado a su perdición, en un día del juicio como nadie se lo habría imaginado. Los Vulturis darían la pelea, sin embargo si no derrotábamos a la reina de los condenados no tenía oportunidad. Veía a todos a mí alrededor, que ya habían mordido el polvo. Seth, quien todavía estaba inconsciente, Jacob, cuya vida pendía de un hilo, Carlisle, que ya había agotado gran parte de sus fuerzas intentando salvarlo, y ya yacíamos Raiden y yo frente a la reina con lo poco de poder que nos quedaba para mantenernos vivos; sentí que me tomó la mano, porque al igual que yo el tenía el presentimiento de que este era el final, y quería que nos fuésemos al otro mundo juntos. Le sonreí. Antes de entrar en batalla, yo todavía pensaba que la victoria era posible, y sin embargo ahora…
-¡SETH!
La voz nos llamó a todos la atención; aquella voz la había escuchado yo en un sueño, e irrumpió este campo de sangre gritando el nombre de mi hermano.
-Naomi- dije impactada, mientras miraba hacia atrás.
-¡Seth, despierta!- le gritaba, mientras lo tomaba en los brazos.
De inmediato supe que la reina querría atacarlos y yo corrí hacia ellos con toda la velocidad que reunieron mis piernas, y luego sentí que una mano me atravesaba el abdomen y tosí sangre.
-¡LEAH!- gritó Raiden aterrado.
Me sentí mareada mientras la reina sacaba su palma derecha de mi abdomen y un chorro de sangre cubrió el pasto a nuestro alrededor, a la vez que caía de rodillas frente a Seth y Naomi. No quería que nada les pasase, quería ser capaz de protegerlos, de protegerlos a todos.
Finalmente había encontrado un lugar al que pertenecer, y por primera vez era capaz de ver a quienes realmente me amaban y los que yo también amaba, todos aquellos que se preocupaban por mí, tanto en el terreno de combate, como los que esperaban en casa.
Me levanté con dificultad, mientras la herida se desangraba y yo perdía algo de equilibrio; la herida se iba cerrando rápidamente, pero la perdida de sangre era de todas maneras algo insoportable y ya no contaba con la protección de Bella.
Intenté entrar en fase, pero fui golpeada en los pulmones y con la falta de aire me fue imposible cambiar de forma, además después de eso fui golpeada en el rostro.
Pude ver como Raiden levantaba su espada y la alzaba contra la reina con furia, pero ella la detuvo con sus dedos.
-No me decepciones ahora- le dijo la reina-. Tomaste la sangre de vampiros antiguos y licántropos, ¡Deberías ser al menos de causar daño!
Ella tomó el mango de la espada y empujó a Raiden hacia ella, pero éste soltó la espada de inmediato y tomó su rifle para disparar, mas antes de poder siquiera disparar fue golpeado en la cara, y luego la reina intentó perforarle su pecho. No lo permití; con toda la fuerza que me quedaba tomé su muñeca y detuve su brazo antes de que siquiera tocase a Raiden.
-No en mi guardia, perra- le dije con ira mientras me lanzaba contra ella.
Logré derribarla, pero su telequinesia pronto me lanzó hacia atrás y yo rodé tan fuertemente en el pasto que éste se desprendió y quedé cubierta de tierra. No me importó, sólo había una cosa que no pensaba permitir y era que hiriese a Raiden.
-No vas a herirlo- dije solemne mientras mi cuerpo comenzaba a brillar-. ¡NO VAS A LASTIMAR A NADIE NUNCA MÁS!
Y como si hubiese invocado a la luna, esta se desprendió del cielo carmesí, y con su resplandecer plata sentí como las heridas de mi cuerpo se curaban con rapidez sobrenatural, a la vez que me crecía pelaje de lobo blanco en mis brazos, mis uñas se convirtieron en pequeñas garras, una cola se desprendía de mis pantalones, mis orejas se volvieron como las de un lobo, y finalmente mis ojos cambiaron a un color de iris negro y pupilas amarillentas. Era como la primera vez en que le había dado mi cuerpo a aquella deidad de los licántropos, sólo que ahora yo poseía completo control.
-¡Leah!- gritó Raiden preocupado al verme así.
Le dediqué una rápida sonrisa de calma, mientras extendía mi mano y el bastón de Hades, que yacía roto en dos en el suelo, se reformó como una espada en mi mano.
La reina me vio con algo de genuina preocupación, y luego intentó matarme de un solo golpe, pero antes de que eso ocurriese, yo logré impactar un golpe decisivo.
Con tan sólo una estocada fui capaz de desmembrarla y luego con mis garras destruí su cuerpo.
-I… Imposible…- fueron sus últimas palabras.
Y así quedé yo, en medio de un grupo de combatientes que me veían con asombro, sin poder creer que hubiese decidido todo tan rápidamente.
Tomé la oportunidad para sacar la consciencia de Seth a flote, quien despertó repentinamente.
-¡Seth!- grito Naomi emocionada, abrazándolo-. ¡Estás bien!
-¡Naomi!- respondió Seth impactado, abrazándola de vuelta-. ¿Pero qué…?
Entonces él me vio, con la misma preocupación que tenían los ojos de Raiden, mas mis ojos calmados fueron capaces de decirle lo que miles de palabras no habrían sido capaces de decir.
-No se preocupen, yo…
Y entonces pasó lo impensado; mi cuerpo comenzó a ser cubierto por una gran cantidad de energía espiritual; todos pudieron verlo. Había recibido una gran cantidad de poder por parte de los espíritus, que nos habían vencido a mí y a Raiden, pero no era capaz de contener tal poder en mi cuerpo, y por lo mismo estaba a punto de reventar.
Raiden corrió a mi lado y me abrazó; él fue el único que sabía que era lo que iba a ocurrir, porque nuestra unión espiritual era demasiado fuerte.
-¡Tú no te vas sin mí!- me dijo mientras me atrapaba con fuerza entre sus brazos.
Raiden comenzó a aceptar gran parte del poder espiritual que llenaba mi cuerpo, tratando de evitar que la gran cantidad de poder destruyese mi cuerpo, sin embargo era más de lo que dos personas pudieran contener, y así fue como mi cuerpo comenzó a desvanecerse, a la vez que el de Raiden se cubría de heridas.
-¡No te vas sin mí!- repitió.
Y tal como lo temía, su espíritu siguió al mío una vez que salió de mi cuerpo.
