Sonic Life
Hello! Estoy seguro de que no me extrañaron, pues ni siquiera terminé de irme :v, pero ya dije que estoy ansioso nuevamente con esta historia, y creo que postear tantos capítulo la misma semana será una buena forma de compensar la anterior tardanza. Ahora que tengo el ánimo apropiado para continuar escribiendo, voy a aprovecharlo.
Pues, no tengo nada que decir, pues ya lo he dicho en los últimos capítulos, y creo que en los siguientes me saltaré las notas de autor y dejaré solo el episodio y ya.
Aquí lo tienen, y nos leemos al final.
Chapter 29: Ganancia.
Un nuevo amanecer se alzaba por las hermosas costas de Green Green, donde el mar cristalino se iluminaba mágicamente con la luz del sol, emergiendo del horizonte con una fría luz dorada. Las cascadas y montañas adornaban aquí y allá el área, que ahora mismo, era explorado por cierta ladronzuela de mirada cautivadora y gestos rápidos, que, escurridiza como una sombra, se desplazaba de monte en monte, atravesando las cataratas y encaminándose con elegancia y agilidad hacia un destino exacto.
Rouge se deslizó detrás de las aguas descendientes de una cascada, donde se ocultaba una pequeña caverna húmeda y fría. Allí, sin embargo, se encontraba una pequeña área limpiada y arreglada, con una manta blanca sobre el suelo, donde se veían acomodados pulcramente varios aparatos tecnológicos y finos, que Rouge manipuló rápidamente con dedos rápidos y suaves.
Al comprobar rápidamente una especie de teléfono, sonrió satisfecha, y dejó todo nuevamente en su lugar antes de echar mano a los cuatro fragmentos de la Esmeralda Maestra que poseía encima. Una vez los examinó todos en todas sus facetas y se vio por complacida, los dejó de nuevo dentro de su bolsillo, y seguidamente revisó sus cuchillos, asegurándose de que estuvieran perfectamente afilados. Luego de terminar con todas sus labores, se miró a sí misma en un espejo de mano que trajo consigo, asegurándose de que estaba bien maquillada y arreglada.
Era claro, al menos para ella, para qué se estaba preparando.
Iba a asaltar la casa de Sonic y compañía para robar los fragmentos de Esmeralda Maestra que escondían dentro.
Lo había planeado todo perfectamente la última noche, luego de cerciorar que no hubiera ningún otro trozo de la valiosa gema en alguna otra parte de Green Hill. Solo quedaban los pedazos que tenían el doctor Eggman, y Sonic y sus aliados. Buscaría primero los de ellos, y luego, encontraría la base del doctor y robaría los que él tuviera.
No era complicado, y tampoco estaba nerviosa al respecto por volver a verse las caras con Sonic y Tails luego de traicionarlos descaradamente. No le interesaba lo que ellos pensaran sobre ella, pues a ella solo le interesaba la ganancia.
Y esta vez, la ganancia era obtener la joya más deseada que existe en Mobius, cuya existencia sólo era un mito.
Y la conseguiría, aún si se veía obligada a pelear por ello. Aunque era claro que si podía evitarlo, no se enfrentaría a ninguno de sus objetivos, pues no podía arriesgarse a perder los fragmentos de la Esmeralda Maestra que tenía encima (no iba a dejarlos sin supervisión, y hacerle fácil la misión a Eggman de quitárselos, así que no tenía más opción que llevarlos con ella). Era arriesgado, pero había pasado por cosas mucho peores, y también más peligrosas.
Pero el tesoro que obtendría al final del día haría valer la pena todos sus esfuerzos.
Cargó en una pesada mochila todos los cachivaches que podría necesitar, armas y equipo para defenderse de Sonic y Knuckles. Tails no sería mucho problema, así que no tenía por qué preocuparse.
Una vez tuvo todo listo, se echó la bolsa sobre el hombro y esbozó una sonrisa confiada, consciente del arriesgo que iba a tomar, y estaba dispuesta a experimentarlo en todos sus aspectos, con tal de recibir su paga.
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Sonic, Knuckles y Tails habían descansado perfectamente durante toda la noche, y ya se desperezaban para iniciar este glorioso día con todas sus energías. Sonic se veía animado, Tails contenía sus bostezos mientras caminaba de un lado al otro, preparando los suministros para su excursión, y Knuckles se encontraba sentado con indiferencia en el tejado del humilde hogar de los héroes, comiendo una manzana.
–Muy bien, todo está listo –Anunció Tails mientras cerraba con dificultad una abultada mochila. –Todo listo y empacado para hoy. ¿Cuándo nos podemos en marcha?
–¡Ahora mismo! Solo nos queda una pequeña zona por explorar y acabaremos el trabajo en Green Hill. Todavía tenemos mucho camino por delante, así que no hay que perder ni un segundo. ¿No estás de acuerdo, Knux?
–Sí, como digas. –Respondió la fastidiada voz del equidna en el exterior. Sonic rió burlonamente.
–Bien, como ustedes digan. –Tails se encogió de hombros, con un sándwich en una mano y la gran bolsa en la otra. Dio un bocado a su desayuno antes de dirigirse rápidamente hacia el exterior. –¿Tienes la Esmeralda del Caos?
–A mano, y sin brillar más de lo usual. –Contestó Sonic, mostrando la mística gema verde, que guardó nuevamente. –Creo que es normal, teniendo en cuenta que solo hay otras cinco de estas cosas y están dispersadas por las cuatro islas. Como sea, pongámonos en marcha, que no hay más tiempo que perder.
–Venga, no seas impaciente. –Bromeó Tails con una risita. –¿Listo, Knuckles?
–Por supuesto. –Respondió el equidna, bajándose del techo de la cabaña de un salto, dando un último mordisco a su manzana. Luego chocó sus nudillos y esbozó una sonrisa arrogante. –¿Quieren perder otra vez contra mí?
–Lo siento, Knuckie, pero creo que tu memoria a corto plazo está fallando de nuevo. Fui yo quien encontró más fragmentos ayer. –Se mofó Sonic con sorna, molestando a su compañero. Tails volvió a reír, terminando de comer su sándwich. –Ahora, ¡andando!
Y sin decir otra palabra, el trío se lanzó como tres fugaces siluetas hacia el bosque, dejando estelas de polvo a su paso, perdiéndose rápidamente entre la espesura boscosa…
Sin notar los ojos cautelosos de cierta murciélago que los observaba en la oscuridad con una sonrisa…
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–Amy… hemos recorrido mucho ya. ¿Podemos regresar? –Rogó una exhausta Cream, descendiendo lentamente al suelo batiendo sus adoloridas orejas hasta aterrizar suavemente, con Cheese durmiendo sobre su cabeza.
–Lo siento, Cream –Replicó Amy, convertida de pronto en una rastreadora militar que exploraba hasta el más pequeño rincón de la zona a una velocidad asombrosa. –, pero hasta que vea al menos una señal de mi amado príncipe, no voy a retroceder. Sonic está cerca. Casi puedo sentirlo.
–Lo que yo siento es el agotamiento… –Murmuró la conejita, desplomándose sentada en la hierba. Cheese cayó de su cabeza a su regazo debido al movimiento de ella, pero ni siquiera despertó. –Mamá va a enojarse mucho.
–Ya no preocuparemos de eso después. Ahora, tenemos una tarea por cumplir. –Contestó su amiga, restándole importancia, mientras revisaba detrás de una hilera de árboles que sospechosamente bloqueaban la visión al interior de los mismos, pero detrás no había nada más que otros árboles. –Vamos, vamos. La Ráfaga Azul tiene que tener algún lugar para descansar, ¿no? No puede correr para siempre.
–Oí que siempre se mantiene en movimiento. –Señaló Cream, abrazando al dormido Cheese mientras se incorporaba de un salto. –Y que se mueve a través de los árboles cuando quiere pasar desapercibido. ¿Crees que no quiera que lo encontremos?
–¡Eso es ridículo! Mi amor debe estar esperando a su dama. –Objetó Amy con un tono algo soñador por la última parte. –¡Ahora, movámonos! Todavía no podemos renunciar a nuestra búsqueda. ¡No hagamos a Sonic esperar!
Cream suspiró con resignación cuando Amy volvió a salir expulsada como una bala, dejando un pequeño camino de polvo levantado a su paso, a través de los árboles de Green Hill. Con algo de preocupación por lo angustiada que debía estar su madre la pequeña siguió a su mejor amiga por el sendero boscoso, esperando que toda esta exploración terminara pronto…
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Sonic, Tails y Knuckles llegaron a reunirse ya al mediodía de aquella jornada exploradora, no muy felices por el resultado. Ni un solo fragmento que recuperar. No había más trozos de la Esmeralda Maestra en Green Hill, y ya no quedaba más opción que buscar en alguna otra región; Star Light parecía la mejor alternativa, pero ya terminarían de resolverlo al volver a su hogar.
Sonic y Tails charlaban sobre sitios interesantes que encontraron durante su exploración, como cavernas ocultas detrás de cascadas, o ruinas ocultas bajo una extensión de árboles, y Knuckles se mantenía atrás, sin mucha prisa, perdiendo sus ojos púrpuras en los brillantes trozos de cristal que tenía en sus manos…
Solo seis, de quién sabe cuántos.
Era algo desalentador saber que todavía tenía tanto camino por delante, pero al menos, no lo recorrería solo. Alzó la mirada para observar fijamente a sus dos compañeros, conversando con sencillez y tranquilidad, como si no les importara en absoluto todo el trabajo que faltaba realizar, y sonrió. De veras estaban dispuestos a ayudarlo con esto, ¿cierto?
Jamás pensó que llegaría tener aliados, o alguna clase de compañía. Las veces que la Esmeralda Maestra fue robada, él se había visto obligado a bajar a la superficie, llegar a civilizaciones con tecnología que ni siquiera llegaba a comprender, y plagadas de diversas formas de vida que hormigueaban por doquier. No se asombró por ello, sin embargo. Al menos, no mucho. Lo único que tenía en mente durante esas jornadas era recuperar la Esmeralda Maestra, volver a Angel Island, colocarla en su sitio y hacer surgir a la isla del fondo del mar.
Pero nunca llegó a relacionarse directamente con algún otro ser inteligente, ni siquiera a preguntar si alguien había visto una gema gigante siendo transportada por algún antropomórfico con pinta de maleante. Eso acarrearía mucha atención no deseada para la Esmeralda Maestra. Las cosas hermosas no necesitan atención. La atención en general, suele atraer todo tipo de personas, tanto buenas, como malas; en la mayoría de los casos, éstos últimos son la moneda corriente.
Ya había tenido encuentros no muy amistosos con varias cuadrillas de bandidos. Entre ellos, una comadreja con la que no se llevó nada bien… Pero pudo ser más astuto que esa sabandija y recuperar su preciada propiedad.
La humanidad era distinta. Más… débiles y frágiles, pero muy inteligentes, capaces de crear tecnología cada vez más avanzada, de evolucionar, y transformar el mundo, ya sea para mal o para bien. Pero sumamente egoístas y codiciosos. Se creían superiores a las demás especies, incluyéndolos a ellos, y por ello trataban a seres distintos a ellos como basura. Los odiaba… pero, como usualmente lo hacía, no inclinaría su odio a dañarlos, sino a ignorarlos. Aislarse de las molestias en su querida isla, donde nada ni nadie llegara a molestarlo.
Aunque tampoco estaba del disgustado con la compañía que tenía ahora. Sonic era irritante e insufrible, pero era un buen compañero y se hacía valer como aliado en combate. Tails era más soportable, callado e inteligente, con su toque simpático y agradable, aunque tímido. Era bastante inexperto, y sin embargo, admitía que sabía pelear en un nivel aceptable.
Ambos eran distintos, uno impulsivo y de naturaleza ardiente, y el otro cauto y calmado, y no obstante, parecían llevarse bastante bien. Demasiado, teniendo en cuenta que no se conocían desde hace mucho.
–¿Crees que dejar Green Hill sin protección sea una buena idea?
–Dudo mucho que se pase por aquí si no estoy yo en Green Hill. Eggman ataca este lugar más que todo porque yo siempre me paso por aquí. Tenemos una Esmeralda del Caos con nosotros, y él las anhela, así que nos perseguirá a donde sea que vayamos para conseguirla. Y si ataca Green Hill, vendremos a patearle el trasero en el Tornado. Así de simple.
–Vale, pero será mejor estar atentos a los movimientos del doctor. –Dijo el zorrito, sacando de entre el pelaje tupido de sus dos colas el aparato que él llamó "Miles Electric", que manipuló rápidamente. –Estoy añadiendo una función al Miles Electric que nos permitirá tener acceso a comunicaciones de emergencia, sobre avisos de cualquier desastre. Así podremos acudir si cualquier ciudad tiene problemas debido al doctor.
–Sorprendente, compañero. –Sonic le mostró el pulgar con una sonrisa. –Eggman aprenderá a no meterse con Mobius mientras nosotros estemos aquí para patear su redondo trasero una y otra vez.
–¡Por supuesto! –Asintió Tails, riendo.
Los dos rieron alegremente, aliviando la tensión y esfumando la seriedad de su conversación. Knuckles parecía curioso de cómo se comportaban, con tanta fluidez y naturalidad, confianza y amistad, y se preguntó si él podría llegar a formar un lazo tan fuerte con alguien…
Quizás no, pero al menos ya no estaba tan solitario como antes de conocer a estos dos.
Sonrió diminutamente, sintiendo sus energías al tope. Estaba listo para partir, explorar otras zonas junto a estos dos idiotas y patear al tonto doctor cada vez que mostrara su cara regordeta.
Sin embargo, su sonrisa y tranquilidad se esfumó al sentir sobre su hombro una mano enguantada, que reconoció al instante.
–¿Me extrañaste, Knuckie?
–Rouge. –El equidna giró de golpe con un puño cerrado, lanzando un corte rotatorio contra la murciélago a sus espaldas, que retrocedió rápidamente de un salto, exhibiendo en su mano el brillante objeto que le había arrebatado al guardián.
–¡Muy lento, tontito! –Declaró Rouge, triunfante. Sonic y Tails volvieron junto al equidna rápidamente al escuchar la voz de la murciélago, frunciendo al notar que realmente se trataba de ella.
–Rouge. –Murmuró el erizo con notable furia. –¿Te atreves a mostrar tu cara después de lo que nos hiciste? ¡Deberías al menos estar avergonzada!
–Una ladrona no se avergüenza, Sonic. Creo que deberías entender eso, héroe azuloso. –Contestó ella con una mirada coqueta, hasta que se fijó en el zorro, detrás de Sonic, que parecía bastante nervioso. Ella sonrió seductoramente. –Pero miren a quién tenemos aquí. ¿Me extrañaste, Tails?
–Tú nos engañaste… –Musitó el zorro con un ligero rencor en su voz. –Me engañaste. No eres de fiar, y no dejaré que tus palabras me afecten. ¡Todavía nos debes esa Esmeralda del Caos que me quitaste!
–Lo siento, es mi tesoro ahora, y me pertenece. No es mi culpa que ingenuos como ustedes se hayan dejado engañar hasta tal punto de dejarme fácil la misión de arrebatarles una Esmeralda del Caos, y ahora, me será todavía más sencillo robar los fragmentos de la Esmeralda Maestra que tienen con ustedes.
–Ya con eso sabemos qué es lo que buscas con nosotros. –Repuso Sonic con una sonrisa confiada, flexionando ligeramente su cuerpo. –Inténtalo, Rougy.
–No me desafíes, Sony. –Replicó ella con una mirada desafiante y de aire peligroso, con sus alas completamente extendidas, y sus manos cerca de su bolso, donde guardaba todo tipo de artefactos para hacer frente a sus rivales.
Tails parecía alucinado por el rumbo que tomaba la situación. ¿Rouge estaba dispuesta a pelear contra los tres a la vez? ¡Si hasta Knuckles tenía oportunidades de vencerla él solo! Sin embargo, siguiendo el ejemplo de sus amigos, decidió no objetar lo insensato de la decisión de Rouge y se preparó igual para la confrontación, aunque no tenía planeado inferir de manera notable en ella.
Sonic fue el primero en abalanzarse contra Rouge, quien bloqueó el Spin Dash del erizo con una patada lateral que lo lanzó como un balón contra unos árboles, destrozándolos por la inercia del rebote. El erizo se desenrolló intacto encima de los troncos destruidos, y se impulsó con sus piernas como un resorte para volver al ataque, al mismo tiempo que Knuckles. La ágil murciélago evadió con gracia los puñetazos del equidna, moviéndose de un lado al otro con movimientos de sus alas, y contraatacaba con demoledoras patadas que Knuckles bloqueaba con sus brazos. Pero, cuando Sonic se unió al equidna Rouge chasqueó la lengua por fastidio y retrocedió, batiendo sus alas con tanta fuerza que generó un pequeño vendaval, alzando con él una nube de polvo para cegar a sus enemigos.
Ella misma se sorprendió cuando Sonic, de un manotazo, invocó una ráfaga de viento más poderosa que la suya para esfumar la arena del lugar, antes de girar rápidamente en sí mismo para atinar un poderoso ataque teledirigido contra la murciélago, botándola contra unos árboles. Knuckles remató entonces, atacó de arriba abajo, con un martillazo de sus puños cerrados, mientras caía encima de Rouge, quien rodó ágilmente hacia un costado para evitar el letal ataque del equidna, que fracturó el suelo bajo el mismo.
La ladrona se puso de pie, pero giró con brusquedad por el suelo cuando Sonic le llegó por detrás, pateándola en la cadera con una fuerza infernal. Antes de que ella saliera disparada demasiado lejos, Sonic volvió a interceptarla, sujetándola por la muñeca para levantarla sobre sus pies y obligarla a verlo a los ojos.
–No me gusta golpear chicas, pero eso fue una represalia por engañar a Tails. –Dijo el erizo, fulminándola con sus ojos verdes. –Esto puede terminar ahora, si devuelves lo que robaste y te apartas de nuestro camino.
–Qué sexista de tu parte, Sonic. No deberías subestimarme por ser mujer. –Respondió ella con una sonrisa, a pesar del dolor de los ataques anteriores, y de un rodillazo directo en el estómago, le quitó el aliento a Sonic, antes de rematarlo con una patada en el rostro para lanzarlo lejos de ella.
Knuckles apareció en ese momento detrás de la murciélago, intentando apuñalarla con los picos en sus nudillos, si ella no lo ve por el rabillo del ojo y se agacha a tiempo. Iba a adentrarse en la defensa del equidna para golpearlo en el rostro, si éste no pisotea el suelo con una potencia demoníaca, provocando una onda sísmica que la golpeó fuertemente y obligó a retroceder bastante.
Sonic se levantó con la nariz sangrante, pero ignoró ese detalle y se unió al equidna, ambos mirando seriamente a su oponente, con Tails cerca, dispuesto a intervenir si era necesario. Rouge miró alternamente a sus tres enemigos y frunció el ceño, consciente de que se le habían acabado las opciones. Tenía uno de los fragmentos de Knuckles, pero los necesitaba todos, e iba a aprovechar esta oportunidad para conseguirlos.
Cuando Knuckles arrancó una gran porción de roca el suelo y la aventó contra ella, se vio obligada a reaccionar, cortando a la mitad el enorme peñasco de una patada tijera. Pero, al instante en el que los dos trozos de tierra caían a sus costados, Sonic se adentró entre la destrucción de la piedra hecho una bola, impactando sólidamente contra el pecho de la murciélago, dañándola y dejándola sin aliento por unos segundos.
Rouge cayó de espaldas, mientras Sonic siguió avanzando hasta frenar a unos metros de ella, irguiéndose con una pose de combate. Apenas cuando ella abrió los ojos, vio a Knuckles descendiendo hacia ella con sus puños deseosos por destrozar algo, y tuvo que reaccionar al instante. Interceptó al equidna en el estómago con sus piernas cuando aterrizó sobre ella y así evitando más daño de su parte, aturdiéndolo el tiempo suficiente como para librarse de él con una doble patada giratoria, rotando como un taladro a gran velocidad. El ataque dio de lleno contra el pecho de Knuckles, quien hizo una mueca de dolor mientras salía despedido de espaldas, aterrizando entre unos arbustos. Rouge aterrizó victoriosa, pero aquella sensación de triunfo desapareció cuando Sonic llegó junto a ella, golpeándola en el abdomen con un puñetazo, para luego rematarla con una patada frontal con voltereta hacia atrás que dejó a Rouge viendo estrellas temporalmente. Sonic aterrizó con una mano en el suelo, y giró rápidamente sobre sí mismo con cada vez más velocidad, pero sin moverse de su sitio, destrozando la hierba debajo de él con sus constantes movimientos giratorios, cargando cada vez más energía, hasta liberarla súbitamente como una luminosa ola de viento que arrasó con la murciélago, arrastrándola con brusquedad como barrida por una fuerza irresistible, derribando árboles y cualquier otro objeto que se interpusiera en su trayecto. Poco a poco, el ataque fue perdiendo potencia, hasta que la poderosa descarga de aire se convirtió en una suave brisa, dejando en paz a la murciélago que atrapaba dentro, quien se desplomó boca abajo en la hierba de aquella área boscosa.
–Esto ya terminó, Rouge. –Sentenció Knuckles, quien se había acercado caminando firmemente hacia ella, fulminándola con sus penetrantes ojos morados. –Todo acabó, y no te queda más opción que rendirse.
–No… me rendiré jamás… Siempre consigo lo que quiero… –Comunicó ella como pudo, intentando levantarse con la ayuda de sus brazos. Lo logró, a duras penas, pero no estaba en condiciones para seguir luchando.
Sin mencionar que Sonic estaba a sus espaldas, y atacaría al más ligero movimiento hostil.
Miró a Knuckles con cierto recelo, mientras el equidna le devolvía la mirada con indiferencia, pero también con severidad y disimulado enojo. Estaba segura de que el equidna iba a destrozarla parte por parte, pero cuando él le extendió la mano, ella misma pareció sorprenderse, al igual que Sonic y Tails, quien seguía observando sin interferir. Knuckles no dijo nada, pero Rouge entendió perfectamente lo que quería, y bufando y murmurando cosas entre dientes, le entregó en su manaza el trozo de la Esmeralda Maestra que le había arrebatado.
–Y los demás. –Exigió él, frunciendo el ceño.
Rouge sonrió débilmente, y desvió la mirada.
–¿Cómo se dice?
–¡Dámelos, o voy a…! –Mugió ya alterado el equidna, intentando sujetarla por el cuello salvajemente, pero ella se escurrió debajo de las manos del equidna, acercándose al cuerpo del mismo para patearlo con todas sus fuerzas en el estómago, despojando su respiración por completo.
Sonic ya se había disparado para socorrer a su compañero, cuando ella sacó de su mochila una pequeña esfera con una abertura circular, de la cual escapaba una luz azulada. La arrojó contra el erizo que se aproximaba a alarmante velocidad, y al instante, una descarga eléctrica tan poderosa atravesó el cuerpo del erizo, que le hizo frenar de golpe y gritar de dolor.
–¡Sonic! –Bramó Tails con horror, y finalmente voló para acudir a la ayuda de su amigo, si Rouge no se entromete y lo repele de una patada en la quijada, botándolo al suelo.
–Lo siento, chiquitín, pero me arriesgué mucho y no voy a irme con las manos vacías. –Le dijo ella, luchando por mantenerse erguida con una postura retadora, a pesar de su insoportable dolor. –Me llevaré los fragmentos de la Esmeralda Maestra que tienen.
La descarga que lastimaba gravemente a Sonic se apagó de golpe, al igual que sus gritos, y se desplomó semiconsciente en el suelo herboso. Rouge caminó hacia él, y lo esposó con unos grilletes altamente tecnológicos. La murciélago sonrió, y dirigió su mirada ahora hacia su último objetivo…
Obteniendo una desagradable sorpresa.
El poderoso puño de Knuckles le llegó de lleno a la cara, dejándola adolorida y tambaleante, con su visión ligeramente borrosa. No pudo recomponerse por completo del golpe, cuando Knuckles cargó contra ella como un toro curioso, asestándole un cabezazo en el pecho que la azotó contra uno de los árboles presentes, atravesándolo de par en par. Intentó levantarse con todos sus esfuerzos, pero el equidna había empuñado el árbol caído y con él la había golpeado como si fuera una pelota, haciéndola estrellarse contra otros árboles.
Apenas y abrió los ojos por todo el dolor que la recorría, pero a pesar de ello, cortó en pedazos uno de los árboles junto a ella, y pateó sus trozos hacia Knuckles como pequeños proyectiles, que el equidna resistió entre gruñidos furiosos, para luego interceptarlos con sus devastadores puñetazos, mientras iba acercándose más y más a la nerviosa murciélago, que ya revisaba en su bolso en busca de más artefactos que pudieran salvarla…
Pero ensanchó los ojos al observar un resplandor de fuego dirigiéndose como un misil hasta ella, y no pudo moverse hasta que fue demasiado tarde…
La explosión fue abrasadora. Tan poderosa, que pudo si bien ser clasificada como la detonación de una granada, que hasta un pequeño cráter dejó en el lugar donde solía estar Rouge. La murciélago apenas y seguía consciente, lo cual incluso a ella la sorprendió. Había usado su mochila de herramientas para protegerse del estallido, y hasta cierto punto, había funcionado…
Pero ahora estaba indefensa y vulnerable, y podía observar perfectamente la silueta de Knuckles entre el humo de la explosión, al igual que la luz de las dos bolas de fuego que bañaban sus manos, acercándose…
No había más tiempo para dudar. Era arriesgarse a morir en vano, o escapar ahora que tenía oportunidad. Sino, podría ser demasiado tarde.
No había obtenido lo que vino a buscar, pero ya tendría otras oportunidades, y circunstancias más favorables para ella. Esta experiencia, al menos, le ayudó a aprender por las malas que sus rivales eran mucho más peligrosos de lo que imaginaba, y se aseguraría de tenerlos más en cuenta la próxima vez… Esto no volvería a repetirse, y regresaría más determinada que nunca a vengarse por esta humillación…
–"Es una promesa, Knuckles…" –Se dijo a sí misma en su mente, cuando divisó finalmente los ojos de Knuckles entre el humo, fijos en ella. –"Esto no se quedará así… Puedes estar seguro de que volverás a verme, y pagarás por humillarme de esta forma… Es una promesa…"
Y sin más que hacer, arrojó con gran precisión uno de sus cuchillos hacia el equidna rojo, que lo incineró con una bola de fuego, e iba a lanzar otra si no nota una pequeña esfera blanca y tintineante, que explotó en toda su cara. No hubo ningún daño en su cuerpo, mas quedó completamente cegado por el resplandor que irradió aquel artefacto al reventar, dejándolo demasiado vulnerable a algún truco de Rouge…
Que nunca llegó.
Poco a poco, su visión fue recobrándose, y todo se hizo más claro para él. Parpadeó confundido varias veces, pero al notar la ausencia de Rouge y ligar esto al por qué razón lo había deslumbrado, supo la razón exacta que la movió a actuar de esa forma…
Escapó… y no pudo hacerle pagar por todo lo que había hecho.
Knuckles soltó un bramido de furia, y golpeó el suelo con tanta fuerza que retumbó sonoramente, agrietándose. Respiró con agitación, sin desincrustar su puño del terreno destruido, con sus púas rojizas cubriendo sus ojos…
Una vez se apaciguó un poco, recuperó la compostura y se incorporó, erguido. Levantó la mirada, con sus ojos cerrados, y cuando los abrió, pudo verse la determinación brillar en ellos, al igual que la furia ahogada que poco a poco se desvanecía.
–Esto no va a quedarse así… –Juró, apretando sus puños y mostrando los colmillos. –¿Oíste, Rouge? Esto no ha terminado. Has hecho demasiado como para que te deje salirte con la tuya así como así. Ninguno de los dos ganamos nada con eso, y ya me has hecho perder la paciencia. La próxima vez que nos encontremos, me aseguraré de que no vuelvas a importunarme con tus caprichos y actos egoístas. Ya no más equidna amable. Es hora de que aprendas por las malas que no puedes robar lo que se te dé la gana y salirte con la tuya. Es hora de que aprendas por las malas a no meterte con Knuckles.
¡Chan, chan, chaaaaaaaan! Parece que las cosas entre la pareja de caza-tesoros se ponen tensas. Su rivalidad va agraviando más su relación en vez de mejorarla, y créanme que le costará mucho a Rouge sumarse al grupo después de este incidente, y mucho más trabajo llevará a que Knuckles logre confiar en ella plenamente. Estoy satisfecho por mi tarea en este episodio, y creo que les gustó a ustedes también. Si no es así, pueden dejar un Review con sus críticas y comentarios, ¡es gratis! :3
¡Espero que sigan leyendo, porque estas locas aventuras y batallas apenas inician en este fic, y lo mejor todavía está por venir!
Cuídense y nos leemos.
