(La historia no me pertenece es propiedad de Sarah J. Maas y los personajes de Candy Candy le pertenecen a Mizuki e Igarashi)
Capitulo 28.
Con el ceño fruncido, Candy apunto con el taco a la bola blanca. El palo se deslizo con facilidad entre sus dedos mientras apoyaba la mano sobre la superficie del fieltro de la mesa. Con una extraña sacudida del brazo, empujo el taco y fallo por completo.
Maldiciendo, Candy lo intento de nuevo. Golpeo la bola blanca de tal modo que esta rodo lentamente de lado, se estrello con suavidad contra una bola de color y se oyó un leve clic. Bueno, al menos había golpeado algo. Ya había tenido mas existo que con su investigación de las mascar del Wyrd.
Pasaban de las diez y, necesitaba como estaba de un descanso después de tantas horas de entrenamiento, investigación y preocupaciones por Neil y Elena, había entrado en la sala de juegos. Estaba demasiado cansada para la música, no podía jugar ella sola a las cartas y…, bueno, el billar parcia la única actividad posible. Había agarrado el taco con la esperanza de que no seria tan fácil aprender a jugar.
La asesina rodeo la mesa y volvió a apuntar. Fallo. Apretó los dientes y se planteo partir el taco por la mitad con la rodilla. Pero solo llevaba una hora intentado jugar. ¡Para las doce de la noche ya jugaría de maravilla! Dormiría en aquel ridículo juego o haría astillas a la mesa. Y la usaría para quemar vivo a Neil.
Candy empujo el taco y golpeo la bola con tanta fuerza que esta salió disparada hacia el fondo de la mesa, desplazo tres bolas de color antes de estrellarse contra la bola numero tres y la envió directa a un agujero.
Se paro al borde de la tronera.
Un aullido de rabia le salió de la garganta y Candy se acerco corriendo a la tronera. Primero le grito a la bola, luego cogió el taco y lo mordió, sin dejar de gritar entre sus dientes apretados. Finalmente, la asesina se quedo parada y, de un manotazo, metió la bola numero tres en la tronera.
-Para ser la mejor asesina del mundo, eso ha sido lamentable –dijo Terry entrando por la puerta.
Candy grito y se volvió hacia el. Llevaba una túnica y unos pantalones, y el pelo suelto. Terry se apoyo en la mesa, sonriendo, mientras ella se sonrojaba.
- Si vas a insultarme, puedes meterte esto por… -levanto el taco e hizo un gesto obsceno que completo la frase por ella.
El príncipe se remango antes de coger un taco de la pared.
-¿Estas pensado en volver a morder el taco? Porque en ese caso me gustaría llamar al pintor para recordar siempre esa imagen.
-¡No oséis burlaros de mi!
-No seas tan seria –Terry apunto a la bola e hizo que chocara son gracia contra la verde, que cayó a la tronera -. Cuando estas enfurecida eres increíblemente graciosa.
Para su sorpresa y deleite, la asesina se echo a reír.
-Graciosa para ti –dijo-. Exasperante para mí –intento jugar otra vez pero fallo.
-Deja que te enseñe –se acerco dando zancadas hasta donde estaba Candy, dejo su taco y cogió el de ella. La aparto de un codazo suave, con el corazón latiéndole un poco mas deprisa, se coloco donde estaba la asesina-. ¿Ves como sostengo la parte superior del taco con el pulgar y el índice? Lo único que tienes que hacer es…
Candy lo aparto con un golpe de la cadera y le quito el taco.
-Se como sostenerlo, bufón.
Intento golpear la bola y fallo de nuevo.
-No mueves el cuerpo como es debido. Déjame enseñarte.
Aunque el truco mas viejo y descarado de todos, alargo el brazo y puso su mano sobre la mano de Candy que agarraba el taco. Acto seguido coloco los dedos de la asesina sobre la madera antes de agarrarla suavemente de la muñeca. Para consternación de Terry, se puso colorado.
La miro y, aliviado comprobó que ella estaba tan roja como el, si no más.
-Si no dejas de tocarme y empiezas a enseñarme, voy a arrancarte los ojos y sustituirlos por estas bolas de billar.
-Mira, lo único que tienes que hacer es… -le enseño los movimientos y ella golpeo la bola suavemente. Fue a parar a un rincón y reboto para colarse en una tronera. Terry se aparto de ella y sonrió-. ¿Lo ves? Si lo haces bien, te saldrá bien. Inténtalo de nuevo.
El príncipe recogió su taco. Candy resoplo, pero aun en la misma posición, apunto y acertó. La bola blanca recorrió toda la mesa y provoco un caos general, pero al menos la había golpeado.
Terry cogió el triangulo y lo sostuvo en el aire.
-¿Te apetece una partida?
Cuando el reloj dio las dos, aun seguían jugando. Terry había perdido que les llevaran una selección de postres mientras jugaban y, aunque ella había protestado, había engullido un buen trozo de tarta de chocolate también se había comido la mitad del trozo del príncipe.
El gano todas las partidas, pero ella apenas se dio cuenta. Mientras golpeara la bola, fanfarroneaba descaradamente. Cuando fallaba…, ni siquiera los fuegos del infierno podían compararse con la ira que le explotaba de la boca. Terry no recordaba ninguna ocasión en la que no hubiera reído con tantas ganas.
Cuando Candy no estaba maldiciendo ni farfullando de indignación, los dos hablaban de los libros que ambos habían leído y, a medida que ella iba parloteando cada vez mas, a Terry le pareció como si ella no hubiera hablado en años y temiera volver a quedarse muda. Candy era terriblemente inteligente. O entendía cuando el príncipe hablaba de la historia, o de política –aunque digiera que odiaba el tema-, e incluso tenia mucho que decir sobre el teatro. Sin saber bien como, Terry acabo prometiéndole que la llevaría una obra después de la competición. Entonces se hizo un silencio, pero enseguida paso.
Terry estaba sentado en un sillón y tenia la cabeza apoyada en una mano. Candy estaba despatarrada e la butaca que había frente a él, con las piernas colgándoles de un brazo del asiento. Ella miraba el fuego con los parpados entornados.
-¿Qué estas pensado? –pregunto Terry.
-No se –contesto ella. Apoyo la cabeza sobre el brazo de la butaca-. ¿Crees que los asesinatos de Xavier y de los otros campeones han sido intencionados?
-Quizá. ¿Acaso importa?
-No –movió la mano despreocupadamente-. Da igual.
Antes de que Terry pudiera hacerle mas preguntas, ella se quedo dormida.
A él le hubiera gustado saber mas cosas sobre su pasado. Albert solo le había contado que era oriunda de Terrasen y que todos los miembros de su familia habían muerto. No tenia ni idea de como había sido su vida, ni como se había convertido en asesina, ni de como había aprendido también a tocar el pianoforte… Todo era un misterio.
Quería saberlo todo sobre ella. Deseo que se lo hubiera contado ella misma. Terry se levanto y se estiro. Coloco los tacos en el soporte, volvió a colocar las bolas y regreso junto a la asesina dormida. La zarandeo con suavidad y ella protesto con un gruñido.
-Aunque quieras quedarte aquí dormida, mañana lo lamentaras profundamente.
Sin abrir apenas los ojos, Candy se puso en pie y camino hasta la puerta arrastrando los pies. Como estuvo a punto de chocarse contra la jamba, decidió que no le vendría mal una mano que la guiara antes de romperse algo. Terry guio a la asesina hasta el dormitorio intentado no pensar en la calidez de la piel de Candy bajo su mano, y la vio avanzar hasta la cama tambaleándose. Allí se dejo caer sobre las mantas.
-Ahí tienes vuestros libros –murmuro señalando una pila de libros junto a su cama.
El entro lentamente en la habitación. Candy estaba tumbada, inmóvil y con los ojos cerrados. Había tres velas encendidas. Terry dejo escapar un suspiro y las apago antes de acercarse a la cama. ¿Estaba durmiendo?
-Buenas noches, Candy –dijo.
Era la primera vez que se dirigía a ella por su nombre. Lo pronuncio de modo exquisito. Ella murmuro algo que sonó a "na-un", pero no se movió. En el hueco de su cuello brillo un curioso colgante. A Terry le pareció que le resultaba familiar, como si lo hubiera visto antes. Lo miro por última vez, cogió la pila de libros y salió de la habitación.
Si se convertía en la campeona de su padre y luego recobraba su libertad, ¿seguiría siendo la misma? ¿O todo aquello no era mas que una fachada para lograr lo que quería? Terry no podía imaginársela fingiendo. No quería imaginársela fingiendo.
El castillo estaba en silencio y a oscuras cando volvió a sus aposentos.
