Hola... tuve unos problemitas con el capítulo anterior... espero disculpen la ensalada de palabras que se me hizo!!

Esta es una adaptación de la autora Noa Xireau Playboy por contrato... A disfurtarla...

Capítulo 29.. ¡LIBERATE!...

o0o0o0o0o

Capítulo 29

Al pasar junto a Sakura, que seguía paralizada y aturdida, Touya le posó una mano en la espalda, llevándola suavemente con él. Shaoran apretó las manos en un puño cuando la oyó hablando con Touya.

—Yo… lo siento mucho, Touya —balbuceó Sakura en voz baja por el camino.

—No pasa nada, cariño. Ha sido un malentendido. Son cosas que pasan a veces —

contestó Touya palmeándole la espalda de forma paternal.

En su despacho, Touya la guio hasta uno de los enormes sillones de piel ocre, dónde ella se dejó caer agradecida. Shaoran, ayudado por su madre, se situó justo enfrente de ella. El abuelo fue el último en entrar y tomar asiento.

Shaoran observó cómo Sakura tragaba nerviosa y se escondía las manos debajo de los muslos.

—¿Y bien? —Shaoran la observó con los ojos entrecerrados.

—¿Y bien qué?

—¿Qué haces aquí?

—Trabajo.

—¿Trabajas? —Shaoran miró incrédulo a ella y a Touya que, apoyado con los brazos cruzados en su mesa de escritorio, lo confirmó con un breve cabeceo. La mente de Shaoran se quedó en blanco—. ¿Por qué demonios ibas a trabajar en un restaurante?

—Es el único empleo decente que dan a extranjeras sin estudios demostrables.

—¡No me refería a eso! —gruñó Shaoran impacientándose.

—Shaoran, cálmate —le ordenó Ieran, que miraba a Sakura tan asombrada cómo los

demás—. Sakura, cariño, creo que lo que mi hijo trata de comprender es el motivo por el que estás trabajando. ¿Es porque a lo mejor querías estar en contacto con otra gente?, ¿salir de la casa? No sé… —trató la mujer de ayudarla a explicarse.

Sakura parpadeó confusa.

—No. Lo hago porque necesito dinero.

Ieran se dejó caer en uno de los sillones, Touya comenzó a toser de forma espasmódica y Shaoran y el abuelo la contemplaron mudos. «¿Les estaba tomando el pelo?».

—¿Dinero? —preguntó finalmente Shaoran.

—¡Sí, dinero! —exclamó irritada Sakura—. No cae de los árboles, ¿sabes?

—Eres una de las mujeres más ricas de este país… —la contradijo Shaoran, escudriñándola como si hubiese perdido la cabeza.

—Pues no sé dónde —masculló ella entre dientes.

Era imposible que ella pudiera considerarlo tan tonto, ¿verdad? Shaoran estaba comenzando a hartarse de esta situación. Odiaba las mentiras, odiaba a la gente que mentía y odiaba equivocarse con la gente, algo que definitivamente había hecho con Sakura.

—¡Estás mintiendo! Suelta de una vez por qué estás aquí. ¿Hay alguien más? ¿O es Yukito después de todo? —inquirió Shaoran encogiendo los ojos.

—¡Shaoran! —gimió su madre.

Shaoran la ignoró. Quería terminar con esta situación de una vez por todas. En la periferia, vio como Touya se incorporaba tenso. Levantándose de un salto, Sakura sacó un monedero del bolsillo trasero de su falda y se lo tiró a Shaoran.

—¡Ábrelo!

Shaoran contempló desorientado el pequeño monedero de tela sobre sus rodillas, la

miró a ella y luego lo abrió.

—¡Saca todo lo que hay dentro! —Sakura se cruzó de brazos, esperando que Shaoran vaciara todo el contenido sobre su regazo, sacando un carnet de identidad español, una tarjeta bancaria desconocida, dos tickets de metro antiguos, ocho cuartos de dólar y varios centavos—. ¿Lo entiendes ahora?

Shaoran se frotó el puente de la nariz, tratando de aliviar la repentina migraña que le pulsaba con fiereza tras los ojos.

—¡Xiao Lan Li, dime que no has tenido a esta criatura durante todo este tiempo sin darle un solo centavo! —siseó su madre a su lado.

Shaoran dirigió una mirada impotente a su abuelo, que parecía sentirse tan horrorizado

y abochornado como él.

—Pensé que le habías abierto una cuenta bancaria y dado una tarjeta para ella —le

confesó Shaoran al abuelo.

—No caí en eso… pensé que tú te habías encargado de todo —negó el abuelo impotente.

—¡Hombres! —bufó Ieran irritada—. Cariño... —se interrumpió un momento cuando un teléfono comenzó a sonar, pero Touyq lo apagó de inmediato—, no tienes que seguir trabajando aquí. Solucionaremos el tema del dinero mañana mismo, ¿verdad, Shaoran? —Le dedicó una mirada amenazante a Shaoran que dejó claro que en caso contrario habría consecuencias.

Shaoran asintió impotente.

—No quiero que me den el dinero por dármelo —protestó Sakura.

—Deja de decir tonteras —intervino el abuelo—. Eres una Amamiya y el dinero es tuyo.

—Esa es la cuestión, no quiero recibir dinero regalado, me gusta ganármelo. Quiero trabajar.

—¡No seas estúpida! ¡Ya tienes un trabajo! —masculló Shaoran irritado ante la perspectiva de que ella estuviera todo el día fuera de casa y de su alcance.

—¿De qué? ¿De actriz porno? —preguntó Sakura con los brazos en jarra y los ojos entrecerrados.

Touya gimió, en tanto Ieran y el abuelo la contemplaron con la boca abierta.

—¡Eres mi secretaria! —gruñó Shaoran.

—¿Desde cuándo? Nunca me has querido dar el puesto y encima me tratas como si fuera tu esclava personal, no tu secretaria. Una secretaria no…

—¡Te asciendo a asistente personal!

—¿Asistente personal?

—Cinco mil dólares al mes.

Sakura se dejó caer de nuevo en el sillón, con los ojos como platos y su barbilla colgándole a la altura del ombligo.

—Y presupuesto aparte para el vestuario y accesorios que necesites para acompañar a Shaoran a los eventos —añadió Ieran, dirigiéndole una dura ojeada a Shaoran, quien gimió al comprender el mensaje implícito.

—Y un coche propio —añadió el abuelo con la frente arrugada en concentración, como si estuviera haciendo una lista mental de qué más podría hacerle falta.

—O sea… —Sakura se recostó con semblante inescrutable en el respaldo del sillón hablando lentamente, como si tratara de asimilarlo. Miró de uno a otro, hasta centrar su atención en Shaoran—, que vas a pagarme por ser tu mujer.

Él abrió la boca para negarlo, pero la cerró al advertir el repentino cambio en ella.

Frunció el ceño al atisbar el ligero temblor en la comisura de sus labios, debatiéndose entre si debería sentirse ofendido o aliviado de que ya no estuviera enfadada con él.

—¿Eso me daría derecho a ser gruñón y testarudo?

—Redactaré un contrato y te haré saber tus derechos.

—¿Por qué vas a redactarlo tú? Soy yo quien te pagará el sueldo —alegó Shaoran cruzando los brazos en el pecho, no muy seguro de que la idea de un contrato le gustara demasiado.

—Yo soy la asistente personal y ese trabajo es mío.

—Pero yo soy el jefe.

—Serás el jefe de ocho a tres, el resto del tiempo…

—¡Ni hablar!

—¡No seas idiota! Serás el único hombre casado con derecho a mandar durante siete horas al día y lo tendrás firmado en un contrato. ¡Serás la envidia del club! — resopló Touya desde el escritorio.

—Tiene razón. ¡Tómalo! —intervino el abuelo como si estuviera aconsejándolo en la negociación de su vida.

—¡Papá! —Ieran le dio un suave codazo, pero sus ojos chispeaban llenos de diversión al igual que los del viejo.

El ceño fruncido de Shaoran fue sustituido por una expresión calculadora al vislumbrar la sonrisa victoriosa de su mujer.

—Doblo la oferta económica a cambio de que sean ocho horas y flexibles. —Cuando ella dudó, él siguió presionando—: sabes de sobra que mi trabajo se extiende a lo largo de todo el día. —Ella se mordió los labios—. Y que a veces surgen urgencias e imprevistos.

—¡Está bien!, ¡está bien! Ocho horas y ni un minuto más, y quiero un día libre a la semana.

—¡Hecho!

En cuanto su madre y abuelo regresaron al restaurante para excusarlo con el resto

de los invitados por la precipitada salida, Touya le alargó un vaso de brandy y se tiró

en uno de los sillones. Sakura, por su parte, había vuelto al trabajo a terminar su turno, negándose a abandonar a sus compañeras en hora punta. No es algo que a Shaoran le hiciera mucha gracia, pero suponía que, puestos a elegir batallas, esta era una que podía permitirse el lujo perder.

—¿Sabes, Li? Eres un mocpso y un cabrón afortunado —opinó Touya sin despegar los ojos

de la pared.

Shaoran contempló pensativo el líquido dorado de su copa antes de responder con una ligera sonrisa ladeada.

—Sí, lo soy. Un absoluto desastre como marido, pero afortunado de todos modos.

—Eso se merece un brindis. —Touya rio por lo bajo, alzando su copa—. Jamás pensé que llegara el momento en que una mujer te atrapase.

Shaoran replicó al brindis con una mueca.

—¿Y tú qué? ¿Qué vas a hacer con… ya sabes? —Señaló la pared detrás de la cual suponía que debía de encontrarse su suite y el joven camarero.

—¿Qué crees que debería hacer? —quiso saber Touya soltándose la corbata.

Encogiendo los hombros, Shaoran estudió al que había sido su competidor y amigo durante años.

—Creo que deberías dejar de usarme como excusa para ganar tiempo, solo estás retrasando lo inevitable.

Los labios de Touya se curvaron de forma levemente torcida.

—Admitiría que has dado en el blanco, si no fuera porque tengo la sensación de que

eres tú el que estás aquí perdiendo el tiempo conmigo. Lo que se me escapa es el

motivo. Acabas de más o menos solucionar tu problema con tu mujer. ¿Qué te sigue

reteniendo?

—En lo de más o menos está la clave; sin contar con Meiling, que seguro aún está abajo en el restaurante esperándome.

—¡Ufff! ¿Sigues con ella?

—No.

—¿Entonces?

—Ella parece resistirse a la idea de soltarme y yo… —Shaoran se pasó las manos, cansado, por los ojos—. ¿Cómo te deshaces de una mujer que ha formado parte de toda tu vida?

El hombre lo estudió serio, toda traza de humor había desaparecido.

—Sabes que no tengo tendencia a meterme en la vida privada de nadie… —Touya titubeó—, y tampoco lo haría ahora si no fuera porque te considero un amigo y porque creo que Sakura es lo mejor que has tenido en toda tu desgraciada vida.

—Deja de andarte por las ramas y suelta lo que quieras decir de una vez.

—Están circulando una serie de rumores… Ya sabes cómo son esas cosas. A veces son ciertas y otras no. —Touya se reajustó incómodo en el sillón.

—¡Dios! Estás empezando a sonar como una mujer, ¿quieres ir al grano? —resopló Shaoran.

—Se dice que a Meiling hace ya algún tiempo que han dejado de salirle ofertas de trabajo. Ya sabes cómo funciona el mundillo de la televisión y el cine. Ella ya tiene una cierta edad, sus últimas películas no han tenido mucho éxito y siempre hay una horda de nuevas y jóvenes actrices pujando por abrirse camino a toda costa.

Shaoran afirmó en silencio. No es que le sorprendiera mucho, de hecho, siempre había

considerado que Meiling destacaba más por su belleza y glamur que por sus dotes interpretativas. Que la edad le comenzara a pasar factura en una profesión como la suya era algo más que previsible; sin embargo, por la cara de Touya, sospechaba que había algo más detrás de todo eso.

—¡Sigue!

—Las malas lenguas afirman que para conseguir sus últimos trabajos ha usado su capacidad de seducción detrás de la cámara más que delante de ellas. —Touya lo escrutó como si temiera que comenzaba a dar más información de la requerida—. Su último intento de conseguir un papel…

—¡Por Dios, Touya! ¡Déjate ya de contemplaciones! Conozco a Meiling desde que

tenía cinco años, ¡no vas a escandalizarme!

El hombre soltó el aire con alivio.

—Ha estado acostándose con Guillermo Del Toro. Parece que estaba preparando una gran

superproducción y ella quería ser la protagonista. Por lo que cuentan, el tiro le salió

por la culata. Guillermo la utilizó tanto en la cama como fuera de ella para crear morbo

publicitario para su película. Dos semanas antes del rodaje, la dejó tirada de forma pública y humillante en una fiesta, presentando a su flamante joven actriz y amante. Y no conforme con eso, enunció algunos motivos —no muy elegantes ni caballerosos, por cierto— por los que no consideraba a Meiling apta ni siquiera para el papel de vieja reina madre.

—¡Hijo de puta! —Pasándose una mano por los ojos, Shaoran maldijo entre dientes.

Ya no la deseaba como mujer, pero eso no cambiaba el cariño que había entre ellos, ni

que siguieran siendo amigos. Que uno de los directores más exitosos del mundo la criticara en público cerraría muchas puertas para Meiling; si a eso se añadía lo importante que su imagen pública siempre había sido para ella, podía muy bien imaginar lo deshecha que debía sentirse. Suponía que eso explicaba muchas cosas

acerca de la actitud de Meiling desde que había regresado: su continua necesidad de autoafirmarse, sus repentinos cambios de humor... Se paró en seco al reparar en los ojos fijos de su amigo, el silencio y sus labios apretados en una fina línea.

—¡Mierda! Hay algo más, ¿verdad? —La pregunta salió casi como un gemido.

—Si son ciertos los rumores que me han llegado, entonces eso no fue lo peor.

Shaoran sintió un pequeño escalofrío y eso que no le habia dicho nada.

o0o0o0o0o0o

Bien gente linda... Y lo doy por terminado!! jeje... Espero lo esten disfrutando igual o más que yo...

¿Qué les pareció? ¿Qué es lo que se sabe de Meiling? ¿Creerá Shaoran a su amigo? No me maten por usar al increíble directoe Guillermo adel Toro... Jeje... no se me ocurrió otro... ¿Qué opinan de la actitud de Sakura? ¿Lo hizp bien ah?.. jaja.

Nos leemos pronto chicas/os...