Capítulo XXIX: Reencuentro.

Tres días antes...

Un pelirrubio se hallaba en una taberna, situada en una de las costas del Continente del Viento. Había estado rastreando la pista con respecto al paradero de Sasuke Uchiha y Sakura Haruno. De acuerdo a lo que la reina Kaguya le había informado, es que el dragón escarlata y la princesa de Iridia habían sido ubicados anteriormente en las proximidades del Continente de la Tierra, pero el avistamiento había sido remoto, puesto que, posteriormente, se les vio en una de las costas del Continente del Viento. Continente donde, actualmente, se hallaba el mercenario pelirrubio.

Regularmente, al rubio no le llevaba tanto tiempo el localizar a sus objetivos. Sin embargo, al parecer la Haruno y el Uchiha jugaban bastante bien sus cartas, ya que apenas y dejaban pistas con respecto a sus paraderos. Cuando hizo una investigación encubierta, el cazarrecompensas halló que en la misma costa, donde actualmente se localizaba él mismo, dos hombres habían quedado inconscientes misteriosamente. Lo extraño del caso es que aquellos hombres, al haber sido interrogados con respecto a los acontecimientos, no podían recordar nada más allá de cuando estaban laborando. Más adelante, la guardia marítima de Wintersun, nación que actualmente gobernaba por De Facto el Continente del Viento, pudo encontrar una lancha abandonada en altamar. Aquel pequeño bote fue ubicado dentro de un punto de no retorno, en lo que hipotéticamente sería el territorio ocupado por la Gran Atlántida.

El rubio tenía la certeza de que Sasuke y Sakura viajaban en aquella lancha, y que algo sucedió en altamar que hizo que quedara aquella lancha abandonada. Era altamente improbable que el azabache y la pelirrosa hayan sufrido de alguna clase de accidente. El mercenario ya había trabajado en el tipo de casos que implicaba la eliminación de seres de la especie Faerie, y sabía, de primera mano, que las hadas eran seres muy poderosos, capaces de manipular los elementos. La mera idea de que les hubiese ocurrido un accidente era altamente improbable.

Uno era un guerrero Shaolin, discípulo de la legendaria Élder Wu Mei, quien era conocida como la guerrera más poderosa entre los Shaolin, apenas por debajo del Uchiha, pero por encima de los Cinco Élders Legendarios del Shaolin. Por ésa, y muchas otras tantas razones, a Sasuke se le temía por ser un poderoso, y prácticamente invencible, guerrero, misma razón por la cual era conocido como el Dragón Escarlata. La chica hada, por su parte, era nada más y nada menos que la legítima heredera al trono de Iridia, de quien se decía era descendiente de uno de los Clanes más poderosos de Terra, así como la sucesora de Eva del Génesis. Ésa combinación, por sí sola, era más que suficiente para enfrentar cualquier clase de peligro.

Algo definitivamente sucedió en altamar. No podrían haber simplemente desaparecido. El mercenario tenía sus sospechas.

— ¿Sueles perder el tiempo en lugares tan pútridos como éste? — se burló una voz, bastante irritante para el mercenario pelirrubio.

— ¿Acaso te importa tanto? — respondió ácidamente el cazarrecompensas.

— Digamos que... solamente tengo algo de curiosidad — enunció el recién llegado.

— Pues te quedarás con la duda — sentenció el rubio, para después darle un enorme trago a una botella de licor que había pedido.

— Tan amigable como de costumbre. Ya extrañaba tu falta de hospitalidad.

El recién llegado se sentó en la misma mesa que el pelirrubio, colocando igualmente una botella de alcohol sobre la superficie de la misma.

— ¿Qué demonios es lo que quieres, Nagato? No creo que hayas venido hasta aquí para charlar de los viejos tiempos — le cuestionó el mercenario.

— Directo al grano, como siempre. Muy bien.

El pelirrojo le dio un largo trago a su propia botella, dejándola casi vacía.

— Kaguya-sama quiere saber porqué tardas tanto en localizar a la princesa Sakura. Ya ha pasado una semana desde que te encomendó la búsqueda de la princesa de Iridia.

— Estoy en éso. ¿O es que acaso tu reina cree que encontrar a dos fugitivos, por todo el mundo, es cosa de un par de días? — respondió con crudeza el ojizafiro.

Nagato se encogió de hombros.

— Pues se supone que tú eres un profesional cuando se trata de atrapar a prófugos — aseveró el Uzumaki.

— Ya quisiera ver que Kaguya, aún con su ejército entero, diera con el paradero de la rosadita en unos cuantos días.

El rubio bebió otro trago de licor, comportándose indiferente ante el cuestionamiento de la eficiencia de sus servicios.

— Sabes muy bien que Lady Kaguya no tolera la ineptitud, ni la ineficiencia. Ella ha matado a otros por errores menores — le afirmó fríamente Nagato.

El rubio únicamente se cruzó de hombros.

— Tu reina es la menor de mis preocupaciones. El día que me de la gana la mato a ella, junto contigo, y los demás. Todos ustedes no son más que un montón de basuras — replicó con la misma frialdad el mercenario.

El Uzumaki sonrió torcidamente, y soltó una risa socarrona.

— Así que el gran Huracán Dorado del Viento tiene su orgullo. ¿Eh? — se burló aún más vehemente Nagato — Supongo que es lo justo. Después de todo, has sido el guerrero más poderoso que ha tenido el Continente del Viento. Pero, ¿Me pregunto si Kaguya estaría dispuesta a pagarte la misma cantidad, si es que te retrasas más de lo debido?

El pelirrubio chasqueó la lengua irritado. Nagato supo presionar los botones adecuados. Si algo le frustraba al cazarrecompensas, era el tener que hacer un trabajo sucio, llamado también operaciones negras, el cual requería de un enorme esfuerzo, tiempo, y planeación, para que terminara cobrando una cantidad mediocre por el mismo. Por otro lado, Nagato en parte tenía razón: Se había retrasado ya bastante en dar con el paradero de la hija legítima de la diosa Kaguya. Si a éso se le aunaba que, en el último par de días, el rubio se la había pasado teniendo sexo con cuanta bella mujer se le cruzaba por su camino, cortesía de ser él mismo bastante bien parecido, era una verdadera receta para el desastre.

En alguna otra ocasión, el mercenario habría optado por matar a Kaguya, si es que no le pagaba lo acordado por el trabajo, pero sabía que de repetir aquella misma hazaña, como lo había hecho anteriormente con otros, se quedaría sin una cliente bastante adinerada. No podía arriesgar su modo de vida, que básicamente consistía en ahogarse en alcohol, y tener a las mujeres más hermosas y exuberantes en su cama.

Nagato sonrió burlón, cuando vio el cambio en el semblante de aquel pelirrubio, con el que varias veces llegó a compartir misiones negras. Conocía bastante bien a aquel mercenario que tenía frente de sí mismo, no sólo porque procedieran de la misma nación, sino porque ambos eran igual de ambiciosos. A fin de cuentas, ambos eran mercenarios. La única diferencia, es que Nagato era un mercenario "de tiempo completo", a comparación del pelirrubio. El ojizafiro no tenía una lealtad particular a un sólo cliente.

— ¿Y? ¿Cuándo piensas llevar a Sakura-hime ante Kaguya-sama? — le preguntó con cinismo el ojirubí.

El rubio chasqueó la lengua, y le dio un nuevo trago a su botella de licor.

— Tsk. Se la llevaré a más tardar en tres días — masculló el pelirrubio.

Nagato sonrió zorrunamente, y se vació por completo la botella que había adquirido.

— Éso espero, por el bien de tus giles. Ya sabes lo irritable que puede llegar a ser la reina Otsutsuki si no salen las cosas como ella quiere — aseveró el pelirrojo.

Y es que Kaguya era más que capaz de destruir una nación entera, si es que estaba furiosa.

— Asegúrate también de llevar sana y salva a la princesa de Iridia. No queremos más problemas de los que ya tenemos, por culpa de Kabuto — masculló Nagato.

— Veo que Yakushi sigue siendo un completo inútil — espetó el pelirrubio.

— Lo es. Pero no tenemos más efectivos a nuestra disposición — aludió el Uzumaki, encogiéndose de hombros — En fin. Era lo único que necesitaba comunicarte. Apresúrate a hallar a la princesa Senju — concluyó el pelirrojo, para después levantarse de su asiento.

— Tsk. Sí, como sea — pronunció entre dientes el ojizafiro.

— Por cierto...

Nagato se detuvo unos pasos al frente, y volvió su rostro hacia el mercenario.

— ... ¿Por casualidad has visto a Onikage?

— ¿Por qué tendría yo que saber de ése infeliz? Soy un asesino a suelo, no una niñera — rebatió amargamente el mercenario.

Nagato se rió por lo bajo. De alguna manera, se esperaba semejante reacción.

— Entiendo. Supongo que tendré que seguirlo buscando yo mismo.

Nagato se dio la vuelta, decidido a retirarse.

— Fue un gusto volver a verte — expresó el pelirrojo, justo antes de salir de aquella taberna.

— Tsk. Cómo odio a ése imbécil — masculló el mercenario.

El rubio se vació por completo la botella entera de licor, y después salió de aquel bar de mala muerte, dispuesto a completar de una buena vez por todas la misión que le había otorgado la reina/diosa de todo Terra.

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Día Presente.

La mañana llegó en el mítico Huerto del Edén. Sakura abrió los ojos lentamente, hallándose a sí misma recostada sobre el musculoso torso de su dulce príncipe. Ambos estaban acostados en la cama, con una cobija cubriéndoles a ambos. La ninfa estaba completamente desnuda, al igual que Sasuke. Sakura se sentía como si le hubiesen dado una paliza, dado que el día de ayer se la pasó haciendo el amor con su querido Sasuke-kun. Apenas y se detuvieron un par de horas, y éso porque Sasuke, eventualmente, tuvo algo de hambre. Si el azabache no tuviese aquellas necesidades fisiológicas, propias de los humanos, seguramente habría continuado haciéndole el amor todo el tiempo.

Si así eran días comunes, con el príncipe de los Uchiha, Sakura ni se imaginaba cómo sería la verdadera luna de miel, cuando en su momento lleguen a contraer matrimonio. Bueno, de hecho, sí se imaginaba, al menos un poco, cómo sería aquel susodicho escenario. Seguramente se la pasarían haciendo el amor, hasta que desfallecieran ambos. Aunque por algún motivo, la hermosa hada presentía que ella sería la primera en perder el conocimiento.

Sakura se intentó reincorporar de aquel poderoso cuerpo, pero al instante que colocó sus manos en el musculoso pecho de Sasuke, éste afirmó su agarre en la cintura de ella, impidiéndole con ello el levantarse. Sakura forcejeó un poco, aunque, como siempre, fue enteramente inútil. La ninfa suspiró audiblemente, y se escurrió como pudo hasta el rostro de su amado pelinegro. La princesa hada tomó las mejillas del moreno entre sus pequeñas manos, y le dio un beso en aquellos labios semi-ásperos.

— ¿Ya me vas a dejar levantarme, Sasuke-kun? — preguntó calmadamente la pelirrosa.

Sasuke, aún con los ojos cerrados, negó con la cabeza.

— ¿Por qué debería hacerlo? Así estoy bastante cómodo — replicó perezosamente el moreno.

La ojiesmeralda suspiró una vez más, y le abrió los párpados con sus pulgares.

— Sasuke-kun. En serio. Déjame levantarme. Tenemos trabajo que hacer — le regañó la hada — Y otra cosa... ¿Podrías sacar tu pene de mi vagina?

La pelirrosa preguntó lo último en un susurro, completamente avergonzada. Tras haber hecho el amor en la noche, Sakura quedó inconsciente, y Sasuke jamás salió de ella.

El azabache una vez más negó.

— No quiero. Me gusta sentir tu vaginita húmeda y cálida apretándome — expresó el azabache, con su típica sonrisa egocéntrica.

Sakura gruñó levemente en respuesta, aunque también se había sonrojado por el comentario tan vulgar de su novio.

— Sasuke-kun. Ya deja de estar de pervertido y...

El reclamo de Sakura fue interrumpido, cuando Sasuke la besó pasionalmente en los labios, aunque conservando la dulzura que siempre caracterizaban la unión de sus labios. La ninfa no tuvo mayor remedio que devolver el amoroso gesto, mientras sus pequeñas manos se hundían en la espesa melena oscura de su amado. Entretanto, su príncipe descendió sus manos hasta el trasero de ella, al cual le dio el trato que siempre solía hacerlo: Amasarlo, apretarlo, y hundir los dedos en el ano de su Cerezo. Obviamente, los gemidos de Sakura se hicieron presentes casi de inmediato.

— Sasuke-kun... Ahhh... Tenemos que seguir con la... Ahhh... Misión... — articulaba con dificultad la princesa hada, a causa de sus gemidos.

Y como siempre, a Sasuke le importó un carajo éso.

— Lo sé. Continuaremos la misión, después de que hagamos el amor — dictaminó el moreno — Ya sabes que me gusta hacer el amor contigo, al menos dos veces al día. Y te toca que te haga el amor cada que despertamos.

Aprovechando que su pene estaba dentro de ella, Sasuke empezó el mete y saca. Los gemidos de Sakura se incrementaron, conforme el moreno embestía en el interior de su vagina. Sasuke se incorporó sentado en aquella cama, en posición de loto. Sus manos sostuvieron el trasero de Sakura, mientras que ella, como de costumbre, se enganchó a él como una lapa. Durante las penetraciones, Sasuke jamás separó sus labios de los de su pequeña, pues no había nada más que le fascinara al Uchiha que hacer el amor con su niña, mientras la devoraba a besos. Nunca fallaba en excitarle en sobremanera.

La princesa de Iridia, con una mano, acariciaba los cabellos oscuros del Uchiha, mientras que con la otra arañaba la espalda del mismo. Con cada vez que el glande de Sasuke chocaba contra su cérvix, Sakura soltaba un intenso gemido, aunque aquellos sonidos eróticos quedaban atrapados en los labios del azabache. A la ninfa le encantaba aquella posición. A parte de que la penetración era muy profunda, lo cual le permitía a Sakura sentir todo aquel gigantesco pene de sus Sasuke-kun que tanto le encantaba, a la princesa hada le fascinaba que Sasuke la besara mientras le hacía el amor. La hermosa ninfa se sentía tan amada cuando Sasuke unía sus labios con los de ella, y cuando el moreno le penetraba su pequeña vagina con suavidad y lentitud, aunque siempre lo hacía muy profundo y pasional.

Sasuke continuó embistiendo dentro de la vagina de Sakura, sintiendo cómo aquella tierna carne, que eran sus paredes vaginales, se frotaban contra todo su pene. La ninfa era tan apretada, tan cálida, tan húmeda, y tan suave por dentro. Los fluidos de Sakura no hacían otra cosa más que facilitarle las penetraciones al pene del moreno en aquella húmeda y rosada cueva. Su glande colisionaba contra la entrada del útero de Sakura, cada vez que penetraba dentro de ella.

Tras unos cuantos minutos, de estar recibiendo cada una de las estocadas del pene de Sasuke dentro de su vagina, Sakura sintió cómo el orgasmo la asechaba de manera inevitable. Su cuerpo se tensó, y aquel característico calor la recorrió desde su cabeza, hacia su entrepierna. La vagina de la princesa hada se apretó contra el pene de Sasuke, quien gruñó por el fuerte aprisionamiento en su colosal miembro. La ninfa gimió fuertemente el nombre de su amado, y finalmente llegó al éxtasis, comenzando a expulsar un río de sus fluidos a través de su vagina.

Sasuke no tardó en llegar a su propio orgasmo. Tan sólo le bastó unas cuantas acometidas de su pene, dentro de la empapada vagina de su niña, para que él expulsara su semen en el interior de su Cerezo, con la única diferencia de que el moreno gruñó estruendosamente al soltar el primer disparo de esperma dentro del útero de Sakura. Mientras tanto, la princesa hada gemía con cada chorro de semen que era lanzado dentro de su vagina, la cual, como siempre, no pudo contener todo el sobreabundante esperma que salía del pene de su querido príncipe, así que se derramó en toda aquella cama.

Sakura y Sasuke compartieron unos últimos besos, mientras aún sus cuerpos se mantenían pegados. La ninfa tenía aquel brillo de amor en su mirada. Se sentía tan feliz de poder compartir aquellos momentos, tan íntimos y románticos, con su dulce príncipe. El corazón de la hermosa hada estaba henchido de amor por el príncipe de los Uchiha. Sakura se sentía tan dadivada por poder acariciar, besar, y hacer el amor de ésa manera con el pelinegro de su niñez, que tanto amaba. Ahora, aquel pequeño de hebras azabache era todo un hombre, y uno muy masculino y poderoso.

Sasuke, igualmente, se sentía feliz de tener a su hermosa princesa a su lado. La pequeña y tímida niña de su pasado ahora era una increíblemente preciosa joven, encaminándose a ser algún día una bella mujer. El cuerpo de su Cerezo había cambiado notoriamente, pero su espíritu, su alma, y su corazón seguían teniendo aquella esencia infantil. Era una chica tan dulce, amorosa, compasiva, y tierna. Toda ésa combinación fue lo que hizo que Sasuke se enamorara perdidamente de su niña.

Ambos compartieron un beso prolongado y suave, antes de separar sus labios finalmente, aunque Sakura depositó un último beso de pico en los labios de su apuesto príncipe.

Tras ello, Sasuke y Sakura se dirigieron a las termales, donde no sólo se ducharon, sino que hicieron el amor unas cuantas veces más. Sexo oral, vaginal, y anal, todos incluidos en varias sesiones de pasional y amoroso acto carnal entre el Sasuke y la princesa de las hadas.

Al cabo de unas cuantas horas, ahora los chicos estaban tomando un refrigerio ligero. Sakura apenas y se alimentaba de algunas bayas, más por gusto que por necesidad. Por el contrario, Sasuke prácticamente devoraba cuanto platillo restante había del día de ayer, pues, a consejo de la ninfa, lo mejor era no dejar residuos de alimentos, ya que lo más probable es que no volvieran al Edén, al menos en un largo tiempo, así que el azabache se dedicaba a acabar con todo lo que fuese comestible.

— Oye, Sasuke-kun — le llamó repentinamente la ninfa.

El azabache levantó su mirada, tras haber engullido un largo trozo de carne de cordero.

— ¿Qué sucede? — replicó calmadamente el apuesto pelinegro, tras beber un poco de vino.

— ¿A dónde crees que deberíamos ir, después de salir del Huerto? — le preguntó la princesa hada.

Sasuke bajó a la mesa los cubiertos que estaba usando, y se pasó una mano por su cabellera azabache.

— Pues de momento sería rastrear el actual paradero de Kaguya — afirmó el moreno — Aunque, para serte honesto, éso no será muy práctico, una vez que crucemos el portal.

— ¿Eh? ¿Por qué lo dices? — inquirió extrañada la pelirrosa.

— Al menos de que Theia haga algo con el portal, seremos redirigidos al Continente Olvidado. Éste se encuentra en las proximidades del Fin del Mundo. Supongo que has oído hablar de éso. ¿Cierto?

La pelirrosa asintió.

— Sí. Alguna vez lo leí en un libro de geografía. El Continente Olvidado está ubicado en una zona altamente inaccesible y despoblada, donde ni siquiera los animales están presentes — replicó la ojiesmeralda.

— Exactamente. Regularmente, el traslado por vía marítima al Continente Olvidado llevaría cerca de dos semanas. Lo cual quiere decir que, para cuando nos movilicemos hacia la actual posición de Kaguya, ella puede que ya no esté ahí.

— Genial. Entonces estaremos jugando al gato y al ratón — masculló frustrada la pelirrosa, mientras se cubría la mirada con su pequeña mano — Y mientras tanto, mi madre podrá hacer de las suyas.

— Por éso no necesitarás preocuparte — comentó el moreno.

Sakura retiró su mano de sus ojos, y enarcó una ceja, a la vez que volvía sus esmeraldas a las obsidianas de su amado.

— ¿A qué te refieres, específicamente? — le preguntó curiosa la Haruno.

— ¿Recuerdas a Ignis? — dijo el Uchiha.

Sakura asintió de nuevo.

— Aquel enorme dragón — complementó la chica.

— Podemos usarlo para darle caza a Wintersun. Sólo bastará que le llame — aseguró Sasuke.

— Éso soluciona lo del transporte. Ahora, el problema serán los aliados — expresó con pesar la princesa de Iridia.

Sakura aún recordaba a todas las personas que murieron en el último mes. Kakashi, Guy, Suigetsu... Todos ellos muertos por la ambición de su madre. Por otro lado, estaban Tenten y los demás. No se sabía de su actual paradero.

— Lo sé. Pero no podemos hacer nada, Sakura — musitó calmadamente el apuesto príncipe del Fuego.

Sasuke colocó una de sus manos sobre las pequeñas de la hada.

— Sólo nos quedará enfrentarlos directamente. Cuando mucho, podremos contar con el apoyo de la especie Dracónica — añadió el Uchiha.

— Pensándolo bien...

Sakura clavó sus esmeraldas en las obsidianas de su amado.

— ... Preferiría que no involucraras a nadie más en éste conflicto bélico — le comentó la Haruno.

Aquello, sin duda, extrañó a Sasuke.

— ¿Huh? ¿Por qué?

— Ya se han perdido muchas vidas, Sasuke-kun. Mucha gente inocente ha muerto, y muchos otros han quedado sin hogares. No se pueden tolerar más casualidades. Además, las relaciones sociales y diplomáticas, entre las hadas y los dragones, ya de por sí son cuestionables. El llevarlos a la muerte no sólo sería el último clavo en el ataúd, sino que tampoco es ético, ni moral — elucidó la heredera al trono de Iridia.

— Entiendo. Supongo que preferirías que los enfrentáramos nosotros solos. ¿O me equivoco? — le preguntó a tono amable Sasuke, no queriendo que Sakura le malinterpretara.

La aludida asintió.

— Es lo mejor, Sasuke-kun. El pueblo de Iridia generó todo éste terror, y es solamente deber mío el terminar ésta sangrienta guerra.

— Ya veo. De ser ése el caso, se hará como tú dices. Enfrentaremos a Kaguya nosotros solos — reafirmó el Uchiha.

Sakura le sonrió a su amado, para después levantarse de su asiento. La princesa hada se sentó en las piernas del moreno, se abrazó al cuello del azabache, y le dio un suave beso en los labios.

— Gracias, Sasuke-kun. Gracias por ser un gran hombre, y por apoyarme en todo éste desastre — enunció con amor y dulzura la hermosa ninfa.

El azabache estrechó a su hermosa princesa hada contra sí mismo, de la cintura, y le sonrió levemente.

— Ya te lo he dicho, Cerezo. Somos un equipo. El mejor de todos — expresó con orgullo el Uchiha, aunque más se sentía de ése modo porque su Cerezo era muy poderosa ahora — Con nuestras fuerzas combinadas, le podremos patear el trasero a quien sea.

— De éso puedes estar seguro — exclamó con una risilla la ninfa, pues ella también se sentía orgullosa de aquel fuerte guerrero dracónico — Pero en serio. Gracias por todo lo que has hecho por mí, bebé — añadió, con dulzura — No sé cómo podría llegar a agradecértelo.

Sasuke sonrió torcidamente ahora.

— Aún sigue en pie lo del Harem. ¿Sabes? — bromeó el moreno.

Aunque Sasuke se arrepintió al ver el semblante iracundo de Sakura. Los celos de la chica nublaron su razón.

— ¡¿Qué dijiste, tarado?! — gruñó entre dientes la princesa de Iridia, a la vez que tomaba un puñado de las hebras del azabache, y las jaloneaba con todas sus fuerzas.

— ¡Ouch! ¡Sólo bromeo, Sakura! — articuló Sasuke entre su dolor.

Sakura soltó su cabello, al igual que un resoplido de molestia.

— ¡Más te vale, tonto! ¡Si vuelves a insinuar algo así, te mato! — sentenció la princesa de las hadas.

Sasuke sacudió la cabeza en negación, pero sonrió levemente después.

— Vaya... No creí que realmente fueses así de celosa, Cerezo — murmulló el moreno, aunque perfectamente audible para la mencionada.

— No son celos. Es instinto femenino — corrigió Sakura, haciendo al moreno encoger los hombros — Además, lo mío es mío, y punto — dictaminó la pelirrosa.

Sasuke acarició la cabeza de Sakura, y rió levemente.

— Lo que tú digas, Cerezo.

— Como sea. Lo mejor es que termines de comer. Lady Theia nos debe estar esperando — replicó la princesa hada, para después darle un suave beso en los labios a su amado príncipe.

— De acuerdo — concluyó el moreno.

Tras haber finalizado su alimentación, Sasuke y Sakura finalmente se dirigieron al Templo de Theia. La diosa Luna se hallaba junto con los ancestros de la humanidad, y también, sorpresivamente, con Gaia. El ambiente dentro del santuario parecía propio de un recibimiento de deidades. Curioso, teniendo en cuenta que los ahí presentes eran los que, en realidad, tenían un estatus y reputación de dioses. Además de todo, era sumamente incómodo el que los chicos fuesen tratados como tal, por lo menos para ellos.

Theia y los demás hicieron una reverencia, propia del recibimiento de un monarca. Aquello sólo incrementaba la duda en ambos. Sasuke era el que más se sentía irritado por ésa actitud tan vanagloriante de los dioses de Terra. Cuando era un niño, siempre detestó todas aquella innecesarias glorificaciones de su estatus social. El Uchiha odiaba todo lo que tuviese que ver con la elegancia, así como los gustos propios de la clase noble, pero sobretodo, Sasuke repudiaba a toda aquella gente con la que estaba forzado a convivir, como un hijo propio de la nobleza. Sus formas de ser tan pretenciosas, condescendientes, refinadas, y hasta afeminadas. Sinceramente, Sasuke jamás soportó la vida como un monarca. Lo suyo, aún sin que lo supiera, era la vida ruda. En parte, estaba agradecido por el estilo de vida que ahora llevaba. Le gustaba depender de sí mismo, así como las peleas. El pelear era su vida... Aparte de hacer el amor con su niña, claro está.

Sakura era un caso más diligente. Ella no era que propiamente detestara que la trataran bien, o los privilegios de la nobleza. Simplemente, la ninfa rechazaba el que ella en particular, al haber nacido dentro de una familia real, tuviese acceso a dichos privilegios, cuando mucha gente carecía de incluso las necesidades básicas. La princesa de Iridia tenía la creencia, y la filosofía, de que todos merecían ser tratados como individuos. El que unos tuvieran la suerte de haber nacido nobles, y el que otros hubiesen sido condenados a ser plebeyos, no debía ser lo que dictaminara la calidad de vida de las personas. En sí, Sakura despreciaba el sistema jerárquico que había sido establecido por las monarquías de Terra. Repudiaba los principios de las clases privilegiadas, y aborrecía los actos de brutalidad, y tiranía, que cometían por sus intereses particulares. Uno de ellos era el masivo genocidio que era provocado por las guerras que ellos financiaban.

— Bienvenidos sean. Sasuke-ōjisama, Sakura-hime — enunció respetuosamente Theia.

— ¿Hay alguna razón para toda ésta innecesaria glorificación? — espetó algo hastiado el azabache.

Sakura sólo suspiró. Era increíble cómo Sasuke se comportaba de manera tan hostil, con cualquiera que no fuese ella.

— Sasuke-kun, ya basta — le recriminó la ninfa, ante lo cual el aludido soltó un monosílabo.

Sakura dirigió sus esmeraldas hacia las deidades de Terra.

— Lady Theia. Lady Gaia. Lady Eva. Lord Adán — pronunció la princesa hada cada uno de los nombres de las deidades, con una reverencia.

— Princesa Sakura — le llamó repentinamente Theia — Les hemos estado esperando. El portal ya está listo — aseguró la diosa luna — El Transportador les guiará a una Singularidad Espaciotemporal en el Continente Olvidado, justo en la Isla de Thanatos. Aunque supongo que usted ya sabe de ello. ¿No es así, Uchiha-sama?

El aludido sólo asintió.

— Bien. Entonces lo cruzaremos de inmediato — pronunció la princesa de las hadas.

— Antes de que se vayan, quisiera entregarle algo, Lady Senju — interrumpió repentinamente la matriarca de la especie Faerie.

— ¿Hmm? ¿De qué se trata, Lady Eva? — respondió la ninfa de Iridia.

La diosa de la especie Faerie se acercó a su descendiente milenaria, y le extendió un extraño orbe que encerraba una peculiar energía en su interior. Sakura se le quedó viendo a aquella esfera dorada. Trataba de analizar qué era exactamente ésa energía contenida en su interior, aunque la pelirrosa estaba anticipada a que sería relacionado a las artes mágicas, o cualquier otra clase de artilugio esotérico. Sakura entonces volvió su mirada dubitativa a la ancestro de las formas de vida inteligente, y le mostró su rostro extrañado. Eva, por su parte, le sonrió cálidamente a la pelirrosa.

— Umm... Perdone mi ignorancia. Pero... ¿Qué es ésto, mi Lady? — le preguntó, aún dudosa, la Haruno.

— Es un regalo de mi parte, Sakura-hime. Quería entregárselo antes de que partiera.

— Eh... Gracias... Supongo... — replicó Sakura.

La pelirrosa no tenía idea qué uso tenía aquel orbe. No obstante, bien podría simplemente ser un regalo simbólico. Eva entendió que Sakura no tenía ni idea de qué se trataba todo, así que extendió sus manos, e hizo que la princesa de las hadas hiciera lo propio con las suyas. Sakura se extrañó en un principio, pero en ningún momento desconfió de su ancestro. El espíritu de Eva era benevolente, y su aura irradiaba compasión.

— Lady Eva... ¿Qué hace? — musitó la ojiesmeralda.

— Mantenga sus manos extendidas, mi Lady — le ordenó con parsimonia la diosa de Terra.

Sakura obedeció.

— Ahora, concentre su aura en el orbe, y detónela cuando la haya infusionado en su totalidad — le pidió Eva.

Sakura asintió, y de inmediato acató el mandato de su ancestro. La chica hada cerró sus ojos, para después rodearse enteramente de su aura, aunque a penas le contorneaba su cuerpo. El orbe, que sostenía en sus manos, empezó a brillar intensamente en la Frecuencia de Radiación Gamma. Tan intenso era la luminiscencia, de aquella esfera, que todos tuvieron que cubrirse la mirada con una mano. Igualmente, un chillido agudo se escuchó en el lugar, y una intensa, aunque no abrasiva, ola de calor se percibió dentro del templo.

Sakura, entonces, detonó la energía contenida dentro del orbe, y un resplandor se esparció por algunos escasos segundos. Cuando finalmente se disipó, la princesa de las hadas se quedó sorprendida del objeto que tenía en sus manos: Aquella esfera que había explotado ahora se había convertido en un arco de batalla. Pero no cualquier clase de arco. Aquel arco era increíblemente bello.

El arco, que ahora sostenía Sakura entre sus manos, era compuesto de dos piezas. El arco, en sí, estaba hecho de espinela, mientras que éste estaba recubierto de una coraza fabricada de aguamarina. Además, el arco de combate estaba bellamente adornado por flores y mariposas, iguales a las que la Haruno tenía en su modo Primordial Alpha. La "cuerda", que se usaba para proyectar las flechas mágicas, estaba hecha de rodio extremadamente brillante, pero, curiosamente, era muy flexible, y a la vez resistente. En cada una de las puntas, de los extremos del arco, había un diamante perfecto muy bello, totalmente translúcido y resplandeciente.

Sakura estaba absolutamente anonadada. Jamás se imaginó que tendría en sus manos semejante arma tan impresionante. Había escuchado leyendas en torno a aquella arma, pero, como todas las mitologías, jamás se esperó que realmente existiese. Sin embargo, justo ahora tenía entre sus manos el mítico arco de Eva del Génesis. Un arma que, se decía, fue creada por Dios en persona.

— Wow... — musitó incrédula la princesa de las hadas — Ésto es...

— Así es, mi Lady — enunció la progenitora de las hadas — Ése es el Arco del Pacto. El arma que el Todopoderoso me regaló cuando aún tenía comunión con él — susurró un poco dolida Eva.

Aún a ésas alturas, la matriarca se arrepentía enormemente de la ambición que costó el sufrimiento de la humanidad.

— ¿Eh? Pe-Pero ésto es suyo, Eva-sama. No puedo aceptarlo — replicó Sakura, un tanto cohibida.

Sakura intentó devolverle el arma a Eva, pero ésta empujó gentilmente el arco contra la ninfa de cabellos rosados.

— Por favor acéptelo, Sakura-hime. Es un regalo generacional. Alguna vez fue de mi hija Azura, y ella lo heredó, conforme la genealogía avanzaba. Sin embargo, llegó a un punto en el que uno de los miembros fue asesinado, por uno del linaje de Caín, así que el arco fue robado y vendido a traficantes. Y no fue hasta que Lady Gaia intervino para recuperarlo. Ahora, quiero que mi descendiente milenaria porte mi más preciado objeto. Quiero que usted, princesa Sakura, se convierta en la segunda Eva — le solicitó la diosa hada.

Sakura vio la mirada de parte de su antepasado. Más que una solicitud de parte de Eva, ésta parecía suplicarle silenciosamente que conservara aquel arco de combate. Sakura observó una vez más aquella arma legendaria. Definitivamente, era muy hermosa, y tan sólo al sentirla en sus manos, la joven ninfa podía percibir que aquel bello arco guardaba un increíble poder dentro del mismo. Curiosamente, el arco no era para nada pesado, contrario a lo que su apariencia implicaría. Posteriormente, la ninfa ojiesmeralda volvió de nuevo sus hermosos orbes a los de su ancestro, y sonrió amigablemente.

— De acuerdo. La conservaré, sólo porque usted me lo pide, mi Lady — expresó Sakura, a modo de agradecimiento.

A continuación, la pelirrosada desapareció aquel arco.

Eva entonces dirigió su mirada a la del príncipe de los Uchiha. Sasuke, durante todo ése tiempo, se mantuvo en silencio. Estaba cruzado de brazos, justo al lado de su amada flor de Cerezo. Y no fue hasta que Eva se encaminó a él, que el azabache se percató de la presencia de la hada matriarca. La diosa le sonrió amablemente al moreno.

— Uchiha-sama — le llamó la matriarca — Me temo que no hay nada que yo pueda ofrecerle más que mi bendición.

— Hmp. No necesito de ésos artilugios. Mis puños son más peligrosos que cualquier arma — expresó soberbio el azabache, aunque no mostraba expresión alguna.

Sakura sólo rodó los ojos, mientras que Eva soltó una leve risa.

— Supongo que está en lo cierto, Lord Sasuke. En fin. Lo único que le suplico, es que cuide de Sakura-hime, y que sea un buen esposo para ella — enunció amablemente Eva, mientras que dirigía una mirada rápida a la Haruno, y le guiñaba un ojo a ésta.

Sakura, obviamente, se abochornó, y desvió su mirada avergonzada.

— Así será — respondió Sasuke.

De pronto, tanto Eva como Adán se empezaron a desvanecer paulatinamente, parpadeando y volviéndose transparentes ocasionalmente. Sakura se preocupó ante ello, por lo que se acercó a su antepasado, y la intentó tomar del brazo. Sin embargo, la pequeña mano de Sakura traspasó el cuerpo de Eva, como si ella fuese el viento.

— L-Lady Eva... Su cuerpo — musitó consternada la pelirrosa.

Eva se vio a sí misma, y sonrió.

— Veo que nuestro tiempo ha llegado — pronunció por lo bajo la diosa, a la vez que le dirigía una rápida mirada a su esposo.

— Es hora de volver, entonces — le respondió Adán, sonriéndole.

El patriarca de los Sapiens dirigió su mirada hacia su descendiente, a quien le dio un asentimiento silencioso. Sasuke reciprocó con el mismo gesto, como entendiendo todo lo que le quiso decir con aquella expresión.

— Suerte entonces, Uchiha — pronunció con voz grave el ancestro de los humanos.

— Mi Lady — susurró triste Sakura.

Eva volvió su mirada hacia la aludida, y le regaló la mejor sonrisa que tenía.

— Recuerde, Sakura-hime. Kaguya no es su enemiga, sino la fuerza que la controla. Sea fuerte y valiente. Dios Todopoderoso le dará la victoria. Que El Supremo les bendiga, y que les guíe en su camino. El destino del Universo está en sus manos.

Eva y Adán, finalmente, se desvanecieron completamente, dejando tras de ellos un suave viento azul que se disipó en cuestión de segundos. Sakura rematerializó el increíble arco que le regaló Eva, sintiéndose nostálgica de tan sólo verlo. La ninfa tenía la sensación como si hubiesen pasado Eones enteros, desde que vio por última vez a la matriarca de las hadas. Posteriormente, la joven ninfa estrechó aquel arco contra su cuerpo, y suspiró en añoranza.

"Lady Eva... Gracias por todo. Le prometo que honraré no sólo su memoria, sino todo su linaje entero..." expresó la ojiesmeralda, limpiándose una lágrima que amenazaba con salir de su ojo derecho.

Acto seguido, la princesa de Iridia desvaneció el Arco del Pacto.

— Bien. El portal está listo para cuando decidan viajar — afirmó la madre de Luna.

Sakura recuperó un semblante calmado, y asintió.

— Gracias, Lady Theia. Partiremos de inmediato. Vamos, Sasuke-kun.

Sakura tomó de la mano al moreno, y caminó con él hacia el susodicho Portal Espaciotemporal. La progenitora de Luna, y la diosa y hermana de Terra les siguieron apenas a unos pasos tras de ellos. Cuando la ninfa y el dragón llegaron hasta aquel arco del portal, se detuvieron justo enfrente del mismo. Ambos lo examinaron unos segundos, y entonces Sakura volvió su mirada hacia Theia. La pelinegra cerró los ojos, y emanó su grisácea aura alrededor de su cuerpo, por lo que Sakura y Sasuke se separaron unos metros entre ambos.

Theia recitó un extraño conjuro, en un idioma indescifrable, probablemente alguna lengua extinta. Su energía se ionizó, y se irradió hacia aquel arco que era el Portal Espaciotemporal. La energía, proveniente del aura de Theia, iluminó unos segundos al arco, pero, posteriormente, se desvaneció progresivamente. No obstante, una gema, ubicada al centro de aquel semi-círculo del portal, se encendió en un escarlata brillante. De pronto, en el centro del arco del portal, apareció una Singularidad Espaciotemporal, y se expandió en un Agujero de Gusano color azul claro. Un vendaval fue producido a causa de aquel vórtice, y sacudió levemente los objetos dentro del templo, así como las ropas de los presentes.

— Bien. El portal está abierto — vociferó levemente Theia, a causa del fuerte sonido que producía aquel vórtice del portal — El Agujero de Gusano les dirigirá hacia la Ínsula de Thanatos. Me temo que no hay nada que pueda hacer para ayudarles, una vez que crucen el portal, por lo que, desafortunadamente, quedarán a su suerte.

— Descuide, Lady Theia — replicó Sakura, igualmente con voz fuerte, pues el sonido del vórtice era potente — Ya ha hecho bastante por nosotros. Sasuke-kun y yo estaremos bien — afirmó la chica.

— Lady Sakura, Lord Sasuke.

Ahora fue Gaia quien les llamó.

— Que el Todopoderoso les guíe en su encomienda. Por favor, vuelvan con bien a los suyos. Estaremos rezando por ustedes — aseguró la diosa de Terra.

— Gracias, Gaia-sama — le respondió amablemente la ninfa de cabellos rosados.

Sasuke únicamente asintió.

Sakura entonces tomó de nueva cuenta la mano de Sasuke, y cruzó aquel Agujero de Gusano.

Y apenas lo atravesaron, los chicos se hallaron a sí mismos en un terreno muy bello. Las plantas se veían absolutamente inalteradas, el agua estaba totalmente libre de contaminantes, y ni siquiera había rastros de animales dentro de aquella zona. Quizá aquel extraño bosque no era tan impresionante como el Huerto del Edén, aunque realmente no existía lugar en Terra como aquel mítico jardín. No obstante, el paisaje que ofrecía la Isla de Thanatos, era propio de un despoblado, y la densa y saludable vegetación era testimonio viviente de ello. A espaldas de ellos, entretanto, el Agujero de Gusano finalmente se cerró, con lo cual Sasuke y Sakura quedaron aislados en el Continente Olvidado.

La ninfa observó enteramente el área, donde actualmente se hallaba. Usó su geomancia, para tratar de hallar algún indicio de civilización humana, o de cualquier otra especie dentro de la zona. Sin embargo, la hada no pudo hallar ningún aura proveniente de seres vivos, más que nada porque había una fuerte densidad en la Magnetósfera de Terra en aquella zona. El Campo Electromagnético, que circundaba al planeta, generaba la alteración de las Radiofrecuencias que ayudaban a la princesa hada a localizar a cualquier presencia dentro de la zona.

— Es inútil — murmulló la ninfa, mientras que sacudía la cabeza — El campo Electromagnético de Terra es muy denso en ésta área. No puedo usar mi geomancia.

— Éso es lógico. El área que circunda al Continente Olvidado es inaccesible con métodos náuticos convencionales. Las brújulas se vuelven locas, y las aguas que rodean el continente son muy turbias — explicó el moreno.

— ¿Y cómo fue exactamente que tú saliste de ésta zona? — preguntó curiosa Sakura — No me puedo imaginar el cómo salir de aquí.

— Para serte sincero, fue más suerte que habilidad. Había una lancha abandonada a las afueras del continente, y con ella pude remar, hasta que llegué hasta un puerto del pueblo de Aldebarán.

— Oh. Ya veo — articuló la pelirrosa — En fin. Será mejor que busquemos la mejor manera de salir de aquí — le comunicó la ojiesmeralda al azabache, quien asintió.

— Por supuesto. Puedo llamar a Ignis, pero necesitamos ir a una zona más abierta. De lo contrario, no nos podrá hallar — dijo Sasuke.

— Entonces busquemos campo abierto. Regularmente basta con acercarse a la zona céntrica — dedujo la princesa esmeralda.

— Estás en lo correcto. Lo mejor es que nos movamos de aquí — concluyó el moreno.

Sakura siguió a Sasuke a su lado. La Haruno se sorprendía del hecho de que aquella zona estaba absolutamente aislada de toda clase de actividad animal. En Terra, existían zonas completamente inhabitadas, tales como varias de las islas fuera de la división política de las Cuatro Grandes Naciones Elementales. No obstante, aún los animales llegaban a habitar los territorios despoblados de aquellas zonas, a menos que las condiciones de vida fueran absolutamente inhóspitas, como el Glaciar de Neptuno y el Monte Erebus.

Sin embargo, la Ínsula de Thanatos estaba totalmente abandonada, apenas algunos insectos habían hecho su camino al Continente Olvidado. La vegetación era extremadamente abundante, y los árboles habían crecido a tamaños colosales, aunque no eran comparables al de Árbol de la Vida en el medio del Edén, que era el árbol más alto y masivo de todo Terra. Aún así, fácilmente medían más de cien metros de altura, y los troncos, de cada uno, eran muy anchos, probablemente de unos cinco metros de diámetro. El clima del lugar era de tipo húmedo y caluroso, dado que se encuentra cerca del trópico austral. La temperatura actual era de aproximadamente treinta grados. Y el sol iluminaba toda el área boscosa.

Durante los viajes náuticos de reconocidos exploradores, se hacía alusión a sitios enteramente aislados, como el Palacio de Hielo, o Glaciar de Neptuno, y el Erebus Mons, o Monte Erebus, pero aún de aquellos dos, anteriormente mencionados, había una descripción, tanto escrita como gráfica. Sin embargo, apenas y había referencias al Continente Olvidado, oficialmente llamado Continente de Thanatos. Thanatos, en los relatos mitológicos, era conocido como el dios de la muerte, de acuerdo a la mitología ancestral, y así había sido bautizado el continente más aislado y despoblado de toda Terra. Una amplia extensión de tierra que estaba completamente asilada del todo, aislada de la vida. Una enorme isla que carecía de seres vivos, más allá de las plantas. El nombre le quedaba perfecto.

Repentinamente, Sasuke se detuvo en seco, como si hubiese sido paralizado por un conjuro. Sakura casi choca con él, pero se detuvo apenas a unos centímetros del enorme y musculoso cuerpo del azabache. Sakura observó intrigada el rostro de su amado pelinegro. Lo que más le extrañaba, es que Sasuke tenía fruncido el entrecejo, como si estuviese analizando detenidamente algún punto en el horizonte. La ninfa dirigió su mirada del punto a lo lejos, y posteriormente la volvió a aquellas obsidianas del príncipe de los Uchiha, volviendo a repetir el proceso una y otra vez. Sakura incluso agitó una mano enfrente de los oscuros orbes de Sasuke, y ni así obtuvo una respuesta.

— Sasuke-kun... ¿Qué suce-

Sakura fue interrumpida al instante, cuando Sasuke atrapó la boca de la ninfa entre su mano grande y semi-áspera, así como la pequeña cintura de la chica con su brazo opuesto. La princesa hada intentó separar la extremidad del Uchiha, pero éste hacía una ligera presión sobre su rostro, impidiéndole retirarla. Sakura desistió de retirar la mano de Sasuke, y en vez de ello dirigió sus esmeraldas a los ojos de su querido príncipe. El azabache seguía con la mirada al horizonte, como tratando de hallar algo entre aquellos arbustos. La pelirrosa, por alguna razón, supo que algo no andaba bien.

Sasuke-kun... ¿Qué sucede? — le preguntó la princesa ninfa, a través de su enlace telepático.

Sasuke dirigió su mirada a la hada.

Tal parece que, en realidad, no estamos tan solos como lo pensaba — le respondió en su mente el moreno.

¡¿Eh?! Pe-Pero... Tú dijiste que ésta era una Zona de Inaccesibilidad. Se supone que es un Extremo de Terra — exclamó nerviosa la ojiesmeralda.

Y es que el hecho de que hubiese entes en dicha zona, en definitiva, implicaba problemas. Bien podría ser incluso su madre.

Y no te mentía. Se supone que no debería haber nadie dentro del Continente Olvidado. De alguna manera, alguien se halló camino a ésta zona. Sería mejor que estemos alerta — concluyó Sasuke, al mismo tiempo que separaba aquella mano del rostro de Sakura, así como su brazo opuesto de la cintura de la ninfa.

Sasuke extrajo su Sanjiegun de su espalda, y lo tomó entre sus manos, tensando el agarre entre cada uno de los extremos. Sakura dejó atrás su ansiedad, y también afiló su mirada, para a continuación materializar aquel increíble arco que le regaló su ancestro. Cautelosamente, Sasuke y Sakura empezaron a avanzar lentamente, hacia donde el azabache anteriormente había puesto su mirada obsidiana. El moreno mantenía su adamante agarre sobre su bastón triple, mientras que Sakura apuntó al frente con su arco, a la vez que caminaba.

¿Cómo es que te diste cuenta de que hay alguien aquí? — preguntó seria Sakura, aún mediante la telepatía, pero sin dejar de avanzar cuidadosamente.

Hay rastros de cosecha en ésta zona. Muchos frutos fueron arrancados de los árboles. Y hay... materia fecal entre los arbustos — titubeó un poco en contestar Sasuke, ya que sabía que su chica tendría una reacción adversa.

Y tal y como el profeta Elías, el moreno acertó.

¡Eww! ¡Qué asco! ¡Mejor no hubiera preguntado! — replicó totalmente repugnada la ninfa.

Sasuke tuvo que contener una risa, a causa de la reacción de su pequeña.

¡Si te atreves a reírte, te voy a dar una buena patada! — sentenció la pelirrosa.

Wow... No seas tan agresiva, Cerezo — se burló el moreno.

¡Uy! ¡Eres un-

Repentinamente, una serie de flechas regulares fueron disparadas a gran velocidad contra Sasuke y Sakura. Sasuke dio un giro de trescientos sesenta grados sobre sus pies, y malabareó alrededor de su cuerpo su Sanjiegun, con lo cual interceptó y desvió cada una de las flechas que iban dirigidas a ellos. Sakura desapareció de inmediato entre cerezos, cuando algunas de ellas la atacaron, pero, desafortunadamente, no podía detectar la posición actual de sus atacantes, mediante sus habilidades extrasensoriales.

La princesa de las hadas optó por usar su visión térmica, sin embargo también fue inútil, dado que el magnetismo del lugar interfería con la Longitud de Onda de las frecuencias de la Radiación Lumínica, por lo que solamente podía apreciar todo un barrido de colores en todo su Espectro Visible. La ninfa desistió de ello, y volvió a su Espectro Visible regular.

Un buen número de flechas fueron disparadas desde lo alto, tanto así que sombrearon casi todo el firmamento. Sasuke cubrió el pequeño cuerpo de Sakura con el suyo, pero la hada optó por resguardarlos a ambos con un Campo Mágico. La ninfa extendió sus brazos, y emanó una enorme esfera de aura, de aproximadamente diez metros de diámetro. Sakura usó su control del Elemento Tierra, mediante el cual tomó Carbono de la zona, e infusionó a su Barrera Mágica con los Átomos del Carbono, a los que enlazó de manera tetraedral. Y con ello, logró cubrir a su campo de fuerza con una capa de diamante transparente, altamente resistente.

Las flechas rebotaron contra el poderoso diamante que creó la princesa de Iridia, y se colapsaron al suelo de inmediato. Cuando todas las flechas fueron derribadas al terreno pastoso, Sakura reformó aquel diamante que acorazaba su Barrera Mágica, la cual ya había desactivado. A continuación, la ninfa formó, en cuestión de segundos, una enorme muralla, de unos diez metros de altura, con aquel diamante, por lo que se resguardó a ella y a Sasuke de todo ataque que estuviesen planeando contra ellos.

— Diablos... ¿Quién rayos nos atacaría así tan de repente? — masculló molesta la pelirrosa.

Sasuke tomó la postura del Dragón del Norte, junto con su Sanjiegun.

— Podría se incluso Kaguya — espetó serio Sasuke — Mantente alerta, Sakura. Podrían atacarnos bajo la superficie.

La aludida asintió.

Un grupo de sombras se lanzaron contra Sasuke. El moreno interceptó cada una de las espadas con su bastón, y se encerró en un combate cuerpo a cuerpo contra las mismas. Sakura, al ver que su amado estaba siendo atacado, de inmediato usó su Elemento Viento, y produjo un Estampido Sónico. Aquella Explosión Sónica generó una poderosa Onda Expansiva que arrojó a todas aquellas sombras a lo lejos, estampándolas contra los árboles y rocas violentamente.

Otras dos sombras atacaron al azabache, pero Sasuke interceptó ambos golpes, y lanzó a varios metros a una de ellas con una Patada Aérea en Tijera a la cabeza. Sin embargo, antes de asestar con la pierna derecha, Sasuke dio un giro adicional de ciento ochenta grados durante el aire, del original giro de quinientos cuarenta grados, y atacó en su lugar con su pierna izquierda, en una Patada Giratoria directo al rostro de su adversario, en una maniobra de increíble destreza y altamente espectacular. La golpeada sombra emitió un quejido de dolor, y fue proyectada contra el suelo, arrastrándose unos metros por el pastoso terreno.

La sombra restante siguió combatiendo contra Sasuke. El moreno paraba y contraatacaba cada uno de los mandobles de aquella espada larga, la cual además se veía pesada y muy filosa. En uno de los tantos ataques, de parte de aquel ser encapuchado, Sasuke detuvo los brazos del mismo, y forcejeó un poco contra éste. Lógicamente, al ser tan brutalmente fuerte el Uchiha, poco a poco fue ganando terreno contra aquel encapuchado.

— Suelta tu arma, y ríndete — ordenó adamante Sakura a la sombra.

La princesa de Iridia se hallaba ahora justo atrás de la espalda del misterioso encapuchado, además de que estaba apuntando una Flecha Ionizada a la cabeza de la sombra. El aludido se sorprendió, cuando observó más detalladamente al pelinegro con el que estaba peleando hace unos momentos. Y extrañamente, el encapuchado bajó su arma de inmediato.

— ¿Sasuke? — pronunció la sombra con un tono distorsionado.

Y es que la capucha, que portaba, producía aquel efecto. El moreno, por su parte, afiló su mirada.

— ¡¿Quién eres?! — demandó Sasuke — ¡¿Por qué sabes mi nombre?!

— ¡Oh! ¡Es verdad!

El encapuchado se retiró de la cabeza la túnica, y se arrancó de un tirón la máscara oscura que cubría toda su cabeza. Y cuando se reveló el rostro del atacante de Sasuke y Sakura, éstos últimos se quedaron completamente anonadados.

— ¡¿Kakashi-sama?! — exclamó absolutamente incrédula la princesa de Iridia, a la vez que desaparecía su arco de combate.

El aludido volvió su mirada a la Haruno.

— Es bueno ver que aún esté bien, princesa Sakura — respondió el rey de Medel.

Kakashi sonrió bajo aquella mascada que le cubría, desde la nariz de su rostro hacia su cuello.

— ¡¿Pero qué demonios, Kakashi?! ¡¿Por qué nos atacas de repente?! — rugió enojado Sasuke, para después tomar al rey de Medel, de la capucha, con una sola mano.

— Lo siento. No los reconocí de inmediato. Pensé que eran hostiles — se excusó el gobernante de la ciudad más grande de Spira.

Sasuke chasqueó la lengua, y soltó al rey de Medel.

— Lord Kakashi. No sabe cómo me alegra el saber que aún sigue con vida — pronunció suavemente Sakura, quien se posicionó al lado de Sasuke.

— Le agradezco su consternación, Lady Haruno — reverenció el monarca.

— Kakashi — le llamó el azabache — ¿Qué diablos haces aquí? Se supone que te dábamos por muerto, junto con todo Medel — aseveró el Uchiha.

El rey, por su cuenta, encogió los hombros, y levantó sus manos.

— Larga historia, Sasuke. Ya te la contaré.

Kakashi dirigió su mirada hacia la otra sombra derribada, quien aún se retorcía de dolor.

— ¿Vas a quedarte ahí tirado, azotador? — se burló el Hatake.

El otro encapuchado gruñó molesto.

— Dios... Cómo detesto tus seudónimos — pronunció irritado el mencionado, a la vez que igualmente se descubría su rostro.

Sakura abrió una vez más los ojos como platos.

— Por Dios... ¡Guy-sama! ¡También está usted aquí! — exclamó la ninfa, acercándose corriendo al aludido.

— Tsk. ¿Acaso me van a decir que ninguno de los dos nos reconoció? — masculló el guerrero dracónico.

— Si yo no pude hacerlo, ¿Realmente crees que el cejotas podría reconocerte? — preguntó Kakashi, indiferente.

— Buen punto — respondió Sasuke, con monotonía.

Si bien el feudal suele ser un gran líder para su nación, en ocasiones, su inteligencia era cuestionable.

Durante aquella corta plática, un pequeño escuadrón se acercó rápidamente, tanto de soldados como de médicos de apoyo. Éste último consistiendo de un equipo de Ninfas Clérigas. Obviamente, Sasuke volvió su mirada a donde provenía el sonido de pasos, aproximándose a gran velocidad. Sakura, una vez que terminó de administrar algo de magia de sanidad al feudal de Wu Yia, se levantó del suelo, y se aproximó al lado de Sasuke, para también observar a la gente que se aproximaba hasta su posición. Y al percatarse de quienes eran, sonrió alegre.

— ¡Guy-Sifu!... ¡Kakashi-sama!... ¿Están bi-

La voz de una mujer, bastante conocida para Sasuke y Sakura, se hizo presente. La mencionada se quedó con los ojos abiertos como platos, cuando vio al moreno y a la pelirrosa.

— ¡¿Sasuke?! ¡¿Sakura?! ¡¿Pero qué hacen aquí ustedes dos?! — cuestionó la recién llegada.

— Podría preguntarles lo mismo, Tenten — respondió indiferente Sasuke.

— Sakura-hime — le llamó una pelinegra, de orbes del mismo color — Me siento tan alegre de que sigan con bien — exclamó aquella pelinegra, con alegría, aunque conservaba algo de estoicismo.

— ¡Shizune-nēsan! ¡Chicos! — exclamó emocionada Sakura, mientras que también se acercaba al pequeño grupo corriendo.

La ninfa le dio un abrazo a una sorprendida Shizune, quien pronto devolvió el gesto, aunque tímidamente.

— ¡No saben lo feliz que estoy de que estén bien! — aludió alegre la princesa de Iridia.

— Por el contrario, Lady Sakura. Estamos tan felices de que su majestad se encuentre bien — respondió la actual matriarca de Iridia.

Sakura sonrió con su dentadura, al mismo tiempo que se separaba de su "hermana".

— ¡¿Y a mí no me vas a saludar, Frentesota?! — le reclamó una pelirrubia, quien estaba a un lado de la regente del reino de Iridia.

Sakura soltó una risa, y se aproximó a aquella exuberante joven de cabellos dorados.

— ¿Por qué tanto anhelo de que lo haga, Marrana? — se burló Sakura.

Aunque en realidad no es que la Haruno quisiera ofender a su amiga, a quien consideraba como a una hermana. Simplemente así de pesado se llevaban ellas.

— ¿Acaso ya te enamoraste de mí? — añadió en mofa la princesa hada.

— Bah. Podría tener mejores mujeres, Frente de Muralla. Ya quisieras que una diosa, como yo, se enamorara de una cabello de mamey como tú — le respondió la Yamanaka, con la misma acidez.

Sakura, sin embargo, sólo se rió de aquel comentario.

— Sí, claro. Ya quisieras que yo me fijara en ti, Puerca.

Sakura le dio un abrazo corto a su amiga, y después se separó para observar al resto.

— Gracias por tu preocupación, Sakura. Es bueno saber que al menos alguien nos echó de menos — espetó Tenten, queriendo reprochar la actitud indiferente de Sasuke.

Sin embargo, al Uchiha poco realmente le podría importar, ya que ni siquiera estaba prestándoles atención.

— ¡Ha! ¡Por supuesto que íbamos a sobrevivir! ¡Karin Uzumaki no es fácil de matar, de verdad! — enunció sumamente orgullosa la pelirroja, además de señalarse con el pulgar, y emitir su estereotípica sonrisa zorruna — ¡De hecho, es gracias a mí que sobrevivimos! — dijo con aún mas orgullo.

Tenten rodó los ojos, y Sakura se rió levemente. Realmente estaba feliz de verlos sanos y salvos.

— Ya lo creo, Karin-san — enunció amigablemente Sakura — Pero en serio. Estoy muy contenta de ver que siguen con vida.

— Sakura-hime — le llamó una peliazabache de ojos perlados — El gusto es nuestro. Me brinda paz el saber que su majestad está a salvo.

La ojiperla hizo una leve reverencia. Sakura sonrió, y se acercó a la chica.

— Por el contrario, Hinata-san. Yo estoy tan agradecida con Dios porque todos ustedes están bien — le respondió con amabilidad Sakura.

La Haruno dirigió su mirada hacia el castaño ojiperla mayor, mientras que éste se quedó firme en su lugar.

— Tú debes ser... Neji Hyūga... ¿Cierto? — le preguntó la ninfa al mencionado.

El castaño asintió.

— Su servidor, mi Lady — respondió, con absoluto respeto, el Hyūga — Sé que hice cosas terribles, durante mi servidumbre a manos de Lady Kaguya. Le suplico, por favor, perdone todas mis terribles ofensas en su contra — se disculpó el ojiperla, mientras que se arrodillaba ante Sakura, y se postraba.

Sakura se agachó un poco, y levantó del suelo al Hyūga mayor.

— Tus pecados ya han sido perdonados, cuando decidiste luchar por el bien, Neji-san. Ahora no es tiempo de sentirse culpables, sino de salvar a nuestro planeta — le aseguró la pelirrosa.

Neji asintió con otra reverencia.

— Éste humilde caballero se siente infinitamente agradecido por su generosidad y misericordia, mi Lady. Le prometo que no la defraudaré.

Sasuke, a lo lejos, vio toda aquella escena, y en definitiva le molestaba aquella cercanía que tenía Sakura con el Hyūga. Aunque, realmente, no había motivos para ello, ya que Neji no tenía ninguna doble intención, y aún menos Sakura las tenía. No obstante, como todo buen Uchiha, Sasuke era ridículamente posesivo. Su macho alfa salió a flote, y los celos enceguecieron su juicio.

El moreno caminó, casi a estampidas, hacia la posición donde estaban Sakura y Neji. Y tan pronto llegó a ellos, Sasuke le dio un fuerte empujón al castaño, para después tomar posesivamente a la hermosa hada de la cintura.

— ¡¿Sa-Sasuke-kun?! — exclamó nerviosa y sonrojada la ninfa, a causa de la actitud tan posesiva de su amado.

— Aléjate de mi mujer, estúpido — gruñó con frialdad y odio el príncipe Uchiha.

Y cuando el apuesto príncipe Uchiha se quiso dar cuenta de lo que dijo, ya era demasiado tarde.

Todos, absolutamente todos, se quedaron con la mandíbula desencajada, exceptuando Neji Hyūga, si bien, de igual manera, estaba sorprendido. Sasuke parpadeó unos segundos, para, a continuación, observar a todos los presentes. El moreno, entonces, finalmente se percató de las palabras que enunció, hace apenas unos segundos, y no sabía exactamente cómo reaccionar. Había hecho público, y oficial, que Sakura Haruno, la princesa de las hadas, y del reino de Iridia, era ahora su amada.

El azabache carraspeó un poco, y desvió la mirada, ligeramente sonrojado.

Sakura era otra que no hallaba ni donde esconderse. Era una suerte que su cabello fuese tan largo, pues, justo ahora, le servía para ocultar su rostro intensamente abochornado. De ellos dos, del que menos se esperaba que llegase a hacer tan explícita, e inmutablemente obvia, su relación sentimental y amorosa, era Sasuke. Lo peor del caso, es que no había sido ante extraños. Ahora, todas las amistades del Uchiha, y de la ninfa, sabían que Sakura era la novia de Sasuke.

Quizá la ninfa aún podía usar su Elemento Tierra, para que el planeta se la tragase. Lo cierto es que el dicho de "Trágame Terra" puede que no sea tan prácticamente efectivo en una situación de vergüenza real, como la que pasaban justo ahora el moreno y la hermosa princesa de las hadas.

Un estruendoso "¡¿Qué?!" se escuchó casi por toda la isla, y el cuestionario llegó por sí solo.

— ¿É-Éso es verdad, princesa Sakura? — preguntó, aún incrédula, Shizune.

La ninfa, aún con la cabeza agachada, y su largo cabello rosado cubriéndole el rostro, no tuvo más opción que admitir lo que era innegablemente obvio, así que asintió levemente.

— ¡Kyaaa! ¡Maldita Frentesota suertuda! — chilló emocionada Ino, quien se llevó sus manos a los pómulos, y sacudía su rostro de un lado a otro.

Mientras tanto, el resto de las ninfas parecían lamentarse de que aquel apuesto hombre de cabellos azabache, llamado Sasuke Uchiha, fuese el amante de la Haruno.

— ¡Tienes que contármelo todo, Sakura! — le demandó la Yamanaka, la cual se aproximó, a zancadas, a una increíblemente avergonzada ninfa ojiesmeralda.

Sakura apenas y alzó su mirada sonrosada a su amiga, sin siquiera poder responder al mandato de su amiga.

Entre todo aquel tumulto de palabras y preguntas, había una persona quien finalmente había recuperado la compostura, y únicamente se dedicaba a observar a lo lejos cómo Sasuke aún estrechaba a una intensamente ruborizada princesa hada de cabellos rosados. Karin se quedó como perdida en la imagen de un Sasuke, quien tenía desviada su faz ligeramente colorada hacia el costado, y a Sakura con las manos sobre su rostro.

Cuando la Uzumaki escuchó la inconsciente confesión del Uchiha, la chica sintió como si le hubiese caído una roca en la cabeza. Aún le era difícil asimilar que Sasuke jamás tuvo un lugar para ella, dentro de su corazón, y le era aún más difícil a Karin el tener que haber renunciado al hombre que le había gustado, desde hace más de cuatro años. No obstante, lo más difícil de todo era tener que ver a Sakura y a Sasuke juntos, como una pareja de enamorados, aunque, en realidad, actualmente no se estaban comportando como tal.

Una lágrima cayó del ojo derecho de Karin. Sin embargo, inmediatamente la pelirroja se la limpió, con la manga de su remera de manga larga, y sonrió, como nunca antes lo había hecho. ¿Estaba triste? Sí. Triste de que, ahora más que nunca, jamás podría llegar a tener una oportunidad de estar con el hombre que creyó amar, durante tanto tiempo, pero también estaba feliz. Feliz de poder ver a aquel par de tórtolos por fin juntos. Feliz de que Sakura, al fin, había logrado derribar aquella dura, y aparentemente impenetrable, coraza que era el corazón del Uchiha. Feliz de que Sakura, pese a que en ésos momentos estaba sumamente ruborizada, se le veía feliz. Y sobretodo, Karin estaba feliz de que Sasuke, al fin, no se hundiría más en un mundo de tinieblas, dolor, sufrimiento, y muerte.

Karin estaba feliz, por la felicidad de ellos. Su felicidad era que Sasuke y Sakura fueran felices. Al fin un final bueno, dentro de tanto sufrimiento.

— Bien. Basta ya de tanta maldita pregunta — espetó fastidiado el azabache — Nos hacen sentir como criminales. Además, no es asunto de ustedes — repeló con la típica frialdad que le caracterizaba.

— Ni siquiera teniendo una novia cambias tu horrible actitud. ¿Eh, niño bonito? — respondió, con absoluta burla, Tenten.

Sasuke chasqueó la lengua.

— Tsk. Cierra la boca — masculló el moreno.

Sakura, mientras tanto, finalmente se recuperó de su sonrojo, y se irguió completamente. Después, la hermosa hada se separó suavemente del agarre de su amado pelinegro.

— Esto... No me lo tomen a mal, chicos. Pero, ¿Por qué razón están aquí? ¿Y cómo fue que coincidieron con Kakashi-sama y Guy-sama? — inquirió la pelirrosa.

— Es un relato un poco extenso, mi Lady — explicó Shizune — Por el momento, sólo le puedo decir que la Isla de Atlas ya no es segura — aseveró la pelinegra.

Sakura supuso que Kaguya, o alguno de sus siervos, tuvieron algo que ver en ello.

— ¿Qué? — musitó consternada la ninfa de orbes esmeralda — Espera... ¡¿No me digas que fueron atacados?! — le cuestionó la princesa hada.

Su "hermana", sin embargo, negó con la cabeza.

— Descuide, su majestad. No fue así. Todas las hadas están a salvo. Sin embargo, lamentablemente nos vimos forzados a evacuar la ínsula, gracias a que un comando de Kaguya-sama descubrió nuestro escondite — elucidó la matriarca de las hadas.

Sakura suspiró levemente, en señal de alivio.

— Entiendo. Pero lo que no comprendo es cómo llegaron a encontrarse todos. Hasta donde yo sé, jamás mencioné la ubicación de los sobrevivientes de Iridia cuando estuve en Medel — dijo la pelirrosa.

— De hecho, fuimos nosotros quienes hallamos a las hadas. No al contrario — interrumpió Kakashi.

Sakura volvió su mirada al mencionado, con una ceja enarcada.

— ¿Eh? ¿De verdad? — pronunció incrédula la princesa ninfa.

Tanto Shizune como Kakashi asintieron.

— Lord Hatake está en lo correcto, Sakura-hime — corroboró la pelinegra — Ellos nos hallaron. Y aunque en un principio pensamos que eran hostiles, pudimos ver en sus auras que no era así el caso.

— Ya veo — musitó Sakura.

— Les narraremos la historia completa. Pero, por el momento, será mejor que vayamos al campamento que hemos establecido. Aquí estamos desprotegidos — determinó Kakashi.

— De acuerdo — concluyó la Haruno.

De lo que ninguno se percató, es que había un misterioso encapuchado escondido, entre la espesa vegetación. Éste rió, muy por lo bajo, perdiéndose entre los enormes y densos arbustos de la Isla de Thanatos.

— De hecho, no importa dónde huyan. Están todos a mi merced...

El encapuchado, finalmente, desapareció entre una sombra. Pronto asecharía a su objetivo.

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Como siempre, quiero darle un agradecimiento a todos aquellos que siguen ésta historia. Y un agradecimiento especial a mi colega Lulyta-chan. Gracias por tu comentario en cada episodio. Son muy valiosos para mí.

Al fin. Después de un largo tiempo, el misterioso mercenario se vuelve relevante en la trama (De hecho, pretendía que realmente apareciera de la nada. Pero quise darle un poco de personalidad con éste episodio).

El arco que Eva le regaló a Sakura, en realidad no es propiamente perteneciente a algún relato mitológico. Es más bien, una derivación de la legendaria "Arca del Pacto". De acuerdo a la tradición judeocristiana, aquel cofre contiene las tablas de los diez mandamientos. Lo que hice, fue simplemente derivar el nombre, para que sonara místico LOL.

En fin. Sin más que añadir, nos veremos en el próximo capítulo, mis estimados lectores.