Disclamer: Todo pertenece a J.K Rowling
Cobre
Ginny Weasley no es una chica común y corriente. Es una chica con carácter que siempre dice las cosas a la cara, aunque luego se arrepienta de ello. Es una chica que no se deja llevar a pasar por nadie, menos por Draco Malfoy que cada vez que la ve en el pasillo la mira desdeñosamente y le murmura algo sobre su pobre familia, aunque la verdad nunca pone mucha atención. No vale la pena.
Ginny Weasley nunca se había sentido enamorada antes. No cuando Dean la tomaba de la mano o la tocaba bajo la falda. No cuando Michael hablaba sobre lo mal que Gryffindor había jugado en el partido anterior. Se sentía así cuando Harry la miraba con sus ojos verdes, cuando llegaba a la biblioteca y le susurraba al odio que quizás era hora de tomarse un descanso. Se sentía enamorada solo al estar cerca de el, porque también se sentía amada y no eran necesarias las palabras para saberlo. Solo tenia que sentir a Harry besándola, tocándola.
Ginny Weasley siempre ha sido buena en el Quidditch. Solo que los demás no lo saben o están muy ciegos para verlo. Porque nadie sospecha aparte de Hermione que ella cada noche saca a escondidas la escoba de Fred y vuela por horas en el patio trasero de la madriguera, sintiendo el aire golpear su cara llena de pecas o sintiendo el viento golpear el pelo rojo que cae sobre su espalda.
Ginny Weasley es una chica que nunca llora. O por lo menos no lo hace frente a las demás personas. No le gusta mostrarse débil, ya lo es por el solo hecho de ser la menor de siete hermanos, por el hecho de ser la única mujer en generaciones. Por eso nunca llora frente a sus hermanos o frente a nadie. Se encierra en su cuarto por horas y llora libremente cuando siente ganas de hacerlo, como la noche en que le dijo a Ron que Hermione se había besado con Krum y luego no se hablaron por meses. O cuando Harry rompió con ella.
Ginny Weasley tiene un pequeño cofre de cobre en su habitación. Nadie nunca jamás ha visto que guarda ahí. Un colgante que su madre le dio cuando cumplió los quince años. Una fotografía de toda la familia en el viaje a Egipto y una flor seca, que Harry le puso alguna vez en el pelo esas tardes que pasaron juntos en la orilla del lago bajo el esplendido sol.
Ginny Weasley no recuerda haber sido más feliz que los instantes que duro el beso con Harry Potter en su habitación. No recuerda haberse sentido mas llena de vida en ninguna otra ocasión, no recuerda haber querido detener el tiempo nunca antes y no recuerda desear en ninguna ocasión algo tan fuertemente como desear que todo acabara, que todo volviera a la normalidad. Que frente a ella no estuviera Harry Potter con una cicatriz en la frente marcado para salvar el mundo. Que solo estuviera Harry un chico normal de 17 años que quiere besarse con su novia. Pero claro, no seria lo mismo si no fuera así.
Ginny Weasley nunca antes se había sentido tan sola. Su padre trabaja hasta altas horas de la noche en el ministerio, su madre corre todo el día por la casa haciendo cualquier cosa para mantener sus manos ocupadas. George y Fred ya no viven en la madriguera y se siente todo un poco mas vacío. Bill y Fleur están cada momento que pueden juntos, se susurran cosas al oído, se besan, se ríen, y que decir de Percy y Charlie a quienes no ha visto en meses. Ella, Harry, Ron y Hermione pasan gran parte de el día trabajando para que el matrimonio salga bien, para que todo este perfecto. Pero hay veces en que encuentra a esas tres cabezas, rojo, castaño y negro unidos en susurros y miradas cómplices y es ahí cuando se siente aun más sola.
Ginny Weasley nunca se ha sentido más hermosa que esa noche. El vestido dorado cae por su cuerpo dibujando una silueta perfecta. Su pelo rojo esta perfectamente tomado en un complicado peinado, pero que a ella le encanta. Por eso cuando camina por el pasillo y ve que Harry la observa de esa manera se siente aun mas hermosa. Hace caso omiso a Muriel y todos los demás, solo existe ella y Harry que se miran, que se aman o al menos eso quiere creer. Se siente aun mas hermosa cuando Krum la observa desde lejos y Harry esta junto a el con el cejo fruncido.
Ginny Weasley lloraba en el hombro de su padre. Nunca antes lo había hecho, pero ahora no lo podía evitar. Cuando los diviso a lo lejos, los tres tomados de las manos y apunto de desaparecer, sintió la necesidad de mandarlos a la mierda a cada uno de ellos. Porque ella también podía soportar lo que estaban a punto de hacer, ella también era una buena bruja al igual que Hermione, Harry o Ron, ella también los quería. Pero ya nada podía hacer, ellos ya no estaban. Se habían ido sin decirle ni una palabra. Se habían ido dejándola con el corazón destrozado. Pero Ginny Weasley no es una chica común y corriente, no. Ginny sabe que ella nunca formaría parte de ese lazo tan complicado y fuerte que forman los tres chicos que hace una hora se han ido. Ginny Weasley sabe que poco a poco lograra entrar y cuando eso pase, sabe que será completamente feliz.
Como lo es ahora. Cuando los cuatros están tirados sobre el césped de la madriguera. Observa a su lado. Ron y Hermione están tomados de la mano uno al lado de otro, de vez en cuando el pelirrojo le susurra cosas a la chica que sonríe radiantemente. Ella tiene su cabeza en el estomago de Harry y el acaricia su pelo suavemente. Los dos se observan sin despegar los ojos del otro. Verde y marrón.
El trío nunca se convertirá en cuarteto, pero creo que esos cuatros son inseparables, más aun después de la guerra. Espero que les haya gustado. Este es el penúltimo, solo queda uno y luego espero poder dedicarme a la tabla de los sentidos de Ron y Hermione. Siento la demora y estoy más que apurada mi PC se apaga cada cinco minutos así que tengo que ser rápida.
Gracias a todos los que comentan y agregan la historia a favoritos.
