¡Holaaaaa, saltamontes! ;A; Joder, sí que me tomé un buen de tiempo en volver a actualizar, asdljksdalas, sé que ya no soy tan constante como al inicio, LO SÉ, JODER. Y solo me queda pedirles disculpas por eso :c. He intentado actualizar más seguido, pero como saben, editar un capítulo de más de diez páginas lleva su tiempo y luego hacer los demás arreglos que requiere la página para subir el capítulo, lleva su tiempo y han habido más cosas que me han tenido atrapada (universidad, sobre todo), aahh.

Me frustra, porque tengo más cosas por publicar y, asldjkals, joder x'D.

Bueno, sin interrumpirlos más en éste, les dejo el capítulo que espero disfruten ewe.


El portal se abrió paso justo en aquella ciudad que vio llegar a Himuro y Kagami la primera vez que aparecieron en el mundo humano; Japón.
No era Tokyo o eso creían, la verdad estaban bastante aturdidos como para reconocer el lugar, asimismo como que estaban en una zona arbolada, quizá alguna reserva natural o montaña de la ciudad, no lo sabían. Y es que ellos no llegaron caminando, como siempre pasaba al cruzar el portal y la barrera de los otros mundos, sino que más bien fueron lanzados fuera de este, luego de perderse en algún momento del trayecto al ir con los demás. Así que ahora, solo sabían que era de noche y ya.

Ese vestido te queda hermoso, Taiga, tu cadera resalta muy bien —elogió la hermosa vampira que en ese entonces, era Tatsuya. Ella tenía un kimono morado con estampado de estrellas negras y la faja que lo mantenía ceñido a su delgada cintura, era de color gris; su cabello estaba recogido en una cebolla, con dos palillos de madera atravesados en el peinado. Y como ya era pálida, no necesitaba maquillaje, más que solo el delineador rojo en sus ojos.

¿Crees que de verdad debo lucir así? No parezco ser de Japón —comentó Taiga, con una expresión inconforme, mientras alzaba los brazos y se volteaba un poco el cuerpo para observar sus piernas y cadera en el espejo.

Ella lucía un hermoso vestido celeste, tallado y le llegaba justo a la rodilla, tenía también un pequeño saco sin abotonar que solo cubría el área de los pechos y todos los brazos, así como su calzado era dos zapatos de tacón altos y su cabello rojo como la sangre, estaba cuidadosamente acomodado en una media trenza. Las curvas de su figura femenina resaltaban maravillosamente.

Alex dice que se supone no debes lucir así en el festival de la ciudad —recordó Tatsuya.

¿Y por qué tú sí? —Taiga hizo un puchero y se cruzó de brazos.

Porque mientras tú y Alex están hablando con el capitán del ejército, yo me encargaré de otras cosas —Tatsuya le sonrió de forma corta, pero dulce—. Anda, déjame maquillarte un poco —con sus delicadas manos, jaló a la pelirroja de la cintura y le sujetó del rostro para observarla—. Mejor no, ya luces muy hermosa así.

Oye, pareces como sí quisieras cortejarme, Tatsuya —se quejó Taiga, ruborizándose un poco.

Solo te digo la verdad, ahora vamos, que Alex nos espera —Tatsuya le guiñó un ojo, coqueta, divirtiéndose del enfurruñamiento de la pelirroja.

Los ojos de Kagami se abrieron de golpe y frunció el ceño tras ese recuerdo de sus tantos años de vida, que aparecieron como un sueño. Cielos, no se acostumbraba al hecho de ahora saber que originalmente nació mujer, pero no es como ahora al recordar su vida pasada se sintiera como sí fuera una chica, que no era así. Más bien, seguía sintiéndose como si fuera dos personas.
Una sensación escalofriante, pero suponía que ya se acostumbraría.
Y era curioso, porque justo en ese recuerdo, sucedió un encuentro por primera vez con Aomine, luego de que llegaran de ese festival y Tatsuya y Alex le dijeran que no saliera de casa, porque la noche parecía ser muy peligrosa con tantos humanos cerca, seguramente los vampiros estarían de cacería. Algo que desobedeció, pero ahora que sabía todo, era algo de lo que no se arrepentía.

Esa noche, había corrido de regreso a su casa, eufórica y sonriente luego de su encuentro con aquel licántropo, ¡tuvo tantos deseos de seguirlo y hablarle!, pese a que sabía que seguramente ese chico era peligroso. Aunque sí no le hizo daño al momento de verla, no creía que llegara a lastimarla realmente, así que deseaba arriesgarse y tal vez así, pudiera dejar de sentirse incompleta de cierta forma, con el misterio y el conocimiento que podría obtener.
Porque desde pequeña, siempre fue así; no recordaba nada más que ser cargada por Tatsuya hace dos siglos, sin saber que pasó o cómo llegó a esa situación y parecía que esa vampira tampoco sabía o bien no quería decirle nada, pero confiaba mucho en ella como para creer que de verdad le estuviera ocultando algo. Y con Alex, pues a ella también la quería si fuera su madre, porque era quién les ayudó.

Al final no consiguió seguirle el rastro al licántropo de pelaje azul, por eso regresó a su casa sin problemas, aunque ahí, Alex y Tatsuya la estaban esperando.

¡Santo cielos, Taiga, te dijimos que no salieras! —amonestó Alex de forma cariñosa, ocultando la preocupación que sintió al darse cuenta que la chica había salido.

Tatsuya no esperó y se acercó a la pelirroja para olfatearla, luego verla de forma seria y fija, haciendo que la chica se pusiera algo nerviosa.

¿Qué?, si no me pasó nada.

Hueles a vampiro, Taiga —señaló Tatsuya—, te atacó uno.

¡Taiga! —Alex negó ligeramente y luego suspiró— No te privo de tu derecho de libertad, pero cuando te digo que es mejor que no salgas y te quedes en casa, es por algo —explicó con ternura y a la vez un tono firme.

¡Pero estoy bien!, no me pasó nada —inquirió Taiga, algo molesta porque a sus ojos, sus tías exageraban.

Pero no siempre la suerte estará de tu lado y no siempre podremos estar vigilándote —dijo Tatsuya, seria.

No importa, no lo necesito —Taiga sonrió ligeramente—. Además, estoy bien gracias a un licántropo.

Tanto la vampira rubia como la pelinegra, la miraron estupefactas.

¿Además de eso te encontraste con un hombre lobo? —ahora sí, Tatsuya pareció molesta y era raro ver alguna emoción en su rostro inexpresivo.

¡Pero no me hizo daño! —se apresuró a aclarar Taiga, todavía animada— No sé sí lo hizo a propósito, pero él fue quién me salvó del vampiro.

Los licántropos son muy temperamentales y no van salvando ahí a las personas —puntualizó Tatsuya, cruzándose de brazos. Algo le inquietaba de esa historia.

¿Segura que no te hizo daño, Taiga? —insistió Alex, preguntando de nuevo y acercándose a la pelirroja para acariciarle el cabello— Eres tan rebelde, niña.

Estoy bien, Alex, de verdad —Taiga hizo un mohín avergozada por el acto cariñoso de la rubia—. Lo siento, es solo que la ciudad se veía tan animada, que no quería quedarme solo encerrada —se disculpó, frunciendo el ceño.

Ahora Tatsuya suspiró y se acercó para abrazar a la pelirroja con fuerza.

Al menos avisa la próxima vez, ¿quieres, Taiga? No es como sí fuéramos a tenerte encerrada.

De acuerdo —Taiga asintió, correspondiendo al abrazo—. ¿Sabes qué más fue curioso? —sacó el tema nuevamente, mirándolas a ambas con la euforía de hace unos momentos.

No me digas que hablaste con ese licántropo… —Alex hizo una expresión resignada.

No, nada de eso, sí él salió corriento tan pronto me vio —aclaró Taiga y la vampira pelinegra enarcó una ceja—. Es solo que nunca había visto el color de un lincantropo así.

La mayoría siempre tiene un tono café que los asemeja, otros negros, o algo rojizos…, pero ninguno se repite —comentó Tatsuya.

Sí, lo sé, pero es que el pelaje de ese licántropo era azul y se veía tan místico mientras corría debajo de la luna —admitió Taiga, sonriendo de oreja a oreja, con una aire inspirado.

Tan pronto Alex escuchó el color de ese licántropo, se tensó ligeramente, porque solo había alguien que ella conocía con ese pelaje. Solo un clan y que formaba parte de cierta organización, misma de la que debían mantener oculta a Taiga.

Y después de eso pasó solo dos semanas, antes de que la muchacha pelirroja fuera sumida a un sueño profundo y en contra de su voluntad, para poder resguardar su alma y hacer que su persona dejara de existir un tiempo, en lo que Alex averiguaba realmente que estaba pasando, junto con Tatsuya. Aunque luego cuando supieron que aquel licántropo peliazul era un desterrado, pese a ser de la Unión Milagrosa, la vampira pelinegra también pasó a ser dormida, solo que a voluntad propia, para hacer como si nada se hubiese alterado en la vida de Alex y así acompañar en crecimiento a Taiga cuando naciera como humano.


Sí bien Kagami sabía ahora que todo eso fue para mantenerlo protegido de la Unión Milagrosa, no podía evitar sentirse molesto por las cosas que le ocultaron, por como le mintieron y como hicieron ese hechizo de reencarnación contra su voluntad aquella vez. Eran cosas que sabía fueron hechas por amor y protegerle, pero qué de todos modos, creía que debieron de ser sinceros con él siempre. Porque, ¿acaso sabían toda la confusión e incertidumbre que sintió al ser un humano que no sabía sus orígenes y que ni siquiera le dejaron investigarlos por su propia cuenta? ¿Y la desesperación cuando notaba que era diferente a todos y no había posible explicación? Porque eso sí, en sus años de escuela, la verdad es que Taiga fue visto como un fenómeno ante la inusual perfección de sus habilidades y un humano definitivamente no era así de capaz, no cuando solo era un niño. Por eso siempre estaba solo, por eso. Aunque jamás se avergonzó o renegó del hogar que Alex le dio, a veces algo de normalidad era necesario en su vida, pues ser diferente a los demás, no siempre era bien visto, al menos no en la época que nació.

Eran pocas las veces que notaba como sus compañeros se apartaban de él en la escuela, pero nunca contó nada a Himuro o Alex, para evitarse dramas.

Sin embargo, en su vida pasada, ahí, todavía se sentía peor. Porque a veces en las noches o cuando salía a caminar, le embargaba un sentimiento terrible de soledad que no sabía como mitigar, se sentía vacía, como si algo le faltara. No entendía muchas cosas, no podía recordar parte de los inicios de su infancia, ni siquiera sabía lo que ella realmente era, puesto Alex y Tatsuya siempre le dijeron que era una obra agraciada entre el amor del submundo, que tenía la sangre de un licántropo y una vampiro, pero que debía mantenerlo en secreto siempre, por lo que no debía confíar fácilmente en las personas. Menos de los seres del submundo. Y lo aceptaba, pero ellas jamás aclararon más cosas. ¿Y sus padres?, ¿y su familia?, ¿la habían abandonado con Tatsuya de pequeña?, porque solo ese recuerdo tenía en su mente y ya. Nada parecía tener sentido.
Y es que era horrible sentirse así de incompleta, viviendo en la incertidumbre, cuando se senría que la vida tenía más sentido del que se creía.

De todos modos, no era como si Kagami ahora mismo fuese a reclamarles, sería tonto e inmaduro si lo hiciera. Sobre todo ahora mismo que comprendía el peligro de la Unión Milagrosa que ejercía no solo para él, sino para las personas que amaba, además de que ya recordaba todo lo que se le fue arrebatado hace tiempo. Por esa misma razón, es que parecía inconsciente mientras estaba ahí sentado en el pasto, mientras por su mente pasaba el rostro de su madre, tan parecido al rostro de Alex, también el rostro de su padre que era un licántropo pelirrojo, con un carácter muy espontaneo. Porque pese a la corta edad que tenía, su consciencia era muy diferente a la de un bebé normal, además de que vivió como una pequeña durante muchas décadas en el tiempo que vivió con sus padres en aquella dimensión.

En sus recuerdos también estaba el rostro de Tatsuya, de lejos, que no se le acercaba, pero la veía con curiosidad y cariño, pese a su inexpresión de serenidad siempre en su cara. Y sonrió ampliamente cuando su mente le dijo, que en efecto, de verdad él y Tatsuya eran hermanos.

—Taiga, ¿estás bien? —Himuro se acercó lentamente al pelirrojo y lo abrazó sin pena, inhalando profundamente— Parece que ya estás recuperado por completo.

—Y parece que tú también lo estás —musitó Kagami, correspondiendo al abrazo con una sonrisa.

Ahora que ese vínculo de hermandad y amigos estaba libre de todo lo demás, se sentía tan bien, tan pleno. Como lo sería contemplar el aurora; algo confortante y limpio.

—Pues sí, tu sangre no me está volviendo loco como cuando eras humano —Himuro se mostró calmado y le palmeó ligeramente la cabeza al pelirrojo con cariño, separándose segundos después.

—Entonces, ¿todo lo que sentíamos y hacíamos se debía por el hechizo? —inquirió Kagami, frunciendo ligeramente el ceño y buscaba con su diestra su collar en el pecho— ¿Dónde están?

—Los anillos creo que se deshicieron cuando despertaste y yo recuperé el resto de recuerdos que me faltaban —explicó Himuro, palpándose también el pecho, resignado—. Y a lo otro que dices, pues… Tal parece que tenía mucho que ver ese hecho; como si la magia que mantenía sellada nuestros verdaderos poderes y tu verdadero "yo", nos atrajera mutuamente, porque solo yo era capaz de romper el hechizo, ¿sabes? Con mi sangre, o eso fue lo que Alex me explicó —contó—. Por esa razón, creo que justo a los quince años, empezaron las ansias y deseos de… morderte, porque estarían indicándonos que era el momento de despertarte.

Un suspiro salió de los labios de Kagami, se sentía aliviado de escuchar algo como eso. Porque habiendo crecido como humano, eso de que entre hermanos se enamoraran, sería algo extraño, aunque por lo que sabía con la historia que tenía en los libros de Alex, en La Noche, eso era algo normal.

—Quizá mis sentimientos por ti se hayan aclarado y sean como deben ser, Taiga, pero eso no significa que Aomine-kun me vaya a agradar —advirtió con simpleza, con un destello frío en su ojo visible.

—Sí, bueno, eso es otro tema… —Kagami sonrió ligeramente nervioso y desvió la mirada, ¿qué pensaría el peliazul ahora que su verdadero ser ya estaba al descubierto? Se sintió un poco preocupado por eso, pero no dudaba.

Era tan increíble lo que la magia podía causar en las personas, todo por un hechizo y para que Taiga y Tatsuya siempre estuvieran unidos e incapaces de separarse mientras que el verdadero "yo" del pelirrojo aún no despertaba, era necesario mantenerlos cerca, y por ello es que sentimientos de más florecieron, como un encantamiento. Pero ahora ya estaban libres, pero incluso con eso, Taiga se había enamorado de Aomine.

—Debemos regresar, Taiga, o Alex y mamá se preocuparan demasiado y no solo ellas nos esperan —aventuró Himuro, incorporándose con elegancia, jalando de la mano a su hermano sin dificultad alguna.

— ¿Puedes crear un portal sin necesidad del agua aunque seas principiante? —cuestionó Kagami, viendo con sincera curiosidad al vampiro.

Himuro sonrió con orgullo.

—Lo cierto es que aparte de mi don como vampiro, heredé cierto poder mágico de nuestra tía.

— ¡¿A-Alex es nuestra tía de verdad?! —inquirió Kagami, asombrado y con los ojos muy abiertos.

—Alex es hermana de nuestra madre y existe una leyenda de ellas dos, que luego te contaré —animó Himuro, sonriendo por lo bajo, divertido por la reacción del pelirrojo.

—Parece que tú has vivido más que yo, Tatsuya.

—Así es, Taiga. Mi edad es de siete siglos con siete décadas.

— ¡…! —la expresión de Kagami era un poema por la sorpresa— ¡¿Tantos años?!

—Taiga, tú tienes alrededor de tres siglos de edad —Himuro le vio con escepticismo.

—… Sí, pero… —Kagami suspiró y se rascó la nuca— Como sea, supongo que eso no es lo importante.

Himuro negó con calma, mientras empezaba a prepararse en crear el portal que los llevaría a casa, a Londres, ahí donde estaba el hogar que Alex construyó hace mucho tiempo. Por esa razón, Kagami se mantuvo callado, atento para ver como su hermano creaba un portal de forma más sencilla de lo que parecía, no era como ver a Alex creando uno, pero era digno de admirar.

En Japón serían alrededor de las once de la mañana, mientras que seguramente en Londres sería de madrugada, por la diferencia horaria y la gran distancia entre ambos países. Así que por eso, el sol estaba casi por situarse en el centro del cielo de la ciudad. Y eso que Kagami recordara algo, por lo que miró al vampiro pelinegro con cierta preocupación.

— ¿Aún puedes usar magia pese a tener el sol arriba de ti, iluminándote?

—Los enormes árboles me brindan la sombra necesaria para protegerme de la luz, así que no estoy tan mal —Himuro le miró con cariño unos segundos—. Estoy bien.

—… —Kagami no dijo nada, miró hacía el cielo y luego se miró las manos, para después acercarse detrás del pelinegro y abrazarlo— No será la gran cosa, pero imagino que por la diferencia corporal de ambos, de algo te servirá mi sombra también.

El inexpresivo rostro de Himuro mostró sorpresa por esa acción. Sí esos sentimientos de enamoramiento no hubieran evolucionado porque el hechizo se rompió, quién sabe cual habría sido su reacción. Pero en esta ocasión, sonrió conmovido y asintió.

—La energía de tu cuerpo me ayudará, pero no te desgastes mucho, Taiga.

El pelirrojo asintió, algo avergonzado, mas segundos después, se mostró firme.

Pasaron alrededor de veinte minutos más, cuando el portal al fin estuvo listo y sin temor ni miramientos, Kagami sujetó la mano de Himuro, para juntos entrar así al portal con paso calmado.

—Es admirable que además de controlar el agua, puedas usar magia. Es genial, Tatsuya —masculló Kagami, deslumbrado por completo y la mirada brillante a la vez que veía el interior del portal, que era un fondo de estrellas fugaces que se movían con velocidad infinita.

—Mi don como vampiro realmente es el elemento agua, Taiga —confesó Himuro con una discreta sonrisa complacida por las palabras del pelirrojo.

— ¡¿Eh?! ¿No se suponía que era el de ver los lazos de las personas? —Kagami parpadeó algo rápido, mientras continuaba sujeto de la mano del vampio pelinegro, avanzando dentro de aquel portal a un paso veloz, pero que seguía siendo caminar.

—No, eso era parte del poder mágico que poseo, pero como en ese entonces yo no tenía noción ni recuerdos de eso, asumí que se trataba de mi don —aclaró Himuro.

— ¿Tampoco tú recordabas cosas? —Kagami pareció confundido.

—Tenía casi mi memoria completa, pero habían cosas que todavía no comprendía, porque no sabía que tú y yo de verdad somos hermanos —admitió Himuro, pero no dijo que él y la vampira rubia hablaron de eso, acordando que sería lo mejor, por simple precaución.

—De diferente padre, pero lo somos —Kagami apretó un poco más ese agarre de manos y sonrió con gran orgullo, porque sí, se sentía feliz—. De verdad que es un alivio ahora que sabemos todo, ¿no crees, Tatsuya?

—Sí, concuerdo contigo, Taiga, pero justamente ahora es cuando las cosas se pondrán más difíciles, ya que Akashi-kun ha comprobado que existes —dijo Himuro con gesto grave.

—Lo sé, pero el asunto no está pérdido. Encontraremos alguna manera de defendernos —aseguró Kagami.

Y aunque no sea así, yo te protegeré siempre, Taiga, pensó Himuro, asintiendo, porque así lo haría, no le importaba si moría en el intento, pero no dejaría que nadie lastimara a su hermano, nadie.

—Parece que el final está cerca.

—Sí, aunque siento demasiadas emociones con todo esto —admitió Kagami, ligeramente abochornado.

—Todo estará bien, Taiga —como pocas veces sucedía, la mascara neutral que era el rostro de Himuro, se volvió un gesto tierno al dedicarle una mirada de apoyo al pelirrojo.

Kagami correspondió a la mirada y sonrió, sintiéndose mucho mejor. Su hermano siempre había sido capaz de calmarlo, desde que era una chica, como cuando creció siendo humano, Tatsuya siempre tenía las palabras correctas para hacerlo sentir mejor. De verdad que era un sustento muy grande para él. Tanto así, que incluso se sintió motivado y deseó llegar pronto. Por lo que Himuro al entender eso, aceleró el paso y así ambos llegaron en un tiempo record al final del portal.

Sin embargo, cuando salieron de este, la calma y ese sentimiento confortante que las palabras del vampiro pelinegro dejaron en Taiga, se fue al vil carajo al momento en que sus ojos rojos como el rubí, se encontraron justo con la imagen de Aomine, besándose con aquel vampiro rubio que salvó.
Y la estupefacción le atrapó unos momentos, sin saber como reaccionar.

—… ¿A-Aomine? —susurró Kagami en un hilo de voz, que no se hubiera escuchado de no ser por el agudo oído del moreno.

El sonido que provocó el rompimiento del beso que el mismo Aomine hizo al oirle, provocó que las llamas de los celos ardieran como un incendio en pleno verano en el pecho del pelirrojo. Pero no solo se trataba de eso, se sintió malditamente dolido, mientras el moreno lo veía en shock.

Ahora comprendía todo y la verdad, sentía tal ira recorrerle en todas sus venas, que le parecía increíble estar controlándose sin decir nada todavía, ¿o tenía que ver con que Himuro estaba a su lado? No lo sabía, pero ahora mismo la presencia de su hermano le era grata.
Y es que, él venía con unas insanas ganas de ver a Daiki, ¡¿y cómo lo encontraba?! ¡¿Besándose con otro?! Y lo que era peor, ¡era su ex pareja, joder! Porque sí, con todo lo sucedido anteriormente y que no prestó tanta atención por su estado moribundo, pero ahora con su mente que trabajaba de forma diferente a lo que de verdad era, era imposible que ya no hiciera caso omiso de eso.

Y le parecía indignante que el lycan peliazul, estuviese besándose con alguien que lo había hecho sufrir tanto, porque él mismo había visto el estado en que Aomine estaba. ¡Y eso era lo que más le estaba molestando en estos momentos! Sin embargo, no iba a hacer una escena. Debía actuar maduramente.

—Kagami, no pienses… —intentó decir Aomine, fácilemente dando un paso adelante, dejando atrás al rubio para hablar con el pelirrojo.

—Lamento interrumpir —se disculpó Kagami neutro y de forma sombría, para después darse la vuelta y ahora haciendo uso de sus verdaderas habilidades, salir de ahí, porque sino lo hacía, el descelence sería demasiado dramático y violento. Y ahora era lo que menos necesitaba.

— ¡Kagami, espérate, mierda! —exclamó Aomine, ahora algo alterado porque fuese precisamente el pelirrojo quién los encontrara, ¡¿cómo fue tan imbécil cómo para dejarse atrapar así?! Quizá eso le sirvió para darse cuenta de las cosas, pero, ¡joder!, no quería que como precio, ahora el pelirrojo dudara de él. Así que ahora, no iba a dudar en ir tras él.

Sin embargo, la figura de Himuro se interpuso, inexpresivo como siempre, mirándolo con una fijeza que aterraba incluso hasta al peliazul.

—Sí te atreves, Aomine-kun, a dañar en lo más mínimo el corazón de mi hermano, ten por seguro que aunque Taiga me odie, no te librarás —advirtió y sin darle tiempo de responder al licántropo, salió corriendo detrás del pelirrojo, dejando un campo de energía en la zona donde estaba el peliazul, para evitar que los siguiera ahora.

— ¡Maldita sea! —rugió Aomine y dio un tremendo puñetazo al campo de energía que lo tenía sin poder salir y seguir a su pareja, ¿por qué ese maldito chupasangre tenía que meterse ahora? Necesitaba destruir algo ahora mismo, así que sin pudor alguno, corrió contra un árbol giganteso y logró derribarlo a puros puñetazos.

Por su parte, Kise se había quedado de piedra cuando los descubrieron y la forma en que sucedió todo, que ahora mismo no sabía que más hacer, solamente contemplar las acciones violentas del moreno. ¿Cómo pudo haber conservado las esperanzas de que en la vida de Aomine todavía habia un lugar para él como su pareja si las respuestas estaban tan claras? No fue nada inteligente haberse mentido a sí mismo, creyendo que todo podía cambiar ahora que regresó y Daiki ya sabía la verdad. Incluso se sintió idiota y culpable, ¿ahora le causaría otro problema al lycan?

Y si bien también sentía celos y envidia en su corazón por saber que ahora Kagami era quién tenía el amor del moreno, tampoco quería meterse ni causarle infelicidad, siendo que sino fuera por este, no estaría libre ahora mismo. Tampoco podía ser un malagradecido ni obsesionado chico. Pero la realida dolía demasiado y eso no era fácil de ignorar.

Y cuando por fin Aomine al fin se calmó, suspiró y pareció recordar la presencia del vampiro rubio ahí, que en ningún momento dejó de mirar todo lo que hacía. Genial. No quería lastimar de más a Ryota, pero tampoco estaba dispuesto a perder a Taiga, así que su decisión estaba clara, sin duda alguna.

—Kise, es como te dije; mis sentimientos han cambiado —Aomine le miró sin dudas—. Te amé hace tiempo, pero ahora…, ya no siento lo mismo.

Y dichas esas palabras, aquel primer amor, pasó a guardarse nuevamente en su corazón, como un maravilloso recuerdo del pasado.

El rubio le observó durante casi un minuto en silencio, y luego sonrió ligeramente, bajando la mirada unos momentos, para después enfrentar esos ojos azules como el zafiro.

—No pretendo jugar el papel de la pareja obsesionada que no acepta las cosas —dijo Kise, pareciendo divertido con imaginar eso, aunque por cómo se estaba sintiendo… distaba mucho de sus palabras—. Sin embargo, Aominecchi, incluso sí dices eso ahora, será imposible para mí que en algún lugar de mi corazón, deje de haber esperanza, porque te amo y no creo dejar de hacerlo —admitió.

—Kise, por favor, ya no digas… —masculló Aomine, frunciendo el ceño.

—Eso no significa que yo en algún momento no llegue a aceptar… esto —Kise le calmó, dedicándole una mirada sincera—. Lo único que deseo es tu felicidad, Aominecchi, incluso aunque no sea a mí lado. Pero no esperes que lo acepte tan fácil.

—Kise… —Aomine sintió otra vez ese nudo en la garganta al notar la tristeza que invadió los ojos dorados del rubio. Sintió el tremendo pesar por estar haciéndolo sufrir así ahora, pero ya nada podía hacer.

—Estaré bien, Aominecchi —aseguró Kise, sonriendo. Pero joder que le estaba costando no soltar las lágrimas que gritaban en silencio desde lo más profundo de su corazón, pidiendo por salir através de sus ojos—. Así que será mejor que regresemos.

Aomine se mordió le lengua ante el impulso de querer decir un "lo siento", eso sería mucho peor para el rubio, lo sabía, así que solo se limitó a mirarlo, diciendo algo completamente diferente, ahora.

—Pero todavía esta este maldito campo de energía —sí, era lo mejor, porque él no era la persona índicada para consolarlo.

—Por el aspecto que tiene ahora, parece que se desvanecerá en… —uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve y…, contó Kise, mentalmente, alzando su mirada— Diez, ahora.

Daiki suspiró.

—Entonces, no perderé más tiempo.

—Aominecchi, me gusta este bosque, creo que me quedaré a explorar unos momentos por aquí —avisó Kise, encantado con la naturaleza—. Hace tanto tiempo que no sentía el sabor de la libertad y de la noche.

—Está bien, pero no caces humanos, Alex tiene algo que darte para la sed y no te tardes, pero sino quieres volver, estaría bien que le avisaras a Tetsu —respondió Aomine, dándole la espalda, sin verle, para luego apretar los labios.

—No te preocupes, no lo haré y no los abandonaré ahora, les brindaré mi apoyo, así que regresaré más tarde —afirmó Kise, de forma musical.

De verdad quiero que tú llegues a ser feliz también, Kise, te lo mereces, pensó Aomine, con los puños apretados y luego, salió corriendo sin decir nada más.

Y al momento en que el ligero viento que la carrera del peliazul llegó a los oídos de Kise, la sombra de la noche le cubrió los ojos y entonces él corrió al lugar opuesto, ya sin molestarse en ocultar su corazón destrozado, tanto así, que no sabía sí algún día podría dejar de sufrir por esto, pero aun así, trataría de ser positivo.

Pero ahora ese capítulo había quedado cerrado y los sentimientos de ambos estarían en el inicio de una gran evolución.


La sensación de alivio y protección que sintió Kagami cuando su madre le abrazó tan pronto entró a la casa acompañado de Himuro, fue desbordante, digna emoción y sensación que una mamá brinda a sus hijos. El corazón del pelirrojo se estrujó de felicidad, porque al fin volvía ver a aquella mujer que le dio la vida y que recordaba, incluso sentía que sus ojos le picaban; tanto tiempo sin saber de sus padres, de dudar si ellos le quisieron o no, o si los seguía teniendo, sí estaban vivos o no…
Y ahora que volvía ver a Shiro, realmente se sentía mucho mejor, tan feliz, tan… Tan bien y seguro, que no es como si necesitara que le cuidaran, mas era normal que así fueran sus emociones, porque la había extrañado y eso también fue un consuelo para su corazón herido por lo que había visto hace minutos atrás con Aomine.

No había medicina perfecta que el amor de madre.

—Mi Taiga, oh, Dios mío… Eres realmente fuerte —musitó Shiro con los ojos cristalizados, mientras sostenía del rostro al pelirrojo y le contemplaba con una sonrisa de orgullo—. Perdóname por haber recurrido a todo esto, pero todo fue para mantenerte a salvo… Imagino lo mucho que sufriste sin saber la verdad, mas tu padre y yo preferimos eso, a que la Unión Milagrosa te atrapara… —su voz se ahogó tras los recuerdos y fue inevitable que un par de lágrimas salieran de sus ojos.

—E-esta bien, yo no tengo deseos de reclamar nada —masculló Kagami y aunque los hubiera tenido, con lo poco alarmado que estaba de ver a su madre llorar, se le olvidó momentáneamente—. Sé porque lo hicieron, ahora que he visto el poder y todo lo que la famosa Unión hace.

—Lo sé, cariño, pero de solo imaginarme cuanta falta te hicimos tu padre y yo en este mundo… De verdad, perdóname, Taiga —suplicó Shiro, abrazando nuevamente al pelirrojo y luego, extendió su brazo en dirección al vampiro pelinegro, llamándolo y este se acercó—. Y, Tatsuya, has hecho un excelente trabajo, lo has cuidado tan bien —felicitó, ahora acariciando el rostro de su otro hijo—. Siento haberte dejado el peso de la responsabilidad de padres, pero me siento muy orgullosa de ti.

—Yo nunca renegué de nada, mamá —Himuro sonrió ligeramente, pero su mirada trasmitía la misma felicidad que el pelirrojo—. Siempre cuidé de Taiga a gusto.

—Mis dos tesoros, no saben cuan feliz estoy de verlos otra vez —sollozó Shiro, pese a que normalmente era una mujer sería, ahora mismo no podía esconder su emoción y abrazó a sus dos hijos con ganas, dejándoles un beso en cada frente.

—Mamá… —susurró Kagami, se sentía algo raro decir esa palabra, siendo que la persona que le cuidó en todo el tiempo, había sido la vampira rubia y a ella de igual forma la consideraba como una madre— ¿Podrás contarnos que pasó realmente y dónde has estado?

Shiro suspiró y deshizo el abrazo para limpiarse las lágrimas con rápidez. Los tres estaban en la sala, de modo que tomó asiento, seguido de los otros dos chicos.

—Claro que sí, a estas alturas es necesario que lo sepan —asintió—. Aunque Tatsuya sabe casi todo, hay cosas que todavía ignora —aclaró.

—Lo que yo primero quiero saber —inquirió Kagami, algo nervioso por lo que fuera a saber a partir de ahora— es dónde está mi padre.

La mirada de Shiro se oscureció de tristeza durante cinco segundos y luego, sonrió con nostalgia, sintiendo el peso de todo esto en su corazón. Inspiró hondo y se preparó para responder aquella pregunta y para también contarles todo.


Las manos de Alex estaban llenas de sangre, porque la curación que estaba efectuando ahora, era la más difícil que había tenido en todos sus siglos de existencia; ni siquiera batalló tanto cuando curó a Kiyoshi y Riko, esto era mucho peor.

Y es que Haizaki no solo tenía muchísima plata en su sistema, también su cuerpo estaba muy herido, además de que tenía la herida abierta de donde la mitad de su brazo fue cortado. Debía retener la hemorragia, pero era difícil hacerlo con toda la plata, dado que ella también estaba desterrada, eso le afectaba. Por eso era un alivio contar con Kuroko de ayudante ahora mismo, porque mientras este peliceleste ayudaba de una forma u otra para detener el sangrado, Alex hacía su mayor esfuerzo sacando aquel metal.

Mientras lo hacía, la vampira rubia se dio cuenta que la herida principal se generó por un balazo que ella misma fabricó, lo que significaba que Kagami la usó en algún momento con este licántropo, cosa que quería decir que en efecto, lo había atacado anteriormente. Suspiró y negó, bueno, antes la misma Alex se hubiese encargado del peligris, pero ahora mismo ya todo era diferente. Y de alguna forma, como ya había leído la mente del muchacho con su magia, realmente no podía verlo como alguien vil o de la calaña de Masaomi o de Akashi.

—Es sorprendente ver la cantidad de odio que este chico lobo ha guardado en todo su sistema y solo por un único motivo —masculló Alex, soltando lo que era una burbuja de agua en un cazo de metal y que contenía pocos de plata que había expulsado del cuerpo ajeno. Su cabello estaba recogido en una coleta y usaba lentes, no porque alguien con esa vista perfecta los necesitara exactamente, sino para proteger su visión de las radicaciones de magia que había en ese cuerpo.

—A Haizaki-kun nunca le importó ser odiado por sus acciones, él sabía bien lo que hacía y por qué —contestó Kuroko con la voz inexpresiva. Él no necesitaba todas esas cosas que la rubia usaba, porque solo se estaba encargando de detener el sangrado.

—Pero no me parece justo, deberían de saber algo como esto, sobre todo Ryota —dijo Alex, con la mirada concentrada, continuando su labor.

—No creo que Haizaki-kun lo haga, la verdad. Él es demasiado orgulloso y además, de nada serviría que lo dijera ahora, si las consecuencias ya están —comentó Kuroko, vertiendo aquella medicina que la vampira le indicó en la herida del brazo contrario.

Alex suspiró.

—Al final, es decisión de este chico —finalizó el tema y luego añadió: —Le haré una prótesis, pero para hacerla igual y que funcione justo como su cuerpo de licántropo, necesito que me digas todos los datos que tengas de él —pidió al peliceleste.

Kuroko simplemente asintió.


Desde aquel momento en que vio a Kise, supo que sería un rubio problemático en su vida, pero incluso aunque su instinto se lo dijera, lo cierto era que pese a que siempre se mostraba con ganas de joderlo en más de una ocasión, una extraña amistad se formó.

No eran los mejores amigos, pero sin necesidad de palabras, ellos se entendían muy bien, porque de alguna forma, se conocían mejor que a nadie, pese a lo opuestos que eran; Kise era muy querido y a Haizaki preferían tenerlo lejos, no porque en ese entonces él ya fuera alguien tan violento, sino por lo inusualmente lujurioso y bravucón que era. Parecía que todo giraba en torno al sexo para él, pero incluso así, en cierta parte de su actuar, terminaba vigilando del rubio, no como una obsesión o algo, simplemente para cuidarlo. Porque aunque sabía que Kise no lo necesitaba y era perfectamente capaz de cuidarse solo, algo en él lo llamaba a hacerlo, le parecía tan delicado algunas veces, que no imaginaba que alguien pudiera hacerle daño. Solo él lo hacía, pero no era algo tan a pecho, simples palabras toscas para molestarlo, ya que incluso el chico de ojos miel hacía lo mismo cuando se juntaban y paseaban por ahí, mientras sus padres estaban en sus asuntos.

Es genial que tu madre forme parte de la Unión Milagrosa —dijo Kise, mientras estaban sentados en la gruesa rama de un inmenso árbol, de todos los que habían en esa región.

No es la gran cosa tampoco, Ryoota —Haizaki se encogió de hombros. Como le molestaba que siempre vieran el poder que había en su apellido, en lugar de a su persona, miró de refilón al rubio y frunció el ceño.

¡Claro que lo es! —Kise se mostró tan encantado— Sí algún día yo pudiese entrar ahí, sería muy feliz, porque los admiro mucho —admitió.

Son personas como tú y cómo yo, ¿qué mierda tienen de especial? —chistó Haizaki sin respeto alguno.

Moo, no seas así, Shogo-kun, todos los clanes son geniales —Kise le sonrió, sin inmutarse—. Pero yo siempre he considerado que el clan Aomine es excelente en combates, algún día me gustaría luchar contra uno, ¿sabes? Porque es aburrido que en los entrenamientos nadie aguante contra mí por mi don —suspiró.

Oye, oye, deja de hablar con tanta arrogancia, rubia idiota —Haizaki le miró con prepotencia y sonrió—. Tú no has querido enfrentarte a mí, seguro que yo te enseño lo que es pelear de verdad.

Qué cruel eres, Shogo-kun —bufó Kise, pero luego su sonrisa se ensachó—. No puedo hacer eso, porque seguramente querrás golpear al primero que veas cuando hayas perdido contra mí —le molestó.

No, solo te moleré a golpes a ti, Ryota —amenazó Haizaki—. De verdad que los tienes bien puestos para estar diciedo semejantes mierdas.

Es porque es la verdad —Kise se puso de pie en la rama y se balanceó, para después dejarse caer, pero sujetándose con sus piernas flexionadas, todavía contra la rama, quedando de cabeza y su rubio cabello cayendo.

Tú lo que quieres es que te haga mierda, rubia —Haizaki sonrió con altanería y de forma maliciosa y moviendose rápido, pateó cada planta de los pies del rubio para que se soltara de la rama del árbol.

¡Woah, Shogo-kun! —se quejó Kise, cuando no pudo reaccionar lo suficientemente rápido, por lo que como ahora se estaba cayendo, dio varias volteretas para ponerse de pie, justo al llegar al suelo— ¡Vas a ver, de verdad que eres malo! —hizo un mohín, alzando la mirada con gesto aparentemente molesto y serio.

Ja, espero tu ataque, Ryooota —canturreó Haizaki con viva burla, desde arriba en la rama del árbol.

Kise le sonrió con desafío y escaló el tronco de ese gran árbol.

Así era la "amistad" de ellos, a veces parecían odiarse de muchas maneras, pero en el fondo, se entendían y se apoyaban de una forma única. Era algo que no debía cambiar nunca, ni siquiera cuando algunos de los dos se encontro con la aparición de nuevos sentimientos y no precisamente de amor, al menos, no a consciencia.

Y es que cuando el momento de la sucesión de tronos llegó, Haizaki pasó a formar parte de la Unión Milagrosa de mala gana, realmente no le importaba mucho ese puesto y sus compañeros no eran la gran cosa para él, además que se llevaba especialmente mal con dos de ahí; Midorima y Aomine.

La cosa que hizo fuera peor todo para él, fue notar como Kise ahora cada que lograban verse, no hacía más que preguntar por ese jodido licántropo peliazul. A Haizaki le empezó a molestar de verdad aquella innecesaria admiración que el rubio tenía por Aomine, no le gustaba que Kise pareciera ahora solo querer verlo ya no para pasar algún rato como antes, sino para terminar preguntando sobre la Unión Milagrosa y ese maldito peliazul. Y como nunca accedía a contarle nada, eso dio origen a muchas más peleas, que conforme pasaban el tiempo, dejaban a un lado lo infantiles y cada vez se hacía más difícil reconciliarse como cuando eran más jóvenes.

Pero incluso así, Haizaki y Kise todavía seguían juntándose, aunque ahora una ligera tensión se sentía siempre cuando los demás los veían. Su relación de amigo-enemigos ya no era como antes.
Y eso era algo que la madre del vampiro rubio notó, así que en un día como cualquiera, Stephanie, la madre del chico de ojos miel, llegó como si nada a visitar el hogar del peligris, luego de que la madre de este muriese.

Haizaki-kun, es un gusto verte —saludó Stephanie con una dulce sonrisa al momento en que la puerta se abrió.

Oh, eres la madre de Ryota, ¿le pasó algo o qué? —dijo Haizaki, sin molestar en mostrarse educado o esas tonterías, solo abrió la puerta y entró a su casa, dejando que la vampira hiciera lo que quisiera.

Stephanie sin molestarse siquiera por la falta de tacto y educación del lycan, dado que igual ya estaba acostumbrada, ingresó a la casa con su sonrisa hasta sentarse en un sofá, frente al peligris.

Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que fuiste a casa, Haizaki-kun.

Sí, bueno, pertenecer a la Unión Milagrosa absorbe mi tiempo —Shogo se encogió de hombros, sonriendo con desdén.

Pero parece que hace mucho tu y Ryota no se ven —musitó Stephanie.

Él parece interesado en otras cosas y yo no estoy rogando por su atención —Haizaki acentuó su sonrisa como sí eso no le importara realmente—. Cada uno esta tomando caminos diferentes.

Haizaki-kun, es que justamente no quiero que suceda eso —masculló Stephanie, adquiriendo una mirada algo preocupada.

Ryota ya no es un bebé, yo no estaré siguiéndole los pasos, ni que fuera su madre, eso te corresponde a ti —resopló Haizaki de mala manera, recostándose en el sofá.

No se trata de eso, Haizaki-kun. Es solo que Ryota no es nada estable en su vida y siempre hace demasiadas cosas —dijo Stephanie—, y me preocupa el conjunto con toda esa informabilidad en su vida, y que algún día esa admiración que posee le lleve a hacer cosas nada buenas —confesó al fin.

¿La admiración que Ryota siente por el idiota de Daiki? —inquirió Haizaki, enarcando una ceja, haciéndose el desentendido.

Quizá este exagerando, después de todo la Unión Milagrosa es venerada por muchos en este mundo, pero hay algo que me inquieta de todo eso, Haizaki-kun.

Yo digo, señora, que estas de paranoica. Ahora veo de donde sacó Ryota lo dramático.

Haizaki-kun, Ryota ha decidido que saldrá de viaje por el mundo para explorar y ya no podré cuidarlo como su madre que soy, porque mi hijo es independiente y no puedo seguirlo a donde quiera que vaya —habló nuevamente Stephanie.

¿Se irá? Ja, el idiota no me dijo nada —bufó Haizaki y sonriendo con una burla amarga—. De todas maneras, no veo que tenga de malo…

Haizaki-kun, mi instinto como madre me dice que solo tú eres capaz de protegerlo —interrumpió Stephanie, ahora sí mostrándose seria y mirando atentamente al licántropo.

¡¿Hah?! ¡Yo no soy su puta niñera! —exclamó Haizaki, frunciendo el ceño, nada feliz con eso y poniéndose de pie dispuesto a correr a la mujer vampiro ahora.

Por favor, Haizaki-kun, prómetelo —insistió Stephanie, sin inmutarse e incorporándose para ver mejor al licántropo, sin temor—. Prométeme que cuidarás que mi Ryota no haga ninguna tontería que ponga en riesgo su vida, por favor, te lo suplico.

¡¿Por qué mierda me estás diciendo eso a mí?! ¡Ryota tiene a más amigos! —gruñó Haizaki.

¡Pero sus amigos no lo ven como tú lo ves, Haizaki-kun! —señaló Stephanie, firme.

—… No sé de que putas está hablando ahora…, señora —Haizaki le miró y sonrió de forma amenazante.

Haizaki-kun, conmigo no sirve de nada que te pongas a la defensiva —advirtió Stephanie con una mirada fría y segura—. Como madre que soy de mi Ryota, se bien quiénes son personas sinceras para él y noto si su cariño es verdadero.

¡Pura mierda! —exclamó nuevamente Haizaki— Si solo viniste a mi casa a decir esas estupideces, mejor lárgate.

Pero Stephanie miró al chico de cabello gris con obstinación, sin dar marcha atrás.

¿Alguna vez te preguntaste por qué deje que mi hijo se juntara contigo, pese a todo lo que se decía de ti?

Tch, seguro por el puesto de mi madre, ¿qué no?

Nada de eso, a mi me valía un comino el puesto de tu madre —aseguró Stephanie—. ¿De verdad crees que una madre dejaría tener como amigo a un chico maleducado, mujeriego y que solo se la pasaba en luchas callejeras solo por el puesto de su madre? —inquirió.

—… —Haizaki la fulminó con la mirada. Era cierto que todo eso que decía, pero tampoco se avergonzaba o arrepentía de dichas cosas, total, su madre bien le regañaba, mas nunca estuvo lo suficiente con él como para de verdad lograr que dejara de hacerlo y comportarse como debía.

Sí yo permití esa amistad, es porque noté y supe que tus intenciones con mi Ryota no eran realmente malas, como todo el mundo suponía y tú aparentabas, Haizaki-kun. Y sé que aunque ahora están distantes y pelean de forma más seguida que antes, ninguno de los dos querrá dañarse —afirmó Stephanie.

Seguro, sí él no se mete en mi camino… —masculló Haizaki, con acidez.

No me engañes a mí, yo sé descifrar bien la forma en que miras a mi hijo siempre —repitió Stephanie nuevamente—. Sé que tú lo…

¡Joder, ya entendí, puta madre! —exclamó Haizaki y pateó el sofá, haciéndolo chocar contra la pared de su casa con tremenda fuerza— ¡Pero aunque eso sea verdad, yo no voy a estar rogando por la maldita atención de Ryota! —replicó con orgullo y sonrió.

Yo no te pido que lo hagas, Haizaki-kun, incluso auque estés de lejos, pero protégelo siempre, por favor. Prométemelo —Stephanie le miró con suplica, pero a la vez firmeza—. Yo sé que tú eres la mejor persona para eso e incluso tú lo sientes.

Tch… —Haizaki apretó los dientes con fuerza y empuñó ambas manos, pero no respondió; no se atrevía a decir que no, porque era verdad lo que esa mujer decía, lo quisiera aceptar o no, pero si accedía a hacerlo, también él corría riesgo no físicamente, sino emocionalmente.

Lo único que yo quiero es que Ryota siempre esté bien, por favor —insistió Stephanie con la angustia en su mirada, porque su instinto como madre la tenía inquieta.

—… Pero no me voy a desvivir por velar la seguridad de Ryota —advirtió Haizaki, dando otra patada a una silla que estaba ahí cerca.

No obstante, aunque hubiese dicho lo que dijo, terminó haciendo todo lo contrario, incluso ante su negación, ante su orgullo, ante el dolor que llegaría a sentir, no le importó, terminó protegiendo a Kise justo como su madre le pidió. Pero ya no solo lo hacía por esa mujer, sino porque así lo quería. Pero las cosas no eran fáciles para Haizaki, porque se negaba a aceptar lo que era obvio incluso para él, sobre todo cuando notaba la maldita admiración que el rubio seguía sintiendo por Daiki, que los celos también aparecieron en su corazón. No iba a obligar a Ryota a hacer algo contra su voluntad, pero estaba empezando odiar el hecho de sentirse desplazado por ese estúpido vampiro que apreciaba.

Y entonces, en un intento por querer hacer que Kise notara su "grandeza", para que viera que era la misma que de Aomine—o incluso mucho mejor—, se salió de control y en ese esfuerzo de hacer las cosas bien, terminó aprovechándose de su autoridad y ahora, lejos de que las personas y el rubio lo admiraran, fue justo lo contrario; le temían. Aunque esto último no era sentido por Kise, pero sí prefirió alejarse por completo para evitar problemas.

Aún con eso, Shogo encontró la manera de seguir protegiéndolo y velando por su seguridad; pero su personalidad había cambiado mucho. No le importaba ser odiado por los demás del mundo de La Noche y se mentía diciendo que tampoco le importaba lo que el rubio sintiera ahora por él, así que sus acciones violentas no se contuvieron cuando alguien le provocaba y mató a muchos criminales, quitándoles el derecho a juicio. Pero eso no era lo que alertó a Akashi, sino el hecho que descubrió que algunos de los guardías efectuaban misiones para mantener cuidando a cierto vampiro—pero sin conocer realmente el nombre— y eso le llevó a preguntarse, ¿por qué Shogo, un licántropo, mandaba a cuidar tanto a un vampiro? La malicia le trajo al vampiro pelirrojo las sospechas y como para ese momento, su relación con Kuroko seguía siendo buena, no dudó en comentárselo.
Sin embargo, aunque Kuroko le dijo que sería mejor comprobarlo, Akashi no quiso arriesgarse de más y aprovechando el mal uso de la autoridad del licántropo peligris, decidió que era momento de cambiarlo por alguien más de los clanes importantes que quedaban.

El maldito pesar y decepción que Haizaki sintió cuando se le avisó que sería sustituido por Kise fue algo que jamás podría olvidar. ¿Era ironico, no?, qué justamente la persona que protegía como su vida —por quién intentó muchos métodos para eso, sin importar si los demás le odiaban—, era la que venía sin dudas ni temor y sin importale poco su reacción, a presentarse.

Había sido un golpe muy bajo, se sintió tan traicionado, sobre todo al ver la galantería con la que el vampiro se presentó, tan dispuesto y nada culpable por acceder a tener un lugar en la Unión Milagrosa, todo porque quería estar más cerca de aquel peliazul.

Pero no conforme con eso, fue todo peor cuando descubrió el romance que se dio entre Ryota y Daiki, porque con eso, sintió que lo quemaban vivo, que incluso algo mucho más dentro que el corazón, le dolió. Y sintió impotencia, los celos quedaron en segundo lugar, ¡¿es qué acaso tenían idea del fin que tendrían si se atrevían a continuar con esa relación?! Lo que le pasara a Aomine le valía una mierda, pero no soportaba la idea de que Kise muriera por esa tontería.

Parecía que después de todo, Stephanie había tenido mucha razón, pero entonces, ¿qué haría ahora? Sino hacía algo él, Midorima o Kuroko serían los próximos en descubrirlo y sin lugar a dudas, se lo dirían a Akashi o si este último lo descubría, todo sería mucho peor, ni siquiera les daría ninguna segunda oportunidad.

Así que Shogo intentó hablar con Ryota, pero su orgullo y sentimientos heridos, además de su mala manera de expresarse verbalmente, no le dejaron lograr su comentido, su advertencia y lo único que logró, es que el rubio se alejara todavía más, creyendo lo peor de él.

Que tontería, ¿cómo es qué alguien que nunca tuvo la intención de amar y solo la vivía para el placer sexual, terminó haciendo algo como esto? Y en ese momento, no le importó sí esto que hacía significaba que estaba enamorado del idiota de Kise, en lugar de cumplir la promesa, como siempre se dijo a sí mismo para evitar un caos en su interior. Pero sí sentía que lo odiaba por todo lo que lo estaba haciendo pasar, por ese sufrimiento, mas incluso así, sabía que no podía dejarlo a su suerte y algo tenía que hacer para impedir que le mataran.

Y por eso, había decidido ser él mismo quién los delatara ante Akashi, pero planeó demasiado bien el terreno, para que eso se viera como una apuesta, para conservar su puesto en la Unión Milagrosa y no se sospechara que le verdadero motivo era otro. Porque sabía que sí el vampiro pelirrojo descubría todo con tiempo, además de ya tener las sospechas en su mente, le harían planear diferentes formas de afrontarlo, porque no podía darse el lujo de simplemente matar a un miembro de la Unión Milagrosa, no era así de fácil, de modo que Haizaki suponía que Akashi se iría por la táctica mental una vez tuviera atrapados a Kise y Aomine y a quién manipularía sin duda alguna, sería Kise, para no matar al peliazul y no podía matar al rubio tampoco, porque sí Daiki no moría, entonces era seguro que algo haría en su contra. Y serviría para chantajearlo, lo que quería decir que tendrían atrapado al ojimiel, pero Haizaki estaba dispuesto a jugárselas para después sacar a Ryota a donde sea que lo llevaran.

Fue tan sorprendente, cuando todo lo que su instinto le dijo a Shogo, se cumplió. Era como si las diosas en el cielo lo hubiesen ayudado, pero como él no creía en eso, no se detuvo a agradecerles en lo más mínimo.

Aunque logró salvar medianamente a Ryota, sabía que terminó ganándose su odio, pero estaba bien para Haizaki, siempre y cuando el rubio estuviera con vida. Sin embargo, la parte final de su plan no salió como quiso. Pues en más de una ocasión intentó ir a donde estaba encerrado para darle algo de ayuda en secreto y empezar a pensar como sacarlo de ahí, pero como seguía en la cuerda floja, no podía hacer tantos descuidos o todo sería peor y si lo mataban a él, ¿quién seguiría cuidando al rubio? Porque perdió mucho tiempo también en investigar el lugar en el que Kise estaba encerrado, pues no era en ninguno de los que él conocía. De modo que Shogo tuvo que aguantar estar sin saber cómo y dónde estaba el vampiro, hasta que de alguna manera, él y Kuroko formaron una indirecta alianza; no se dijeron ni explicaron nada, era solo que el peligris notó que su deseo era el mismo que el del peliceleste —ayudar al rubio—, así que solo se encargó de mantener distraído aquella ocasión a Midorima al hacer que Takao apareciera por ahí.

Y aunque no preguntó nada, de alguna manera, la inmensa preocupación que sentía, disminuyó un poquito al saber que había sido Kuroko quién fue a ver a Kise. Aunque lo que Shogo no sabía, era la fatal condición en la que el otro se encontraba, pese a solo tener idea de en qué lugar se encontraba. Y si hubiera tenido un poco más de tiempo, en vez de ser llamado para atacar al nuevo juguete de Aomine, él hubiese terminado yendo a Eretz para sacar al vampiro de ojos miel de ahí.


De verdad que te odio tanto, Ryota, pensó Haizaki en algún lugar de su mente, sin ser consciente que justo ahora mismo, Alex continuaba curándolo.


Sí bien Aomine salió del campo mángnetico en que Himuro lo dejó atrapado, luego de diez minutos, le costó demasiado encontrar el maldito camino de regreso. ¿Habían sido dos jodidas horas que estuvo dando vueltas en el bosque sin lograr salir de este?, seguramente ese maldito chupasangre hizo algún otro hechizo para que no llegara tan rápido con Kagami. Pero no importaba, porque el peliazul continuó luchando con firmeza, hasta que justo cuando empezó a amanecer, por fin llegó a la casa de Alex, cansado, pero todavía tenía en su mente lo que debía haber. No importaba si el pelirrojo se negaba a hablar con él, se lo llevaría a rastras, porque no dudaría en enfrentarse al vampiro pelinegro, nadie impediría que aclarara las cosas con su novio.

No se molestó en entrar por la puerta, simplemente se quedó de pie frente a la casa a una distancia de tres metros, escuchando y olfateando, hasta que sintió el olor de Kagami justo en el tercer piso, la que era la habitación donde hicieron el amor la última vez y eso de alguna forma hizo sentir mal a Daiki, pero a la vez bien, fue una sensación extraña.

Pero sin impedimentos y consciente de que el pelirrojo probablemente lo escucharía llegar, se arriesgo y como no había muchas personas rondando por ese barrio, además de que el sol no terminaba de salir, trepó usando las protecciones de metal de las ventanas hasta llegar al balcón de Taiga, donde la ventana estaba abierta. Sin embargo, al momento en que saltó al interior, la puerta de la habitación se cerró de un portazo.

—Genial —resopló Aomine—. Y yo que quería hacerla de Romeo —chistó con sarcasmo.

—Idiota —escuchó que Kagami le respondió desde la escaleras.

El peliazul suspiró y corrió velozmente para salir de aquel cuarto, siguiendo el olor del pelirrojo, cuando justo antes de llegar a la sala, el olor de Kise apareció y casi se tropieza al llegar.

Ahí estaba Kuroko nada más, claro, también Kagami y Kise, porque Himuro había salido con Shiro para mostrarle la ciudad, una vez que Alex le dio algo de sangre artificial para alimentarse.
Parecía que el rubio también acababa de llegar, siendo esto sospechosamente mal visto, como si las cosas no estuvieran ya complicadas.

—Hola, Aomine-kun —saludó Kuroko, como si no sintiera la tensión del lugar.

Pero el peliazul ignoró completamente a su amigo peliceleste y solo fijó su mirada en el pelirrojo.

—Kagami, necesito hablar contigo ahora —dijo, no como una orden, pero sin sonar suplicante. Más bien sonó algo urgente, pese a que la expresión de Aomine parecía relajada.

El pelirrojo estaba terminando de beber un gran vaso de agua que dejó en la mesa de centro, sin verle, para después incorporarse sin rastro alguno de quererle responder. No se sentía nada cómodo con la presencia del rubio y el moreno juntos, para nada, prefería mejor alcanzar a Tatsuya y su mamá.

—Antes de que le digas que no, Kagamicchi, debes saber que yo fui quién lo besó primero —dijo Kise repentinamente, haciendo que el peliceleste mirara de forma extraña al moreno.

Aomine frunció los labios y el ceño. Ese no pareció un comentario muy alentador.

Sin embargo, Kagami arrugó el entrecejo y miró al rubio, quien le dedicó una sonrisa de disculpa que no se tragó en lo más mínimo; ahora no sentía la poca confianza que anteriormente sintió con Kise al conocerle. ¡Cómo si con saber eso hiciera que dejara de sentir esos celos homicidas! Ganas no le faltaban de querer golpear algo o gritar, pero no haría un drama, porque sabía que sería algo hipócrita de su parte, dado que cuando Tatsuya se despidió de él hace un par de días—confesándosele antes de que su relación quedara aclarada y él hubiese despertado—, también lo besó aún estando con Aomine.

Pero eso no quitaba que se sintiera como se sentía, obviamente. Mas aunque quisiera castigar un poco al peliazul, no podía darse ese lujo cuando las cosas peligrosas estaban por empezar y porque se había sentido tan ansioso al no saber sí el moreno estaba bien. Así que no estaban para momentos infantiles.

Finalmente, el pelirrojo suspiró.

—Al bosque, ahí —aceptó Kagami, mirando con gesto serio al lycan peliazul y sin esperarlo ni decir nada más, salió de la casa con paso veloz.

—El aura de Kagami-kun da algo de miedo —masculló Kuroko como quién no quiere la cosa.

—Cállate, Tetsu —gruñó Aomine, lanzándole una mirada de molestia, para después salir tras el pelirrojo.

Kise había observado todo y finalmente se sentó al lado del vampiro peliceleste. Ya se había desahogado en el bosque, pero todavía parecía que no era suficiente.

—Vaya, no tuve tiempo de decirle a Taiga que no pasara más de un día fuera de casa —suspiró Alex, llegando por las escaleras, algo tarde.

— ¿Cómo está Haizaki-kun? —preguntó Kuroko, ya que hace una hora dejó de ayudar, porque la rubia haría más procesos de curación que necesitaban libre el laboratorio.

Solo con la mención de ese nombre, hizo que los ojos del rubio miraran a la vampira.

—He sacado la mayor parte de la plata de su cuerpo que lo estaba matando —respondió Alex con una sonrisa tranquila, llevando una mano a su cadera—, así que está estable. Pero más tarde daré una última limpiada a su organismo, además de que empezaré a hacer su implante para el brazo.

—Muchas gracias —Kuroko sonrió de forma corta, pero sincera a la vampira.

Kise suspiró y sonrió ligeramente al oírlo, de forma amarga, ya que no sabía si sentirse "alviado" o enfermo por saber que el causante de su desgracia seguía existiendo, pese a saber que era estúpido ponerse así, dado que él mismo fue quién no lo dejó morir. Pero por esa misma razón, es que estaba completamente irritado y confundido, porque, después de todo lo que vivió por culpa de que el peligris lo delató, parecía que una parte de su persona, no podía ser tan cruel.

Gracias —masculló Kise.

Alex le contempló con suavidad y luego le sonrió de forma confortante.

—A veces creemos que el sol es más importante, porque ilumina la vida de todos —musitó—. Y nos olvidamos de la luna, cuando ella es quién nos acompaña y alumbra las horas más oscuras.

Aunque Kuroko sonrió discretamente por eso, Kise parpadedó confundido por esas palabras.

—Yo no entiendo…

—Está bien si no lo haces ahora, Kise-kun, algún día lo harás —apremió Kuroko.

Alex les dedicó una última sonrisa, antes de regresar a su laboratorio. Sus visiones de último momento le animaron a decirle lo que le dijeron al vampiro rubio, aunque sabía que todavía era muy pronto para algún cambio y siendo los seres qué eran, el tiempo era larguísimo.


Omg. ¡Más plot's rebelados! Al menos, por parte de Haizaki, alsdjkdla, ese pequeño hijo de puta ; ; ¿Se esperaban dicha historia? Desde un inicio tenía planeado que Haizaki sintiera "algo" por Kise, pero no sabía cómo incluirlo a la historia, espero que haya sido de su agrado, porque yo quedé muy satisfecha. Además, parece que hay más cosas que desenredar de ellos, ¿no? x'D.

y la que se le armó a Aomine por wey :v, jajaja. Adoro poner a Himuro como el sádico hermano mayor protector que es uwu.

Y, bueno, falta ver qué más sucederá ahora con Haizaki en el bando de "los buenos" :B.

¿Hipótesis? ¿Reacciones? ¿Sentimientos encontrados del público?(?) ¡Todo es bienvenido!, espero puedan dejarme sus comentarios, babies, los amo.