Nombre del capítulo: Patético.
Advertencias: Disclaimer TMNT versión humana; los personajes no me pertenecen, créditos a Nickelodeon. OoC [Fuera de personaje]. AU [Universo Alterno]. Situaciones dramáticas, vergonzosas, cómicas y poco románticas. Nada de lo ocurrido aquí tiene que ver con la serie original; todo es creado sin fines de lucro.
Puntos a tener en cuenta: Narración. —Diálogo. «Pensamientos».
Total de palabras: 1370.
Notas: -
Capítulo XXVI: Patético.
—Buenos dí-
El saludo de Leo se traba en su lengua al tiempo que su cerebro procesa con gran velocidad a los tres individuos que habían entrado a la cocina a desayunar.
Y sólo piensa una cosa:
Mejor no dice nada al respecto de esos aspectos de zombis. (Sabe que si lo hace la chica lo va a mutilar.)
—¡Hey, chicos! —Donnie tranquilamente deja encima de la mesada una jarra de café humeante y un plato con tostadas. Pareciera no importarle en lo más mínimo el aspecto macabro de sus hermanos—. Preparé café, creo que lo necesitan.
—Gracias por preparar el desayuno, Donnie. —Habla Mikey con voz cansada sirviéndose algo de ese café en su taza de gatitos de colores para después agregarle unas diez cucharadas de azúcar y un litro de leche.
Miwa sólo observa todo lo que hace el menor, casi sorprendida.
—No le gusta lo amargo. —Comenta Rafa también sirviéndose su café en su predilecta taza de tortuguitas que contrastaba demasiado con su forma de ser (pero que aún así era realmente tierno —según ella—).
—Ya me di cuenta. —Afirma quitando la vista de Mikey para agarrar cualquier taza cercana y servirse igualmente.
Porque le da flojera ir a buscar otra taza en el mueble.
—Eh... Esa era mía. —Alega Leonardo refiriéndose a la taza que había tomado la muchacha.
Ésta le mira con indiferencia.
—¿Te molesta? No tenía nada dentro. —Explica ella con monotonía.
El chico suda pero sonríe. Nervioso, pero sonriendo.
—No, ya no importa.
«¿Esto podría considerarse un beso indirecto?»
Miwa suelta algo así como un sonido silencioso de afirmación y sirve su café, agregándole sólo azúcar.
«No, claro que no»
—¿Acaso tuvieron una piyamada y no me invitaron? —bromea Donatello con toda la naturalidad del mundo. A su lado, Leonardo admira en silencio lo temerario que llega a ser el genio.
Mikey le dirige una mirada cansada junto con una sonrisa leve.
—Yo sólo diré que Renet me estuvo mandando mensajes a las tres de la mañana.
Leo mira hacia a Rafael, buscando también explicación de éste.
—Me dio sed. —Contesta el pelirrojo con sequedad y mira hacia otro lugar.
Entonces tanto Donnie como Leo dirigen su vista a Miwa. Ella sólo bebe de su café en silencio y evita el contacto visual.
Es claro que no va a soltar la información.
¡Ding, dong!
El timbre corta con el ambiente y enseguida el hermano mayor se pone de pie.
—Yo voy —informa con seriedad, dirigiéndose a la entrada. Se arregla un poco el desaliñado cabello mañanero y finalmente abre la puerta, encontrándose con un completo desconocido que usa lentes y muchos anillos—. Buenos días. ¿Se le ofrece algo?
—Sí... —afirma el hombre con cierto desagrado, y baja sus anteojos observando a Leo meticulosamente—. Vine a ver a Karai.
—Se equivoca de casa. Adiós. —Declara monótono y cierra de golpe la puerta.
Satisfecho por su acción se dispone a volver a su desayuno familiar, pero apenas da vuelta se encuentra a la dueña de la casa detrás suyo, con la taza de café aún en sus manos y una mirada acusatoria en su dirección. Vuelve a sonreír de manera nerviosa ante esa expresión.
—Deberías cambiar tu forma de recibir a los invitados —comenta con ligera ironía, rodeándolo y yendo a abrir la puerta, pero en cuanto lo hace su expresión divertida de borra para dar paso a la confusión—. ¿Hun?
Leonardo da vuelta de golpe a verlos. Ella lo conoce, y por el tono utilizado, parece que no lo estaba esperando para nada.
En cambio, contrario a la expresión de la muchacha, el tal Hun sonríe divertido.
—¿Me extrañaste, preciosa? —Habla con coquetería, y a Miwa le dan ganas de derramarle el café en la cara—. He venido a verte.
—Hun, lo nuestro se terminó —alega entre dientes, conteniendo su furia—. ¿Qué rayos estás haciendo aquí?
—Quería verte. Tu padre me dijo que ahora vivías con tus hermanos, y sólo quería pasar a saludar.
—No tienes derecho a eso. Deja de molestarme.
Cierra la puerta enseguida, pero algo traba ésta. Baja la mirada por donde se asoma el zapato negro de vestir y pronto siente el empujón para que la puerta se vuelva a abrir.
—Vamos, Karai. Sabes que no podemos vivir el uno sin el otro. —Insiste el joven entrando un par de pasos a la casa.
—No —niega seriamente, y poniendo la taza encima de la cabeza de él, desecha su café matutino sin más, con una sonrisa de autosuficiencia adornando sus labios rojos—. Y no, es no.
—Chiquilla insolente... —murmura molesto a más no poder, y levanta el brazo para propinarle una bofetada, pero ella no se intimida.
Y antes de que la toque alguien sujeta su muñeca. Levanta la mirada y se encuentra con unos furiosos ojos azules y una ligera sonrisa cruel.
—Te dijo que te largaras, ¿no? —habla Leo justo antes de darle un fuerte cabezazo que lo deja aturdido.
Le aplica una llave dolorosa en el brazo y lo obliga a salir de la casa.
—No regreses —advierte severo y cierra la puerta con fuerza, dejándolo totalmente fuera. Una vez acabada su labor, sonríe satisfecho y sacude sus manos como si hubiese tocado suciedad, pero al darse vuelta su sonrisa se borra—. Ah... Ja, ja, ja... Miwa...
—¿Qué fue eso? —inquiere apuntando con la taza hacia la puerta.
—Em... ¿Una ayudita? —Suelta más como interrogación que como afirmación. Ella enarca una ceja—. Sólo creí que sería necesario, porque... bueno... estuvo a punto de golpearte.
—Ok... No necesitabas ver eso —comenta para sí misma dando media vuelta y soltando un gran suspiro. El chico se muestra confundido ante eso—. En fin. Olvidemos esto y vayamos a desayunar.
—¿Qué es él de ti? —aventura deteniendo cualquier posible escape de la fémina.
Ella le observa de reojo.
—Es un... ex novio. Terminamos hace un año. Saki me lo había presentado.
—¿Siempre fue así?
—¿Así de imbécil? Pues sí —afirma con ligera burla—. Vivimos juntos un tiempo, pero... no funcionó.
—Te iba a golpear.
—Qué observador.
—Miwa, espera —ordena tomándole del brazo antes de que salga huyendo de toda la conversación. La muchacha no le mira—. ¿Qué me estás ocultando? —inquiere mirándola fijamente.
La castaña se encoje ligeramente, pero no demuestra la tormenta interna que tiene, que está sufriendo en silencio.
—Ya se está haciendo tarde —informa observando el reloj que cuelga de una pared—. Tengo que prepararme para trabajar. Con permiso.
Se suelta con ligera brusquedad y se aleja con rapidez. Pasa a la cocina veloz dejando la taza en la mesada, y sin responder las preguntas de Mikey sobre quién había venido, sale corriendo en dirección a su cuarto.
Apenas llega pone cerrojo y se aleja lentamente, sin quitar la vista de la puerta color blanco. Se sujeta de los cabellos en tanto su respiración se acelera y suena fuerte y profunda. Está hiperventilando y lo sabe, pero es lo único que puede hacer en tanto sus ojos le queman y su garganta duele a horrores. Pero no quiere llorar, no debe. No por una razón tan estúpida.
Se sorbe la nariz y niega un poco con la cabeza.
—No llores por una estupidez así —se alienta con pocas ganas—. Ellos no necesitan ver lo patética que eres.
«La persona tan patética que eras y seguirás siendo»
Se sienta en su cama mientras se vuelve a sorber la nariz, y tratar de limpiar la humedad en sus mejillas. Se reprende por estar así de sensible y culpa a su periodo por atacarla justo en esos tiempos.
Unos ojos azules la observan con ligera tristeza desde una ventana, indispuestos a darse a ver.
Continuará.
