Sonrojo:

Todo el mundo, tanto en su familia, en su grupo como sus compañeros de salón le habían dicho que Hana la amaba, pero ella no les daba importancia, ya que por más que se esforzaba para llamar su atención o para celarlo no funcionaban y la verdad que Alumi estaba perdiendo toda esperanza.

El día en que sus pensamientos cambiaron completamente, y empezó a creer lo que todos le decían fue cuando luego de clases tuvieron que quedarse ella y el rubio acomodando todo el salón de castigo por estar copiándose en un examen (todo por culpa de Hana claramente), una vez que terminaron se sentaron a descansar y entre charlas y risas Alumi notó que Hana tenía sus linda mejillas teñidas de un hermoso carmesí por el hecho de verla sonreír. Eso, aunque no lo crean, fue lo que le confirmó a la Itako los sentimientos del rubio, puesto que ese inesperado sonrojo no se lo había visto nunca ni por nada ni por nadie.