-Este calor es insoportable. –Se queja. Me quito la camiseta de mangas cortas que llevaba puesta y la dejé en la silla, haciendo luego lo mismo con los pantalones, me dan calor solo de verlos. Hemos dado un buen paseo desde el Vaticano, estaba empapada de sudor, me siento sucia. –Voy a darme una ducha. –Le anuncio. El asiente, distraído y se echa en la cama, desabrochándose dos botones de su camisa. Me muerdo el labio al verle hacer ese gesto. –Rick. –Lo llamo. Me mira, medio incorporado. Me doy la vuelta, dejando caer mis braguitas al suelo, caminando hacia el baño. No necesito verle para saber que me está siguiendo con la mirada. Me quito también el sujetador y se lo arrojo. Giro un poco la cabeza justo para ver como lo atrapa y sonríe. Me acomodo en el marco de la puerta, completamente desnuda, mordiéndome el labio de nuevo. -¿Vienes?

Me provoca, como siempre. Kate sabe perfectamente cómo moverse, como sonreír, como susurrar, como morderse el labio para volverme loco. Se pierde en el baño y oigo abrir la mampara de la ducha y sonar el agua. Me la imagino con las gotas de agua llevándose las de sudor, pasándose las manos por el pelo, cogiendo la pastilla de jabón y paseándola por toda la piel. La oigo cantar una canción, con voz sexy, hipnotizante. Me dirijo al baño y por el camino me quito la ropa dejándola desperdigada por la habitación. Observo su silueta a través de la mampara, siento como mi erección termina de despertar. Abro la mampara pero ella me ignora, como si no notase que estoy ahí. Pero lo sabe, claro que lo sabe, le gusta provocar. Se coloca de perfil, mirando hacia los azulejos, pero ahora puedo contemplar su cuerpo desnudo, al detalle. Sus pechos, firmes y cremosos, con ese delicioso sabor a cereza que me fascina, sus caderas que se mueven provocativamente mientras que se inclina para frotar el jabón en sus muslos, sus nalgas, redondeadas, que me muero por tocar. Gira y me da la espalda, se agacha un poco para coger el champú, que empieza a frotar suavemente sobre su cabello, mientras que mueve sensualmente las caderas. No puedo más. Entro en la ducha y cierro la mampara, atrapo sus brazos, lentamente los hago bajar, colocándolos en sus costados, mientras que la inmovilizo, hablo en su oído. –No deberías hacerme esto. –No se gira, pero puedo notar en sus labios una sonrisa, que pretende ser inocente, pero no lo es. -¿Hacer qué? –Murmura. Sonrío, como si no lo supieras bien. Llevo las manos a su pelo y termino de darle el masaje que he interrumpido, mientras que pego mi cuerpo al mío, queriendo que sienta lo que ha provocado.

Siento sus manos en mi pelo y su erección en la parte baja de mi espalda, muy cerca de mi tatuaje. Es excitante. Da un masaje con suavidad, acariciando mi cabello. Mientras la ducha sigue mojándonos, gotas de agua resbalan por mi cuerpo y aunque no lo pueda ver, también por el suyo. Siento que termina su masaje cuando coge la alcachofa de la ducha y empieza a enjuagarme. –Echa la cabeza hacia atrás. -Murmura. Obedezco y cierro los ojos, mientras que siento la espuma del champú resbalar por mis hombros y por toda mi piel. Unos segundos después deja de nuevo la alcachofa y pasea sus manos por mi cuerpo, lentamente. –Quiero hacerte el amor. –Susurra en mi oído y cada centímetro de mi piel se estremece ante sus palabras. Intento darme la vuelta pero me lo impide. –Tenerte así es excitante. –Intento calmar mi respiración, que empieza a ir a un ritmo frenético, ritmo que aumenta cuando me aparta el cabello y empieza a besarme en el cuello. Su lengua y sus labios hacen maravillas mientras que sus manos bajan lentamente, una por mi espalda, otra en mis pechos. Cojo esta ultima y la aprieto con fuerza, cuando siento como la otra acaricia suavemente en mi humedad. –Rick… -Se ríe y eso me excita aun mas, puedo notar su mirada arrogante en mi nuca. Empieza a frotar suavemente su pulgar contra el clítoris y no puedo evitar que se me escape un gemido. De repente para. –Quisiera probar una cosa…

Ladea suavemente la cabeza y me mira, veo en sus ojos oscurecidos el placer que siente. Tengo sus labios a mi alcance así que los beso, los muerdo, juego con ellos. Pero Kate no es de las que se quedan quietas y su lengua empieza a batallar con la mía. Nos quedamos sin aire, separamos nuestras bocas pero nuestros cuerpos siguen pegados. Vuelve a mirar hacia los azulejos, apoyando las manos en ellos. Llevo una de las mías a reunirse con ellas y se las acaricio con suavidad. –Despacio. –Me dice. La beso cariñosamente en el cuello. –Siempre. –Mientras que sigo acariciando sus manos con la mía llevo la otra a su espalda y la acaricio, lentamente. El plato de la ducha es lo suficientemente grande para hacer lo que quiero hacer, así que me arrodillo, sin dejar de acariciarla. Kate no se mueve ni un milímetro, sus manos siguen en la pared. Muerdo suavemente sus nalgas y con cuidado separo sus piernas.

Cierro los puños con fuerza cuando su lengua entra en contacto con mi clítoris y empieza a lamerlo y a succionarlo con lentitud. Grito de placer cuando sus dedos se unen al juego. Mis caderas se mueven al compas de su boca, buscando desesperadas más fricción. Rick aumenta el ritmo y siento como voy a explotar, pero cuando ya creo que no voy a soportar más placer, lentamente introduce un dedo en mi ano, haciendo que mi cuerpo convulsione con violencia y mi vista me nuble.

Ha sido increíble, es maravillosa. Me levanto y la abrazo con cariño mientras que siento las sombras de su orgasmo, el temblor, la respiración entrecortada, los sollozos que se escapan de sus labios al más mínimo roce de mi cuerpo con el suyo. Aprieta mis manos con las suyas y vuelve a ladear la cabeza, buscando mis labios. La beso suavemente, dándole tiempo para recuperarse. –Eres extraordinaria. –Le digo con sincera admiración. Ella se ríe, y me rodea la espalda con sus brazos, besándome. Mi erección palpita dolorosamente, necesita atención. Sonríe y lleva su mano hasta mi miembro, acaricia la punta, lo rodea con firmeza y hace lentos movimientos arriba y abajo.

Un gruñido animal se escapa de sus labios. Con habilidad salto sensualmente y rodeo su cuerpo con mis piernas, gimiendo los dos al sentir el delicioso e increíble contacto. Pero necesitamos más, los dos necesitamos más. Lleva su erección hasta mis pliegues y acaricia mi clítoris con ella, me aferro a su espalda, clavándole las uñas, mi cuerpo está extremadamente sensible, no puedo más, lo necesito dentro. Me besa con furia, nuestras lenguas vuelven a luchar pero esta vez no rompemos el beso por la falta de aire, no, nuestro beso termina cuando siento como de golpe Rick entra en mi cuerpo y me llena por completo, haciéndome gritar. Empieza a moverse con rapidez, cada embestida me golpea contra la pared y arranca un grito de placer de mis labios. Baja la cabeza a mis pechos y los muerde, los lame, disfruta con ellos, no puedo más. Dentro de mí vuelve a formarse otro intenso orgasmo, pero esta vez es para los dos. Mi cuerpo lo aprieta y lo endurece aun más. Gruñe, sollozo, embiste de nuevo, con más fuerza, más intensidad, mi cuerpo lo nota completamente endurecido, no soporto mas placer, necesito liberarlo, pero Rick no me deja y sigue empujando dentro de mí como nunca antes.

-Vamos, un poco mas mi amor, espérame, deja que haga esto, déjame llevarte al cielo. –Llora de placer cuando una última embestida la lleva a otra realidad. Su cuerpo me aprisiona, me tortura y voy con ella, los dos juntos. Es intenso, fuerte, placentero, romántico y nuestro. No puedo sostenerme, me dejo caer con cuidado en el plato de la ducha, con ella sobre mi regazo. Kate me abraza y apoya la cabeza en mi hombro, la noto débil, pero sé que es un cansancio agradable. Beso su pelo con dulzura. -¿Rick? –La miro con curiosidad, esperando. -¿Por qué nunca antes nos habíamos duchado así? –Me rio. Estamos de acuerdo.