Percy Jackson y Las Crónicas de Kane son propiedad de Rick Riordan… yo solo juego con ellos.
Annabeth XXIII
El Truco de la Roca.
Pasamos a Cerbero y los Campos Asfódelos, constantemente las almas se nos acercaban y trataban de hablarnos, pero pronto se daban cuenta de que no podíamos entenderles y se alejaban algo decepcionados. Marcus tomaba esto con la mayor calma, los miraba impávido y los ignoraba, como si no estuvieran allí, como si en realidad no nos encontráramos en el Inframundo.
Carter y Sadie no tenían tanta suerte en guardar sus verdaderos sentimientos al respecto. Sé que ellos ya habían visto muchas cosas, incluso almas mientras eran juzgadas por su padre en La Duat. He de suponer que ninguna se veía como estas, tan grises y confundidas. Carter trataba de evitarlas lo más posible, pero parecía que en cuanto más se alejaba, ellas más lo buscaban. Sadie era un poco más amenazante, a decir verdad, y muy pocas trataban de hablarle.
Katelyn aún era sostenida por su padre, con los ojos cerrados. No habían monstruos, nada con lo que Kat pudiera pelear, pero nos acercábamos cada vez más a los Campos de Castigo y allí hay perros del infierno, arpías y Las Benévolas, allí si podríamos encontrarnos con algunos problemas si ella no lograba controlarse. Confiábamos en que si no veía la amenaza, menos probable seria que cambiara.
Mientras, Percy y yo, caminando al frente del grupo, íbamos tomados de la mano sin separarnos. Ya habíamos pasados suficientes problemas aquí abajo y sabíamos muy bien que mientras estuviéramos los dos juntos podríamos salir de esta. No quiero presumir, pero ¿Cómo comparar esto con el Tártaro? Lo lograríamos, estoy segura.
El paisaje era completamente desalentador, como lo recordaba. Los arboles caídos, torcidos y marchitos, la tierra gris y el cielo lleno de estalactitas; las deprimentes almas que vagaban por el lugar y la perspectiva de poder terminar allí al morir, lo que podría pasar pronto si no teníamos cuidado. Decidí mantener mis pensamientos en otro lugar. Gire mi cabeza y divise los Campos Elíseos y en medio la Isla de los Bienaventurados. El sueño de cualquier semidiós, aparte de vivir más allá de la adolescencia.
…
Conocía la historia de Percy, Thalia y Nico viajando en busca de la cueva de Melinoe para evitar que Ethan Nakamura se robara la espada de Hades. Percy me había contado sobre eso, y ahora que tengo que realizar el mismo recorrido que hicieron ellos, trato de recordar todos los detalles. Lo cual es complicado con tantas cosas sucediendo a mi alrededor. Solo una persona sumamente perturbada y Las Furias podrían disfrutar de un espectáculo como este.
-Odio este lugar- dijo Sadie, su mirada posada en un sujeto obeso obligado a comer y comer hamburguesas. El sujeto sudaba por el esfuerzo, las mejillas llenas de comida; sollozaba y rogaba por poder detenerse o algo de beber. Cada vez que se detenía, latigazos azotaban su espalda. El hombre gritaba, escupiendo parte del contenido de su boca, y volvía a embutirse hamburguesas en la boca- ¿tienen que ser tan…?
-¿Crueles?- ofreció Carter, cuando ella no encontró palabras.
-Son mucho más que eso- intervino Marcus- pero ¿Quién los culpa? Toda esta gente se lo merece. Fueron juzgados y hallados culpables, no le puedes mentir a los Jueces del Infierno.
-¿No había otro camino?- inquirió Carter.
-Este es el único que conozco- respondió Percy, estaba muy tranquilo- es mejor no aventurarnos en este lugar.
Continuamos nuestro camino en silencio. No había nada que conversar tampoco. Todos teníamos una idea general del plan, no nos habíamos detenido a cuadrar los detalles (y que conste que yo no estoy muy contenta con eso). Lo básico: ir, encontrar a Melinoe y Abril y llevarnos a la esposa de Marcus con la menor cantidad de problemas y heridas posibles. Lo cual no es precisamente fácil.
-¿Tenemos que ir a hablar con Sísifo?- pregunto Katelyn. De vez en cuando la escuchabas murmurar cosas como perro del infierno apestoso, drakaenae asquerosa y así, siempre que pasábamos cerca de alguna de esas creaturas. Podía olerlas, seguramente- ¿no recuerdas el camino, Percy?
-La verdad, no mucho- Percy lucía un poco avergonzado- no recuerdo bien cómo llegamos allí. Prefiero asegurarme de que si es el camino.
-Estoy de acuerdo- asentí- lo último que necesitamos es dar una vuelta equivocada. Además, ya estamos cerca.
Señale a nuestra izquierda, dando un giro en una roca enorme, encontramos a Sísifo. El sujeto iba a mitad de camino de subir la su roca por la pendiente, se veía tan delgado que era increíble que tuviera la fuerza para cumplir con su tarea, gruesas gotas de sudor escurrían de cuerpo y parecía que no podía más. Llego arriba, casi parecía satisfecho, pero entonces la roca rodo cuesta abajo y estuvo muy cerca de arrollarnos.
-¡MALDITACEA! ROCA DE…- comenzó a insultar todo y a todos a su alrededor, en cuanto nos divisó, dirigió sus obscenidades a nosotros. Percy lo detuvo.
-¿Me recuerdas?- le pregunto. Percy ha estado tranquilo todo este tiempo, guardándose para el momento que fuera verdaderamente necesario.
-Tu- Sísifo lo miro con los ojos entrecerrados, entendimiento brillando en su rostro- tú…
-Necesito que nos digas como llegar a la cueva de Melinoe.
-Ja, como si fuera así de fácil- Sísifo rio de manera desagradable, nos miró de uno en uno, como midiéndonos. Fruncí el ceño, odio que hagan eso- ¿Quién de ustedes tomara mi lugar y subirá esta belleza hasta allá?- le dio unos palmaditas a la roca y luego señalo la pendiente, arriba.
-Déjenme- bufo Katelyn, pero era demasiado agresiva para su voz normal- yo le sacare la información.
Se debatió en el agarre que su padre tenía sobre ella. Era Kat, había tomado el control. Marcus la sostuvo con una fuerza impresionante, pero aun Percy y Carter tuvieron que ayudarlo, pues no solo era fuerte sino también escurridiza. No podíamos permitir que se escapara.
-Yo lo hare- dije.
Percy me miro con reproche, y no tardó en hacer saber su disgusto.
-No, Annabeth- discutió- lo hare yo, tu escucha lo que Sísifo tenga que decir…
-No, Sesos de Alga- me cruce e brazos, testaruda. Ya había tomado la decisión, no me retractaría- tú tienes que ayudarlos a sostener a Kat, yo puedo subir esa cosa ¿de acuerdo?
-Yo te ayudare- Sadie dio un paso al frente, sonrió despreocupadamente. O tratando, no quería verse débil frente a Sísifo- hagámoslo rápido.
Percy me dio una última mirada de que conste que no estoy de acuerdo y entre las dos empezamos a empujar la roca.
Pesaba horrores, y las partes desiguales se clavaban en mi hombro y espalda. Mis pies resbalaban al pisar pequeños montículos de tierra suelta, pero entre Sadie y yo logramos tomar el ritmo y la fuimos subiendo cada vez con mayor facilidad. Incluso me di el lujo de sonreír y felicitarnos, ella rio conmigo. No era difícil ¿de qué se quejaba este hombre?
Llegamos a un punto en el que la roca no avanzo más, pero tampoco parecía que volvería a caer. Sadie me miro.
-Sísifo debe ser un tonto- ella sonreía, verdaderamente divertida- ¿Cómo es que no había llegado hasta aquí, donde podía dejarla sin que cayera?
-Dejémosla- asentí, me sentía segura de que no se movería.
Parecía muy firme, por eso me desespero cuando comenzó a bajar nuevamente, rápida y con fuerza. La vi con impotencia, llego al final y tuve unas inmensas ganas de ir por ella y volver a intentarlo ¡yo podía dejarla arriba y terminar con esto! ¡Había logrado que se quedara quieta en un solo lugar! Seguro que si miraba mejor el terreno encontraría una parte más profunda y estable, yo podría…
-Annabeth, Sadie- Percy nos llamó, su rostro estaba contraído. Sus cejas juntas con preocupación- ya tenemos la dirección, tenemos que irnos.
Asentí con un leve titubeo. Me gire hacia mi amiga, allí supe que había pensado lo mismo que yo. Ella también quería volver por la roca, intentarlo una vez más. Mientras comenzábamos el descenso, tome su mano y le di un apretón comprensivo.
-Es parte del castigo ¿verdad?- pregunto en un susurro, aun conmocionada- esas ganas de regresar y tratar de nuevo, creer que puedo lograrlo. Era un truco ¿no?
-Lo era- confirme.
-Quiero irme a casa- suspiro. Me devolvió el apretón, y se movió rápidamente hacia su hermano.
Yo me moví también hacia donde estaba Percy. Tome su mano nuevamente, sintiéndome reconfortada de saber que estaba allí conmigo. Mire atrás, a donde estaba Sísifo.
-No estamos tan lejos- dijo Percy, su voz baja- pronto volveremos al campamento.
-Solo no te alejes de mí mientras tanto- pedí, aun perturbada por la engañosa tortura.
-Lo prometo.
