NOTAS DEL AUTOR: ¡Bienvenidos sean todos, fieles súbditos de la Gran Sirena! ¡El Guardián y Defensor de la Fe Verdadera, Tarmo Flake, los saluda!
Con mi promoción a Gran Caballero de la Orden Merótica tan cerca, me sentí motivado a entregarles este nuevo episodio. Mientras la Omnipotente Emperatriz Sirenosa prepara mi ascenso, los invito a relajarse con un poco de lectura trágica de calidad.
¡Hey, no se vayan! ¡Hablaba de mi fic! ¡Regresen!
Monster Musume no Iru Nichijou es propiedad de Okayado. El mundo es propiedad de la Gloriosa Emperatriz Absoluta, Meroune Lorelei. Esta historia fue hecha con el simple propósito de entretener, creada sin fines de lucro. ¡La Gran Sirena nunca será derrocada!
NO ES FÁCIL SER UNA ARACHNE
CAPÍTULO 29
¡Te odio!
Desperté temprano, más de lo habitual, siendo recibida por el frío matutino. El sol débilmente se filtraba entre las nubes invernales, empeñándose en proveer calor fútilmente al intentar atravesar la gruesa cortina. Pestañeé un par de veces para aclarar mi visión y estiré mi cuerpo. Observé mis manos, todavía cubiertas por los guantes de mi armadura. De alguna manera, me dormí en mi atuendo de batalla. Eso explica el incómodo dolor en diversas partes de mi persona, acompañado de una ligera jaqueca. Estaba sudada, cosa poco común con estas bajas temperaturas. Necesitaré un baño cuanto antes. Me levanté de mi lecho, lista para empezar el día. Entonces, me di la vuelta y mi rostro se tornó triste al notar lo evidente.
La cama lucía muy vacía sin ella.
Suspiré. Incluso cuando me rompió el corazón, no podía dejar de extrañar el tenerla a mi lado, sentir su respiración en mi cuello, sus manos recorrer mi figura y sus dulces palabras al oído. Ignorando la pesadez de mi interior, me dirigí camino al baño. Hesité un momento antes de abrir la puerta, pensando que podría encontrarla reposando junto a la pared, en mi espera. Reconsiderando tan infantil idea, salí de la habitación. No necesitaba ir a la sala por ningún motivo, pero aún así, fui hasta el lugar. Quizás ella se encontrara descansando en el sofá más grande, pensaba. Pero tampoco se encontraba allí. Era absurdo, no entendía por qué seguía pensando en esa mentirosa. Ella me engañó, me traicionó, me vio la cara.
Eres a quien siempre he amado…
Sacudí mi cabeza para despejar tan falsa declaración. Aquella mujer nunca dijo la verdad, solo le importó obtener placer físico de mí. Una vez que me hizo suya, me desechó como a un pañuelo usado para ir detrás de esa execrable arpía. No voy a llorar por ella, no derramaré lágrimas en su ausencia y no seguiré atormentándome con las patrañas que solía susurrarme mientras me tomaba presa en esas alevosas noches de lujuria desbordada. Ya no creo en sus falsedades, no caeré de nuevo. Su existencia me es indiferente.
Hasta el final de la muerte térmica universal…
Ridículo. Tal afirmación era físicamente imposible y lógicamente contradictoria para una mortal, sin importar que tan genuina pudiera sonar. Y aunque poseyera mi infinita existencia, su embustera naturaleza le impediría cumplir tal objetivo. Solo una otra declaración ficticia más en su red de falsedades. Inventos inverosímiles de una insensata estirpe diseñados para tomarme el pelo.
Eres la mujer con quien quiero envejecer…
Sólo estúpidas e irrisorias declaraciones de alguien que nunca tuvo sentimientos auténticos. Se jactó de preocuparse por mí, de ser su mayor prioridad, de amarme; Pero jamás fue sincera. La detesto, aborrezco con todo mi inhumano ser a toda su especie. Son molestas, soberbias, vanidosas, violentas, hipócritas y completamente falsas. Nada más que insinceras invertebradas descendientes de una terrible perdedora mitológica.
Te amo, Lala…
¡No! ¡Por la Antítesis de la Creación misma, no! ¡No continúes farfullando tus mentiras en mi cabeza!
Apresuradamente me introduje al cuarto de aseo, aseguré la entrada y con celeridad me deshice de mis incómodas ropas. Ya no deseaba seguir escuchando las fraudulentas proclamaciones de esa insoportable arachne. Arrojé fría agua a mi cara, empapando mi cabello y, con suerte, despejando esas ruines tonterías arácnidas. Pasaron varios segundos hasta que la temperatura del monóxido de dihidrógeno se hizo menos que tolerable. Era molesto saber que sin mis poderes desarrollados en su totalidad, el frío podía afectarme a pesar de ser una creación del Caos Infinito, pero al menos sentía a mi mente tranquilizarse.
Quiero seguir existiendo para ti…
¿Por qué aún me es imposible alejarla de mis pensamientos? ¿Por qué todavía sigo viendo su angelical sonrisa, observando su cautivante mirada y oyendo sus reconfortantes palabras? ¿Y por qué extraño tanto sus tiernas caricias sobre mi piel y sus dulces labios encontrándose con los míos? La odiaba, era definitivo. Su comportamiento fue inexcusable y no merecía perdón alguno. Continuar tolerando tan repudiable actitud sería caer en la inopia y enfrascarme de nuevo en la trampa sentimental que esa germana construyó alrededor de mí.
Entonces, ¿por qué mi corazón se siente tan mal? ¿Por qué mi abismal alma… se siente peor?
Ignoré de nuevo aquel tonto pensar. Retirando mi cabeza y colocándola de manera que pudiera ver mi acéfalo cuerpo, proseguí con el aseo. A mitad del enjabonado, este se detuvo. Me extrañé; Hace mucho que aprendí a controlar perfectamente mi entidad decapitada, pero ahora parecía que no respondía a mis comandos. Mi conexión con mi cuerpo es de las primeras lecciones que mi matriarca me enseñó, fusionar mi mente dividida para trabajar en unísono aún con ambas partes separadas fue uno de mis logros iniciales. Insistí de nuevo, pero este sólo se quedó ahí, inerte, como si estuviera muerto.
¿Te has sentido sola todo este tiempo?...
¿Sola? Debería verme ahora; Una cabeza abandonada por una mitad que se rehúsa a responder. De repente, el movimiento regresó a esta. Volví a querer tomar posesión, pero me ignoró. Mi cuerpo comenzó a temblar, como si la baja temperatura del ambiente se hubiera intensificado, tiritando como un explorador perdido en el ártico. Yo estaba confundida ante tan enigmático comportamiento, ¿qué le causaba aquel temblequeo tan espontáneo?
Sin aviso, se levantó y empezó a caminar alrededor del cuarto, aún rodeándose con sus brazos. Su pesado caminar recordaba a un aporreado veterano de batalla, usando las paredes como apoyo y casi resbalando con el húmedo piso. Mis intentos por recobrar el control resultaron infructuosos. Me preocupé cuando mi mitad se desplomó en el suelo, en una pose fetal, todavía temblando y recorriéndose a sí misma, queriendo calmar una comezón que no existía. No poseía cabeza alguna pero sus gestos sin duda eran lo de alguien llorando amargamente. No poseía dominio alguno sobre mi figura en ese momento, pero sentía su aflicción con toda claridad.
Mi cuerpo también la extraña.
Me perteneces para toda la eternidad…
¡Por supuesto que no! Esa bruja ha logrado adjudicarse el favor de mi mitad inconsciente. Como toda pérfida practicante de magia negra mental, ha puesto un terrible embrujo para obligarme a corresponderle. Pero no le funcionará, puesto que una hija del Abismo no será seducida fácilmente por los nimios hechizos que la descendiente de Arachne desee desencadenar. No importaba que las blancas paredes me recordaran ese pacífico e íntimo momento cuando compartimos el aseo mutuo. Me sorprende que le haya permitido tocarme tan libremente, sintiendo esas duras pero cuidadosas garras quitinosas acariciar mi azulada epidermis, estimulando los puntos débiles de mi entidad corpórea y ofreciendo acceso sin restricciones a mi cavidad bucal.
Tienes el trasero pachoncito.
Siempre actuando tan infantil y ridícula. Alabando innecesariamente mi figura, llamándome atractiva y mintiendo sobre mi supuesta belleza. ¿Por qué persiste en su afán de vanagloriarme con repetidas lisonjas? Soy un producto del Caos Eterno, el Infinito Vacío. No soy hermosa, no soy bella, solo soy muerte y destrucción sin cabeza alguna. Mis facciones no son tan delicadas y femeninas como las suyas, a pesar de lo que su masculino corte de cabello pudiera sugerir a primera impresión. Tampoco mis glándulas mamarias poseen el favorecido tamaño que ella ostenta y, aunque admito que la anchura de mi cadera es superior, es su esbelto y atlético cuerpo lo que le hace más atrayente que yo.
Ahí noté que mi otra mitad ahora se hallaba frente a mí, hincada y con los brazos extendidos. ¿Acaso, me estaba invitando a unirnos? ¿Por qué? ¿Por qué hacía esto? ¿Por qué actúa de manera tan amable después de…?
Me estaba perdonando.
Lo comprendí, mi cuerpo me estaba indultando. Mi propio ser me había rechazado y ahora me exoneraba. Por ello se negó a obedecer, a seguir mis mandatos. ¿Pero por qué? Era lo que no lograba entender del todo. ¿Qué fue lo que hice mal en primer lugar? ¿Cuál fue mi falta? Lo único que he hecho es…
– "Es porque estuve hablando mal de ella, ¿cierto?" - Le pregunté a mi tronco acéfalo.
Era irónico. Terminé hablando conmigo misma, como si de otra persona se tratara. Mi cuerpo actúa regido por mis instintos y deseos, mi Id. Y al parecer, este no desea que menosprecie a esa arachne. Mi subconsciente, residiendo de manera física en ese contenedor de azulada carne Abismal, la defiende.
– "Sabes que no puedo eximirla."
La mitad reaccionó alejando sus manos y dándome la espalda. Absurdo, actúa como una niña caprichosa y no quiere seguir órdenes. Al estar separada, pierdo gran parte de mis poderes, así que no puedo obligarla a obedecer por la fuerza. Patrañas, absolutas patrañas. ¿Por qué debo reconciliarme con mi propio ser? ¿No entiende que su proceder es egoísta? ¿Qué debería dejar de ser tan irracional?
– "¿Ahora te enfadas de nuevo, necia?" – Le pregunté. – "Estás siendo irrazonablemente egocéntrica."
Siguió sin voltear.
– "¿Sigues sin considerar lo que tengo que decir, insensata? Eres parte mía y aún así eres tan inmadura. ¿No entiendes que no hay peor capricho que…?"
El negar perdón sin escuchar…
Callé de inmediato. Mi cuerpo no me estaba ignorando, me estaba dando una cucharada de mi propia medicina. Yo actué de esta manera con la arachne la noche anterior y ahora lo experimentaba desde el otro lado. La necia era yo.
– "¿Qué harías tú en mi lugar?" – Le cuestioné. – "¿Cuál es tu infalible plan, sabionda?"
Esta apuntó su dedo a una de mis orejas y luego señaló a la puerta. Mi mitad solo quería que oyera lo que la germana tuviera que decirme. Suspirando, acordé hacerlo y le solicité volver a colocar la cabeza en su sitio. Esta aceptó y nuevamente volvíamos a ser una. Quizás mi Id tenga razón, tal vez sería mejor dialogar correctamente con la descendiente de Arachne e intentar resolver las cosas.
Pero hoy no.
Ignorando esa incómoda sensación recriminándome en la mente, me vestí, arreglé y salí del baño. No planeaba separarme de mi entidad corpórea por nada del mundo y tampoco seguir su consejo. Yo soy la mitad consciente, la juez que dicta lo que más me conviene. Y en ese momento, no me convenía estar cerca de esa infame mujer de ocho patas. El reloj indicaba que eran las siete de la mañana, así que fui a la cocina a comenzar con el desayuno. No tardaré, puesto que ya no tengo que preocuparme por cocinar para ella, sin contar que cuento con la asistencia de la lamia y el humano. Me decanté por algo simple y puse algo de carne en la sartén mientras colocaba vegetales en una cacerola. El característico sonido de largas y delgadas piernas caminando por el pasillo me hizo voltear.
– "¿Aria?" – Pregunté sin pensarlo dos veces.
Pero nadie estaba ahí. El sonido de nuevo se hizo presente, esta vez en la dirección de la estufa. Aparentemente, confundí el sonido del aceite salpicando con el trote de la teutona. Agité mi cabeza y proseguí la preparación del alimento. Durante ese tiempo, noté que el resto de los inquilinos habían decidido no madrugar, como evidenciaba su ausencia. Pasaron varios minutos en los que deduje que sería la encargada de cocinar por completo esta mañana. Tampoco es que me moleste, haría lo que sea con tal de mantenerme ocupada. Sirviendo la mesa, aparté mi ración y me senté a degustar el platillo.
– "¡Guten Morgen, Spatzi!" – Me saludó esa acentuada voz.
– "¡Dia dhuit ar maidin, A chui…!"
Me detuve. No solo le había dado los buenos días, sino que tampoco ella se encontraba en el lugar. Miré extrañada hacia la cocina vacía, con solo el sonido del reloj en la pared proveyendo ruido alguno. Extremadamente extraño, juraría que la escuché con toda claridad. Volví a sacudir la cabeza, mi cerebro me estaba engañando de nuevo. Tanto tiempo residiendo junto a esa invertebrada me ha causado síntomas similares a dejar un mal hábito. Simplemente debía desintoxicarme y ella estaría fuera de mi sistema.
Terminé de deglutir, sin ser interrumpida. Curioso que ni siquiera el dueño de la casa se presentara en su habitual trayecto a la ducha matutina. Hoy no parecía ser un día de descanso, pero quizás el frío debió provocar una especie de instinto de hibernación en los residentes, especialmente para esa ofidia pelirroja. Sin tomarle importancia, opté por la limpieza casera cotidiana. Tomando una escoba y recogedor, empecé el ritual de barrido. Para estos momentos, al menos la centáuride ya debería haber aparecido o incluso…
– "¡Ah, eso huele delicioso, Spatzi!"
Sabía que ella vendría. Incluso si se encontrara en un estado profundo de depresión, su metabolismo la obligaría a ingerir energías calóricas. Me vi al espejo de la sala en ese momento; Yo estaba sonriendo. Cambié de inmediato la expresión, regresando a mi impasible faceta regular. No debía alegrarme por sus cumplidos. De hecho, no debería alegrarme por su presencia siquiera. Ella me engañó, mintió y embaucó. Haciendo una mueca furiosa, encaré a la estafadora para hacerle ver que no era digna de dirigirme la palabra.
Pero ella tampoco se encontraba allí.
De nueva cuenta, solo fui recibida por la afonía ambiental. Solté la escoba y esta cayó al suelo, creando un fuerte eco por toda la casa. ¿Qué me estaba sucediendo? Miré alrededor, intentando averiguar si esto no era más que una broma de la limo y la pequeña arpía o tal vez alguna sucia treta de la hija del Caos Reptante.
– "¿Quién anda ahí?" – Cuestioné a nadie en particular. – "¡Manifiéstate!"
Silencio una vez más. Me hiperventilé al considerar si mi cordura estaba en peligro. No podía ser, no podía estar volviéndome loca. ¡Alguien o algo es quién está detrás de esta artimaña! Solo debía encontrarlo. Con un bufido, inicié la búsqueda del elusivo perpetrador. Levanté cojines y separé muebles, sin éxito. Revisé que los aparatos electrónicos no estuvieran encendidos o que las ventanas se hallaran abiertas. Pero en la residencia no se encontraba nadie a la vista. Me golpeé un par de veces la cabeza para reacomodar mis pensamientos, sólo era mi estúpida imaginación y sus sucias jugarretas.
Retomando la labor, acabé sin problemas y me dispuse a relajarme leyendo en la sala. La selección de libros en esta morada era bastante menor a la esperada y de temática no muy amplia, comparada con la de mi aposento. Había un compendio con información sobre arachnes, el cual ignoré. Finalmente hallé una copia algo empolvada de los trabajos de Sófocles. Retirando las moléculas de suciedad, me senté en el gran sofá a degustar una buena lectura. Desgraciadamente, el ejemplar se encontraba en peor estado por dentro; Todas las páginas estaban arruinadas, chamuscadas, el fuego las había consumido. Las manchas de hollín hacían el leer imposible, dejando legible únicamente una solitaria línea perteneciente a la obra Edipo Rey:
"Los males más dolorosos, son los que uno se infringe a sí mismo…"
No tenía caso batallar con un libro arruinado. Regresándolo a su estante, continué buscando otro tomo. Al no encontrar alguno satisfactorio, me resigné a prender el televisor. No soy muy adepta a los insulsos sinsentidos que se emiten en la caja idiota, pero con suerte me toparía con algo de interés. Sin embargo, como si fuera una infortunada coincidencia, la recepción brillaba por su ausencia, con todos los canales con estática como transmisión principal. Recorriendo la nula selección con el control remoto, el único programa disponible era un documental sobre la neutralidad de Irlanda durante la Segunda Guerra Mundial y el efecto adverso que aquello tuvo en su reputación.
Apagué el aparato, no quería saber de ese periodo en particular. Acudí a mi último reducto: La radio. Enciendo el reproductor principal en la sala, oprimí los botones de la consola para hallar señal en la frecuencia modulada. Afortunadamente, encontré música clásica en la estación Tormenta 6.06, llamada así según la voz de la locutora. Tocaban una pieza reconocible para cualquier persona versada mínimamente en las obras de Mozart; La Flauta Mágica. Complacida, me senté a deleitar mis oídos con las majestuosas melodías del genio austriaco.
Der Hölle Rache kocht in meinem Herzen…
Abrí los ojos. Como si el universo mismo hubiera planeado conspirar contra mí, me di cuenta que todo lo anterior tenía demasiada relación con Jaëgersturm. El nombre de la estación (Sturm), el número de esta (su cumpleaños), la obra alemana (Die Zauberflöte), creada por el artista con el mismo nombre de su abuelo (Wolfgang). Y según me contó ella en una ocasión, esta aria en particular era su canción de cuna. Desconecté el aparato de inmediato, respirando agitadamente de nuevo.
¿Qué demonios estaba sucediendo hoy? ¿Por qué de repente todo me recuerda a Aria? Miré alrededor de mí, viendo lo vacía que seguía luciendo toda la casa. Ningún habitante se había presentado aún y las manecillas marcaban pasadas más de las seis de la tarde. ¿Pero cómo? ¿Cómo es posible que el tiempo hubiera transcurrido tan abruptamente? ¿Acaso he perdido completamente la razón?
Corrí rápidamente a investigar el resto de las habitaciones. Toqué las puertas insistentemente para ser recibida por el mudo ambiente. Intenté abrirlas pero se hallaban con seguro. De repente, escuché el sonido del agua corriendo en el baño. Sin importarme a quien pudiera encontrar lavándose en privado, forcé la entrada hasta que esta me permitió pasar. Al hacerlo, solamente encontré un grifo abierto, derramando el frío líquido fuera de la bañera. Lo cerré y regresé a la averiguación del paradero de los inquilinos.
Todo fue infructuoso. De alguna manera, todas las recámaras se hallaban fuertemente cerradas, dejando solo un cuarto sin explorar; El ático. No quería investigar, porque sabía que volvería a encontrarme con ella. Sin embargo, era el último recurso y quizás, si no hallaba a la Sparassidae, podría solicitar información con esa degenerada tejedora. Exhalando, subí las escaleras plegables y abrí la pequeña puerta del lugar.
Nemo ex amoris vulnere sanus abit.
Ese solitario escrito en la pared del interior, plasmado con la más roja tinta como si fuera sangre, era el único acompañamiento en la lúgubre habitación. No había cama alguna o pertenecías, tanto de la cazadora como de su compañera, simplemente cientos de telarañas y un fuerte olor a quitina almizclada. Anormal, totalmente anormal. Juro que pude ver al texto impregnado escurrirse, pero regresó a la normalidad después de fuertes parpadeos. Entonces, oí la puerta principal hacer ruido.
Bajé enseguida a recibir a quien fuera, solo deseaba ver una cara familiar que me explicara lo que estaba sucediendo. Me alegré al ver a todos los miembros que conformaban esta inusual familia cruzar la entrada, platicando y riendo como si nada. Cargaban con varias bolsas con víveres y demás objetos.
– "Creí que habían desaparecido." – Comenté acercándomeles.
– "Ah, Lala. Salimos a comprar por un rato." – Dijo el humano. – "¿Sucedió algo?"
– "Oh, no, nada. Déjenme les ayudo con esto."
– "Gracias, Lala, muy amable de tu parte." – Sonrió el muchacho.
Tomando el mandado en mis manos, los llevé hasta la cocina para depositarlos. Mientras organizaba los ingredientes en sus estantes correspondientes, me percaté de la falta de cierta arácnida germana entre el grupo de liminales.
– "¿Dónde está Aria?" – Cuestioné con tono preocupado.
– "¿Eh?" – Replicó la lamia. – "¿Preguntaste por quién, Lala?"
– "Por Aria, ¿Dónde está ella?"
– "¿De qué estás hablando, dullahan?" – Preguntó Rachnera.
– "Hablo de la arachne con quien compartes tu cuarto, tejedora." – Respondí.
Todas se enmudecieron con expresión despistada, como si hubiera dicho algo completamente ilógico.
– "Lala, ¿te sientes bien?" – Habló Centorea. – "¿Es este otro de tus crípticos discursos sobre la muerte?"
– "Nada de eso, centáuride." – Negué con la cabeza. – "Sólo deseo saber el paradero de nuestra más reciente inquilina."
– "Disculpe, Lala-san, esa sería usted." – Afirmó Meroune.
– "Te equivocas, hija de Neptuno." – Repliqué impacientándome. – "¿Qué nadie entiende a quien me refiero?"
– "¿Pero quién es Araya? ¿Una amiga tuya?" – Inquirió la confundida arpía.
– "Aria. Aria Jaëgersturm." – Enuncié con severidad. – "Alemana, rubia, atlética, dos metros treinta de alto y cinco y medio de ancho, patrón de flama en su abdomen. ¡Ustedes saben bien quién es!"
– "Aquí no vive nadie con ese nombre." – Aseguró Miia con cara de incredulidad.
– "¡No tengo tiempo para bromas!" – Vociferé. – "¡Sólo dime donde encontrarla!"
– "¿Acaso no entiendes que nadie conoce a esa persona, demente azul?" – La tejedora me sostuvo del hombro. – "¿Estás bajo los influjos del alcohol o solamente es tu típica locura?"
Alejé su mano de mí. Esto debía ser una broma, simplemente una broma de mal gusto de su parte como venganza por mi comportamiento con Jaëgersturm. No podía confiar en ellas. Mí única opción, era el humano.
– "¡Mortal!" – Llamé su atención. – "¡Dime que tampoco estás involucrado en esta absurda treta e infórmame para localizar a la arachne faltante de una vez!"
– "Lala…" – Contestó él con nerviosismo. – "No tengo idea a quien te estés refiriendo. No conozco a ninguna Aria Jüger…"
– "¡Jaëgersturm, mortal! ¡Su apellido es Jaëgersturm!" – Le grité tomándolo del cuello. – "¡Me decepciona que igualmente te prestes para estos infantiles juegos!"
– "¡Por favor, te juro que ignoro que de hablas!" – Respondió asustado. – "¡Te ruego de tranquilices!"
Lo solté con furia y lo dejé caer al piso. Miré de nuevo al grupo de mujeres, tanto asustadas como molestas por mi comportamiento. ¿Qué burdo intento de burlarme han tratado de llevar a cabo? ¿En verdad su deseo de escarmentarme es tanto que se esfuerzan por seguir fingiendo? ¿Acaso esa alemana los sobornó sobradamente?
– "Serénate, te lo suplico, Lala." – Intentó calmarme Kurusu. – "Nadie tiene conocimiento sobre la persona que estás buscando. Te lo aseguro."
– "¡Calumnias y engaños de un grupo de marionetas!" – Espeté enfadada. – "¡Su afán por confundirme será considerable pero no suficiente para hacerme caer! ¡Yo misma encontraré a esa mujer y le haré saber lo que pienso de su patético teatro guiñol!"
Iracunda, inicié una cacería de brujas por toda la residencia. Pateé cada puerta, moví cada mueble y hurgué todo escondite, sin éxito. Era como si ella se hubiera esfumado, pero aquello era imposible. Ni siquiera se hubiera atrevido a huir sin hacérmelo saber en primera. Sé que no lo haría.
– "¡¿En dónde estás?!" – Bufé a la nada, causando un caos total en la casa. – "¡Muéstrate, descendiente de Arachne! ¡Sé que te encuentras aquí!"
Sin esperarlo, mi cuerpo fue apresado por dos poderosos brazos desde atrás, impidiendo todo movimiento que no fuera mi cabeza o mis piernas. Traté de liberarme pero las extremidades eran tan firmes como troncos de árboles gracias a la extrema fuerza de su dueño, al igual que por la gruesa armadura. Sorpresivamente, el cañón de un arma hizo contacto conmigo, apuntando a mi frente.
– "No te muevas, desquiciada." – Amenazó la agente del gobierno, Kuroko Smith. – "Incluso una inmortal puede sufrir dolor y créeme que no dudaré en jalar el gatillo sin continúas esta insulsa rabieta."
– "¡Mortal, cometes un error!" – Le contesté. – "¡Sólo deseo hallar a Aria!"
– "Ignoro si ese es un nombre clave para algún líder criminal o solo estás loca, pero aquí no hay nadie llamada así." – Respondió la pelinegra. – "¡Manako, Zombina, no dejen de apuntarle! ¡Voy a esposarla!"
– "¡No! ¡Déjenme!" – Protesté pataleando. – "¡Necesito verla!"
– "¡Tionishia, pacifícala!" – Ordenó la mujer del gobierno.
Acto seguido, la ogresa sosteniéndome colocó una mano en mi boca, bloqueando mi habla. Sin delicadeza, me estampó en el piso y con su peso evitó que siguiera quejándome. La coordinadora no dilató en esposarme con esos grilletes policiacos al tiempo que las lágrimas se formaban en las comisuras de mis globos oculares. Mientras me arrastraban a la salida, me percaté del anormal color rojo puro del cielo.
¿Por qué está pasado esto? ¿Por qué me niegan el hablarle de nuevo? ¡¿Por qué no puedo ver a Aria?!
– "Porque ella no existe, hermana." – Proclamó una infantil voz. – "Al igual que yo."
Giré mi cuello en dirección de la fuente. Me paralicé por completo al descubrir quien había hecho tal declaración. No podía ser; Esos ojos, ese rostro, ese cabello. Las memorias del pasado me atormentaban y se habían manifestado en esa personificación. ¡Imposible! ¡No, no!
…
– "¡NO!"
Me levanté de inmediato. Mi respiración era en exceso agitada y mi corazón bombeaba sangre a su máxima capacidad. El sudor impregnaba enteramente mi cuerpo, dejando mi ropa y la cama húmedas. Tardé varios tensos segundos en recobrar la razón por completo y ubicarme. Parpadeé un par de veces y sacudí mi cabeza con vehemencia. Miré alrededor de mi posición, confirmando que me hallaba en mi habitación. Nada parecía estar fuera de lugar o haber cambiado desde la noche anterior. En el exterior, la lluvia empapaba el cristal de la ventana y los truenos hacían eco en la distancia.
Fue una pesadilla.
Suspiré aliviada. Una horripilante pero inofensiva ilusión creada por mi cerebro en mi estado de reposo, liberada al estar fuera de la vigilancia de la consciencia. El medidor de tiempo indicaba las siete de la mañana y opté por iniciar mi rutina con un baño. No hubo extraños comportamientos por parte de mi cuerpo en esta ocasión, aunque sabía que no sucedería en primer lugar. Podía relajarme, no experimentaría esas desagradables coincidencias recordándomela a cada momento.
Aria…
Por el Eterno Vacío, aún seguía pensando en ella. Debería odiarle, maldecirle y rehusarle; Pero me era en extremo difícil. El monstruoso sueño, a pesar de torturarme la psiquis malsanamente, me hizo ver que no puedo olvidarla aunque lo deseara. Esa mitad invertebrada, desee admitirlo o no, se ha convertido en parte notable de mi relativamente corta vida. ¿Acaso mi inconsciente intentaba decirme algo? ¿Trataba de convencerme de cesar las hostilidades con la arachne, para no sufrir por su ausencia?
– "¿Lala?"
– "¡Miia!" – Di un pequeño sobresalto. – "B-buenos días, ¿qué pasa?"
– "Oh, buenos días. Sólo quería saber si podríamos comenzar con nuestras clases."
– "Por supuesto, empecemos entonces."
– "Oki doki."
Encendimos la estufa e iniciamos la preparación del desayuno. La pelirroja había progresado a pasos agigantados desde su primera lección, si tomaba en cuenta la paupérrima situación en la que ella se encontraba al empezar. Todavía cometía errores con las especias, exceso de ingredientes o falta de tacto con la temperatura, pero en general, se estaba defendiendo decentemente.
– "Disculpa, Lala…" – Comentó la serpiente. – "Sé que no es de mi incumbencia, pero Aria estuvo llorando toda la noche. Incluso desde el ático, podíamos escucharla con claridad."
– "Es una pena que la aflicción de esa mentirosa te cause malestar, Miia." – Repliqué secamente sin quitar la mirada de la sartén. – "Corta los tomates de manera más uniforme, así se cocerán más rápido."
– "Yo sé que ella no se comportó de la mejor manera, ¿pero no crees que quizás la culpa no sea del todo suya?"
– "¿Estás de parte de esa embustera?"
– "No, estoy de parte de la verdad." – Alegó la lamia. – "Y si somos honestas, no hemos escuchado su versión de la historia."
– "¿De qué serviría que ella balbuceara sus falsedades? La evidencia no falsifica los hechos."
– "¿Podemos confiar en la prensa? Incluso siendo una aldeana de un país lejano, conozco perfectamente lo deshonesto que pueden ser los medios masivos, especialmente en casos tan controversiales."
– "¿Por qué insistes en ofrecerle una segunda oportunidad a Jaëgersturm, si también expresaste disgusto al ver el ósculo prohibido entre ella y la hija de Taumas?"
– "Bueno, quizás porque yo también cometí el error de juzgarla prematuramente basándome en evidencia aparentemente incriminatoria pero incorrecta."
– "El incidente que la llevó a confesar su orientación sexual frente a todas nosotras." – Afirmé.
– "Precisamente. Actué sin pensar e imputé felonías a su nombre desmedidamente."
– "Mi sentencia está dada, ofidia. El perdón se descarta para la Sparassediana."
– "¿Incluso si eso te destruye el alma?"
– "Mi alma es solo energía Abismal concentrada y sin ninguna significancia espiritual que oses otorgarle."
– "La importancia que representas para Aria está más allá de cualquier valor que puedas imaginar."
Ignoré la carne en el utensilio de cocina para mirar fijamente a mi alumna.
– "Hoy te estás comportando insólitamente sensata y profunda, lamia." – Argüí extrañada.
– "Tal vez porque difícilmente tuve que actuar tan seria antes, especialmente contigo, dullahan." – Regresó la mirada. – "Yo igual conozco los dolores del corazón, Lala, y sé que detrás de esa frágil máscara de indiferencia, el pecho se te estruja por cada segundo que pasas sin ella."
– "Tú no entenderías lo que siento…"
– "¿Realmente? Porque de igual manera he sentido celos. De hecho, ser celosa podría considerarse mi descripción lacónica perfecta. Es lo que he sido desde que arrastré por primera vez mis escamas en esta casa. Las palabras despectivas que soltaste en la mesa no pudieron ser más precisas, Lala. Y lo peor, incluso hasta este momento, aún no abandono del todo ese terrible defecto que podría impedirme mantener el afecto de mi Cariño."
Miia apagó la llama de la estufa y recostó sus manos sobre el lavabo.
– "Pero dime, hija del Abismo: ¿Qué te hace mejor que yo en este momento? ¿Qué te hace diferente de una escamada resentida con las demás porque también desean la atención de la misma persona que yo estimo? Y lo más importante, ¿Cuál es esa cualidad que te ofrece ventaja actual sobre esa arpía?"
No contesté y ella continuó.
– "Odiar me es familiar, así como lo es para cualquiera que haya amado. En este mundo siempre habrá rivales que disputarán lo que una desea y tratarán de conseguirlo de maneras mezquinas, ese infame beso es la prueba más contundente. Pero, ¿realmente deseas continuar con tu acto de menospreciar a aquella persona que te ilumina el interior como el resplandor de mil supernovas, sólo por un aparente desliz del corazón? ¿Vale la pena perderla por ello?"
La pelirroja se tornó seria.
– "La eternidad es demasiado tiempo para seguir guardando rencor, segadora."
Aquello me sorprendió de sobremanera. Esas eran las mismas palabras que recité a Jaëgersturm en aquella ocasión. Declaré haber perdonado los actos de mi propia matriarca, quién difícilmente se hizo meritoria a mi indulgencia. Manifesté que el resentimiento no me seguiría atando al pasado, así cómo actualmente los grilletes del odio encadenan a mi corazón. Y para colmo, le estaba entregado la victoria en bandeja de plata a esa peste alada.
Por mi Oscuro Padre, ¿Qué tan necia he sido?
– "¿Lala?" – Me llamó alguien desde atrás. Conozco ese timbre de voz perfectamente.
– "¡Aria!" – Me di la vuelta.
Era ella, la inconfundible Heteropoda venatoria de ascendencia germana estaba frente a mí. Su apariencia demacrada por el dolor y el excesivo llanto me causaron un malestar en mi interior. Esos seis intensos ojos rojos que solían brillar cada mañana ahora lucían tan apagados que podrían confundirse con los de un muerto. Su ropa tan desaliñada y el cabello alborotado solo ayudaban a profundizar esa nada favorable imagen. La orgullosa soldado que conocía se había transformado en una desdichada víctima moribunda de la guerra sentimental. No podía soportarlo; Traté de iniciar conversación pero ella se adelantó.
– "Lala, no soy una buena pareja. De hecho, no soy una buena persona. Siempre que alcanzo una meta, me distraigo buscando otra. Es la naturaleza de nuestra especie, nos ha permeado toda nuestra existencia. Cuando conquistábamos una nación, rápidamente proseguíamos a destruir la siguiente, como las salvajes nómadas belicosas que somos en realidad. Los objetivos se cumplen y se pasan al siguiente, incluso en la reproducción. Es la cultura de Sparassus y de toda arachne cazadora. No hay amor, no hay pasión, no hay sentimientos.
Pero tú me pruebas lo contrario. Sólo porque soy una araña criada en un frío e indiferente ambiente, no significa que mis instintos deban regirme. Me recordaste que yo soy la dueña de mis acciones, no mi legado o cualquier idea preconcebida que parezca dominarme. Hubo momentos en los que ese instinto llegó a desbordarse y tomar posesión de mi persona… Y tú me perdonaste. Me ofreciste el fantástico regalo de tu bondad al condonar mis errores en repetidas ocasiones. Has sido extremadamente generosa para conmigo y las demás, Lala.
Y yo me aproveché de esa magnanimidad.
Te descuidé, desatendí nuestra hermosa relación que tu infinita benevolencia me proveyó para perseguir mis caprichosos deseos. Fui demasiado egoísta y ahora he perdido lo que tanto me esforcé en conservar. Mi ambición me consumió y desembocó en tan fatídico resultado. Lo peor es que yo creí ciegamente que esto podría funcionar, que sería capaz de mantener esa gloriosa felicidad a tu lado. Todo porque me es imposible decidirme entre las personas más importantes en mi vida.
Sé que es extremadamente difícil creer tales afirmaciones, pero en verdad te amo a ti y a Cetania por igual. Suena absurdo y estoy de acuerdo en que dividirse el amor equitativamente entre más de dos personas es una idea inverosímil, pero me gustaría que aceptaras que tal situación es completamente posible por muy improbable que pudiera resultar. Yo… Yo me sentí realizada al saber que no una, sino dos mujeres me consideraban lo suficientemente digna para aceptarme en su corazón. Nadie me había querido tanto, a nadie le importé tan sobradamente para saborear esa dicha. Creí que mi vida se tornaría aún más grandiosa. Y entonces, lo arruiné de nuevo; Te mentí, te decepcioné, te defraudé.
Te fallé.
Ahora nuestras almas ya no estarán conectadas, tus ojos ya no me mirarán con ese hermoso cariño que reservabas celosamente para mí, tu boca ya no recitará tan bellas palabras de aliento que me sacaron de la trinchera depresiva más profunda en más de una ocasión y tus suaves manos ya no me sostendrán con firmeza para evitar mi caída.
Porque tú me odias."
Para cuando ella terminó de externar su desnuda alma, las lágrimas ya habían invadido sus ojos desde hace mucho, humedeciendo su ropa y el suelo en el trayecto. No negaré que yo me encontraba en la misma situación. La triste arachne prosiguió.
– "Ignoro porque esté diciéndote todo esto si ya sé que no me perdonarás. No eres tan tonta para seguir confiando en mí y no puedo condenarte por ser sensata. Quizás solo deseaba que me escucharas antes de que yo me vaya."
– "¿Irte?" – Cuestioné. – "¿A dónde?"
– "Lejos, para desaparecer de tu vida y dejar de incordiarte con mi presencia."
– "Aria, tú no…"
– "Está bien. Tendría que pasar tarde o temprano; Soy incapaz de mantener mi palabra y, para ti, faltar a esta es una gigantesca ofensa. Escapé de mi país y me volví una traidora en el acto, sólo para cometer los mismos errores contigo." – Me sonrió débilmente. – "No te preocupes, Sparassus me dio la vida y también será quien me dé muerte. Es una suerte que lograra traerla desde mi hogar."
– "¿De qué hablas, mujer?"
– "¿Recuerdas que una vez dije que no veía diferencia alguna en perderte a ti o perder la vida?"
– "Sí…"
– "Bueno, supongo no tiene caso…" – Su sonrisa desapareció y metió su mano en el bolso que me compró. – "…Que siga desperdiciando oxígeno en este miserable planeta."
No pude creer que lo sucedió a continuación. Me era imposible conjeturar tan abominable situación en mi cabeza, especialmente si ella era quien la provocaba. Ella habrá tenido momentos de debilidad, pero nunca a un nivel tan peligrosamente bajo. Estupefacta, observé a la destrozada arachne sacar un enorme revólver del bolso y colocarlo en su sien, ofreciendo una última sonrisa hueca.
– "Vergissmeinnicht, Lala…"
– "¡ARIA, NO!"
Demasiado tarde. Cuando intenté detener el demente acto, su dedo índice accionó el metálico gatillo, propulsando la bala residente en la cámara del arma fuera del cañón. El tiempo se paralizó mientras el pesado proyectil atravesaba la caja craneal de la germana, expulsando todo el contenido de esta. Yo seguía corriendo pero no lograba avanzar ni un milímetro, gritaba pero las palabras nunca salieron de mi boca; Me era imposible acercarme. La imagen de Aria muriendo seguía ahí, frente a mi persona, congelada en la existencia, ofreciendo una expresión de desesperanza camuflada pésimamente por esa deprimida sonrisa en su rostro.
Mi visión se tornó monocromática en ese instante, con solo el rojo y negro pintando mi vida con su lúgubre paleta. Observé mis manos, desnudas e impregnadas de lodo y sangre. Todo mi cuerpo se hallaba sin ropa, cubierto de suciedad y hemoglobina. Gigantescas llamas se formaron a mí alrededor pero yo solo sentía un excesivo frío. Ni el fuego del más profundo infierno lograría calcinarme tanto como ver a la mujer que amo sufrir tan infausto destino.
Grité de nuevo su nombre, con mis afásicos pulmones negándose a ayudar. Me derrumbé en el suelo, arrastrándome hacia su cuerpo, ahora yaciendo inerte en este y empapándolo con su sangre de color negro al igual que el petróleo. Me movía pesadamente, sintiendo mi corazón consumirse en dolor y toda mi inmortal vida siendo drenada. ¿Es este otro sueño? ¡Ya no sé lo que es real y lo que no!
Soy la Mensajera del Inframundo, la hija del Eterno Abismo, la descendiente de la gran Laetitia. Soy una dullahan, la muerte es parte de mí. He brindado paz eterna a un sinfín de seres vivos, criándome en mataderos y oyendo los llantos de los animales ejecutados. Me he bañado de sangre en infinitas ocasiones, con el olor a carne fresca y putrefacta por igual impregnando mi nariz. Crecí sabiendo que la vida tiene un fin y este suele llegar en el momento más inesperado. Debería ser insensible al ver otra alma extinguirse, sabiendo que la existencia de los mortales me es irrelevante.
Y aún así, nunca podría prepararme para esto. Ver a Aria cometer el funesto acto del suicidio me laceró más que el peor castigo que mi Oscuro Padre tuviera reservado en las profundidades de su caótico reino. Mi corazón cesó de latir, mis pulmones de respirar, mi vida dejó de tener sentido. Yo estaba tan muerta como la arachne tirada en el piso. Golpeé mi cabeza contra el suelo, gritando a todo pulmón.
¿Por qué me sucede esto? ¿Por qué todo lo que amo debe sufrir el mismo fin? ¡¿Por qué no puedo despertar de esta maldita pesadilla?!
– "Porque no estás soñando, hermana."
Esa voz de nuevo. Temblorosa e inmovilizada, alcé la mirada para encontrarme con mi amiga de la infancia, parada frente a mí.
– "Eve…" – Sollocé. – "¿Qué haces aquí?"
– "No soy la verdadera Eve Doyle, hermana. Soy el recuerdo de ella que reside en tu mente y que has moldeado con el tiempo, por eso puedo hablar."
– "¿Qué… Qué deseas?"
– "La pregunta real es: ¿Qué deseas tú?"
– "Que este horrible sueño se termine."
– "No estás soñando." – Afirmó la pequeña. – "Esta es la realidad. La que tú querías."
– "¡¿Qué?! ¡Te equivocas! ¡No anhelaba esto en lo absoluto!"
– "Necesitabas alejarte de esa arachne. Ahora ya no te volverá a traicionar."
– "¡Nunca quise algo así! ¡¿Por qué me acusas de profanar sobre el bienestar de Aria?!"
– "Pero yo no lo hice, hermana." – Me apuntó con el dedo y esta se transformó en una copia exacta de mí. – "Fuiste tú. Con tus palabras de odio."
– "¡Yo no la detesto! ¡Nunca lo haría!"
– "¿Entonces porque injuriaste tan altivamente contra su persona con anterioridad, dullahan?" – Cuestionó mi clon. – "¿Acaso… la mentirosa has sido tú todo este tiempo?"
La copia se hincó.
– "Has tratado de ocultarte la verdad al grado de negar lo que sigues sintiendo por ella. Te empeñaste en refutar su cariño con tanto ahínco que en tu desesperación acabaste atrapada en esta dimensión alterna que tú misma has deseado." – Afirmó. – "Y aquí lo tienes, te serviste una doble ración del sádico menú del sufrimiento. ¿Has disfrutado las amargas viandas del dolor, segadora? ¿Gozaste experimentando un mundo donde esa arachne nunca existió? ¿O prefieres este, donde ella misma te ahorró el problema de seguir lidiando con su presencia? Ahora, ¿por qué no miras a su cadáver de nuevo?"
Me rehusé, pero ella me obligó a encarar el cuerpo sin vida de la alemana. Mis ojos se abrieron aún más. Aria ya no estaba; En su lugar, la que yacía marchita, era yo, en la misma patética posición fetal que mi mitad asumió en el baño.
– "Jaëgersturm no perecerá, sino tú. Tu misma empezaste a extinguirte cuando decidiste negarle la palabra a la Sparassediana para continuar cocinando el rencor en tu impasible ser."
– "¿Moriré?" – Pregunté temblorosa.
– "No físicamente, pero tu voluntad lo hará poco a poco mientras el veneno del resentimiento aún resida en tus venas. Seguirá consumiéndote hasta que acabes prisionera por la eternidad en tu propia tierra solitaria, como ahora. Y si tú dejas de vivir, ¿Qué esperas que le suceda a ella?"
– "Quiero… quiero volver. Por favor, dime cómo puedo salir de aquí."
– "La salida se encuentra en las puertas de tu interior, onee-chan, y sólo puedes desbloquearlas sincerando tus sentimientos." – Contestó mi copia, asumiendo la apariencia de Yuuhi. – "A menos que prefieras quedarte aquí para siempre, en esta vacía muerte en vida."
– "No… Yo deseo verla, deseo verla de nuevo."
– "Lo sé, hermana." – Dijo ostentando la forma corpórea de Eve otra vez. – "Nunca dejes que ella se convierta en parte de la nada, como lo hice yo."
La Eve imaginaria colocó sus manos en la mías.
– "El odio nos aleja de las personas que amamos y entonces gritamos para que nos escuchen, sin lograrlo." – Afirmó la niña. – "Nunca dejes que la ira te impida oír esos débiles pero vitales susurros, aquellos que nos anclan a la vida…"
– "Susurros… ¿pero de quién?"
– "Del corazón."
Sonreí.
– "Sé que no eres la verdadera Eve." – Sollocé. – "Pero aún así, te lo agradezco mucho."
– "La pequeña Doyle no querría verte sufrir. Honra su memoria siendo feliz."
– "Lo haré, lo juro."
– "Entonces…" – Sonrió también, con una iluminada puerta abriéndose detrás ella. – "Ve, hermana. Ve, antes que sea demasiado tarde."
Sin dilación y con mis fuerzas recobradas, me incorporé y corrí hasta la luz, siendo cegada por la absoluta claridad conforme avanzaba. Una innumerable cantidad de esqueléticas manos intentaron sostener mis piernas para impedir mi marcha pero no me rendí. Batallando contra las fantasmagóricas maquinaciones de mi propia mente, proseguí avanzando hasta llegar a mi objetivo. El destello me envolvió por completo y me sentí flotar en el aire.
…
Abrí los ojos. Estaba en mi habitación, por tercera vez. No tenía mi armadura, solo mi ropa regular, y mis manos no estaban cubiertas por los guantes. No me quedé por más tiempo, puesto que no había mucho que perder. Confirmándome el reloj que eran más de las ocho, me levanté de inmediato y salí del cuarto. El olor y los sonidos provenientes de la cocina me invitaron a pasar. Entrando, me encontré con todas las caras familiares con las que disfrutaba convivir. Al notarme, callaron, dejando un incómodo silencio.
– "¿Dónde está ella?" – Cuestioné. – "¿Dónde está Aria?"
– "Salió hace una hora, Lala." – Contestó Kurusu. – "Dijo que necesitaba un tiempo a solas."
– "¿Indicó a donde se dirigía?"
– "Creo que mencionó el centro comercial de la zona sur, cerca del parque."
Inmediatamente emprendí camino a encontrarla y partí de la residencia a toda velocidad. No me importó que ni siquiera me haya molestado en ponerme algún tipo de calzado, que mi cabello estuviera desaliñado o que chocara con una mujer escorpión y su compañero durante mi apresurada carrera, provocando que ésta casi me picara con su aguijón. Mientras los transeúntes miraban confusos al ver a una desarreglada dullahan pasar junto a ellos, mis ojos se mantenían alerta por cualquier señal de Jaëgersturm. La inagotable energía que mi inmortal origen proveía se me hacía insuficiente conforme el tiempo pasaba sin que la hallara. Finalmente, la inconfundible silueta de una arachne cazadora llamó mi atención. El peinado, la ropa y la altura lo confirmaban desde la distancia: Era Aria. Pero, el letrero del local donde ella se encontraba también era visible y me dejó pasmada al leerlo.
Una tienda de armas.
Tales establecimientos eran más que escasos en este país. Incluso en la gran capital, las estrictas leyes limitan en gran medida la venta al público. Desconozco como una de ellas sobrevivía en esta ciudad, pero en ese momento no había tiempo de debatir sobre su control y regulación, puesto que la germana se propuso a entrar en esta. Corrí con mayor celeridad, transformándome en negra niebla para evitar chocar con los vehículos y peatones. Cada segundo era vital y no dejaría que esa monstruosa pesadilla se convirtiera en realidad. Entré de prisa al lugar y antes que la alemana pudiera reaccionar, me lancé a sus brazos.
– "¡Lala!" – Exclamó la sorprendida rubia, sosteniéndome. – "¡¿Q-qué haces aquí?!"
– "¡Te amo!" – Grité con toda el alma. – "¡Te amo, Aria! ¡Por favor, no me dejes! ¡No me dejes nunca!"
– "¡N-no sé que está sucedien-!"
No terminó su frase porque clavé un apasionado beso en su dulce boca. La abracé como nunca, porque mi existencia y la suya dependían de ello. No deseo que esta teutona se aleje de mí, que desaparezca de mi vida temporalmente o para siempre. Sin ella, me volvería un cascarón hueco de persona y pasaría el resto de mis días indiferente a la realidad.
– "Te perdono." – Declaré al separar nuestros labios.
– "¿Eh?"
– "Te perdono, Aria, a pesar de que no haya necesidad, porque sé que nunca me traicionaste."
– "Pero…"
– "Olvida mis agraviosos ultrajes verbales, Jaëgersturm. Sólo fueron vulgares arrebatos de furia desmedida. Nunca fueron ciertos."
– "Pero yo…"
– "Te creo, Aria. Creo en tu verdad y mi corazón también te absuelve. Por favor, no hagas lo que tenías planeado."
– "Oh, bueno… yo quería…"
– "¡Ni se te ocurra matarte, mujer! ¡Si lo haces, te perderás en las fauces del Abismo y jamás podré encontrarte!"
– "¿M-matarme? ¡Scheisee, claro que no! ¡¿Perdiste la razón!?"
– "¿Eh? ¿Acaso no entraste a comprar un arma para…?"
– "¡Ni pensarlo! ¡Nadie en mi familia ha recurrido al suicidio y no seré yo quien rompa ese juramento!" – Aseveró. – "¡¿De dónde sacaste tal disparate?! ¡¿Estuviste hablando con Mero?!"
– "Bueno…" – Sacudí mi cabeza. – "Eso no importa, A chuisle. Solo me interesa que estés a salvo."
– "En verdad, Spatzi. ¿Acaso creíste que me volaría lo sesos, así nada más? Eres la dueña de mi alma, no me atrevería a morir sin pedirte permiso primero."
– "E-entiendo. Es sólo que pensé que estarías demasiado deprimida y…"
– "Lo estuve, como no te imaginas. Lloré amargamente toda la noche y me sentí peor que fatal." – Confirmó con una mueca de tristeza. – "Ganarme tu desprecio es peor que una eternidad en el Tártaro, Lala."
– "Tranquila." – Acaricié su mejilla. – "Lo lamento, no debí decir cosas tan horribles anoche. No puedo odiar al amor de mi vida."
– "Eso es lo que Rachnera se encargó de recordarme a cada minuto. Súmale la ayuda de un par de sueños reveladores y con eso obtuve suficiente confianza y valor para tratar de levantarme y enmendar las cosas."
– "Me alegra que no perdieras la esperanza, A chuisle." – Sonreí. – "Pero, ¿por qué venir aquí, precisamente?"
– "Bueno, aparte de vender armas de aire deportivas, también se especializan en otros productos, según el anuncio en Internet."
– "¿Cómo cuales?"
– "Aquí tiene lo que usted pidió, señorita Jaëgersturm." – Habló de repente el dueño de la tienda.
El hombre, muy alto y con gruesa voz, de apariencia militar, le entregó una pequeña caja a ella. Aria la abrió un poco y después de confirmar su contenido con una mueca de satisfacción, finalizó la transacción dándole el importe en efectivo y un apretón de manos. Quise preguntar de qué trataba pero la arachne me sugirió que saliéramos primero. Le obedecí y me solicitó seguirla hasta el parque cercano. Llegando ahí, nos sentamos frente a la fuente. Satisfecha con la vista, la germana se volteó y me mostró el interior de su misteriosa compra, revelando un pequeño collar metálico color dorado con una pequeña flor blanca en el centro.
– "Es una Edelweiss." – Explicó la rubia, sosteniendo la prenda. – "Significa 'Blanco Puro' y sólo crece en las regiones montañosas, siendo muy escasa y difícil de conseguir. Los Gebirgsjäger alemanes la adoptaron como su insignia y muestra de valor. En la tradición folklórica, entregar una a la persona amada simboliza una promesa de dedicación."
Ella la acomodó alrededor de mi cuello.
– "Por esto te la entrego a ti, Lala. Porque prometo no descuidarte de nuevo y dedicarme a mantener tu cariño." – Confesó, tratando de suprimir sus lágrimas. – "Sé que no he sido la mejor pareja o persona estos últimos días, aparentemente ignorándote para estar con Cetania, pero debes creerme cuanto te digo que incluso cuando ella se atrevió a besarme, siempre pensé en ti. La arpía se equivoca cuando dice que algún día voy a dejarte para estar con ella; Yo jamás te abandonaré, nunca lo haré. Siempre estaré contigo.
Porque te amo, Lala. Te amo profundamente, tanto como una simple arachne de piernas largas es capaz de hacerlo.
Estuve a punto de perder lo que más aprecio en esta vida y no deseo que eso se repita. No quiero experimentar ese horrible vacío en mi corazón y ese aplastante dolor en mi alma de nuevo. Duele demasiado. Por eso garantizo que trataré de demostrarte cuanto te aprecio todos los días de la manera que pueda. No importa el precio, no importa el humillarme, no imp-"
Le silencié colocando mis labios en los suyos. Volví a degustar el sabor de su boca y esa esencia de la pasta mentolada que gusta de usar. En verdad se ha empeñado en asegurar que su aliento siempre esté fresco.
– "Aria…" – Le susurré al desacoplarnos. – "Tú me demuestras tu amor sólo con existir. Y quiero que lo sigas haciendo por siempre. ¿Lo prometes?"
– "Claro, Lala." – Sonrió y lloró ligeramente. – "Lo juro."
– "Sé que lo harás." – Sequé una de sus lágrimas. – "Ahora, si no es molestia, ¿podrías cargarme a casa, por favor? Olvidé mi calzado."
– "¡Lo que desee, meine Königin!" – Proclamó jubilosa. – "¡Gehen wir nach Hause!"
Con un sonido de inconfundible alegría, la boyante chica me tomó en sus brazos, sosteniéndome con una mano en mi espalda y otra en mis piernas, como si fuera una princesa. No evité cerrar mis ojos y pegarme aún más a ella con una expresión de infinita satisfacción. No importaba que las personas nos observaran con ojos de incredulidad al verme tan desaliñada, sin zapatos y que gran parte de mis piernas quedaran al descubierto por mi corto vestido; Yo me sentía completamente segura siendo transportada por esta hermosa arachne.
Aria es mi poderosa guerrera en quitinosa armadura ocre, mi inamovible guardiana defensora en ocho piernas, mi imbatible castillo teutón que me protege de todo mal y resguarda mi persona con fiereza. Jamás podría separarme de esta mujer, porque confío en ella, porque su alma me pertenece y viceversa, porque sin su presencia el sol no volvería a brillar nunca más, porque el mundo sólo tiene sentido si ella está a mi lado, porque es su existencia la que justifica la mía. Y, lo más importante…
Porque la amo.
NOTAS DEL AUTOR: ¡Uf! Para este capítulo tenía tantas ideas que al final no todas lograron quedar, pero la temática principal se mantuvo intacta. Al menos aún puedo plasmar las restantes en el futuro.
Espero mi pequeño experimento de centrarme en el punto de vista de nuestra irlandesa favorita no les haya parecido desconcertante. Tenía tiempo queriendo enfocarme en otro episodio con la dullahan y esta fue la oportunidad perfecta.
En todo caso, les agradezco a todos mis lectores que me siguen fielmente, prometo seguir escribiendo para ustedes por un buen tiempo (o hasta que la Emperatriz Meroune descubra que me comí sus galletas). Aprovecho también para enviar un saludo al amigo Arconte, a cuya historia le hice un pequeño guiño.
Ojalá lo hayan disfrutado y las partes Meróticas no los hayan deprimido mucho (por lo feo que escribo). No olviden dejar sus reseñas. ¡Nos vemos hasta la próxima y que sueñen con los angelitos de la tragedia! ¡Auf Wiedersehen!
