Disclaimer: Todo lo que reconozcan como propiedad de Stephenie Meyer, lo es. La trama de esta historia es lo único que me pertenece.


Capítulo 29

Tres días después de haber estado en la cárcel por la inmadurez de mi hermano mayor, la agresividad de una de mis mejores amigas y la diversión de mi padre, me levanté por mi propia cuenta. Sin la ayuda del despertador.

Raro…

Parpadeé varias veces para ajustar mis ojos a la claridad, y cuando estiré un brazo hacia un lado, me fijé en Sam acostado a mi lado. Había venido a mi cama sin poner su trasero en mi cara.

Raro, también…

Aun así, sonreí y lo acerqué a mí, estaba caliente, parecía una estufita de calefacción. Esperen. Estaba muy caliente, demasiado. Puse mi mano en su frente.

¡Estaba ardiendo!

Le pasé las manos por las mejillas - ¿Sam?

Apenas y abrió los ojitos - ¿Mami? Creo que estoy enfermo.

Su voz era casi inaudible y ronca. Empecé a entrar en pánico porque la última vez que se enfermó sucedió cuando tenía tres años y fue algo horrible como neumonía. Bajé las escaleras corriendo para buscar a Charlie, pero ya se había ido a la estación. Desesperada, subí otra vez las escaleras y me puse ropa rápidamente antes de abrigar bien a mi hijo para llevarlo al hospital. Llamé a Alice en el camino para decirle que no iba a ir a la tienda y luego llamé a Esme por el simple hecho de que estaba histérica y necesitaba a mi mamá.

Ella me dijo que me calmara, que tal vez era solo un resfriado. Cuando llegué al hospital llamé a Charlie para decirle porque también necesitaba a mi papá y entonces llamé a Carlisle, quien me dijo que fuera directamente a su oficina. Mi celular estaba realmente caliente para cuando terminé con todas esas llamadas.

- Bella, no tienes que estar tan preocupada - dijo Carlisle sonriendo tranquilamente mientras frotaba la espalda de Sam después de examinarlo – Mi nieto solo tiene un resfriado, creo que fue la acampada. Con algo de medicina y una inyección se recuperará.

- ¿Inyección? – preguntó Sam asustado. Estaba sentado en su regazo, así que levantó la cabeza para mirarlo con ojos de cachorro – No me gustan las inyecciones.

Carlisle le revolvió el cabello - Pero es necesaria, si no te pones una inyección no te vas a curar.

Un rato después, Carlisle le puso la temida inyección a Sam mientras este se abrazaba a mí como un koala y me dio unos jarabes para darle una cucharada cada seis horas. Su fiebre había bajado unos grados, pero aún se sentía bastante mal, así que lo tomé en brazos ya que también se había quedado dormido después de haber llorado dramáticamente por la intervención de la aguja en su trasero.

Siempre que venía al hospital me pasaba por el edificio de psicología para molestar a Jasper –a veces venía exclusivamente a molestarlo-, pero como Sam se había quedado dormido decidí dejarlo en paz.

- ¿Bella? ¿Eres tú?

Ay no.

Escuchar esa voz me dio escalofríos, esto no me podía estar pasando. Ahí estaba Edward en toda su gloria, parado frente a mí con una camiseta negra de mangas largas, un pantalón de mezclilla y el pelo mojado por la lluvia.

Estaba tan jodida.

Tuve la intención de abrir la boca para hablar, pero ya estaba abierta de par en par. Al igual que mis ojos – ¿Qué…? ¡¿Qué demonios haces aquí?!

Pareció indignado - Oye, hace seis años que no te veo. ¿Podrías ser más amable? Sigues siendo la misma – su expresión cambió de indignada a divertida, pero yo no le veía lo divertido al asunto – He venido a ver a mis padres. Acabo de llegar de New York y pensé venir primero con Carlisle antes de ir a casa, ya que tengo mucho de no verlo y no quería esperar hasta que saliera del trabajo.

- Mamá… - Sam eligió ese momento para hacerse notar en mis brazos – Creo que quiero vomitar.

Me congelé por completo y Edward también, parece que no había notado el gran bulto en mis brazos hasta que habló. Sam seguía cubierto y acurrucado en mi hombro por lo que él no podía verlo del todo bien.

- ¿Es… es tu hijo? ¿Tienes un hijo? – preguntó confundido e incrédulo.

- ¡Bella! – oí decir a Jasper mientras corría hacia nosotros – Alice me ha dicho que estaban aquí, ¿Sam está bien?

Salvada por Jasper – S-sí, solo es un resfriado – dije mirándolo entre alarmada y aliviada, había aparecido en el momento justo.

- ¿Estás enfermo, campeón? Ven aquí – dijo tomando a Sam en brazos, Sam envolvió sus bracitos alrededor del cuello de Jasper y se acurrucó en él antes de que este se alejara caminando sin enterarse de la presencia de Edward.

Edward seguía allí de pie con los ojos totalmente abiertos - Bella…

- Lo siento. Yo… - interrumpí parpadeando repetidas veces, estaba muera de miedo – Tengo que irme.

Me alejé de él a paso apresurado y alcancé a Jasper fuera del hospital, quien me acompañó hasta mi camioneta para recostar a Sam en el asiento trasero. Al cerrar la puerta, me miró y notó mi tembloroso comportamiento – ¿Qué va mal?

- Maldita sea, maldita sea… - murmuré mordiendo la uña de mi dedo pulgar, él alzó una ceja confundido – Lo siento, Jazz, pero necesito una ronda de chupitos y tú tienes que volver al trabajo.

Subí al auto y manejé a casa a toda la velocidad que mi vieja camioneta me permitía. Al llegar, fui a la cocina para hacerle a Sam una sopita de fideos después de haberlo recostado en su habitación. Mientras la sopa se hacía, me quedé parada en medio de la cocina sintiendo que me asfixiaba tanto silencio, pero no estaba de humor para música. Miré hacia el teléfono colgado a un lado del marco de la puerta y corrí para descolgarlo y presionar frenéticamente el número de Twilight's.

Mientras sonaba, daba golpecitos a mi muslo derecho con mis dedos frenéticamente - Twilight's paraíso de la buena ropa, ¿en qué puedo ayudarle? – era obviamente Alice.

- ¡HacemenosdemediahorahevistoaEdwardenelhospitalyestoyapuntodevolvermeloca!

Alice se quedó callada unos segundos – ¿…Bella? – preguntó confundida.

- ¡Sí, Alice! ¡Soy yo! – dije desesperada. No tenía tiempo para decodificaciones de voz, necesitaba a mis amigas antes de sufrir un ataque de pánico.

- ¿Estás bien? ¿Quién carajos es Edward? ¿Qué está sucediendo? - preguntó preocupada, escuché a Rose al fondo preguntando si algo andaba mal.

- ¡El padre de Sam, maldita sea! ¡Está aquí, en Forks! – grité alterada, me faltaba el aire. Es tarde ya, estoy teniendo un ataque de pánico – Aliiice…

- ¡Madre mía! – exclamó sorprendida – ¡Rose! Suelta ese panecillo, nos vamos. Tranquila, Bella, iremos para allá.

Diez minutos después de hablar con Alice, apagué la sopa y cuando escuché sonar el timbre casi me la tiro encima. Corrí hacia la puerta con el corazón a mil y abrí lentamente, dejando solo media pulgada de distancia para que mi ojo izquierdo viera quien había afuera. En cuanto vi las disparatadas puntas del pelo de Alice, abrí de par en par la puerta con tal fuerza que creí que tendría que poner luego una cortina en su lugar.

Alice tenía abierto los brazos con gesto dramático tipo la estatua Cristo Redentor de Rio de Janeiro. Tiré de uno de sus brazos hacia dentro con brusquedad ignorando sus quejidos y luego hice lo mismo con Rosalie para después sacar la cabeza y mirar hacia todos lados con ojos entrecerrados. Cuando confirmé que no había ningún Edward con binoculares escondido por allí, cerré de un portazo.

Abrí la boca para hablar - Mami - dijo Sam sentado a media escalera mientras se estrujaba los ojos - Tengo hambre.

Cuando paró de estrujarse la cara y me miró con sus ojos verdes idénticos al del hombre que había visto en el hospital hace una hora, empecé a hiperventilar.

Alice me dio una miraba de "tranquilízate" - ¡Huelo sopa! Vamos a que tomes un poco – dijo subiendo los escalones para tomarlo en brazos e ir a la cocina – ¿Cómo va ese refriado...

Mi mirada y la de Rosalie se encontraron, ella abrió los brazos (nada de estatuas brasileñas) acercándose a mí para envolverme en ellos – ¿Qué ha pasado?

La tendencia a llorar adquirida desde que me embaracé de Sam, se hizo presente en forma de un gran nudo en mi garganta - Lo vi en el hospital. Está aquí, Rose, y me va a odiar por el resto de su vida. ¡Lo sé! – dije cerrando los ojos fuertemente para que las lágrimas no salieran.

- ¿Hablaste con él? ¿Sabe algo de Sam? – preguntó frotándome la espalda.

- Llevaba a Sam encima cuando me vio. Estaba muy sorprendido e iba a preguntar, pero apareció Jasper y me escabullí – pasé saliva dificultosamente – No sé qué hacer, Rose… estoy asustada.

- Sé que lo estás, Bella, y lo siento. Sabías que esto iba a pasar algún día y que estaba cerca – dijo separándose de mi para mirarme a la cara – Tienes que ser fuerte. Por Sam, ¿vale?


Hola!

Edward finalmente ha vuelto! Ya lo extrañaba... vamos a ver qué explicación dará Bella con respecto a Sam.

Espero que les haya gustado el cap, estaré en espera de sus amable comentarios.

Les mando un beso y abrazo. Nos leemos en el próximo capítulo.

Bye!