Round 28: A tumba abierta
Jin y Hwoarang se apartaron en el momento exacto en el que la enorme masa de Ogre aplastaba el suelo donde habían estado segundos antes. Aunque Ogre medía mas de dos metros de altura, aquella enorme masa de músculos con las alas extendidas parecía aún mas grande y aterrador. Antes de que pudieran mover un solo músculo para atacar a Ogre, este emprendió el vuelo de nuevo de un salto.
- Moriréis como lo hicieron vuestros antecesores -volvió a rugir Ogre, desapareciendo entre las sombras del techo.
- ¡La edad te afecta, cabronazo! -gritó Hwoarang en dirección a donde había desaparecido Ogre. No veía donde estaba-. ¡Te repites!
- ¡Dispersaos! -gritó Jin, entendiendo la situación.
Julia había caído detrás de Jin y este estaba frente a Hwoarang. Una sola llamarada podría incinerarles a los tres a la vez. Sus compañeros se separaron y se prepararon para la reaparición de la criatura.
No tardaron mucho en escuchar nuevamente el rugido de Ogre pero, cuando lo hicieron, Jin comprendió el error que habían cometido. Tan malo era separarse como quedarse juntos, pues en aquel momento Ogre estaba a su espalda y sus compañeros lejos para poder ayudarle. Sintió la garra de Ogre en la espalda, y el doloroso mordisco de la serpiente en su brazo derecho.
- ¡Joder! -gritó Hwoarang al ver que Jin, incapacitado por el dolor, se revolvía sujetándose la herida del brazo.
Julia y él corrieron en su ayuda. Ella se lanzó nuevamente en una poderosa patada voladora que Ogre esquivó rápidamente. Antes de que cayera al suelo, Ogre aferró su cintura rodeándola con su brazo de serpiente. Hwoarang pateó nuevamente la cara de Ogre, pero este le golpeó con Julia, balanceándola en el aire.
- Ninguna mujer, aunque guerrero, puede hacerme frente -dijo Ogre acercando a Julia hasta su cara.
La india vio como su garra se acercaba a su cuello, pero antes de rozarla siquiera, Ogre rugió de dolor y apartó la mano. No sabía lo que había pasado, pero Ogre parecía furioso. Volvió a balancearla y la lanzó contra una pared.
Hwoarang se levantó en aquel momento, maldiciéndose por no haber podido actuar antes, y solo llegó a ver como Ogre desaparecía volando hacia las sombras gimiendo algo que no llegó a entender. El coreano echó un rápido vistazo a Julia, que se levantaba con dificultad y luego se dirigió a Jin, que todavía se agitaba de dolor.
- ¿Estás bien, Kazama? -dijo sin saber qué hacer.
- Se me pasará -respondió el otro entre dientes.
- Me estás dando miedo.
- Es... escuece... se pasa poco a poco -dijo Jin, ya más relajado-. ¿Y Ogre? ¿Y Julia?
- Ogre ha huido -dijo Hwoarang mirando a su alrededor-. Seguro que sigue por aquí, pero no sé que ha ocurrido.
- Esto -dijo Julia detrás de ellos. Hwoarang y Jin se dieron la vuelta y miraron a la joven, que señalaba el medallón que colgaba de su cuello-. No ha podido dañar esto.
- Y eso significa...
- No tengo ni idea -dijo Julia-. Supongo que es porque es el símbolo del que le destruyó, pero tengo la sensación haberme topado de golpe con la solución -dijo Julia señalando la pared contra la que se había golpeado-. Literalmente.
Jin y Hwoarang se acercaron a la pared. La luz les mostró varias inscripciones, dibujos donde se podía distinguir a Ogre, el de forma humana, luchando con mucha gente y luego la figura de un guerrero poderoso.
- ¿Dice algo? -dijo Hwoarang-. ¿Puedes traducirlo?
- Creo que podré -dijo Julia acercándose a la pared.
- No tenemos tiempo para dudas -dijo Jin-. Puedes traducirlo.
- Solo llevo un curso, no entiendo demasiado -dijo la india entrecerrando los ojos-. A ver: "conocer", no, saber. "Aquí duerme", "¿muerto?" ¿Pero qué diablos es esto?
- Vamos bien -dijo Hwoarang, mirando a todos lados, inquieto-. Vamos muuuy bien.
- Déjame tranquila -respondió Julia murmurando mientras leía. Al cabo de un rato ya pudo entender todo un párrafo-. "Sabed aquel que entre que aquí yace..." -comenzó la india-... "la muerte..."
- Fabuloso -dijo Hwoarang.
- "... que fue retenida por la fuerza del guerrero".
- Sí, ya, eso me lo se. El guerrero retuvo a Ogre, vale -dijo Hwoarang-. ¿Cómo lo hizo?
- ¿Qué? -preguntó Jin, que no llegaba a entender nada.
- En la antigüedad, Ogre fue retenido por el coraje de un guerrero, lo venció y lo atrapó en este templo -comenzó a explicarle Julia al japonés, señalando el dibujo del guerrero, pero en ese momento oyeron un rugido.
- Acelera, nena -dijo Hwoarang, poniéndose en guardia-. Explicaciones luego.
- Voy, voy -dijo Julia-. A ver... Parece que esto lo escribió el guerrero. Dice: "mi muerte no será vana... en vano..." Sí, eso es. "Mi muerte no será en vano, pues he descubierto el secreto de mi rival."
- Nos acercamos a lo interesante.
- Hwoarang...
- "Su nombre esconde una gran mentira, pues el Dios de la Lucha es mortal."
- O sea, que no es un dios -dijo Hwoarang-. Como si eso nos sirviese de algo. Dios o no, pega como un demonio...
- Cállate, Hwoarang, no he terminado -dijo Julia-. "No tuve fuerzas suficientes para derrotarle, pero sí conseguí..." No entiendo. "... conseguí..."
- ¿Encerrarlo? -intentó ayudar Jin.
- Debe ser. Encerrarlo, o algo así. Dice "mi última voluntad lo retiene. Pero, cuando mi símbolo caiga, Ogre se levantará, pues el guerrero habrá desaparecido."
- Debe referirse al medallón -opinó Hwoarang, mirando al cuello de Julia. Jin siguió su mirada.
- ¿Qué ocurre con el medallón? -preguntó el japonés.
- Los guerreros de mi pueblo lo tienen desde siempre...
- ¡Por eso se refirió a ti como "un guerrero"! -dijo Jin.
- O sea, que podemos retenerle con el medallón -resumió Hwoarang-. La pregunta es... ¿cómo? ¿No viene nada más?
- Sí, sí viene, pero no lo entiendo. Odio esto -dijo la muchacha, posando una mano en la pared.
- Toshin no pudo tocar tu medallón, Julia -recordó Jin-. Quizás le haga daño. Quizás si le hacemos tocarlo...
- ¿Quién le pone el cascabel al gato? -preguntó Hwoarang, comprendiendo el razonamiento del japonés al instante y mirando a sus compañeros. Nadie respondió-. Bueno. Lo mejor será mantenernos razonablemente cerca e ir pasando el medallón al que mejor oportunidad tenga para ponérselo al cabronazo ese.
- Suena como un plan.
- Y no hay ninguno mejor, ¿me equivoco? No, no me equivoco -dijo Hwoarang-. No va a ser fácil, ahora no tenemos a Paul.
- ¿Qué le pasó? Lo encontré inconsciente ahí arriba...
- ¡¿Inconsciente?! -preguntaron los dos muchachos a un tiempo.
- ¿No está... no está muerto? -preguntó Jin.
- Pues... no...
- Gracias a los dioses por los pequeños favores -dijo el japonés, visiblemente aliviado.
- Pensamos que...
Pero Hwoarang no pudo completar la frase, pues el rugido de Ogre resonó en la sala. Los tres se pusieron en guardia, pero la criatura no aparecía por ningún lado. Julia se quitó el medallón y se lo ató a la muñeca.
- ¿Dónde esta? -preguntó Hwoarang.
En ese preciso momento, Ogre se abalanzó hacia ellos, con las garras por delante. Los tres se echaron al suelo y rodaron para esquivarlo, pero oyeron cómo el monstruo cortaba el aire justo por encima suyo.
- ¡A por él! -dijo Jin, señalando la dirección por donde había desaparecido. Aún se escuchaba el aleteo de Ogre dentro de las sombras, moviéndose por todos lados-. ¡Viene por ahí!
Así fue. Ogre apareció por el lugar que Jin señalaba, volviendo a hacer otra pasada fallida. Volvió a alzarse en el aire nuevamente y una vez allí lanzó una llamarada a sus enemigos. Antes de que hubiera inspirado siquiera los tres ya habían desaparecido en busca de parapeto. Ogre se ocultó en las sombras del techo, enfurecido.
- Así no llegamos a ningún lado -gruñó Hwoarang.
- ¡Hay que hacerle bajar! -dijo Jin saliendo de detrás de una columna. Hwoarang y Julia se reunieron con él-. ¡Rápido! ¡El que menos pese! -Jin miró a ambos alternativamente. La verdad era que lo dudaba. Julia estaba delgada y era bajita, pero el coreano parecía tan ligero como una pluma.
- ¡Ella! -gritó Hwoarang, ofendido.
- ¡Vale, perdona! -dijo Jin arrodillándose y juntando los brazos para prepararse.
- ¡Ven a por mí, maldito hijo de puta! -Hwoarang comenzó a gritar a Ogre y este salió de entre las sombras. Aquel asalto pasó a Hwoarang realmente cerca y el coreano tuvo que lanzarse al suelo para poder esquivarlo-. ¿Alguien ha cogido la matricula?
Sin embargo, la arriesgada maniobra de Hwoarang había dado la oportunidad perfecta para Jin y Julia. La india, ayudada por el impulso de Jin, dio un gran salto y se encaramó con agilidad a la espalda de Ogre. La criatura comenzó a agitarse, intentando deshacerse de la carga extra, pero Julia se agarró con fuerza a sus alas para no caer. Al no poder batir las alas al tenerlas inmovilizadas por Julia, Ogre cayó al suelo con estrépito. Una vez allí, la india colocó los pies en el nacimiento de las alas y tiró de ellas mordiéndose el labio para aguantar la sensación que produciría aquella acción. El desagradable sonido de los huesos al romperse hizo que se le erizara el vello.
Ogre rugió de dolor, pero Julia no le dejó respiro. Aplastando con un pie la cabeza de la criatura intentó ponerle el colgante, pero el Dios de la Lucha se deshizo de su atacante dándole un latigazo en la espalda con su rabo. Julia cayó delante de Ogre y éste se levantó enfurecido, inspirando profundamente.
- ¡Esa boca! -dijo Hwoarang propinando una patada en la cara a Ogre que hizo que perdiera el aliento. Ogre se giró hacia el coreano, pero no pudo evitar la siguiente patada en la boca que Hwoarang le dio con la misma pierna. Ni tampoco la siguiente. Ni la siguiente-. ¡Veamos como ríes sin dientes!
Hwoarang se agachó para esquivar el garrazo de Ogre y, desde el suelo, le pegó una poderosa patada a la criatura justo en la base de la mandíbula. La boca de Ogre se torció en un ángulo extraño, evidenciando la lesión. Ogre rugió de dolor, pero resultó un sonido apagado, ya que no podía abrir las fauces. La mandíbula estaba rota.
- ¡Eso le dejará sin aliento! -Hwoarang agarró al vuelo el colgante que Julia le lanzaba-. Es hora de...
Antes de que acabara la frase, el brazo ofídico de Ogre le dio un fuerte revés que le hizo caer de espaldas. Ogre plantó una de sus piernas encima del pecho del coreano, impidiendo que este se levantase mientras le lanzaba dentelladas con su brazo ofídico. El muchacho lo esquivó como pudo hasta que apareció Jin. El japonés se hizo con el brazo de serpiente, atrapándolo bajo el suyo y agarrando la cabeza con ambas manos. Antes de que el Dios de la Lucha intentase nada con la garra que tenía libre, Julia le inmovilizó esta última con una presa.
- ¡Es tuyo! -dijo la joven.
Jin hizo fuerzas y abrió la mandíbula de la serpiente. Una vez con la boca abierta, el japonés le arrancó un diente. Ogre gimió.
- Esta por mi madre -dijo Jin. Acto seguido le arrancó otro diente-. Esta por Baek Doo San. Y esto por todo el sufrimiento que has causado -Jin arrancó los otros dos dientes.
- ¡Tuyo! -dijo Hwoarang lanzándole a Jin el medallón.
Con el dolor, Ogre había descuidado la presa sobre Hwoarang y este había conseguido deslizarse de debajo de su enorme garra. Jin se hizo con el medallón con la mano por la que todavía corría sangre de Ogre y veneno. Rodeó con el medallón el cuello de la serpiente, pero antes de cerrar la joya, el joven se quedó parado. Ogre forcejeó pero no consiguió deshacerse de ninguno de ellos, pues ahora Hwoarang ayudaba a Julia.
Sin embargo, el japonés volvió a desatar el medallón.
- ¡¿Pero qué haces, Kazama?! -preguntó Hwoarang.
En aquel momento de despiste, Ogre consiguió hacerse con las fuerzas suficientes como para levantar a Julia y al coreano y arrojarlos encima de Jin. Antes de que cualquiera de los tres se levantara, Ogre había desaparecido con un flash de luz.
- ¿Pero qué coño has hecho?
- No debemos encerrarle -dijo Jin.
- ¿Por qué no? -dijeron Hwoarang y Julia a la vez.
- Si le encerramos de nuevo, será como atrasar lo inevitable -dijo Jin mirando a todas partes-. Alguien vendrá y le liberará de nuevo. Mi abuelo lo haría -Jin devolvió el medallón a Julia-. No solo eso. Si no le matamos, las almas de mi madre, Baek, Paul y todas las que tiene en su poder seguirán formando parte de él por toda la eternidad. Ni les habremos vengado, ni les habremos salvado. No habrá servido de nada.
- Tiene razón -acabó diciendo Julia.
- Perdona...yo siempre tengo razón -dijo Jin sonriendo.
- Ingeniosa -respondió Hwoarang con su media sonrisa-. Como se nota que la frase es mía.
- Pero esta vez Ogre no va a salir de aquí -dijo Jin ajustándose el único protector que le quedaba, el del brazo izquierdo, y echando un vistazo a su alrededor.
- Hwoarang -dijo Julia al cabo de un breve momento. Ogre parecía haberse marchado a lamerse las heridas-. ¿Jin ha dicho que Baek...?
- Sí -dijo Hwoarang. No dejó que la india continuase el interrogatorio. Se ajustó el cinturón de su dobok y se colocó la chaqueta para mostrar bien claro el símbolo de Baek Doo San a su espalda-. Han llegado tus últimos momentos de vida, Ogre, Toshin o como coño te llames.
Los pasos de Ogre alertaron al grupo. Salió de las sombras, caminando y preparado para el combate, encarándoles a los tres. Había dejado de ocultarse, era el momento del combate decisivo. Parecía que los trucos habían terminado y era la hora de poner todas las cartas sobre la mesa. Los tres se movieron para flanquearle, pero Ogre parecía estar dispuesto a pelear cara a cara incluso con aquella inferioridad de número.
De hecho, fue el primero en atacar y, cuando lo hizo, el asalto fue devastador. La mano de serpiente se agitó rápidamente, golpeando a Hwoarang en la cabeza. Julia recibió un rápido garrazo con el brazo izquierdo que, al intentar pararlo, le produjo tres profundas heridas en el antebrazo. La muchacha gimió de dolor al sentir el horrible escozor producido por el veneno de la serpiente. Ogre había impregnado sus garras el veneno. Después, ella y Jin fueron derribados de un coletazo mientras el brazo derecho de Ogre mordía a Hwoarang en la pierna izquierda. Al no tener colmillos, el mordisco no fue venenoso, pero las mandíbulas de la serpiente aún tenían la suficiente fuerza como para sostener al coreano a la fuerza.
Y no sólo para sostenerlo, también para levantarlo. Ogre elevó su brazo ofídico, y con él a Hwoarang, y comenzó a blandirlo de un lado a otro. Le usó como arma contra Jin, a quien derribó al suelo, e intentó hacer lo mismo contra Julia, pero esta última fue capaz de esquivarlo. Acto seguido, la criatura volvió a agitar su brazo y estampó al coreano contra el suelo con un golpe sordo. Hwoarang intentó protegerse del golpe poniendo las manos por delante, pero no le sirvió de mucho; sin un momento de respiro, Ogre volvió a levantarle, y entonces fue cuando arrancó un grito del coreano. Al tirar de su presa la pierna se torció en un ángulo poco saludable. El muchacho no pudo hacer nada por liberarse, sin embargo, y esperó a que el monstruo le estampase otra vez contra el suelo para intentar rodar, pero entonces fue cuando Julia le agarró en el aire y tiró de él con fuerza, consiguiendo que el monstruo le soltase.
Ambos cayeron al suelo con estrépito mientras Jin tomaba el relevo.
- ¿Estás bien? -preguntó Julia, al ver el gesto de dolor de su compañero. Un pequeño hilillo de sangre salía de su boca.
- Como recién salido de una trituradora -dijo Hwoarang a duras penas. Se llevó una mano a la rodilla izquierda.
- ¿Rota?
- Torcida -corrigió Hwoarang-. Espero.
Jin esquivó el coletazo de Ogre y se apresuró a asaltar a la criatura con un puñetazo en los riñones antes de que atacara a Julia y Hwoarang. Viendo que el coreano y la india no iban a atacarle de momento, Ogre puso todos sus sentidos en Jin, y el joven era perfectamente consciente de ello. Ogre lanzó su garra hacia el japonés con fuerza, pero este no hizo nada para evitarla. Sin embargo, cuando llegó a impactar en él la garra rebotó como si hubiera intentado golpear una estatua sólida.
Jin comenzó a atacar. La velocidad con la que Jin lanzaba sus ataques sorprendió al propio japonés. Todos ellos acertaban con una fuerza descomunal y una velocidad que Ogre no podía superar. La combinación de golpes de Jin venía por todos lados, puñetazos, patadas, codazos. Era imparable.
Para acabar, una poderosa patada a media vuelta que encajó en el cuello del Dios de la Lucha, pero no consiguió tumbarle. Esta vez fue Ogre quien recibió el golpe sin inmutarse. Miró a Jin con furia y blandió su garra izquierda surcándole el pecho de abajo hacia arriba. Jin salió despedido hacia atrás llevándose las manos al pecho. La herida no era profunda, pero sí dolorosa al corroerle el veneno. Ogre no le dio tiempo al japonés y sintió como la criatura le embestía, después le rodeó la cintura con la mano de serpiente y comenzaba a darle cabezazos y golpes con su otra garra.
- ¡Saca a Jin de ahí! -gritó Hwoarang, empujando a Julia. La india se levantó.
Debía salvar a Jin, pero también debía acabar con Ogre. La mejor manera era atacar con su mejor golpe. Sin embargo, su puño derecho todavía le escocía por la herida, dudaba que pudiese utilizar toda su fuerza en ese estado. No importaba, su madre le había entrenado para usar el brazo izquierdo al igual que le habían enseñado a ella. Debía actuar y lo haría ya.
Sin pensárselo mas Julia se abalanzó a por Ogre, aparentemente, con su puño derecho preparado. Aunque en el último momento Ogre se había percatado del asalto de la joven, la criatura no hubiera podido defenderse. Al igual que hizo con Bryan, el puño que impactó en la criatura fue el contrario al que preparaba, y el poderoso gancho que Julia propinó a Ogre en un costado le hizo salir volando, despedido por el impacto. Esta vez el golpe había sido perfecto, pero su puño volvió a dolerle.
Jin cayó al suelo, sangrante y malherido. No podía levantarse, todo le dolía demasiado. El veneno de Ogre era fuerte y se había mezclado con su sangre. Casi no podía respirar a causa del escozor. No solo eso. Los repetidos cabezazos y golpes le habían dejado atontado. Debía levantarse.
- ¡Aparta Julia! -gritó Hwoarang levantándose con los dientes apretados.
Ogre intentó embestir a Julia, pero esta se tiró a un lado. La criatura parecía estar malherida, pero su furia inhumana la mantenía en pie, justo el mismo sentimiento que permitió al coreano levantarse a pesar de su rodilla maltrecha. El pelirrojo sacó fuerzas de flaqueza y levantó la pierna izquierda hasta la cabeza, sin doblar la rodilla.
- ¡Prueba el arcano supremo de Baek Doo San, puta serpiente de los cojones!
Hwoarang se abalanzó aún con la pierna en el aire hacia Ogre, este levantó su puño izquierdo para defenderse del golpe, pero no le sirvió de nada. Cuando la pierna del coreano bajó, impulsada tanto por la fuerza de los músculos como por la propia gravedad, arrasó con todo. Con el brazo y el caparazón que le protegía la cabeza, pues allí fue donde impactó el talón de Hwoarang. Ogre se desplomó, seguido de Hwoarang, que plantó las rodillas y las manos en el suelo con un grito. Se había vuelto a torcer la rodilla.
- ¡Levanta, Kazama, joder! -gritó Hwoarang, con los dientes apretados-. ¡Levanta y remátalo!
El coreano se quedó mirando impotente como Ogre se levantaba. Lentamente, pero lo hacía. La sangre verdusca de la criatura recorría su cabeza y su costado, y caía en el suelo formando un charco. Pero parecía tener fuerzas suficientes para mantenerse en el combate.
- Jin... -dijo Julia con voz entrecortada agarrándose el puño dolorido.
La joven tenía el puño roto y estaba demasiado lejos para actuar. Hwoarang no podía levantare, mucho menos pensar en posar la pierna izquierda. Si el japonés no se levantaba solo iba a haber un ganador en aquel combate. Pero no se ponía en pie.
- ¡Levántate! -gritó Hwoarang-. ¡Levántate, joder!
No se ponía en pie.
- ¡Levántate, Jin! -gritó de nuevo el coreano.
Y fue entonces cuando el japonés abrió los ojos.
La voz de Hwoarang penetró entre las brumas de la inconsciencia, que amenazaban con ahogarle. Su nombre resonó en su propia mente y fue consciente de dónde estaba, de qué era lo que estaba pasando, de qué era lo que había sucedido. Su nombre le ató a la realidad y le fortaleció como un elixir.
Jin Kazama se levantó del suelo y encaró a Ogre.
- ¡Vuelve al infierno, demonio! -gritó el joven mientras preparaba su poderosísimo gancho de izquierdas, aquel con el que había acabado con Nina.
Ogre se dio la vuelta al oír la voz del japonés. Lanzó el brazo ofídico contra su enemigo, pero Jin ya giraba sobre sí mismo para adquirir más potencia, lo que le permitió esquivar el ataque de Ogre. Entonces lanzó su ataque, el gancho impactó de lleno en la cabeza de Ogre. El protector de Jin estalló, y el joven sintió como el cráneo de su enemigo también lo hacía bajo la presión del golpe. Ogre salió disparado contra la pared con un rugido de dolor que quedó amortiguado por su mandíbula rota.
Pero Ogre, tras atravesar una columna, no volvió a gritar. No volvió a moverse. Se quedaron esperando a que la criatura se levantara pero, en vez de eso, explotó. Un estallido de luz que les cegó; las partículas se dispersaron por todas direcciones, como buscando una salida, o alejarse de allí.
Porque Ogre ya no estaba.
Ogre había muerto.
Ya no sentía dolor. Se sentía como extasiado, como encima de una nube. No era felicidad como la que había experimentado con su madre, era alivio. Y alegría por aquella victoria, por estar vivo. Y orgullo por derrotar a aquella maligna criatura junto a sus compañeros.
De repente sintió algo. No era una sensación como tal, sino una presencia. Una cálida presencia, que estaba feliz, orgullosa y le quería.
- Okaa-san -dijo Jin sin poder evitar que las lágrimas acudiesen a sus ojos. Sentía que estaba allí. A su lado-. Okaa-san... -El muchacho se giró hacia Hwoarang, que permanecía aún en el suelo.
- Esas luces... -comentó el coreano-. Ahora son libres -le dijo después, dándole a entender que también él lo había notado. Jin asintió limpiándose las lágrimas.
- ¡Paul! -gritó Julia, y salió disparada hacia las escaleras en busca del motorista, recordándolo de repente. Sus compañeros la siguieron con la mirada.
- Julia tiene razón -dijo Jin, que se volvió a limpiar las lágrimas-. Soy una nenaza.
- Al menos lo reconoces -dijo Hwoarang, con su media sonrisa característica-. Vamos con ella, tenemos que recoger al carroza y reunirnos con los demás viejos... -Hwoarang intentó levantarse, pero la rodilla izquierda se negó a sostener su peso-. Mierda. Joder.
Jin sonrió y se acercó a su compañero con paso tranquilo. Cuando llegó a su altura le tendió una mano. Hwoarang se le quedó mirando.
- Necesito un cigarro -dijo el coreano, aceptando la mano de Jin. El japonés le puso en pie con un pequeño tirón-. Un cigarro y unas vacaciones en Hawaii...
- Donde las chicas llevan menos ropa -comentó Jin sonriendo.
- Eso es. Puedo andar, Kazama -puntualizó Hwoarang cuando Jin intentó sostenerle. El japonés suspiró. No todo iba a ser perfecto.
- Hwoarang... -dijo Jin, cuando su compañero echó a andar con paso renqueante. El coreano se detuvo y le miró-. Domo.
- Vete a la mierda -dijo Hwoarang, que se giró y siguió andando, pero con una sonrisa en el rostro.
- Ahora tendrías que responder dou itashimashite -le dijo Jin, poniéndose a su altura. Hwoarang resopló.
- Yo no hablo japonés. Antes muerto.
- Pues di "de nada".
- Kazama...
- ¿Qué?
- Vete. A. La. Mierda.
Jin sonrió y Hwoarang también lo hizo, pero la sonrisa del coreano se borró casi de inmediato cuando levantó la cabeza. Había visto algo ahí delante, y su gesto alertó a Jin. Pero fue demasiado tarde. El 'click' sonó antes de que ninguno de los dos jóvenes pudiera reaccionar.
Heihachi Mishima apretó el gatillo de su revólver. El rugido del arma resonó en la enorme estancia mientras la bala volaba, impactando finalmente en el pecho de su nieto.
- ¡Hijo de p... -gritó Hwoarang, pero se apresuró a agarrar a un tambaleante Jin-. ¡Kazama!
- Hice la promesa de que Ogre tendría tu vida -dijo Heihachi, que seguía apuntando a Jin con la pistola-. Como sabes, soy un hombre de palabra.
Hwoarang parpadeo, incrédulo. Esto no podía estar pasando. ¡No podía estar pasando! Jin intentó mantenerse en pie, sus miradas se cruzaron por un momento antes de que el japonés intentase dar un paso adelante hacia su abuelo. Lo consiguió, pero casi hizo perder el equilibrio a Hwoarang.
Entonces fue cuando sonó el segundo disparo.
Hwoarang parpadeó cuando la sangre de Jin le salpicó. Intentó sujetar al japonés, que caía de espaldas, pero no lo logró. Lo agarró, pero ambos se fueron al suelo. Jin era un peso muerto. Jin no se movía. Jin no respiraba.
- ¿Kazama? -preguntó Hwoarang, dando media vuelta al japonés en sus brazos, para ver que le había pasado-. ¿Jin? -La sangre lo manchó todo. Jin tenía dos agujeros de bala en el pecho-. ¡¿JIN?! -No hubo respuesta. Hwoarang se giró hacia Heihachi, pues sabía que iba a ser incapaz de levantarse. Por su rodilla y por el peso del cuerpo de su compañero-. Hijo de la gran puta.
Y el revolver rugió por tercera vez.
