Disclaimer: Rowan y Arah son personajes nacidos para el universo de los Juegos del Hambre y nos pertenecen a Cora y a mí. Cherise es propiedad de HikariCaelum

¡Disfruten!


Capítulo 29

Arah

"No sé nada sobre bebés".

Eso es lo primero que pienso cuando me inclino sobre la cuna de Callie y la observo. Está despierta, con los ojos abiertos y, evidentemente, tiene mucho mejor aspecto que la última vez que la vi, menos abotagada y con un color de piel más claro, menos rosada y más blanca, como su madre.

Le han puesto un vestido abrigado que se abulta por debajo de la cadera, supongo que por el pañal, y tiene las mejillas rosadas. El mechón de cabello rubio rojizo que tiene en la parte más alta de la cabeza se le ha rizado un poco y cuando parpadea, sus pestañas ondulan y dejan al descubierto unos ojos que son una versión encogida de los de Cherise.

Hay un hilillo de baba que se le escapa de entre los labios y agita los puñitos, sin levantarlos demasiado, cada uno a un costado de su cuerpo.

Su respiración es ligeramente más rápida que la mía y me concentro en ella, intentando calmarme. Aún siento la cara y el pecho calientes por el enojo, pero estar en esta habitación ayuda bastante.

Tomo una mantilla, del tamaño de un pañuelo, y con ella le seco la saliva que le corre por una de las regordetas mejillas. Hay un ligero movimiento en sus ojos, pero no llega a girar el cuello. Supongo que es demasiado pequeña como para poder hacer eso. Suelta un sonido simpático y cuando abre la boca, veo sus encías desdentadas.

Me inclino sobre la cuna y pego la barbilla al borde, observándola simplemente ahí, envuelta en mantas, mirando una cosa con forma de círculo que han colgado encima de su cuna, con una docena de figuras de algún material que refleja la luz y que tienen forma de pajaritos.

Ni siquiera sé si, con un día de nacida, ya puede ver las cosas encima de su cabeza con claridad o si solo le gustan sus colores, pero toco el colgante con los dedos y lo hago girar y la observo, arrobada, mientras ella parpadea muy concentrada, o al menos tanto como puede estarlo un recién nacido, viendo el objeto encima de su cuna que tiene unos diminutos cascabeles que repiquetean alegremente.

No hace muchas más que eso, hasta que meto una mano en la cuna y acerco un dedo a la diminuta palma. El efecto es inmediato: los deditos se cierran alrededor de mi índice, apretando con una fuerza que me impresiona. Le sonrío como una idiota.

―Seguro que te entretiene más si la coges en brazos.

Doy un respingo y ella suelta un berrido, probablemente asustada por mi sobresalto cuando le quito el dedo del encierro de su mano.

Rowan está apoyado en el marco de la puerta, observándome con aspecto indolente.

―¿Desde cuándo estás ahí?

Él se encoge de hombros.

―Subí, más o menos, cuando acabé de dejarle en claro a Jess un par de cosas. Y si no la coges, va a seguir llorando― dice señalando la cuna con la barbilla.

Observo a la niña como si, de repente, le hubiera salido una segunda cabeza.

―Cógela tú.

Él cruza los brazos sobre el pecho y me ve con una sonrisa nada disimulada.

―¿Le tienes miedo a la bebé?

Pongo las manos sobre mis caderas y frunzo el ceño.

―Por supuesto que no.

―Entonces, ¿por qué no la coges?

―Porque no quiero― replico.

Su sonrisa se vuelve más amplia.

―¿Es que no sabes cómo?

Se acerca, con esas zancadas largas y elegantes, hasta que lo tengo a un palmo de distancia mientras Callie sigue llorando.

―Cógela ¿sí? ― le digo cuando el llanto de la bebé empieza a angustiarme.

Él sonríe.

―Lo haré si admites que no lo haces tú porque no sabes cómo.

Lo veo con el ceño fruncido y él sostiene mi mirada con petulancia, mientras Callie sigue probando lo sanos que están sus pulmones con gritos salpicados de lágrimas que le corren por las mejillas.

Por una vez, él prueba ser mejor persona que yo, porque antes de que llegue a ceder, él se inclina sobre la cuna y mueve las mantas, de manera que rodea a la criatura como si fuera un capullo para luego sostenerle la cabeza con una mano, mientras con la otra la sujeta desde abajo y la pega a su cuerpo. La mece de un lado al otro y, como por arte de magia, la niña deja de llorar.

―¿Ves? Incluso cuando están recién nacidas las mujeres se quedan mudas ante mi cercanía.

Siento ganas de darle un puntapié, pero entonces podría caérsele Callie y eso definitivamente me sentaría muy mal.

―¿Ya te sientes mejor?

Creo que se lo está preguntando a la bebé hasta que alza la mirada y me encuentro con sus ojos azules, viéndome fijamente.

Si algo me queda claro es que no puedo fingir con él que no sé de qué me habla.

―Jess es… es… in… ―me quedo sin palabras.

―¿Insoportable? ¿Infantil? ―sugiere él―. Sospecho que la palabra que estás buscando no es increíble, a menos de que sea algo como "increíblemente insoportable" o "increíblemente infantil".

Suelto un bufido.

―Sí, todas las anteriores― replico.

―Al final, decidí llegar a un acuerdo― me dice mientras baja la mirada hacia Callie. Sus largas pestañas proyectan sombras sobre sus pómulos―. Nos mudaremos a Heirfield dentro de un par de semanas y maman y Jess se irán a Londres en cuanto estemos instalados ahí― suena tranquilo, pero contenido.

―¿Hay algo que no me estés diciendo?

Él alza la mirada, sorprendido.

―¿Algo como qué? ― dice mientras reacomoda a la bebé, apoyando con cuidado su carita contra su hombro.

―No lo sé. Es que me parece que conversaron de algo más que no me quieres decir.

―¿Por ejemplo de en dónde vas a estar tú para ese entonces?

No se me había ocurrido. No sé en qué estado estará la nueva casa, pero asumo que, si no nos mudamos de inmediato es, primero, por el hecho de que Cherise aún se está recuperando de su parto y en segundo lugar, porque Callie aún es demasiado pequeña y delicada como para un viaje largo. Pero ¿hay algo más?

―No voy a usar esto para presionarte, Arah― dice él con calma mientras le frota la espalda a Callie con una ternura que me sorprende―. Ni siquiera ha empezado la primavera, así que te quedan unos buenos tres meses, como mínimo, si lo que quieres es ganarme la mano con mi apuesta. Pero si debes saber que yo no planeo ir a Londres esta temporada, a menos de que llegue alguna invitación que resulte fundamental para hacer negocios, pero eso era cuestión de dos o tres días, cuando mucho, así que no me voy a instalar en la mansión en la ciudad. Además, aun cuando Cherise esté en condiciones físicas para viajar, dudo que quiera hacerlo y si resulta ser así, me encargaré de disuadirla. Así que eso te pone a ti en una encrucijada, porque maman no estará en Heirfield por al menos un par de meses y, por lo tanto, no podrá hacer de carabina para ti. Lo cual no sería un problema si fueras mi esposa, pero, como eres terriblemente obstinada, tienes tres opciones: o vas con maman y Jess a Londres o traemos a tu madre a pasar la temporada con nosotros en Heirfield.

Parece tan tranquilo mientras me dice eso que, de no ser por el brillo travieso en sus ojos, podría creer que lo que me está presentando es realmente el mejor escenario.

Nunca me ha gustado la vida en Londres y estoy segura de que, sin importar cuan dulce y agradable resulte la duquesa madre, no voy a sobrevivir a dos meses de bailes, fiestas y reuniones de té con Jess. Y la posibilidad de llevar a Emma a Heirfield ni siquiera está sometida a consideración. Simplemente no es algo que esté dispuesta a hacer.

―¿Y la tercera opción?

Él sonríe, es claro que estaba esperando a que le preguntara.

―Casarte conmigo, por supuesto.

―Ninguna de esas opciones me gusta― digo arrugando la nariz.

―Yo estoy segurísimo de que la última te encanta― dice él―. Lo que pasa es que, como dije, eres cobarde y no quieres admitirlo de verdad. Lo que me lleva a la pregunta ―dice poniéndose serio―. ¿a qué te referías hace un rato cuando me dijiste que ya no es librarte de nosotros lo que quieres?

―Pensé que no ibas a presionarme con lo de la mudanza― digo, evadiendo su pregunta.

―No lo hago― dice él, luciendo sorprendido, aunque por la mirada que me da después, no me deja dudas de que ha visto a través de mis intentos de no responder a su pregunta―. Ven― dice de repente―, te enseñaré a sostenerla.

Mis manos se van automáticamente hacia mi espalda.

―Contigo está bien― le digo.

―Por supuesto que lo está. Pero no puede acostumbrarse solo a mí. Y pensé que habíamos llegado al acuerdo de que tú y yo le daremos el afecto familiar que necesita ¿no? Cualquiera de las sirvientas puede encargarse de estarla cargando, pero, finalmente, tú serás su madrina. ¿Planeas que yo la cargue todo el tiempo?

No me deja mucho margen para rehusarme cuando se acerca a mí, tan cerca que noto el calor que emana de él.

―Lo más importante es que le sostengas siempre la cabeza. Lo mejor es usar la palma de tu mano al principio. Conforme se haga más grande, sus huesos y músculos serán más fuertes y podrá sostenerla ella misma y apoyarla sobre tu brazo. Y no hagas presión aquí― dice cuando la mano con que él sujetaba la cabeza queda libre y su peso recae ahora sobre la mía, y Rowan palpa, apenas con las yemas de los dedos, una zona en su cráneo que parece blanda―. Ahí todavía no se ha terminado de formar el hueso, así que es una parte muy, muy sensible.

Lo observo con ojos desorbitados y él se ríe.

―Tranquila. No se te va a caer de cabeza. O al menos eso espero. Ahora, apoya la otra mano bajo la mía. Anda― dice cuando me tardo unos segundos en sopesarlo ―, te prometo que no me voy a aprovechar de ti enseñándote como alzar a un bebé. ¿Ya la tienes?

―Eh… eso creo.

―Bien. Voy a sacar mi mano ahora― dice moviéndose muy lentamente y puedo sentir la intensidad de su mirada sobre la cara. Siento como el peso de la bebé recae sobre mis brazos cuando él la suelta por completo y me aferro a ella con fuerza, aterrorizada por la posibilidad de que se caiga y se golpee su blanda cabeza contra el suelo.

Él se ríe.

―No es un cañón, Arah. No va a dispararse de repente.

―Habría sido mejor que no me dijeras del defecto asesino que tiene en la cabeza.

―No es un defecto― replica, rodando los ojos―, es la naturaleza. Y créeme que cuando tengamos a nuestros hijos, agradecerás que su cabeza no esté completamente formada cuando salgan de ahí― enrojezco de inmediato y, para disimular, bajo los ojos hacia Callie, que pega una manita a mi vestido y cierra los ojos.

―No es necesario que estés de pie todo el tiempo ―dice Rowan―. Ven― dice y yo tengo que ahogar un chillido cuando mis pies se elevan del suelo y él me carga hasta la mecedora que se encuentra en la esquina. Me sienta sin problema y empuja con suavidad el respaldo, de manera que Callie y yo nos mecemos suavemente. La bebé suelta un bostezo y su boca forma un círculo rosado que me deja ver las encías y la diminuta lengua, aún con restos de leche en ella.

―Eso ha sido horriblemente peligroso ¿y si la dejaba caer?

Él se ríe.

―Claro que no lo ibas a hacer. Se llama instinto.

―El hecho de que asumas que todas las mujeres tengan instinto maternal me resulta de lo más odioso.

―Claro que no todas las mujeres lo tienen― dice él mientras se apoya contra la saliente de la ventana y me observa meciéndome con Callie en brazos―. Pero tú lo tienes. Lo que pasa es que no has tenido oportunidad de ponerlo en práctica. ¿Te sientes incómoda?

―No― replico automáticamente―. Rara, pero en un sentido positivo, creo.

―Es porque la quieres― dice él con calma―. Por extensión, porque quieres a Cherise.

―Para ti no creo que sea igual. Me da la impresión de que la quieres por ser ella. Porque es una Greyfox no. Aunque no sé si legalmente, ahora que lo pienso. ¿Qué apellido va a llevar?

―Rainbow, como Cherise.

―¿Por decisión de ella o tuya?

―De ambos. No puede llevar el apellido de su padre y si le doy el mío, tendría que hacer un montón de papeleo para hacer la salvedad de que solo será mi heredera en caso de que tú y yo no tengamos hijos. Pero vamos a tener un montón, así que parece un esfuerzo inútil.

Me pregunto si será parte de todo lo que he descubierto sobre mí misma y sobre nuestra relación el motivo por el cual ya ni siquiera me molesta el oírlo hablar con esa seguridad sobre lo que depara el futuro para nosotros dos. Y tal vez es por sentir a Callie, cálida y serena en mis brazos o por el hecho de que no siento asco cuando se embadurna los dedos de saliva y luego los apoya en la piel desnuda de mi garganta, pero, de repente, me imagino sosteniendo a uno de estos, un niño con el mismo cabello rebelde de Rowan…

Me sonrojo.

―¿Te estás quedando dormida?

Niego con la cabeza.

―Creo que vas a conseguir dormirte antes que Callie― se burla él―. Puedo cargarla yo de nuevo si necesitas levantarte para estar despierta.

La aprieto un poco más fuerte contra mi cuerpo.

―No, así está bien― digo elevando la mirada y él parece bastante satisfecho―. Sobre mis opciones…

―¿Si?

―No quiero ir a Londres si Cherise no va a ir ni… ―iba a decir "tú tampoco", pero me muerdo los labios y continúo hablando―. Y no quiero a Emma cerca de Cherise ni de Callie.

―Lo cual nos deja la opción número tres― dice sonriendo de una forma que hace que quiera arrojarle algo.

―No lo sé― le digo―. En este momento me siento confusa sobre un montón de cosas y está claro que haberme despertado hoy en tu cama no me ayuda mucho― le suelto y él sonríe.

―Creo que esa fue una de mis partes favoritas del día, verte a ti en mi cama.

―Cállate― le digo en un susurro, pues Callie se ha acurrucado contra mi pecho y parece más y más cerca de quedarse dormida a cada segundo―. Y deja de regodearte en ello. Me quedé dormida en el sillón y estoy segura de que no me metí en tu cama mientras dormías.

Su sonrisa se vuelve más amplia.

―¿Segura al cien por cien? Porque me parece que si sacas el tema a relucir es porque estás un poco preocupada.

―No lo estoy, para nada― le miento―. Así que mi conclusión es que decidiste embaucarme.

―Deberías agradecerme que fui un caballero y te permití dormir cómodamente.

―Pero no dormimos juntos― le señalo.

―Esa parte es solo cuestión de tiempo. Estoy seguro de que, cuando nos casemos y tengas la habitación de la duquesa a tu disposición, preferirás pasar las noches en mi cama. Nuestros hijos nacerán en tu cama, pero serán concebidos en la mía.

―Seguramente me voy a arrepentir de esto, pero ¿cuántos hijos planeas tener?

―Tendremos al menos tres, pero mi plan es tener cinco.

―Bueno, esa es otra cosa que agregarle a mi lista de motivos para no casarme contigo.

―Seguro que es una lista cortísima.

―Razón número uno― empiezo―, eres increíblemente pretencioso.

―Yo más bien diría que estoy muy consciente de mis virtudes.

―Razón numero dos― continúo―, eres un déspota.

―Si fuera un déspota, ya estarías casada conmigo― dice, rodando los ojos.

―Razón número tres, ni siquiera he aceptado casarme contigo y ya has decidido hasta cuántos hijos vamos a tener…

―Te dije que era una lista cortísima― no parece ni siquiera un poco avergonzado―. Ahora vamos a ver los puntos a favor. ¿Quieres empezar tú con lo evidente?

―Qué va… Se me acaban de ocurrir un montón de cosas para la lista de contras.

―Mala suerte, ya habíamos acabado con esa. En primer lugar, soy tremendamente atractivo.

―Pensé que el punto número uno sería que eres un duque, o que eres muy rico.

―Esos son los puntos dos y tres. Pero es bueno ver que los tienes en cuenta. Punto número cuatro, me encuentras irresistible, incluso cuando no quieres que así sea. Punto número cinco, te gusté inclusive cuando no tienes idea de los puntos dos y tres, es decir, que los puntos uno y cuatro resultan suficientes. Punto número seis, te encanta mi familia. Punto número siete, te estás muriendo por tener uno de estos que se parezca a nosotros dos― dice mientras se inclina y acomoda la manta de Callie, que finalmente se ha dormido―. Punto número ocho, no puedes evitar derretirte al ver que, además de los puntos del uno al seis, soy increíble con los niños. Punto número nueve, tienes la seguridad de que, así como no habrá nadie más para ti, nunca habrá nadie más para mí. Y punto número diez, estás enamorada de mí, aún y cuando te sigues resistiendo a la idea.

Parece esperar a que lo contradiga. Y está claro que yo debería hacerlo, pero las palabras simplemente no me salen.

―Esa me parece una lista lo suficientemente sólida, Arah― dice él con suavidad―. Y tú estás retrasando lo inevitable, pero, como te dije, no voy a presionarte― se inclina y me besa en la mejilla antes de quitarme a Callie de los brazos―. Esperaré lo que haga falta, pero, por ambos, no deberías hacernos esperar mucho. ¿Necesitas a alguien además de a Amara para preparar tus cosas para la mudanza?

El cambio de tema me deja parpadeando con sorpresa.

Rowan pone a Callie en la cuna y lo veo acomodar las mantas para dejarla cubierta, lo que me da unos cinco segundos para respirar antes de que él se voltee.

Ni siquiera sé qué es lo que me detiene. No, sí lo sé. El problema es que no quiero que el gane.

―No, creo que Amara y yo nos las arreglaremos bien― digo en lugar de expresar lo que me ronda la cabeza de verdad.

Él no parece contrariado por el hecho de que no hago referencia a todo el tema de conversación anterior. Es muy bueno disimulando lo que piensa.

―Bien. Había planeado que tuvieras un puñado de damas para este momento, pero creo que con todo el tema de Cherise y de la mudanza, no sería muy práctico.

―No quiero a nadie más― le digo.

Él asiente.

―Debemos resolver el asunto de Londres, pero tienes un par de semanas para eso. Ahora vete a la cama.

―No tengo sueño― le digo―. Me he pasado casi todo el día durmiendo.

―Estoy seguro de que, en cuanto apoyes la cabeza en la almohada, caerás rendida.

―¿Tú planeas irte a dormir?

―Seguramente responda unas cuantas cartas antes, pero sí, lo más probable es que me vaya a la cama pronto, no tiene mucho sentido agotarme ahora. Aunque es una lástima que no vayas a estar ahí tu también.

―¿Vas a irte a Heirfield antes que nosotras?

―No. Los encargados de la mansión parecen lo suficientemente capacitados para hacerse responsables de las reformas y me he conseguido a un grupo de personas entusiasmadas por el trabajo en esta época. Después de todo, la mayoría se dedica a la agricultura o criar ganado y no puedes hacer mucho de ambas en pleno invierno.

―Y seguro les estás pagando una barbaridad.

―Es la casa en la que vamos a criar a nuestros herederos, Arah. Cualquier esfuerzo por hacerla mejor, es poco. Y estoy seguro de que te va a encantar.

―¿Cómo? ¿Cómo estás tan seguro?

Sonríe.

―Como dijiste, soy un pretencioso. Y te conozco. Cuando lleguemos allá, tendrás que admitirlo.

―¿Por qué no te molesta? ―le pregunto de improviso.

―¿El qué, cariño?

―El tener que esperar.

―¿Por ti? ―se pone muy serio―. Soy un hombre impaciente, pero incluso con ese rasgo de mi personalidad, sé que las cosas buenas tardan su tiempo― se encoje de hombros―. Tenemos el resto de nuestras vidas por delante, ¿qué diferencia harán una semana o dos más para que lo aceptes?

―¿Y si no lo aceptara nunca?

Él adopta una postura pensativa, lo considera de verdad.

―Pues entonces supongo que serán dos vidas muy desdichadas― dice finalmente―. Y entonces solo podremos culparte a ti― me ofrece la mano, ayudándome a levantarme de mi asiento―. Vamos, hora de dejar a Callie dormir.

Y cuando sujeto su mano, me golpea la realidad.

El hecho de que, en efecto, una vida sin él, sería realmente desdichada.


Arah reportándose al deber (y yo también)

Yo sé que la nena es cabezota, pero hay que culpar a Cora que la hizo así. Vamos avanzando poquito a poco, pero por lo menos no retrocedemos, así que lo llamaremos progreso.

Espero que hayan disfrutado del capítulo. Yo, desde luego, disfruto del avance.

Un abrazo, E.