LAS DOS CARAS DEL SER
LIBRO I: EL PRIMER GOLPE
CAPÍTULO 29: FRUSTRACIÓN Y AMBICIÓN
La Nissan Murano gris iba fácilmente a más de ciento cuarenta kilómetros por hora, buscando Takashi Mikadono por todos los medios evitar que al menos seis patrullas de policía pudieran alcanzarlos saltándose los semáforos y evitando cualquier obstáculo que existiera en su ruta de escape.
A la vez, Megumi Amamiya y Shigeru Monouhi disparaban contra sus perseguidores. Bala tras bala era dirigida contra aquellos policías que ciertamente eran muy tenaces en su afán de detenerlos. Debió ser aquella cacofonía producto del intercambio de balazos así como los chillidos y el bamboleo de los bruscos giros de la enorme camioneta para despistar a la policía lo que despertó a aquél hombre que habían sacado del Hospital Internacional de San Lucas.
-Aghhh… que… que diab… .-dijo aquél hombre aún débil y mareado que apenas abrió sus ojos azul-grises por un momento.
-Al menos estás bien y… .-decía Shigeru cuando notó que unos extraños Infinity M45 negros se unían a la persecución.-Mierda… se debieron dar cuenta.
Entonces, el disparo de un revólver impactó uno de los espejos de la camioneta haciendo que Megumi sangrara levemente al caerle un pequeño pedazo de vidrio en la mano izquierda.
-Se acabó… tendrán lo suyo, infelices.-dijo Shigeru desenfundando su Minebea PM-9 y arrojando una ráfaga de tiros que impactaron la frente al conductor de una de las patrullas, haciendo que el auto se salga de control y acabe chocando uno de los autos negros que se unieron a la persecución.
Fue cuando se abrió fuego de metralla contra la camioneta en la que iba un inconsciente Paul Tapia. Las ventanas y parte de la carrocería empezaron a ser destrozadas por los impactos de bala al punto que parte del metal se salía del mismo. El tiroteo continuó y los disparos de Shigeru y Megumi eran increíblemente precisos, al punto tal que ya dos patrullas más y otro de los Infinity negros eran puestos fuera de carrera y chocaban las patrullas con sendos postes de electricidad, y el automóvil negro contra la pared de un edificio.
Aquél ruido y el movimiento de la camioneta hicieron despertar completamente a Paul quien se dirigió a Shigeru y le preguntó:
-¿Quién eres?
-Tu hada madrina, bello durmiente.-le contestó el hombre en forma burlona, antes de dirigirse a él en forma seria.-Shigeru Monouhi, y fui agente de inteligencia japonesa.
-¿Inteligencia japonesa?... Momento… tú me sacaste de esa comisaría ayer.-dijo Paul recordando varias cosas y tratando de atar cabos.
-¿Ayer? Debes estar confundido, han pasado varios días desde que nos vimos.-tras decir aquello, Shigeru volvió a cargar su subametralladora y disparó contra más y más patrullas y carros negros que aparecían como perseguidores.-Por cierto, mis colegas… Megumi Amamiya y Takashi Mikadono… éste es el paquete, Paul Tapia. O mejor dicho… el "Guardián".
-¿Cómo sabes quién soy?-dijo un Paul desconfiado ante sus interlocutores.
-Confía un poco, si no llegaba yo hubieras sido carne muerta.-dijo Shigeru en un tono burlón, a la vez que le daba una maleta con sus ropas.-Hemos registrado las actividades de tus aliados y las tuyas desde hace mucho, pero desde hace pocos días la realidad ha cambiado.
-Tuvimos que interceptar telefónicamente a Takera y a Konoye. Nos costó algo de tiempo pasar desapercibidos. Ojalá valgas la pena para atraer tanta atención.-sentenció Megumi con frialdad.
-¿Interceptar telefónicamente al Primer Ministro? El tipo es un asco al gobernar pero… .
-¿Primer Ministro? Ja… ojalá fueran así de fáciles las cosas.-repuso Takeshi mientras viraba una y otra vez en varias esquinas haciendo que el número de perseguidores disminuyera.
-Explícate.-dijo el joven, calmándose algo más y respirando aliviado al tiempo que tras registrar sus pantalones estaba su Armor Capsule en el bolsillo derecho de los mismos.
-Se ha dado un golpe de estado hará cuatro días. Takera se ha hecho con todo el poder como emperador absoluto en Japón respaldado por esos enemigos tuyos.
Paul estaba azorado ante aquellas noticias. Definitivamente la derrota que él y todos aquellos héroes tuvieron cambiaron para mal las cosas. Fue cuando de pronto recordó haber visto más de una escena en el tiempo que estuvo inconsciente, una frase en específico lo hizo rememorar varias cosas.
Ese es tu gran problema... el equilibrio. Debes de mejorarlo ya que manteniendo una buena postura, tus técnicas mejorarán... recuerda que cada una de ellas está en función de los movimientos que haces... confías mucho en tus poderes pero eso puede ser a veces fatal... los Shadow Warriors serán un ejemplo de eso. Era la frase de aquél hombre con quien tuvo la oportunidad de pelear gracias al sacrificio de Tseu.
Adén, claro… mi cuerpo astral estuvo allí… ¿salió Kay bien de eso?, pensó el Guardián de Bronce. Pero antes que pudiera pensar más sobre qué pudo o no pasar allí, el tiroteo que se estaba dando le recordó las cosas.
-Er… ¿puedo saber el por qué de este tiroteo o sigo en la luna con esto?-preguntó Paul con algo de sarcasmo, mientras mantenía su guardia aún en alto.
-Ah eso, jejejeje… es que te sacamos del hospital en que estabas muy a tiempo, dos sujetos iban a matarte. Pero parece que ahora todos nos están persiguiendo, eres popular para todos tus enemigos aquí, muchacho.-declaró Takeshi, mientras aceleraba de nueva cuenta.
-Oh demonios… tenemos más compañía viniendo desde las ocho.-declaró Megumi.
Desgraciadamente las palabras de Megumi estaban cargadas de razón, ya que podía verse a lo lejos como un helicóptero se acercaba desde el sudoeste a la camioneta en la que iban los tres ex agentes de inteligencia y el Guardián, y desde el cual disparaban ráfagas de metralla contra ellos.
-Se lo buscaron.-con un enorme esfuerzo, Paul se acomodaba y abría la ventana de la puerta trasera izquierda de la camioneta.
-Oye, ¿qué vas a hacer?-inquirió Shigeru.
-Detenerlos.
-¿Bromeas, no?-preguntó Takeshi.
-¿Cree que tengo ganas de bromear?
-¿Has perdido el juicio? Estás demasiado débil y… .-decía la ex agente Amamiya.
Ignorando las palabras de sus interlocutores, Paul ejecutó un ataque mental y controló los mandos del helicóptero que se acercaba haciendo que caiga en picada y se estrelle frente a todos los autos que venían persiguiéndolos. Pese a ello, Paul quedó tirado en uno de los asientos de la camioneta, mientras resentía el dolor que le producían aún varias heridas.
-Te lo dije.-repuso la ex agente Amamiya.
-Ah, silencio… logramos salir de esta, y puedo cuidarme… .
-¿Solo? Pensar así hizo que quedes vulnerable en un hospital y que dos matones hubieran rematado el trabajo sin problemas.-acotó Mikadono al tiempo que entraba a un enorme estacionamiento de varios pisos y conducía el auto poco a poco hasta un tercer piso del mismo, en la zona menos iluminada posible.
-Y ustedes fueron derrotados. De haberse unido más quizá no tendríamos lo que tenemos. Purga en todos los aparatos del Estado con hostilización e incluso torturas y homicidios incluidos. Nosotros y otros más pudimos ser parte de la lista pero nos adelantamos y llevamos material valioso. Sabía que Takera planeaba algo pero el nivel de ésta conspiración es perverso.
-¿Qué más pasó?-inquirió Paul.
-Todo tiene que ver con Onibuji y los socios que tienen, así como con las movidas que ha realizado Takera. Ése sujeto vendió al mundo entero a tus enemigos, y Japón es el primer adelanto. Llévate este CD. Hay archivos que explican todo lo que pasó, por cierto fíjate en un archivo muy especial llamado "prioridad cero", tiene información especial de tus "aliados" a quienes han venido investigando por meses al menos.
Antes que Paul pudiera decir nada, Shigeru habló.
-Ya no puedo ayudarte más. Debemos desaparecer del radar por ahora. Te buscan porque eres una amenaza a los caronianos, realmente no esperaban que vinieras. Te aconsejo que estés atento, habrá gente dispuesta a matarte por todos lados.
Paul no pudo siquiera decir adiós a aquellas personas apenas bajó de la Nissan Murano, ya que los tres habían bajado y tomaban cada cual distintos automóviles para luego desaparecer del lugar. Supo que debía mantener el perfil bajo y al salir del parqueadero se fijó en la calle en que estaba… había llegado a Juuban.
-Ah… creo que deberé estar oculto igual.-murmuró el resignado guerrero.
Mientras tanto, en la mansión Kido era Shun quien lograba despertar. Aún recordaba como la estocada que aquél Shadow Warriors le atravesó en el pecho y lo dejó sangrante e inconsciente. Distinguió entonces a Tatsumi al notar que era él quien lo arropaba.
-¿Dónde está Carlos?-preguntaba Shun, aún sintiendo dolor en todo su cuerpo.
-Ése sujeto te dio con todo… ha pasado una semana y recién has logrado despertar.-contestó Tatsumi.
-¿Y qué pasó con Ikki? ¡¿Dónde está mi hermano?!
-Relájate… esas heridas aún no sanan por completo… tu hermano despertó ayer, y se fue… ni siquiera dio las gracias.-gruñó el calvo.
Tatsumi continuaba con su perorata, ante el muchacho de cabello verdoso que no parecía hacerle caso alguno y seguía pensando en cómo fue derrotado por Carlos. Aquél Shadow Warrior parecía un demonio al pelear. Pobre Ikki, si yo hubiese podido defenderme… él no hubiera tenido que pasar por eso de nuevo, pensaba el Santo de Andrómeda.
A la vez, en los jardines de la mansión, Seiya golpeaba una y otra vez un enorme tronco ante la vista de Shiryu y Hyoga que se mantenían más calmados. En un momento el puño de Seiya destrozó el árbol en mil pedazos y empezó a llorar.
-Maldita sea… esos miserables no sólo me derrotaron… atacaron a Atena y asesinaron a millones…y el Santuario… juro que los haré pedazos… ¡los haré pedazos yo mismo!-Seiya dio un nuevo puñetazo, pero esta vez al piso, haciendo un enorme cráter en él.
Los compañeros de Seiya no decían nada, pero sentían lo mismo que el Santo de Pegaso: frustración.
Por su parte, en lo que alguna vez fuera el dojo Tendo, Ranma y Ryoga finalmente acababan de dedicarle una oración a Happosai, así como a Soun Tendo y Genma Saotome que también fueron muertos al tratar de defender el dojo de un escuadrón de comandos de élite caronianos que los mataron usando granadas de uranio.
Ranma y los demás hacían esto aunque andaban vendados en varias partes del cuerpo, producto de la pelea contra Huranuk y Carlos. Akane entonces se aferró a Ranma antes de llorar amargamente. Todos vieron aquello extrañados, era la primera vez que la menor de las Tendo lloraba en esa forma.
-No puedo creerlo… debimos estar aquí… papá… .-Akane no podía decir más y entonces Ukyo y Shampoo se la llevaron a otro lado.
Mouse pese a su pronunciada miopía pudo lograr ver como Ranma apretaba firmemente su puño derecho. No sólo Happosai, ni su padre, sino que Akane también estaba sufriendo.
-Pero… ¿cómo venceremos a sujetos tan fuertes?-inquirió Ryoga.
-Eso… es lo que no sé.-Ranma se fue del lugar, mientras empezaba a llorar en silencio.
Exactamente cinco minutos antes de que Ranma Saotome dijera tales palabras, Sakura Kinomoto suspiró apenas se aseguró de que su papá pudiera dormir. Él era una buena persona que la había cuidado desde niña aún pese a lo difícil que era una labor así para un padre sin su esposa. Una persona correcta que se ganaba decentemente la vida como profesor de arqueología, que se daba el tiempo de pasar tiempo de calidad en que le enseñaba cosas como cocinar o en el que eran felices, que siempre mostraba una sonrisa ante ella.
La palabra clave era eran. En pasado. Allí fueron felices, no ahora en el presente. No hacía mucho, Fujitaka había sido despedido de su empleo. Sus cosas habían sido sacadas de su oficina y por más que intentó averiguar el por qué simplemente lo evitaban o negaban. Por supuesto, su papá ni bien le mencionó esto a Sakura le dijo que igual no tenían por qué desanimarse, que igual todo saldría bien sin importar lo duro que fueran las cosas.
Ésas eran las cosas que pasaban por la cabeza de la muchachita de hermosos ojos verde esmeralda, quien intentó despejar su cabeza saliendo de casa y yendo en dirección al Parque Pingüino. Se sentó en uno de los columpios, pero el bombardeo de pensamientos que ella tenía en su cabeza le recordaba más y más todo aquello.
La Card Master sabía que la vida era realmente cruel, pero nunca pudo entender hasta qué punto, sino fue hasta ver a sus seres queridos morir en aquella horrible pelea. Touya primero, Tomoyo después, Yukito finalmente. Aún recordaba cómo fue que sus seres queridos acabaron asesinados frente a sus ojos, y ella fue incapaz de detener a los asesinos, con el preludio del robo de sus Cards y el distanciamiento de algunos de quienes fueron sus amigos.
-Hermano… perdóname. Yo… yo… .-murmuraba Sakura, recordando aún como aquella malvada mujer, Adelia, la manipuló al grado de hacerla cometer aquél acto horrible por el que aún sentía manchadas sus manos.
Fue eso lo que la hizo rememorar a Tomoyo. Aquella hermosa niña que siempre la seguía a todos lados disfrazándola y grabándola en vídeo cuando capturaba aquellas Cards, y considerándola su heroína. Para que al final fuera ella quien se sacrificara, para que sea la misma jovencita Daidouji quien reciba aquél ataque terrible que Adelia demoró. ¿Por qué habría hecho tal cosa la Shadow Warrior? Eso no importaba tanto ante el resultado de las cosas.
-Tú no debiste morir, Tomoyo… me considerabas tu heroína.-decía la niña, sintiendo que le quebraba la voz.
Quizá había sido un mensaje para ella. Un mensaje de lo débil que era, de que quizá traicionarla fue una estupidez. Y se lo repitieron ni bien sintió que la esencia de Yukito se sacrificaba para que Yue pudiera vivir sin que ella pudiera hacer algo para detener toda aquella tragedia. Debió ser más fuerte e inteligente, así tal vez tantas desgracias no se hubieran realizado.
Recordó entonces cierto "conjuro" que tenía pero que era menos cierto que nunca.
-Pase lo que pase… todo estará bien.-susurró Sakura con cierta ironía, antes de llorar y tirarse de rodillas en el suelo, al pie de los columpios y con la resbaladilla con forma de pingüino que todos llamaban Rey Pingüino como único "testigo" de dicha escena.-Perdónenme… Touya, Tomoyo, Yukito… les he fallado.
Seguía llorando y en un momento dio un grito:
-¡YA NO MÁS!
Tanto Taichi Kamiya como el resto de los digidestinados sabían perfectamente que el destino había sido relativamente duro con ellos en el Digimundo al hacerlos afrontar situaciones en las que tanto aquella realidad hecha en base a datos como aquella de la que provenían estarían en riesgo. Pero ellos solos con sus digimons habían podido superar aquellas amenazas.
En cambio esto parecía una pesadilla de la que eran incapaces de despertar. Era algo horrible saber que el Digimundo por el que tanto habían luchado ahora era dominado por los asesinos de sus camaradas en el resto del mundo. Los mismos que habían provocado tanta muerte y desolación, y ante quienes se sentían impotentes ya que en ninguna de sus batallas habían creído verdaderamente posible que la mayoría de sus padres pudieran llegar a morir, así como Cody, Mimi, Palmon y Digmon.
-Se ha derramado demasiada sangre… y los caronianos se están bañando en ella ahora mismo.-murmuró Ken Ichijouji, antes de apretar sus puños con tal fuerza que le llegaban a doler.
-No pudimos hacer absolutamente nada para detenerlos.-se culpaba Matt.
-¿Por qué?-murmuró Kari antes de abrazarse a Takeru sin poder evitar las lágrimas.
Ni Takeru ni el resto de los allí presentes podían decir algo por varios momentos. Finalmente el silencio se rompió cuando Tai habló.
-Esos miserables… son demasiado fuertes para nosotros… no podemos hacer más.-Tai dio la media vuelta mientras salía del cementerio.
-Si hubiésemos usado la digievolución DNA nosotros… .-decía Davis, pero un grito del anterior líder del grupo lo paró.
-¡¿Hubieran cambiado en algo las cosas?! ¡Ése sujeto barrió el piso con los Santos de Bronce y el "Guardián"! ¡No pudimos hacer nada para salvar a nuestros padres! ¡A MIS PADRES!-tras gritar aquello, Tai salió corriendo del lugar sintiendo como una lágrima surcaba su mejilla derecha aún sintiendo que el dolor le estaba destrozando el alma.
Nadie trató de detenerlo. Ante ellos estaban las lápidas de Susumu y Yuuko Kamiya, los padres de Tai y de Kari.
Pocos entre los padres de los digi-destinados habían sobrevivido. Uno de ellos era Hiroaki Ishida, el padre de Matt y T.K., aquél ávido fumador de cabello castaño corto y tez clara había estado en la sede de Fuji TV cuando presenció el ataque de los invasores extradimensionales. Aún cuando había visto cosas similares, lo ocurrido hará una semana era prácticamente lo más cercano al infierno.
Las imágenes que sus ojos castaños registraron se le quedaron en la mente puesto que aún recordaba los cadáveres carbonizados o pudriéndose por las calles con sus intestinos saliéndose del cuerpo, así como el fuego consumiendo cuanto edificio hubiera. Y los disparos y explosiones. Y los gritos de terror puro de muchísimos inocentes. Si aquello no era el infierno, se le parecía bastante. Y había sido capaz de sobrevivir a ello.
Ése recuerdo le era similar a su ex esposa, Natsuko Takaishi, madre de los digi-destinados de la amistad y la esperanza quien igualmente había vivido aquello con esa misma intensidad. Solo que a diferencia de su esposo había sucedido algo curioso, pues aparte de ello tenía pactada una entrevista con Akira Tamagusuku para hablar sobre el éxito empresarial de Onibuji, el cual había sido asesinado. Y por más que intentó indagar ante la policía sobre aquél crimen, jamás le dieron información del asunto.
Ahora la muerte de los padres de Matt y T.K. parecía inminente. Ambos habían sido secuestrados y golpeados por horas por encapuchados al interior de lo que parecía la habitación de un hotel de mala muerte. El hermoso rostro de Natsuko estaba con moretones a la altura de sus hermosos ojos azules, su cabello castaño claro y su tez blanca sangrando, así como su boca amordazada con un pañuelo teñido con el líquido vital carmesí. En igual situación estaba Hiroaki quien solo musitó un "perdóname" cuando supo que ya se colocaban tras ellos las personas que iban a ejecutarlos de sendos balazos, y ambos esposos pensaron como nunca antes que no deseaban morir así, queriendo vivir por más imposible que parezca.
De pronto, hubo una serie de estallidos que destrozaron las ventanas de esa habitación en pedazos y éstos se movieron como si fueran las esquirlas de una granada hiriendo mortalmente a los ocho encapuchados que habían sido los torturadores de ambos ex esposos, tras lo cual la puerta fue forzada de una patada y entraba una figura.
-¡Cuidado!-advirtió Natsuki en un momento providencial en que su mordaza se aflojó cuando vio que tras el hombre aparecían tres encapuchados más buscando eliminarlo.
Se giró y a una velocidad superior al ojo humano ejecutó sobre ellos tres series de patadas seguidas, una a alguna de las rodillas para romper así una pierna, la segunda a la altura de la caja toráxica buscando cesar la actividad cardiorrespiratoria, y la tercera a la cabeza para rematar cualquier actividad cerebral.
Pese a la oscuridad y a una visión ligeramente borrosa fruto de los golpes, Hiroaki pudo reconocer al hombre que hizo eso y que lo ayudaba a él y a su ex cónyuge a incorporarse, librándolos de las ataduras de las cuerdas y las mordazas.
-¿Tapia? ¿Paul Tapia? ¿Del Yomiuri Shimbun?
-¿Lo conoces, querido?-inquirió Natsuki.
-Lo traté cuando debí cotejar datos con la gente de ése diario sobre la ola de terror en Tokio.-explicó Hiroaki.
-Buscaba donde alojarme y no estaba el recepcionista. Me pareció oír gritos y… .
-No… no mientas, Paul.-dijo Natsuki.-¿Cómo podíamos gritar estando amordazados? ¿Y cómo es que poco antes de llegar se destrozaron las ventanas?
Ambos se miraron por un momento y entonces Hiroaki sonrió.
-Supongo que nos toca lidiar con personas especiales. Nuestros hijos y sus amigos, y ahora tú… adivinaré… ¿el "Guardián", no? Luces distinto que los Santos del Torneo Galáctico o que los chicos de Nerima, y eres mayor que muchos de los chicos que estuvieron allí, incluidos nuestros hijos.
-Eso explica la recompensa.-murmuró Natsuki.
-¿Recompensa?-inquirió Paul.
-Hoy por la mañana, Takera acusó a varios periodistas del Yomiuri Shimbun de ser traidores a Japón. Mencionó tu nombre y un monto muy alto para quien facilite tu localización vivo o muerto, siendo alguien que apenas empieza en el periodismo eso es anormal. Entonces… ¡¿por qué no hiciste lo necesario?! ¡Pudiste haber hecho más para detener a ésos miserables! ¡Para evitar tanta muerte! ¡Mis hijos pueden morir por tu culpa, "Guardián"!
Natsuki no lo soportó más y se abrazó a su esposo dejando que las lágrimas salieran.
-Yo más que nadie lo lamenta. Cuando les dije que oí gritos no mentía, sus mentes gritaban por no morir así, de modo que para mí fue fácil detectarlos.-murmuró Paul.-Aún no sé qué es lo que debo hacer pero si entiendo que debo evitar que esta locura siga. Solo que… no puedo yo solo.
Decir esas palabras era como quitarse el equivalente a la montaña Everest de encima de la mente para el joven Tapia. A él solo le era imposible vencer a los caronianos y necesitaba ayuda. El problema es lo que eso implicaba.
-¿Acaso… sugieres que estén de nuevo allí? ¡Es una locura! ¡Hiroaki viste lo que pasó esto es muy distinto de lo que pasaron Matt y T.K. ante esos digimons!-dijo Natsuki aterrada.-¡Tienes que estar loco para siquiera pensarlo, Paul!
-¿Tengo otra opción? A menos que ellos se nieguen, entonces respetaré su decisión e iré a pelear incluso solo si fuera preciso. Al margen de eso, díganme algo. ¿Todo el personal diplomático ya ha salido de Japón? ¿De todos los países?
-Sí, salieron todos. Oficialmente no hay ningún diplomático extranjero… .-dijo Natsuki.
-¿Extraoficialmente?
-Bueno, hay contactos pero son mucho más escasos. Dicen que en el resto de Japón existen muchas dudas sobre las nuevas lealtades al régimen de Takera.-repuso Hiroaki.-¿No sé? ¿En Kyoto quizá? Dicen que allí hay gente que sobrevivió a la purga en inteligencia japonesa que aún tendría contactos.
-¿Tienen que ver con alguien llamado Shigeru Monouhi?
-Creo que dijeron un nombre así pero no ando seguro. ¿Por qué?
El joven de ojos azul-grises observó la habitación ahora cubierta de sangre por los encapuchados agonizantes y se fijó en la laptop que había en una mesa de noche. Colocó allí el CD que le dio Shigeru horas antes y copió todos los archivos existentes, luego de lo cual hackeó los sistemas de registros de identificación de Japón. Tras ello, sonrió al momento de saber que solo tenía una poción consigo.
-Sus nombres ahora son Yamato Noda y Kaoru Inukai, aunque señora Kaoru por ahora está inscrita como Noda y aparecen como casados.-repuso Paul ante los ojos abiertos como platos de ambos ex esposos, al tiempo de darles una botella con un extraño líquido grisáceo.-Felicidades, los declaro marido y mujer provisionalmente ya que eso se me hizo más fácil a la hora de pensar en el escape e identidades falsas que deben tener.
-¿Escape? Matt y T.K. deben estar muy preocupados y… .-decía Hiroaki.
-Y si van los matarán a todos. Su ventaja es que por ahora los creen muertos hasta que se descubra la verdad. Vayan a Kyoto e intenten contactar a éstas personas para que se sepa quién es Takera en realidad.-dijo Paul antes de reparar en Natsuki.-No, no… controla las ganas de vomitar, te conviene.
Fue allí cuando para sorpresa de ambos periodistas japoneses, las heridas y moretones de Natsuki desaparecían rápidamente. Poco después sucedía lo mismo con Hiroaki, a pesar de la horrenda sensación de asco que tuvo al tomar gota a gota lo que quedaba de ése líquido gris. Allí fue cuando Natsuki cayó en cuenta que ese muchacho de ojos azul grisáceo lucía debilidad en su rostro y sudaba copiosamente, entonces tocó levemente su frente.
-Estás ardiendo en fiebre, deberías tomar esta cosa si eso te hace sentir mejor.
-Ojalá pudiera. Ésta era la última.
-¿Qué? Paul… ¿Acaso tú… .-dijo Hiroaki.
-No hagan caso a eso… podré estar bien y haré todo en mis manos para que sus hijos estén a salvo, para que se detenga este baño de sangre y de muerte. ¡Rápido, váyanse a Kyoto!
-Cuídalos, por favor.-murmuró Natsuki, quien dejaba ese horrible hotel de mala muerte con su ex esposo.
Pasarían unos minutos de aquello, tras lo cual aparecieron allí varios hombres más, algunos con tatuajes en los brazos y otros uniformados como policías y soldados japoneses. Paul solo sonrió en forma socarrona antes de hablar.
-Nunca creí que Takera y los caronianos se cagaran tanto de miedo de que esté vivo al grado de ponerle precio a mi cabeza. ¡Vamos!
Un segundo después solo se escuchó el estallido de los disparos de las armas de esos hombres mezclada con varios gritos. Ya para ese entonces, los padres de Matt y T.K. tomaban el tren-bala hacia Kyoto.
Tres horas después, ya el reloj marcaba las seis de la tarde y Rei Hino debía regresar al templo Hikawa, o mejor dicho, a lo que quedaba del templo, destruido parcialmente por los cañonazos de los tanques caronianos. Se sentía deprimida ante todo lo sucedido pues nunca antes ella y sus compañeras habían sido humilladas así. Y Darien había muerto, con todo lo que implicaba eso.
-No más Milenio de Plata… ¿será que acaso todo el futuro es negro ahora?-murmuró la sacerdotisa shinto, antes de detenerse por un momento mientras contemplaba todo a su alrededor.
Las pistas aún destrozadas, los postes de electricidad hechos pedazos, varios edificios con sus estructuras derruidas y carbonizadas, e incluso algunos restos de seres humanos que era difícil enterrar sin sentir el hedor a podredumbre era lo que se veía alrededor de cualquier parte de Tokio. Eso sin contar con las tanquetas de policía e incluso soldados del ejército japonés que estaban por varios puntos estratégicos de la capital japonesa, así como varios automóviles negros que rondaban la ciudad una y otra vez.
-¡Muere de una vez, maldito!-exclamó una voz.
Rei se volteó a ver qué pasaba, a estas alturas los abusos eran mucho más duros y frecuentes. Todo a partir del golpe que el Primer Ministro había dado. Ella vio entonces como varios hombres e incluso dos policías atacaban a un sujeto que aparentemente estaba lastimado e iba a transformarse.
-No… no puedo ni debo morir… .-contestó el atacado, que lucía cansado y tambaleante en sus movimientos.
Solo para que en un impulso ese hombre conectara un par de sonoros derechazos sacándose de encima a sus captores y con una llave de aikido logró derribar a un tercero que había intentado atacarlo por la espalda, para luego rematarlo de un pisotón en el cuello.
-Te acabaremos de una vez… varios de los nuestros han muerto cuando iban a liquidar a esa anciana china y los vengaremos… aghhh-el hombre que decía aquello entonces sintió como un golpe le daba de lleno en el pecho y lo mataba por la fuerza de ese impacto.
Los otros matones y dos policías más entonces intentaron detenerlo sacando sus pistolas pero fueron golpeados ferozmente y acabaron inconscientes en el lugar. El hombre caminó tambaleante unos pasos más, con dolor en su cuerpo que ardía por la fiebre, y cuya vista se tornaba borrosa y notó lo que desde su perspectiva era la figura de una sacerdotisa shinto a la cual era incapaz de reconocer.
-¿Hay más de ellos?-inquirió él.
Ella miró a su alrededor y notó que solo quedaban los dos, negó con su cabeza y allí es cuando el hombre se desmayó. Es cuando Rei lo mira atentamente y tras unos momentos, pese a su rostro cubierto de barba y bigote sin afeitar logra reconocerlo.
-No puede ser… ¿Paul? ¡Paul!-dijo la alarmada joven de pelo negro.
En el Palacio Imperial, Takera tomaba una copa de vino tinto junto con Konoye, Nikitin y Lao en una enorme mesa de roble.
-Lo logramos, Japón es completamente nuestro.-dijo Konoye, mientras hablaba con cierta emoción en su voz.-Acertaste en aliarnos con los caronianos desde un inicio y ya pronto el mundo será nuestro… emperador.
-Y tú eres Canciller de Japón.-repuso Takera, antes de proseguir.-Con todo el poder en nuestras manos y con los caronianos respaldándonos, nadie se atreverá a cuestionar u oponerse en nada a nuestros planes.
-Con esto ya no hay marcha atrás. En parte me alegra, la Dieta hubiera sido estorbosa si salía a la luz lo de Onibuji. Por cierto, ¿cómo se te ocurrió hacer que sesionen en el mismo Tokio?
-De hecho, algunos solicitaron que el gobierno se traslade a Osaka, otros a Kyoto o a Sapporo. Se los negué diciendo que hacer eso equivaldría a destruir la moral de todo Japón, y que para salvaguardar eso se debía sesionar allí. Supuse que ellos dejarían eso de lado y que enfrentándome en la misma Tokio podrían imponer a un nuevo Primer Ministro. Torpes, cayeron fácilmente gracias al miedo que fue impuesto. Yo gano, ellos pierden.
Fue entonces que Takera habló en forma burlesca de sí mismo.
-Para salvar a Japón de la ola de terror hay que militarizarnos. Para salvar a Japón de los terroristas hay que imponer estados de emergencia sin inteligencia eficaz contra nuestros enemigos. Para salvar a Japón y las vidas de los japoneses hay que aliarnos con quienes devastaron Tokio y buena parte del mundo. ¡Jajajajajajaja!-tras reír largo rato, Takera habló.-Como si a mí me importara Japón o los japoneses. Éste mundo es un feudo, sus habitantes son siervos, y nosotros los señores con los caronianos.
-¿Y lo de asesinar a la familia imperial? Es decir, pensé que estarían con nosotros.
-No lo harían y la Dieta hubiera tenido en ellos un aliado contra mí. Mejor era sacarlos del camino de una vez y de paso proclamarme emperador.
-Entonces convendrá que se muevan todas las fichas. En Rusia mis colaboradores quieren tomar el poder pronto y no me sorprendería que O'Connor piense lo mismo en Estados Unidos.-acotó Nikitin.
-Lo mismo en China. Los gobiernos del mundo han perdido tanto prestigio que obedecerán ciegamente al más fuerte y habiendo una alianza oficial, varios camaradas del Partido harán lo suyo y… .-Lao entonces fue interrumpido por Takera.
-Todavía no… si bien en estos días los caronianos han devastado buena parte del mundo aún debemos estar seguros.-dijo el actual emperador de Japón.
De pronto intervino una voz más en aquella conversación, apenas entró al despacho de Takera. Era un hombre que aparentaba menos edad de la que tenía en realidad, parecía como si tuviera sesenta años, su gesto que recordaba al de un samurai del siglo XIX, resaltado por la katana que siempre portaba con él. Era de estatura mediana, robusto, de tez clara, ojos oscuros y cabello canoso.
-¿A qué se refiere, emperador? Ahora podemos imponernos al mundo, como debió ser tras la Segunda Guerra Mundial.-explicó con fuerza el ya nuevo comandante de las fuerzas armadas del Japón.
Takera observó a Suzuka por un momento. Ciertamente jamás hubiera esperado que él fuera quien acabe dirigiendo al ejército japonés. Desde hacía tiempo para el actual emperador era evidente que al nuevo comandante de las fuerzas armadas del Japón le complacía ver a diferencia de algunos de sus colegas las reformas que militarizaban Japón, que le daban desde el punto de vista del anciano militar fuerza y respeto por razones incrustadas en lo más profundo de su alma.
Su padre alguna vez fue un oficial del ejército japonés que acabó muriendo en Iwo-Jima oculto en los túneles subterráneos contra los soldados estadounidenses hasta que uno de ellos lo achicharró con un lanzallamas, y su madre murió en Hiroshima como una de las tantas víctimas de aquella "arma diabólica" a la que se refiriera el emperador Hiro-hito.
-Ahora con los caronianos aliados a nosotros, podemos tener el poder que siempre debimos tener… teniendo el respeto que merecemos de parte del resto de este mundo y vengando las muertes de Hiroshima y Nagasaki.
-Eso es cierto… pero Huranuk ha dicho que lo mejor es dejar que nuestros enemigos queden de rodillas ante nosotros para así ir a las negociaciones.-replicó Takera, siseando cuidadosamente en la palabra "negociaciones".
Suzuka asintió tragándose su orgullo por la presión de su emperador. Aún pese a que no era el emperador legítimo, sus aspiraciones de darle a Japón la primacía mundial lo hacían ante él, más honorable que el emperador que había sido derrocado y que una Dieta incapaz.
-Será como usted ordene, emperador.-repuso Suzuka antes de salir del lugar.
Todos entendieron que negociar para Takera es algo así como colocarle una pistola en la sien al interlocutor y obtener todo lo que deseaba de él. Luego de eso, siguieron tomando vino y destaparon más botellas al tiempo que continuaron hablando de banalidades.
Fin del capítulo 29.
Notas del Autor:
Como ven, los héroes resienten emocionalmente la derrota que sufrieron pero se está creando aún sin que ellos entiendan cómo una posibilidad de resistirse a los caronianos y su dictadura títere. ¿Era necesario que Takera se imponga como dictador con libertades y garantías suspendidas y él teniendo ya un gran poder?
Lo que buscaba solo era sacar del camino a su oposición real y potencial para así allanar las cosas para él y para el imperio de Caronia, matarlos antes que lo de Onibuji saliera a la luz y eliminar cualquier oposición potencial a sus planes a punta de torturas y muertes. Léase por planes de Takera: vender el mundo y a sus habitantes quedando él como dictador títere con la posibilidad de lograr algo más en el futuro.
Nomás que no podría con todos. Ya rescataron a Paul y de a pocos existe una resistencia que eventualmente ganará cuerpo contra los imperiales y su dictadura títere. Claro, el panorama es sombrío por la derrota que sufrieron pero verán cómo nos acercamos a lo más intenso de éste Libro I de Las Dos Caras del Ser.
Dudas, comentarios, amenazas, sobornos y demás a falcon_blueaura y a falconblueaura
Hasta el capítulo 30.
