Disclaimer: La historia es original, pero los personajes que aquí se muestran son propiedad de Michael Dante DiMartino, Bryan Konietzko.
Muchisímas gracias por más de 500 reviews. En Reflexiones tengo unas palabras de agradecimiento.
Me gustaría felicitar a mis lectoras Laura Z., Julieth Es., V. Ibarra que ha estado de cumpleaños hace poco. ¡Felicidades!. Espero que me habrán un privado para decirme si les gustó e detalle :)
Contraluznocturno. Wordpress. Com ← SIN ESPACIOS . No me sean descuidados, que igual terminan en una pagina turco-chipriota o algo así
Gracias a todos los que dan Follow y Favorites, pero en especial a los que se han molestado en dejar unareview o postear un MP:
Rarie-Roo (aquí esta el momento de su reunión) RoseLangley02 (lo que has estado esperando) HanelBlamuTanu (Te doy un abracito por adorable) paolaBlackGoldSaw (Ya han llegado) Jiore(P'Li le haría una llave mortal y rompería a la pobre Ty Lee). Cosasmias96 (comienza a cementarse la relación) . Zaruko Hatsune (Si tu lo apruebas es excelente.) Adri Sato (Para el próximo vuelven a encontrarse), DeathInnocent (Fresón ha llegado) Berry 92 (hermosa historia con hermosa portada),Soulwolf dark (este capítulo es totalmente fuera del hospital) Niofuyuyima32 (Kuvira vs Terminator... Hay que hacer ese crossover) Murasakii-11 (Por fin juntas) AlexandraArcher (Para mi mostrar la vida cotiadiana de los personajes los hace más humanos y que podáis empatizar con ellos.) Taiga Sou (Veremos si se deja amar) lay05 (en breves veremos más de esos puntos. Ya veras.) Zakuro Hatsune(Si a ti te gusta, que teman), Obini (Me encanta que sigas acompañandome con tanto cariño y buenos sentimientos) Love is a wild animal Danirock (Ahora vas a ver el stalkeo profesional) LupitaAzucena (Animo con los examenes. Te deseo lo mejor) Alexandraarcher (Ha llegado la continuación) guest (Si al final te desmayarás xD ) AvatarYumiko (Si he logrado que el capítulo anterior se hiciera facil de leer es que voy mejorando como escritor) Berenice (Así les doy familiaridad a los personajes.. Al final acertaron el detalle.) Annimo (Lo has pedido y poco a poco será desvelado) Gunter (Que vayan preparando el ejercito de Kuv-Kuv) Ruha (me encanta que vayas dejando reviews en tus capítulos atrasados. Demuestras muchísimo cariño. Gracias de verdad)
Capitulo 29
Habían pasado algo más de una hora desde que la puerta de la habitación de Korra se cerró. Dos personas habían entrado para hacerle un examen psicológico, rogando privacidad para que la paciente pudiese calmar un poco su iracundo estado de animo.
Katara y Suki debían esperar fuera mientras se realizaba el examen por expreso deseo de su amiga. Su bajista había pedido que no estuviese nadie con ella y pese a no estar en plenas facultades, esos dos hombres le pidieron que cumplieran con tal demanda.
Ambos profesionales se presentaron como psicólogo y psiquiatra, respectivamente. Se habían presentado formalmente pero Katara no logró memorizar sus nombres porque antes de que pudiera apretarle las manos, Korra le pidió que se fuera. Su gran amiga les dijo que se marchasen, expresando la menor cantidad de palabras posibles y mirándola a los ojos fríamente.
Aquella sequedad hizo que la espera fuera casi una derrota anunciada para Azul. Nunca pensó que su amiga se hubiera comportado de tal manera y aunque entendía que aquella situación era atípica y estresante para la su amiga, semejaba que la presencia de sus amigas había sido una molestia constante.
Ella quería respetar los deseos de su amiga, entendía perfectamente que aquel estudio era algo serio y privado, pero al menos una sonrisa en vez de un ceño fruncido y aire de desagrado hubiera solventado dichos problemas.
A su lado, Suki daba pequeños pasos en círculos, trazando un circuito imaginario con sus pies y sin saber que hacer. El carácter de Pies Ligeros podía ser algo voluble en muchas ocasiones pero lo de hoy había sido casi una explosión atómica. La joven de ojos almendrados jamás había visto a su amiga comportarse de una forma tan desquiciada; siendo poseída por la rabia, el odio y el desprecio. Kabuki podía decir que en ningún momento se le había pasado por la cabeza que aquella tarde tan desagradable se coronase como la regente de las peores ultimas horas, hasta que esos hombres petaron a la puerta. A esos hombres podía no importarles el día o la hora, ellos querían ser profesionales, pero su amiga no lo iba a poner nada fácil.
Esa cabezota de Korra les ordenó irse de la habitación antes de poder poner una excusa para el comportamiento desatado que había tenido la convaleciente. No, antes de eso tuvo que hablar esa loca y atolondrada rockera y aceptar una revisión después de haber clamado a gritos su ira, hasta el punto de que sabían de su mal carácter hasta en las plantas inferiores.
Suki hubiera querido matar a esa tonta con las propias cuerdas de su bajo pero debía de intentar desviar la atención de aquella situación. A su lado, Katara llevaba desde hacia una hora esperando en el pasillo, algo que resultaba hasta insano. Todos sabían lo responsable y amable que era Katara, siendo casi la madre de todos en alguna ocasión, pero con esta situación estaba llevando muchísimo peso y teniendo que lidiar con más responsabilidades de las que podrían considerarse lógicas.
-Tranquila – dijo la guitarrista a una amiga que ya acuciaba el agotamiento. Azul siempre decía que estaba bien, siempre cargaba todo a sus espaldas y eso no era bueno.
-Estoy preocupada – respondió con una amigable sonrisa de cosecha propia.
-Ella estará bien, ¡ya lo veras! – exhortó Kabuki – Además, seguro que no es para tanto. Ella es dura.
Sus intentos de levantar el animo de su amiga eran dignos de alabanza pero caían en un infructuoso campo de esperanza. No era que Katara se preocupase por su amiga, cosa que hacia, sino que le disgustaba los entresijos del pasado de esta.
-Ella es dura, pero a saber que más se ha guardado – replicó la cantante al timepo que jugaba con los abalorios que llevaba en su cabello.
-¿Te molesta que no nos cuente todo? – el tono de la joven de ojos castaños estaba a medio camino entre lo ofendido y lo incrédulo.
-No, pero me da miedo lo que pueda pasar – ella guardaba celosamente los comentarios lanzados al aire de la doctora San Montie. Era mejor ocultar tales temores hasta que esas dos personas salieran del lugar.
-No te preocupes – volvió a repetir como si fuera una arenga militar – Tenemos que desearle buenos deseos.
Y sin esperar que su amiga replicase palabra alguna, Kabuki la abrazo tiernamente y apoyo su cabeza en el hombro de esta.
-Tranquila – volvió a repetir mientras notaba como Azul evidenciaba en su cuerpo el exceso de celo y de responsabilidades; temblando por el fruto de unos nervios que le aprisionaban y estrangulaban hasta el ultimo de sus músculos.
-Tienes razón – se permitió decir al tiempo que intentaba calmar ese temblor casi imperceptible que vagaba por su cuerpo – Ella es fuerte.
Mientras una chica de ojos como el mar combatía su propia batalla, una jovencita con ojos de esmeralda llegaba al hospital donde la primera permanecía desde hacia más de dos semanas. Asami Sato se aproximaba al Yangchen, edificación que se había convertido indirectamente en el centro de sus desvelos. Siempre se ponía nerviosa al ver el edificio a lo lejos, pensando que casi era una verdadera molestia preocuparse tanto por alguien, pero contenta de que los amigos de Korra agradeciesen sus visitas. La había dicho que la cuidaría, que ella la apoyaría y mil deseos que después de lo sucedido, semejaban mentiras. Al final todo era una falacia oculta en un velo de buenas intenciones, bañadas con el único motor que mueve a los Sato: El dinero. Ella quería ser distinta que su padre y con ayuda de Zhu Li lo sería, se demostraría a sí misma que podía ayudar a alguien con acciones y no firmando un jugoso cheque que terminaría en las manos de quien menos lo merecía. Su buena amiga le había recordado que no debía ser como su padre, creyendo que el dinero solventaba cualquier problema, porque ella era el fruto viviente de un hogar lleno de opulencia y vacío de amor.
Aquella pequeña Asami que cuando perdió a su madre se encerró en sí misma, apenas tuvo a alguien que la apoyase y la tratase el cariño que va más allá del vil metal. Solamente su nana, Kya, la quiso de verdad. Aquel recuerdo le dolía porque incluso ella tuvo que abandonarla y la niña que cuidaba se encontró sola y sin un abrazos.
La fortuna quiso que Zhu Li entrase en su vida, decidida a ayudar a una niña que no hacia más que lloriquear en un rincón. Así era Zhu, siempre decida a ayudar y la viva imagen de una buena samaritana, aunque no le temblaba el pulso en dar un tirón de orejas o llamar la atención ante lo que ella consideraba malo. Lo que ella consideraba malo podía ser diferente a la creencia de otras personas pero ella siempre procuraba argumentar los motivos y al menos lograba convencer a Asami. Un claro ejemplo de lealtad fue cuando su buena amiga dejó de tratarse con Jin, alegando que había sido infiel a la joven Sato y que la había tratado mal. Lealtad y severo amor, esa era Zhu Li Wan.
Así, divagando entre los recovecos de su mente, recordando momentos del pasado que consideraba ya perdidos en su lo profundo de sus memoria; Asami notó una mano que apretaba la suya. Allí, su buena amiga de lentes aferraba su mano para darle fuerzas pues, aunque no confiase mucho en todo el asunto que le había contado su amiga, quería estar allí y demostrarle su apoyo.
-Creo que deberíamos pararen la entrada – comentó Ty Lee desde el asiento del copiloto – Y no ir a un aparcamiento.
-Claro que haremos eso – un retintín burlesco surgió de la prima de la bailarina – A ver si puedes encontrar a esa chica, ¿no?.
-Así es – y ante tal afirmación la ingeniera de los Wan quedo desmantelada. Hacer enfadar a Ty Lee era difícil, casi imposible. Había soportado tanto desprecio hacia su forma de vivir su vida que había decidido ignorar las críticas y centrarse solo en lo que ella amaba. A la bailarina no le importa aceptar que algo le gustaba e intentar conseguirlo po sus propios medios para demostrar al mundo su determinación.
-Tienes razón – interrumpió la joven de ojos verdes – Me vendrá bien andar. Kuvira, ve a aparcar y luego reúnete con nosotras dentro – durante un segundo se tuvo que esforzar para no llamar al auto Hollín.
No le hubiera parecido mal contarle a las chicas que el vehículo tenía un nombre, seguramente a Ty Lee le encantase el nombre, pero no decirlo era como un vinculo secreto entre ambas y eso era agradable.
-Sí – aceptó la ingeniera – Porque si mi prima acepta ciertas cosas tan rápido es porque en verdad tiene interés.
-No es un interés vacuo – inquirió la bailarina al tiempo que Kuvira accionaba el intermitente para avisar del descenso de sus acompañantes – Es que no todos los días conoces a una heroína.
Heroína, por sorprendente que pudiera sonar así era como la joven de mirada risueña e infantil veía a esa chica a la que llamaban Chispas. Ella amaba muchas cosas, la danza era lo que más quería y más feliz le hacia, pero en el ámbito amoroso Ty Lee era ambigua. Esta ambigüedad se reflejaba en que ella se veía atraída más por personalidades, auras y sensaciones, dándole al cuerpo un lugar importante en la puntuación pero no así al género. A ella le interesaba más esa personalidad atrayente y magnética que algunas personas despedían a su alrededor, y aquella joven que sollozó entre sus brazos la atrajo desde aquella noche.
El trío de féminas bajó del vehículo en la entrada del hospital, con cuidado de no pisar los charcos que habían surgido en un súbito aguacero propio de esas épocas. No importaba que fuera verano, en esa ciudad siempre había la posibilidad de que un aguacero veraniego llegase sin avisar. Solían durar unos minutos pero aun así no importaba el tiempo si te atrapaba lejos de algún lugar donde poder cobijarte.
Pese al cuidado de la entrada, los bordes del pavimento estaban decorado con rastros de barro y algún paraguas decoraba las papeleras. Se notaba en el ambiente el indistinguible aroma clorofílico procedente a hierba mojada de los jardines. Acompañaba el caminar del trío una multitud de sonidos de claxón, quejas y motores arrancando, dejando claro que aquel aguacero no fue bien recibido por mucha gente.
Ty Lee iba evitando pisar las lineas de las baldosas al tiempo que la joven Sato se cerraba más el abrigo y se anclaba aun más en el brazo de Zhu Li. Era como enfrentarse a un ogro armado solo con una espada de madera. Por mucho que le diese miedo aquella bestia, había prometido que cuidaría de Korra y sabía que Zhu Li le ayudaría a evitar más errores. Fallos derivados de las toscas ideas preconcebidas de su padre con respecto de que el dinero era lo mejor del mundo y que era casi una tarifa que compraba amor al instante. Si algo podía decir Asami es que su buena amiga no iba a permitirle caminar por ese sendero porque las tres sabían que la joven heredera de la familia Sato no era así, no creía en esas cosas, no las apoyaba; pero en un momento de incertidumbre recuerdas tanto las buenas como las malas enseñanzas.
Paso a paso, con cierta lentitud se acercaban a las escalinatas y casi inconscientemente, la joven de ojos esmeraldas resopló levemente para intentar calmarse. Todo era diferente a días anteriores, no solo porque sus amigas estaban con ella para apoyarla, sino porque sabía que Korra estaba perfectamente despierta. Sí, ella sabía que en más de una ocasión la joven rockera fingía estar agotada y quedarse durmiendo para no hablar con ella, algo que cambiaría hoy. Hoy era Asami la que estaba decidida a hablar con ella, más aun sabiendo que hacia unas horas no solo había gritado cual valquiria vikinga. Esa bajista podía romper cosas y gritarle a su ex-novio, así que podía sostener una conversación con ella de forma medianamente civilizada. No quería servidumbre, solo un gracias. No quería controlarla, solo saber que estaba bien. No quería que quería someter a nadie, solo charlar. No quería molestar, solo una despedida. No quería ser una maldita acosadora, solo decirle que agradecía mucho su nobleza. Ella no quería sentirse como una hostigadora que venía a entrar en la vida de un grupo de personas sin preaviso ni consulta alguna, ella quería notar que había ayudado a alguien de forma personal y decirle que lamentaba haberle forzado a ser su niñera aquel día que pasaron juntas. Ella solo quería agradecerle el haber compartido con ella ese sentimiento de libertad y espontanead que desprendía ella. Solamente quería mirar a los ojos a esa bajista con aires bohemios, a esa trashumante de puentes mojas, a esa vagabunda de corazón roto; y decirle que ella era más radiante que la estrella Antarés. Pensamientos, miles de ellos, que aparecían en su mente y desaparecían como las bagatelas de Beethoven.
Zhu Li se ajustaba sus lentes y agradecía haber estado a resguardo durante la lluvia, odiaba tener sus lentes mojados. Detesta que aquellos cristales que necesitaba para su día a día tuviesen una mancha, un poco de polvo, o incluso la muestra de una limpieza rápida y chapucera; detestando por encima de todo que la lluvia convirtiese un mundo lleno de puntos translucidos. Así es, la ingeniera estaba pensando en sus lentes porque no quería darle importancia a la situación, porque dársela haría que su amiga se preocupase y la joven Sato solo era valiente por otros, jamás por ella misma. Asami tendía a preocuparse por otros, admirar a otros y querer a otros más que a ella misma. Era como el artesano que contempla las grandes obras de sus compañeros de oficio con admiración, pero desprecia cualquier cosa que esculpen sus propias manos. Sin duda, todo ello era fruto de su padre, de Jin, de la muerte de su madre y de ser considerada una opción deficiente pero obligatoria. Zhu siempre fue una Wan y siempre supo lo que deseaba hacer; pero ella tuvo posibilidad de elegir. Ella era una Wan, fuerte, terca y decidida; un rasgo que no se diluía en su familia. Ella era la cordura, el sentido común, el amor severo y la firmeza encarnadas.
Por otra parte, la actual heredera de los Sato se había hecho a la idea de que en algún momento su padre tendría un hijo y ella quedaría relegada a ser una olvidada. Desgraciadamente, esa idea se truncó y tuvo que aceptar sus obligaciones aunque estas la estrangulasen. Aunque Asami no estaba sola, Zhu Li la apreciaba tanto como a su prima y la apoyaría incluso en su noche más oscura.
Si ambas mujeres demostraban seriedad, la tercera en discordia se tomaba esa visita como si de una aventura se tratase. Ty Lee quería volver a ver a la persona que había demostrado tanta fuerza y valor, como ternura y debilidad; a esa tal Azula. La llamaban Chispa, lo había escuchado, y si le preguntasen a la bailarina diría que no habría un apodo mejor para esa belleza de labios finos y mirada voraz. Chispa, calambrazo, encendido, sonido de motor; todo conectado debido a que fueron esos ojos lloroso y esa actitud áspera lo que hizo que algo se prendiese en Ty Lee. Su prima intentó burlarse de ella pero no pudo hacerlo porque para esa hada danzarina es muy fácil admitir las cosas cuando las quiere. Nunca había entendido porque la gente ocultaba sus deseos cuando era más fácil decirlos a viva voz, como hacia ella.
Mientras caminaban, la bailarina daba saltitos hacia algunas baldosas para evitar una linea imaginaria de peligro. Ni ella solía caminar de forma tan esperpéntica pero aquello había hecho aflorar una sonrisa divertida a su buena amiga Sami. Sami siempre se reía de sus ocurrencias y decía que Ty Lee sería feliz en el País de las Maravillas, aunque ella prefería El Bosque Mágico.
Antes de subir el primer escalón, una figura humeante le llamó la atención a la bailarina. Allí estaba ella, con una camiseta sin mangas, una chaqueta oscura con cinchas decorativas y prendiendo el cigarro que tenía atrapado en sus rojizos labios. La bailarina se detuvo observando los muslos marcados en aquellos pantalones y los dedos surcando aquel oscuro cabello atezado.
-Os veo luego – se despidió la Wan de sus dos amigas, dándoles una sonrisa burlona.
-No te preocupes – la disculpó la joven Sato, admirada por tal determinación.
-Suerte – sonrió Zhu Li sabiendo que no era común en su prima tener intereses amorosos. Podía meterse con ella a veces pero era algo clásico entre dos primas que se querían como hermanas.
La pareja de amigas decidió seguir su camino, escalón tras escalón, al tiempo que la joven Sato notaba como se iba a librar del peso que le eran horas y horas de dudas, sin saber que ocurriría, sabiendo que por fin obtendría las palabras que llevaba semanas buscando.
Por otra parte, una joven de mirada infantil y mejillas redondeadas se aproximaba pausadamente a una su presa. Su presa era salvaje, con mirada de pantera, que mostraba sus tonificados al quitarse la chaqueta. Hacia algo de calor, la lluvia no la había alcanzado y era un animal de sangre caliente. Ty Lee se sentía como un explorador que veía por primera vez a hermosas nativas bañando sus cuerpos desnudos en las aguas del Pacifico, sorprendida y expectante. Se adentró en aquella zona cercana, donde comenzaba el paseo hacia los jardines, justo a la sombra de un roble, apoyando su mano en el árbol y exhalando pesadamente el humo del cigarro. La humareda la envolvía y mezclada con su blanca piel, le hacia semejar una aparición espectral digna de una banshee del folclor antiguo.
Paso a paso se aproximaba, hasta que observó esos ojos tíntileantes clavarse en los suyos. Era como mirar a un halcón, siempre avezado y esperando una presa. Sin duda, unos ojos dignos de un valor tan grande como el suyo.
-Hola – saludó Ty Lee con una sonrisa algo tontorrona, paralizada por aquella mirada severa – No sé si te acuerdas de mi.
-Me acuerdo de ti – contestó – Eres una amiga de Sato, ¿no? – y después de aquella pregunta obvia inhalo una calada más, prendiendo el final incandescente del cigarro.
-Bueno, eso esta bien – ante tal afirmación no pudo evitar extender aun más su sonrisa hasta que la alegría le provocaba un agradable dolor en las mejillas – Así no tenemos que empezar de cero.
-A ver, eres la chica que me llamaba heroína – una sonrisa sardónica y un tono de mofa se desprendió de cada palabra – Nada más lejos de la realidad.
-Así que si te acuerdas – no había atendido al tono, solo a las palabras – Eso me gusta aun más.
-¿Has escuchado lo que te he dicho? – y como si fuera dragón con cada silaba el humo de sus pulmones se libró de su cárcel de carne.
-Sí, que te acuerdas de mi – y juntando sus manos frente a su rostro dio una serie de palmadas de alegría – Eso es que te he dejado una buena impresión.
-¿Buena impresión? – en su mente Azula intentaba buscar la lógica a aquella chica.
-Bueno, una impresión es mejor que ninguna – aclaró – Y si te disgustase, teniendo en cuenta tu actitud, me hubieras mandando al quinto infierno de Dante de una patada.
Chispas estaba desconcertada, entre la vestimenta salida del Mago de Oz y la forma de moverse, no hubiera descartado que una rama de roble se hubiera caído y estuviese teniendo una alucinación. Era cierto, la conocía, le avergonzaba que la tratase así y mucho más el recuerdo de haber llorado a su lado; pero lo que más le avergonzaba era que creyese conocerla.
-¿Qué actitud dices que tengo? – tonó seco cual arena del desierto, preparada para esperar algún reproche.
-Venga ya sabes – para Ty Lee era como preguntar lo evidente.
-Ilumina mis dudas – rogó al tiempo que Azula ya se preparaba para los típicos comentarios hirientes propios de su forma de ser. Delincuente, busca problemas, buscavidas; eran algunos de los comentarios que le regalaban más de una vez.
-Valiente, hermosa, decidida – cada cualidad iba acompañada de uno de sus dedos como si contase mentalmente cuantas se lleva – Tozuda y puede que algo tímida.
Sin palabras se quedó la peleadora de ceño perpetuamente fruncido, quien había esperado cualquier cosa pero nunca algo así. Ella estaba acostumbrada al intercambio de insultos y a demostrar que su lengua podía destilar un viperino veneno casi tan dañino como sus puños, pero no a esto. No se había preparado para la visión tan heroica, casi mítica, que tenía de ella. Esa sorpresa provocó que en las mejillas de Chispas surgiese un rubor a medio camino entre el sonrojo del halagado y la bermellón de la vergüenza.
-¿Soy hermosa? – solamente había podido escuchar las primeras palabras que le habían dejado en shock ante tal dulzura. Era cierto que sus amigas decían que era guapa pero nunca de ese modo y menos usando un adjetivo tan puro y poético.
-Eso he dicho – y a la respuesta le vino una tierna mirada, inclinando la cabeza y aleteando las pestañas, a la vez que jugaba con su pelo de forma coqueta y estiraba una pierna para hacer notas sus caderas. Gesto típico y clásico de los cincuenta, detalle de clase y elegancia en los setenta, olvidado en los noventa y que era un sello distintivo de la bailarina.
Aquellos ojos, grandes y brillantes, la miraban de forma sugerente y pretendían tentarla; craso error. Su mente computó las palabras 'tozuda' y 'terca' en ese momento, además de que una mirada salida en mil película clásicas no iban a poder con ella.
-Y también has dicho tozuda y terca – su tonó denotaba cierto desagrado – No es un buen punto para conocerse – y siguió fumando.
-Lo siento – Ty Lee se acercó con la cabeza agachada aunque con fingido arrepentimiento – Si te has ruborizado eres algo tímida – lo dice con suficiencia, al igual que el detective que descubre al asesino.
Ante tal prepotencia Chispas frunce el ceño y y estampa su cigarrillo casi terminado contra el húmedo suelo.
-¡Ja! – replica de la forma más infantil e improvisada que puede – ¿Qué sabrás tu?.
-Lo que me mostraste ese día – no había más que decir. Las palabras de la joven del gorro enorme fueron lapidarias en esa discusión de un solo integrante. Azula se había quedado congelada, apoyándose en el roble, sin decir nada.
La bailarina miraba al follaje, le gusta aquel árbol y como algunas gotas de lluvia se siguen deslizando por sus hojas. Es como si aquellas gotas fueran duendes que aun deseaban descansar en el lecho de la tierra y bajasen usando las hojas como toboganes. Le hacia gracia pensar en como sería deslizarse por una hoja. No imaginaba otro lugar mejor para encontrarse con ella que aquí.
-No se lo he contado a nadie – dijo Ty Lee, acercando se a Chispas unos pasos más – Será nuestro hermoso secreto.
-Lo que tu digas.
-¿Ya has ido a verla? – preguntaron aquella chica con un gorro de andino que le quedaba enorme.
-¿Por qué lo preguntas? – se defendió del envite.
-Cuando nos conocimos supimos que estaba despierta por Asami y te alegraste, pero te fuiste. No dijiste nada a nadie, solamente tomaste el ascensor – expuso con increíble acierto.
-No es asunto tuyo – le espetó con furia al tiempo que se ponía a escasos centímetros del rostro de aquella inoportuna hadita.
-Para ti no – se defendió ante tal carga sin inmutarse – Pero seguro que ella querrá ver a su salvadora.
-Salvadora que fue una inútil – aclaró Azula, alzando las manos por encima de la cabeza en señal de resignación.
-La salvaste – inquirió la bailarina.
Chispas volvió a apoyarse en el árbol. Nunca había huido de una pelea o una discusión, le gustaba discutir y no se doblegaba ante ningún extraño, pero esta situación la exasperaba. Parecía que la otra chica den verdad no tenía malicia y solamente deseaba hablar. Pese a todo, la peleadora ondearía la bandera blanca, expondría sus argumentos y se iría. Era mejor eso a volver a ser perseguida.
-Lo provoque.
-¿Cómo? – aquello sorprendió a Ty Lee que alzaba las cejas preguntándose el motivo de tal afirmación.
-Le dije que esperase en el callejón donde le dieron la paliza – la sinceridad aplastante se personó en sus labios y en cada pesada silaba que pronunció.
Era su condena, su culpa, el fruto de sus remordimientos; algo doloroso que prefería contar a una desconocida antes de que sus propios amigos recordasen que fue ella la causante.
-Es normal que te sientas culpable – la voz dulce y amable de aquella joven de mejillas sonrosadas la sacó de los recuerdos de ver su camiseta manchada de sangre y a su amiga entre sus brazos perdiendo la vida.
-Ni que lo digas – afirmó Azula
-Pero tu no sabias que podía pasar – inquirió en su alegato – Y la salvaste. Sin ti, hubiera muerto y se enfrentaste a varios por ella. No tuviste miedo por ti, de lo contrario hubieras huido. Luchaste por ella, y venciste para salvarla. Sí, eres una heroína y una invencible.
Resultaba muy tierno que alguien la mirase con buenos ojos. Ella en ningún momento se sintió como Batwoman o Wonder Woman, salvando al mundo de villanos. Ella solo estaba ayudando a una amiga.
-Gracias – su sonrisa era sincera – Pero no soy una buena influencia.
-¿Por qué? – y sabiendo que su acompañante de charla había lanzado alguna mirada a su escote, decidió preguntar – ¿Es qué te gustan las chicas?.
-Así es – alzó una ceja sabiéndose vencedora y creyendo que aquel era el modo de alejarla de ella – Me gustan las en el sentido más sucio y perverso de la palabra.
El silencio se apoderó de la sombra de aquel roble cuando de una larga zancada, Ty Lee cerró más la distancia entre ellas y haciendo que Chispas pegase su espalda contra el tronco del árbol. Luego, la joven fue bajando el escote de su camiseta levemente. La peleadora no pudo evitar flaquear ante tal acto y clavar su vida en ese escote redondeado que regalaba una visión perfecta de ese precipicio llamado perdición.
Con unos ojos infantiles con aires de inocencia y un punto de tentación, dijo – Estupendo. A mi también.
Si Azula estaba sin habla en el jardín, Asami no veía el momento de toparse con una charla que llevaba tiempo esperando. Los nervios golpearon con mayor fuerza en el momento en el cual cruzaron las puertas acristaladas del hospital y el olor a antiséptico invadió su nariz. Ese aroma típico de todo hospital que había conocido y que resultaba un recuerdo del nivel de pulcritud al que se sometían las dependencias clínicas. No debía de acercarse a preguntar por la planta, ella sabía la planta, la habitación y hasta los pasos que había que dar por ese pasillo. Simplemente se limitó a conducir a su amiga a los elevadores con cierto cuidado de intentar ocultar su rostro torpemente con una mano.
-No hagas el tonto – replicó Zhu Li, empujando la mano que cubría el rostro de tu amiga – Así levantas sospechas.
-Habla más bajo – susurró la joven Sato.
La chica de las lentes puso los ojos en blanco y luego miró al techo, visiblemente molesta. Se acercó más a su amiga y siguió ese infantil juego de espías.
-Así llamas la atención – dijo en voz baja para que su amiga dejase de apretar más el brazo – Si la gente ven que ocultas el rostro tendrán curiosidad.
Unos ojos de sorpresa aparecieron en el rostro de la heredera Sato. "Eso no lo había supuesto", pensó para sí misma, maldiciendo su falta de deducción en ciertos campos.
-Actúa con normalidad– aclaró la joven Wan – No llevas joyas, ni vas excesivamente maquillada. Todo irá bien.
Ante la mirada algo curiosa de una anciana que esperaba el ascensor a su lado, ambas se limitaron a sonreír, aunque a la joven de ojos verdes le apareció una mueca siniestra en el rostro en vez de una sonrisa amistosa.
-Pareces el Joker – se burló su amiga con cierta malicia.
-¡Zhu! – se defendió haciendo un mohín. Por fortuna, el ascensor llegó y se subieron a la estructura para ir a la cuarta planta.
En ese trayecto, la joven de las lentes extrajo su smarthphone del interior de su chaqueta y comenzó a teclear con extrema rapidez. Sus dedos bailaban a una velocidad endiablada y al terminar colocó la pantalla ante el rostro de su amiga.
Calmate y afloja el brazo. Pareces una ejecutiva y aunque destaques entre la gente no es para tanto. Apenas apareces en las revistas y tu forma de vida es de perfil bajo. Si ocurre algo me encargaré de dar yo una explicación. Relax.
Después de leer esas palabras, la joven de ojos esmeraldas sonrió ampliamente. Zhu Li siempre la calmaba y siempre ayudaba.
Al llegar a la planta, dos hombres estaban hablando con Katara, la cual estaba visiblemente preocupada y jugaba con su colgante para intentar focalizar sus nervios. Algo le extrañaba a la empresaria que observaba a unos hombres con densos maletines y un aire distendido, no vistiendo uno de ellos ni tan siquiera una bata de hospital.
Al tiempo que ambas mujeres se acercaban, la joven con falda larga y cabello enjoyado con un docena de abalorios, le sonrió. Ante ese gesto un leve saludo con la mano fue la respuesta idónea. No querían molestar pero Asami había decidido hablar con Korra hoy.
-Hola, Fresón – la voz suave de Suki la sorprendió. La guitarrista apareció a su espalda, saludando efusivamente con ambas manos.
-¿Fresón? – preguntó Zhu Li.
-Un apodo que me regaló Korra – explicó la joven Sato – Bueno, ya os conocéis pero por si acaso: Zhu Li esta es Suki. Suki ella es Zhu Li, una gran amiga.
-Me acuerdo de ti, encantada – saludó Kabuki.
-Sí, yo también de ti – aclaró la empresaria de los Wan – Vengo de acompañante.
-Pues entrad ya – solventó la joven de vestimenta underground, con un tono informal y tranquilo – Yo acompañaré a Katara por si necesita algo.
-¿Ha empeorado Korra? – preguntó Asami creyendo que un punto de sutura podría haberse soltado y la bajista debía de volver a ser intervenida.
-No te preocupes, es una revisión – Suki sabía que ocultaba la verdad pero no mentía. Era una revisión, solo que una revisión mental.
-Ve a verla – la animó Zhu – Yo me quedaré esperando.
-De acuerdo, pues si me disculpáis – y no queriendo hacer ruido con sus tacones, comenzó a andar lentamente para no importunar la charla de Katara y esos dos hombres.
Azul expresaba un gesto amable, al tiempo que atendía lo que le decían. Estaban programando una segunda cita para volver a ver a la señorita Raava, para concluir con sus pesquisas. Asami no sabía anda de ese tema, no era quien para preguntar nada y simplemente escuchó sin querer palabras sueltas.
Tenía miedo de ver el rostro severo de Katara cuando se aventuró a tomar en su mano el picaporte, pero cuando observó que sus miradas se cruzaban, la joven de tez más morena le sonrió y le indicó que entrase con un leve gesto de la mano. Sin duda le aburría la perorata que le estaban contando.
"Te entiendo, Katara, estoy contigo", pensó Asami al recordar la revisión de grapas en la charla que había padecido hacia menos de una hora.
Decidida, la joven de cabello oscuro giró el picaporte lentamente y entró en una en la habitación. El sonido estático de las maquinas, el olor mezclado de hospital y sudor humano, los rayos de sol colándose por las rendijas de la persiana, y una Korra con los ojos abiertos de par en par y una mirada de sorpresa en el rostro.
-¡Hey! – saludó torpemente, intentando ocultar su nerviosismo – Hola Fresón.
-Hola – sí, Asami Sato estaba aun más nerviosa y tardó unos segundos en cerrar la puerta y un par de segundos más en soltar el picaporte – Que bueno que estas despierta.
-Sí, estupendo – hasta el sarcasmo era desganado.
-Me enteré de lo de tu ex – dijo – Lo siento, no ha debido de ser agradable.
-No quiero hablar de eso – la interrumpió, igual de cortante que un cuchillo.
"Seré idiota", pensó la joven de tez pálida al darse cuenta el mal comienzo que había tenido por sus propios errores.
-Perdona – se disculpó – No quiero incomodarte.
"¿Incomodarme?, si no puedo ni mirarte de la vergüenza", pensó para sí misma Korra.
-Tranquila, Fresón.
-Es que no hemos vuelto hablar. Ni siquiera en estas semanas – añadió la heredera.
-He estado ocupada – bromeaba – Ya sabes, con las heridas y muy drogada.
-Ya lo sé – se defendió haciendo un puchero – Pero quería decirte que no tenías porque devolverme nada.
-No quería caridad y te lo dije – los ojos de Korra amenazaban tempestad.
-Lo sé, fui idiota, lo siento – mientras que los Asami eran campos en otoño – Pero quería saber que al menos estarías bien.
-Pero no debías – replicó la joven convaleciente – Además, tu y yo no somos nada.
-Lo siento, soy una idiota – por enésima vez se disculpó.
-Pides disculpas, siempre disculpas – era casi la voz de quien detesta una palabra y siempre la repiten – Pensaste que era bien, al menos defiende lo que creías.
-Pero a ti te desagradó.
-Pero al menos con eso pude empezar – era cierto que gracias a ese dinero pudo alquilar una habitación y comenzar a poner en orden su vida, antes de que se volviese a truncar – Lo que quería era devolverte el dinero y no sentirme mal conmigo misma.
"Sentirse mal, ¿se sentía mal?, ¿por qué?", preguntas y dudas que surgieron en la mente de Asami Sato a esa reprimenda.
-¿Por qué te sentías mal? – preguntó, aunque observando como la joven de tez morena le regalaba un puchero, insistió – ¿Por qué?.
-Porque comienzo mi soltería aprovechándome de ti y dejándote tirada – explotó al decirlo como si una losa liberase se rompiese en su pecho – Lo siento por ello.
La incertidumbre se apoderó de ambas mentes, puesto que ninguna sabía como podría acabar esto.
-¿Y por qué lo hiciste?.
-Porque no sabía como reaccionar – se excusó como una necia se excusa de no saber hablar – Me olvide de esos días y de que se hacia después.
-Entiendo – aunque era mentira. Asami no lo lograba entender del todo.
-Además, te obsesionaste con estar conmigo y que todo me fuera bien – añadió – Eso daba algo de miedo. No quería que llorases o creyeses que podías cambiarme como en un cuento de hadas.
Aquello provocó que un humeante horno se avivase en las entrañas de la chica de ojos verdes. La heredera de los Sato era como una ventisca, una llama, un fragor bélico movido por la ira.
-No pensé eso, peor me hiciste daño – sus labios se habían convertido en una linea en su rostro que se esforzaban por no expresarse a gritos – Ni un simple adiós. Me hiciste sentir como un maldito objeto, como intentan que me sienta todos los días. Siempre intento no doblegarme, no permitirme que me afecte aunque siempre consigue dañarme.
Korra no dijo nada, se sentía como cuando su maestra de segundo curso la regañaba por hacer alguna trastada. Sí, se sentía como si fuera una niña y la joven de tez pálida que estaba ante ella fuese una maestra enfada que portaba una regla. No era nada sexy sino algo puramente aterrador en ese momento.
-Quería saber que estabas bien y tener una aventura ese día – finalizó.
-Pero es mi día a día no una aventura – replicó la joven de ojos cerúleos.
-Pero para mi lo es – inquirió – Lejos de mi día a día, de que me juzguen, de estos trajes, de un escritorio. Un viaje en un rincón normal, con alguien que se ríe conmigo de forma sincera y no por darme coba. Apenas tengo amistades verdaderas y tu tienes un grupo que te aprecia y te ama.
-Lo sé – respondió cabizbaja.
-Estar contigo fue no estar sometida a horarios, planes o fechas – casi una sonrisa se vislumbraba en su rostro – Eras una aventura, algo real, un enigma, una improvisación loca.
Aquellos halagos hicieron que la convaleciente se sonrojase ante la visión tan bohemia que tenían de ella. No sabía si lo merecía o no, pero tantos agasajos sentaban muy bien.
-Solo con tres personas puedo ser así – sonrió al recordar al cuarteto que se había formado recientemente – Pero no se acerca ni por asomo a lo que eres tu. Ellas responden ante mi mismo mundo. Tu, vives en un mundo donde las luces y las sombras las dictaminas tu y no otra persona.
-Venga – volvió a hablar – Tampoco es tan malo si puedes soltar tanto dinero sin molestarte.
-Yo solo quería ser algo para alguien lejos de mi dinero, serlo solo por ser yo. Me equivoque con el dinero, es cierto – su rostro estaba tan pegado al de Korra que la morena podía notar el aliento que escapaba en cada sílaba – Pero no sabes lo que es vivir casi sometida, en constante escrutinio, sabiendo que casi nadie es verdaderamente sincero contigo, notando que se acercan por interés. ¿Sabes?, he pasado de hija apestada y aceptada a la fuerza a mercancía para el mercadeo. Soy como una vaca parturienta. Ahora mismo podrían estar hablando de mi como si fuera mercancía y me obligarían a aceptar.
-Puedes negarte – replicó Korra. Para ella el mundo era más sencillo.
Asami sonrió ante la inocencia de la morena, la cual pensaba en su vida como un culmen de maravillas y lujos. No se había parado a pensar que todo lo brillante trae consigo precio y condiciones.
-Adios trabajo, nadie me volvería a contratar – comenzó a aclarar – Perdería mi ático, mi auto, las cuentas corrientes. Todo. Despedirían a Kuvira y a Pema. ¿Las recuerdas?.
-Mi estomago aun se resiente – contestó con una leve risa.
-Pues de seguir negándome puede que le hicieran la vida imposible a ellas – aclaró – Y a casi cualquiera que me importe.
-¿Qué pasaría de seguir negándote? – preguntó inocentemente la bajista, solo para obtener a cambio una mirada sombría de la joven que estaba peligrosamente cerca de ella.
-No querría saberlo – solventó – Pero no será peor que querer tratar tu boda, tu amor y tu útero como una transacción económica.
El silencio se adueñó de la habitación, al tiempo que el mar se encontraba con el bosque y los alientos casi chocaban entre sí. Con una tos fingida Asami se distanció, intentando que el crepitante rubor de sus mejillas no se notase.
-Entiendo que tu vida no es tan fantástica como pensaba – la bajista estaba obligada a aceptar que esa vida era un pozo de desagrado y depresión; y ella lo sabía muy bien.
-Eres muy amable al darte cuenta.
-Aun así – una réplica de Korra era de esperar – Aunque diga que lo siento, nada cambiará. Yo no soy tu hada madrina, ni puedo enseñarte las maravillas de ser pobre. ¿Sabes por qué? Porque también es una mierda serlo.
-Pero al menos podré decir que alguien si me trato como una igual cuando podía haberse aprovechado de mi – se negaba a aceptar el auto-desprecio de aquella joven que yacía postrada en una cama – Si no fueras una persona noble te hubieras quedado el dinero y no te hubieras preocupado en querer devolvérmelo. No hubieras pedido en lo que podría ser tus últimos minutos que me lo entregasen. Eres más digna del adjetivo de la palabra nobleza que muchas personas que he conocido, incluidos nobles de verdad.
-¿Conoces nobles de verdad? – interrumpió llena de curiosidad.
-Sí.
-¿Y van con caballos y lanzas? – pregunto con ojos emocionados.
-No, no es el siglo XV – replicó con una sonrisa socarrona ante esa boba inocencia – Incluso con armadura y un escudo, sigues siendo más noble que ellos.
-Sir Korra – sonrió con algo de esfuerzo. A ese gesto, a esa interrupción premeditada para esquivar la vergüenza de halagos a los que no estaba acostumbrada, le vino otro momento sorprendente. El notar la mano de Asami sobre la suya.
-Escuchame – rogó al tiempo que apretaba la mano con delicadeza – Muchos de ellos se hubieran quedado el dinero o se hubiera aprovechado de toda situación posible. Tu no, tu fuiste más honrada que la gran mayoría de empresarios que he conocido. Tu eres más luchadora que la gran mayoría de herederos que he conocido. Tu eres más noble que media aristocracia.
-No sé que decir – sus mejillas morenas estaban tintadas de bermellón – Gracias. Supongo. Nunca me habían dicho nada así.
-De nada.
-Aun así – unos ojos como dos zafiros la miraron con cierta melancolía – Sabes que no te convengo y francamente, prefiero que simplemente fuera una buena aventura.
El rostro decepcionado de Asami no se hizo esperar.
-De verdad, no quiero que estés triste – se apuró a decir – Pero es que ahora mismo tengo muchas cosas en la cabeza y creo que te has hecho una visión tan idílica de mi que no quiero tener que enfrentarme a ella. Lo siento, pero creo que esto es algo forzado.
-¿Es lo que crees? – preguntar lo obvio, era lo único que a la joven heredera se le ocurría.
-Mira, entenderé si me odias pero no soy como tu crees – el océano de su mirada amenazaba con desbordarse por su rostro – En serio, no soy así. Me alegro que estemos bien, me caes bien, pero no quiero decepcionarte.
-Bueno – solventó – Entonces esto es un adiós.
-No – aclaró Korra – Solo un hasta luego – y una sonrisa amable invadió su rostro.
-Aun así me gustaría que me vayan diciendo como estas – pidió la joven heredera, intentando que no se notase su tristeza.
-Claro que puedes – el tono de la voz de la bajista era pausado y bajo – Solamente que es mejor que cada una viva su vida.
-Pues espero que volvamos a vernos – añadió Asami con cerrando los ojos a la lluvia que podía verterse en esos herbazales ojos que poseía.
-Ya veremos que nos deparará – enunció dramáticamente la joven convaleciente.
-¿La fortuna?.
-No, del caos.
Continuará...
No me matéis por este final, por favor. Este es el principio del fin de su distanciamiento y el comienzo de algo hermoso. Confiad en mi.
