.
.•.¸¸•´¯'•.¸¸.ஐ CAPITULO 27 ஐ..•.¸¸•´¯'•.¸¸.
Rancho de Rosehill, Valle de Montana 1880
Charlie White estaba pensando seriamente en matar a un hombre.
El hermano pequeño acababa de volver del sur de la región y tenía la intención de pasar una noche en casa antes de reanudar la caza. Por el momento, su presa se las había arreglado para llevarle la delantera. Había creído que ya lo tenía acorralado cerca del desfiladero, pero entonces el muy huidizo desapareció sin dejar rastro. De mala gana, Cbarlie reconoció que había que quitarse el sombrero ante este desconocido que había conseguido burlarse de él, y quizá también felicitarle por su capacidad de supervivencia; pero después le mataría.
Estaba decidido a liquidarle cuanto antes. El enemigo se llamaba Alistear Cornwell, y el pecado que había cometido era imperdonable desde la perspectiva de un hijo. Cornwell tuvo la osadía de aprovecharse de una anciana y modesta dama de buen corazón, dulce e inocente -la misma Mama Rose de Charlie, para ser exactos-, y según lo veía él, matarle era ser demasiado condescendiente con un personaje de esa calaña. Quería convencerse de que la justicia estaría de su parte.
Aquella noche esperó a que su madre se acostara para comentar esa atrocidad con sus hermanos, que estaban sentados uno junto al otro en el porche, con las botas en la barandilla, la cabeza echada hacia atrás y los ojos cerrados.
Albert, su cuñado, se les unió poco después de que Candy Rose subiera a acostarse. Le parecía que los hermanos estaban contentos y así iba a comunicárselo, cuando Charlie le explicó sus intenciones. Albert se dejó caer en el asiento de al lado de Tom, estiró sus largas piernas y dijo estar en desacuerdo con Charlie. Según él, la ley debería ocuparse del ladrón, quien, al igual que cualquier hombre o mujer del país, tenía derecho a un juicio. Si se demostraba que era culpable, se le condenaría a la cárcel. No se debía asesinar a nadie a sangre fría.
Ninguno de los White prestó atención a la puntualización de Albert. Como era abogado de profesión, estaba en su naturaleza discutir hasta el más nimio detalle. Los hermanos consideraban que Albert resultaba muy inocente en su modo de creer en la igualdad de la justicia. El marido de su hermanita era un hombre decente, pero de Escocia y, según ellos, demasiado ingenuo respecto a las leyes de la jungla. Quizá en un mundo perfecto siempre se defendiera la inocencia y se castigara la culpabilidad, pero resultaba que el suyo no era un mundo perfecto, ¿verdad?
Era el territorio de Montana.
Además, ¿qué abogado en sus cabales se tomaría la molestia de ir a la caza de una vulgar culebra, cuando ahí fuera había tantas serpientes de cascabel a la espera de atacar?
Albert se negó a verlo al igual que los White. Le horrorizaba la decisión de Charlie de ir tras el acusado de robar a su madre. Le recordó que él, en su calidad de futuro abogado, tenía el deber de actuar con honor, y le sugirió además que releyera La República de Platón.
Charlie no desistiría de lo que calificó de misión sagrada. Mientras exponía sus razones a Albert, se inclinó para mirarle con fijeza.
—El primer deber de un hijo es para con su madre —sentenció.
—Amén —murmuró Tom.
—Para nosotros está claro que engañaron a mamá —prosiguió Charlie—. Él le pidió que le enseñara la caja de oro y la brújula, ¿no?
—Ojala ella no las hubiera mencionado —intervino Adam.
—Pero lo hizo —dijo Tom—. Apuesto que cuando le explicó que era de oro, fue cuando quiso verla.
—Entonces ya tenía pensado robársela —dijo Kuki.
—Fue muy listo al dejar que el gentío les separara —replicó Adam.
—Mama Rose nos dijo que este tal Cornwell mide algo más de metro ochenta, y que también es corpulento —recordó Tom—Corpulento debe significar que tiene más músculos que la mayoría. Sorprende que a un hombre tan grande le empujara el gentío. Está claro que tenía intención de robar.
—Por el amor de dios, Tom, no puedes dar por supuesto...—comentó Albert
Charlie le interrumpió.
—Nadie que se haya aprovechado de nuestra madre se sale con la suya. Arreglar esta injusticia depende de uno de sus hijos. Albert, seguro que comprendes cómo nos sentimos. Tú también tuviste madre, ¿no?
—Yo no apostaría por ello —añadió Kuki arrastrando las palabras, sólo para provocar a Albert.
Su cuñado no estaba de humor para dejar pasar el comentario.
—Te equivocas —dijo, y aguardó a que cesaran los susurros burlones antes de sentenciar que el plan de Charlie de pegar un tiro al ladrón era un asesinato premeditado.
Kuki se rió, pasó por detrás de Tom para acercarse a Albert y darle unas palmaditas en la espalda por haber dicho algo tan gracioso, y luego le sugirió que empezara a plantearse la forma de librar a Charlie de la cárcel cuando le arrestaran por cumplir su deber de hijo. Además, propuso que Charlie se limitara a traer al culpable a Montana para que todos los hermanos pudieran pegarle un tiro.
Albert estaba a punto de darse por vencido. Era imposible hablar de forma sensata con ellos. Lo único que le permitió no perder la calma era su profundo convencimiento de que ninguno cometería jamás un asesinato a sangre fría, aunque no cabía duda de que disfrutaban hablando de ello.
—¿Cómo sabéis que el hombre que buscáis es realmente Alistear Cornwell? Pede que fuera un nombre falso —puntualizó—. Y que también mintiera al decir que era de Texas.
—No —intervino Kuki—. Dijo su nombre y procedencia a Mama Rose antes de que ella le hablara de los regalos que nos traía.
—Gracias a Dios que no le habló de los demás regalos. Seguro que le hubiera robado mi reloj de bolsillo —espetó Tom.
—Apuesto a que también se hubiera llevado mi mapa —intervino Adam.
—Y mis libros encuadernados en piel —completó Charlie.
—El ladrón es de Texas, está claro —dijo Adam—. Hablaba con un acento peculiar.
—Es cierto —recordó Tom—. A Mama Rose le pareció... Charlie, ¿cómo dijo?
—Encantador —respondió con el ceño fruncido.
—Nunca me han gustado los nombres como Alistear o Cornwell—sentenció Kuki—. Ahora que lo pienso, tampoco soporto mucho a los de Texas. No me fió de ellos.
Albert alzó los ojos al cielo.
—A ti nunca te gusta nada ni nadie —le recordó—. Hazme un favor, cierra el pico hasta que me haya acostado. Me haces olvidar que soy una persona racional.
Kuki se echó a reír.
—Fuiste tú quien insistió en mudarse a Rosehill con tu mujer. Y te guste o no, Albert, yo formo parte de Rosehill.
—Candy Rose tiene que estar con su madre durante el embarazo. No voy a ir de ciudad en ciudad con el juez Burns y dejarla sola en Blue Belle. Y a propósito, la próxima vez que le digas que anda como un pato, te voy a dar un puñetazo. ¿Está claro? Tiene la sensibilidad a flor de piel y no necesita que nadie le diga que está más gorda que...
Kuki no le dejó acabar.
—Está bien, ya no nos burlaremos más. Sin duda cada día está más guapa, ¿verdad?
—Siempre ha sido guapa —dijo Adam.
—Sí, pero ahora que lleva a mi sobrino en la barriga, aún lo está más. No te atrevas a decirle lo que acabo de confesar, porque entonces me lo recordará de por vida. A mi hermana le encanta atormentarme siempre que puede, y con franqueza, no se me ocurre el motivo.
Al darse cuenta del brillo que asomó en los ojos de Albert, Kuki supo que éste estaba apunto de decir algo para pincharle, pero como aquella noche estaba de humor para discutir, decidió volver al tema más importante, el de la caza de una culebra, de un asqueroso ratero que había venido arrastrándose desde Texas a Montana.
—Charlie, ¿piensas irte mañana?
—Sí.
—¿Y por qué habéis decidido que seas tú quien vaya tras Alistear Cornwell? —preguntó Albert—. Si ese tejano realmente robó la brújula de tu hermano, y sólo digo que es una posibilidad, ¿no debería ir Kuki en su busca? Se supone que la brújula era para él.
—Kuki ahora no puede ir a ninguna parte —explicó Adam.
—Tiene que quedarse en casita hasta que el viejo Shamus Harrington se calme —añadió Tom.
—Kuki, ¿qué has hecho? —preguntó Albert temiendo la respuesta.
—Defenderse —contestó Adam—. Uno de los Harrington se creyó más rápido que Kuki con el revólver y provocó un tiroteo.
—¿Y qué pasó? —preguntó Albert.
—Gané yo —dijo Kuki con una sonrisa burlona.
—Evidente —farfullo Albert—. ¿Le mataste?
—No, pero casi —confesó—. Realmente fue curioso el modo en que me persiguió —añadió—. Lester se había unido a una banda que pasó por Blue Belle, y en la calle se decía que tenían planeado robar el banco de Hammond el próximo sábado —concluyó.
—Sí es extraño que Lester fuera por todo —afirmó Tom—. Delante de sus amigos ha estado alardeando y haciéndose el importante, quizá para impresionarles.
—He oído que ellos le provocaron para que se liara a tiros contigo—dijo Adam—. Kuki, Dooley me dijo que parecía que sabían quien eras.
—Dooley ha pasado demasiado tiempo con su amigo El fantasma—dijo Kuki—. Adam, no creas nada de lo que digan.
—Seguramente habían oído hablar de tu fama —propuso Tom.
—Sólo estaban buscando problemas —añadió Kuki—. Además, todo el mundo sabe que los hijos de Harrington son tontos del bote.
—Cierto, pero el viejo Shamus va a guardarte rencor —dijo Tom—. Es lo que hacen los montañeses cuando uno de los suyos recibe un tiro y, como tiene otros cinco hijos, vas a tener que andarte con cuidado por un tiempo.
—Yo siempre voy con cuidado —farfulló Kuki—. Charlie, ahora que lo pienso, puedo ir en busca de Cornwell. Tú ya tienes bastante que hacer sin...
Su hermano no le dejó acabar.
—No, tú te quedarás aquí —dijo—. Además, ya lo tengo todo planeado.
—Es cierto —añadió Tom—. Matará tres pájaros de un tiro.
Charlie asintió con la cabeza.
—Pienso llevar mis documentos a Wellington y Smith para ponerlo todo en orden y poder empezar en septiembre las prácticas en su bufete y, como Hammond está a un paso de Pritchard, iré allí y me ocuparé del asunto que me encargó Mama Rose. Luego daré media vuelta hacia River's Bend, le pegaré un tiro a Cornwell, traeré el regalo de cumpleaños de vuelta a Hammond y volveré aquí, justo a tiempo para la celebración.
—Nos debes diez dólares por el regalo de cumpleaños de Mama Rose —le recordó Kuki a Albert.
—¿Y qué le vamos a regalar? —preguntó.
—Una máquina de coser de primera —dijo Tom—. Cuando la vio en una foto del catálogo que le dio Adam, se le iluminaron los ojos. Le vamos a regalar el modelo más caro, por supuesto, porque se merece lo mejor.
Albert asintió con la cabeza.
—Pero ¿Golden Crest y River's Bend no están en direcciones opuestas?
—Exacto —dijo Kuki—. Por eso mismo creo que yo debería ir por Cornwell, Charlie Te ahorraría...
Una vez más, su hermano no le permitió acabar.
—Tú tienes que quedarte en casita —dijo.
Albert estuvo de acuerdo y propuso una alternativa que ahorraría tiempo y molestias a Charlie.
—Seguro que puedes comprar la máquina de coser en Pritchard y así ahorrarte varios días de viaje.
—Supongo que sí que podría —dijo Kuki—, pero a Cornwell no se le ha visto por Pritchard. Ayer se dirigía hacia River's Bend.
—¿Y cómo te has enterado de eso? —preguntó Albert.
—Hemos dado voces para enterarnos de si alguien le ha visto—dijo Adam—. Charlie, es una lástima que primero tengas que hacer ese favor, porque cuando llegues a River's Bend seguramente ya hará tiempo que Cornwell se habrá ido.
—Ya lo he calculado —contestó Charlie—. Acompañar a esa tal Emily Finnegan a Casa de su prometido en Gloden Crest sólo me llevará un día de cabalgata, y si está lo bastante seco puedo atajar por el barranco, y al día siguiente por la tarde plantarme en River's Bend.
—¡Ni lo sueñes! —le dijo Adam—. Hace un mes que no ha parado de llover a ratos. Seguro que el barranco está inundado, así que como mínimo tardarás tres días en hacerlo.
—¿Quién es Emily Finnegan? —preguntó Albert.
—Es el favor que tengo que hacerle a Mama Rose —dijo Charlie.
Albert apretó los dientes; aunque sacar información a los hermanos constituía una tarea ardua, él era lo bastante tenaz para perseverar. Los White disfrutaban confundiéndole con tonterías que siempre carecían de importancia. Lo hacían a propósito, claro. Estaban compinchados en su propósito de impedir que él los "acosara", como diría Kuki; es decir, no les gustaba nada que les hiciera preguntas sobre sus motivos o su moral. Tres de los hermanos se creían aún capaces de "acabar con su testarudez". Adam era el que le conocía mejor. Nadie era tan tozudo como un escocés, y como Albert había nacido y vivido en las Highlands, contaba con ese título.
—¿De qué favor se trata? —volvió a preguntar a Charlie.
—La semana pasada Mama Rose cenó con los Cohen, que les hablaron de una mujer que se quedó en Pritchard. A su escolta no se le ocurrió nada mejor que enfermar y morir, y ahora ella busca a alguien que la lleve a Golden Crest, pero aún no lo ha encontrado.
—¿Y por qué no va su prometido a buscarla a Pritchard?
—Eso mismo le pregunté a Mama Rose, y me contestó que no sería lo correcto. El pastor espera en Gloden Crest, y la señorita Emily Finnegan tiene que ir allí por su cuenta. Mama Rose le ofreció mis servicios.
—Debió creer que Hammond estaba a un paso de Golden Crest—dijo Tom.
—¿Por qué no la escolta alguna persona de Pritchard? —preguntó Albert—. Es una ciudad grande. Seguro que allí encontrará a alguien deseoso de acompañarla.
—La gente de Pritchard es bastante supersticiosa —dijo Kuki.
—¿Y eso qué significa? —preguntó Albert.
—Que la señorita Emily les asusta —explicó.
—Parece que la pobre Emily ya ha tenido unos cuantos escoltas—dijo Tom.
—¿Cuántos? —quiso saber Albert.
—Demasiados para llevar la cuenta —respondió Kuki exagerando deliberadamente—. Se rumorea que un par de ellos han muerto. Charlie, será mejor que lleves un amuleto de la suerte —añadió mientras asentía con la cabeza a su hermano—. Yo te daría mi brújula de la suerte, pero no la tengo, y todo por culpa de esa serpiente, maldito hijo de...
Albert le interrumpió antes de que volviera a excitarse.
—Kuki, no puedes saber si la brújula te dará buena suerte, si ni siquiera la has visto.
—Mama Rose la escogió para mí, ¿no? Pues bien, eso basta para darme suerte.
—Eres supersticioso como la gente de Pritchard — murmuró — Charlie ¿crees que tendrás problemas con esa tal señorita Emily?
—No —respondió—. Yo no soy supersticioso, y tampoco me creo la mitad de lo que se dice de ella. ¿Cuán mala puede ser esa mujer?
CONTINUARA
Holaaaaa, involucre a Alistear en estas 4 novelas, creo que es un personaje importante, y decidi publicar las novelas porque para sacar el resumen tenia que leerlas todas.
Un abrazo.
Aby
