Hoooolisss, aquí vengo con el capítulo de esta semana. Espero que os guste ^^
Detective Conan pertenece a Gosho Aoyama. La trama de esta historia y Jonathan son míos
Capítulo 29: Prometo protegerte
...
Kazuha salió tarde de trabajar, pese a que desde hacía rato que le dolía la cabeza y sentía como si un peso enorme se hubiera posado sobre sus hombros, amenazándola con tirarla abajo. Desde la reunión que había tenido con Biwaki-san había estado inquieta, y no sabía por qué. Quizás fue porque aquel desconocido de pronto había mencionado a Heiji. Dejando de lado que había sido algo sumamente extraño, la verdad es que ahora mismo no estaba como para ponerse a pensar en su amigo de la infancia.
Se pasó una mano por el cabello, cansada y de pronto le vino a la cabeza el detalle de que este había crecido sin que se diera cuenta. Hacía años que lo había cortado y lo llevaba por encima de los hombros. Lo cortaba de vez en cuanto para que no volviese a crecer, pero hacía tiempo que se había olvidado de hacerlo. Debería haberlo hecho hacía unas semanas, más o menos en momento en que se encontró con Heiji. Así que sí, él tenía la culpa de todo. Bueno, de casi todo. O más bien de casi nada. Al menos tenía la culpa de que su pelo estuviera cada vez más largo, de hacerla dudar de nuevo sobre lo que ella quería entre ambos y de si su decisión de abandonarlo había sido la correcta. Por lo demás, sabía que sus mareos, sus nauseas, sus miedos por lo que sea que le deparase el futuro y todo lo demás, era culpa de otro gilipollas al que la idea de ser padre lo había aterrorizado tanto que no había tardado ni un día en poner tierra de por medio.
Todavía no le había dicho nada a su jefe, y solo pensar en cómo hacerlo la deprimía. Pero ahora que lo pensaba tampoco le había dicho nada a Heiji, y eso si cabe la aterrorizada. ¿Qué pensaría él de ella? ¿Qué era una tonta que confió en la persona equivocada? ¿La entendería? ¿La apoyaría? No, más que todas esas cosas, realmente le daba igual cual fuese la reacción de Heiji, o lo que pensase, lo único en lo que podía pensar, pese a no querer admitirlo era: ¿Se quedaría a su lado si se lo pidiese?
Caminando por con la cabeza gacha de camino al metro, de pronto le pareció ver de reojo a una sombra cruzar la calle, pero cuando se giró no encontró nada. Confusa simplemente se retomó su rumbo sin darle importancia y continuó su camino en silencio hacia la entrada del metro.
Simplemente estaba deseando llegar a casa, meterse en la ducha y olvidar todos sus problemas. Con un poco de suerte, sus dolores de cabeza pararían, la presión de su espalda se detendría en cuanto se tumbase en cama y por un par de horas lograría descansar, al menos físicamente.
Sin embargo, alguien tenía planeado para ella algo diferente.
En cuestión de milésimas de segundo, escuchó una serie de pasos apresurados acercándosele por la espalda, después logró de alguna manera escuchar el chisporroteo que hacen las pistolas aturdidoras cuando se encienden, todo eso justo antes de sentir una ráfaga de viento frío alborotarle el cabello.
Por puro instinto se agachó, justo lo suficiente para esquivar en el último segundo el arma de su atacante. Escuchó el mismo chisporroteo sonar justo junto a su oreja y durante unos segundos la luz de la descarga eléctrica la cegó. Asustada, se giró tan rápido como su estado le permitió y se enfrentó a su atacante. Iba vestido de negro, con la cara cubierta por una especie de bandana, dejando únicamente al descubierto sus ojos, azules oscuros y tenebrosos, como el cielo cuando el día comienza a oscurecer. Por su estatura parecía ser un hombre, considerablemente alto, y sus movimientos le indicaban que sabía bien lo que hacía, que no era un atracador cualquiera que la había elegido como una víctima aleatoria que caminaba por la calle. Kazuha no estaba segura de cómo, pero sabía que aquella persona la estaba atacando a ella por ser quien era, porque sabía quién era, y porque ella era su objetivo, y tras hacerlo no pudo evitar pensar en aquellas extrañas preguntas que Biwaki-san le había hecho horas antes: no era a ella a quien querían, sino a Heiji y la relación que había entra ellos.
Intentó gritar, pero el siguiente ataque vino antes de que le diese tiempo a tomar aire. A duras penas logró desviar el puñetazo y retroceder un paso, poniéndose en guardia, mientras trataba de ordenar sus ideas, calmarse y recordar lo que había aprendido de Aikido en su época en el instituto. Quien hubiera dicho que, incluso después de alejarse de Heiji, aquello iba a resultarle tan útil.
Tomó aire y sin bajar la guardia evaluó sus opciones, comprendiendo rápidamente que la mejor de todas era salir corriendo. No había nadie por la calle, su agresor iba armado con un arma eléctrica capaz de dejarla inconsciente con el mínimo roce y quiera dios que no llevase un arma de fuego encima. Kazuha prefería no quedarse a comprobarlo.
Así que, con movimientos rápidos, desenroscó la bufanda que llevaba puesta tirando de un extremo y se la tiró a su atacante, para luego aprovechar su momento de despiste y tan rápido como le permitieron sus piernas y su estado, darse la vuelta y echar a correr hacia donde esperaba encontrarse con más gente caminando por la calle que la ayudasen. Mientras corría, podía sentir los pasos pesados de su perseguidor tras ella, y en seguida comprendió que no llegaría muy lejos si no hacía algo, por lo que se apresuró hacia la entrada del metro, esperando encontrarse más personas allí abajo. Mientras corría, todavía en medio de calles desiertas, tanteó el bolsillo de su abrigo en busca de su teléfono móvil, y tratando de no decelerar el paso marcó el primer número que le vino a la cabeza, casi por instinto, sin siquiera pararse a pensar que hacía tantos años que no llamaba a ese mismo número que cabía la posibilidad de que su dueño lo hubiese cambiado.
Sin dejar de correr y sintiéndose cada vez más cansada y mareada, apretó fuertemente el aparato entre sus dedos mientras lo pegaba al oído y rezaba porque Heiji le respondiese. Grande fue su alivio cuando en efecto escuchó la voz del chico carraspear de pronto al otro lado de la línea.
—¿Hola? —Preguntó con tono cansado. —¿Quién es?
—¡Heiji, ayúdame! —Fue lo primero que fue capaz de articular.
Al otro lado se pudo escuchar como el detective se ponía tenso de pronto, se levantaba de la silla en la que había estado dormitando mientras descansaba de la investigación del almacén, y trataba de decir algo, aunque le faltó la respiración durante unas milésimas de segundo.
—¿K… ka… Kazuha? —Logró preguntar. —¿Qué pasa? ¿Estás bien?
El detective la escuchaba respirar con dificultad y agitadamente, la notaba asustada y por unos segundos no supo cómo actuar.
—Alguien me ha atacado al salir del trabajo. —Dijo apresuradamente. —Conseguí escapar pero me están siguiendo. ¿Qué hago?
—Tranquilízate. —Dijo con el tono más calmado que fue capaz de utilizar. Casi parecía estar diciéndoselo a sí mismo que a la chica que respiraba asustada contra el teléfono. —¿Le has visto la cara? ¿Lo conoces?—Trató de ordenar sus ideas.
—No, no lo sé. Iba enmascarado.
—Vale, no te preocupes por eso. Más importante, ¿Dónde estás?
Sin despegar el oído de su móvil, le hizo un par de gestos a Jonathan, sentado un par de metros más allá, para que le hiciera caso. El joven detective se le acercó confuso y le lanzó una mirada interrogante cuando notó que su compañero estaba más pálido y alterado de lo normal. Lo primero que se le pasó por la cabeza es que algo malo había pasado con su inspector, así que se asustó y preguntó en voz alta.
—¿Qué ha pasado? —Dijo insistentemente.
—Llama a la policía de Tokio.
—Hattori-san, ¿qué ha pasado? —Insistió.
—¡Tú solo llama! ¡Ahora!
Ante la insistencia del mayor, Jonathan no tuvo más remedio que ceder y marcar el teléfono apresuradamente. Mientras escuchaba el sonido de espera podía llegar a entender alguna palabra suelta de lo que Hattori-san le decía a quién sea que estaba al otro lado de su llamada.
—¿No hay nadie en la calle? —Preguntó el moreno después de que Kazuha le hubiera dado las indicaciones sobre dónde se encontraba.
—Yo no veo a nadie, Heiji. —Farfulló ella. —No hay nadie, ya es muy tarde.
Kazuha seguía corriendo sin parar, pese a que hacía un rato que había dejado de escuchar las pisadas de su perseguidor tras ella. No creía que lo hubiera dejado atrás tan fácilmente, especialmente porque era consciente de que no estaba corriendo especialmente rápido debido a que le pesaban las piernas. Solo podía pensar en que en cualquier momento el desconocido encapuchado de ojos azules iba a parecer desde cualquier esquina oscura que había en la calle y apuntarla de nuevo con el arma.
—Heiji, tengo miedo. —Masculló, al borde de la histeria, cuando cruzó otra esquina y llegó hasta la avenida donde se encontraba la boca del metro, solo para descubrir que allí tampoco había un alma.
—Kazuha, escúchame. —Hattori tuvo que contenerse para mantener la calma que en realidad no sentía. —Lo siento, no estoy en Tokio ahora mismo. Lo siento, no puedo ir a ayudarte. —Se sentía tan impotente en ese preciso instante que no sabía cómo enfrentar la situación. ¿Qué habría hecho Kudo en su situación? —Pero no te preocupes. Ya hemos contactado con la policía, ya están de camino.
Justo a él, Jonathan acababa de darle al agente de policía toda la información que Hattori le había dado sobre el incidente, mientras este le seguía dando indicaciones sobre que estuviera tranquilo, aunque Jonathan estaba más seguro de que el nervioso de los dos era su compañero.
—Kazuha, ¿me escuchas? —Hattori volvió a elevar el tono de voz.
—Sí, te escucho. —Masculló ella, con un hilo de voz.
—¿Dónde estás ahora? ¿Te siguen persiguiendo? —Preguntó, intentando volver a tomar las riendas de la situación.
No sabía quién había atacado a Kazuha. Bien podía ser un atracador cualquiera que no tenía nada que ver con ellos y que simplemente eligió a Kazuha por estar a su alcance, pero Hattori no podía evitar pensar que "ellos" estaban relacionados con ello. Maldita sea. Había bajado la guardia. Ni siquiera se le había pasado por la cabeza la posibilidad de que Kazuha se convirtiera en su objetivo. Ella siempre se había quedado al margen de todo, bien se había asegurado de ello. ¿Por qué justo ahora tenía que verse involucrada por su culpa?
—No lo sé. —Respondió ella. —ya no lo veo, pero es como si lo sintiera cerca.
—No bajes la guardia, Kazuha. Todo estará bien. No te preocupes. Eres toda una experta en Aikido, ¿no? Un ladrón de poca monta no puede compararse contigo. —Intentó darle ánimos, pero él también sabía que su amiga no estaba en el mejor de sus momentos.
—Me encuentro mal, Heiji. —La escuchó titubear mientras decía esas palabras. —Yo… en realidad…
No es el momento, Kazuha. Lo sé. Ya lo sé, así que no tienes que preocuparte. Ahora simplemente no es el momento.
—Acércate a algún edificio residencial. —La interrumpió. —¿Sigue sin haber nadie por la calle, verdad?
La chica parecía entre contrariada y aliviada por haber sido interrumpida, pero no dijo nada, simplemente soltó un gruñido entre resoplidos de cansancio que Hattori interpretó como un "sí".
—Entonces haz lo que te digo. Llama a cualquier piso y diles que eres la vecina de arriba.
—Pensaba coger el metro.
—No, eso es peligroso. No sabes cuándo llegará el próximo metro, e incluso si te subes a él nada te asegura que te vayas a encontrar a alguien a estas horas. Él podría atacarte si logra subirse también. La policía ya está en camino, es mejor no moverse de donde estás.
La chica no le llegó a responder, pero entendió rápidamente la idea el chico. Así que se apresuró a correr hasta el portal del primer edificio que encontró y pulsó todos los botones del comunicador salvo el del último piso. Unos segundos más tarde le respondió la voz de un hombre preguntando, un poco de mala leche, quien era.
—Lo siento, mucho, soy la vecina de arriba. He perdido las llaves del portal, ¿podría abrirme?
No hubo respuesta, así que Kazuha interpretó con que le habían colgado. Por suerte, el siguiente vecino que atendió al comunicador no fue tan arisco y le abrió la puerta amablemente, así que se apresuró a entrar en el interior del portal y correr a esconderse en la esquina junto el inicio de las escales, donde no se la podía ver desde el exterior.
—Escucha, Kazuha, sé que estás cansada, pero no te puedes quedar ahí. —Hattori se sentía impotente sin poder decir ni hacer nada, pero su amiga todavía corría peligro y no podía dejarla descansar tan pronto. —Si tu atacante te vio entrar al edificio no hay nada que le impida hacer lo mismo que hiciste tú para entrar. Tienes que encerrarte en el ascensor, ¿me oyes?
La chica estaba agotada, le dolía la cabeza y se encontraba mareada, por no hablar de que sentía que sus pies estaban mallados por semejante carrera con aquellos zapatos. No volvería a llevar zapatos de tacón en mucho tiempo, ni aunque fuesen bajitos como aquellos.
—¡Kazuha! ¿Estás bien? —Insistió el chico.
—Sí… —consiguió articular mientras recuperaba el aliento. —Tengo que entrar en el ascensor, ¿verdad?
—Sí. Luego sube hasta un piso cualquiera, a ser posible, uno de los más altos, pero no el último. Después bloquea la puerta con cualquier cosa para mantenerla abierta. De esa forma, mientras la puerta no esté cerrada correctamente el ascensor no podrá moverse de ese piso por seguridad, o de lo contrario alguien podría caer dentro del hueco de la escalera.
Sin hacer más preguntas la chica prácticamente se arrastró al interior del ascensor y pulsó el botón del penúltimo piso.
—¿Ya estás dentro? —Preguntó, notando como poco a poco se iba tranquilizando más. Mientras el ascensor estuviera en movimiento no podría entrar nadie en él y si alguien pulsaba el botón en algún piso, Kazuha lo sabría y podría bajarse antes de ser encontrada.
—Sí, estoy subiendo. ¿Esto realmente va a funcionar?
—Te hará ganar tiempo. La policía ya está en camino. No te preocupes. Funcionará. Ahora tienes que cambiarte de piso. El número encima del ascensor podría darle una pista de donde estás, tienes que moverte de ahí.
—¿Subo o bajo? —Preguntó, realmente deseando que el chico no la hiciese subir las escaleras.
—¿Eres capaz de subir?
Kazuha no pudo evitar notar verdadera preocupación en esas palabras. Así que se armó con sus últimas fuerzas y dijo:
—Sí, dame un segundo.
—Bien, ahora solo tienes que estar atenta y si ves algún peligro no dudes en llamar a cualquier puerta y pedirles ayuda. Como estás ocupando el ascensor, incluso si el atacante llega a entrar al edificio, tendrá que subir por las escaleras. Estás arriba de todo, si sube corriendo es casi imposible que no lo escuches respirar agitadamente antes de que aparezca. Presta atención a todos los sonidos.
La chica asintió tratando de asimilar toda esa información. Se moría de miedo, le temblaban las manos y si había logrado llegar todo el camino hasta allí sin que se le callera el teléfono entre sus dedos de gelatina es porque sabía que Heiji era su única salvación ahora mismo, así que cuando se hubo calmado un poco, descubrió que tenía las manos blancas como el papel debido a toda la fuerza que había puesto alrededor del aparto, tratando de aferrarse a su última esperanza desesperadamente.
—Heiji. —Habló, ahora que se encontraba más calmada se daba cuenta de lo mucho que debía agradecerle al mundo por tener un amigo como él, un amigo que pudiera ayudarla en un momento así. —Gracias.
—¿Qué estás diciendo? No necesitas agradecerme nada. —Se apresuró a responder él, sintiendo como ese gracias se le clavaba directo en el corazón.
—Tenía tanto miedo que no sabía en quien confiar. Simplemente pensé en ti antes que en nadie.
Kazuha sentía como todavía le temblaba todo el cuerpo. Estaba a punto de dejarse caer al suelo por el cansancio, pero su instinto todavía le gritaba que no debía confiarse. Sin embargo, saber que Heiji estaba escuchándola ahora mismo, que podían hablar como si nada y que parecía completamente dispuesto a ayudarla, le daba fuerzas para continuar en pie.
Había olvidado cual era la razón por la que se había enamorado de él. Durante todos estos años se había pasado el tiempo intentando sacarlo de su cabeza y llegó un punto en que, para conseguirlo, intentó convertir a Heiji en una persona cruel que la abandonó. Sin embargo, ella bien sabía que la persona que había puesto tierra entre ambos había sido ella. "Por el bien de Ran-chan" había dicho, aunque también sabía que fue "por sus propios miedos e incertidumbres", porque que Heiji no parecía tener ni un poco de interés romántico en ella, y eso fue más de lo que logró soportar.
Ahora Heiji volvía a estar, si no a su lado, luchando junto a ella y ayudándola sin reparos, y eso solo le hacía ver lo maravilloso que fue siempre, pese a que su subconsciente, con el paso de los años, hubiera tratado de convencerla de lo contrario. Con razón se enamoró de él. Con razón no había sido capaz de olvidarlo pese a lo mucho que lo intentó.
—Kazuha, escúchame bien: —El chico volvió a hablar y lo hizo con un tono tan serio que ella sintió como un escalofrío le recorría la espalda. —Yo haría cualquier cosa con tal de que estuvieras a salvo. Cualquier cosa. ¿Me oyes? Así que no dudes ni por un segundo que iría hasta el fin del mundo si fuera necesario para ayudarte.
Kazuha se quedó sin aliento durante milésimas de segundo. ¿Qué Heiji iría hasta dónde para hacer qué? ¿El chico realmente acababa de decir lo que ella había escuchado? No era una alucinación, ¿Verdad? ¿Tan importante era ella para el chico? ¿Qué significaban esas palabras? ¿Era algo que él le decía simplemente a una amiga de la infancia? ¿Simplemente a una amiga?
—Heiji… —Murmuró, pero en esa situación no fue capaz de decir nada más y prefirió callarse. Incluso si no era cierto, las vanas esperanzas la ayudarían a sentirse tranquila. No necesitaba que él le confirmase nada para hacerla sentirse peor en semejante situación.
Mientras tanto, en su lado de la línea, Hattori se estaba muriendo de la vergüenza después de decir eso y sentía como el detective americano a su lado lo observaba detenidamente y, probablemente, aguantándose la risa. Pero eso no debía importarle, porque fuerza vergonzoso o no, eran sus verdaderos pensamientos y ahora mismo, su amiga de la infancia y la mujer de la que estaba enamorado corría peligro, estaba sola frente al enemigo y necesitaba dejarle claro que no iba a abandonarla y que todo estaba bien.
Kazuha había acudido a él entre todas las personas. Pese a que hacía 6 años que no se hablaban, pese a que él mismo había echado por tierra su relación, Kazuha había pensado en él y había buscado su ayuda porque sabía que podría ayudarla. No debía defraudar sus expectativas y, sobre todo, no permitiría que nadie le hiciera daño a su persona más preciada.
Hattori Heiji, detective del Oeste, protegería a las personas que eran importantes para él, fuese cual fuese el costo.
Jonathan a su lado continuaba hablando con la policía para darle las indicaciones adecuadas sobre dónde encontrar a la chica y socorrerla lo más rápido posible, mientras su compañero continuaba tratando de tranquilizarla. En realidad, contrario a lo que pensó Hattori, Jonathan ahora respetaba un poquito más al moreno, por ser capaz de decir semejantes palabras tan convencido y valientemente, por poner tanto empeño y esfuerzo por el bien de alguien preciado. Claro que Jonathan no sabía apenas nada de todo el pasado que esas dos personas compartían.
La policía estaba a punto de llegar al lugar donde se encontraba Toyama-san y pronto sería rescatada con éxito. De momento no había rastro de su atacador y todo parecía ir bien.
Demasiado bien.
La verdad es que no sé como funcionan los porteros automáticos en Japón, pero en España estoy bastante convencida de que si timbras a un portal cualquiera y dices "soy yo", te abrirán la puerta. Más que nada porque yo a veces abro sin saber cual de mis compañeras de piso es, ni si es mi compañera de piso siquiera. La idea del ascensor también se debe a que tengo un asqueroso vecino en el quinto que siempre deja la puerta del ascensor abierta, así que el resto de vecinos no podemos usarlo por su culpa.
Dejando los detalles sin importancia de lado: ¡HAN INTENTADO ATACAR A KAZUHA! (si, vale, no es tan sorprendente teniendo en cuenta que muchas mencionasteis que ya os lo esperabais. Lo sé, soy demasiado predecible). En fin, que la cosa se poner interesante y se huele el drama HeiKazu, por fin! (Sinceramente, me gustan tanto como el ShinRan, sobretodo por lo que he visto recientemente en el anime).
Nos leemos la semana que viene ^^
