DISCLAIMER: Nada de esto me pertenece, los personajes pertenecen a la inigualable J.K. Rowling, y la historia pertenece a LoveMyRomance quien fue muy amable al darme permiso de traducirla.

Hola nuevamente a todos mis queridísimos lectores... dije una semana... y no cumplí! hahahaha pero aquí esta el nuevo capítulo, disfrútenlo!

Esta vez no me dio tiempo de contestar a sus reviews! lo siento!, prometo hacerlo para el próximo capítulo :D

A leer!...


Mansión Riddle (Diciembre 21)

Esa particular mañana, el cielo fuera de la mansión Riddle estaba pintado de un oscuro color carbón con suaves rayos naranjas brillando a la vez que el sol intentaba colarse a través de las gruesas nubes. Sin embargo, Hadrian Riddle hizo por disfrutar, o siquiera notar la asombrosa vista.

En esta particular mañana, Hadrian Riddle estaba terriblemente tarde. Sólo pensar en eso lo hizo fruncir el seño y correr, algo atrabancado, a través de los pasillos de la mansión Riddle. Nunca llegaba tarde. Nunca.

Y qué terrible suerte tenía! De todos los días que podría ir tarde, tenía que elegir el día que tenía clases con su padre. Hadrian pasó volando junto a los retratos que lo veían desaprobatoriamente, ignorando las quejas sobre lo poco digno que era armar un alboroto tan temprano en la mañana.

Estaba seguro que su padre ya debería estar de mal humor. Muy rara vez estaba de buenas. Mientras corría, la cabeza de Hadrian se llenó de ideas de cómo lo iba a castigar su padre, cada uno siendo más horrible que el anterior.

Cuando estaba frente a las gigantescas puertas de madera negra, paró y trató de recobrar el aliento. Un aire siniestro envolvía la habitación y hacía a Hadrian querer correr en la dirección contraria. Inhaló profundamente, calmó sus nervios y se enderezó. Luego, abrió las puertas.

"Llegas tarde."

Se estremeció internamente y las pocas esperanzas que tenía se esfumaron. Hadrian se aclaró la garganta. "Mis más sinceras disculpas, padre. Estaba-"

Los ojos de Voldemort se encendieron pero sólo movió la mano con indiferencia. "No importa, ya estas aquí y no debemos perder más tiempo."

Hadrian hizo todo lo posible por esconder la sorpresa que lo invadió. Realmente lo intentó. Pero aún así su mandíbula cayó y sus ojos se abrieron mientras veía al Señor Oscuro. Se forzó a si mismo a no hablar por miedo a que sólo salieran balbuceos ininteligibles.

"¿Estas listo?"

Hadrian levantó la mirada abruptamente y le tomó un segundo darse cuenta de que el Señor Oscuro no le hablaba a él, pero en su lugar a la figura que estaba parada junto a él y que parecía haberse materializado de la nada.

"¿Snape?" dijo incrédulo. "¿Qué haces aquí?"

El profesor de pociones alzó una ceja poco impresionado. "El Señor Oscuro solicitó mi presencia para la lección de hoy," dijo sin emoción alguna.

"Sí. Severus resulta ser el mejor practicante de Oclumancia y Legeremancia en todo el mundo mágico. Después de mi, por supuesto," añadió Voldemort. "Si vasa ayudarnos a vencer a Dumbledore, tu fortaleza mental deber ser igual – o incluso más fuerte – que la mía. ¿Entendido?"

Hadrian no confiaba en sí mismo para hablar, así que sólo asintió con la cabeza.

Su padre torció los finos labios en algo parecido a una sonrisa. "¿Empezamos?"

Hadrian alzó la mano con cautela. "¿'No' es una opción?" balbuceó resignado.

"Esto seguro que sabes la respuesta a eso," dijo Voldemort con arrogancia y volteando a ver a Snape. "Supongo que debemos empezar con las técnicas más avanzadas ya que ha estado practicando todo lo básico desde hace un tiempo."

"Por supuesto mi Lord," asintió Snape. Sus ojos color ónix se fijaron en los verde esmeralda de Hadrian y el profesor sonrió fríamente. "Prepárate."

"¿Prepararme? ¿Para q-"

De repente, vio todo. Todas sus memorias aparecieron una por una sintiéndose increíblemente reales, como si las estuviera viviendo nuevamente. Podía escuchar la risa de Daphne; podía sentir el inmenso dolor de caer de su escoba desde tan alto y aterrizar en el húmedo suelo. La inmensa satisfacción de torturar a Alexander Potter y cómo cruelmente lo hizo ponerse de rodillas y rogar perdón.

Sólo cuando sus memorias estaban alcanzando el pasado verano, Hadrian se dio cuenta que él no era el único reviviendo esas memorias. Dejó salir un jadeo estrangulado a la vez que forzaba a Snape a salir de su cabeza. Podía sentir las memorias de Quirell y la piedra empezando a aparecer, y con un fuerte gruñido su escudo mental expulsó a Snape.

Hadrian respiraba con fuerza y veía con ojos asesinos al grasiento profesor que no se veía para nada afectado. Lord Voldemort conjuró una silla e hizo que Hadrian se sentara en ella. Sonrió con prepotencia ante la mirada cuestionante de Hadrian. "La vas a necesitar."

"Eso fue completamente terrible," dijo Snape cortante. "Tus pensamientos no tienen ningún orden, tus emociones están por todas partes. Esto no es un juego, niño."

"No estaba preparado," dijo Hadrian por lo bajo. Era claramente un error decir eso porque los ojos de su padre brillaron con enojo.

"¿Crees que Dumbledore o algún otro miembro de la orden va a esperar a que calientes primero?" siseó su padre. "Claro que no. Esto es una guerra, mocoso. Nadie esta a salvo. Si tu mente esta controlada y tus escudos fuertes, entonces puede ser que dures más que los demás."

"La idea es dejar que tu mente se vuelva tan invencible que la Oclumancia pase despaercibida. La persona que vea dentro de tu mente verá sólo aquello que tú quieras mostrarle," explicó Snape. "No cierres todo. No pongas todo en blanco. Categoriza lo que quieres que los demás vean, y encierra todo aquello que morirías antes de dejar que alguien descubriera. ¿Entendido?"

"Supongo," respondió tenso.

"Entonces hazlo!" gritó Snape.

"Esta bien!" gritó a la defensiva. Esperó hasta que sintió el característico dolor de cuando alguien invade tu mente, y se puso a trabajar. Por horas y horas iban y venían. Snape invadía su mente y él luchaba contra ello.

Hadrian guardó cuidadosamente sus más privados recuerdos, envolviéndolos en varios escudos mentales. Dejó que Snape pasara por sus memorias más recientes antes de sacarlo con fuerza cuando comenzó a acercarse peligrosamente a sus memorias guardadas.

Vio fijamente al techo, ignorando el pulsante dolor de cabeza que amenazaba con hacer explotar su cabeza. Su cara y cuello estaban cubiertos en una brillante capa de sudor y sus dedos dolían de apretar fuertemente la silla por la ansiedad.

"Eso estuvo menos terrible," dijo finalmente Snape después de cinco horas. "Paré antes de atacar tus pensamientos más protegidos para corregir algunas fallas. Conforme quitas memorias, dejas espacios en blanco entre ellas. Trata de fusionar aquellas que estas dejando que los demás vean, cubre los huecos. Espacios en blanco son evidencia segura del uso de oclumancia. Corrígelo."

Hadrian suspiró pesadamente y esperó a que Snape atacara su mente de nuevo. Con cansancio guardó sus memorias privadas y se concentró en las actuales. Estaba concentrándose en sus recuerdos de una aburrida clase de pociones y dejó salir una malévola sonrisa al imaginar a Potter dejar caer la cabeza dentro de su caldero.

Abruptamente, la presencia de Snape desapareció de su mente. Hadrian estaba tan concentrado en hacer desaparecer su dolor de cabeza que no se dio cuenta de la mirada que intercambiaron Snape y su padre.

"¿Cómo lo hiciste?" Snape lo veía con duda. Sus labios se contorsionaron en una mueca al ver a Hadrian levantar la cabeza con cansancio. "¿Cómo lo hiciste?" preguntó con más urgencia. Snape le dijo algo inaudible a Lord Voldemort quien alzó una ceja divertido.

"¿Qué?" preguntó Hadrian, mirando a los dos adultos frente a él con desconfianza. "¿Qué estas haciendo?" murmuró con miedo a la vez que Voldemort dio un paso adelante.

"Tengo que verlo yo mismo," dijo su padre. Hadrian apenas tuvo tiempo de prepararse antes de sentir una dolor punzante en la cabeza.

Comparado a su padre, Snape había entrado en su mente delicadamente. Su padre hizo pedazos sus escudos como si no fueran nada, y Hadrian frenéticamente intentaba repararlos. La maldición cruciatus era un ligero pinchazo en comparación a esto.

Podía ver perfectamente a su padre matándolo cuando se enterara sobre Quirell y la piedra. Hadrian se imaginó la mano de su padre sujetando firmemente la varita contra él. Hizo una mueca de dolor y empujó lo más lejos que pudo la presencia de Voldemort. Hadrian podía sentir su cabeza partiéndose en dos mientras Lord Voldemort se adentraba en su mente y él trataba de mantenerlo fuera sin lograrlo.

Justo cuando pensaba que no podía aguantar más, su padre se retiró. Hadrian dejó salir un suspiro de alivio.

"¿Entiendes lo que digo?" dijo Snape señalando a Hadrian.

Lord Voldemort observó a Hadrian antes de decir. "No es tan sorprendente, Severus."

Hadrian los miró. "¿Alguien me puede decir qué esta pasando?"

"Heredó mi habilidad de hablar pársel, no me sorprende que pueda hacer esto sin problema," habló Voldemort, ignorándolo.

"¿Pero tan joven?" Snape vio a Hadrian con el ceño fruncido antes de regresar su atención al otro hombre. "¿Es incluso posible?"

"¿Podría alguien decirme?" exclamó Hadrian frustrado.

Ambos se voltearon a verlo como si ambos hubieran olvidado que estaba ahí. Su padre se aclaró la garganta antes de decir. "Severus parece pensar que es inusual que muestres ciertas señales de Oclumancia."

"¿Qué?"

"Estas creando memorias para llenar los espacios en blanco," explicó Snape secamente. "En lugar de fusionar tus memorias, estas creando nuevas. Cosas que nunca pasaron."

Hadrian frunció el ceño. "¿Se puede hacer eso?"

Lord Voldemort bufó exasperado. "Que pregunta tan mas tonta. Obviamente es posible ya que tú lo estabas haciendo!"

"Por ejemplo," intervino Snape rápidamente antes de que el lord empezara a despotricar sobre la estupidez de su heredero. "Cuando estaba viendo tu memoria de una clase de pociones, vi a Potter dejar caer la cabeza dentro de su caldero. Eso nunca pasó. Lo sé porque yo estaba ahí. Pero se veía como una memoria real."

"No estaba tratando de crear una nueva memoria," dijo Hadrian lentamente. "Sólo estaba imaginando que a Potter le pasaban cosas muy desafortunadas," sonrió travieso.

"Lo que sea que estuvieras haciendo dio resultado a una memoria falsa que parecía real. Sólo los que tiene habilidades superiores en Oclumancia se ha sabido que pueden hacerlo. Ni siquiera Dumbledore puede hacer esto, todavía," añadió Voldemort.

"Y aún así tú, ¿tú al parecer encontraste esta habilidad por casualidad? Me tomó años dominarla!" dijo Snape furioso.

"Cálmate Severus," dijo su padre mientras estudiaba sus uñas desinteresadamente. "Es un don que ha heredado de mi. Como la habilidad de hablar pársel," de repente alzó la mirada y vio fijamente a Hadrian con una mirada helada. "Lo que me interesa es saber qué es lo que esta escondiendo," murmuró su padre.

Hadrian ciertamente no estaba preparado para la abrumadora fuerza con la que Lord Voldemort atacó su mente. Gruñó en alto al ver a su padre destrozar cada uno de sus escudos, uno por uno. Hadrian se forzó a si mismo a ver directamente a los ojos inyectados en sangre de Voldemort, y con una impactante muestra de fuerza, lo empujó de su mente y en voz baja dijo. "Legilimens."

Por un breve segundo, Hadrian descubrió que las memorias que estaba viendo no eran suyas. Apenas fue capaz de ver una figura entre sombras antes de ser expulsado. La batalla en su propia mente reinició, y fue ahí que se dio cuenta que guardar un secreto a su padre era una terrible idea. Pero antes muerto que dejar que su padre se enterara de ello.

No podía sentir ninguna parte de su cuerpo y pensar en ello era realmente aterrador, pero se enfocó en mantener sus escudos firmes para mantener a su padre fuera. Era completamente en vano porque cada vez que ponía una nueva capa su padre la destrozaba sin dificultad alguna. Como último recurso, Hadrian intentó con una memoria falsa. Snape dijo que sus memorias falsas se veían reales, ¿no? A la vez que creaba un escudo más sólido, Hadrian fabricó una memoria de él extrañando a sus verdaderos padres y añadió las emociones de tristeza y añoranza.

Después de unos segundos más de lucha, lanzó la memoria detrás de su nuevo escudo, esperando que su padre parara después de verla. Se aseguró de pelear hasta el último segundo, e inevitablemente el último escudo desapareció.

El dolor se apaciguó, y Hadrian sintió a su padre salir muy lentamente de su mente. Luchó fuertemente para no dejar escapar el suspiro de alivio que casi se escapa de sus labios.

"¿Eso es lo que estabas escondiendo?" Lord Voldemort veía a su heredero con furia. "¿Memorias preciadas de tus padres? Que patético," bufó. "Ellos te dejaron. Olvidaron. Abandonaron. No se merecen tu tristeza ni tu añoranza. Después de todos estos años, ¿todavía te importa? Despierta. No existe esa cosa que la gente llama amor. El amor es para los débiles. Tú no necesitas una familia. La familia no hace nada más que destruirte," escupió Voldemort.

"¿Padres?" Snape vio a Voldemort con la cara pálida. "Quiere decir que usted no e-"

"Obliviate," dijo su padre como si nada y movió la varita, regresando su mirada a Hadrian.

Snape parpadeó repetidamente y miró al Señor Tenebroso. "Entonces, ¿cuál era el secreto?"

"¿Qué tienes que decir? Este tipo de pensamientos sólo limitan tu éxito," dijo Voldemort ignorando al profesor.

Hadrian abrió la boca para responder pero de repente su estómago se revolvió y su cabeza se hizo a un lado para vomitar una mezcla de sangre y vomito.

Lord Voldemort tenía una expresión de disgusto mientras veía despreocupadamente a su heredero vomitar sangre. Snape sólo se encogió de hombros. "Bueno, estuvo desgarrando su mente por unos diez segundos. Esto era de esperarse."

Hadrian finalmente dejó de vomitar y toser y alzó la mirada hacia su padre. Sus ojos empezaron a aguarse y se aclaró la garganta, frunciendo el ceño a Voldemort. "¿Estas tratando de matarme?" dejó salir rasposamente, limpiando enojado su boca con el dorso de su mano.

"Claro que no. Sólo estoy intentando hacerte una mejor persona," bufó su padre.

"¿Tratando de matarme?" dijo casi gritando.

"No. Te volviste diez veces más fuerte cuando te diste cuenta que tenías algo que perder," explicó Voldemort.

"Creo que es suficiente por hoy," intervino Snape, viendo con curiosidad a los otros dos.

Lord Voldemort se movió hacia las puerta en silencio, su capa moviéndose impresionantemente con su caminar. Cuando abrió la puerta, volteó a ver a Hadrian con una sonrisa maliciosa. "Buen intento. Pero necesitas más que una memoria falsa para engañarme."

Hadrian alzó la cabeza rápidamente con una mirada de shock. "P-pero cómo s-sabes-"

"¿Realmente creíste que podías sobrepasarme con sólo unas cuantas horas de entrenamiento? Por supuesto que no, mocoso. Soy el Señor Oscuro. Y voy a saber qué es lo que estas ocultando de mi pronto," dijo, cerrando de un portazo las puertas.

Snape observó a Hadrian con una mirada de desagrado. Señaló el desastre que había alrededor de su silla. "Yo no voy a limpiar eso. La siguiente lección es en cinco días," dijo antes de desaparecer.

Hadrian gruñó y pateó la silla en frustración. Todavía tenía un largo camino que recorrer si quería ser tan poderoso como Lord Voldemort, sino es que más.


Mansión Malfoy (Día de Navidad)

"No, Tilly!" dijo Narcissa casi gritando. "¿Qué crees que haces?" preguntó cortante, sus ojos formando dos peligrosas rendijas.

"Tilly esta poniendo los arreglos en las mesas, Señora," el tembloroso elfo dijo tartamudeando, acobardándose bajo la acusadora mirada de su ama.

"Estas flores son azul aciano. Específicamente pedí que fueran azul cielo! Arregla esto de inmediato," siseó Narcissa con voz fría, pinchándose la nariz en frustración. Sus ojos azul hielo escanearon el salón de baile en busca de la bandeja más cercana. Tomó un vaso de whiskey de fuego y se lo tomó de un trago.

"Tranquilízate, Cissy," sonrió Lucius Malfoy recargado en uno de los pilares de mármol. "Entiendo que planear un baile de Navidad es estresante, pero no debería llevarte a beber!"

La mujer sonrió con una enervantemente dulce sonrisa a su marido quien dio un paso atrás. "Lucius, querido, sabes que te adoro completamente," sus dientes se rechinaron a la vez que su expresión cambió a una de rabia. "Pero si abres tu boca para algo más que no sea halagar el salón, te arranco la cabeza," hizo una pausa y dejó la dulce sonrisa regresara. "¿Entendido, amor?"

Él sonrió y dijo, con mayor cautela. "Me encantas los candelabros de cristal, querida. ¿Son importados?"

La cara de Narcissa se iluminó y alisó el mantel plateado alargado mágicamente mientras respondía. "De Italia. Los recibí anoche. Y mira querido, los manteles vienen de un gran amigo mío de India."

"Son muy bonitos," dijo.

"Draco, trae tu tonto trasero para acá! Tú, estúpido y miserable hurón! Regrésalo!" gritó una voz.

Los dos adultos voltearon la cabeza justo a tiempo para ver a dos chicos entrar corriendo al salón, pasando entre las mesas y los meseros. Destiny estaba ataviada con una bata rosa de satín sobre su pijama y estaba descalza, corriendo a través del salón de baile persiguiendo a nada más y nada menos que Draco Malfoy. Vio a Draco del otro lado de la mesa moverse a la derecha y se lanzó por él, tirando dos sillas en el proceso.

"No te vuelvas loca, Destiny! Sólo quiero ver de quién es!" gritó de regreso, corriendo alrededor de otra mesa. Draco tropezó con la orilla del mantel, haciendo que se cayera y junto con él todo lo que estaba sobre la mesa, en un audible estruendo.

Destiny sonrió y dejó salir un "Aja!" mientras corría hacia donde se había caído, pasó sobre él a propósito para llegar a la caja perfectamente envuelta que había caído cerca de él.

La chica estaba a punto de agarrar la caja cuando sintió una mano cerrarse alrededor de su tobillo causando que cayera de lleno al piso de mármol. Por suerte, sus manos previnieron que cayera de cara contra el piso.

Lamentablemente, en su afán de conseguir la caja, Destiny causó que un mesero se tropezara con ella y aterrizara en otra mesa. Los adornos y platería cayeron al suelo haciéndose pedazos.

Narcissa Malfoy jadeó al ver el centro del salón hecho un desastre. Sus blancas manos temblaban a la vez que las alzaba para cubrirse la boca en shock. Dejó salir un agudo grito que causo que su esposo se encogiera en su lugar y miró a los niños con gran desaprobación.

"M-mi hermoso salón," sollozó mientras sostenía su cara en sus manos, viendo con horror el desastre. Su hijo y Destiny se levantaron de sus posiciones y se fulminaron mutuamente con la mirada, antes de voltear a ver a Narcissa.

"¿Me podrían explicar qué pasa?" ordenó Lucius en un tono de voz intimidante, aunque luchó bastante por no sonreír ante las travesuras de los niños. Por el rabillo del ojo vio a Destiny guardar el regalo en su bolsillo.

Instantáneamente, los dos señalaron al otro y dijeron. "Fue su culpa!"

"Expliquen, ¿por qué han destrozado el trabajo duro de su madre/tía?" dijo Lucius arrastrando las palabras y viéndolos duramente.

"Destiny recibió un regalo, y yo quería saber qué era, pero ella no me quería decir. Después le pregunte de quién era pero tampoco me quiso decir. Entonces yo-"

"Entonces él agarró el regalo y salió corriendo! Como un hipogrifo incivilizado!" cortó Destiny, cruzándose de brazos y bufando.

Narcissa miró al par antes de tomar otro trago y tomárselo. Dejó el vaso con cuidado en la mesa más cercana y volteó a ver a los niños. Lanzó una mirada a Lucius y dijo en una voz clara y calmada. "El baile comienza a las ocho. Tú y Draco tienen exactamente nueve horas para tener perfectamente arreglado. Sino…" dejó que su silencio lo explicara todo.

"Sí, querida," dijo Lucius.

Draco vio a su madre incrédulo. "¿Por qué Destiny no tiene que ayudar? Ella también tuvo que ver en esto!" se quejó.

"Porque Destiny estaba en lo correcto y tú no. Vamos, Destiny, te tienes que arreglar y después tenemos que revisar todo el itinerario," dijo Narcissa.

Destiny sonrió y le sacó la lengua a Draco antes de pasar sobre la porcelana rota para seguir a Narcissa fuera del salón. Una vez que estuvieron fuera del alcance del oído de los otros dos, Narcissa volteó a ver a Destiny y sonrió.

"Veo que recibiste mi regalo."

"¿Cómo sabías que este plan iba a funcionar?" preguntó la niña, viendo a la matriarca de la familia Malfoy con asombro. Dejó el regalo vacío en una mesa.

"Una vez Slytherin, siempre un Slytherin. Te dije que necesitaba un descanso y esta era la mejor manera de asegurarme que el salón esté perfecto además de darme una hora o dos libres de estrés," sonrió Narcissa, pasando un brazo sobre los hombros de su sobrina.

"Eres malvada tía Narcissa," sonrió Destiny.

"Ya sé," rió ella.


Locación desconocida: Mundo muggle (Día de Navidad, 12:00 pm)

Hermione Granger se sentó en la mesa de comedor lo más lejos de su padre posible sin que fuera muy obvio. En silencio, movía la cuchara de lado a lado del plato con la cabeza agachada para no llamar la atención.

Honestamente, esto no era como tenía pensado pasar la tarde de Navidad. Normalmente, su madre cocinaba el desayuno en la mañana y después preparaba una enorme cantidad de comida para la cena. Tenían la tradición de abrir regalos después de la cena porque su madre creía que la espera haría que los apreciara aún más.

Pero este año su madre estaba ausente para las festividades y Hermione estaba encerrada con… el Grinch, por decirlo de alguna manera. Cuando su madre estaba presente, su padre actuaba como si estuviera feliz por las fiestas y hasta era aguantable.

Ahora que su madre no estaba, él estaba libre de hacer lo que quisiera. Hermione arrugó la nariz en disgusto al verlo vaciar la séptima botella de cerveza del día. Lo miró con odio antes de obligarse a sí misma a bajar la mirada. Cómo es que no había muerto aún de congestión alcohólica era todo un misterio para ella.

Hermione se levantó abruptamente, casi tirando la silla en su prisa por salir del comedor. Por suerte, su padre pareció no notarlo, ni importarle. Recogió su plato de sopa aún lleno y lo dejó en el lavadero con un fuerte sonido. Hizo una mueca al ver a su padre voltear a verla y lanzarle una mirada de odio, pero no hizo ningún comentario.

Caminó tranquilamente fuera del comedor hasta que estuvo fuera de la vista de su padre, y entonces corrió escaleras arriba a su dormitorio. Se aseguró de no hacer ruidos fuertes al cerrar las puertas o al caminar. Hermione miró su cuarto vacío y se lanzó sobre su cama.

Veía melancólicamente hacia el exterior que se reflejaba a través de la pequeña ventana que había en su habitación, y deseaba que su madre regresara pronto a casa. Sólo se sentía segura en casa cuando ella estaba ahí. Esta era la primera Navidad que su madre no estaba ahí, y aunque Hermione se sentía orgullosa de ser una persona independiente, extrañaba a su madre más de lo que estaba dispuesta a admitir en voz alta.

La castaña suspiró y se levantó de la cama, caminando hacia su baúl de Hogwarts que estaba a los pies de la cama. Le había costado casi media hora subir el baúl ya que su padre, muy amable él, se negó a ofrecerle ayuda.

Le quitó el seguro y lo abrió, sus manos dirigiéndose inmediatamente a uno de los libros. Estaba a punto de abrir Hogwarts: una historia cuando su mirada cayó en una pequeña bolsa junto a su varita. Sus ojos brillaron con curiosidad cuando tomó su varita, abrió la bolsa, y el pequeño vial resbaló hasta su mano abierta.

Hermione rompió el sello y olió el contenido. Estaba a punto de tomarse todo de un solo trago cuando paró y se levantó con rapidez. En lugar de tomarse todo de una sola vez, fue al baño y tomó un gotero. Decidió diluir la sustancia, sólo para estar seguros ya que Hadrian no lo había dicho cuál era la dosis adecuada.

Dejó caer varias gotas en su boca y rápidamente tapó otra vez el vial y lo guardó en la bolsa. Volvió al cuarto y cerró la puerta con seguro. Dejó la bolsa dentro del baúl y lo cerró. Luego fue a su cama y se acostó, dejando su varita en la mesa junto a ella. Se puso boca arriba y se puso a examinar las formas de telaraña que tenía el techo; cerró los ojos por un segundo, disfrutando del momento de absoluta tranquilidad.

La tranquilidad no duró mucho.

La puerta de su cuarto se abrió de un golpe haciendo que Hermione abriera los ojos asustada. Su padre estaba parado en la puerta, tambaleándose de lo borracho que estaba, Hermione se sentó en la cama, el pánico creciendo cada vez más. Podría jurar que le había puesto seguro a la puerta.

Aún así, él estaba ahí. Su padre entró, chocando con las paredes hasta que la vio pegada a la pared. Sonrió con malicia.

Hermione se estiró y agarró la varita de la mesa. "No te acerques," dijo con valentía. "Ya puedo hacer magia y te aseguro que la usaré si me pones aunque sea un dedo encima."

La sonrisa del hombre aumentó y caminó hacia ella, arrancándole la varita de la mano. Antes de que ella pudiera registrar lo que estaba pasando, su padre rompió la varita con su rodilla sin ningún esfuerzo. El sonido de la madera quebrándose hizo que se encogiera en su lugar y se tensara.

"No puedes hacer nada. Madre va a regresar en unos días. Los moretones no se curan en tan poco tiempo, padre," dijo escupiendo con sarcasmo la última palabra, como si la misma le quemara la boca.

"Ella no esta aquí ahora, ¿o sí? Tu madre se fue. Así que ahora," sonrió oscuramente. "puedo hacer lo que quiera," la tomó del brazo y la arrastró fuera de la cama haciendo que cayera en el suelo.

Sacó un cinturón y la cara de Hermione palideció. "No, no puedes. Ella va a saber-"

El agudo dolor del cinturón cortó sus suplicas e hizo que dejara salir un gritó que resquebrajó el silencio del vecindario.

"Cállate," ladró, azotando su espalda con el cinturón y sonriendo al escuchar el sonido. Hermione se quejó pero se aguantó las lágrimas. Él la azotó una vez más, y otra, y otra, hasta que podía ver su piel roja y en carne viva.

"Por favor," suplicó. "Detente, por favor."

"Los niños estúpidos no merecen ser felices, Hermione. Los niños estúpidos merecen ser golpeados," dijo su padre, ignorando sus lágrimas. La pateó en el estómago y la alzó a su altura, sus ojos azul hielo chocando con los vidriosos ojos café de su hija.

"¿Me escuchaste?" preguntó, dándole una cachetada tan fuerte que su cabeza terminó del lado. Estaba segura de que eso iba a dejar una dolorosa marca en su mejilla.

Mientras veía, a través de sus ojos llenos de lágrimas, la envejecida cara de su padre, no encontró semejanza con el padre que alguna vez fue. Lo único que podía ver, era el monstruo en que se había convertido. Un monstruo que no tenía ni un mínimo rastro de humanidad dentro de él.

Él estrelló la cabeza de su hija contra la pared, y Hermione sintió inmediatamente como perdía la consciencia. Su dolor comenzó a desvanecerse, y la última cosa que sintió fue el calor del aliento de su padre mientras susurraba. "Recuérdalo siempre, querida: los niños estúpidos no merecen ser felices. Los niños estúpidos merecen ser golpeados."


Ubicación desconocida: mundo muggle (día de Navidad 6:00 pm)

Hermione abrió los ojos repentinamente cuando la puerta de su cuarto se abrió de un golpe. Su habitación estaba oscura así que concluyó que se había quedado dormida ya que el mundo exterior se veía igualmente oscuro por la ventana, lo cual era un gran contraste con el brillo de la nieve de la tarde.

Su padre estaba parado en la puerta, tambaleándose de lo borracho que estaba, Hermione se sentó en la cama, el pánico creciendo cada vez más. Podría jurar que le había puesto seguro a la puerta. Sus ojos se dirigieron a la puerta y vieron que el cerrojo había sido forzado.

Había algo en sus movimientos que se le hacía familiar e hizo que su respiración se acelerara.

Aún así, él estaba ahí. Su padre entró, chocando con las paredes hasta que la vio pegada a la pared. Sonrió con malicia.

Y de repente, todo regresó a ella.

Podía recordarlo todo. Cada latigazo, cada golpe, cada patada en su cuerpo. Hermione se encogió en su lugar cuando lo vio acercarse e hizo un movimiento para agarrarla del brazo. Hermione saltó de la cama y corrió hacia la puerta, tomando su varita en el proceso.

"Q-quédate donde estas," dijo tartamudeando. Hermione estaba segura que la poción la había hecho alucinar, pero esto era definitivamente real. Apuntó al hombre con su varita y lo miró con furia. "No te acerques."

Él ignoró su advertencia y la tomó de los hombros, arrojándola con fuerza en el piso. Un destello de miedo apareció en los ojos de Hermione al ver el cinturón de cuero en las manos de su padre.

Su varita estaba de regreso en su bolsillo, pero dudaba que fuera a sobrevivir lo que se venía. Escuchó el sonido del cinturón cortando el aire antes de que golpeara su costado, y Hermione gritó. Podía sentir las lágrimas en sus ojos y se mordió fuertemente los labios para no dejar salir ningún sollozo. Stupefy. Comenzó a decir frenéticamente en su mente. Stupefy. Stupefy. Stupefy!

Para su gran sorpresa, un brillante rayo de luz salió de sus manos y se estrelló justo en el estómago de su padre. Él la miró confuso antes de que su cuerpo cayera inmóvil en el piso de madera.

Hermione se quedó viendo el cuerpo de su padre y con sus pies comenzó a hacerse para atrás para alejarse de él. No confiaba que sus piernas estuvieran lo suficientemente fuertes como para sostenerla así que se conformó con llevarse las rodillas al pecho. No sabía que podía realizar magia sin varita. Tal vez sólo había ocurrido porque estaba desesperada. Hadrian no le advirtió sobre esto. No le dijo que iba a terminar herida, de muchas maneras, para toda su vida. Sus ojos se llenaron de enojo al ver la figura inmóvil de su padre.

Un fuerte repiqueteó se escuchó en su ventana lo cual hizo que Hermione saltara en su lugar. Alzó la mirada y vio a una lechuza blanca como la nieve en su ventana. Con cuidado, Hermione se levantó y abrió la ventada, todavía temblando de miedo. La lechuza dejó una carta en su regazo y Hermione la abrió con rapidez, mirando sobre su hombro con temor. Un pequeño brazalete cayó en sus piernas y la castaña leyó la carta con cara de confusión.

Querida Hermione,

No estoy segura de si ya pasó o no, pero necesitas salir de ahí. Tu padre va a ir por ti, y no creo que vaya a terminar bien. Por favor, toma el brazalete (es un transportador) que metí. Sólo dale vuelta al dije del centro una vez. Te veo pronto.

Con amor,

Destiny.

Hermione lanzó una mirada a su padre y rápidamente tomó una decisión. Iba a salir de ese endemoniado lugar. Caminó hacia su baúl y se sujetó a él, tomando el dije y la carta con la otra mano. Giró el dije con un dedo y esperó el jalón que la llevaría a su nuevo destino.


Terrenos de los Greengrass (Día de Navidad: 6:30 pm)

"Hermione, ¿qué haces aquí?" exclamó Daphne al ver a la temblorosa chica aterrizar junto con su baúl a la mitad de su cuarto.

Cayó en cuenta del tembloroso cuerpo de su amiga y la mirada llena de terror en sus ojos, y reprimió un grito, dejando caer el arete de diamantes que iba a ponerse en la oreja. Corrió al lado de la castaña y le acarició el caballo sosteniendo fuertemente su mano. "Hermione, háblame. ¿Estas bien? ¿Hermione?"

Sus ojos azul cristalino se volvieron de acero cuando se dio cuenta de lo que pudo haber pasado. "Hermione, corazón, relájate. Ya estas a salvo, ¿ok?" desvió la mirada y le gritó a su hermana. "Astoria! Ven aquí! Y trae agua!"

Unos segundos más tarde, su hermana entró y vio la escena con una expresión de sorpresa en la cara. El vaso de cristal con agua se resbaló de sus manos y cayó al suelo de mármol rompiéndose en mil pedazos. "¿Es Hermione?" preguntó, dirigiéndose veloz a la jarra de agua en la mesa de Daphne y servía otro vaso, pasando sobre los vidrios rotos para dárselo a su hermana. "Toma," susurró.

Daphne asintió y le dio el vaso a Hermione quien se lo tomó de un solo golpe. Los temblores de la castaña fueron disminuyendo, pero la mirada de tristeza en sus ojos nunca se fue.

"¿Estas bien?" preguntó Daphne por lo que parecía la milésima vez. "¿Necesitas algo-?"

"Mi padre es un monstruo," murmuró Hermione claramente, viendo al techo dorado del cuarto. "Ya no es mi papá."

"Si te lastima a propósito, dudo que alguna vez haya sido tu padre," siseó la rubia, poniendo una manta sobre los hombros de su amiga.

"No, sí lo era. Hubo un tiempo en el que él era mi papá," sonrió Hermione con nostalgia. "Ataba mis zapatos por mi, y me compraba helado cuando mi mamá decía que no. Hacía lo posible por peinarme el cabello y hacerme coletas cuando mi mamá estaba ocupada," su sonrisa se volvió nostálgica. "Él fue mi papá una vez, pero eso fue hace mucho tiempo."

Se quitó la manta de los hombros, y se abrazó a si misma. "Ya no es mi padre, ni siquiera creo que sea un ser humano."

"No entiendo por qué es siquiera parte de tu familia," dijo Daphne fríamente.

"Mi madre todavía lo ama. No quiere creer que ha cambiado, incluso cuando él le pega ella sigue creyendo que sigue siendo el mismo hombre del que se enamoró. Pero esta equivocada," suspiró Hermione.

"Daphne, Astoria, ¿ya están list-" la voz de la mujer se cortó al ver a las tres niñas en la habitación. Se aclaró la garganta elegantemente y trató de enmascarar su sorpresa. "Oh, lo siento. Niñas, no me dijeron que iban a tener compañía."

"Ehm- ella va a ir al baile con nosotras. No conoce muy bien a su cita, pero Daphne sí, entonces por eso viene con nosotros," explicó Astoria torpemente.

Su madre volteó a ver a Daphne para confirmar lo dicho por su hermana, a lo que Daphne sonrió veloz. "Sí madre. Blaise Zabini le pidió que lo acompañara al baile, y como es uno de mis mejores amigos le sugerí que viniera con nosotras."

Su madre encogió sus delicados hombros. "Bueno, supongo que por mi esta bien. Pero deben apurarse chicas, nos vamos en una hora."

Esperaron a que se fuera antes de que Daphne se volteara a ver a Astoria de forma acusadora. "Ir al baile! Es una hija de muggles! ¿Crees que siquiera la van a dejar entrar a la mansión Malfoy?"

"No tienen que saber! Y estoy segura que Hadrian va a evitar que Draco haga un berrinche. Mejor aún, hay que hacerle un cambio de look total para que no la reconozcan!" exclamó Astoria entusiasmada.

"No esta en un estado mental o físico para asistir a un baile!" siseó Daphne. "Sabes qué, mejor me quedo en casa a hacerle compañía," sugirió.

"No, no hagas eso," cortó Hermione. "Ya estás arreglada y te ves muy linda," sonrió. "No sé, yo creo que voy a regresar a casa. Tal vez él-"

"No!" gritaron Daphne y Astoria. Hermione quedó atónita ante su extrema desaprobación.

"Vienes con nosotras," concluyó Daphne. "Podemos convencer a Blaise para que nos siga la corriente. Puedes ser una chica de Francia con la que su madre lo juntó."

"Pero no hablo francés," señaló Hermione.

"Es lo de menos," se encogió de hombros Daphne. "Vamos, no tenemos mucho tiempo. Hay que arreglarte para el baile."


Eso es todo por hoy!

Me voy a poner a traducir ahora mismo! Espero que les haya gustado!

Saludos!

ana karen malfoy