Hola.
Si ya se que me quieren fusilar por la tardanza. Y lo merezco, lo sé. Lo sé…
Perdón!
Espero poder recompensarlas un poco con este capítulo, que por cierto, es uno de los más largos.
Disfruten la lectura y dejen sus comentarios plis.
Estamos en la recta final!
Planes ocultos: Posibles traiciones.
Mi tiempo era limitado, demasiado escaso. Necesitaba apresurar mis planes. Algo en mi interior me decía que solo podía contar con algunas horas. Ella no se daría por vencida, y mi actual ventaja, seguramente la tendría furiosa.
La cena termino. Lita, Setsuna y Michiru hicieron la respectiva limpieza, mientras que el resto de nosotros permanecimos pensativos en la sala.
Haruka descansaba en un sillón individual, con Hotaru sobre sus piernas. Yaten, por su parte, en una orilla del sillón de tres piezas, acariciaba la rubia cabellera de Mina, quien se encontraba perezosamente recostada a su lado, con su cabeza sobre las piernas del peli-plateado. No pude evitar que una tenue sonrisa se dibujara en mis labios. Sin duda Yaten había cambiado y sin duda, Mina era en mayor parte responsable de dicho cambio.
En el mismo sillón, pero en la esquina contraria se encontraban Taiki y Amy, cómodamente sentadas con sus manos entrelazadas. En silencio al igual que el resto, sin embargo, en sus rostros era notoria la tranquilidad que la compañía del otro producía en cada uno de ellos.
No muy lejos, en el tercer sillón, nos encontrábamos Seiya y yo. Mi cabeza estaba recargada en su hombro, mientras que su brazo rodeaba mi cintura con gentileza. Me sentía feliz, en ese momento, en ese instante, con él a mi lado… era feliz.
—Ya es tarde— Se escucho la suave voz de Setsuna—Debemos descansar. La próxima batalla podría comenzar en cualquier momento.
Golpe bajo. Eso fueron sus palabras para mí. Un doloroso golpe que llego a mí en silencio para darme de lleno en el rostro.
Culpabilidad, temor, incertidumbre, desesperanza… esos eran los sentimientos que me invadían cada vez que se mencionaba la próxima batalla.
—Setsuna tiene razón— Secundo la mujer que para mi había llegado a hacer una segunda madre. —Será mejor que todos vallan a dormir.
Uno a uno todos nos fuimos poniendo de pie, la pereza parecía, de momento, el estado colectivo.
Las buenas noches comenzaron a ser pronunciadas por todos los labios, y uno a uno, los habitantes de aquella mansión fueron desapareciendo tras las respectivas puertas de sus habitaciones.
El último en despedirse de mí fue Seiya, quien tras depositar un tierno beso sobre mis labios, se aparto de mí siendo llevado por Yaten, quien aseguraba que de no intervenir, el menor de los Kuo hubiera pasado la noche al pie de mi puerta, seguramente embobado.
Entre a mi habitación y cerrando la puerta recargue mi espalda contra ella, dejándome deslizar hasta quedar sentada en el piso.
Debía esperar a que todos durmieran. Debía esperar, aun cuando lo que menos tenia… era tiempo.
HARUKA PVO
— ¿En qué piensas?—Pregunto Michiru trayéndome de nuevo a la realidad.
Suspire profundamente y respondí: —En ella—
—Te veo más preocupada que lo habitual—Comento acercándose a mí, y abrazándome por la espalda— Ya antes hemos estado en esta situación, y siempre hemos vencido. ¿Acaso temes que esta vez sea diferente? —Pregunto posando su barbilla sobre mi hombro
—Si lo piensas bien te darás cuanta de que en realidad nosotras jamás hemos vencido—Asegure tomándola por sorpresa.
Sus brazos abandonaron mi cintura, al igual que su barbilla dejo mi hombro. Camino un par de pasos y se coloco frente a mí con una mezcla de molestia y preocupación en sus facciones — ¿De qué estás hablando? ¡Hemos vencido en cada batalla! Y tengo fe en que la próxima no será la excepción. ¿Acaso has perdido la fe en las sailors? ¡Hoy somos más y somos mucho más fuertes que nunca! ¿Acaso no lo sientes?
Si, podía sentir el poder que el cristal de plata nos habría brindado, y si, éramos más, en eso Michiru tenía razón. Sin embargo, se equivocaba en una cosa — Jamás fuimos nosotras, sino ella. —
— ¿Qué? Pero de que…
—Eres tu quien no lo comprende Michiru, —La interrumpí —Nunca fuimos nosotras quienes vencieron en esas batallas que ahora nombras. Fue ella. Siempre ella.
La vi bajar la vista mientras analizaba mis palabras. De pronto devolvió su fija mirada a mis ojos — ¿Acaso temes pelear sin ella a nuestro lado?—
Me sentí ofendida por su pregunta— ¡Por supuesto que no! —Arremetí de inmediato— Es solo….
— ¿Qué Haruka? ¿Qué es lo que te inquieta?
—Tengo un mal presentimiento. Algo en mi interior me dice que no debemos apartarnos de ella, que no debemos perderla de vista.
— ¿Desconfías que los guardianas de la tierra sean capaces de protegerla?
—No, por el contrario, algo me dice que cualquiera de ellos daría su vida por ella de ser necesario. En especial Fayres.
— ¿Entonces que te preocupa?
—El viento—respondí—ha traído murmullos a mis oídos, murmullos que no comprendo. —Le asegure— Es como si alguien hubiera puesto una barrera entre mi fiel elemento y yo. Puedo sentirlo desesperado por darme una noticia. Por informarme algo que es de suma importancia. Sin embargo, solo puedo sentir la pesadez que carga, pero su voz, no logra llegar a mis oídos…
—Eso es absurdo y lo sabes—Me aseguro— ¿Quién sino tu era la única capaz de controlar y comunicarse con el viento?
—Te equivocas —Refute de inmediato—Tras conocer a los guardianes comprendí que no soy la única persona que posee lazos con el viento—
—Su rostro mostro sorpresa — ¿Te refieras a…
—Amberes—Le arrebate el nombre de los labios.
— ¿Acaso crees que el impide que el viento te hable?
—Él es el único capaz de hacerlo
—Pero…
—Algo anda mal Michiru, y debemos estar preparadas. Tengo la sensación de que pronto nos llevaremos una sorpresa nada grata…—le asegure envolviéndola en mis brazos.
Si, algo andaba mal. Yo lo sabía, y yo, no suelo equivocarme…
SERENA PVO
Una hora más tarde
En medio de la oscuridad que prevalecía en aquella habitación, pude percibir la absoluta calma que reinaba. Seguramente ya todos estarían dormidos.
Me puse de pie y abrí un poco la puerta para observar el corredor vacio. Me quite los zapatos. Salí de la habitación y me encamine de puntillas rumbo a la puerta que tenía como destino.
Entre en completo silencio y por un par de minutos contemple la dulce imagen de Hotaru durmiendo.
Odiaba que esa pequeña y dulce niña viviera la difícil vida de una sailors.
No era justo.
Sonrió entre sueños y me recordó la época ya distante, en que yo también solía tener sueños hermosos. Y fue en ese momento, que sus labios profirieron un nombre que logro quebrar mi corazón al escucharlo: Rini.
Sentí el corazón hacerse añicos una vez más dentro de mi pecho. Rini jamás nacería, ahora era solo un recuerdo en nuestras mentes. El recuerdo de un hermoso futuro que ya jamás sería posible. El recuerdo de un amor fingido y de una traición cuyo castigo ya había sido cumplido.
Sentí una lagrima deslizarse por mi mejilla, y casi de inmediato, la removí con el dorso de mi mano.
No tenía tiempo. Debía apresurarme.
—Sailors Saturn, te necesito, preséntate ante mi— Pedí a la frágil niña que dormía plácidamente en aquella cama.
La frente de Hotaru comenzó a brillar y el símbolo del planeta Saturno se dibujo en ella.
La hermosa niña se incorporo aparentemente aun dormida, salió de la cama y camino hasta pararse frente a mi. Acto seguido su pijama fue remplazada por el traje de la sailor y finalmente, sus ojos se abrieron posándose en los míos por un segundo, para después inclinarse haciendo una reverencia. —Estoy a tus órdenes, Majestad...
—Sailors Saturn, necesito tu ayuda, pero principalmente, necesito que utilices tu capacidad de manifestarte de forma independiente a Hotaru. Eres la única sailors que puede separar su conciencia de la de su alter ego. Lo que estoy por pedirte es sumamente delicado y pretendo que sea mantenido en secreto.
—No se preocupe majestad, en estos momentos Hotaru permanece dormida. Mientras que yo, por mi parte, le serviré lo mejor que pueda. —Me aseguro con semblante serio y decidido
Yo sonreí con melancolía, no recordaba una sola ocasión en que Sailors Saturn y yo hubiéramos estado a solas, y sin duda, lamentaba que fuera bajo las actuales circunstancias.
—Lo que estoy por decirte, y el especial, lo que estoy por pedirte es algo que quiero que el resto de las sailors siga ignorando. Confió en ti Saturn, pues a pesar de ser la de apariencia más frágil, el poder más grande se esconde dentro de ti, un poder que pronto deberás liberar por mí…
Minutos más tarde.
Salí de la habitación dejando a Hotaru en el mismo estado en que se encontraba cuando yo había entrado: dormida.
El contar con el apoyo de la sailor de la destrucción me tranquilizaba un poco. Ahora sabía que si mis planes fracasaban, y si las cosas se salían de control, entonces ella cumpliría su promesa.
Me dirigí a la cocina por un vaso de agua. No tenia sueño. De momento solo quería beber algo frio.
Serví mi agua en un vaso de cristal y la bebí por completo.
Decidí volver a la habitación y tratar de dormir un poco, aun cuando de antemano sabia que eso sería solo tiempo perdido. Tenía tantas cosas en la cabeza, que sin duda me sería imposible conciliar el sueño.
Dirigí mis pasos nuevamente a la escalera, cuando una voz me detuvo. —Majestad —Lo escuche llamarme y un instante después su imagen se hizo presente haciendo una reverencia.
— ¿Qué sucede Fayres?—Pregunte de inmediato.
El se incorporo viéndome fijamente a los ojos —El ha vuelto, hemos sentido su presencia en el mismo sitio de su encuentro anterior — Me informo mientras que yo, de inmediato, pude percibir en el tono de su voz, que no le complacía en absoluto darme semejante noticia.
—Llévame con él —Le pedí sin perder más tiempo.
El guardián obedeció, aun en contra de su propio juicio, y un segundo después me encontré en el parque, frente al lago, con Maryus a tan solo unos pocos metros de nosotros.
—Márchate, y sin importar lo que veas, o lo que escuches, no interfieras a menos que yo te llame. —Ahora sabía bien que Fayres siempre me había cuidado desde una dimensión alterna. El estaba al tanto de mi oculta "relación" con Maryus.
El pelirrojo guardián obedeció, no sin antes hacer una última reverencia, y en especial, sin lanzar una feroz mirada al antiguo miembro del ya inexistente concilio.
Por su parte Maryus tampoco disimulo el desagrado que le provoco mi cercanía con Fayres. Se veía molesto, quizás fue por eso que el guardián se había notado renuente a dejarnos solos.
Yo permanecí en silencio, de espaldas al lago y de cara a él. Por su parte Maryus respiro profundo, quizás tratando de disimular la molestia que sus facciones reflejaban.
No lo consiguió del todo.
Camino hacia mí, la dulzura que sus ojos reflejaban cada vez que me veía, había desaparecido, y a pesar de su intento por mostrarse relajado, era para mí evidente que no lo estaba.
Mientras sus pasos lo acercaban a mí, acortando la distancia, a mi mente volvió el recuerdo de nuestra última charla:
—Ella… ella no es la dulce Kya que tú recuerdas. —Le había asegurado.
— ¿Intentas decirme que no la ayudaras? ¿Qué no harás el intento de hablar con ella? ¿De buscar una solución?
—He hablado con ella. Y no puedo… ¡Ella no quiere mi ayuda! Lo único que desea de mí, es su absurda venganza. Ira tras todos aquellos a quienes amo. ¿Acaso no lo comprendes? El amor que llego a unirlos ya no existe. Ella solo siente odio y desprecio. Ahora que se ha liberado dentro de mí, puedo sentirlo claramente, avanzando, contaminando mi interior. Ella es solo eso: odio, resentimiento. No hay nada que puedas amar, nada de lo que alguna vez amaste.
— ¡Mientes! —Me reprocho con molestia— Debe existir alguna forma de salvarla, de liberarla de todo ese odio, de purificar su espíritu… ¡Tú debes salvarla! Tú eres la mujer más poderosa de la vía láctea. El cristal de plata y tú…
— ¡No! ¿Acaso no lo entiendes? ¿No puedes sentirlo? Tú has caído en la misma trampa que me tendiste. Ya no soy tan fuerte, ya no soy tan pura. El resplandor que caracterizaba a mi semilla se ha opacado. ¿Acaso no lo recuerdas? Ahora mis manos están manchadas de sangre. Tú mismo lo dijiste, el cristal de plata, al igual que el ángel de la luz se alimentan de mi corazón puro, pero yo, con tu ayuda, me encargue de contaminarlo.
—Ella no ha vuelto por ti Maryus. El odio que ahora la consume, ha desterrado de su interior cualquier indicio del amor que alguna vez te tuvo… y lo lamento. —Un par de lágrimas comenzaron a deslizarse por sus mejillas. Dio un paso atrás, separándose de mí y comenzó a mover la cabeza de un lado a otro, negando en silencio.
—He pensado en lo que me dijiste en nuestro último encuentro— Me dijo deteniendo sus pasos cuando ya se encontraba frente a mí. —Y me niego a aceptarlo— Aseguro cerrando los puños a sus costados.
—Lo que he dicho en verdad. Ella te recuerda, y quizás incluso recuerda el amor que algún día se profesaron, mas ya no lo siente.
— ¡Mientes! Y por un instante casi logaste convencerme… pero sé que su amor aun existe en alguna parte de su interior… esperando por mi… latente.
Una vez más sentí pena por él. —Comprendo que guardes esperanzas, pero no te he mentido, ella es solo odio… solo eso, pero se bien que no creerás en mis palabras y que seguramente te aferraras al recuerdo de aquel amor, aun cuando al hacerlo solo consigas darte cuenta de que yo siempre te he dicho la verdad.
El desvió la mirada, sin embargo aun así yo pude notar el dolor impreso en su rostro—
—Gracias al cristal dorado, ella ahora se encuentra aislada, pero no será por mucho tiempo. Es por eso que he venido a hacer un trato contigo. Solo entre tú y yo.
Regreso su mirada a mí. Sus labios dibujaron una sonrisa de lado. Pero sus ojos se mostraron fríos y recelosos—No renunciare a ella. No renunciaré al amor que nos juramos mutuamente —bajo la vista envuelto en un aura de absoluta nostalgia. —yo… —balbuceo volviendo a levantar la vista y de inmediato pude ver nuevamente al gentil Marys que tanto me cautivaba, amoroso, dolido, ansioso de amar — te amo Serenety, te amo por la persona maravillosa que tu eres, pero en especial te amo porque logras recordármela a ella. Porque cada vez que veo tus ojos puedo ver una chispa de los suyos, porque cada vez que te toco, puedo sentirla… —aseguro— te amo, pero mi amor por ella es más grande, mas fuerte y no renunciare. —sus rasgos volvieron a endurecerse — y aun cuando me he jurado a mismo hacer lo posible por que tu no salgas lastimada, me aferrare a ella, sin importar el precio, aun cuando la cuota a pagar para obtenerla, fuera tu vida…
Si, debí reconocer que sus palabras me dolieron. Esos mismos labios que habían jurado amarme y que habían anhelado una solución en la que nadie saliera herido, hoy mostraban su convicción por recuperar el amor perdido… a cualquier precio.
Baje la vista sintiéndome consternada, pues a pesar de su actual apariencia fría y desafiante, yo podía ver en el fondo de esa imagen, al mismo Maryus bondadoso y anhelante de amor que se había encontrado a escondidas conmigo en varias ocasiones.
—Se bien que no renunciaras a ella, y lo acepto—Le aclare— Tanto como yo no renunciare al bienestar del universo, y en especial de mis seres queridos.
El asintió ya habiendo dejado en claro cuáles eran las prioridades de cada uno — Has tu propuesta—Me invito a continuar.
—Prometiste evitar que Kya cumpliera su amenaza en contra de los míos una vez que ella me hubiera dominado… y quiero…
—Esa promesa era parte de otro trato ya estipulado entre nosotros Yo accedí a garantizar la seguridad de los tuyos, solo en el caso de que tu calleras ante Kya al tratar de salvarla. Sin embargo, si tú te rehúsas a intentar ayudarla, yo me veré liberado de cumplir esa promesa.
—Aun estoy dispuesta a cumplir mi promesa— Le asegure. El pareció sorprendido ante mis palabras. Yo hice caso omiso de su sorpresa y continúe hablando —Tengo un pequeño pero poderoso ejército dispuesto a dar la vida por mí, dispuesto a destruir a Kya sin miramientos. Sin embargo…
—Ellos no conocen la realidad de la situación —Me interrumpió — Su fortaleza y determinación se verán destruidas en el momento que comprendan que eres tu el enemigo.
—No seré yo, sino mi cuerpo. Y he previsto la forma de que ellos puedan comprenderlo. De que puedan hacer caso omiso de la imagen frente a sus ojos, de la voz, o incluso de las palabras. Ahora ellos saben que deberán atacar sin ninguna compasión, pues aunque sea mi cuerpo el que vean sus ojos, no seré yo, sino el enemigo.
Maryus inicialmente se mostro sorprendido, después suspicaz— ¿Los has engañado? ¿Acaso les has hecho creer que tú estarás segura en algún oculto rincón de la tierra mientras ellos se enfrentan a una malvada copia de ti? — Una ligera risita escapo de sus labios— Eso es sumamente cruel Serenety, ¿Cuánto tiempo podrás sostener tu farsa?
—El tiempo que tú puedas mantener el secreto. —Asegure sorprendiéndolo. —Solo tú, yo, y los guardianes la de tierra conocemos la verdad — asegure omitiendo a la Sailor de la destrucción— Ellos no hablaran, y por supuesto yo tampoco, en cuanto a Kya, mis sailors tomaran por mentira cada palabra proferida de sus labios.
— ¿Así que soy yo quien sale sobrando en tu plan perfecto?
Asentí. — Es por eso que quiero proponerte un nuevo trato, uno… más completo.
—Te escucho— dijo el incitándome a seguir hablando
—Mantendré mi promesa de tratar de salvarla. Hablare con ella, y con tu ayuda, tratare de convencerla de renunciar a su venganza, a cambio le otorgare mi cuerpo sin resistencia y tu y ella podrán abandonar este planeta sin que ninguna de mis sailors se interponga en su camino. — El sonrió. El trato le favorecía. Pero eso no era todo — Sin embargo, si ella no accede, si aun después de presentada esa oferta ella insistiera en dañar este mundo y los que amo, entonces yo luchare contra ella hasta mi último aliento, mis sailors lucharan buscando su muerte, y se bien que no puedo impedir que tu participes en esa lucha, pero te pido que guardes el secreto que me une a ella.
—¿Por qué habría de hacerlo? Revelar dicho secreto nos da a Kya y a mi mayor ventaja sobre tus Sailors. Ninguna de ellas luchara sabiendo que en el interior del enemigo se encuentra su princesa. Ellas guardaran en todo momento la esperanza de salvarte y eso les quitara la determinación de destruir a Kya.
—Lo sé. Sin embargo aun así te lo pido, en nombre del sacrificio que yo estoy dispuesta a hacer para que tú la recuperes, en nombre del amor que hace poco juraste profesarme, en nombre del cariño que has despertado en mí… te lo pido.
—Se mostro sorprendido y un tanto consternado con mis palabras. — Aun cuando accediera a guardar el secreto, bajo esas circunstancias, no podría cumplir mi promesa de evitar que ella dañara a tu gente. Yo también lucharía. Lucharía al lado de mi amada, lucharía en busca de un futuro junto a ella, aun cuando eso significara destruir este mundo por completo y a los que en el habitan.
—Aun guardas la esperanza de recuperar su amor ¿cierto?—Pregunte sintiendo pena por él una vez más.
El asistió—Jamás la perderé… es la esperanza en su amor lo que aun me mantiene en pie.
—Entonces eres libre de luchar por ese amor, tanto como alguna vez yo luche por el amor de Endymión. Tan solo te pido esa promesa… guarda el secreto. —Volví a pedir— que la batalla tome su curso, y que venza aquel, que el destino elija.
—Lo prometo— profirieron sus labios las palabras que yo esperaba. — Prometo guardar el secreto. Si he de vivir, viviré junto a ella sin importar quien muera en nuestro camino. Y si he de morir… moriré junto a ella, luchando por el amor que alguna vez juramos seria eterno…
Sonreí. Esa promesa marcaba un punto de suma importancia en mis planes. Confiaba en que el la cumpliría, aun cuando había asegurado luchar por Kya a cualquier precio.
Yo también estaba dispuesta a todo. Yo también lucharía por el bienestar de los que amo... a cualquier precio.
No permitiría que mis sailors murieran. Yo ya tenía planeada la muerte Kya. Aun cuando eso me convirtiera en una traidora. Aun cuando sea yo quien falte a la reciente promesa hecha entre Maryus y yo.
Si, ella moriría, aun cuando tuviera que matar a Maryus en el proceso.
Mi prioridad eran los míos, la gente que amo. Y si para destruir a Kya eran necesarios dos sacrificios… lo aceptaba, yo moriría llevándome conmigo no solo a Maryus y a Kya, sino quizás la vida de Saturn. Pero no más, nadie más debía morir, por lo menos, no de los míos…
—Gracias— Escuche su voz sacándome de mis cavilaciones —Gracias por estar dispuesta a este sacrificio. Sin importar el resultado… te lo agradezco.
Sonreí una vez más. Maryus en verdad me agradaba. El era un buen hombre. No tenia duda de ello. Y lamentaba la posibilidad de que el muriera defendiendo un amor, que yo sabía ya inexistente. Porque Kya esa solo odio. Yo lo sabía. Yo lo sentía. Y hoy, al estar momentáneamente liberada de su presencia, podría confirmarlo.
Hoy que ella se encontraba aprisionada en algún rincón de mí ser, yo me sentía nuevamente libre, nuevamente limpia, sin rastro de odio o resentimiento… purificada, pero firmemente determinada a todo para salvar a los míos, aun cuando eso conllevara, volver a manchar mis manos de sangre…
En ambiente entre nosotros comenzó a sentirse más ligero. Pude sentir su mirada sobre mí, observándome con detenimiento. —Te ves radiante— murmuro casi con asombro —y puedo sentir tu aura mucho más cálida. Es como si el dolor y el odio que hasta hace poco ensuciaba tu esencia, hubiera desaparecido.
—De momento me encuentro separada de Kya— Trate de que comprendiera las razones de mi actual estado—Por ahora su odio no me contamina.
—Hay algo mas— Murmuro casi para el mismo viéndome dulcemente, pero con insistencia.
Bajo su fija mirada, yo una vez más comencé a experimentar la gama de sensaciones que el siempre me ha provocado: la confusión, el anhelo… el amor.
—Increíble… has recuperado la pureza de tu corazón—Aseguro él— ¿acaso el cristal de plata ya responde a tu llamado?
Su pregunta me sorprendió ¿Cómo sabia eso? —Sí, temporalmente ha vuelto a responderme, pero sin duda dejara de hacerlo en cuento Kya vuelva a liberarse.
Ahora lo veo—Aseguro sin dejar de observarme— Tu odio ha desaparecido junto a todo rastro de ella. Pero en tu mirada aun puedo verla, y al amor que alguna vez me juro seria eterno.
Sus palabras me dejaron perpleja. ¿De qué estaba hablando?
—Está aquí y a la vez ausente. —Sonrió de forma encantadora, casi hechizante. — ¡Soy un idiota! ¿Cómo no pude verlo antes?—Se pregunto a si mismo envuelto en una alegría que yo no lograba comprender.
—Siempre fue su amor… jamás el tuyo… tu jamás me has amado. Y ahora tú odio no está… tampoco el suyo… —Volvió a sonreír de forma ensoñadora — ¿Acaso no es el amor la fuerza más poderosa del universo? ¿Acaso no es el amor incapaz de coexistir con el odio? ¿Acaso no busca el amor constantemente un corazón que pueda contenerlo? ¿No hace el odio lo mismo?—No comprendí la razón, ni el significado de sus preguntas— Ahora lo veo. Ahora que están separadas temporalmente… puedo verlo. Tu eres lo mejor de ambas y ella… lo contrario.
Yo seguía sin comprender sus palabras, y por mi parte, comencé a asustarme ante la posibilidad de que Maryus, repentinamente, se hubiera vuelto loco.
Di un paso hacia atrás acariciando la posibilidad de llamar a Fayres. El, de inmediato fijo se vista en mí nuevamente.
—No lo has notado ¿cierto? ¿No te has dado cuenta de que algo de ti se ha unido a ella y a su vez, tú compartes algo, que debía ser solo suyo?
Nuevamente negué.
—Siempre fue evidente, y aun así, aun viéndolo, aun sintiéndolo, no pudimos… ¡Que idiotas hemos sido!
Dio un paso hacia mí y teniéndome de frente llevo su mano derecha a mi mejilla.
No me opuse. Sin saber porque, usualmente jamás me oponía a sus caricias.
Se acerco aun más, y me atrajo contra su pecho envolviendo mi cuerpo en un cálido abrazo. —Hoy menos que nunca quiero perderte—Me aseguro. Y una vez más, yo no comprendí el porqué sus palabras. Sin embargo, permanecí allí, entre sus brazos, sintiendo que ese era el sitio al que yo pertenecía. Sintiendo lo que alguna vez sentí entre los brazos de Endymión, sintiéndome feliz… sintiéndome enamorada.
Y así, segundo a segundo fui perdiendo la noción del tiempo y del espacio. Lo único que me importaba era él, permanecer a su lado. El mundo desaparecía cuando yo me encontraba entre sus brazos, era casi… como estar con Seiya.
Seiya.
—Debo volver a la mansión —Anuncie aun entre sus brazos, tras haber visto el rostro de Seiya en mi mente
El me tomo por los brazos y separo nuestros cuerpos par verme fijamente —Espera, aun debo confirmar mi teoría —Anuncio acercando su rostro al mío.
Mi conciencia comenzó a gritar el nombre de Seiya como un recordatorio de que eran solo sus labios los que yo debía anhelar. Sin embargo, Maryus seguía cautivándome como el primer día.
Su mirada se intensifico mostrando una mayor aheleo. El me deseaba. Pude sentir nuestro aliento mascándose. Cerré los ojos esperando la llegada de sus labios, sintiendo los míos palpitar de deseo.
Sí, yo también lo deseaba, deseaba una mayor cercanía, deseaba el dulce sabor de sus labios, el anhelo… la lujuria.
Lo deseaba.
Sus labios finalmente se posaron sobre los míos. Fue dulce, tierno, amoroso, y poco a poco el beso se intensifico volviéndose íntimo y pasional… lleno de deseo.
Sus manos abandonaros mis brazos para reunirse sobre mi espalda, y después en mi cintura. Un segundo más tarde pude sentir sus fuertes manos recorrer mi espalda por debajo de la suave tela de mi camisa.
No opuse resistencia, por el contrario… lo disfrute.
Sentí sus dedos dibujar un sinfín de caminos en mi piel, despertando fuertes sensaciones en mi interior, despertando el deseo… despertando el amor…
Sus labios dejaron los míos marcando un camino de besos hacia mi cuello—Te buscaría en esta y mil vidas mas, si alguna vez te perdiera…— Lo escuche murmurar a mi oído.
—Jamás has de perderme, pues apartada de ti, me perdería a mi misma — Le asegure yo, envuelta en esa magia que el despertaba con sus besos.
Ante mis palabras, sus manos rápidamente tomaron mis brazos para apartarme de su pecho, mientras que su mirada, ahora sorprendida, dichosa y anhelante, me observaba como reconociendo cada uno de mis rasgos.
—Te veo, siempre he podido verte y siempre he de reconocer tu amor sin importar la imagen en que se presente. —Me seguro volviendo a estrecharme entre sus brazos y uniendo una vez más, sus labios a los míos.
—Te veo… yo aun te veo— Se repitió en mi mente, pero esta vez con otra voz y otra imagen. Seiya.
Abandone los labios que me besaban con pasión, y utilizando la fuerza de mis brazos logre separar mi cuerpo del suyo. — Yo no… —Balbuceé tratando de comprender el porqué de mis recientes actos y palabras.
Al parecer había recuperado la conciencia, que hasta hace poco se había esfumado de mí al estar entre sus brazos.
Lleve mi mano a mi boca, cubriéndola, sintiéndome culpable al percibir aun en el palpitar de mis labios, el sabor de los suyos.
— ¿Me amas? —Pregunto él en una mezcla de lo que me pareció una clara esperanza con un toque de cinismo.
—¡No!—Respondí tajante, aun sin comprender el porqué, al dar esa respuesta, me sentí como una mentirosa.
Lleve ambas manos a mi pecho donde sentía el corazón latir cada vez mas fuerte ante su presencia, ante su mirada. —Has logrado confundirme. Por alguna razón soy vulnerable a tu presencia. —Le asegure tratando de justificar mis actos — Es ella en mi, y no yo, la que ha correspondido a tus besos.
— ¿Ella? —Pregunto sonriendo de lado —Es curioso que la menciones con el fin de justificarte, cuando en realidad, no puedo sentir su presencia.
Sentí sus palabras como una fuerte bofetada que me obligaba a reaccionar. Era verdad, ella aun se mantenía aprisionada por el cristal dorado. ¿Cómo podía entonces justificar lo que recién había pasado entre Maryus y yo?
No encontraba una respuesta. Maryus por su parte me ofreció una —Me amas —esta vez sus palabras no fueron una pregunta.
Tome aire dispuesta a negar dicha afirmación, mas no pude.
Él lo noto.
Maryus se acerco una vez más a mí, sin que yo pudiera oponerme. Su mano volvió a llegar a mi mejilla, acunando el contorno de mi cara, para después, con una gentil presión, hacerme levantar el rostro y aprisionar una vez más, mis labios con los suyos.
Yo cerré los ojos dejándome llevar aun en contra de mi razón. Correspondí una vez más a su beso, saboreando el dulce néctar de sus labios, y sentí mi cuerpo estremecerse de placer al escuchar nuevamente su suave voz llegar a mis oídos: —Fue nuestra promesa —Aseguro —Nuestro amor perduraría aun más allá del final de los tiempos.
Nuestros cuerpos volvieron a separarse esta vez por el jalón que recibí en mi brazo derecho, y que prácticamente me arranco de los brazos de Maryus.
— ¡No soportare un segundo más el presenciar como la tocas!— La voz de Fayres sonaba furiosa, herida, como la de un hombre al encontrar a su amada en brazos de otro.
—Se bien quién eres guardián de la tierra. Mi posición como miembro del concilio me facilito diversa información sobre este planeta. —Aseguro —También se que no tienes ningún derecho a tocarla, actualmente eres tan solo un sirviente a sus órdenes.
Fayres apretó los puños y después se coloco frente a mí en forma protectora. —Soy su fiel sirviente… pero también su protector y no permitiré que sigas confundiéndola con tus hechizos.
Vi como Maryus levantaba una ceja y sonreía de lado —No te equivoques guardián, y en especial, no la confundas a ella. —Pidió con voz relajada— Ningún hechizo la ha obligado a buscarme en ya varias ocasiones. Ningún hechizo ha producido en ella las sensaciones que su propia boca ya me ha descrito. Y en especial, ningún hechizo la ha obligado a corresponder a mis besos—Sonrió triunfante —Hoy lo tengo más que claro.
Su fija mirada estaba sobre mí, como si de momento no le importara en absoluto la presencia de Fayres, mientras que yo, por un segundo, parecí también olvidar que éramos tres, y no dos en aquella escena.
—Puedo verla… al verte, y puedo sentirla… al sentirte. Ya toda esta claro. Ahora tú eres mi prioridad, y no ella. —Aseguro con una amplia sonrisa en sus labios. Un segundo después, desapareció, dejando muy presente en mi piel, la sensación de su cuerpo…
HARUKA PVO
Desperté sintiendo que el aire me faltaba. Era un mal presagio. Algo andaba mal.
Me levante de la cama con cuidado de no despertar a mi compañera. Envolví mi cuerpo en una gruesa bata, y camine hacia el balcón.
El viento acaricio mi piel, y pude sentirlo ansioso, expectante… y asustado. Mi fiel elemento sabía algo que yo ignoraba. Algo que yo debía saber. Algo que ansiaba informarme, pero no le era permitido.
¡Maldito Amberes! Él era el único capaz de impedir que el viento me hablara. No tenia duda de eso.
—Sé que me escuchas. Aparece, debemos hablar— Ninguna voz llego a mis oídos. Sin embargo, pude sentir con toda claridad su presencia a mis espaldas.
Gire y lo encontré parado frente a mí, aparentemente tranquilo, pero con una clara chispa de angustia en su mirada.
—Sabes que no estoy obligado a responder a tu llamado, estoy aquí solo por cortesía.
—No te preocupes, de cualquier forma no te llamo por simple interés social. —Asegure arrogante— quiero respuestas.
—Lo sé —Me afirmó— Sin embargo no soy libre de dártelas.
—¿Insinúas que debo preguntarle a mi princesa?
—No insinúo nada. Solo afirmo que de mis labios no obtendrás las repuestas que buscas.
Su arrogante y pasiva respuesta me molesto. Clave mi fría mirada en el, sin que se notara afectado en lo absoluto.
—Sus decisiones no siempre han sido las mejores —Se escucho la voz de Michiru quien salía en ese momento al balcón para encontrarse con nosotros. —Su amor la ciega, y frecuentemente pone su vida en riesgo.
Lo vi bajar la mirada un tanto consternado, y con ese simple gesto lo supe. Yo tenía razón: había algo más. Algo que mi dulce gatita me estaba ocultando.
—¿Cuál es tu misión?—pregunte
—Ella—fue su respuesta —su vida, su bienestar.
—Eso nos une—afirmo esta vez Michiru— Esa también es nuestra misión: protegerla de todo mal y a veces…
—A veces incluso de ella misma—termine la oración que mi compañera había comenzado.
Un frágil silencio se instalo entre nosotros. En los ojos del guardián podía notar un fiero debate interno entre hablar o seguir callando.
Trate de darle un empujón — Nuestra vida no tendría sentido sin ella, sin embargo, nuestra muerte seria de valor, sin con ella la salváramos.
Amberes se giro dándonos la espalda —Mi razón es una con ustedes, al igual que mi espíritu. Sin embargo mi voluntad se rige por mi deber, y mi lealtad, es solo de ella. —Tras esas palabras desapareció, sin embargo, su silencio ante mis preguntas me había confirmado dos cosas que yo ya daba por hecho: la primera, era él quien impedía que el viento me hablara; y la segunda, nuestra dulce princesa no estaba siendo del todo franca con nosotras.
SERENA PVO
—Te pedí que no intervinieras hasta mi llamado—Le reproche a Fayres una vez que nos quedamos solos.
El giro y me miro de frente. Hizo una reverencia —Lo lamento, no pude soportarlo más… —Fue su justificación.
Yo preferí no exigirle mayor explicación.
Respire profundo tratando de calmar los latidos acelerados de mi corazón. Maryus me había confundido, mas no sabía si se trataba de un truco de su parte, o si realmente había sido yo misma actuando por voluntad propia en todo momento.
—Por favor, llévame a casa—Le pedí al guardián, y un minuto después me encontraba nuevamente en mi habitación.
—El la ha dejado intranquila, lo veo en sus ojos—Me aseguro.
—Sí, estoy intranquila, pero no por temor a que el me hechizara como tú la afirmas, sino por mí misma, por lo que siento, por lo que él me provoca. Porque es verdad lo que él ha dicho: yo siempre he correspondido a sus caricias, a sus besos y hoy volví a hacerlo quizás con mayor ansias y mayor pasión, hoy, que justamente no puedo utilizar a Kya como pretexto.
Ambos guardamos silencio quizás analizando el significado de mis palabras. Las imágenes daban vueltas en mi mente, las sensaciones volvían a hacerse presente en mi piel. Pero de momento lo que más me contrariaba eran las palabras que yo había proferido en respuesta a las suyas: te buscaría en esta y mil vidas mas, si alguna vez te perdiera… había afirmado Maryus teniéndome entre sus brazos, mientras que yo, sin pensarlo, pero sintiendo firme determinación, le había asegura —Jamás has de perderme, pues apartada de ti, me perdería a mi misma —
—Debe ser un truco majestad —Aseguro Fayres defendiendo su posición.
Me sentí molesta. Como si sus acusaciones en contra de Maryus verdaderamente de disgustaran. —Ya no deseo hablar del tema —le reproche cortante —Márchate y no vuelvas a menos que te lo solicite. — Tras esas palabras, yo misma me sorprendí por la dureza que expresaban. No había sido mi intención. Sin embargo, antes de poderme disculpar, Fayres desapareció tras una rápida reverencia dejándome con un notable sentimiento de culpa.
Y así, una vez más me había quedado sola en el interior de aquella amplia habitación.
Me sentía cansada, mas no tenía sueño, así que me dirigí al baño, quería refrescarme un poco antes de hacer el intento de dormir.
Deje el agua del grifo correr mientras la tina se llenaba. Deseaba hacer lo que hacía tanto tiempo no hacia: tomar un relajante bajo de espuma. Sin duda me lo merecía.
Regrese a la habitación y tome un pijama de uno de los cajones. Regrese al baño y comencé a sacarme la ropa.
La pequeña habitación pronto se vio llena de un suave olor a jazmín. Entre a la tina y oculte mi desnudez con la capa de burbujas y espuma que posaban sobre la superficie del agua.
Me recosté cómodamente y recargue mi cabeza en una cómoda almohadilla, cerré los ojos tratando de disfrutar la calma que tanto estaba anhelando.
No sé cuánto tiempo permanecí allí, en silencio, disfrutando la paz que me había sido prohibida desde hace mucho.
Disfrutando la quietud que reinaba, olvidándome por unos instantes de mi terrible presente… de mi escaso futuro.
Olvidándome del mundo y de mi misma…
Dejando mi mente en blanco.
—Despierta—Escuche su voz a la distancia. Un lejano murmullo…
—Despierta— Insistió, mientras que yo me sentía renuente a responder a su llamado.
—Estoy aquí— Esta vez lo escuche cercano, muy cercano…. su aliento había acariciado mi cuello permitiendo que su voz llegara a mis oídos.
Respire profundo deleitándome con la mezcla se sensaciones que su presencia despertaba en mi interior.
Abrí los ojos topándome finalmente con su exquisita mirada, y pude sentir como mis labios respondieron a su presencia embozando una gran sonrisa.
Sí, me complacía verlo.
El se encontraba inclinado con su rostro a solo centímetros del mío. Pude apreciar la mezcla de nuestros alientos, respirarla…
El sonrió de forma placentera, se incorporo, y después me ofreció su mano.
No lo pensé.
No lo dude.
Tome la mano que me era ofrecida sintiéndome envuelta en el mismo hechizo en que caía cada vez que estaba a su lado.
El mundo no importaba. Mi conciencia y raciocinio desaparecía. Solo el permanecía, solo el… y yo.
Me puse de pie sin importar mi desnudez, aun sintiendo la amplia sonrisa formada en mis labios.
El me contemplo por un par de segundos. Su sonrisa se amplio y sus ojos brillaron con anhelo.
Me supe hermosa y deseada ante sus ojos.
Me sentí radiante.
Tiro gentilmente de mi mano, incitándome a salir de la tina. Lo hice y un segundo después estuve parada frente a él, sin más entre nosotros, que la ropa que él llevaba puesta.
Sus brazos rodearon mi cintura, mientras que sus labios abrieron un camino desde mi húmedo cuello hasta llegar a mis labios, reclamándolos como suyos.
—Te buscaría en esta y mil vidas mas, si alguna vez te perdiera…
—Jamás has de perderme, pues apartada de ti, me perdería a mi misma — le asegure
— ¿Así que esto es el amor?—Pregunto atrayéndome aun mas a su cuerpo—Jamás creí conocerlo.
Mis manos se abrieron paso entre nuestros cuerpos con la única intención de despojarlo de sus ropas.
Su camisa cayo, al igual que cualquier gramo de recato que aun pudiera quedarme.
— ¿Acaso no es el amor la fuerza más poderosa del universo?— pregunte esta vez deslizando mis manos por su torneado pecho—
Sentí su cuerpo estremecerse bajo mi contacto. Uní nuestros dorsos, permitiendo que mi abultado busto, rosara el fuerte mármol de su pecho. Mientras que al sur de nuestro eje pude sentir su virilidad encenderse contra mi vientre.
El me deseaba, y su deseo era plenamente correspondido.
—Puedo sentirlo… puedo sentir este amor emerger de lo más profundo de mi ser. Tenías razón. Es poderoso.
Mi sonrisa se amplió ante sus palabras —Te amo hoy, y he de amarte hasta el final de los tiempos —le asegure— Aun cuando la razón te niegue. Aun cuando el tiempo pase y la muerte llegue. Aun cuando en otras vidas mi alma se oscurezca, y este amor llegase a olvidar. Aun así, en el fondo de mi ser, este amor perdurara… latente… buscando con desesperación la forma de llegar a ti, buscando la forma de poder amarte… es una promesa.
Sus brazos me estrecharon aun más cerca de su cuerpo. Quizás sintiendo el miedo de ver posibles mis palabras. — Si tal caso lléguese, y tu amor por mi juraras haber desechado. Aun cuando tu corazón me olvide. Aun cuando este amor desconozcas o rechaces. Aun así, yo seguiré amándote quizás en contra de tus anhelos, yo seguiré buscándote a cada nuevo instante, sin importar la vida, sin importar la muerte, sin importar la forma… mi alma no conocerá descanso, hasta que tú vuelvas a amarme…
Me abrace con fuerza a su cuerpo en respuesta a sus palabras. Mi amor por él era infinito y creía imposible la idea de dejar de amarlo. Mas si el destino me jugara un trago amargo, y mi amor por el pudiese ser olvidado, entonces me complacía saber que él jamás renunciaría, y que buscaría mi amor, aun cuando pareciera causa perdida. Aun cuando yo pueda negarlo. Aun cuando mis manos lo rechazaran. Aun cuando mis labios lo maldijeran. Pues bien se, como lo he dicho, que mi amor por él es poderoso y aun cuando yo pudiera olvidarlo, en lo profundo de mi ser, este amor lo estaría esperando… —te amo… mi querido Maryus —le asegure cerrando los ojos y entregándome aun mas en aquel abrazo
—te amo, y he de amarte mas allá de final de los tiempos…—me aseguro consternado, mientras que yo, sintiéndome la mujer mas dichosa, abrí los ojos y contemple nuestra imagen en el espejo.
Allí estaba él, hermoso, perfecto… enamorado, con sus perfectos ojos esmeralda brillando de amor.
Y allí estaba yo, entre sus brazos, uniendo su dulce mirada a la mía por medio de la imagen en el espejo. Sin más para cubrir mí desnudes, que sus fuertes brazos rodeando mi cintura, y larga y húmeda cabellera roja…
—Te amo… mi querida Kya.
Hola.
Si, ya sé que la mayoría se quedo con cara de: QUEEE?
Pero bueno, esto es lo que mi loca imaginación ha dictado. Y como siempre no puedo quitarme el placer de dejarlas en suspenso.
Si, lo sé, soy el diablo. (Ya me lo han dicho)
Bueno, espero les haya gustado.
Por favor, dejen sus comentarios.
Ya casi llega el final, y ahora si es definitivo.
Cuídense y nos leemos en el próximo.
