29

Message In The Darkness

Al momento en que Rusia termino su historia, el resto de las naciones estaban sentadas juntas en una gran masa, muchos de ellos estaban abrazándose unas a otras.

— ¡Da! Les dije que les gustaría.

— Aléjate… De… Nosotros… — chilló Romano. Naturalmente, Rusia se acercó a él. Todas los países de en frente se estremecieron. Luego, un fuerte ruido invadió el aire, y todos se paralizaron en confusión, preguntándose que podría ser.

— ¿Escucharon eso?

— Sí, suena como si estuviera muy cerca.

— ¿De dónde vendrá?

—No lo sé.

— ¡Oi! ¡Por ahí! — todos prestaron atención al centro de la muchedumbre.

— Ahora, esto es patético, América. — Inglaterra frunció el ceño en desaprobación hacia la joven nación. El chico se había sacado la chaqueta y estaba intentando cubrirse con ella como si fuera una pequeña sábana. Él estaba temblando terriblemente, sus dientes tiritaban incontrolablemente. El norteamericano asomó su cabeza por debajo.

— E-e-e-e-esta fue u-u-una m-muy-uy m-mala idea d-desp-después de todo. ¿P-p-podemos d-d-detenernos?

— Pero ya casi terminamos. — contestó Japón, mostrándole las veintiocho tiras en su mano. — Y tu eres uno de los últimos que quedan. ¿Por qué no nos cuenta una historia?

— D-de ningún modo, brah!

— No tiene que ser larga o escalofriante.

América pensó por un momento mientras seguía temblando debajo de su chaqueta tipo aviador.

—O-o-o-okay, pero no es escalofriante. N-n-no creo que se me dé m-mucho esto….


Message in the Darkness

Basado en "Masterpiece"

Créditos a su autor anónimo.

Advertencia(s): Sangre y gore, Personaje/muerte de personaje implícita

Miré afuera de la ventana. La luna estaba brillando sobre mí, su pesado resplandor se burlaba de mi mientras continuaba sufriendo estaba pesadilla sin fin. ¿Cuánto tiempo había estado descansando tan quieto como una tabla debajo de estas sábanas? ¿Un par de segundos? ¿Unos cuantos minutos? La trayectoria de la luna decía tres horas.

Eché un vistazo a Arthur. Estoy aterrado. Él había estado mirando ciegamente por horas. El olor a sangre seca y metal llenó sus fosas nasales cual rojos ríos de vida endurecida en su ahora blanca pálida piel. Su boca estaba medio abierta en un grito de silencio que podía jurar pude oír a pesar de no haber ruido alguno en la habitación. Oh Dios, desearía que él pudiera mirar a lo lejos.

Y eso no era lo más escalofriante ahora. No– aunque con la muerte de mi padre sentado en mi cama, la cosa más escalofriante es saber que no estaría vivo por mucho tiempo. Y era toda mi culpa, básicamente se había atornillado a sí mismo. ¿Por qué por qué por qué por qué por qué no escuchaba a Arthur? Si tan solo no hubiera agarrado ese libro de invocaciones.

Escuché un movimiento. ¿Fui yo? No… si así fuera, me hubiera matado ahora. La tentación de temblar crecía insoportablemente fuerte con cada segundo que pasaba.

Está esperando, oh, tan pacientemente…

Pensándolo bien, es una pregunta que he tenido desde hace mucho. Esto empezó cuando entré a la habitación mágica de papá cuando él descansando en la sala. Sabía que no tenía permitido entrar ahí – Arthur decía que es peligroso entrar – pero no me importó. Tenía curiosidad. Encontré uno de sus libros de hechizos abierto. Hojeé las páginas hasta que encontré algo interesante. Era un hechizo de invocación. La tinta estaba muy descolorida para leer lo que se supone sería invocado.

Si tan sólo lo hubiera dejado ahí, si tan sólo me hubiera desanimado por la cantidad de magia empleada para realizar el hechizo, si tan sólo hubiera puesto el libro volteado, no estaría en este aterrador desastre ahora mismo.

Pero mi curiosidad sacó lo mejor de mí. Siempre lo hace. Dibujé un círculo, pronuncié las palabras, y dejé fluir aquella magia prohibida. Estaba emocionado, sí… pero pronto me sentí asustado. La deslumbrante luz proyectaba sombras rojas a través de las paredes, una voluminosa gris mano inhumana salió de entre el aro. Me asusté, incapaz de detener la invocación. Salí corriendo, aventando la puerta. Pero no me detuve ahí. Corrí hasta el segundo piso, azotando la puerta de mi cuarto también.

— ¿Alfred? — Arthur me nombró sorpresivamente. No lo culpo– él pensaba que ya estaba en mi cama. No le contesté mientras me acostaba sobre la cama, los cobertores me cubrían por completo, pretendiendo que estaba dormido. Escuché pasos. — Alfred, por el amor de Dios, no deberías estar despierto a estas horas tan intempestivas de la–

Los gritos de terror que vinieron después me perseguirán por siempre en sueños.

No sé qué fue lo que el demonio le hizo a papá, pero a la vez estaba tan asustado para moverme o siquiera poner seguro a la puerta. Sólo permanecí ahí, en la oscuridad de mi cuarto, cubriéndome con las sábanas, mientras oía al monstruo que invoqué arrastrar algo pesado por las escaleras.

Se detuvo cuando llegó hasta arriba.

Por favor regrésate, por favor regrésate, rogaba en silencio sobre mi cama.

Los pasos comenzaron a bajar.

Por favor no vengas hacia acá, por favor no vengas hacia acá.

Los pasos se detuvieron en frente mi puerta.

No entres, no entres.

La perilla de la puerta giró. Mi respiración reservadamente se detuvo mientras la puerta se abría. Sólo podía ver desde debajo de mis sábanas la misteriosa forma de alguien grande permaneciendo en el marco de la puerta. En su mano izquierda tenía el cadáver de mi padre, sangrando y mutilado.

Estaba petrificado del miedo.

El monstruo entró tranquilamente. Sin esfuerzo, tomó el cuerpo de Arthur y lo colocó en la esquina de mi cama, acomodando su ropa manchada de sangre y giró su cabeza para que me mirara. Desde fuera, uno habría pensado que estaba por contarme una historia antes de dormir. Podría ser.

La quimera, luego, fue directamente hacia la pared paralela a mí. Recorrió con sus manos el muro cercano a mi ventana; incluso en la oscuridad, la espesa sangre roja de Arthur contrasta grandiosamente con la habitual sombra azul cielo del papel tapiz. Después se movió al otro lado de mi cama, el lado hacia el que no estoy viendo.

Todo eso sucedió hace tres horas. Ninguno de nosotros se movió desde entonces. No sé si aún siga aquí. Tal vez el hechizo finalmente se disolvió y el monstruo regresó de donde vino. O quizás la significativa sensación de ojos observándome invariablemente no era mi imaginación.

Quiero gritar. Tanto que quiero gritar y nunca detenerme. Pero, eso es exactamente lo que el monstruo quiere que haga. Está esperando a que critique lo que hizo, y esa es lo que simplemente no pienso hacer. Para lo que hizo hay un mensaje. Y es para mí.

Mis ojos se dirigieron hacia la ventana otra vez. Desde hace un rato se había ajustado a la oscuridad gracias a la radiante luz de la luna. Desde hace un rato que me habían permitido leer el mensaje del monstruo en el refugio de la noche. Todavía, ansiaba los primeros rayos del sol entrar por la ventana. Pero, sentía en el vacío de mi estómago que nunca iba a ver ese momento. Y la sensación se solidificaba aún más mientras mis ojos se dirigían de vuelta hacia las palabras escritas en sangre sobre el muro:

Sé Que Estás Despierto