Notas de la autora:

¡Feliz noviembre! (?) Les escribo bajo cielos nublados, un millón de mantas y con mis pobres dedos congelados, pero en fin, cuanto antes llegue el invierno, antes llegará la primavera (?)(?)(?)

Pido disculpas si la espera fue muy larga, yo quiero actualizar antes pero no me dejan (xD). Pese a todo, gracias por las lecturas y esa atención maravillosa y un saludo para Yuukimaru-chan, Antotis, juliana-ch, MarianitaUchuha, Fluoradolescent, kariflor, Glaceon44, Suiseki, Ryukaze-sama y guests del mundo por los preciados reviews, MPs y esas risitas que me sacan con sus cosas ^_^

Bueh, allá vamos.

Disclaimer: Naruto es propiedad de Kishimoto Masashi.


El valor del silencio

por Shizenai

Capítulo XXIX – Más que palabras

Un revuelo enorme le ocasionó una incomodidad creciente en los sentidos. Al principio era lo bastante soportable como para que Itachi lo atribuyera a la intensidad de sus propias ensoñaciones, pero el recuerdo de cualquier fragmento de su sueño se difuminó como un velo traslucido que finalmente se doblaba en algún cajón irrecuperable de su inconsciencia.

Los golpes secos atizaron otra vez sus oídos. Alzó los párpados repentinamente cuando dejaron de parecerle meros toques impacientes contra la madera de la puerta a patadas totalmente desesperadas.

Itachi se deslizó rápidamente de la cama. Ni siquiera se arropó con el batín recargado sobre una percha la piel estremecida de los brazos ni prendió la luz cuando giró el picaporte. La luminosidad del pasillo le hirió las retinas por unos segundos, se apoyó el dorso de la mano encima de los ojos y sonrió imperceptiblemente al reconocer a la chica de los cabellos del cuarzo sonrosado.

—Una llamada tan poco discreta en mitad de la noche... Interesante.

Sakura subió el rostro después de aspirar nerviosamente por la nariz e Itachi tuvo la misma sensación que si le hubiesen apuñalado en el pecho.

—¿Qué ocurre? —preguntó sosteniéndole suavemente la barbilla.

La chica tenía el pelo sudoroso y pegado a la frente y el rostro húmedo por las lágrimas que no habían dejado de caerle por los ojos rojos e irritados. Sakura separó los labios pretendiendo decir algo, pero un quejido se adelantó a cualquiera de sus palabras y enterró el rostro en sus manos mientras volvían a temblarle los hombros, las piernas, el corazón...

—Eh, ¿qué te pasa? Dime algo.

El Uchiha detuvo su respiración cuando la voz asomó entre los desolados sollozos de la ninja.

—Yo... no sabía qué más hacer —gimió con la garganta rasgada—. Tal vez ha sido culpa mía, pero yo no quería esto. Tienes que creerme, no quería que pasara...

El deseo de envolverla en su cuerpo se unió al temblor incontrolado de sus manos fruto de la incomprensión que sentía en ese instante. Itachi desapareció detrás de la puerta de su cuarto por unos segundos y regresó con la gruesa gabardina de la organización que dejó caer sobre los hombros de la ojiverde antes de apresarle una muñeca.

—Llévame —le pidió.

Después de abandonar la casona y caminar un rato por las cercanías del bosque, la inquietud de Itachi se incrementó de sólo pensar qué demonios la habría llevado a deambular sola por allí en medio de la madrugada.

La humedad descendió bajo las copas de los árboles y premió el hecho de haber tomado el pequeño candil del porche cuando la oscuridad se hizo tan densa que apenas podía esquivar todos los matorrales que dejaban rasguños a su paso.

Ella se paró súbitamente, notó la pulsación desbocada de su sangre bajo su sujeción, y cuando siguió la dirección de sus ojos apagados, supo que cualquier suposición previa había sido ridícula.

—Quédate aquí —le pidió suavemente sin que ella pudiese asentir con fuerza.

Itachi se adelantó para agacharse junto al cuerpo apoyado sobre un grueso tronco de raíces que salían a flote desde la tierra, ése mismo cuerpo que alguna vez le había parecido cálido, incansable y vigoroso. Sostuvo el rostro de Goro con sus manos y aunque sus enormes ojos dilatados le devolvieron la mirada con insistencia, no sintió que hubiese nada más allá de sus pupilas.

Tragó con dificultad, le estaba apretando tan fuerte el brazo que podía sentir sus uñas desgarrándole parte de la piel, y aún así, no había una sola reacción por parte del ninja más que un lejano y taciturno latido bajo su pecho tranquilo y casi inerte.

¿Cómo iba a decirle a ella que no podía hacer nada sin sentir que algo irreparable se destrozaría también en su corazón? ¿Cómo aceptaría ella que el hombre al que sabía que apreciaba era ahora una cáscara vacía?

—No está muerto... —murmuró indeciso—, pero no vivirá.

—¿Por qué? ¿Qué le han hecho? —Un paso descuidado hizo caer el candil apoyado en el suelo hasta que la llama se ahogó en el aceite tan agonizantemente como la esperanza en los ojos jade—. Yo nunca he visto algo así antes, he intentado hacerlo despertar por todos los medios que conozco, pero sólo conseguía que su piel estuviese más fría, y más fría... y más...

Un mueca de frustración se dibujó en su rostro cuando ella se quebró al fin. Itachi no pudo soportar verla de esa manera y volvió a mirar la expresión impasible del hombre. Realmente no podía odiarse más por no ser capaz de ayudarla cuando ella había acudido esperanzada hacía él.

—Sakura, no quiero que supongas nada apresuradamente. —quiso decir con bondad. Su idea era agitarla lo menos posible, pero se sentía miserable si no le mencionaba todo lo que podía figurarse casi con total certeza—. Lo que le ha pasado a Goro es algo que sólo podría haberle hecho alguien como yo. ¿Entiendes eso?

Él le lanzó una mirada cautelosa y encontró sus ojos inundándose nuevamente de lágrimas.

—¿Sasuke? —balbuceó incrédula—. No... ¿por qué? No tenían la mejor relación, pero no ganaría nada...

—Tal vez dijisteis algo... en voz alta.

Sakura frunció el ceño antes de arroparse con más temor que frío a la cálida tela de la gabardina.

«Sakura, sabes que ni tú ni yo retornaremos cada paso que hemos dejado atrás», le había dicho Goro. Ahora sus palabras la lastimaban como un veneno mortal paralizando su sistema nervioso.

Un ligero vértigo la obligó a respaldarse sobre el tronco de un árbol y nuevamente notó que la abordaban las incoherencias; las palabras bañadas en voces que conocía perfectamente.

«Sálvalo.»

«Te dije que no te acercaras a él.»

«Es mi amigo. Para siempre.»

«... o haré que te arrepientas por ello.»

«Te arrastrará con él.»

«Para siempre...»

«Para...»

«Algo que sólo podría haberle hecho alguien como yo.»

«... siempre.»

Un ardor aplastante se expandió desde el centro de su pecho, como si el corazón le sangrase y se desbordase hasta quedarse vacío.

La ira la cegó y el afecto fue desplazado por el resentimiento. Quería encontrar a su ex-compañero de equipo y arrancarle una explicación de los labios aunque la culpabilidad la carcomiera por el grave resultado, que en realidad, sabía que ella había propiciado.

¿Por qué no había sido más precavida? ¿Por qué no había logrado impedir aquello? Si tan sólo hubiese escuchado a Goro desde el inicio...

—¿Adónde vas a ir? —la llamó Itachi cuando se alejaba prácticamente apisonando el suelo.

—Haré que me lo devuelva. Por las buenas o por las malas.

Antes de entrar al sendero principal, notó la presión en su muñeca.

—Es irreversible —le aseguró bruscamente. Los ojos negros se ensombrecieron con pesar—. Aunque te pasaras el resto de tu vida esperando, Goro no volverá en sí nunca. Puedo asegurarte eso. Esa técnica ocular con la que le ha desarmado el cerebro... También la he usado antes.

—No voy a quedarme de brazos cruzados como si no hubiese pasado nada —se quejó, soltándose del agarre en un movimiento rápido—. No haré lo que él quiera. Nadie va a manejarme. Haré lo que sea por arreglar esto. Lo que sea.

—Sakura, no seas ridícula, no tienes ninguna posibilidad frente a él y tampoco puedes pretender que eres capaz de salvarlos a todos...

La frase murió en su boca cuando la mano temblorosa de ella se precipitó sobre su mejilla. Itachi absorbió la sangre que se derramó suavemente de una de las comisuras de sus labios y limpió con el dorso de su mano el arañazo que alguna uña le había dejado en la piel.

Sakura retrocedió aterrada de su propia reacción y se sujetó su propia mano como si dudara de que ésta pudiera volver a actuar por voluntad propia. Por un instante, había sentido que había dejado de ser ella misma.

—¿Por qué has dejado que te toque? —El tono era un conjunto de culpa y reproche—. Podías haberme detenido perfectamente...

—Porque pensaba que tal vez ese golpe sí me lo merecía.

Ella negó débilmente con la cabeza. Un reflejo de inmensurable amargura hacía suponer que se daba poco a poco por vencida, y finalmente, flexionó sus rodillas mientras se abrazaba a sus piernas y ocultaba entre ellas su rostro. El mundo empezó a dar vueltas a su alrededor y tuvo la certeza de que había tanto dolor en su interior que acabaría vomitándolo.

—Nada de esto es culpa tuya —le susurró él cuando se hubo agazapado a su lado, como si le leyera el pensamiento.

Ella tiritó ante la fricción de sus cabellos bajo su mano y después, la tomó en sus brazos estando convencido de que no sería capaz de caminar por ella misma. La chica acomodó el rostro en la curva de su cuello y lloró hasta que estuvieron de vuelta en la casona.

Itachi dejó que descansara en la seguridad de su propia habitación. Cuando la soltó con suavidad, ella se hizo un ovillo y se acurrucó con la respiración entrecortada entre las sábanas de la cama mientras su mirada jade se perdía en algún lugar incierto.

—No te preocupes por Goro —le dijo casi en un susurro inapreciable—. Yo me ocuparé de él.

Esas palabras no fueron un consuelo para ella. Itachi ni siquiera creyó que lo estuviera escuchando justo antes de que cerrara la puerta, pero un sencillo 'buenas noches' escapó también de sus labios y ella cerró los ojos con una increíble obediencia.

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Sakura tuvo que pestañear un par de veces antes de caer en cuenta de que aquellos hermosos e intensos ojos zafiro que la miraban con curiosidad, eran de Hana.

La gata maulló cuando la encontró despierta y acercó su pequeño hocico a su rostro hasta que un par de bigotes le hicieron cosquillas en las mejillas. Ella levantó una mano, era como si de repente tuviese un grillete pesado en sus muñecas, y acarició el costado suave y tremendamente regordete del animal sonriendo ante el inminente ronroneo.

Tuvo un pensamiento vago de que sus recientes recuerdos pudieran ser apenas una mala pesadilla, pero el escozor intenso en sus ojos hinchados y la punzada de la culpabilidad en el corazón, dejaban bastante claro que no era así.

El crujido de una puerta sonó en mitad del silencio asustando a la gata y, poco después, Sakura apenas acariciaba la calidez impregnada en la porción del colchón donde instantes antes había descansado Hana. El frió que sintió con su inesperada ausencia se calmó con la calidez que la arropó a través de su espalda, mientras la cama temblaba por el nuevo peso y la humedad de unos labios en el hombro le despertaba los sentidos aturdidos por la tensión de una noche larga.

Itachi no le preguntó nada y ella agradeció que no lo hiciera, se limitó a apoyar el mentón sobre su hombro mientras la abrazaba fuertemente contra él y ella notó en la humedad de su ropa que había pasando bastante tiempo fuera de la casona; podía imaginar con qué propósito.

—¿Sabes que Goro era ANBU? —Tenía la voz ronca aunque bastante relajada. Se estremeció cuando se dio cuenta de que lo había mencionado en pasado aunque aquello fuese un signo positivo de que lo asumía.

—¿Por qué me dices eso ahora?

—Dijo que no permitiría que volviera al refugio. Siempre había estado de mi lado. Creo que lo último que le dije es que no se lo perdonaría. Espero equivocarme. —La histeria estuvo a punto de arrancarle una risa amarga y nerviosa—. Espero que me falle la memoria, no quiero que ése sea su último recuerdo de mí... Pese a todo lo que hizo por ayudarme, no se lo dije en serio. No lo pensaba de verdad y no quería que sucediera esto...

Los dedos suaves y largos le sostuvieron el rostro y la obligaron a ladear la cabeza y mirarle a los ojos.

—No es culpa tuya —le repitió otra vez.

Sin contestar, volvió a moverse para darle nuevamente la espalda y acurrucarse entre las almohada y las mantas. Aunque él quisiera convencerla, sabía que no decía la verdad. Sería muy irresponsable de su parte creerse tan fácilmente su respuesta.

—No me has contestado. ¿Sabías que Goro era ANBU?

—No —respondió luego de mirarla por unos instantes, confundido.

—Si lo hubieses sabido, ¿habrías intentado impedirle que me llevase con él?

—No.

Sakura no pasó por alto la rapidez de su respuesta, como algo indudable. Quizás, como si ya hubiese tratado de responderse eso a sí mismo antes.

—¿No te perturbaría el hecho de que volviera a la Aldea?

—No.

—¿En serio? ¿Sencillamente 'no'?

—Eso he dicho —insistió.

En ese punto empezó a creer que tal vez se hubiese sentido mejor simplemente quedándose callada, aunque estaba demasiado turbada como para sentirse ofendida.

—Pensé que no querías que me fuera o que harías todo lo que estuviese en tu mano para no alejarme. Entonces...

—Entonces —la interrumpió—, te dejaría volver al lugar donde estarías mejor y más segura. Sí, si hubiese sabido que Goro deseaba llevarte a casa, le habría dejado hacerlo, precisamente porque me importas.

Sakura habría esperado muchas cosas, pero nada la había preparado para oír aquello. Jamás en su vida alguien sacrificó sus sentimiento sólo para hacer lo mejor para ella. Ella, sin duda, era más egoísta. Siempre se había aferrado a las personas que amaba y siempre trató de retenerlas por miedo a no soportar su ausencia. La voz de Itachi sonaba como una anestesia relajante con la que inesperadamente se sentía inmadura y pequeñita.

—Yo sólo quiero estar donde tú estés... —le confesó. Sentía tan verdadero ese deseo que pensó que se pondría a hacer berrinche hasta que la creyera.

—Tú siempre estás donde yo estoy. En ese lugar especial donde nadie puede encontrarte.

Ella apreció el fuerte latido de su corazón cuando apretó suavemente la palma de su mano sobre las prendas de su pecho. La caja musical parecía interpretar su melodía bajo la inspiración dulce de los dedos que la acariciaban o los ojos que deseaban descifrar cada nota.

Él se inclinó para besarle en la frente, Sakura sintió una inexplicable sensación de paz cuando sus labios se arrastraron hasta sus mejillas, sus mandíbulas, y rozaron las curvas carnosas de su boca.

—Tú ya lo sabes —dijo él.

—Dímelo.

—Sólo son palabras.

—¿Qué importa? Quiero oírlas.

Itachi entornó los ojos antes de soltar un bufido. Sus labios danzaron hasta lograr pronunciar la primera sílaba y Hana saltó con un estridente maullido como si hubiese estado tan impaciente por oírlas como ella.

—Qué gato más rencoroso... —se mofó el Uchiha, desanimado. Tuvo que apartarse y dejar un lugar en la cama que ahora compartían con la bolita de pelos.

Sakura sostuvo al animal para reposarlo en su vientre antes de apoyar la cabeza en el hombro del muchacho. Su mano volvió a acariciar con ternura el lomo hinchado y el ronroneo gracioso del animal le trajo de vuelta un aplastante deseo de continuar durmiendo.

—No es un gato, es una dama —le corrigió—. Y no es que esté molesta, es que su cama no es lo bastante amplia para todos.

Hana se estremeció y Sakura notó sobre su piel el cosquilleo de la vida removiéndose en las entrañas del cariñoso felino.

::x::x::x::

Cercanos al mediodía, Sakura seguía sentada frente a una mesa del comedor y observando el buen ambiente que la rodeaba mientras daba un ligero sorbo de leche, se dio cuenta de lo invisible que podía llegar a ser para todo el mundo cuando el tóxico emblema de las nubes rojas le pululaba de cerca como si tuviese estigmas recorriéndole toda la piel. No parecía importante no tener alguna de sus temidas y masculinas compañías proyectando su sombra a su lado, el miedo había entrenado a cualquier mirada a no reparar sobre ella igual que si aquello fuese a contaminarles de alguna forma letal y rápida.

No les culpaba.

Aun habiendo dejado atrás el refugio, no se sentía fuera de su alcance. Había seguido ocupando su tiempo para la organización, temiendo el poder que ésta tenía sobre todos ellos y con el único contacto de personas que le prestaban sus servicios, aunque la lealtad de cada uno de ellos fuese aún más escurridiza que una gota de aceite tratando de ser dominaba en un vaso de agua.

A decir verdad, Sakura había olvidado el modo de enfrentarse al resto del mundo sin que la desconfianza se apoderara de ella; sin sentir que todos la engañaban y ella mentía al resto del mundo. No quería ni pensar qué secuelas más le habría grabado en el alma la estancia junto a Akatsuki aunque ello fuese inevitable...

Recordó que era hora de alguno de sus paseos furtivos para seguir aumentando su lista de recolecciones de las que Goro trataría de persuadirla inútilmente y, aunque era perfectamente consciente de que esa situación no se repetiría más, no podía dejar de mirar con insistencia hacia la puerta esperando que fuera a acompañarla en el desayuno en cualquier momento mientras la hacía reír con alguna noticia absurda de la Villa.

Sakura se incomodó cuando, contra todo pronóstico, notó la mirada de una de la propietarias del lugar. Probablemente, debía parecerle una loca esperando por horas a alguien que era evidente que no acudiría, pero no le importaba especialmente lo que pudieran pensar los demás sobre ella o su situación allí. La señora le hizo un pequeño comentario a su hija, una chica de cabello platinado que no debía ser mucho menor que ella, y que se acercó a su mesa cargando una nueva taza de leche en una bandeja de madera de roble oscuro.

—Yo no...

—Mi madre dice que no es bueno tomar leche fría con un tiempo como éste —dijo con una resuelta y agradable voz aguda. La chica le arrebató la taza que había quedado fría en sus manos y le entregó el nuevo recipiente humeante—. Dice que vuelvas para pedir que te lo calienten si no llegas a terminártelo a tiempo.

Una sonrisa amable se formó en su rostro agraciado y pecoso, y Sakura le correspondió con una sonrisa mientras daba un nuevo sorbo que casi le chamuscaba la garganta.

—¿Eres algún tipo de celebridad...?

La ojiverde dio un respingo cuando descubrió que seguía a su lado.

—¿Disculpa?

—¿O la hija de algún Señor feudal? Mi madre dice que no debería meterme en los asuntos de nuestros clientes, pero no es habitual ver a gente importante por aquí. Qué sabe ella. Es bueno para el negocio saber que este tipo de personas nos ha frecuentado.

—Oh, no, yo en realidad... —Sakura se estudió un segundo. Su vestido largo y desajustado ni siquiera era exactamente de su talla. Una risita irónica se le escapó de los labios al cerciorarse de que incluso la mesera podía vestir mejor que ella misma—. ¿Te parezco la hija de algún Señor?

—No, pero tu escolta es exactamente igual a la que llevaría la hija de alguno.

—Akatsuki no es mi escolta —dijo secamente.

—No me estaba refiriendo a ellos.

Sakura levantó la mirada del remolino humeante de leche pero la sonrisa más y más grande de la chica sólo la hizo sentir más confusa.

—Haría bien en hacerle caso a mi madre —Fue su desinteresada respuesta. Le había despertado la curiosidad sólo para dejarla a medias, aunque era evidente que Sakura tenía mejores cosas en las que pensar y la chica probablemente la confundía con otra persona—. De todas formas, deberías venir a alguno de nuestros festejos aunque sólo sea por una noche. Mi madre también dice que es el lugar donde deberían estar todas la jóvenes a esa edad. Ella ama esta ciudad más que yo, pero también sabe qué tipo de cosas pueden encontrarse en ella en mitad de la noche.

A Sakura se le atragantó un sorbo en mitad de la garganta. Sus ojos captaron la atención de la señora al otro lado de una barra y sintió un escalofrió pensando si sabría en realidad quién era ella y qué había ocurrido la noche anterior en las cercanías de su locación.

—Dale las gracias a tu madre por la atención —concluyó. La hija estaba muy lejos de poseer la astucia de su madre, pero gozaba del encanto natural y empático de toda adolescente.

La chica hizo una leve reverencia y sus trenza platinada cayó sobre su espalda cuando se giró con brusquedad. Sakura volvió a buscar a la señora del enorme moño rubio, al menos, por si fuese necesario disculparse por los inconvenientes que seguramente les estarían causando, pero desistió en cuanto un problema mayor se acercó desairadamente desde la puerta.

El joven de tez blanca reparó en su presencia allí y ella contuvo el aliento antes de cerrar los ojos y contar mentalmente hasta calmar los pensamientos que inmediatamente acudieron a su cabeza.

—¿Esperabas a alguien más?

Sasuke se deslizó por el alargado banco de madera y le rozó los dedos cuando decidió quitarle la taza de las manos. El mero roce pareció tensarla. El chico ya las había apartado para dar un sorbo de leche, pero ella siguió apuntando con sus ojos al lugar donde antes habían estado sus manos, preguntándose si apenas unas horas atrás habrían estado impregnadas de la sangre de Goro.

Pero, sabía que no... Él había usado un método mucho más cómodo y efectivo que no habría permitido a su víctima ni siquiera defenderse.

Las mandíbulas se encajaron fuertemente bajo sus mofletes inflados mientras el comedor se atestaba paulatinamente sin reparar en la inhóspita tensión que encapotaba su pequeña mesa.

—No me acostumbro a verte sin tu guardabosques. Ahora más que nunca deberías estar recogiendo florecillas, ¿no te parece?

—Tienes una actitud monstruosa. Crees que puedes asustarme, pero sólo pareces un niño pequeño pataleando de rabia.

Una mano se cernió hacía ella, Sakura entrecerró los ojos por reflejo, pero el chico sólo apartó de sus cabellos el pétalo de alguna flor que habría caído allí mientras recogía sus pertenencias del porche.

—No te dejaré ir hasta que no acabes lo que te he pedido.

—Ya deberías saber bien que no me iré sin completar esa técnica. No era necesario que intervinieras.

El pelinegro soltó un bufido y sopló sobre la palma de su mano para hacer volar el ligero pétalo rojizo.

—Sakura, siempre has sido una completa hipócrita... En el fondo, sabes que te he hecho un favor: «Ojalá pudiera deshacerme de él.» —pronunció el chico—. ¿No era eso lo que querías? ¿No era lo que deseabas ayer cuando le implorabas a ese idiota? —Frunció el ceño antes de inclinarse levemente hacia adelante—. Puedes mirarme con desprecio, pero aún es más repugnante no admitir lo que realmente pensabas. No querías volver a la Aldea y yo sólo te he quitado la enorme carga de tener que actuar por ti misma para evitarlo.

—¡Yo jamás le habría hecho daño a Goro! —replicó enfurecida. Los recipientes de la mesa se chasquearon unos con otros cuando ella dio una palmada sobre la superficie de madera—. Ni siquiera aunque él me obligara a hacer algo que no le perdonaría. Siento decirte que no seré como Suigetsu, ni ninguna marioneta a la que puedas usar alegremente...

—Le dolería oírte decir eso.

—No estoy bromeando.

—Ni yo tampoco. Si no llegas a tomarme en serio con esto, es que no tienes ni idea de lo que soy capaz todavía.

La chica se enfureció hasta lo impensable, pero su rostro apenas era un suave ademán de decepción.

—No lo intentes otra vez. Por más que trate de convencerme de lo contrario, no puedo seguir engañándome. Ya no puedes hacerme más daño, Sasuke. No hay nada más doloroso que mirarte a los ojos y no reconocerte.

El Uchiha apretó los dientes al oír aquello, pero no se inquietó lo más mínimo cuando vio en sus ojos una leve sombra de añoranza que, aunque estuviese magullada, seguía significando que él le importaba lo suficiente.

¿Por qué... ella se empeñaba en hacerle las cosas más difíciles? A pesar de todo el daño ocasionado desde tiempos inmemoriales, ¿seguía apreciándolo? Ya era tarde para que esa calidez traspasara las forjadas defensas de sus sentimientos. Estaba programado para no sentir y para no sufrir, sobre todo, cuando el día en que debiera darle el sueño infinito a ella llegase.

::x::x::x::

Suigetsu se retorció sobre los amarres de chakra para infundirse valor. Quería maldecir algo con fuerza para dejar claro que aún no estaba rendido, pero la boca le chorreaba sangre y se ahogaba con el propio peso de su lengua adormecida.

Una piedra en mitad del camino le hizo girarse sobre si mismo. Mientras el resistente cordel continuaba remolcándolo por el suelo, trató de incorporarse haciendo uso de sus extremidades maniatadas, aunque sólo consiguió que las heridas desgarradas por el incesante arrastre se abrieran y el escozor hiciera palpitar la carne enrojecida de su espalda.

Un par de huéspedes se apartaron de su camino con una indiferencia bastante recomendable aunque sus discretos ojitos siguieron el hilo bermellón que cubrió el pasillo de la casona hasta abarcar la última sala. Allí, Suigetsu rodó bruscamente por la espesa moqueta naranja, logró elevar el rostro lo bastante como para encontrarse con los ojos de su compañero en una petición de auxilio, y acto seguido, hundió el rostro por el firme empuje de un pie apretando contra su nuca.

Sasuke resopló imperceptiblemente y entrecerró los párpados pareciendo que apenas se había movido del sillón donde descansaba al presenciar el espectáculo.

—¿Qué es esto? —preguntó con parsimonia.

Itachi lo miró unos segundos en silencio, hincó una arrodilla antes de desviar su atención y enterró los dedos en los desdeñosos y claros cabellos del espadachín para alzarlo unos centímetros.

—Sea lo que sea, es tuyo.

—¡No soy de nadie, maldi-...! —gritó el albino antes de volver a precipitar la cara contra la moqueta naranja.

—Esto es... ¿tu as bajo la manga? ¿Tus refuerzos o algo así? Si querías que hicieran el trabajo sucio en tu lugar, ¿por qué no le pagaste a la mesera? Está hasta las narices de nuestra presencia aquí y una mujer furiosa hace más daño que este renacuajo... ¿Querías, a lo mejor, reírte de mí?

La voz ligeramente afectada evidenció un enojo desmedido al que Sasuke sonrió satisfecho. No había que estudiar demasiado a Suigetsu para darse cuenta de que su hermano se había ensañado con él igual que si se hubiese tratado de él mismo. Le agradaba provocar ese tipo de reacciones en él; era mucho más complaciente que la pura indiferencia de hace unos años.

—¿Por qué iba a darte ese privilegio? La muerte es fugaz.

—Sólo deja de intentar incordiarme. Sabes perfectamente que ese reto te queda grande.

—Tal vez haya dejado de fijarme en ti por un tiempo... —dijo Sasuke con un tono apagado y ese deje de diversión que le llegó a los ojos—. No eres la única distracción en el mundo.

Itachi ahogó un gruñido al tiempo que trataba de hacer uso de todo su autocontrol para no acercarse un centímetro más de donde estaba.

—¿Y qué se supone que pensabas haciéndome perder el tiempo con este imbécil...?

El menor dejó escapar un suspiro lánguido. Miró a través de los ventanales vaporosos y se entretuvo observando las nubes grisáceas ocultando los últimos ramalazos del atardecer.

—No deberías apartar la mirada tan fácilmente. Todo lo que solemos pensar que siempre permanecerá en su sitio, tiende a desaparecer sin que nos demos cuenta. Y, hay recuerdos que se vuelven con el tiempo más dolorosos que la propia muerte —murmuró—. Quizás alguna vez experimentes lo duro que es únicamente poder añorar a alguien porque ya no le tienes. ¿No estás de acuerdo?

Sasuke habría reído de buena gana si no se viese tan deleitado con la rapidez con la cual se descompuso la expresión de su hermano. Aun en una parte ínfima, podía hacerle entender el sufrimiento por el que él había pasado.

Reconocer que apenas unas palabras habían bastado para hacer temblar a su hermano mayor por la fatal consecuencia de haber excluido a la chica de cabello rosado de sus planes, era demasiado excitante para sí mismo. ¿Quién había dicho que a pesar de ser inocente, ella era intocable?

Qué maldito iluso... No había nada peor que mostrarle a tu enemigo tus debilidades.

La risa estridente de dos muchachas llegó a través del silencio desde otro punto de la casona, y Sasuke estuvo casi seguro de que había visto el alma del mayor regresando a su cuerpo cuando reconoció también a quien pertenecía. Al menos, por el momento.

—No hagas nada de lo que tengas que arrepentirte... —le respondió, frío e inflexible, en ese tono que sólo usaba cuando era estrictamente necesario.

—Oh... —suspiró Sasuke lentamente mientras apoyaba la mejilla sobre los nudillos de su mano—. ¿Qué daño crees que puedes hacerme ahora? —Sonrió—. ¿Y qué daño crees que puedo hacerte yo?

Itachi jamás se había sentido de tal manera, desprotegido y temeroso, en la posición de desventaja y sin tener ninguna idea de lo que debía hacer, pero tampoco había logrado quitarse de la cabeza aquella mirada dolorosa de su hermano. Él le había hecho probar los sabores más amargos del mundo a la persona que más le importaba y acabaría consiguiendo que éste lo destruyera amenazando al otro ser sin el que no podía existir.

No. Definitivamente, no podría cargar también con ese peso.

Contuvo sus temores en un puño. Giró sobre sus talones para abandonar la sala cuanto antes y se detuvo al recordar el condenado lastre que había estado transportando. Una incontenible patada de impotencia hizo que Suigetsu descansara en los pies del muchacho.

—Gracias, hermano. Tal vez consideré también el hacerte un regalo.

Sasuke lo vio irse desairado. Lo quería. Quería ese permanente estado de indefensión y el dolor en cada segundo de vida que restaba a su hermano.

—¡Desátame de una puta vez! —le oyó gritar a Suigetsu—. ¿Te digo una cosa? Ese bastardo tiene más razón que un santo cuando dice que deberías buscarte a otro para tus encargos. Estoy harto de hacer de señuelo...

La sola idea de imaginar que algo terrible le hubiese sucedido a ella por su culpa, lo abatió como un poderoso virus descuartizando cada célula de su cuerpo. Con extremada sencillez, Itachi se sentía débil y a punto de pulverizarse con los remordimientos que le carcomieron por dentro.

Notaba su respiración pesada y un calambre insistente dañándole las articulaciones con cada paso que daba. Finalmente, empujó las puertas abatibles y éstas volvieron a cerrarse a su espalda a la vez que un silencio sepulcral se apoderó de la cocina de la casona en cuanto las muchachas repararon en su presencia.

Sakura lo miró desconcertada con una media sonrisa que había sido interrumpida con su invasión. Tenía el mismo delantal azul que la chica de pelo platinado que la acompañaba y las manos impregnadas de la harina manipulada para hacer las magdalenas que tenían sobre las mesas.

—Itachi, qué... ¿va todo bien?

¿Era algo tan difícil de decir lo que sentía? Se acercó rápidamente a la encimera donde ella trabajaba, ignorando por un momento cualquier otra cosa que no fuesen sus ojos verdes, incluyendo a la chica platinada que desalojó con cortesía la habitación cuando lo vio estrecharla con ímpetu.

Sus brazos le bordearon los hombros pareciendo que había recuperado su fuerza y respiró el aroma de su cabello como si de alguna manera deseara absorberla y hacerla parte de él mismo. ¿Podría...? ¿Sería así suficiente para controlar su único punto flaco?

—¿Itachi? —murmuró.

Ella se quedó tensa. Podía sentir el dolor en las costillas por el abrazo y simplemente separó sus manos manchadas para evitar ensuciarlo de los pequeños granitos de harina y azúcar.

—Nunca dejes que solamente pueda echarte de menos —su voz decayó sin ni siquiera aparentar fortaleza.

—No, claro que no.

—Haría cualquier cosa por ti.

—Entonces, no estés triste, ¿de qué sirve extrañarme cuando los dos estamos aquí?

El pelinegro se separó unos centímetros para darle un respiro, se embebió de la dulzura de sus hermosas facciones en su rostro sonriente y descendió despacio hasta recibir ese aliento cálido que le urgía tanto como una necesidad vital.

Los labios bailaron al mismo compás y ella cedió el permiso cuando una humedad caliente quiso llevar más lejos aquel beso. La extasiarte sensación en su boca la sorprendió con oleadas de mariposas recorriéndole el cuerpo y Sakura tuvo forzosamente que aferrarse a su cintura, manchando sus prendas negras de los adherentes granitos blancos.

Un par de toques en la puerta evidenciaba que la chica platinada empezaba a cansarse de la espera. Sakura contuvo una risita divertida y él apretó la frase contra sus labios.

Esa frase que se había arraigado tanto en su garganta y que en realidad, sentía tan familiar y obvia. No permitió que se recuperara de su impresión cuando pronunció y dejó que ella la oyera.

—Te quiero, Sakura...

.

.

.

CONTINUARÁ...


Ok, sólo Itachi podía acabar un capítulo con tanta tensión de la forma más dulce... (?). Y cambiado de tema, sí, por favor, firmen la petición para que Suigetsu deje de ser usado como cebo, creo que Sasuke no entendió exactamente la naturaleza marina del chico...

A ustedes, gracias por leer, y hasta pronto ^^ ¡Cuídense!

Shizenai