Capítulo XXIX
Balde de agua fría
A las seis sonó mi móvil. Algo ansiosa miré la hora. El sol mostraba sus últimos vestigios de luz y el cielo se veía medio rojo y rosado, era muy lindo, casi surreal. Finalmente, contesté.
—Hola Isa. Llegué ¿Te espero aquí abajo o te voy a buscar? —su voz era suave y pausada como siempre.
—Ethan, bajo, así aprovechamos de dar una vuelta —una sonrisa involuntaria se escapó de mi boca.
Mi corazón se aceleró extrañamente, sentí ansiedad de ver Ethan, aunque no tenía claridad de por qué lo había llamado, en realidad, creo que lo había hecho sólo para estar con él rato. Mis sentimientos eran cada vez más confusos.
Bajé y él estaba ahí, vestía unos jeans negros, camisa y arriba una polera gris sin mangas ¡Se veía bellísimo! Sus labios rojos se veían suaves y vivos, y sus preciosos ojos turquesa le hacían juego con la camisa. Cuando lo vi no pude evitar sonreír y él me devolvió. Caminé tranquila entre el parque hasta llegar a él y cuando estuve frente a él no sabía cómo saludarlo, Ethan lo notó, entonces me dio un sutil beso en la mejilla, que igualmente me estremeció.
—Hola Ethan —sonreí.
—Me alegro mucho que me hayas llamado Isa.
Comenzamos a caminar bajo los árboles del parque, mientras una brisa tibia rozaba nuestros cuerpos. No podía evitar mirarlo de reojo. De repente se sintió un silencio incómodo.
—Isa disculpa si te causé problemas en otro día con lo de la serenata —rió ante esta última palabra.
—Estuvo muy bonita —reí— gracias.
—Es que ese día se me pasó la mano con la celebración del triunfo de mi equipo —intentó justificarse.
—M… después de todo no fue tan malo —lo miré directo a esos bellos ojos de mar.
—En absoluto, creo que ha sido una de las mejores noches de mi vida, después de que terminamos, claro —sus ojos se entristecieron.
No respondí, lo que dijera resultaría absurdo.
—Isa y bien ¿Cómo va tu noviazgo? —parecía muy interesado, pero no fue irónico.
No supe que responderle de inmediato. Mordí mi labio inferior y le respondí.
—¿La verdad?
—Sí, creo que ya no me matará —sonrió.
—No lo sé.
—¿Cómo es eso? —sus ojos se iluminaron.
—Estoy algo confundida —ni yo sé por qué se lo dije.
—¿Confundida? ¿Con qué? —parecía esperanzado.
—Contigo… —casi murmullé.
—Pero… —tragó saliva y su mirada se embargó de emoción. Luego sonrió.
—Isa, bueno tú sabes que yo aún te amo —acarició mi rostro con su mano tibia y de nudillos rosados.
—Ethan no sé qué decirte, no quiero pedirte nada, sólo quiero que lo sepas, en realidad, no sé ni por qué te lo digo —le di la espalda.
Al ver mi reacción, me tomó por el hombro y me obligó a mirarlo. Sus ojos mostraban preocupación.
—¿Qué pasa? —le pregunté inquieta.
—Estoy saliendo con alguien —parecía haberse arrepentido de lo que me acaba de decir.
Tragué saliva para procesar sus palabras, sabía que no tenía ningún derecho a reprocharle nada, pero no podía evitar sentirlo.
—¿M… mucho tiempo? —dije media tartamuda.
—No —fue seguro.
Sentía que mis piernas se doblarían en cualquier momento y comencé a sentir que todo era un sueño ¡Mi Ethan! ¡Mi dulce e incondicional Ethan con otra! ¡Oh, no! Me sentí muy estúpida por haberlo llamado.
—Disculpa por hacerte perder tu tiempo —sonreí fingido y di media vuelta para volver a mi habitación.
Oí como él corrió detrás de mí.
—Isa, no es nada de importancia, si tú me dijeras que quieras volver conmigo, yo jamás lo pensaría dos veces —sus ojos titilaban.
—No te preocupes, no te lo voy a pedir —su mirada se apagó.
Entonces quedó paralizado, pero me miró con esa ternura que nadie más sabía hacerlo, ni siquiera Edward. Entonces me surgió una gran duda.
—¿La conozco? —lo increpé, aunque no tenía ningún derecho.
Asintió.
—¿Alguna Eximius?
—Algo así —contestó, no se atrevía a responderme con la verdad.
—De verdad me lo puedes decir, yo no soy quien para juzgarte Ethan —dulcifiqué mi voz.
—Eileen —lo dijo rápido.
—¿Qué? Eileen ¿Mi amiga Eileen? —no lo podía creer.
—Sí.
¡No podía ser! Desgraciada, traicionera, esperó que Ethan se alejara un momento de mí y ella se lanzó al acecho ¡Con esa amiga para qué quiero enemigas! ¡Qué rabia tenía! Quería ahorcarla por traicionera y mala amiga, yo nunca me hubiese fijado en un ex de ella, aunque pensándolo bien, yo siempre sospeché que a ella le atraía Ethan, pero pensé que quedaría ahí y no llegaría a más, que era un capricho de infancia, pero ¡No lo creía! Pero no era nadie para reprochar a Ethan.
—Ethan, creo que es mejor que me vaya —le dije conteniendo la furia.
—Isa ¡Escúchame por favor! —me tomó de un brazo.
—¿Te quiero hacer una pregunta? ¿Siempre te gustó aún estando conmigo?
—Por supuesto que no, yo te amo Isabella Swan —estaba muy afligido.
—Bueno, no pierdas tu tiempo, ya tienes novia —dije picada, a punto de llorar de impotencia.
—Mi amor, por favor —me suplicaba.
—Ethan no tienes por qué darme explicaciones —vi como una lágrima caía encima de mi mano, ya había explotado.
—Es que quiero dártelas —me seguía mientras yo caminaba.
De repente y con algo de fuerza, me tomó por la cintura y me besó con ímpetu y pasión. Sentí que sus labios suaves se posaron en mi boca y los entreabrió con suavidad y extremo cuidado. Sentí su cuerpo tibio y fuerte que me aferraba hacía a él, y también pude oír y sentir que su corazón palpitaba como si se fuera a salir de su pecho. Algo entre mi corazón y mi estómago se contraía fuertemente y no quería alejarse de él. Sus besos me confortaban, eran fabulosos y me traspasaban mucho amor. Ya se había oscurecido por completo.
El móvil de Ethan sonó y él, lo ignoró.
—Sólo quiero estar contigo mi vida.
Me sentí culpable inmediatamente, ahora le estaba haciendo a Edward, lo que alguna vez le había hecho a Ethan ¡Tenía que parar con esto! Debía transparentar mis sentimientos, y como ni yo sabía lo que quería en realidad, decidí alejarme de Ethan.
—Ethan, no creo que esto sea lo correcto —le dije mientras me besaba.
Me miró atónito y me dijo.
—Mi amor no te quiero ahogar, tómate tú tiempo, yo estaré ahí —acarició mi pelo.
—¿Con Eileen? —los celos me salían por los poros.
—No, sólo yo —sonrió en respuesta a mis celos.
Fui a mi habitación, caminando entre nubes y con mariposas en el estómago. Abrí la puerta y me eché sobre la cama a pensar de todo, en realidad, no me podía imaginar a Ethan con Eileen, y cuando la recordaba, me daba mucha rabia, por eso intentaba desviar mis pensamientos hacia cosas agradables. Tomé mi móvil y llamé a Edward.
—Edward, necesito que conversemos ¿Puedes venir? —intenté hablar calmada.
—Estoy allá en cinco minutos —su voz parecía ansiosa.
Efectivamente, entré al baño, salí y él estaba ahí. Era tan lindo, su pelo broncíneo daba la apariencia de un pelo suave y perfecto. Sus ojos color miel me miraban con ternura, pero la sonrisa se había esfumado de su rostro.
—Edward, quería hablar contigo, porque tengo algo importante que decirte.
Él sólo me miraba, creo que sabía lo que venía.
—Necesito que nos tomemos un tiempo —fui honesta
