Stage 29: Coup D'État

Lelouch P.O.V.

Era oficial, odiaba la lluvia quizás tanto como odiaba a Britannia. Podía sentirla recorrer mi cuerpo a grandes ríos, golpeando mi piel con su temperatura tan baja y al mismo tiempo dejando una incómoda sensación de entumecimiento. Porque mi cuerpo se negaba a enfriarse, así que peleaba a cada gota por su calor adecuado y al mismo tiempo trataba de no ahogarme en la desesperación.

La lluvia borraba el camino.

Curioso que después de todos estos años pudiese perderme en Tokyo.

Pero caminaba en la dirección que creí que era la correcta para terminar en otro lugar al siguiente segundo. Me vi regresando al mismo lugar tres veces, andando por completo en círculos y mi progreso no era mucho después de los primeros diez minutos.

La lluvia seguía azotando sin piedad y creo que entre más tardaba en dar con el camino correcto, más arreciaba. Podía sentir como si mi ropa absorbiera todo lo que le caía encima haciendo más y más pesadas las telas. Mis calcetines empapados se habían convertido en una segunda piel, andando completamente descalzo en el centro de la ciudad. Los charcos escondían las verdaderas profundidades o agujeros de las calles.

Mi pie derecho se dobló al bajar la acera.

Como este desnivel.

No había de dónde agarrarse y de todas maneras no sería de mucha ayuda si todo estaba empapado. Así que terminé de rodillas a la orilla de la calle, haciendo que agua se levantara hasta mi rostro al momento de caer. Sucia agua de lluvia. Y lo único que podía hacer era gritar en mis pensamientos qué parte de esto era productivo o me ayudaba.

¡Estaba corriendo a ciegas en una maldita tormenta!

Y mejor no me paraba debajo de un árbol porque con mi suerte terminaría atrayendo un rayo.

Pero las calles estaban vacías de personas. ¿Quién en su sano juicio saldría con una tormenta como esta?

¡HONK HONK!

Fui bañado de manera cruel por un auto que pasó demasiado rápido por la calle frente a mí. Traté de levantarme de inmediato ahogado por el agua pero entonces otro auto pasó en sentido contrario haciendo lo mismo.

-¡Malditos desconsiderados!-

Eso no fue mi boca ni mis pensamientos, era una voz bastante aguda incluso para ser mi consciencia. Escuché pasos detrás de mí y traté de ponerme de pié de nuevo con ayuda de mi katana, cuando una mano se puso en mi hombro.

-Hey ¿Estás bien?-

Entonces levanté la cabeza y lo que más podía distinguir era cabello rojizo y ojos azules.

-¿Lelouch?-

Y al parecer me conocía.

Sentí que un par de brazos se tomaron de ambos de los míos y me pusieron de pié. Entonces sacudía la cabeza tratando de quitar el exceso de agua sobre mi rostro, completamente inútil mientras siguiera lloviendo de esta manera. Pero sirvió para aclarar mis pensamientos y enfocar un poco mejor a los desconocidos frente a mí.

-Hey, soy Karen Stadtfelt ¿Me recuerdas? ¿De la Academia Ashford?- la chica gritó tratando de imponerse sobre la lluvia. Entonces algo de reconocimiento llegó a mí.

Pero no por Ashford.

Miré a los tres sujetos que la acompañaban y mi ahogado cerebro funcionó de nuevo. Ellos eran mi-

-¡No tenemos tiempo Karen! ¡Te dije que si querías venir con nosotros te atendrías a nuestro ritmo, tenemos que irnos!-

Ese tono de urgencia.

-¡Demonios Naoto, espera un segundo!-

-¡Les dije que no debíamos traer niñas a esto!-

-¡Cierra el pico Tamaki!-

Estaba frente a los cuatro casos rechazados del ejército.

Kozuki Naoto.

Shinichiro Tamaki.

Kozuki Karen.

-¡Este no es momento para pelear!-

Kaname Ohgi.

Una explosión en la base militar del centro calló cualquier tipo de peleas. El cielo en esa dirección se vio iluminado un par de segundos antes de morir de nuevo por la incesante lluvia. Entonces los cuatro se miraron y quise decir algo en mi defensa, pero no me dieron un solo segundo para aclarar mis ideas.

-¡Muévanse, tenemos que llegar a la base!-

Los brazos que me habían levantado del suelo me soltaron y dos de los hombres comenzaron a correr para cruzar la calle sin mirar una sola vez atrás.

-¡Maldición Naoto!- gritó Karen frente a mí y cuando el otro se perdió de su vista tras unos segundos, me miró y todavía incierta de lo que debía hacer solo puso una mano sobre su cabeza tratando de cubrir la lluvia. -¿Qué haces aquí afuera con esta tempestad y en semejante situación?- me cuestionó.

Pero el hombre tras ella la tomó del brazo incitándola a seguir a los demás sin obtener respuesta.

-Debemos alcanzar a tu hermano, Karen-

Yo me hacía a la idea de que se irían sin dejarme decir algo, aunque los idiotas que corrieron primero estaban a mi cargo. No por nada los había llamado y reunido. Que no supieran mi identidad se estaba presentando como un problema.

-¡No, Ohgi espera!- se sacudió el agarre del hombre y volvió a clavar su mirada de mí, pero el otro suspiró apresurado, logrando desesperarla -¡Es hijo del Primer Ministro Kururugi, así que espera un maldito segundo!-

Era como si la lluvia de repente no existiera. Sus palabras salieron tan claras de su boca que el otro se congeló en su lugar y abrió los ojos espantado, aunque recuperando la compostura poco a poco me observó de manera en que me sentí incómodo por un par de segundos, antes de mostrarse escéptico.

-Es un Britannian- argumentó.

-"Te lo dije, Lelouch"-

Gruñí ante la voz de Schneizel en mi cabeza y decidí de inmediato que esto no valía la pena. Porque de todas las personas que podían juzgarme en una situación como esta, a pesar de que estos dos seres y los otros dos que habían corrido no sabían que yo era el que les había dado la oportunidad para hacerse de uso, creí que cuando llegara el momento comprenderían lo difícil que era lograr que la gente creyera en ti.

-Yo también lo soy- el murmullo oscuro frente a mí detuvo mis pensamientos.

-Karen sabes que no me refiero a eso…-

-No tengo tiempo para esto- expresé finalmente. Ni para decidir si continuaría lo que había empezado con ese pequeño grupo. Quizás había sido un idealista.

Procedí a continuar mi camino a pesar de todo hasta que una mano se tomó de mi antebrazo deteniéndome.

-¡No puedes andar en las calles en medio de esta situación ¿Estás demente?!- tampoco tenía tiempo de resolver estos conflictos. Si no había dejado que Schneizel me detuviera, quién era ella para tratar de impedirlo.

-Tengo asuntos que atender- sacudí mi brazo tratando de que me soltara sin mucho éxito. Solo apretó su mano y el otro hombre se emparejó con una mirada preocupada.

-Escucha muchacho, si eres hijo…- la palabra fue expresada con mucha incomodidad por su boca –… del Primer Ministro, no deberías estar solo ni aquí afuera con los problemas que parece haber, debes buscar un refugio ¿O podemos ayudarte a llegar a algún lado?-

Solo había un lugar a donde quería llegar.

-Debo llegar a la base- traté. Pero ambos me miraron como si estuviera loco y luego se miraron entre ellos. Basta de juegos –Mi nombre es Lelouch Kururugi y soy Coronel de la Región de Kanto, debo llegar a esa base-

Con su ayuda o sin ella.


Genbu P.O.V.

Cada puerta que abría me llevaba más profundo en la pesadilla que se formó con el paso de los años. Pero era como si ahora todo lo que temía se hubiese salido del mundo de los sueños para aterrorizar mi realidad. El toque perfecto fue el grito agonizante de las alarmas de las bases de Tokyo que me paralizó a mitad del pasillo en plena búsqueda y calló cualquier otro sonido en el templo.

Esa era una alarma de invasión.

-¡Genbu!-

Corrí en dirección a la sala casi tropezándome con Todou, ambos metimos brazos para evitar el choque.

-¡¿Estamos siendo invadidos?!- demandé la primera respuesta. Pero el militar negó de inmediato más no disminuyó lo alterado de su rostro, guardaba el celular en su bolsillo y las cuatro espadas esperaban órdenes detrás de él.

-Las bases explotaron en caos, hay insurrección de las fuerzas militares- sentenció.

Me llevé ambas manos al rostro tratando de suprimir una risa nerviosa y paranoica que escaló por mi garganta. Después subí las manos pasándolas por mi cabello, la expresión de Todou no había cambiado y menos aún la mía.

-¡Perfecto! ¡Un golpe de estado!-

Podía reírme a carcajadas. Incluso si mi interior se desmoronaba en perdición.

-¿Un qué?- preguntó incrédulo Suzaku apareciendo tomado de la mano de Nunnally. Sayoko se unió no muy lejos desde la puerta de los jardines y Mei desde la cocina.

Tenía a todos juntos.

No estaba para discutir. Tampoco para tomar decisiones estúpidas o que no serían obedecidas en el acto. Todos me miraron de manera expectante con diferentes preocupaciones en sus rostros, pero todo debía tener una solución. No iba a perder un país, una familia y amistades al mismo tiempo.

-¡Todou qué esperas, hay que repeler este alzamiento!- yo era el Ministro de Defensa también –Quiero a todos los participantes sometidos en el acto- ordené de manera oscura. –Y no me importa las medidas que se tengan que usar para eso-

Las cuatro espadas se tensaron tras Todou, pero con una mirada del general comenzaron a salir rápidamente de la sala para adelantarse en todo esto. Aún así esperó el resto de mis órdenes y ya no eran dirigidas específicamente a él.

-Sayoko-san, lleve a Nunnally y a Suzaku con los Ashford o a un punto seguro- la sirvienta asintió de inmediato pero debía esperar las réplicas de mis hijos.

-¡Pero Onii-sama…!-

-Lo encontraré, Nunnally- le asegure de inmediato ya esperando su petición. Incluso me acerqué hasta ella y tomando ambas de sus manos volví a repetir mis palabras –No hay manera de que no encuentre a Lelouch antes de que acabe este día- se mordió el labio de manera nerviosa pero asintió levemente obligándome con la mirada a cumplir esa promesa.

Entonces miré a Suzaku y él solo se cruzó de brazos enarcando una ceja.

-Sigue soñando padre, soy el nuevo Ministro de Relaciones Exteriores y participaré en esto quieras o no-

El lugar quedó en completo silencio ante la declaración de mi hijo. Yo no dije nada al instante, pero los demás comenzaron a moverse como respuesta a las órdenes que había dado. Sayoko salía de la sala en silencio con Nunnally de su mano y Mei las seguía de cerca. Con una última mirada a los tres que permanecimos en el lugar, mi ex-esposa asintió levemente para retirarse. Deseándonos algo de suerte.

Aún así quedaba un punto importante. No podía echar para atrás mi palabra. Eso gritaba la postura de Suzaku.

Debía confiar en las capacidades de mis hijos, eso lo había dicho Todou.

-Tú vienes conmigo entonces- declaré. Una leve sonrisa se abrió paso en el rostro de Suzaku antes de acercarse y proceder a actuar como este país necesitaba.


Entonces estaba esta horrenda lluvia, que en lugar de aplacar los argumentos entre nosotros mismos solo parecían avivarlos.

-¡Te estás haciendo un blanco fácil en todo esto, Genbu!- Todou elegía el mejor momento para ordenar sus prioridades -¡Nos dirigimos a una maldita base en caos armado que quiere quitarte de tu posición y tomar el control del país!-

Traté de mirar por la ventana para ignorar sus comentarios, pero la insistente agua solo me permitía ver luces de faroles o edificios, nada que me ayudara a distraerme de todo lo que aquejaba mi mente.

-Por eso mismo debo aparecer y demostrar que no pasarán sobre mí- espeté sin subir la voz como él, debía mantener mi cabeza fría –Además si conozco a Lelouch, sea donde sea que estuviera si escucha esas alarmas encontrará la forma de llegar a la base-

Lo cual era bastante cierto. Invasión o golpe de estado, no podía quedarse fuera de algo que estaba dentro de sus obligaciones formales como Coronel, puesto que-

Todou pisó el freno a fondo haciéndonos derrapar unos metros en las calles inundadas con un estruendoso sonido. No había ningún obstáculo al frente, pero su vista se encontraba perdida en distintos pensamientos bastante duros. Me miró de reojo no muy contento por lo siguiente que diría, sus manos tomándose de volante de manera dolorosa.

-Elige solo por una de las dos cosas que tienes en mente, porque se contradicen entre ellas mismas- suspiró –Si esto se inició gracias a Sawasaki y las ideas que metió en el sistema, sin mencionar tus propias declaraciones con respecto a Lelouch, no podrás retomar el control de Japón buscando un Príncipe Imperial en este caos-

-Todou, estás siendo-

-Realista- continuó interrumpiendo mis palabras y esta vez me miró de frente –Por otro lado, si quieres encontrar a Lelouch debes estar dispuesto a sacrificar tu credibilidad y poder como Primer Ministro de Japón, porque nos enfrentamos a un golpe de estado que quiere demostrar lo que tu les vas a dar-

¿Eso era todo? ¿No había una tercera opción que estuviera en medio de ambas? Elegir entre una de las dos cosas que corrían peligro esta noche y con suerte lograr salvar por completo a una ¡Elegir entre mi familia y el país! Todos sabían que podía mandar al caño el país cuando de mis hijos se trataba, pero si no podía proteger más a Lelouch y Nunnally como Primer Ministro de Japón ahora que Britannia sabía que ambos estaban vivos…


Yamagata P.O.V.

Estaba esperando encontrar un caos, probándome completamente equivocado.

Esto era un infierno en la tierra que a duras penas se estaba manteniendo dentro de los límites de la base. Porque no se podía distinguir las fuerzas que apoyaban una causa y las que apoyaban otra. Todos se golpeaban por igual.

Tuve que cubrirme recién pasé la reja de entrada porque una granada había caído a unos cuantos metros de mi ser. La pared que me protegió apenas resistió el impacto desmoronándose en las orillas y quedando completamente cuarteada. Pero los hombres parecían haber escalado por su cuenta en el nivel de hostilidad con el que estaban llevando a cabo esto.

-¡Atrás maldito traidor!-

-¡Esto es una insurrección!-

-¡Estúpido purista, muere!-

A mis oídos no solo llegaba el sonido de las balas, sino también los de confusión y los gritos agonizantes de varios miembros del ejército que me encontraría por el camino.

¿Cómo poner fin a todo esto?

Corrí dentro de una pelea entre cuatro soldados que estaban llevando a cabo a puño limpio en medio de las explosiones. Todos se detuvieron solo por una explosión en las oficinas sobre sus cabezas, pero sería el momento perfecto para intervenir.

-¡¿Qué significa esto?!- rugí. Los cuatro pares de ojos me miraron entre sorprendidos y confundidos.

-¡Levantamiento!- gritó uno de los hombres, señalando a dos de sus compañeros. Sangre salía de su nariz a grandes chorros pero era lavada de inmediato por la lluvia haciéndolo ver peor.

-¡Eso no es cierto!- gritó otro, ese tenía una gran herida en la cabeza. -¡Nosotros defendemos la base!- y un tercer hombre asintió de manera ferviente apoyando las palabras del hombre.

Entonces los cuatro se miraron más confundidos.

-¿Ustedes no están con el levantamiento?- preguntó el cuarto, todos negaron.

Nadie sabía lo que pasaba, solo había sido una chispa de fuego en una habitación llena de pólvora.

-¡Agrúpense!- ordené -¡Así evitarán la confusión y no se separen!- me importaba un comino los rangos y obligaciones del que se me atravesara, pero si estos cuatro comenzaban a armar un grupo de defensa al menos evitarían la vergüenza de golpear a un aliado. Los cuatro asintieron con un grito y corrieron en dirección al mayor caos.

Yo solo sabía que había que detener a quienes hacían que esto se calentara más.

Divisé al hombre que quitaba el seguro de las granadas sin nada de remordimiento antes de lanzarlas. Por costumbre me llevé la mano al cinturón pero no encontré mi arma, así que busqué de inmediato con qué detenerlo. No muy lejos de mi había un cuerpo sin vida en cuya mano seguía aferrada un arma.

Me acerqué a tomarla y sin nada de consideración disparé en dirección al soldado que estaba a punto de lanzar otra granada cuando divisó al grupo que yo recién había reunido.

No veía tan bien con la lluvia pero sabía que al menos le había dado en un punto no tan vital, el karma del asunto es que por la sorpresa de haber sido herido, el soldado soltó la granada en el suelo justo a sus pies y segundos después voló en pedazos.

Estaba asesinando a mis propios hombres.

Pero a pesar de todo no solté el arma en mis manos y me dirigí más a fondo en la base, debía detener esto de una forma o de otra. Era mi culpa, todas las bajas, todas las heridas, todos los gritos de dolor. Dejé que el ejército cayera en esta fase de división y caos al permitir que Sawasaki metiera sus manos con las personas que con el paso de los años fui acomodando en distintos rangos.

Corruptos, puristas, cobardes.

-¡Yamagata-sama!-

Destruyendo el sistema por completo.

-¡Sus órdenes!-

-¡¿Acaso no escucharon?! ¡El Primer Ministro Kururugi destituyó a Yamagata-sama por dañar al Britannian que se la pasa en esta base!-

-¡¿El muchacho Britannian?! ¡Eso es injusticia!-

-¡No merece estar en el puesto, tomemos la base!-

Congelé mis pensamientos ¿Genbu había…?

-¡Yamagata-sama, lo hacemos por usted. Apoyaremos este golpe de estado! ¡Sus órdenes!-

-¡Alto!- ordené.

Había cerca de diez hombres frente a mí diciendo todas esas cosas que taladraron mis oídos cuando todo se reacomodó de manera miserable y me tomé unos minutos para pensar.

No… no era que no lo esperara de Genbu. De hecho eso había tratado de explicarle a Lelouch en una simple carta, que todos mis actos cometidos en los últimos años me llevaban a convertirme en un completo traidor a Japón, sin mencionar que había atacado a Genbu por la espalda cuando más necesitó de ayuda y yo había entregado al propio Lelouch a Sawasaki. Más formas de traicionar a Japón no había. Y dichos actos tenían castigos que mínimamente llevaban a la remoción de mi cargo, ese era el primer punto importante.

Pero aquí veía un nuevo problema surgir que no preví con los años.

Con mi caída, yo… la persona que puso a tanta basura en las filas del ejército especialmente en puestos de control, era más que obvio que todos aquellos hombres corruptos se asustarían y pelearían por permanecer en sus rangos sin importarles los demás. Creando un caos para formar un país donde pudieran seguir en el poder porque tarde que temprano Genbu comenzaría a cazarlos uno por uno, eso cualquier tonto lo sabría.

Pero estos mismos hombres basura estaban utilizando la mentalidad de lealtad de aquellos hombres buenos que quedaban entre las filas gracias a Todou y otros pocos generales, para hacerles creer un hombre como yo, de "impecable" historial y maravilloso servicio a Japón, estaba siendo destituido por Genbu al tratar de defender a Lelouch.

Un Britannian.

Así que el golpe de estado crecía, aquellos agentes buenos en todo esto creían que la pérdida de mi cargo era una injusticia y que Genbu había perdido la cordura, estando a punto de vender Japón a Britannia.

Así que no había resistencia, solo era un ejército vuelto en contra del Primer Ministro.

-¡Escúchenme!- grité -¡Ordeno un alto al fuego! ¡Las cosas no son lo que parecen esto no es una venganza! ¡No hay tal cosa como golpe de estado! ¡Todos dejen pelear!-

El país estaba perdido.

Y si Genbu se aparecía aquí buscando a Lelouch o tratando de defenderse… esto explotaría.

-¡Yamagata-sama! ¡Todos nosotros lo seguiremos!-

-¡Un Primer Ministro que no ve por su país no es un buen gobernante!-

Genbu había hecho más sacrificios que yo por lo que quería.

-¡Dejen de decir esas idioteces!- reprendí y con mis propias manos bajé armas alzadas que se estaban uniendo en un cese al fuego pero solo porque esperaban ir contra el gobierno. -¡No hay nadie más calificado que Genbu Kururugi para dirigir el país y si creen mi palabra, seguirán mis órdenes de inmediato! ¡Alto al fuego por completo!-

Pero fuera de esta base que explotaba en caos seguía presentándose una lluvia de balas confundiendo a los hombres que me estaban escuchando.

¿Quién estaba a cargo de qué? ¿Cuál era la versión correcta? ¿Qué debían seguir?

-¡El Britannian!- alguien gritó y el alma se me salió del cuerpo.

¿Qué…?

-¡ALTO, ALTOO!-

Los hombres que había logrado detener corrieron en una dirección conjunta con sus armas en mano y por algún motivo que me era desconocido la sola palabra Britannian me hacía pensar en Lelouch ¡Cuando yo lo había dejado con Schneizel!

Traté de pasar a mis hombres antes de que llegaran a su destino pero comenzaron a expandirse más gritos en una pelea que se unía solo en pos de la cabeza de lo que no fuese japonés o beneficiara a Japón.

-¡¿Qué les pasa?!- escuché un grito femenino y tras varios empujones más logré llegar al frente del grupo a un patio de ejecución solo porque todos sostenían sus armas sin piedad alguna, apuntando. Sobresalí de la multitud de inmediato levantando ambas manos para que todos me vieran.

-¡ALTO AL FUEGO!- aunque nadie estaba disparando. Pero arrastraban a una joven pelirroja fuera del centro, mientras detenían a otro par de hombres que trataban de ayudarla. Entonces me giré por completo a Lelouch, que estaba parado de manera incierta en el medio de un círculo que lo iba a asesinar.

Pero por primera vez mi fijé en su apariencia.

¿De dónde había salido esa chaqueta blanca?

Con las manos todavía levantadas tratando de detener cualquier acción, me acerqué a Lelouch que solo bajó la cabeza tratando de esconder su rostro con sus mechos empapados. Cuando la mayoría bajó sus armas a la espera de que yo hiciera algo, me permití bajar mis propias manos para poner una en el hombro de Lelouch.

Estaba temblando.

-Soy un Britannian- susurró.

Apenas pude escucharlo con la lluvia. Pero mi interior se derrumbaba al ver todo lo que mis acciones habían causado.

-Schneizel dijo… que Japón me traicionaría-

Puse mi otra mano en su hombro y lo obligué a mirarme. Sus ojos nadaban en dolor y confusión por todo lo que pasaba pero sobre todas las cosas, no había sentido de pertenencia.

-Mira cómo estás vestido- comencé señalando con una mirada el saco que tenía puesto. Creí que estaba consciente de eso hasta que como reacción natural comenzó a sacudirse para quitárselo, pero solo logrando trastabillar un poco en su estado.

Iba a morir aquí de pié.

-Calma Lelouch- lo bajé hasta el suelo para que sus rodillas no tuvieran que soportarlo más, pero una vez ahí solo dejó caer la cabeza aún más, completamente derrotado. Lo solté un momento y me quité mi propio saco verde militar con rapidez para ponérselo encima. No era por protección, tampoco porque estuviera seco, era mi apoyo hacia él frente a todo el que pudiese estar viendo y dejaría clara mi posición aunque muriera en el acto.

Entonces noté la katana que estaba en el suelo junto a Lelouch y mis sentimientos se endurecieron por completo. Sabía que esto había sido un regalo de Genbu para sus hijos por todo lo que podría acontecer en Britannia.

La tomé sin pedirla prestada y me levanté del suelo encarando a los hombres que seguían observando de manera atenta.

-¡¿Por qué demonios están peleando ustedes?!- grité, levantando la katana de manera horizontal a la altura de mi rostro -¡Japoneses peleando entre Japoneses cuando hay cosas más importantes por las cuales ver!- regañé. -¡Japoneses actuando de manera estúpida solo por un rumor!-

-¡Se nos mostró un documento con su destitución, Yamagata-san!- alguien gritó pero con la cantidad de hombres que estaban alrededor ni siquiera supe de dónde vino.

-¡Y por qué no me preguntaron a mí antes de armar este escándalo! ¡¿Acaso me ven peleando o diciendo que es una injusticia?!- continué -¡Hice algo que traicionó al país y por lo tanto merece el castigo adecuado! ¡Soy un hombre para aceptar las consecuencias de mis actos!- entonces cambié el sentido de la katana en mi mano y aunque todavía enfundada, con la punta señalé a alguien que reconocí en la multitud. -¡General Takayama de Chugoto!- los hombres alrededor del mencionado se hicieron a un lado. -¡Cómplice en el crimen de la aceptación de sobornos por rangos de Coronel en su región, será llevado ante la justicia!-

Tan solo terminé de hablar los hombres a su alrededor tumbaron el arma en sus manos y lo sometieron contra el suelo. Cambié la dirección de la katana, sabía muy bien quiénes eran los lastres de mi ejército -¡Teniente Coronel de Ibaraki! ¡Por omisión de sus deberes y desvío de recursos!-

Cuando este segundo hombre fue sometido, pude ver que todos aquellos que tenían algo que esconder frente a mí comenzaron a retroceder de manera notoria entre aquellos hombres que no sabían nada de esto.

-¡Detengan a los traidores!- ordené y en el acto todos aquellos que se habían descubierto a sí mismos la retroceder antes de tiempo fueron sometidos al igual que los primeros dos y el ejército volvía a recuperar un poco de control. En esta base.

Tenía un enorme sistema con cientos de cargos en los cuales debía hacer una inspección mayor para poder deshacerse de personas como ellos, pero no estaba ya completamente seguro de que eso fuese mi obligación. Genbu me había relevado de mi cargo, y eso es algo que todavía no se daba a conocer tal cual era, por eso todos seguían obedeciendo mis palabras.

Solo estaba parado en este lugar porque sabía que debía hacer algo para reparar lo que pudiera del daño que había hecho. Si al menos podía aplacar a este ejército o hacerles entender que lo que pasaría no era nada que no mereciera, no se girarían en contra de Genbu y por coincidente de Todou.

Llevándonos al hundimiento de Japón.

-¡Muere maldito Britannian!- escuché.

Pero había caminado lejos de Lelouch.

Me giré lo más rápido que pude y aún así era una especie de película en cámara lenta. El hombre que había salido de la multitud, corría con una navaja en mano en dirección a Lelouch, pero él no se movía de su punto en el suelo todavía con la mirada clavada en el pavimento, completamente indefenso. Ni siquiera moviéndome lograría llegar a tiempo.

Entonces un disparo interrumpió la tensión de la situación. Miré hacia todos lados buscando el arma levantada, pero no divisé ninguna de inmediato. Solo hombres que observaban sorprendidos cómo el sujeto que había tratado se asesinar a Lelouch, caía sin vida en el suelo. Pero lejos de dejarme tranquilo, al abrirse un poco la lluvia divisé la persona con perfecta puntería parada a más de 20 metros de todos nosotros.

Oh no.

-¡Son Britannian!- alguien gritó y el caos trató de desatarse de nuevo con armas siendo cargadas al instante, pero entonces además del hombre de cabello largo y negro sujeto en una coleta, aparecieron los cinco soldados más jóvenes de Britannia, con sus uniformes idénticos y armas también levantadas a manera de defensa, sin mencionar al sujeto de la cicatriz en el rostro.

Levanté mis manos para que detuvieran cualquier cosa que estuvieran por hacer pero esto no era nada bueno.

-¡Príncipe Lelouch!-

Oh…maldito reconocimiento.

Murmullos comenzaron a levantarse cuando el hombre de cabello negro gritó y se acercó al joven el suelo casi al mismo tiempo que yo lo hice. La guardia de todos los Britannian se tensó esperando cualquier disparo de los japoneses para al menos morir en el intento protegiendo a alguien, su número siendo rebasado por decenas más. Esto no ayudaba mis palabras. Pero cuando ambos llegamos a Lelouch, otro par de personas se atrevieron a salir de las sombras.

El príncipe Schneizel.

Me quedé con la palabra en la boca a punto de decir que abrieran fuego. Que asesinaran al Primer Ministro de Britannia porque mi mente pronto conectó los hechos.

Entre la insistencia de volver al Imperio y las falsas palabras de dejar al pobre muchacho elegir, le había jugado bajo armando toda esta escena para evidenciarlo frente a quienes podrían juzgarlo. Poniéndole un saco que lo hacía lucir por completo como un Britannian, dejándolo andar en las calles en su condición, mandando una guardia tras él haciéndolo ver como si tuviera cómplices que lo ayudaban. Gritando un título que realmente ni siquiera existía en la mente de este muchacho y por último haciendo su aparición de hermano amoroso.

No era el único que pensaba eso.

Lelouch se levantó del suelo de un solo y bastante estable movimiento, tomó la katana de mis manos y pasando al hombre de cabellos negros se fue directamente sobre Schneizel, desenfundando la katana con un su característico sonido de peligrosidad y poniendo de manera estable la hoja contra el cuello del rubio.

Schneizel alzó las manos en rendición. La guardia del príncipe se tensó al no saber lo que pasaba.

-¡¿Lelouch estás demente?!- el grito de la bruja de Britannia tensó a mis hombres que de solo reconocerla también levantaron sus armas impidiendo que diera un paso más de donde estaba, todavía a varios metros de nosotros, pero lo importante era solo lo que tenía cerca.

-No me harías daño, Lelouch. Soy tu hermano mayor- Schneizel habló de manera calmada y muy confiado de sus palabras. Lelouch apretó más la hoja contra el cuello del hombre haciendo una leve línea de sangre aparecer, antes de ser borrada por la misma agua de lluvia.

-¡No presumas de conocerme!- gritó Lelouch, podía sentir la desesperación de su voz -¡No te atrevas a decirme lo que debo o no debo hacer! ¡O a dónde ir!-

Traté de moverme de mi punto para calmarlo, pero el hombre de cabello negro me apuntó con un arma deteniéndome por completo.

-¡Lelouch aleja esa espada de Schneizel!- gritó Cornelia desde su lugar, todavía inmóvil -¡Te han lavado el cerebro! ¡Eres un príncipe, maldición!-

-¡No lo soy!- lloró, bajando momentáneamente la katana del cuello de Schneizel, el rubio lo aprovechó por completo. Con su mano tomó la mano lastimada de Lelouch y lo apretó de manera fuerte para que soltara la espada, cayendo al suelo con un infernal sonido. Después tomó la otra mano de Lelouch con la que el joven intentó golpearlo y en menos de dos segundos lo tenía sujeto.

-¡Suéltelo!-

No fui yo el que gritó, aunque mis pensamientos pidieron lo mismo de manera sincronizada. Los ojos de todos buscaron al responsable de las palabras y de entre la multitud salió el General Kyochi de Shikoku. Parpadeé confundido en un inicio hasta que vi la dura expresión de mi general dirigiendo sus palabras al rubio.

-¡Suelte al muchacho!- advirtió de nuevo levantando su propia arma y apuntando como ultimátum.

Solo un disparo podía desatar la muerte de todos los presentes.

-Ahora- concluyó mientras caminaba hacia adelante y al centro del gran círculo con el resto, pero en eso salió otro de los hombres del fondo de la multitud.

-¡Kyochi no baka!- le gritó tratando de detenerlo de un brazo, un coronel según su uniforme. -¡Te van a matar ¿Por qué defiendes un Britannian?!-

Otro argumento en medio de esta lluvia.

-¡Es un muchacho y es legítimamente el Coronel de la Región de Kanto, protegido directamente por el General Kyoshiro y el Ministro de Defensa Hatori Yamagata! ¡¿En qué punto crees que eso es una amenaza?!-

Me gustaba su manera de expresarse, pero temía que Kyochi tampoco pudiera hacer a este ejército entender las prioridades que se nos presentaban.

-¡No me importa todo lo que ustedes estén diciendo, es mi hermano y lo sacaré de este país de inmediato!- la bruja de Britannia sacó un par de armas detrás de su espalda y las levantó al igual que todos, volviendo a callar la situación -¡Schneizel, trae a Lelouch!-

Di otro medio paso en dirección de ellos sintiendo el arma del hombre de coleta seguirme.

-¡No lo llevarán a ningún lado!- peleé esta vez por mi cuenta -¡No si él no quiere!-

Lelouch se retorcía en el agarre de su hermano mayor sin mucho éxito, podía ver cómo le era cada vez más difícil respirar y si esto no se resolvía de una vez por todas nada acabaría bien.

El ejército que esperaba mis órdenes comenzaba a tomar sus propias decisiones, apuntando sus armas a los Britannian en apoyo a las palabras de Kyochi y las mías, aunque otros permanecían como simple testigos visuales.

-¿Ves lo que causas, Lelouch?- escuché a Schneizel susurrar a pocos pasos de mí sosteniendo todavía las manos de su hermano menor. Enarqué una ceja completamente confundido. –Estás destruyendo un ejército extranjero con tu sola presencia-

-Deja al muchacho en paz- le advertí al rubio que me miró de manera levemente sorprendida al estarle reclamando sus palabras.

-¿Acaso no es cierto? ¿No están en problemas por eso?- subió de tono sus palabras –No es justo ni para ustedes ni para nosotros el estar metidos en este problema a causa de un pieza en el lado equivocado del tablero- declaró. –Así que solo ofrezco marcharnos complemente en paz si retiran sus armas y me llevaré a mi hermano conmigo para que no cause más problemas-

Lelouch trató de sacudirse de Schneizel nuevamente esta vez terminando en el suelo de rodillas y debido a esto el rubio lo soltó por completo solo porque no podía moverse más.

-¡No estoy del lado equivocado!- reclamó levantando su cabeza de rodillas a los pies de Schneizel, con una mano se tomaba de su pantalón para que le prestara atención, el príncipe bajó la mirada levemente -¡Britannia está mal! ¡Britannia es un maldito Imperio…!-

Schneizel dobló sus rodillas hasta quedar casi a la altura de Lelouch y con ambas manos en su rostro trató de callarlo.

-Lo sé, Lelouch, lo sé. Sé que todo lo que dices es cierto pero no ayudas en nada estando aquí, metiendo a un país en problemas consigo mismo-

Yo…

-Aquí no te aceptarán nunca por lo que eres, volvamos a casa-

-Oh Primer Ministro Scheneizel ¿Se encuentra seguro de sus palabras?-

Levanté la vista ante la inusual voz, pasando a Schneizel, detrás de Cornelia, apenas superando la guardia de Britannia que se puso más nerviosa estaban las cuatro espadas sagradas.

Imponentes en su forma. La fuerza élite japonesa.

Con su título bien merecido.

Me encontré aliviado y algo nervioso al mismo tiempo. Si ellos estaban aquí significaba que Todou no tardaba en llegar y por coincidente Genbu, a ninguno podía ver a la cara y menos aún en esta situación. Pero Senba salió un paso del grupo y con una sonrisa bastante confiada siguió retando las palabras de Schneizel.

-Yo me encuentro muy cómodo con la presencia cercana de este muchacho- puso una mano en su katana descansando su postura –De hecho duermo más seguro desde que ese muchacho se ha encargado de fortalecer nuestras defensas- estaba hablando para que todos lo escucharan.

Sonreí para mí mismo.

-¿Ne, Ouji-chan?- alargó una mano en dirección de Lelouch y él se levantó de inmediato tratando de ir hacia ellos, pero Schneizel se aferró de nuevo a su mano deteniéndolo de un tirón.

-¿Vas a hundir al país por tu cuenta, Lelouch?- expresó. –Tienes que volver a casa con Cornelia y conmigo para acabar esto o seguirás forzando la mano de Japón- sentenció.

-Lo único que quiero que se destruya es el maldito imperio al que te empeñas en llamar hogar, Schneizel- siseó Lelouch halando de su propia mano sin éxito alguno -¡Déjame ir!-

-¿Solo porque un solo japonés dice que es lo mejor? No veo que los demás estén de acuerdo- bramó Cornelia pasando entre las cuatro espadas y acercándose más a Schneizel.

Pero entonces Asahina salió de entre el grupo y con un dedo tocó un par de veces el hombro de la princesa. Ella se vio espantada al inicio antes de gruñir a modo de pregunta.

-No es un japonés- contabilizó el joven soldado con una sonrisa –Somos las cuatro espadas sagradas, quienes queremos que Lelouch-kun permanezca aquí-

-Cinco japoneses- alguien gritó, Kyochi llamó de nuevo la atención de todos nosotros y puso su arma en el suelo como señal pacífica de su petición. Entonces un movimiento de otro lado llamó mi atención y la joven pelirroja que vi que habían jalado fuera de la multitud al inicio volvió a hacerse presente con la misma decisión de todos.

Ni siquiera sabía de dónde había salido, pero tres sujetos más pronto se le unieron poniendo sus armas en el suelo.

Nueve.

Me crucé de brazos mostrando mi apoyo.

Diez.

Entonces hubo leves movimientos entre todos los presentes y el sonido de armas siendo puestas en el suelo se escuchaba muy por encima de la lluvia que ya se calmaba un poco más. Los soldados de la base comenzaban a desarmarse ante la mirada sorprendida de la princesa Cornelia y el entrecejo junto de Schneizel. Todo de manera lenta hasta que el ejército japonés estaba de pié, sin armas y unidos por una sola causa que ni siquiera tenían idea de lo que era pero si la persona correcta lo hacía, entonces todos lo imitaban.

Porque había ejemplos a seguir.

Lelouch sacudió la mano de Schneizel con un solo jalón y aunque no estaba personalmente convencido de la aparente muestra de lealtad, se permitió restregarlo en el rostro del rubio mientras podía.

-Sé que ni la cuarta parte de ellos me conoce y mucho menos cree en mí- declaró pero el rubio solo juntó los labios en una línea tensa –Pero a pesar de eso, los japoneses tienen bases que Britannia no tiene y es que una causa mayor puede unir muchas diferencias. Así como todos ellos tomaron una decisión a ciegas en este momento, yo decidí por mí mismo hace siete años que le devolvería a este país todo lo que me ha dado- empujó al rubio con ambas manos lo más fuerte que pudo, moviéndolo apenas medio paso -¡Un lugar que no es Britannia!-

Entonces de manera furiosa bajó de nuevo sus manos hasta su estómago y comenzó a deshacer los botones de su pijama escondido entre las capas de sacos, finalmente dando con algo. No podía ver nada, creo que nadie con esta lluvia. Pero para Schneizel que estaba lo suficientemente cerca de Lelouch, retuvo el aliento de manera violenta y abrió los ojos horrorizado. Cornelia se acercó aún más para ver qué le causaba tanto alboroto al rubio y al ver lo que todos ignorábamos también se llevó una mano a la boca tratando de suprimir su sorpresa.

-Lelouch…-

-Un regalo de nuestro padre- siseó de manera venenosa antes de volver a cubrirse y yo no sabía qué era pero me hacía sentirme mal por defecto.

Creí que todo había acabado cuando nadie más dijo nada o hizo un movimiento. De hecho el hombre de la cicatriz se movió nervioso en su posición esperando las órdenes de los príncipes. Las cuatro espadas mirando atentamente todo, esperando la menor traición para actuar. Schneizel asintió levemente y la guardia de Britannia bajó sus armas de manera lenta.

-No me iré sin antes haber hablado esto más a fondo contigo, Lelouch- advirtió el rubio tomando su propio camino y poniendo una de sus manos en la espalda de Cornelia que de manera reticente lo acompañó, su vista llena de culpa no quería apartarse de Lelouch un solo segundo, pero apenas pudieron unirse al resto de los Britannian cuando alguien comenzó a empujar su paso entre la multitud. Pude ver a nuestros soldados quejándose por la manera poco ortodoxa de alguien para llegar al frente.

Aunque cuando la persona saltó a la vista no fue lo mejor del mundo, para su propia integridad.

-¡¿Qué hay de los japoneses que no queremos a Vi Britannia en este país?!- gritó Sawasaki mostrándose maltrecho frente a todos. Pero pasó algo incluso más increíble que lo que había visto antes, Lelouch retrocedió un par de pasos casi llegando hasta mí.

¿Lejos de Sawasaki?

Entonces lo vi agacharse para recoger su katana e ir tras el hombre, alcancé a detenerlo de un brazo. Eso lo explicaba todo.

Las cuatro espadas reaccionaron de su seriedad inicial yéndose sobre el hombre, culpándose los unos a los otros por algo que me era desconocido. Pero el hombre dio algunos pasos lejos de los cuatro soldados que se le acercaban de manera nada amigable, y sacó un arma de su pantalón.

Maldito bastardo. Era todo lo que podía pensar en el momento en que levantaba su arma, jalé fuerte del brazo de Lelouch haciéndolo perder el equilibrio con el rápido giro pero lo sostuve de la misma manera casi esperando lo inevitable. Mis oídos contaron el número de los disparos, Sawasaki vació su arma por completo antes de ser tacleado entre gritos de reclamo y furia.

Pude sentir algo clavándose por mi espalda, de manera lenta y caliente abriéndose paso hasta el frente. Luego una de mis piernas era desconectada de mi cuerpo por otra lenta y agonizante entrada de proyectil. Entonces algo se enterró a la altura de mi hombro y todo mi cuerpo comentó a calentarse por igual.

La lluvia no lograba más que lavar una cantidad impresionante de sangre que salía por mis ropas. Aún así seguía de pié, preguntándome cuándo le llegaría la realización a mi cerebro de que quizás estaba muriendo o era el hecho de que lo esperaba sin ningún remordimiento lo cual me tenía por completo de manera pacífica.

Aunque recordé un pequeño detalle. Deshice la tensión en mis brazos a pesar de los rostros que se acercaban completamente aterrados a mí alrededor.

-¿L-Lelouch?- bajé la mirada confundido, porque me había asegurado de no dejar que Sawasaki lograra su cometido. Pero al despegar un poco más mis brazos me di cuenta de que yo había estado sosteniendo a Lelouch por completo, su cabeza cayó sin fuerza hacia atrás en mi antebrazo y tenía los ojos cerrados.

No. . .

-¡Urabe, Asahina!- grité, que alguien me hiciera caso en todo esta infernal situación. -¡Senba!-

Todos menos ellos se acercaban pero nadie que pudiera ayudarme. El círculo de soldados se cerró preocupado pero yo no alcanzaba a divisar a ninguna de las cuatro espadas, se las veían difícil para atravesar a la multitud. Bajé la vista de nuevo y Lelouch no reaccionaba ni siquiera con el agua azotando su rostro.

Entonces podía sentir mi pierna falsear perdiendo por completo su fuerza.

-¡Yamagata-sama!-

Vacíe mi mente y traté de reactivarla.

-¡Pidan ayuda!-

-¡Consigan un doctor!-

Esperen, yo no era para nada importante. Solo era un traidor.

Alguien trató de jalar a Lelouch de mis brazos y me negué hasta que una voz cobró sentido sobre todas las demás, identificando un rostro. Bueno, de todas las personas con las que no quería encontrarme.

-Genbu…-

Esto se veía mal.

Verlo a la cara después de todo lo que había hecho.

-Hatori-

Bueno, lo vería a la cara si no estuviera todo tan borroso. La lluvia me hacía ver visiones ¿Por qué no estaba a punto de asesinarme?

-¡Hatori!- me dio una fuerte bofetada en el rostro que me devolvió a mis sentidos, dejando a los que estaban alrededor completamente sorprendidos. –!Enfócate y no te atrevas a dejarme con tu maldito puesto!- me advirtió.

Pero todo se fundió a negro con el resto de mis pensamientos.


WAW! ME AMO :3 y quiero matar a Schneizel o algo parecido al mismo tiempo que puedo amar al ministro de Defensa y darle su merecido a quien lo merece.

¿Que ya fue todo para Sawasaki? Claro que no muchachos, es más, espero que en el próximo capítulo siga pagando caro sus faltas, o quizás en el que le sigue pero esto no se acabará hasta que el pez cante n.n

¿SUGERENCIAS, DESEOS O FELICITACIONES/RECLAMOS?

anysuzuki

Alimenten a la musa con reviews :D