Beyond of Times
by
Aline S.V
Disclaimer: Los personajes de Inuyasha son propiedad de la maestra Takahashi, yo sólo los he tomado prestados.
Capítulo XXIX: VISA and university
Un largo suspiro se escapó de mi boca, mis piernas temblaban como gelatina mientras buscaba apoyo en la pared más cercana. Estaba sola, Inuyasha no había podido venir conmigo por el trabajo, mis tíos estaban ocupados, Heiji en la escuela; los demás postulando en otras universidades.
Nunca, nunca, nunca… pensé que tendría que venir sola. Y la cola que había antes de mi turno a la entrevista era muy larga, me iba a morir del puro nervio. De pronto, mi celular sonó con ganas en mi bolso y al sacarlo, el pequeño bajón que tenía desapareció, siendo reemplazado por el júbilo.
― ¡Shippou! ―exclamé. Algunos se me quedaron mirando por mi repentino grito, al tiempo que escuchaba risas del otro lado de la línea. Él me saludó en un fluido japonés, aunque aún no me acostumbraba al nuevo timbre de su voz, uno mucho más masculino que al del niño que conocí.
―Papá dijo que hoy tendrías la entrevista―comenzó―no sabía a qué hora llamar, ¿ahora es un buen tiempo?
―Aunque no lo creas, sí lo es―sonreí―no sabes cuán nerviosa estoy.
―Me lo imagino, cuando estudié Ingeniería y me senté frente al director de carrera, estaba vuelto loco por dentro―una amarga sonrisa se dibujó en mi rostro, había perdido tantos momentos, me había perdido el ver crecer a mi hijo, sólo por mi indecisión y por mi miedo.
―Debió ser difícil―musité.
―Ni tanto, después del primer intercambio de palabras, sólo tienes que ser tú misma y ya está―reí quedamente ante su despreocupación.
―Lo tendré presente―comenté mientras me corría un puesto y le hacía una mueca al chico que tenía delante y que, sin ningún tipo de recato, me escuchaba hablar en japonés como si fuera un bicho raro― ¿tienes algún problema? ―fruncí el ceño, apartando un poco el teléfono de mi oreja, el chico dio un brinco y miró hacia otra dirección.
― ¿Qué fue eso? ―escuché la voz amortiguada de Shippou, entonces volví a acercar el celular a mi oreja.
―Lo siento, un entrometido―me excusé. Shippou rió un poco― ¿y cómo está Rin?
―Rin está perfecta―comentó―está estudiando cocina tradicional sueca. Se gradúa en una semana si es que no falla en la última entrega―sorprendida, balbuceé algo inentendible.
― ¿Enserio? Vaya, no sabía que a ella le gustara cocinar― Shippou volvió a reír.
―No le gustaba, de hecho, era yo el que cocinaba―una nueva exclamación de sorpresa lo hizo reír―pero hace unos diez años, cuando vivíamos en Japón, luego de que casi muriera intoxicado, la obligué a entrar a un curso y ahora se le ha pegado el bichito. ¡No me deja acercarme ni siquiera a la cocina!
―Bueno, Rin siempre fue una muchacha decidida cuando algo se le mete a la cabeza.
―Decidida le queda corto, terca es un apelativo más apropiado―del otro lado, se escuchó un estruendo metálico, como el de una olla que cae al suelo― ¡cariño! ―exclamó Shippou de pronto y otro golpe se sintió.
― ¿Shippou, qué sucede? ―musité.
― ¡Maltrato intrafamiliar! ―gritó entre risas― ¡Rin, aunque intentes con todas tus fuerzas, los golpes que me des no me dolerán!
―Oh, dios mío―suspiró.
―Mamá, debo colgar―rió―tengo una esposa furiosa de este lado a la cual calmar antes de que termine lanzándome la sopa a la cabeza.
Acto seguido, la línea se cortó y tuve que aguantarme el estallar en risas. Había visto a Rin muchas veces antes, y era una muchachita muy despierta y enérgica, sin embargo… esto salía a todos los cánones en la que la tenía puesta.
Cuando miré de nuevo la pantalla del celular, un mensaje de texto había llegado. Sonreí quedamente al ver el nombre del remitente y me lamenté el haber estado ha blando por teléfono, porque era probable que Inuyasha hubiera llamado y tendría que haber encontrado la línea ocupada.
El texto decía: Todo saldrá bien. Te veré pronto, compañera. Te quiero.
Reí suavemente, para consternación de las personas que estaban a mi lado, pero no importó, porque no había podido evitar pensar en Inuyasha rojo como un tomate intentando escribir las últimas dos palabras. Porque sí, Inuyasha seguía teniendo tanto tacto como una piedra en ciertas situaciones.
Con malicia, mis dedos se movieron por sobre las teclas sólo para escribir una simple frasecita: Yo te amo también. Y lo envié, regodeándome en mi puesto de tan sólo pensar en la cara que pondría Inuyasha al recibirlo.
En un ínfimo momento, vi las partículas de polvo suspendidas en el aire, iluminadas por el sol de primavera que brillaba afuera y que destilaba seguridad y alegría, más una tranquilidad que en ese exacto segundo, en que el retumbar de mi corazón se oían en mis oídos, no tenía. La puerta tallada estaba frente a mí, adentro se oían las voces de la persona que venía delante de mí en la fila y la de un hombre, cuyo timbre de voz era tan grave que llegaba a darme escalofríos.
Era un manojo de nervios, una gelatina andante; una gallina en una pata, un perro aporreado y una oveja con cara de cordero degollado. Sí, todo al mismo tiempo. Y es que si esto no terminaba pronto, iba a terminar corriendo al baño a orinar de susto a vomitar de nerviosismo.
¡Kagome, estás jodida!
No puedo creer que me enfrentara a monstruos más temibles que un director de carrera y no me hubiera dado ni un ápice de miedo y ahora estuviera aquí, ¡deseando que me tragara la tierra para no tener que entrar a esa oficina!
¡Se está abriendo, se está abriendo!, ¡Oh, por Dios, la puerta se está abriendo!
El chico que venía delante de mí, sí; ese mismo que paró la oreja para escuchar mi conversación, aunque seguramente no entendiera nada, salió del despacho más blanco que una hoja de papel y yo no pude evitar tragar en seco. Mis manos volaron a mi estómago por contención.
―Que pase el siguiente―se escuchó desde dentro.
¡Por todos los seres sobrenaturales del mundo, por favor, no permitan que me vaya mal!
Inuyasha me asió a su pecho con dulzura, quedando mi espalda apegada a él. Suspiré nuevamente y él acarició mi cabello en respuesta, enredando una mano en él y hundiendo su nariz para aspirar como solía hacer desde siempre.
―No pienses más en eso―susurró en mi oído.
―Lo siento, es sólo que estoy todavía un poco nerviosa―miré fijamente hacia la ventana, los rayos de la luna se colaban por ella, dejando a mi habitación en penumbras.
―Keiko dijo que debías tranquilizarte y está en lo cierto―volvió a suspirar―no ganas nada con estresarte de esa manera, tienes una semana entera por delante.
Me removí un poco entre sus brazos, antes de asentir.
―Duerme un poco, tonta―me dijo y su calor me embotó los sentidos, haciéndome caer en un agradable sueño.
Los nueve nos sentamos en medio de mi habitación, la chispa de la ansiedad brillaba en nuestros ojos y la respiración se nos dificultaba mientras nos tirábamos la pelota para ver quién abrir su sobre primero. Finalmente, Keiko alzó su mano y abrió su cobre blanco de súbito.
Conteniendo la respiración, la vi leer a una velocidad anormal el sobre, cuando segundos después salió corriendo escaleras abajo, gritando que los había logrado, con tal emoción que nos sacó unos cuantos respingos. Abajo se escuchó la alegría de mis tíos y sus risas nerviosa.
―Creo que fue un impulso―reí nerviosamente. El resto asintió con la misma sonrisa boba antes de volver a girarse en sus sobres.
― ¿Quién va ahora? ―preguntó Leila, sofocada. Su hermano se removió un poco y apretó su pantalón. Se estaba poniendo pálido.
―Yo―Inuyasha me miró un segundo, yo le sonreí para darle un poco de valor mientras él abría el sobre con el aliento contenido―lee―me dijo mientras extendía el contenido doblado. Lo tomé sin mucha parsimonia y lo abrí sin mucho cuidado.
―Estimado Caleb Kimura…
―Ve al grano, mujer―gruñó. Le miré feo un segundo antes de volverme al contenido y saltarme todo el protocolo basura.
―Le damos la bienvenida como alumno de primer año de Ciencias Políticas en nuestra respetable Universidad de Toronto―recité. Inuyasha respiró hondo.
― ¡Ja, lo sabía! ―se regodeó.
―Sí, claro que lo sabías―dije sarcásticamente.
―Tanto que estabas que te meabas encima―comentó Samuel. Steve se aguantó las ganas de reír.
―Bueno, como Kagome te leyó la tuya, tú lee la de ella―sugirió.
― ¡No, no estoy lista! ―exclamé.
―No lo estarás nunca entonces―Inuyasha me arrancó el sobre de las manos, provocando que me quejara mientras él lo abría y sacaba el contenido, lo desdoblaba y leía.
― ¡Caleb! ―exclamé cuando ya íbamos por el minuto, sin que él sacara su expresión vacía― ¡quiero saberlo ahora, si no quedé, bien, pero no me hagas esto!
―Kag…―musitó suavemente. Instintivamente, comencé a temblar y el resto no tardó en deshacerse en palabras de lamento por mi causa.
―No quedé―musité, los ojos me picaron de inmediato e Inuyasha comenzó a ponerse pálido cuando las primeras lágrimas asomaron.
― ¡No! ―exclamó él― ¡¿maldita sea, mujer, por qué tienes que ponerte a llorar? ―yo lo miré furiosa.
― ¡¿Te parece poco? ―le grité― ¡más encima, ni te dignas en decírmelo de lleno!
― ¡Maldición, era una broma, una maldita broma! ―exclamó― ¡sí quedaste! ―luego agregó: ―si hubiera sabido que te pondrías a llorar, no lo hago. ¡Mujeres!
―Tú… ¡maldito! ―lo tomé por el cuello de la camiseta y lo zarandeé con lo mejor de mi fuerza, aunque no tuve tanto éxito. Inuyasha se encogió en su puesto― ¡¿sabes el susto que me has dado? , ¡No tenía ningún plan B, era ir a la universidad de Toronto sí o sí!
―Perdona―musitó.
― ¡Perdona, perdona! ―grité indignada mientras me levantaba― ¡si tuvieras el collar, te haría morder el polvo ahora mismo! ―roja por la furia, volví a sentarme, quitándole de paso el papel y leyéndolo. Mi habitación estaba en silencio, los gemelos; Alessa, Suzanne, Blake y Steve nos miraban con los ojos desorbitados―lo siento―musité mientras releía, por segunda vez, la carta.
―Kagome―musitó Inuyasha.
―No me hables, déjame calmarme―gruñí. Él, sin embargo, se me acercó un poco más, rodeándome con sus brazos, podía imaginar su cara de cachorro arrepentido, pero no hice ningún ademán en devolverle el gesto.
―Estamos todos muy nerviosos, Kagome―habló Alessa. Inuyasha tenía oculto su rostro en mi cuello, su respiración me producía cosquillas en esa zona―todo está bien, la situación no es para… alterarse tanto―continuó.
Respiré hondo, ella tenía razón en buena medida.
―Además, Caleb se disculpó ya―concilió Suzanne.
―Lo que pasa es que Caleb no sabe cuándo es un momento adecuado para hacer una broma. A veces es un idiota desubicado―agregó Blake. Inuyasha gruñó en mi cuello, provocándome un escalofrío.
―Ya, está bien―suspiré―lamento haberme enojado de esa forma, sólo no me encontraste en el mejor momento.
Entonces recibí un lametón, alto tan propio en su naturaleza perruna, que me hizo sonrojar. Inuyasha suspiró en mi cuello e imaginé la sonrisa de alivio que tendría en su rostro. Alivio porque la monstruosa Kagome se hubiera calmado.
―Estaba un poco nerviosa porque este es mi boleto para quedarme en Canadá―admití. Los chicos parpadearon―con esto puedo ir a renovar mi VISA de estudiante.
―Kagome…―Keiko se asomó con la cara roja por la puerta― ¿y? ―preguntó, mirando mis manos ocupadas. Ella se sentó a mi lado.
―Quedé―solté trémulamente.
Ella sonrió también.
―Mamá se pondrá feliz cuando lo sepa, y mis tíos también―agregué.
Inuyasha besó mi mejilla repentinamente y me siguió abrazando. Él era un tonto, ¿cómo se le ocurría hacerme semejante broma cuando sabía de antemano que era la única opción que tenía, que si no quedaba, era probable que tuviera que volver a Japón?
―Tranquila, compañera, estaremos juntos siempre―me susurró. Y yo agradecía que así fuera, no podría soportar pasar años sin él de nuevo.
― ¿Quién sigue? ―dije entonces y la habitación se sumió en el nerviosismo que antes había predominado.
―Yo―dijo Blake, ahogado, y el resto volvió a sudar y a contener el aliento.
Sábado 24 de Septiembre, 23: 58 hrs.
Y este es el último capítulo de transición, en el próximo capítulo empieza la última parte de la historia. Se titulará Return to Japan.
Quería también pedir disculpas por tardar tanto en actualizar, mi musa es inestable y a veces la inspiración no me llega o tengo las palabras atascadas en mi cabeza sin lograr ordenarse. Espero que les haya gustado, hasta la próxima actualización.
