Veintiocho.

En el invierno viajaremos en un vagón de tren
con asientos azules.
Seremos felices. Habrá un nido de besos
oculto en los rincones.

Sueño para el invierno/ Rimbaud.

190.- Cuidando de ti.

Conciliar el sueño la estaba costando trabajo. Demasiadas emociones para guardarlas en el armario del autocontrol. Escuchó unos pasos y luego el toquido inseguro de la puerta. No necesitó muchas pistas para averiguar de quién se trataba. Dudó en dejarlo pasar, pero lanzando un bufido resignado, murmuró – adelante – desde su cama.

Sus sospechas quedaron confirmadas al ver una cabeza pelirroja asomarse con cautela – Hermione, ¿aún no duermes?

- Es evidente que no, Ronald. – Hermione estaba curiosa de saber las razones de Ron para estar ahí, a esa hora. Lo vio pasar arrastrando algunas mantas y abrazando una almohada. Oh, no, claro que no. Ron no pasaría la noche ahí, en su habitación. Bajo ninguna circunstancia. - ¿Se puede saber qué estás haciendo? – Inquirió, observando cómo improvisaba un lecho junto a su cama.

- Preparándome para dormir, eso es lo que hago.

- ¡Claro qué no, Ronald! ¡Esto no es correcto!

Ron se detuvo, con una sonrisa maliciosa, preguntó - ¿no es correcto? ¿Qué estás pensando Hermione?

Muy a su pesar, el rostro de Hermione, enrojeció, cruzó los brazos y volvió el rostro. – Nada, no estoy pensando nada, pero no es correcto, recuerda que estoy comprometida y esto…

- Pero yo dormiré en el suelo, al menos, claro… - Hermione vio con horror cómo Ron trepaba por su cama, gateando, acercándose, hasta quedar muy cerca de ella. Hermione, por reflejo, se replegó contra la cabecera. - … que tú estés pensando otra cosa.

Hermione abrió los ojos, asustada, mientras sus mejillas ardían terriblemente. Ron se acercó aún más. El pecho de Hermione se agitó y cerró los ojos. Esperó el impacto. Nada. Una risita. Hermione abrió los ojos, confundida, a tiempo de ver a Ron sonreír divertido, mientras se bajaba de la cama.

- Dormiré en el suelo – le dijo – no confío mucho en ti.

Su confusión dio paso al enojo. Se envolvió en las mantas antes de asesinar a ese pelirrojo por petulante. – Apaga la luz – le ordenó molesta. Ron obedeció sin dejar de reírse.

Intentó dormir. Imposible. No podía hacerlo. Trató de poner su mente en blanco. Y algo la perturbó. Abrió los ojos, intentando adaptarlos a la oscuridad. Sin saber por qué, sintió miedo. Percibía algo siniestro en el ambiente. - ¿Ron? – murmuró asustada, asomándose por encima de la cama. Ron estaba de espaldas.

- Duerme Hermione. Yo vigilaré. – Dijo sin darse la vuelta. Por eso estaba ahí, para cuidarla. Su mirada se enterneció. Tonto Ron, ¿cómo podía, a estas alturas, hacerle sentir tantas cosas?

191.- Una agradable sorpresa.

El ajetreo comenzó a primera hora. A pesar de que serían sólo un par de días en Hogwarts, los preparativos estaban resultando un poco estresantes. Hermione, para no perder la costumbre, no quería dejar ni un cabo suelto.

- ¿Libros? ¿Para qué rayos necesitas libros en Hogwarts? – Le preguntó Ron con una mueca horrorizada.

- No podemos tomarnos las cosas tan a la ligera, o bueno, quizás tu si puedas. - Agregó Hermione con aspereza – pero algunos en verdad estamos preocupados por resolver pronto el misterio de la epidemia.

- Eres imposible – le dijo Ron rodando los ojos y sentándose frustrado, frente a la chimenea, de pronto, un chisporroteo llamó la atención de los cuatro magos. Unas chispas y un rostro apareció entre la ceniza, era Neville.

- ¡Hola Neville! - Le saludó Luna con esa voz tan suya.

- ¿Ya listos para el viaje? – preguntó el mago con el rostro que nunca dejaría de ser simpático.

- Sí, en cuánto Hermione termine de empacar la biblioteca. – Apuntó Ron con sorna. Neville lanzó una carcajada.

- Vaya, parece como si el tiempo no hubiera pasado, al menos no para ustedes, siguen peleando cómo en nuestras épocas de escuela.

- Eso es por qué Ron no madura – señaló Hermione con altivez.

Ron le dedicó una mirada extraña, muy fija. Y en lugar de contraatacar, sonrió.- Todavía recuerdo cuando tomábamos el expresso para ir a Hogwarts – rememoró con nostalgia.

La mirada de Neville, en medio de las cenizas, se llenó de una genuina chispa de alegría. – Oh, tal vez yo podría ayudarlos a que volvieran a vivir esos momentos.

- ¿Cómo?

- Puedo pedir como favor especial que el expresso los traiga a Hogwarts, me deben un favor especial y no creo que me lo nieguen.

- ¡Neville! ¡Eso sería maravilloso! – Comentó Hermione muy emocionada.

- Tómenlo como un regalo de bienvenida… entonces los espero.

Todos asintieron felices y emocionados. La luz de la chimenea poco a poco se fue extinguiendo.

192.- De vuelta a la realidad.

- ¡Antoine!

El abrazo brindado por sus amigos fue lo suficientemente efusivo para que Antoine sintiera una calidez acogedora en su pecho - ¡Fabrice! ¡Josephine! – Exclamó sus nombres sintiendo un oasis de realidad.- ¡Qué gusto verlos!

- Lo dices cómo si hubieran pasado años – Josephine lucía divertida – vaya, hasta parece que has crecido.

- Nuestro niño creció, Josephine – agregó Fabrice siguiendo el juego con picardía.

- Par de granujas – recriminó Antoine con una sonrisa – son los mejores – concluyó. La exposición sería al día siguiente y gracias a ellos él estaría presente. Cómodamente, en su casa, los había recibido para ultimar detalles. Sirvió un poco de vino con unos bocadillos y les ofreció.

Hablaron y acordaron, sin embargo, el tema de dónde había estado no podía faltar.

- Así que Londres, ¡wow! Ni siquiera te despediste. El amor te ha pegado fuerte- aventuró Josephine pensativa.

- ¿Y nos dirás que fuiste a hacer a Londres, aparte de seguir a tu novia, y encima de todo quedarte incomunicado? ¡No podía contactarte! Estaba pensando seriamente en mandarte una paloma mensajera.

¿Cómo comenzar? Todo era tan surrealista. Antoine estaba tentado en comenzar su relato con el conocido "érase una vez". Vaya broma. – Hermione tuvo que ir a una convención, después encontró a unos amigos del colegio y bueno, decidimos convivir con ellos e ir a Londres.

- ¿Y cómo son? Los amigos de tu novia. – Quiso saber Josephine, como muestra de cortesía.

- Pues… son interesantes, diría yo.

- ¿Se dedican al arte? – Ahora era el turno de Fabrice de mostrar curiosidad.

- Al arte del misterio.

- ¿Escriben novelas?

Antoine lanzó una carcajada. – No, sólo bromeaba, son personas comunes y corrientes con trabajos totalmente comunes y corrientes.

- Ah, vaya… por cierto ¿supiste de la boda de Juliette?

La charla se fue por otros rumbos, antes de sumergirse en la realidad de Marsella, Antoine se preguntó por qué lo dicho sobre los amigos de Hermione, le sonaba tan falso. No eran comunes. Y a lo que se dedicaban seguía siendo un misterio.

193.- El andén 9 y ¾.

Al llegar a la estación, la nostalgia se apoderó de los cuatro chicos. Atravesaron la barra cómo en viejos tiempos y se encontraron de nuevo con aquél viejo andén. El Expresso a Hogwarts lucía como antaño: imponente, impetuoso y mágico por sí mismo. Estaban a punto de iniciar su viaje al pasado y nadie sabía qué podría pasar.

- ¡Wow! Me siento como si hubiera dado vueltas a un giratiempos. – Murmuró Ron sonriente. – El tren sigue siendo majestuoso.

Hermione le dio la razón con una sonrisa. Ron la tomó de la mano arrastrándola tras de sí. - ¡Subamos! – Le dijo sin esperar una réplica.

Harry y Luna se quedaron abajo, un rato más, contemplando el enorme tren y charlando un poco, aunque Harry notó algo: Luna lucía distraída, mucho más de lo normal. Se preocupó un poco, sólo un poco más de lo que debería hacerlo un amigo. - ¿Sucede algo? – preguntó a la chica que volteó a verlo parpadeando confusa. Volvió a preguntar – Luna, ¿estás bien?

- ¿Eh? ¡Ah, sí! – Dijo dando un suave bostezo – sucede que no he podido dormir bien y anoche tomé una poción ultrapoderosa para dormir sin sueños – se encogió de hombros sin darle demasiada importancia – creo que se me pasó la mano y aún me duran algunos de sus efectos… será mejor que subamos al tren, si no queremos llegar tarde con Neville.

- Sí, subamos – Imitando a Ron la llevó de la mano, cómo quizás debió hacerlo en aquellas épocas cuando pisar el andén 9 y ¾ era algo común. "Gracias Neville", pensó. Por ese regalo que valía mucho más que todo el oro de Gringotts.

194.- Buenas noticias.

- ¿Alguna novedad?

Ginny llegaba a la Madriguera. En esa ocasión Fleur y Bill se ocuparon de cuidar a Aberforth y Lee Jordan. Fleur había salido por víveres y Bill se encontraba con Shackelbolt hablando sobre lo poco que tenían en las manos. Ante la pregunta de Ginny, Bill negó apesadumbrado. – Siguen igual, aunque a estas alturas eso quizás podría considerarse algo bueno. Al menos siguen con nosotros.

Ginny asintió. Se sirvió un poco de té y se sirvió una galleta.

- ¿Por qué no fuiste a Hogwarts con Harry y Ron?

La pregunta de Bill la azoró un poco, pero contestó relajada. – Tengo trabajo en el Ministerio.

- ¿Ah, sí? ¿Y no podía posponerse?

- No, es urgente.

Bill la vio con suspicacia. Ginny siempre sería su pequeña hermana y cómo tal quería verla contenta. – Ginny, si algo estuviera pasando, me lo dirías ¿no es así?

- ¿Eh? ¡Ah, sí, claro! Pero ¿cómo que habría de pasar? Me preocupa este problema que tenemos, eso es todo.

Bill ya no hizo ningún comentario, pues en ese instante, una lechuza llegó veloz hasta ellos.

- Es de San Mungo – murmuró Shackelbolt intrigado al ver el sobre. Bill lo abrió apresuradamente y su rostro se llenó de sorpresa.

- ¿Sucede algo?

- Justin nos informa que Denisse despertó.

195.- La sabelotodo y el pelirrojo.

La intención de Ron era clara y no se tenía que ser muy inteligente para descubrirlo: estar a solas e intentar rememorar el pasado. Odiaba eso. Y odiaba su debilidad. Por qué mientras caminaban por los pasillos del tren buscando un compartimento "adecuado" la memoria le jugaba trucos sucios, tan sucios y bajos que ni siquiera se había soltado del agarre de Ron. Estaba viajando al pasado. Y podía verse de uniforme. Con once años a cuestas. Podía verse buscando a Trévor para irse a encontrar a un irritante niño pelirrojo con la nariz sucia y sin la más mínima idea de cómo hacer un hechizo decente. Podía verse (tenía que aceptarlo) con su aire pesado de niña sabelotodo intentando hacer ver todos sus conocimientos sobre magia a pesar de ser hija de muggles. Podía ver las muecas (mostrando su desagrado) de Ron. Podía verlo.

¿Quién iba a decir que ahí comenzaría todo? Esa historia paralela al lado de la de Harry, el niño que sobrevivió. La historia de una pedante sabelotodo y un irritante pelirrojo.

196.- Entre brumas.

Donde se habrían metido Ron y Hermione era algo que no le preocupaba demasiado. Aunque somnolienta, Luna era una muy peculiar compañera de viaje y era todo menos aburrida. Harry recordaba esa primera vez que la vio, precisamente en el expresso, leyendo el Quisquilloso de cabeza. Sonrió mientras Luna le mostraba algo por la ventanilla. Los efectos de la poción le estaban dando demasiadas molestias porque Luna, a duras penas, podía mantener los ojos abiertos.

- Renuncio a luchar contra lo inevitable – dijo y Harry la miró con curiosa ternura.

- ¿A qué te refieres?

- Tengo sueño y ese es un problema que se soluciona de una manera muy simple.

Cambió su sitio al que estaba junto a Harry. Se acomodó en su hombro y dijo – espero no importunarte, pero no hay nada como dormir apoyada por un buen amigo…

El pecho de Harry, ante la acción de Luna, comenzó a bullir de una curiosa sensación que se negaba a aceptar. – Tal vez… te encontrarías más cómoda acostada sobre los asientos.

- ¿Más cómoda que contigo? – Rió suavemente – imposible.

Cerró los ojos y empezó a respirar suavemente, con la cabeza ligeramente volteada hacia Harry. La voluntad del joven mago entonces tembló y flaqueó. El cabello de Luna olía a hierbas o frutas, quizás. Harry no era muy bueno en eso. Sólo sabía que ese aroma llegaba más allá de la nariz, de los pulmones. Recorría su cuerpo con una fuerza eléctrica muy suave y sin embargo, temible. Si agachara su cabeza un poco, tan sólo un poco más…

Luna ahora dormía y Harry tal vez fuera el canalla más grande de todos los tiempos, pero por Merlín que tenía que hacerlo, si no se lamentaría más allá de los tiempos. Se acercó un poco… tan sólo la distancia que lo separaba de la locura. Posó sus labios sobre los de Luna y esperó un poco, sintiendo el aliento suave y su corazón golpeteando como loco. Presionó. Luna lanzó un suspiro y entreabrió los labios, entonces Harry no pudo detenerse. La rodeó delicadamente con su brazo y prolongó el beso. Saboreando el momento como si fuera su oasis personal. El beso fue suave y fue tierno. Disolviendo esa pesadez que Harry había sentido durante días. Luna respondió despacio, en la bruma de la poción. Harry reaccionó separándose un poco y Luna, aún con los ojos cerrados, dijo adormilada – dime que no es un sueño.

Harry volvió a besarla como respuesta.


Sí. Lo terminaré. He vuelto a ello. Wendy, gracias por tus hermosas palabras. Gracias. Espero que este capítulo sea un buen regalo para ti. Mil gracias a todo aquél despistado que aún sigue leyendo esto. Trabajo en el siguiente capítulo…