Hoy presentamos:

Capítulo 26: Asalto al Castillo Rojo

Ahora éste es el mundo en el que vivimos,
Y éstas son las manos que nos dieron.
Usémoslas y comencemos a intentar
Convertirlo en un lugar por el que valga la pena luchar.
Mike Rutherford

Cabo Calavera, Isla de la Muerte, Protectorado de Costas del Cráneo, miércoles 18 de octubre de 2023. Ya repuesta de la cirugía menor que se necesitó para extraerle la esquirla que se alojó en su pierna durante la noche en que atacaron a Necrópolis, Draculaura descansa tranquilamente en la sala de su casa acompañada de Clawd, quien en ese momento se encarga de la limpieza. La vampira mira un programa de moda en la televisión cuando la transmisión es interrumpida por el canal local de noticias para dar un corte informativo.

El helicóptero de la televisora sobrevuela las calles contiguas al Castillo Rojo haciendo tomas de la multitud que abarrota las calles y plazoletas. Los gritos de los monstruos y el bullicio de la gente son tan fuertes que casi pueden oírse por encima del estrepitoso rugir de los motores del aparato. Algunas de las pancartas y mantas que llevan los manifestantes son tan grandes que sus consignas pueden ser leídas desde el aire.

— Interrumpimos nuestra programación para darles un corte informativo: — anuncia el presentador en la pantalla — Desde hace casi una hora una multitud de manifestantes se ha congregado en las calles aledañas al castillo. Según fuentes de internet se trata de una manifestación en contra de la deportación de los humanos y algunas de las reformas de ley que se han hecho en los últimos días. Uno de nuestros corresponsales ha intentado comunicarse con el secretario Ramsés DeNile y el secretario David Huntsman, pero ninguno de los dos nos ha podido recibir la llamada. Hace unos minutos nos pusimos en contacto con el Protector Seti DeNile, pero nos refirió que la situación de la ciudad de Necrópolis es muy delicada como para poder liberar algo de información sin poner a la urbe en un peligro mayor."

— Espero que no se pongan feas las cosas. — comenta Clawd deteniéndose un momento para ver el televisor. — Allá están Clawdeen y Howleen.

— ¡Oh, cierto! — exclama Draculaura al recordar algo. — ¡Thad se fue con ellas!

— Ah, bueno. — agrega el lobo. — Menos mal que no están solas.

— Johnny ¿qué es lo que estamos viendo en este momento? — pregunta el presentador al reportero que va a bordo del helicóptero.

— Parece que la guardia marina del castillo fue desplegada en el exterior, mientras que los sirvientes del secretario Ramsés están adentro. — Responde el reportero.

— ¿Pero por qué son ellos los que están cuidando? Se supone que la seguridad de los secretarios y la Asamblea le corresponden a la guardia. — comenta de nuevo el presentador.

— Desde ayer el Protector decretó que la protección del castillo estaría a cargo de los Medjay, sirvientes de los DeNile; por lo que la guardia marina volvió a su cuartel. — aclara el periodista.

— ¿Qué es lo que está sucediendo allá abajo, junto a la puerta del castillo? — dice el presentador.

— No lo sabría con exactitud Tom. — aclara el reportero. — Parece que ya está comenzando a haber enfrentamientos entre los manifestantes y la guardia del castillo.

Oculta bajo la capucha de su traje de pieles, Abbey camina por la azotea de uno de los edificios que rodean al palacio. Al llegar al frente de una de las torres de la muralla, la chica desenrolla la cuerda de escalada que lleva atada al cuerpo y amarra uno de los extremos a un gancho de tres picos. El gancho comienza a girar en torno a su mano y luego por encima de su cabeza. Finalmente, la yeti lanza la cuerda hasta el otro lado de la calle y logra hacer que se afiance de una de las ventanillas de la torre. Un leve tirón asegura que el gancho está bien colocado y entonces anuda el otro extremo de la cuerda a una de las tuberías de la azotea. Dos tirones más comprueban una tensión adecuada en la soga y entonces la chica se para sobre el borde de la azotea para cruzar hacia el otro lado.

Con una habilidad digna de un trapecista del Cirque du Soleil, Svetta camina sobre la cuerda usando sólo sus brazos para equilibrarse. Son treinta metros de caída libre hasta la calle, así que no hay lugar para los errores. Frente a ella, diez metros por encima del nivel de la cuerda, los Medjay pasean por la parte superior de la muralla sin percatarse de nada. Cuando llega al otro lado, la montañesa se afianza de la cornisa de la ventana donde enganchó la cuerda y con un fuerte tirón recupera lo que quedó al otro lado de la calle. Tras tomarse un minuto para enrollar de nuevo la soga alrededor de su cuerpo, Abbey comienza a trepar por la torre agarrándose de los ladrillos y las salientes de la estructura.

Cuando alcanza el tope del edificio, uno de los Medjay vigila el horizonte con calma. La yeti despliega la hoja oculta que lleva en el brazo derecho y en un rápido movimiento se estira por encima del borde de la atalaya hasta alcanzar el cuello del guardia. El cuchillo se clava directamente en su tráquea y Abbey lo jala del collar que lleva puesto para arrojarlo al vacío. Cuarenta metros más abajo, un grupo de personas ven caer un montón de arena dorada desde lo alto de la torre. Cuando voltean hacia arriba para ver de dónde ha caído, no divisan ni una sola alma.

II

Calles abajo, las gemelas Blackcat intentan abrirse paso lejos de la multitud que rodea al castillo. Debajo de los ladrillos por donde caminan, Spectra espera en una cámara de las catacumbas de la ciudadela a que el equipo de guerra electrónica desactive el escudo de tangibilidad que rodea al castillo. La granada anti escudo que usó para escapar de la mansión DeNile era la última que tenía, así que ahora debe hacer las cosas manualmente. No podría pasar volando por encima de las murallas, ya que el escudo se prolonga mucho más arriba de ellas. El intentar subir hasta donde el escudo no llegue es peligroso, pues si los radares de campo espectral que vigilan el castillo la detectan como intruso, una bala de munición anti espectro podría dejarla fuera de combate.

— ¡El escudo está fuera! — dice una voz en el diminuto auricular que lleva en su oído.

— Ok, danos una ventana de cinco minutos. — responde la fantasma. — Cuando ya estén todos adentro ciérralo a cal y canto. No queremos que algún civil entre y aproveche la confusión para robarse algo.

— Recibido. Cinco minutos y contando. — confirma una voz masculina.

Spectra se apresura a atravesar la puerta de la cámara y entra a un largo pasillo. El lugar es oscuro y húmedo, impregnado del olor de las cañerías rotas, el moho de las paredes y la suciedad de los murciélagos. La chica camina hasta alcanzar el final del corredor e intenta atravesar una de las paredes sólo para encontrarse con una roca tan sólida para ella como para cualquier otro monstruo. En ese momento recuerda que el único escudo que puede desactivarse es el del exterior, pues las paredes interiores de la ciudadela han sido hechizadas y no pueden ser desbloqueadas a través de una computadora.

Cambiando de planes, Gótica flota a través de una de las escaleras del pasillo hasta llegar a una sala que parece estar a nivel de la calle. La estancia está despejada salvo por un solitario guardia egipcio. Para mala suerte de la chica, el Medjay voltea hacia la puerta de donde ella proviene justo en el momento en el que aparece en el umbral. Cuando él intenta salir corriendo a dar la alarma, ella le arroja una de las cartas que lleva en la cintura y se la clava en el cuello para silenciarlo. Aturdido por el corte, el guardia no tiene tiempo de tomar su cimitarra y cae al suelo víctima del cuchillo oculto de la fantasma. Con un montón de arena como única evidencia de su presencia, Spectra deja atrás la sala y se oculta bajo su invisibilidad rumbo al punto de reunión.

III

Jinafire, Rochelle y Robecca han decidido dejar atrás a la multitud y se adentran en las callejuelas que rodean al castillo. Entran en un diminuto callejón en el que difícilmente podrían pasar más de dos personas. Flanqueadas por un lado por la alta muralla del palacio, y por los múltiples edificios viejos de la ciudad baja por el otro, las chicas miran hacia lo alto para ver si no hay guardias en el tope de la fortificación.

Usando los recovecos de los ladrillos como escalones, las tres comienzan a trepar por el muro. Cuando han alcanzado el tercer piso de una de las casas, Metralla se detiene ante un tapanco que les impide seguir subiendo. Ante el obstáculo, Espada salta ágilmente y se afianza de la cornisa de una de las ventanas que dan hacia el callejón. Cuando asoma el rostro por encima del borde se encuentra con un pequeño niño tigre que juega en la soledad de su habitación. El pequeño la observa con curiosidad mientras sostiene un viejo murciélago de felpa con ojos de botón.

— Shhh — susurra la dragona cuando el crío parece querer decir algo.

El chiquillo se acerca a la ventana y se encuentra con las otras dos chicas, quienes le miran con la mitad del rostro cubierto por un pañuelo.

— ¿Quiénes son ustedes? — musita el pequeño tigrillo.

— Somos vengadoras de Necrópolis. — responde Rochelle desde la derecha de la ventana.

— Dicen que allá están unos monstruos malos, — afirma el niño — y que están matando mucha gente.

La mecánica y la francesa se miran entre sí ante aquella sentencia.

— Y a eso hemos venido nosotras. — agrega Jinafire. — A atrapar al más malo de todos esos monstruos. ¿Quieres ayudarnos?

— ¡Sí! — responde el chico con entusiasmo.

— Bien. Entonces sólo cierra tu ventana y no le digas a nadie que hablaste con nosotras ¿vale?

— Sí.

— Y si ves a uno de esos monstruos con cabeza de chacal, no te les acerques para nada. — agrega Rochelle. — Mantente vigilante, pero no dejes que ellos te vean ¿vale?

— Sí, vale.

— Nos vemos, guardián. — dice la dragona antes de seguir su ascenso por la pared.

El pequeño niño tigre cierra su ventana y se queda mirando por detrás de la cortina como un gatito a la lluvia. Las tres guerreras siguen subiendo hasta llegar al tope de la casa. Cuando han alcanzado la azotea, un sonido gutural les hace saber que dos de los Medjay ya han advertido su presencia. Sin pensarlo dos veces, Jinafire toma dos de sus dardos de metal, los pone en su boca hasta dejarlos al rojo vivo y los lanza hacia los guardias con precisión milimétrica. Ambos se deshacen en lo alto de la muralla sin que nadie más advierta su deceso. Luego de esto las tres chicas continúan su escalada hasta llegar a la cima de la barda. Al subir a la pasarela superior se mueven rápidamente hacia una de las torres y de ahí continúan su incursión hacia el punto de reunión con el resto del equipo.

IV

Saltando por los edificios con una fuerza impresionante para su físico, Dana y Micka buscan un punto vulnerable en la fortaleza escarlata. Los Medjay pasean por lo alto de las murallas y no dejan de observar el horizonte, enfocando constantemente sus ojos negros en la ruidosa multitud que se arremolina en las calles como una marea furiosa. En un momento de suerte, la pirata ha encontrado un cable de acero que conecta al castillo con uno de los edificios de la calle.

— Ahí está nuestra entrada. — le dice Dana a Micka.

— Déjame despejarla. — responde su amiga tomando su arco y un par de flechas de su carcaj.

La azteca estira la cuerda del arma hasta que ésta roza su mejilla y le tuerce la expresión de sus labios. Con un guiño del ojo izquierdo pone la vista firme en su objetivo: dos Medjay que vigilan en lo alto de la torre, uno detrás del otro. Desplegando una potencia que uno sólo esperaría ver en un arma de fuego, las flechas se han cargado a los dos guardias, convirtiéndolos en un cúmulo arenoso en lo alto de la torre. Sin perder ni un solo segundo, las chicas toman un par de cadenas de la azotea del edificio y las usan para deslizarse por aquel cable como si se tratase de una tirolesa.

El otro extremo de la línea se afianza directamente sobre el marco de una ventana. Un guardia que pasaba casualmente por el corredor de la torre es derribado súbitamente por los pies de Tormenta, quien de un salto se incorpora y le clava su hoja oculta por detrás del cuello. Al levantar la vista se percata de un segundo vigilante que viene hacia ella, pero éste es abatido inmediatamente por uno de los cuchillos de obsidiana de Flecha. Las dos chicas guardan sus armas y avanzan discretamente por el pasillo de la torre, en busca del punto de reunión.

V

Abajo en la bahía, una pequeña lancha de madera cubierta con un improvisado techo de láminas acanaladas de plástico navega lentamente. El pequeño motor que la impulsa reniega con cada ola, echando bocanadas de humo como un viejo narguile. Cuando la embarcación llega al borde de los acantilados, un hombre vestido de negro y una mujer vestida de azul obscuro bajan de ella y se posan sobre las rocas. Con el sol poniéndose detrás, el acantilado parece oscurecerse a un ritmo aún más rápido que el del resto de la bahía. Trescientos metros por encima del nivel del mar, el Castillo Rojo cuelga de las rocas como un náufrago que se aferra a un viejo barreño de madera en medio de una tormenta.

Usando sus guantes metálicos para aferrarse a las peñas, Mick e Ignysse trepan por la ladera con algo de dificultad. El resto del equipo ya está cerca del punto de reunión y ellos están algo retrasados, así que tendrán que usar algo más de fuerza para llegar hasta el castillo antes de que se les acabe la luz. A medio camino entre el mar y la ciudadela, la astrónoma encuentra una pequeña plataforma entre los peñascos en donde puede pararse cómodamente. Luego de hacerle una señal al marino azteca para indicarle que lo esperará en lo alto de la colina, la chica choca los talones de sus botas y sale volando con sus pies en llamas.

Dada su naturaleza de fuego fatuo, Ignysse es capaz de generar fuego igual que los elementales, sólo que no alcanza la misma temperatura que ellos. Aun así puede producir el suficiente empuje como para volar a velocidades considerables, aunque ha tenido que pasar por varios accidentes para lograr el control de esa técnica. Robecca le ayudó a solucionar el problema de tener que quitarse los zapatos para despegar al hacerle unas botas con toberas de apertura mecánica similares a las que ella lleva en su propio calzado.

Con la tarde ya cayendo y la multitud de manifestantes dispersándose por las calles, Mick da un potente salto desde la plataforma de donde despegó Ignysse, consiguiendo con ello llegar hasta lo alto de la colina. No obstante, aún les quedan diez metros de muralla de ladrillos hasta una ventana que les permita el acceso al castillo. Tras haber sorteado la altura, Mick espera colgado del borde de la ventana el paso de uno de los guardias egipcios que deambulan por el pasillo. Sorprendiéndolo con un rápido movimiento, el capitán le clava su cuchilla retráctil en el cuello y lo jala hacia afuera del edificio para arrojarlo por el acantilado. Ignysse hace lo propio con el otro y ambos ingresan al edificio sin ser detectados.

VI

El equipo de electrónica espera órdenes en el edificio blanco desde donde están resguardados. Las cortinas de plástico blanco evitan que alguien pueda verlos desde afuera, a la vez que permite una vista privilegiada del área alrededor del castillo. Jackson vigilaba la red de comunicaciones cuando detectó una señal particular.

— Wow, wow, wow. — exclama al comenzar a teclear para capturar la emisión. — Teniente, tengo algo en la pantalla. Parece que alguien está transmitiendo desde el interior del castillo.

— ¿Podemos saber qué es lo que quiere comunicar? — pregunta el oficial agachándose para ver el monitor.

— Sí, — afirma el chico de las gafas — están usando la frecuencia del canal local de televisión. No hace falta decodificarlo ni nada por el estilo.

Ghoulia da un gruñido desde su asiento y en la pantalla de su computadora aparece una vista del interior de una de las oficinas del palacio. Al parecer alguien está acomodando la cámara, pues la imagen tiembla y se escuchan algunos ruidos. Tras unos cuantos segundos, una silueta femenina pasa al frente de la cámara y se acomoda detrás del escritorio.

— Buenas tardes, pueblo de Costas del Cráneo. — comienza la mujer. — Soy Nefera DeNile, congresista por Egipto en la Asamblea General de la Organización. Actualmente estamos atravesando uno de los momentos más críticos de la historia de los monstruos. Los Legionarios de la Luna Azul han sitiado a una de nuestras ciudades y amenazan con destruirla si no cumplimos con sus demandas. En los días pasados el Secretario Ramsés y la Asamblea han estado discutiendo las posibilidades de negociación, teniendo siempre en cuenta el bienestar de la población y la seguridad del resto de la nación. Sin embargo, estas negociaciones no parecen rendir resultados al día de hoy.

La chica zombi exhala un alarido que hace que todos volteen a verla con cara de sorpresa.

— ¡Ghoulia, tranquila! — le dice Frankie al escucharla.

"Es que me molestan mucho los monstruos con doble moral" aclara aquella "Odio a las personas que te arrojan la piedra y luego esconden la mano"

En la pantalla, la transmisión continúa:

— Esta mañana, Henry Bloodgood, Comandante General del Ejército de Protección, ha sugerido la intervención de las fuerzas armadas en el conflicto. Argumenta que si a cuatro días del inicio del sitio las negociaciones no han logrado liberar a la ciudad, deben considerarse otras alternativas. El Secretario Ramsés DeNile se ha negado a enviar tropas a Necrópolis, pues teme que los legionarios detonen sus bombas al detectar los barcos de la Armada. Sin embargo, el Secretario David Huntsman parece apoyar la iniciativa del general. Tras una ardua discusión entre los que respaldan la intervención militar y aquellos que se oponen a ésta, el secretario humano calificó como "cobarde" la postura de su homólogo monstruo y abandonó la sala antes de que terminara la sesión. Ante tal acto, la Asamblea tomó la decisión de destituir al Secretario David Huntsman de su puesto.

Frankie murmuró algo entre dientes que Jackson interpretó como un posible insulto en alemán, la lengua natal de sus padres y su segundo idioma.

— En mi particular punto de vista, — continúa Nefera desde la pantalla — se debe esperar a que los Legionarios estén dispuestos a ceder la ciudad antes de arriesgarnos a un ataque. Como gobierno siempre debemos procurar lo mejor para nuestro pueblo y sus intereses. Sin embargo, parece que las Fuerzas no se han tomado a bien el rechazo de su propuesta. Han desplegado todo un contingente de soldados en toda la periferia del castillo y la guardia marina fue retirada de palacio. El cerco militar que encierra al palacio impide la entrada y salida del personal, con lo que estamos encerrados y al borde de un posible golpe de Estado[1]. Por lo pronto la seguridad de la Asamblea y los Secretarios queda a manos de los Medjay, quienes han protegido a los DeNile durante siglos y se han comprometido a hacerlo de igual manera con los miembros de la Organización ante un posible golpe militar."

— ¡¿Cómo se atreve?! — explota Frankie. — ¡Si en las redes sociales ya comienzan a circular notas de cómo esos guardias están reprimiendo a los manifestantes!

— ¿Ah sí? — pregunta Jackson.

— ¡Sí! — le responde su prometida mostrándole su teléfono. — ¡Esta foto me la acaba de mandar Clawdeen! ¡Mira cómo dejaron a Thad!

Efectivamente, la foto muestra la golpiza que el guardia le profirió al primo de Draculaura luego de que intentara ingresar al castillo junto con otros manifestantes.

— Malditos… — susurra el hombre de las gafas. — Pero como la que está transmitiendo es Nefera, y la gente le cree todo a la televisión…

"¡Pues mostrémosles la verdad!" dice Ghoulia con energía inusitada "Intentaré interceptar la transmisión de Nefera e intercambiarla por una nuestra. Podremos transmitir el video que la delata a ella y al resto de su familia, y así el pueblo sabrá quién es el verdadero enemigo"

Dicho esto, la chica zombi se apresura a mover los dedos sobre el teclado de la computadora para llevar a cabo su plan. Le solicita algo a uno de los oficiales del Cipactli que están en la sala y éste inmediatamente sube a la azotea a reajustar la antena.

— Si tuviéramos una cámara podrías darles uno de tus discursos Frankie. — le dice Jackson. — Siempre has tenido talento para convencer a la gente de que haga cosas buenas.

— Ahora que lo mencionas… — responde ella — creo que sí podría. Lo único que necesito es un micrófono para transmitir.

— Tienes uno en los audífonos.

"Transmisión lista" gime Ghoulia cuando termina.

— Perfecto, mostrémosle al pueblo quién es realmente el enemigo — dice Frankie acomodándose sus auriculares.

Notas del autor:

1.-Un golpe de Estado es la toma del poder político, de un modo repentino y violento, por parte de un grupo de poder, vulnerando la legitimidad institucional establecida en un Estado, es decir, las normas legales de sucesión en el poder vigente con anterioridad.

2.-Banda Sonora Original: Land of Confusion, Disturbed, Ten Thousand Fists

Er Deivi: vaya Deivi, sí que he dejado muchos agujeros en esto ¿verdad? Supongo que es consecuencia de encerrarse a escribir y alejarse del fandom. Trataré de ajustar ciertos detalles, aunque no mucho, porque esto ya está todo escrito. Lo hice para darle un poco de dramatismo, pero creo que no funcionó.