¡Hola hola criaturas de amor y luz!
No podía abandonarlos esta semana... porque lo haré la próxima u.u lo siento, pero ya lo habíamos hablado ¿recuerdan? Pero prometo que el próximo funesto lunes llegará y se irá rápido, no dolerá tanto.
Por lo pronto los dejo con un capítulo nuevo, espero que sea de su agrado. Disfruten la lectura chiquitines.
Le informaron que el desayuno sería en el jardín, de esto estaba muy segura, pero como se encontraba aún demasiado adormilada cuando le hicieron el anuncio por un momento dudó si sería verdad. A fin de cuentas era algo bastante fuera de lo común: ¿desayuno en el jardín? ¿Por qué? Y ¿en dónde estaba Elsa que había permitido que eso sucediera?
Iba demasiado ocupada sacando conjeturas que, al llegar a su lugar de destino, lo que ahí encontró la sorprendió al grado de hacerla parar en seco y ahogar un pequeño gritito de sorpresa. Elsa y Hans ya se encontraban acomodados, uno junto al otro, charlando animadamente mientras él servía un poco de fruta en el plato de ambos y ella servía té en dos tacitas. Se sintió terriblemente desconsolada y triste, y pensó que aquello era una horrible pesadilla. Pero jamás creyó que eso podía empeorar: vio, con la boca abierta, el momento en que el príncipe se inclinó hacia su hermana y le susurró algo que a ella la hizo reír y sonrojarse. Lo que terminó de tirarle el alma a los pies fue la forma en que Elsa lo miró: había una especie de complicidad y de intimidad entre ellos.
-Oh, ¿no lucen adorables?-dijo una voz algo burlona a sus espaldas.
Se giró bruscamente para encontrar a Kristoff recargado en una jardinera, con los brazos cruzados y observando satisfecho la escena metros más adelante. Anna se sintió indignada.
-Agh, asqueroso dirás.
-¿Desde cuanto el romance te produce asco?
-Desde que es entre ellos dos-y dicho eso apuró el paso hacia la mesa mientras gritaba animadamente.
-¡Buenos días a todos!
-¡Anna, espera!-trató de detenerla el rubio pero era demasiado tarde.
Elsa y Hans se separaron rápidamente, ambos con las mejillas encendidas.
-¡A-anna!-la saludó Elsa, abochornada-muy buenos días.
-Buenos días alteza-respondió el pelirrojo sin permitir que su buen ánimo decayera-¿le apetece un poco de té?
-No gracias-respondió secamente mientras se sentaba a la mesa-preferiría que no tocaras mi… wow-se interrumpió con la boca y los ojos muy abiertos-¡son hermosas! ¿Son flores de azafrán moradas?-preguntó a su hermana, quien sonrió satisfecha mientras estiraba una mano para acariciar las flores colocadas cuidadosamente en el centro de la mesa.
-Así es.
-De la florería de Cormag, supongo
-Y haces bien-y sin dejar de admirar los pétalos morados, agregó casi con un suspiro-las trajo Hans, ¿no fue muy amable de su parte?
Su rostro fue una mezcla de decepción y horror, pero para el príncipe era una verdadera obra de arte, y sonrió satisfecho con la reacción de la chica.
-Un lindo detalle de tu parte, Hans-dijo Kristoff incorporándose a la conversación y tomando asiento al lado de su enfadadísima novia.
-Me alegra que sean de tu agrado, Kristofer.
-Kristoff-lo corrigió el rubio sin resentimiento-pero buen intento.
Anna asistía a la escena, incrédula y rabiosa.
-En realidad no lucen tan… vivas-escupió, provocando que su hermana la mirada alarmada antes de comenzar a examinar cuidadosamente el tupido ramo.
-¿Te parece? Creo que se ven muy bien.
-Mmm no lo sé Elsa, no se ven tan frescas. ¿Segura que son de Cormag? Creo que comienzan a marchitarse.
-Así son las flores, mi pequeña princesa-la voz de lady Agneta los sobresaltó. La mujer se encaminó hacia ellos y después de acariciar suavemente a su hijo en el hombro, se sentó en el único lugar disponible a su lado-son igual que las chicas bellas; tienen su momento de auge, pero pronto e irremediablemente comienzan a marchitar-tomó un trozo de pan tostado del canasto al centro de la mesa, un cuchillo y se acercó el platito con la mantequilla. Pero antes de comenzar a untar, miró con amabilidad a Anna-tiene usted mucha suerte de ser una joven tan agradable y cálida, eso le ayudará. En cambio aquellas que son frías como el hielo… bueno.
Elsa se aclaró la garganta ruidosamente atrayendo la atención de los presentes.
-Anna, Kristoff, les presento a lady Agneta, la madre de Hans. Lady Agneta, esta es mi hermana Anna, y su novio, Kristoff Bjorgman.
-¿Bjorgman?-preguntó la mujer y pareció reflexionar unos segundos-No me suena, ¿su padre es Conde o Barón?
-Amm, lamentablemente mis padres están muertos-respondió el rubio con toda tranquilidad antes de agregar en voz baja-o al menos eso creo.
-Él no proviene de familia noble-agregó rápidamente la princesa.
-¿Qué?-la señora miró desconcertada a la reina-¿Es en serio? ¿Y cómo permite que su hermana mantenga una relación con un plebeyo?
-Porque se quieren-respondió Elsa endulzando su té-Además, Kristoff es un hombre extraordinario: es inteligente, valiente, amable, honrado y de muy buen corazón.
-Vaya majestad, ¿es eso un cumplido para el caballero o acaso pretende desposar al novio de su hermana?
La rubia suspiró y rodó los ojos.
-Aquí vamos otra vez.
-En realidad madre-dijo Hans-debes saber que Kris…
-Toff-lo ayudó el rubio.
-Kristoff, sí, él de hecho ostenta un título: es Maestro y repartidor de hielo oficial de Arendelle.
-Pff-rio la mujer-Ese ni siquiera es un título.
-Oh, sí que lo es-la corrigió su hijo.
-Elsa-comenzó la princesa-¿no nos acompañará Alexius?
-Oh sí Elsa, ¿vendrá el estúpido de Alexius?-complementó Hans, provocando una mirada de odio por parte de la pelirroja.
-¡Hans! Por dios, cuida tus mod…-la reina madre paró de untar mantequilla sobre su pan para alzar la mirada, desconcertada, hasta su descendiente-¿Alexius has dicho?
-Así es-la sonrisa de Hans era enorme y malévola-el príncipe Alexius de Blavenia, ¿lo recuerdas?
La sonrisa en el rostro de su madre fue igualmente malvada.
-Claro que lo recuerdo-volvió a su tostada sin dejar de sonreír-ese mal nac…
-¡Moma!-escucharon no muy lejos de ahí una vocecita aguda y animada-¡Moma mila! ¿Te gutan mis zapatos?
Friederick, muy bien arreglado y acompañado de una sonriente Gerda, corría hacia ellos. Lucía extremadamente feliz esa mañana.
-¡Wow!-respondió su madre, contagiándose de su ánimo-¡Luces muy apuesto! ¿Son nuevos?
-¡Sí! Gelda me…
Pero paró en seco y su sonrisa desapareció de inmediato, siendo su alegre gesto reemplazado por un rostro pálido y horrorizado.
-¿Friederick?-preguntó su madre alarmada mientras se ponía en pie lentamente.
-No-susurró primero, apenas audible, para poco a poco ir alzando la voz-¡No, ay no!-corrió de regreso y se pegó como cadillo silvestre a las faldas de Gerda-¡No po favol Gelda! ¡No po favol!-gritó contra la tela y comenzó a llorar desconsoladamente.
-¡Hey hey!-dijo Elsa corriendo hasta él e hincándose a su lado-¿Qué sucede?-entonces fue a ella a quien se pegó fuertemente, ocultando su carita llorosa en su pecho-Friederick, háblame por favor amor.
-¡La señola mala!-dijo con voz ahogada y sin dejar de hipar-¡No quelo il con la señola mala!
No fue necesario que agregara más, y la mirada, mezcla de dolor y resentimiento que la reina dirigió a lady Agneta orientó al resto de sus acompañantes para comprender lo que sucedía. La mujer por su parte, no dejaba caer su sonrisilla ladeada.
-Está bien cielo, no pasa nada-le respondió apretándolo en un abrazo-Mami está aquí y no permitiré que ella te haga más daño, ¿de acuerdo?
-¡Nooooo! ¡No quelo! Me da mielo.
-Hey campeón, escucha-dijo Hans dirigiéndose hacia ellos y ganándose una mirada de reproche por parte de su madre-No tienes nada que temer.
-Sí-respondió el pequeñito alzando el rostro apenas lo suficiente para mirar al príncipe encuclillas junto a él-la señola mala…
-No te lastimará, lo prometo-le aseguró en voz lo suficientemente baja para que sólo él, Gerda y Elsa lo escucharan-no mientras yo esté aquí ¿de acuerdo?
El pecosito pareció dudar.
-¿Tienes hambre, cielo?-preguntó con dulzura su madre mientras con la manga de su vestido le limpiaba el rastro dejado por las lagrimitas en su rostro.
El niño asintió lentamente.
-Entonces ¿qué esperas? ¡El desayuno está listo!-dijo Hans antes de alzarlo en brazos.
Los tres juntos se dirigieron de regreso a la mesa, siendo vigilados por una muy sonriente Gerda. Conforme se fueron acercando al grupo, Hans sintió el cuerpecito en sus brazos comenzar a temblar. Le sonrió en un intento de tranquilizarlo y lo apretó un poco más contra su pecho. Al volver la vista hacia el resto de la gente, lo primero que noto fue la mirada envenenada de su madre.
-Friederick, déjame presentarte a mi horrorosa madre.
-¡Hans!-gritó indignada la mujer.
-Madre-continuó el príncipe, tratando de componer una sonrisa que no lograba ocultar todo el resentimiento que en ese momento le corría veloz por las venas-creo que ya se conocen, pero de cualquier forma permíteme presentarte a Friederick. Mi hijo.
El silencio que siguió su declaración fue absoluto, y los rostros que lo observaban estaban llenos de asombro, sobre todo el de su pequeño pelirrojo, en cuyos ojitos azules también había confusión.
-¿Es tu moma?-preguntó con su vocecita inocente.
-Así es-le sonrió él-y tú, jovencito, tú eres mi…
-¡Elsa, querida, buenos días!-escucharon a Alexius acercarse y tomar asiento al lado de la princesa Anna.
-Oh, Al…
-¡Bienvenido Alexius!-lo saludó con fingido entusiasmo la pelirroja-te estábamos esperando para tomar el desayuno.
-Lamento mucho la tardanza, pero al parecer el sirviente que enviaron para darme aviso del cambio de lugar jamás llegó ante mi puerta.
-¿Qué?-preguntó Elsa escandalizada-pero…-miró a Hans acusadoramente.
Él sólo se encogió de hombros mientras tomaba asiento y colocaba al aún tembloroso Friederick sobre sus rodillas.
-Yo no tuve nada que ver, si eso es lo que tratas de insinuar-ella lo miró uno momento más, con las manos en las caderas, pero al verlo ofrecer un poco de fruta al pequeño decidió darse por vencida y sentarse nuevamente-o tal vez le ofrecí al hombre unas cuantas monedas para que fuera al pueblo a tomarse un par de tarros de cerveza.
-¡Hans!
-Alexius-comenzó la reina madre-pero que… gusto, supongo, verte por aquí.
El rostro del príncipe palideció visiblemente antes de lograr una nerviosa sonrisa y saludar.
-Lady Agneta, pero que sorpresa.
-Una agradable, espero-respondió jocosa, a lo que él sólo pudo fingir una risita-¿Cómo están tus padres, querido? ¿Mejor?
-Amm sí. Ellos están… bien.
-Lo supuse-despreocupadamente echó un par de terrones de azúcar en su taza-si te han dado la oportunidad de venir como una especie de… ¿qué? ¿Diplomático para mejorar las relaciones con el reino de esta fulana?
-¡Oiga!-reclamó Elsa.
-Yo… ehh… en realidad vengo al baile que ofrecerá la reina Elsa.
La mujer la miró frunciendo las cejas.
-¿Un baile?
-Sí. Comprendo que su invitación…
-¿Nuestra…
-Sí madre, mi intención era pasar directo de Vakretta para acá pero en vista de lo ocurrido con el naufragio, pues…
-Claro, ese terrible incidente-suspiró hastiada e hizo tintinear la cucharita en las paredes de la taza-entonces, este baile… ¿hay alguna razón de provecho para que mi hijo siga vagando por aquí en espera de él?
-Descuide señora-comenzó Anna-tendrá a su hijo de vuelta muy pronto; el baile es para encontrarle marido a mi hermana y puesto que Hans ni siquiera figura en la lista de posibles finalistas, sin ofender por supuesto, apenas pase la fiesta usted podrá llevárselo a las Islas del Sur.
-¿Un marido?-cuestionó, mirando a su hijo quien se encogió de hombros con una sonrisilla, y de paso a la reina de las nieves. Al ver el intenso color rojo que coloreó sus mejillas no pudo evitar recordar lo visto la noche anterior en el pasillo.
-El consejo cree que… amm… sería lo mejor para mi reino-dijo Elsa sin atreverse a levantar la mirada.
-Oh, ya veo. Entonces supongo que… deseas quedarte ¿no es así Hans?
-Evidentemente…
-No será necesario-lo interrumpió la princesa-después de todo y como dije antes, él está sólo perdiendo su tiempo.
-¿Qué te hace estar tan segura?-comenzó el pelirrojo-¿por qué crees que no tengo oportunidad?
-Amm, no lo sé, quizás porque… eres tú.
Hans torció los ojos.
-¿Ya le preguntaste a Elsa? Creo que a fin de cuentas es ella quien debe elegir ¿no?
-Pff es mi hermana, no tengo que preguntarle, ¿verdad Elsa?
-Oh, yo… emm… creo que…
-Moma ya no quelo-susurró el pequeño Friederick tímidamente.
Miró su platito con fruta, casi intacto, y la forma en que retorcía sus deditos con nerviosismo y sin dejar de mirarlos. Con cariño le acarició el cabello rojizo.
-Está bien cielo. ¿Por qué no pruebas un poco de…
-Ya me quelo il.
-Pero, Friederick, apenas si has probado bocado.
Lo único que obtuvo como repuesta fue la mirada del pequeño observando de reojo a lady Agneta antes de estremecerse.
-Hey campeón, ¿qué tal si vamos a jugar un poco?-propuso Hans con ternura antes de bajarlo de su regazo-ven, vayamos por allá a buscar unas cuantas flores más para mamá.
Friederick sólo asintió, y tomando la mano de Hans caminó a su lado hasta alejarse de la mesa.
-Comprendo la decisión de hacer un baile-comenzó la reina madre-después de todo, debe ser difícil conseguir un consorte con ese pequeño revoloteando alrededor de sus faldas.
-¿Perdón?
-Sí, bueno, desconociendo el origen de esa criatura, cualquiera pone en tela de juicio su… virtud.
-¿Mi…
-¿A qué se refiere?-preguntó Anna.
-¿Quién querría matrimoniarse con una mujer cuya virginidad ya ha sido entregada?
-¿Está asumiendo que mi hermana…
-Ahora, tratándose de una reina… bueno, sería un terrible escándalo ¿no lo cree? ¿O tú que piensas Alexius?
-Su majestad se tomó la molestia de explicarme las razones por las que decidió adoptar al niño.
-¿Ah sí?-preguntó la mujer comenzando a preocuparse.
-Ajá. Dijo que lo encontró en uno de sus muchos viajes y que al ser huérfano y estar sometido a un terrible trato, decidió traerlo consigo.
-Oh-suspiró aliviada-eso. Bueno, pero apuesto a que antes de enterarse de ello sintió un poco de desconfianza respecto a la pureza de la reina ¿o no?
Sin poder tolerarlo más Elsa se puso en pie de un salto y con las mejillas encendidas habló:
-Con su permiso, creo que iré a relevar a Hans; el pobre no pudo terminar su desayuno, me quedaré con Friederick para que él pueda regresar-y sin esperar a que alguien se opusiera, salió a toda prisa tras los pasos del par de pelirrojos.
Escuchó algunos murmullos detrás de ella pero no les dio importancia y siguió hasta alcanzar al príncipe, quien caminaba por los jardines con pasos lentos y las manos cruzadas en la espalda, observando con deleite a su pequeño heredero corretear de un arbusto a otro recogiendo flores de distintas formas, tamaños y colores.
Cuando llegó a su lado él le dedicó una suave sonrisa a la que respondió con las mejillas rojas y sin poder sostenerle la mirada. Caminaron en silencio unos pocos pasos.
-¿Cansada de tanta charla matutina?-preguntó el sureño.
Elsa suspiró hastiada.
-Tú madre es toda una joya.
-¿De verdad?-preguntó fingiendo sorpresa-Me cuesta tanto creerlo-la rubia puso los ojos en blanco, provocando su risa-está bien, está bien, lo siento. ¿Y qué majadería hizo ahora?
Elsa guardó silencio un momento, dudosa respecto a si compartir con él lo sucedido. Sintió un suave apretón en uno de sus brazos y sintió las mejillas arderle cuando, al alzar la vista, encontró al príncipe sonriéndole con comprensión.
-Ella…-comenzó-ella ponía en duda mi… pureza, si sabes a lo que me refiero-se sentía terriblemente abochornada al decirlo. Hans frunció las cejas, incrédulo-¿Tú crees que ella… que… lo sepa?
-Nah, no lo creo, ¿cómo podría?
-No lo sé. Acaso…-se palpó ligeramente el cuerpo, observándose las piernas, el pecho, e incluso girando la cabeza para echarle un vistazo a su trasero-¿se me nota?-susurró.
Hans soltó una carcajada.
-¡Por supuesto que no!-observó a su compañera soltar un suspiro de alivio y volvió a fijar la mirada en el pequeño que trataba de esquivar las espinas de un rosal para llegar a una flor de color carmín-Creo que lo dijo sólo por molestar.
-Pues me temo que lo logró.
El pelirrojo paro en seco, desconcertándola.
-Elsa, respecto al baile.
-¿Sí?
-Bueno, faltan ya muy pocas semanas y yo sólo quería saber si…
-Toma moma-dijo una vocecita a sus pies, haciéndolos mirar hacia abajo.
Friederick le ofrecía un ramito colorido, pero lo que conmovió a ambos fueron sus ojitos aún húmedos y tristes. Elsa se arrodilló frente a él.
-Gracias amor, son muy bellas.
-Como tú.
-¡Oh Friederick!-lo envolvió en un fuerte abrazo y cuando sintió sus bracitos alrededor del cuello lo alzó en brazos-Oye, ¿qué tal si vamos a buscar a Gerda para pedirle un poco de pastel de chocolate?-el pecosito asintió antes de que su madre lo regresara al suelo-bien, ¡corre entonces!
El niño obedeció y con pasitos presurosos se dirigió hacia el palacio. Elsa, con una enorme sonrisa, pretendió seguirlo pero fue retenida por un brazo. Sorprendida se giró hacia Hans.
-¿Sucede algo?
Repentinamente el príncipe pareció sonrojarse. La soltó y bajó el rostro, pero ante la mirada insistente de la reina se obligó a recuperar la compostura y dijo:
-Amm, ¿crees que… pueda verte más tarde?
-¿Mas tarde?-preguntó desconcertada-Mmm bueno, no lo sé, tendría que consultar con Kai mi agenda y revisar si… ¿qué?
Hans la miraba con ansiedad alzando una ceja.
-Con más tarde yo me refiero a… tarde, Elsa. Muuuuy tarde.
A ella le costó trabajo comprender, y cuando por fin lo hizo abrió la boca formando una gran "O" pero sin emitir ningún sonido.
-Ah, ya. Mmm yo no…
-Escucha, si no quieres que se repita no…
-¡No no, no es eso!-se apresuró a decir, sacándole una sonrisa arrogante al príncipe.
-Está bien. ¿Entonces?
-¿Te… espero en mi habitación?
-Perfecto-la sonrisa de Hans se amplió-eso es lo que quería escuchar-siguió andando hasta pasar al lado de ella, quien aún pensativa permaneció en su lugar-Por cierto, me gustó eso que hiciste con la boca antes.
-¿Eh?
-Sigue practicándolo, nos será de mucha utilidad esta noche.
-¿Utilidad? ¿Por qué?
-Porque voy a enseñarte un par de cosas nuevas. Oh pero descuida, no tienes por qué alarmarte, te prometo que lo gozarás. De eso me encargaré yo.
Anonadada lo siguió con la mirada hasta verlo desaparecer detrás de un arbusto y con rumbo hacia la mesa del desayuno. Siguió unos cuantos minutos ahí, sintiendo la temperatura de su cuerpo elevarse escandalosamente. Para su sorpresa –y diversión, debía admitir-, no supo identificar si dicho aumento era debido al bochornoso comentario del pelirrojo o a la excitación que este le había provocado.
Le resultaba difícil encontrar algo con que ocuparse en ese lugar; Arendelle era taaaan aburrido. Comenzó a vagabundear por el palacio, tomándose la libertad de husmear en las habitaciones y de ignorar a cada persona que se ofrecía a prestarle ayuda, y si no fuera por la figura masculina que vislumbró a lo lejos en uno de los balcones, hubiera tomado la valiente decisión de meterse al estudio de la reina y revisar los cajones de su escritorio.
Se acercó sigilosamente hacia él, y sonriendo descaradamente al percatarse de que su presencia lo había asustado, se posó a su lado para observar lo que tanto atraía su atención.
Cerca de una de las muchas fuentes –con ornamentos demasiado románticos, a su pensar- se encontraban la princesa Anna y el pequeño bastardito, jugueteando con el agua y riendo inocentemente.
-Despreciable, ¿no es verdad?-preguntó la mujer al príncipe, quien desconcertado sólo atinó a esquivar su mirada, inseguro respecto a si podía considerarla como cómplice o enemiga.
-Lady Agneta, ¿cómo va su día?
-Terriblemente aburrido. Este lugar es patético, tanto como su pequeña reina-sin despegar la mirada del par de pelirrojos, pudo sentir la de Alexius sobre ella-y sin embargo estás más que dispuesto a desposarla ¿no es verdad?
-Amm, bueno yo…
-Sé sincero-se giró hacia él-¿qué es lo que te interesa: hacerte de una buena esposa, convertirte en consorte o llevártela a la cama?
Él se sonrojó, escandalizado.
-Eso es… yo… poder unir nuestros reinos y familias mediante este matrimonio sería un gran logro y…
-¿En serio?-alzó una ceja, incrédula, y el príncipe reconoció de inmediato ese gesto; uno de los muchos que aborrecía en Hans.
-¡Por supuesto! La oportunidad de compartir el lecho con ella y concebir un niño es solamente un extra, pero uno muy atractivo debo admitir.
-Ah claro, ¿y seguro que no es al revés? ¿Seguro que tu interés no es follártela, fecundarla cuantas veces te deje y de paso, llevar una corona sobre la cabeza?
-¡Mi señora!-exclamó escandalizado-Perdone mi reacción pero ese lenguaje no…
-Alexius, no finjas porque a mí no me engañas: eso es lo que hacen las putas, follar, y es algo que tú sabes perfectamente-espetó con amargura.
El moreno parecía a punto de responder, pero le estaba costando salir de su estupor. Lady Agneta volvió la vista hacia la fuente, y al seguir su mirada el príncipe se percató de que ambos pelirrojos los miraban. Anna los saludó con alegría agitando una mano en el aire que fue contestada con un par de sonrisas forzadas. Por su parte el pequeñito, abriendo sus ojitos azules con horror y fijándolos en la figura de la reina madre comenzó a encogerse y retroceder lentamente hasta quedar oculto por las faldas de la princesa, pero sin perder de vista en ningún momento a la mujer. La sonrisa de ella se ensanchó de una forma malvada y cruel.
-¿Por qué el niño le teme tanto?
-Mmmm, ¿crees que siente temor por mí?
-S-sí-tartamudeó Alexius, de pronto inseguro ante la tranquilidad de ella.
-Pues te equivocas. Lo que él siente es pavor-miró de nuevo al príncipe, y su expresión cada vez más desconcertada le causó gracia-Es un bastardo, no tenía cabida en mi palacio.
-Entonces sí es hijo de Hans.
-Una desgracia, pero sería una estupidez negarlo. Tan sólo míralo-ambos buscaron la pequeña figurita a lo lejos-creo que de todos mis nietos, es al que le corre más sangre Westergard por las venas.
-Y aun así le ha permitido a su hijo venir a cortejar a la reina.
-Oh no, él iba a Vakretta, en eso nadie ha mentido. Si terminó aquí fue por pura suerte… o porque tiene un cerebro esplendido que si lograra usar para las causas convenientes…
-Hay una cosa que no entiendo lady Agneta: ¿por qué está el niño aquí en Arendelle con Elsa, en realidad?
-Política: la muy zorra conoce la palabra chantaje y no ha dudado en usarla. Parece ser que al menos en eso la instruyó bien su padre.
-Una pena la muerte de los reyes de Arendelle, ¿no?
-Mmm no realmente. Se creían perfectos, como hechos a mano: ella era una mustia aburrida y desabrida y él un sujeto creído y prepotente. Demasiado, sobre todo si tomamos en cuenta la clase de monstruo que tenía por hija.
-Un monstruo al que, y nos es por instigar, su hijo ha venido a cortejar. Su hijo que antes atentó contra esta misma corona.
La reina madre lo miró con un odio glacial que no se molestó en disimular.
-Déjate ya de medias tintas Alexius, y escupe lo que tengas que decir.
-Oh no, no es nada-dijo encogiéndose de hombros, fingiendo restarle importancia al asunto-sólo me parece una falta de prudencia de su parte.
-Qué curioso, eso mismo pensé de tus padres cuando te vi aquí esta mañana-el semblante del príncipe se oscureció, para deleite de la anciana-Creí que tu padre quería expulsarte del reino y despojarte de tu título y apellido.
-Bueno-apretó los dientes-como puede ver, eso no sucedió.
-Sí, se lo dije a Klaus y a los chicos: sería admitir y exhibir ante todos la deshonra de su familia.
Alexius soltó una carcajada.
-Bueno, entonces supongo que no hay mucha diferencia entre su familia y la mía. Entre Hans y yo.
-Oh no mi pequeño mentecato, claro que la hay.
-¿En serio? ¿Está usted segura?
-Tanto como que mi primogénito reina sobre las Islas del Sur y como que tú eres un imbécil. Se te olvida un pequeño detalle: Hans no logró concretar sus planes. Pretendió reemplazar con su espada la columna vertebral de esa muchacha, pero al final no lo logró. Tú en cambio… bueno, no sólo le rebanaste la garganta a aquella chica mientras te suplicaba clemencia, ¡también mataste a tu hijo, el que llevaba en su vientre! Eso es ruin.
La sangre comenzaba a hervirle al moreno.
-Era sólo una plebeya.
-Y sin embargo te la tiraste.
-¡Lo mismo hizo Hans! Y de igual forma la abandonó.
-¡Él no sabía que había gestado un niño!
-No, pero de haberlo sabido…
-Ahora estaría atrapado en un matrimonio desgraciado e infeliz, obligándonos a soportar a una pueblerina paseándose por los pasillos, forzándonos a darle nuestro apellido y un título y posesiones a ese mocoso asqueroso-dijo señalando hacia la fuente-Pero jamás, y esto te lo juro por mi propia vida y con la certeza de que es de mi progenie de quien hablo, él jamás habría cometido un acto tan cobarde y cruel. Y mucho menos tres veces.
Alexius sintió que el aire se le escapaba de los pulmones, e inhalando con fuerza pretendió recuperar un poco para poder dar respuesta. Pero se sentía demasiado turbado como para formular alguna que cargara el mismo veneno con el que acababa de ser atacado.
Finalmente lady Agneta se dio la vuelta y comenzó a alejarse de regreso al palacio.
-¿Qué, ya se va? ¿Me privará de su compañía tan pronto?
-Me temo que sí; estoy aburrida y al parecer tú no tienes ni si quiera un poco de buena conversación para pasar el tiempo-lo miró sobre su hombro con altanería-Era de esperarse, nunca fuiste muy brillante y con el coeficiente intelectual que te cargas no se puede esperar mucho de ti-siguió caminando, pero antes de abandonar el balcón se tomó el atrevimiento de agregar-Incluso en ese aspecto, mi hijo Hans te supera con creces.
A lo lejos, un par de ojos aguamarina abiertos desmesuradamente seguían con atención la función.
-Vaya, ¡me hubiera encantado escuchar lo que decían porque parece que fue una conversación muy intensa!-dijo Anna, estirando el cuello tratando de seguir con la vista a la anciana-Creo que… no, no volverá, ya se fue. Bueno, tú que crees que estuvieran…
Dio media vuelta para compartir impresiones con su pequeño compañerito, pero para su sorpresa lo encontró sentado sobre el césped abrazándose las rodillas hecho un ovillo, temblando de pies a cabeza y con las mejillas pecosas empapadas.
-Ya me-me quelo il, Nanna-pidió hipando y conmoviendo a la pelirroja.
-Oh Friederick, ven acá-se inclinó hacia él pero para su sorpresa, sus ojitos se abrieron con miedo y echó un vistazo hacia el balcón.
-¿Ya se fue? ¿Ya no está la señola mala ahí?
-N-no Fried, se ha marchado-respondió con voz suave.
De inmediato el pequeño se abalanzó a sus brazos y escondió el rostro en el cuello de la princesa.
-Tranquilo pequeño, todo está bien-trato de consolarlo mientras lo alzaba-¡ya sé! Podemos ir a alimentar a los caballos, seguro eso te anima…
-Nanna, quelo a mi moma.
-Oh.
-¿Podemos il con mi moma… po favol?
-Claro pequeño, te llevaré con ella.
Apretó fuerte el cuerpecito del pelirrojito y comenzó a andar, sintiendo un nudo en el estómago tan grande como su culpabilidad, pero no tan doloroso como el llanto de su sobrinito.
Se puso el camisón más ligero y se metió en la cama a esperar. Había sido un día terriblemente agotador; después de haber desayunado precariamente en su estudio tratando de evitar a la madre de Hans y sus indiscretas conversaciones y de saltarse la comida, había intentado poner orden a todos los papeles que aguardaban en su escritorio, pero la llegada de Anna con un muy asustado Friederick entorpeció sus planes. Pidió que llevaran al estudio algunos de los juguetes de su niño y también unas pocas golosinas, y aunque trato de concentrarse en su trabajo, la tarea resultó casi imposible con el pequeñito pegado en todo momento a ella, ofreciéndole abrazos y pidiéndole que lo sentara en su regazo. Cuando llegó la hora de la siesta no había revisado más que cinco documentos, y para su mala suerte después de depositar a su hijo en la cama y cubrirlo con las mantas, la presencia de Alexius en el pasillo le hizo recordar lo grosera que había sido esa mañana al levantarse de la mesa y dejar a su invitado sin alguna buena explicación. Dieron un pequeño paseo por el pueblo, lo llevó a probar algunos de los platillos típicos y terminaron conversando en el muelle mientras observaban la puesta de sol. Elsa le expresó al príncipe su deseo de volver al palacio antes de que su hijo la echara de menos y aunque él amablemente accedió no escapó a su vista el pequeño gesto de disgusto en su rostro al mencionar al niño.
Al llegar la hora de la cena Friederick se negó a bajar. Incluso se negó a comer, y si no fuera porque Elsa se ocupó de darle un poco de crema de zanahoria y gelatina de limón mientras él montaba su caballo de madera, probablemente se hubiera ido a la cama con la pancita vacía. Cuando Kai se ofreció a subirle un plato de cena caliente ella se negó: se sentía terriblemente agotada y lo único que le apetecía era echarse a dormir. Pero recordó a Hans.
Comenzaba a adormecerse cuando escuchó la puerta de la habitación abrirse ligeramente, y no pudo contener un pequeño quejido al pensar en los valiosos minutos de sueño que su presencia le robaría. Él se metió en la cama a su lado pero Elsa no se movió; con la vista fija en el techo lo dejó apretarla contra su cuerpo y besarle el cuello y los hombros. Al percatarse de que ella no se movía, interrumpió sus muestras de afecto y la miró alzando una ceja.
-¿Qué?
-¿Ah?
-¿Qué te pasa?
-Nada-respondió con cierta inocencia, inconsciente de que su fría actitud era la causa de la pregunta.
-No, es evidente que algo sucede.
-No Hans-se incorporó sobre sus codos-yo no…-él bufó irritado y se dejó caer en su lado de la cama. Esta vez fue la rubia quien lo miró molesta-¿Qué fue eso?
-No sé porque me haces venir si no pretendes cooperar.
-Agh, basta ¿quieres? Tuve un día pesado.
-Todos tus días son pesados. Al parecer mucho más que los del resto de nosotros.
-Pero claro, soy yo la que está tratando de dirigir un reino mientras me aseguro de que tú y Alexius no se maten a golpes, tolero las groserías de tu madre y tengo que cuidar y criar a un niño. Tú, por tu parte, sólo te dedicas a pasearte por los corredores haciendo nada de provecho.
-¿Perdón? También saco a Friederick a pasear.
-Uff, ¡pero qué difícil debe de ser!
-Bueno, lo sabrías si salieras de vez en cuando con él en lugar de encerrarte todo el día en tu estudio.
-¡Tengo mucho trabajo! Además, no es como que me estés haciendo un gran favor: Anna, Kristoff y Olaf podrían hacerlo con todo gusto y sin echármelo en cara.
-¡Ay por favor! Tu hermana necesita niñera, el hombre gorila sólo sabe llevarse bien con los caballos y esa abominable criatura se la pasa perdido entre los pasillos del palacio, ¡no creo que sean de mucha ayuda!
-Mi hermana es perfectamente capaz de cuidar de mi hijo, a Kristoff le gustan más los renos que los caballos, ¡y Olaf no es abominable!
Se dejó caer en el colchón, dándole la espalda y enfurruñada se cubrió con la sábana hasta los hombros. Escuchó a Hans suspirar para agregar después de un no muy prolongado silencio:
-También le hago el amor a la reina, y eso es extenuante ¿sabes?
-¿Hacerme el amor?
-Bueno, al menos cuando se deja.
-Nadie te ha detenido-espetó.
-No, pero tampoco pretendo hacer todo el trabajo yo sólo. Y menos si te quedas allí nada más quieta, como… muerta.
-Eso suena desagradable.
-Ni que lo digas.
Ninguno de los dos agregó más. No estaba segura de cuánto tiempo había transcurrido, pero de pronto se sorprendió preguntándose si el pelirrojo se habría quedado dormido. Se giró, lenta y precavidamente, pero no pudo evitar volver a fruncir el ceño al verlo completamente despierto, con los ojos fijos en el techo y evidentemente molesto. Su gesto se suavizó antes de dirigirse nuevamente a él.
-Escucha, Hans-comenzó-creo que esto fue un error.
-¿Perdona?
-Creo que… creo que deberíamos parar.
Ahora fue Hans quien, incorporándose sobre los codos, la miró desconcertado.
-¿De qué estás hablando?
-Hice mal-prosiguió evitando su mirada-yo me… me dejé llevar, debí detenerte y decirte que no lo deseaba.
-¿No lo deseabas? Pero… pero tú…
-No no, es decir, lo deseaba pero… no-exhaló-es difícil pero…-se obligó a recuperar la compostura y con firmeza dijo-nos precipitamos. Fue un desliz, un descuido. No nos encontrábamos en nuestro mejor momento, ninguno de los dos; han sido días y circunstancias difíciles, y eso propicio aquel encuentro. Pero no se debe repetir.
Hans la observaba con gesto dolido. Trato de refutar sus palabras pero, después de estrujarse el cerebro lo más que pudo los siguientes segundos, las palabras de ella le habían dejado muy en claro sus deseos, y estaba completamente dispuesto a respetarlos
-Bueno, pues… no pienso obligarte a nada-la miró una última vez, la indignación abriéndose paso en su mirada, y saliendo de la cama se dirigió rápidamente hasta la puerta y abandonó la habitación.
Respiró con tranquilidad sólo hasta que escuchó la puerta cerrarse. Se volvió a recostar, decidida a esperar a que el sueño regresara, pero para su desgracia la sensación de culpabilidad comenzó a llenarle el pecho. Trató de ignorarla, de convencerse de que había hecho lo correcto, pero después de dar vueltas y vueltas en la cama terminó por rendirse.
¿Por qué lo había hecho? ¿Por qué se había acostado con Hans? "Porque lo deseabas" le dijo una voz en su interior. Pero eso no podía ser verdad, ella no podía ser tan débil como para ceder a un simple deseo carnal. No, seguro había algo más profundo en todo aquello, seguro se trataba de alguna clase de trauma provocado por sus años de aislamiento, por la falta de comprensión de sus padres y la lejanía y falta de contacto con su hermana cuando eran pequeñas. Sí, seguro se debía a eso; Hans podía ser un pendenciero y un desvergonzado, pero no se había mordido la lengua al momento de expresarle su sentir hacia ella. Le había dicho que la amaba y… un momento, ¿lo había hecho? No lo recordaba, pero le quedaba claro que algo así había tratado de demostrarle… o al menos eso creía. Él la había besado y acariciado como jamás creyó que un hombre podría hacerlo; muchos de sus súbditos temían siquiera darle la mano por temor a que les hiciera daño con sus poderes, pero él había pasado eso por alto y se había acercado a ella, la había tomado entre sus brazos y le había regalado sensaciones que, resignada, creyó que jamás llegaría a experimentar. Normalmente la gente a su alrededor, por muy cortésmente que se dirigieran a ella, siempre procuraba evitar todo lo posible el contacto con su persona. Él, por el contrario, la había hecho sentir deseada, quizás por primera vez en su vida.
El mismo impulso que la noche anterior la había instado a permanecer en silencio y dejarse llevar la hizo salir de un brinco de la cama y llevando sólo su camisón se aventuró a recorrer la distancia que separaba su habitación de la de Hans.
El pelirrojo aún se encontraba enfurruñado y despierto cuando ella irrumpió en su habitación.
-Elsa, ¿qué…
La rubia apresuró el paso hasta trepar a la cama del príncipe y, levantando las mantas, se arrojó sobre él y lo besó con urgencia. Cuando sus labios liberaron los de su amante y comenzaron a bajar por su cuello mientras comenzaba a desabrochar su camisa de dormir, él preguntó anonadado.
-Pe-pero creí que no querías…
Se cortó al notar la intensa mirada que le echó la reina, alzando la vista desde su abdomen. Al notar que el príncipe no agregaba más, reanudó su tarea de desnudarlo mientras recorría su piel con los labios. En una pequeña pausa que hizo, Hans aprovechó para atraerla hacia sí y metiendo sus dedos entre los platinados cabellos, la besó profundamente. A diferencia de la noche anterior, esta vez ella parecía más despierta y activa, y eso lo excitó de sobremanera.
La rubia se sentó a su lado y sin abandonar sus labios llevó una mano hasta el miembro ya un poco endurecido. Pero él la detuvo.
-Espera, ¿estás segura de esto?
-Evidentemente-respondió con una tranquilidad que extrañó a Hans-de lo contrario no estaría aquí.
-Pero creí que…
-Hans, vine. Si te apetece me puedo retirar, y no te lo voy a reprochar. Pero la cuestión es que… viene, estoy aquí, y estoy completamente consciente de lo que estoy haciendo.
-Eso me queda claro-dijo observando la blanca y delicada mano de la reina subir y bajar por su miembro-pero ¿por qué?
-¿Por qué?
-¿Por qué estás aquí?
La forma en que lo miró, tan intensa, firme y segura, le provocaba abalanzarse sobre ella y arrancarle la ropa de dormir. Pero primero quería escuchar su respuesta.
-Porque así lo deseo Hans. Porque quiero hacerlo contigo. Porque te quiero.
El pelirrojo sonrió con satisfacción.
-Bien, si así lo quieres.
-Es lo que acabo de decir.
-Ok. Entonces, ¿recuerdas lo que hiciste esta tarde con tu boca? Necesito que lo repitas otra vez, muñeca.
Elsa le sonrió de una manera tan perversa y llena de lascivia, que no pudo evitar sentir una pizca de orgullo ante su recién adquirida seguridad, pero aun así, nada lo hubiera preparado para la respuesta de la reina de las nieves:
-Como usted diga, su majestad.
Ok... pues... bueno, espero que los haya dejado satisfechos.
Oigan, siento la necesidad de expresarles que los amo con intensidad porque, a pesar de que aún no he respondido sus reviews y mensajitos, ustedes no nos han abandonado ni a mi ni a mi historia 3 Prometo pronto pronto agradecerles por su tiempo y sus palabras como antes, me encargaré de darme el tiempo y... ash chiquitos, por favor jamás se conviertan en adultos tan atareados como yo, es terrible :(
Por lo pronto les deseo una excelente semana y pues... otra excelente semana por si no logro subir nada el próximo domingo, y les envío muchos calurosos abrazos. Bye bye! ^_-
