CAPITULO 29: DESPUÉS DE UNA TORMENTA, EL SOL VOLVERÁ A BRILLAR
Un día más, un nuevo día del que Celeste no despertaría…
La tormenta que azotó a Berk la noche anterior había dejado algunos daños a su paso. Por lo cual, Hipo se despertó muy temprano para dirigirse a los muelles y así saber qué tan graves eran dichos daños.
Al despertar, Astrid fue a buscarlo a su casa, pero éste no estaba ahí; hacía ya casi una hora desde que él había salido. Justo cuando estaba por salir a buscarlo, este entró al lugar, discutiendo con Chimuelo, quien solo gruñía levemente.
—Ay vamos Chimuelo. No es para tanto—Le decía al dragón, quien fue el primero en entrar, corriendo hasta el otro extremo de la habitación, y trepando a una de las vigas de madera del techo. Tan concentrado, o más bien, distraído, estaba Hipo al intentar razonar con Chimuelo; que ni siquiera notó la presencia de Astrid, hasta que ésta aclaró su garganta para llamar su atención—. ¡Ay Dioses!...—Exclamó sorprendido al verla junto a la puerta. Más que una sorpresa fue un pequeño susto—. Astrid… ¿Qué…que estás haciendo aquí?—Preguntó nervioso.
—Buscarte—Le respondió con simpleza caminando hasta él—. ¿Dónde estabas?... Y más importante aún, ¿Por qué estás cubierto de pescado?—Continuó al mismo tiempo en el que retiraba un poco de lo que parecían ser restos de pescado de su cabello.
—Bueno, primero que nada, no es pescado; es anguila—Contestó llevándose su mano hasta el cabello en busca de más de estos restos.
—Bien…entonces, ¿Por qué estás cubierto de ANGUILA?—Preguntó nuevamente haciendo énfasis en la nueva palabra.
—Eso, es algo complicado de explicar—Comenzó.
—Verás, Chimuelo y yo fuimos a los muelles para hacer un conteo de los daños en el lugar provocados por la tormenta de anoche. No eran muchos—Aclaró—. El único problema era una percha caída que bloqueaba el camino hasta la aldea. Junto con otros dragones comenzamos a retirarla, pero al hacerlo nos dimos cuenta de que la tormenta no solo derribó la percha, sino que también arrastró hasta la superficie hasta la superficie a un grupo de anguilas. Obviamente los dragones se asustaron, soltaron las sogas y Chimuelo tuvo que sostener sólo la percha, pero el cambio de peso y equilibrio fue muy repentino. La percha se soltó, y ambos caímos; más preciso, YO caí. Pero eso no fue lo peor, pues terminé cayendo justo a un lado de las anguilas—Decía ya con su fugaz movimiento de manos, caminando por todo el lugar, mientras era observado tanto por Astrid como por Chimuelo, quien seguía en la viga del techo—. Los dragones estaban tan asustados, que comenzaron a dispararles a las anguilas, incluyendo a Chimuelo. Restos de anguilas comenzaron a caer por todas partes, mejor dicho, comenzaron a caer…sobre mi…y fue entonces que terminé así—Concluyó mientras se señalaba a sí mismo.
—Wow…—Dijo Astrid conteniendo la risa que amenazaba con escapar. Hipo le miraba con una expresión un poco molesta, pues sabía perfectamente que quería reírse.
—Vamos ríete de una vez—Mencionó aun con la misma expresión—. Después de todo es muy gracioso—Dijo esta vez con una sonrisa en su rostro. Fue entonces cuando ambos comenzaron a reír. Pero pronto un corto silencio los invadió, se encontraban muy cerca uno de otro, mirándose fijamente a los ojos. Hasta que sucedió, se acercaron cada vez más y se detuvieron justo cuando sus labios tocaron los del otro, conectándolos en un corto pero dulce beso.
Al separarse, nuevamente se rieron, pero esta fue una risa nerviosa. Y después de un momento, Astrid volvió a hablar.
—Bueno…—Suspiró—. Iré con tu madre para ver cómo sigue Celeste… Y tú—Lo señaló—. Señor Apestoso. A menos que quieras que todos los dragones te disparen y huyan asustados, así como que Chimuelo te siga ignorando. Te recomiendo que tomes un baño—Le dijo riendo.
— ¿Señor Apestoso?... Vamos, ¿tan mal huelo?—Musitó mientras se miraba a sí mismo.
—No, claro que no—Le respondió con un claro sarcasmo, al mismo tiempo en el que Chimuelo gruñía en aprobación.
—Bueno…creo que no me queda otra opción—Dijo Hipo encogiéndose de hombros.
—Está bien—Respondió Astrid sonriendo—. ¿Irás a casa de Celeste más tarde?
—Sabes que sí—Fue su respuesta—. Te veré más tarde—Dicho esto le dio un beso en la mejilla para después subir rápidamente las escaleras. Astrid permaneció unos minutos inmóvil, sonrió, se despidió de Chimuelo y salió del lugar.
*O*O*O*
—Buenos días, Valka—Le dijo al entrar a la casa.
—Oh, Astrid, buenos días—Respondió sonriente al verla.
— ¿Cómo sigue Celeste?—Pregunto curiosa.
Valka solo dejó escapar un leve suspiro. —Igual que los días anteriores—Dijo al fin—. Su herida sana demasiado lento, por suerte no ha vuelto a tener temperatura, lo que significa que ya no hay infección.
—Eso suena a que es algo bueno—Mencionó Astrid.
—Sí, un poco—Suspiró nuevamente.
— ¿Acaso ocurre algo más?—Cuestionó preocupada.
—Volvió a delirar—Soltó al fin.
— ¿Delirar?—Repitió Astrid confundida.
—Sí. Anoche, comenzó a hablar de nuevo, y esta vez incluso lloraba y se estremecía.
— ¿Qué era lo que decía?
—No era muy claro. Pero mencionaba a Alina constantemente—Explicó.
—Espero que a su hermana—Dejo escapar por error—. Ahh…yo no quise…—Decía con dificultad al darse cuenta de su error—. ¿Estuvo mucho tiempo así?
—Todo lo que duró la tormenta—Respondió.
Después de hablar fueron a la habitación para ver como seguía. Minutos después Hipo y Chimuelo llegaron.
Con los cuatro ya en la habitación y el silencio gobernando entre ellos, Chimuelo convencía a Luna nuevamente para que comiera un poco, cosa que consiguió fácilmente. Aun así Luna observaba a su amiga fijamente.
Al terminar de comer, Luna se dirigió de vuelta a su lado, como si jamás se hubiera apartado.
—Me preocupa—Mencionó Hipo rompiendo el silencio. Astrid y Valka se giraron para verlo—. Esto no es bueno para Luna. Estar encerrada sin ver siquiera la luz del sol. Come poco y casi no se mueve, y todo eso comienza a afectarla—Continuó con una mirada y un tono de voz preocupado y profundo.
—En eso tienes razón—Apoyó Valka—. Esta situación la está dañando. No solo la salud de Celeste está en juego, sino también la de Luna.
Justo cuando el silencio comenzó a reinar de nuevo. Un inesperado acontecimiento llamó la atención de todos los presentes.
En la cama, aun inconsciente, y con Luna a su lado, Celeste…reaccionó ante su presencia…
De forma ligera y torpe, elevó lentamente su mano hasta rozar la piel escamosa de la nariz del dragón a su lado, movimiento que llamó su atención.
Luna dejó escapar un leve gruñido, antes de acercarse un poco más hasta su inconsciente amiga, estrechando su nariz contra la mano que durante tanto tiempo permaneció inmóvil. Y después de lo que pareció una eternidad, ésta terminó con sus movimientos al detenerse sobre su frente.
La mirada de la dragón paso de preocupada a sorprendida. Liberó un cálido suspiro y cerró los ojos, disfrutando del contacto con la piel de su amiga, un contacto que desde hace ya mucho tiempo no había vuelto a sentir.
El resto solo observaba en silencio, pues se encontraban tan sorprendidos como Luna. Pero se sorprendieron aún más cuando lograron escuchar su voz…
—L-Luna…—Dijo cuando sintió la respiración lenta del dragón sobre su mano…
