Bien. Continuó con la actualización.


Aire fresco.

"-Éste es el verdadero móvil de Erika Orson. Usted no debería tener éste número. Si es así significa que está en graves problemas. Por favor deje su mensaje y modo de contacto y me comunicaré con usted a la brevedad. Adiós."

La grabación terminó y el joven, algo desconcertado, dejó su mensaje:

-Hola Erika. Soy Julian… me gustaría hablar contigo si fuera posible, por favor comunícate conmigo. Tengo siempre el mismo número. Espero saber de ti. Hasta pronto.

Erika marcó el número de su ex alumno en cuanto oyó el mensaje.

-Hola- dijo la joven voz al otro lado.

-Julian… soy yo Erika.

-Erika. ¡Que gusto oírte! ¿Cómo has estado?

-Algo ocupada. ¿Y tú?

-Bien. Muy bien. Necesitaba hablar contigo

-¿Qué ocurre?

-Es que voy a casarme. Y quería pedirte algo especial.

-¡¿Te vas a casar!?- dijo emocionada- ¡Enhorabuena! ¿Y quién es la afortunada?

-¿Tú qué crees?- le dijo

-¡…Lisa! ¿Verdad?

-Jajaja… así es… nadie me conoce como tú…

-Me hace muy feliz oírlo.

-Es que nosotros queríamos saber si no es problema para ti ser nuestra madrina de bodas.

-Bueno… no tengo problema. Pero… ¿Y tu madre?- preguntó con temor.

-Ella y yo… estamos algo distanciados. No está de acuerdo con esta boda.

-Oh… lamento oír eso. Nunca pudisteis recomponer vuestra relación, ¿verdad?

-Prefiero no mencionar ese asunto. Y bien. ¿Qué dices?

-¡Claro que estaré ahí….! ¡Cuenta conmigo!

-Bien. Te esperamos.

Erika colgó el móvil y una idea pasó por su mente. No le agradaban las fiestas. Claro que Chris y Garth estaban invitados, pero pensó en alguien más para hacerle compañía. Alguien a quien Julian y Lisa estarían felices de recibir… el problema era si él estaba dispuesto a regresar.


-Y bien… ¿Tú que opinas?- preguntó Lisa con algo de inseguridad.

-¡Está genial…!- le dijo Erika- ¡Me encanta el morado…!

-Si… es que no me agradaba la idea de vestir de blanco como una novia tradicional… pero tampoco podía vestir negro en mi boda… ¡Te imaginas!

-Jajaja… pues… si…

-Espero que el diseño de tu vestido te guste…no sabía si tomarme el atrevimiento de encargarlo a mi gusto… pero no quería causarte molestias con todo esto…

-¡Pero si no es molestia…! Por el contrario. Será la única vez que disfrute de una boda…- dijo amablemente.

La modista quitó la cubierta de uno de los maniquíes dejando ver un vestido color lavanda. La falda caía con mucha gracia y estaba terminada en una fina gasa de un tono apenas más claro que el resto de la tela. En la pechera y las mangas había un encaje de muy buen gusto. Y era tremendamente escotado.

-Es una tela artificial pero da a impresión de ser seda….- Dijo Lisa

-Esto… es demasiado…- confesó Erika- es una preciosidad. No debiste ponerte en este gasto.

-Hemos ahorrado varios años para esto, y para serte franca, no deseábamos una fiesta costosa, decidimos gastar más en éstos detalles.

-Lisa…Yo… me siento tan halagada…

-Julian y yo te estimamos mucho. Tú has sido muy importante en nuestras vidas. Bueno… también Edward… no sé que hubiera sido de nosotros sin vuestra amistad. Es una pena que él no esté aquí…ustedes hacían una pareja maravillosa. Solo espero seamos apenas tan felices como lo fueron vosotros. Hubiese querido que él fuese nuestro padrino.

-¿Y quién será?

-Tom.


El día había llegado. Erika y Lisa terminaban de vestirse. Alguien tocó la puerta. Eran Julian y Tom.

-Bien… ¿Estáis listas?- preguntó el padrino.

-No. Aún no.- Dijo Erika.- os tengo una sorpresa. Mi regalo de bodas. Bueno, el de verdad. Es que… la cafetera era una farsa…- dijo mirando con complicidad a Tom.- Esperadme unos minutos.

Salió del cuarto. Julian miró a Tom con intriga. Éste sonrió, cómplice.

Erika entró entornando la puerta. Como si ocultara algo detrás de ésta.

-¿Cuál era vuestro deseo… chicos?

Hizo una seña y alguien asomó por la puerta.

-Lamento la demora- dijo Gabriel- he estado muy ocupado.

Los jóvenes novios le observaron incrédulos.

-¿Edward?- preguntó Julian- no puedo creerlo. ¿Le has encontrado?- preguntó mirando a Erika.

-No.- respondió ella quebrándose- más bien, él me ha encontrado a mí.

-¡Ah…! ¿No vas a empezar a llorar ahora? ¿Verdad? Ya bastante difícil ha sido ponerte todo ese maquillaje, para que lo arruines lagrimeando…- se quejó Gabriel.

-Pues maquillarme no ha sido tan difícil como ponerte un traje a ti…- reprochó Erika con sarcasmo.- Si no estuvieras tan guapo…ya verías.

-Tom: ¿No te molesta?- dijo Lisa.

-¡Claro que no! De hecho he sido cómplice de esto…

-Gracias…

-¡Bueno…! Se hace tarde. Ya vámonos- agregó Tom.


Había sido una boda maravillosa. Solo boda civil, por cierto. Nada de sacerdotes. Eso fue un gran alivio para Gabriel. Lo menos que necesitaba justo ahora era oír a un clérigo hablar sobre el infinito amor de Dios. Pero hubiera sido capaz de soportarlo por esto chavales. Bueno… ya no eran chavales. Eran dos adultos planificando su futuro. Luchaban día a día por superar sus dificultades. Se esforzaban por ser genuinos y felices. De una manera sencilla pero dolorosa a la vez. La vida que habían elegido les había separado de sus familias. De la familia de Julian, era mejor no opinar. De la de Lisa… menos. Aún sabiendo que ella amaba a ese muchacho profundamente, ellos se empeñaban en remarcar todo lo malo que podía ser. Le habían abandonado. Gabriel sabía que la vida con Julian no era fácil para esa muchacha. Estaba muy traumado. Pero su amor se volvía más fuerte con las dificultades. Todo lo superaban juntos.

Lisa y su flamante esposo bailaban en el centro de la improvisada pista construida en el bar. Si. Aquél mismo bar, que era propiedad de la familia de Tom desde hace mucho tiempo. Él lo había conseguido para sus amigos. Gabriel se acercó a la pareja.

-¿Me permite bailar con la novia?

Los dos rieron.

-Claro que si…. ¡Cuídamela!- dijo Julian.

-Está en las mejores manos.- le respondió el arcángel.

-Gracias por venir- le dijo ella- Ha sido el mejor regalo de este día.

-No iba a perdérmelo… Todavía recuerdo cuando venías a almorzar al depósito porque no podías hacerlo en ningún lado sin que te fastidiaran.

Ella pareció entristecer.

-Eh… no te pongas así- le dijo Gabriel tomándola de la barbilla- ¿Pero sabes algo que he aprendido? Que tienes que recordar lo que has sido para valorar lo que eres… en especial cuando has logrado superarte a ti mismo.

-Gracias por lo que has hecho por nosotros…

-No. Yo debo agradecerles. Gracias a vosotros, y a éste casamiento, me he dado cuenta de algo. De algo muy importante.

-¿Qué?

-No puedo decírtelo. Pero puedo decirte que es algo que me hace muy feliz.

Erika y Julian miraban desde una mesa.

-Aún os queréis. ¿Verdad?

-Si- dijo ella ruborizándose.

-Y… ¿Segura que no quieres tu coche? Aún puedo devolvértelo…

-Naaa… te he dicho que es tuyo. Y que tengo otro…

-Ah… vamos. Nadie en su sano juicio cambia un Chevy por un Ford… Es un pecado imperdonable.

-¡Oye...! Es el coche de mi madre del que hablas…

-Lo siento… solo bromeaba. Tus amigos son muy guay... por cierto. En especial el flaquito. Creo que se ligará a todas las chicas de la fiesta. ¿De dónde los has sacado?

-Jajaja. Son socios de negocios.- dijo con tono misterioso.

-Oh… si. Esa misteriosa profesión que ahora ejerces y de la que nadie te puede sacar ni una palabra…

-Hola Chicos- interrumpió Elizabeth.- Me la estoy pasando genial- confesó- solo me falta bailar con el hombre más guapo de la fiesta, después del novio… claro está. ¿Me lo prestas, cielo?

-Claro que si… pero devuélvemelo- respondió Erika- o haré que lo lamentes.

Ese lugar le había traído recuerdos. Por primera vez en mucho tiempo sentía algo de normalidad. Esa fiesta le había venido de pelos. Le había permitido relajarse un momento. Olvidar todo lo que estaba pasando. Casi sentía que era un ser humano igual al resto. Parte de ella quería serlo. Y otra parte no. No renegaba de su vida como cazadora. Le hacía sentir libre y feliz. Aunque era duro y doloroso. Pero era su vida. ¡Si! su vida. La mejor que podía pedir. Miró a Gabriel. Él le guiñó un ojo.

Se disculpó con Elizabeth y se acercó a ella.

-Ahora te toca a ti bailar conmigo.- le dijo

-Si. En tus sueños- le respondió.

- No quiero un no como respuesta. Bailarás.-enfatizó él.

-De acuerdo.

Ella se movía con torpeza. Parecía que sus propios pies le molestaban. Gabriel la había visto combatiendo, y se movía con una agilidad indescriptible. Y ahora no era capaz de dar dos pasos sin tambalear. Esa mujer si que se boicoteaba todo el tiempo.

-Espera un momento- dijo ella, quitándose los zapatos.

Es que éstos le hacían perder el equilibrio. Sin mencionar que sobre ellos quedaba más alta que su acompañante, lo que de alguna manera le provocaba incomodidad.

-Así está mejor- dijo.

-¡Cómo mola el violeta!- exclamó- Estás increíblemente bella.- le susurró, mientras la apretaba contra su cuerpo.-Pareces una Ninfa. No…. Ellas a tu lado son escoria.- se corrigió.

Ella sintió ese hormigueo en su vientre. Suspiró largamente. Él la miró mientras le acariciaba la espalda.

-La fiesta casi termina- le dijo-¿Por qué no damos una vuelta por ahí…?

-De acuerdo- dijo ella.

-Solo… espérame un momento… ¿Sí?

Gabriel se acercó a Chris.

-Tengo que hablarte.- le dijo con mucha seriedad.

-Si… ¿qué ocurre?-dijo el moreno.

-Necesito a Erika por unos días… no se cuántos. Tal vez dos o tres, pero probablemente más.

-¿Para qué?

-No puedo decírtelo.

-No me gustan las cosas que no se pueden decir- le dijo. Gabriel aún no le caía bien.

-No te estoy pidiendo permiso. Te lo estoy avisando. Simplemente para que no te preocupes por ella. ¿Vale? Me la llevaré. No le haré daño. Nadie se lo hará mientras yo esté cerca…

A Chris le gustó el tono en que el ángel le habló. Algo en lo que le decía le tranquilizaba.

-…pero necesito que me hagas un favor.- continuó Gabriel.- envíala a esta dirección.- le entregó un papel. Tenía escrito una dirección y una fecha. Era bastante próxima- ¿Puedo contar contigo?

-Creo que sí. Pero si le pasa algo….

-Estará bien. Confía en mí.

Se levantó y se fue con Erika.

Caminaban tomados de la mano por esas calles de nuevo. Parecía que el tiempo no había pasado. La noche estaba terminando. La claridad del día se asomaba en el horizonte. Llegaron al parque.

-¿Te acuerdas de éste lugar?- le preguntó él.

-¿Cómo olvidarlo…?- dijo ella ruborizada- en especial esa banca- señaló.- Jajaja. Aún no entiendo como ese poli no nos llevó detenidos…

-Ni yo…- dijo abrazándola desde atrás.

Ella se giró y lo miró a los ojos.

¿Por qué siempre acabo ebria entre tus brazos?- le preguntó.

¿Por qué será….?- repitió él.

-Te quiero.- le dijo temblando- ¿Vienes conmigo al motel?- le rogó en un susurro.

-Claro que si…

-Pero esta vez… por favor… no dejes a la ciudad inundada y sin electricidad…- dijo tentándose de la risa.

-Si me lo pides de esa forma…. ¡Pero démonos prisa! Me muero por quitarte ese hermoso vestido.