CAPÍTULO 28: El Interrogatorio
AKATSUKI: La promesa a Itachi
22 de Enero 2014, 16.00h
Lugar Desconocido
A través de las frondosas ramas de los árboles, Kazuzu corría veloz camino a la casa que Itachi y Kisame tenían oculta en el bosque. Sabía que para llegar a ella debía atravesar el genjutsu que había preparado el Uchiha y una vez en él, responder a la seña correctamente. Así habían quedado antes de partir por si era necesario regresar sin él.
Era su oportunidad de oro para escapar y traicionarles, de volver con el líder Pain. Pero en el fondo era consciente de que si lo hacía no saldría con vida de ésta. De un modo u otro acabaría muerto, en manos de Itachi o bien en manos de Pain. Si regresaba con ellos lo único que conseguiría sería convertirse en su cobaya, le sonsacarían toda la información sobre los dos tránsfugas y después acabarían con él. Decidió que iba a cumplir con la palabra que había jurado al Uchiha. Si algo ocurría durante la misión de búsqueda y captura del Dragón Blanco, debía regresar con Kisame para que éste pudiese llevar a los reporteros ante el mismísimo Hokage y contar toda la verdad.
Cruzó la técnica, dijo la seña y apareció la cabaña. Entró despavorido al lugar, llamando a voces a Kisame, quién rápido apareció ante él.
- ¿Qué ocurre? ¿Dónde está Itachi? – los dos reporteros que restaba sentados ante la mesa de la cocina, se incorporan ante la alarma de los dos Akatsuki.
- Le han capturado. Le llevan a Konoha para interrogarle. Seguramente ya ha debido llegar.
- ¿Qué? ¿Cómo ha ocurrido? – preguntaba atónito el hombre pez, incrédulo a las palabras de Kazuzu, del cual sospechaba que podría traicionarles de un momento a otro.
- Sí, debes activar el plan de emergencia que pactó Itachi. Lleva a los reporteros a Konoha, no le queda otra. – eludió las preguntas, insistiendo en la necesidad de que los periodistas debían ir a la Villa cuanto antes. Se acercó a uno de ellos, cuando Kisame gritó:
- Para. Te he hecho unas preguntas. Contéstame.
- No te estoy mintiendo, joder. Créeme. Nos dirigimos hacia el Barrio Uchiha, siguiendo los rastros de chakra que Yondaime había dejado. Al parecer él y Pain tenían un plan, justo como Itachi sospechaba y se habían puesto en marcha. Cuando logramos captar la mayor frecuencia de energía, dimos directamente con Minato y había cazado a un grupo de ANBU de la aldea que debían estar haciendo la ronda o vete tú a saber qué. La cuestión es que de repente a la fiesta se unió Pain y Konan, y más tarde, por arte de magia apareció por allí el dichoso Dragón Blanco del que tanto habláis. Resulta que se entrometió en la pelea y se lió la de dios con Minato. Y de golpe, aparecieron en escena dos ANBU más y una pandilla de perros acompañados por un ser humano rarísimo, por cierto.
- Al grano, Kazuzu. ¿Qué pasó con Itachi? – insistía Kisame impaciente.
- El Dragón estaba en problemas y Minato estuvo apuntito de freírlo vivo, pero entonces, Itachi se dio cuenta de que el chaval había hecho una técnica impresionante, con la que había logrado engañar a Minato. Trasvasó su dragón a una bolsa hermética y la enterró bajo tierra tras su espalda, porque el tío estaba caído en el suelo hecho una mierda, y luego sobre su cuerpo dejó entrever una copia falsa del Dragón. El rubiales picó en el anzuelo y se llevó el dragón falso, y después intentó prender en llamas al chaval, pero en ese momento, Itachi saltó encima para cubrirle con la capa y que no se quemase su cuerpo. No me preguntes porqué hizo esa locura, si total, el Dragón Imperial estaba a salvo. Yo intenté detenerle, per o fue imposible – añadió irónico Kazuzu.
- No me hagas reír. Estarías cruzando los dedos para que se hubiesen muerto los dos. No he entendido muy bien nada de lo que has explicado, porque eres como un libro cerrado, pero la cuestión es que sigues sin decirme, porqué cojones han capturado a Itachi.
- ¡Ah! Sí, sí, perdona. Es obvio. Recibió unas quemaduras horribles. Entonces llegó el de los Lobos y se llevó al Dragón y el cuerpo del chaval. Itachi habló cuatro cosas con él y lo dejó ahí tirado, y en el mismo momento en el que se marchó el de los Lobos, los dos ANBU que quedaban se abalanzaron sobre él y se lo llevaron. Claro, no te he dicho que los otros ANBU están muertos y que Pain, Konan y Minato se fugaron. Un caos, vaya.
- De verdad, das pena explicándote. Si tuviese que entender algo de lo que has dicho y mi vida dependiese de ello, estaría muerto seguro. La conclusión es que no hay tiempo que perder. Debemos llevar a estos hombres a Konoha cuanto antes.
Los dos hombres se miraron compungidos. De repente un revoltijo de sentimientos se les vino al estómago. Parecía que por fin su libertad estaba a la vuelta de la esquina, que por fin los seis años de secuestro iban a llegar a su punto y final. Mitsui no pudo evitarlo y arrancó a llorar, abrazado a su compañero Josh, que hacía ya varios años había perdido el juicio y las ganas de vivir. Sin embargo, un sentimiento agónico le colmó la garganta obligándole a gimotear.
- Basta de dramatismos. No vamos a ningún entierro, es hora de volver a casa. – Dijo Kisame, acercándoles dos capas y señalándoles la salida.
KONOHA: Detective Makoto
22 de Enero 2014, 13.00h
Campo Santo de Konoha
Erguido, con la mirada perdida en el cielo y ante la tumba de su padre, Kakashi dejaba transcurrir los minutos en el silencio del cementerio. Aunque popularmente eran conocidos como lugares sombríos, oscuros y llenos de terror, no era el caso de este pequeño rincón, dedicado al homenaje de los grandes hombres y mujeres que habían escrito la historia de la Villa. Cercano al barrio del clan Hyuuga, sobre un pequeño altiplano rodeado de bosques, se alzaba el Campo Santo de los héroes de Konoha. Un parque natural, cuidado a diario por los propios aldeanos y ninjas, plagado de frondosas dehesas y monumentos conmemorativos. Tras la guerra, había quedado descuidado, pero los miembros del clan Hyuuga se encargaron de reavivarlo otra vez.
Kakashi solía visitar con bastante frecuencia aquel lugar antes de la guerra. En él no sólo yacía su padre, también restaba sepultada su pareja sentimental, un ANBU que había trabajado con él a lo largo de los años y que finalmente habían formalizado su relación. Ahora no le quedaba nada. Su amigo más íntimo, Asuma Sarutobi, se había casado con Kurenai, otra compañera de trabajo, y durante la guerra, perdieron el hijo que estaban esperando. Desde entonces no había vuelto a verles en las filas ninja, aunque era lógico y no se lo reprochaba. Necesitaban tiempo, no sólo para ellos mismos, también para descansar, reflexionar y buscarle sentido a su vida como ninjas, pues había una pregunta que Asuma le había hecho a Kakashi, poco después de perder su hijo, que le hizo entender completamente sus dudas para seguir en el cuerpo: "¿De qué me sirve ser llamado ninja, tener un rango y llevar este chaleco, sino puedo proteger la tierra donde vivo, a los que viven en ella y a los que deberían verla algún día? Dímelo tú, Kakashi, dímelo. No hemos podido proteger lo que más deseamos en este mundo, ni con nuestros propios cuerpos… ¿qué clase de ninja soy?". No es que Kakashi estuviese de acuerdo, creía ciegamente en la valía de sus dos compañeros, pero sabía que estaba en lo cierto. Todos los que yacían en aquel cementerio eran ninjas que habían dejado su piel en el intento de proteger algo que amaban, respetaban o deseaban, ¿y de qué les había servido? Esfuerzo y sacrificio, perder una vida, toda una juventud entregada a una causa, que finalmente se había perdido. Así se sentía él como Hokage. Ya no le encontraba un sentido lógico a su lucha. Habían pasado seis años de calamidades y aún no se habían terminado, y por el camino cientos de ninjas sacrificando sus vidas por una tierra que seguía en guerra. Él seguía con vida, pero aunque estuviese muerto, la Villa seguiría en guerra, su sacrificio no habría servido para nada. ¿Qué sentido tendría seguir luchando? Las preguntas le atormentaban y contradecían constantemente su vida, su ética, su profesión. ¿Qué era y quién era él, si no más que un ninja que daba su vida por el bienestar de otros? Buscaba amparo en la tumba de su padre, una respuesta que le diese sentido a su camino, para seguir adelante, para poder entender que estaba haciendo.
Tras él apareció un hombre engalanado con una gabardina negra y un sombrero de copa. Era un atuendo desconocido completamente para el Hokage, por lo que le hacía pensar que era evidente que aquel hombre era un forastero. Éste se aproximó unos pasos más hasta la tumba del Sakumo e hizo una reverencia ante ella.
- Detective Makoto del Departamento de investigación de Tokyo.
- ¿Es usted policía, entonces? ¿Qué trae a un policía hasta estas tierras lejanas? Tengo entendido que allí no está bien vista nuestras Villas y Aldeas Ninja.
- Mi trabajo no es juzgar la forma de vida de otros. Ni tan si quiera juzgo. Sólo busco, investigo y encuentro. Lo demás corre a cuenta de los abogados y jueces del estado. Ustedes no tiene de eso, ¿no?
- En nuestra tierra no hablamos de justicia.
- Ya entiendo. Quizá eso responda a la desaparición de dos hombres de mi ciudad en su aldea.
- ¿Qué insinúa, detective Makoto? – dijo Kakashi sin quitar la vista de la tumba de su padre.
- Hace ya seis años que dos reporteros de una cadena de televisión de Tokyo, viajaron a la aldea de Konoha para hacer un reportaje sobre la vida de los ninjas. Allí, vuestra forma de vida es para unos cultura ancestral, para otros una aberración sin sentido que debe terminar cuanto antes. La curiosidad por vuestra tierra es creciente y ahora que parece un problema de estado, que incluso pueden llevar a referéndum para saber si los ciudadanos quieren haceros desaparecer o no, es obvio que se hagan todo tipo de reportajes de éste lugar. – la cara del Hokage mostraba lentamente el desconcierto y a la vez la impotencia que sentía al escuchar aquellas palabras.
- Son las primeras noticias que tengo. Nadie se ha molestado en avisarnos de que un atajo de dictadores que se hacen llamar civilización moderna, querían aplastarnos y hacernos desaparecer del mapa para convertir esto, probablemente en algún tipo de campo de golf o parque de atracciones.
- Igual un parque temático – añadió sarcástico el detective. – Como le digo, no estoy aquí para juzgarles, ni para opinar. Vengo a buscar a esos dos hombres. La imagen que la ciudad tiene de ustedes no es muy buena actualmente. Se puede decir que son los secuestradores de dos hombres que venían a hacer su trabajo, libres. Comprenda que corren rumores de secuestro, pacto, negociación y demás historias. En la gran ciudad creen que ustedes han retenido a los periodistas para que el ministro de Japón no les quite sus tierras.
Kakashi se alejó de la tumba de su padre y caminó con los brazos en su espalda hacia la salida del cementerio. Atónito con la información que recibía, externamente se mostraba apaciguado y sereno. El detective le siguió con la mirada a la espera de su intervención. De repente, una brisa suave y fresca recorrió el campo santo, refrescando a Kakashi y dándole una señal que él interpretó como lucha. De espaldas al hombre, mirando al cielo y ondeándole el cabello, dijo:
- Señor Makoto, sepa usted que esta conversación es para mi nueva. No logro comprender su contenido ni porque está ocurriendo. Nuestra nación está en guerra con otras Villas y acabamos de salir de una post-guerra dura y fría. Habla de política, democracia y jueces, en una tierra donde sólo buscamos la paz. Habla de abolir, aplastar, liquidar y exiliar, y lo asocia a esa política demócrata de su ciudad, convirtiendo sus palabras en algo contradictorio. Nos señalan con el dedo como a seres despreciables y asesinos, que sólo buscamos la guerra y la sangre para mantener a nuestro pueblo y son ustedes los que se comportan así. No saben nada de nosotros, ni de cómo vivimos. Viene aquí, presentándose como un detective honrado, que busca a dos hombres desaparecidos. Dice que usted no juzga, que usted no opina, pero nos señala con el dedo y habla de secuestro, de negociación. Y señor Makoto, sólo puedo decirle que se ha equivocado. Se ha equivocado de lugar, de momento, de persona y de argumento. Vuelva otra vez, con otra actitud, con otras intenciones y quizá encuentre sus respuestas. Señalarnos y tratarnos como a animales, no le ayudará en nada. Mi pueblo, mi hogar, mi gente, es mi vida. Soy su Hokage y les protegeré, y no habrá hombre en la civilización capaz de aplastar ni una flor de nuestra tierra, mientras yo siga aquí presente y mis hombres caminen a mi lado. Vuelva a su tierra y dígales a sus hombres, que aquí viven los ninjas y que nuestra tierra no nos la quitarán, aunque nos vaya la vida en ello.
Y tras su lacónico discurso, el Hokage se retiró de la escena sin dejar turno de réplica al detective, quien quedó anonadado ante la reacción del Hokage. Había entrado con mal pie en la villa, tenía toda la razón. No podía llegar con aquella actitud hostil y esperar a cambio una reacción de acogida por su parte. Sin embargo no había sido intencionado. Estaba enrabietado por la situación, necesitaba desahogarse contra un ninja. Llevaba seis años buscando a aquellos hombres y aún no había dado con ellos, la mínima oportunidad que tuvo para descargar su impotencia, la pagó contra el propio Hokage.
22 de Enero 2014, 16.30h
Hostal Haruno
Caminó desvaído por la Villa, buscando la forma de volver a iniciar su conversación. Necesitaba la ayuda del Hokage para poder encontrar respuestas. Decidió que lo mejor sería dejar pasar las horas mientras reconstruía lo que ocurrió con los periodistas. Recorrería las calles por las que los aldeanos decían haberles visto y se hospedaría en el mismo hostal, quizá podría esclarecer algo. En cualquier caso, si era difícil encontrar pistas seis años después de la desaparición, aún lo sería más, si la mitad de los testigos estabas muertos y la ciudad devastada por la guerra.
Recorrió el Camino principal de Konoha, desde la frontera, cruzando el puente sobre el Río Yang. A su mano derecha podía observar desde lo más alto, las tierras del clan Aburame, el rancho de los Akimichi, las montañas de Arild donde se encontraba la reserva de águilas de los Yamanaka o la Academia Ninja. A su mano izquierda pudo ver el Refugio de los Inuzuka, entre la vertiente del Río del Hechicero, convertido en dos afluentes, la Ying y la Yang, sobre la que caminaba. Y un poco más arriba, el Barrio de la familia Nara y el Hospital Central de Konoha. Frente a él, se situaba la Casa del Hokage y la gran montaña de las Caras. Tomó el camino a mano derecha, paralelo a la Residencia del máximo mandatario y allí dio con el monumental edificio del Hostal Haruno, residencia de Reyes. Era allí donde los reporteros habían sido vistos por última vez y donde se había hospedado. Se acercó hasta el lugar para hacer una reserva y de paso, dejar las maletas.
En el interior se encontró a tres ninjas reunidos, rodeados de cientos de papeles amontonados, rebuscando datos y aparentemente organizándolos. Eran los miembros del antiguo grupo 7: Sakura Haruno, Sasuke Uchiha y Naruto Uzumaki. Se acercó hasta ellos y saludó:
- Buenos días o tardes – se retiró el sombrero e hizo una reverencia con la cabeza. Sakura se levantó ávida y se acercó hasta él.
- ¿Cómo se encuentra señor? Deje sus maletas aquí por favor. – Miró a Naruto y éste corrió a recoger las maletas del detective.
- No se preocupen. No pesa nada, solo llevo una muda y unos papelajos. Quería saber si tiene habitaciones libres.
- Claro, no es ningún problema.
- Desearía la habitación número 12 – los ojos de la joven se abrieron de par en par, sorprendida, miró corriendo a sus dos compañeros, que no entendían porque se sorprendía.
- ¿Por qué quiere la 12? Hay habitaciones mejores, con vistas preciosas de la Villa – preguntó, intentando no ser indiscreta para saber más acerca de aquel hombre. Era un forastero, vestido con ropa muy diferente a la que ellos acostumbran a llevar. Parecía que no era del País, ni tan si quiera de la Isla de Hokkaido, aquel hombre venía de más lejos, pero ¿por qué?
- Iré al grano. Mire ¿señorita…?
- Sakura Haruno, para servirle – añadió rauda.
- Señorita Sakura, hace unos años dos reporteros de la televisión TKN de Tokyo desaparecieron en este lugar. Se llamaban Josh Aerlen y Mitsui Fukuda. Realizaban un trabajo de investigación para el canal. Querían hacer un reportaje sobre los ninjas y su forma de vida. Les habían informado de que la Villa menos conflictiva y más apropiada para viajar era la del País del Fuego. Allí estuvieron haciendo varias entrevistas según tengo constancia y finalmente se trasladaron aquí, a Konoha. El día 5 de Septiembre de 2007, reservaron la habitación 12 y 13 de este Hostal, según consta en los informes que la policía nos entregó. El día 7 del mismo mes y año, desaparecieron. Desde entonces no se ha vuelto a saber nada de ellos.
Sasuke y Naruto estaban atentos a las palabras del detective. Había nombrado a los mismos hombres de los que Sakura habló hacía unas horas en la sala de reuniones, junto con los Anbu infiltrados. Quizá aquel hombre podría saber alguna pista más relacionada con Akatsuki.
- ¿Cómo se llama? – preguntó Sakura al hombre.
- Soy el detective Makoto, dígame Makoto por favor.
- Makoto, yo les vi la noche del día 5. Recuerdo que estaban en la cafetería del hostal tomando la cena. Vine a hablar con mi madre, para despedirme de ella porque en breve me iba de viaje. Parecían dos hombres normales y corrientes, tranquilos. Nadie diría que les perseguían o que temían a algo. Es más, recuerdo sus caras de entusiasmo. Era como si hubiese avanzado en su investigación, como si estuviesen un paso más cerca de terminar su trabajo.
- ¿Habló con ellos alguna vez?
- No recuerdo haberlo hecho. Igual sí, pero le mentiría si lo afirmo. Además, tampoco recuerdo de que pude hablar, en caso de haberlo hecho, así que es inútil. Sí le puedo decir que a mi regreso, cuatro años después, mi madre también había desaparecido. Ella y un ninja de Konoha se fugaron juntos. – Los ojos del hombre se tiñeron de misterio, fervientes por saber más. – No crea que mi madre tiene algo que ver con la desaparición de esos hombres, ni que Sai tampoco…
Dejó la frase sin acabar, dubitativa. De repente Sakura cayó en la cuenta. Siempre había defendido a su madre y también a Sai. Creía que él tenía algo bueno para la Villa, que había traicionado a Danzou para hacer el bien, pero, ¿qué fue entonces de esos dos hombres? ¿dónde estaban? ¿y por qué su madre también había desaparecido? Recordaba que los Anbu infiltrados aseguraron que Ai Haruno estaba con Sai e incluso Sasuke y Naruto se lo confirmaron, pero entonces ¿tenía ella que ver algo con la desaparición de esos hombres? La angustia recorría las venas de Sakura por momentos. Era como si toda su forma de ver las cosas se derrumbas ante sus ojos. Todo en lo que ella creía se rompía a pedazos y distorsionaba sus esquemas.
- Siempre había creído la historia de que Sai y su equipo, bajo las órdenes de Danzou, retuvieron a los reporteros para quitarles el Cofre y el Libro de Leyendas Ocultas del Clan Ikari. Sin embargo, nunca me llegué a parar a pensar que hacía mi madre en toda esta historia. Ni porque quise ver a Sai como alguien bueno.
- ¿Qué es ese Cofre del que habla? – instó curioso el detective
- Es un objeto muy valioso de un clan legendario de estas tierras. Usted no es de por aquí, así que se mostrará muy escéptico con todas las cosas que le cuente, pero si quiere encontrar a esos hombres, más vale que empiece a creer en poderes sobrenaturales.
- Lo sé. Aún no he visto nada, pero ya me advirtieron de que aquí hay todo tipo de brujos y hechiceros que hacen magias o que creen que las hacen.
Al fondo de la habitación se escuchó una carcajada enorme. Naruto no pudo evitar reírse ante la afirmación de aquel hombre. Del mismo modo, Sasuke seguía con los papeles, con una sonrisa irónica en la cara. Era increíble que a estas alturas el detective hiciese semejante afirmación.
- Así no llegará a ningún sitio, señor Makoto. Puedo contarle lo que sé, pero si voy a hablar a alguien que no va a creer ni media palabra, deje su investigación y vuelva a su casa, aquí no se le ha perdido nada.
- No se ofenda, señorita Haruno. Si no lo veo no lo creo, es así de simple. Es mi condición de detective. Se cuentan muchas historias de los ninjas en Tokyo, pero nunca he visto nada con mis propios ojos.
- No tengo porque demostrarle nada. Le contaré lo que sé, si quiere creerlo, bien, sino, será su problema. Ese Cofre pertenece a un clan de Dragones de esta Villa – Naruto no podía dejar de reírse a cada palabra de Sakura y Sasuke empezaba a perder la compostura, y en breve se le escaparía una carcajada también. Sakura había ido directamente al grano, el hombre le dijo que no creía en los poderes sobrenaturales y de lo primero que le hablaba era de un clan de Dragones. Era imposible que la pudiese creer. – Tanto ese Cofre como el Libro que tenían en su poder los Reporteros, albergaban un poder especial. Por eso era tan codiciado por los ninjas de Danzou.
- ¿En el Libro había escritos secretos de los ninjas, no? Como un informe confidencial, imagino – preguntaba escéptico Makoto, intentando buscar sentido lógico a las palabras de Sakura.
- Si hombre, sí, lo que usted quiera creerse y como quiera llamarlo. La cuestión es que no sé como los periodistas consiguieron ese Cofre. Como fuese, la cuestión es que Danzou lo quería y muy probablemente, les retuvieron para sonsacarles donde habían conseguido el Cofre.
- ¿Entonces, debo encontrar a Danzou?
- Está muerto. – resplicó Sakura, dejando al hombre patidifuso.
- En ese caso, interrogaré a Sai.
- Está fugado de la Villa y en búsqueda y captura por formar parte del equipo de Anbu Raiz que se reveló contra Konoha y dio el golpe de Estado.
- Vale, entonces dígame usted con quien puedo hablar…
Justo en ese momento, el Chunnin Kei Yamanaka entró por la puerta del Hostal despavorido. Corría apenas sin aliento en busca del equipo 7. Al entrar, se abalanzó sobre Naruto y le agarró de la chaqueta con fuerza, intentando mantenerse en pie. Naruto le dejó reposar en el sillón y Sakura le trajo agua rápidamente.
- ¡¿Qué te pasa Kei?! Respira – le gritó Naruto
- No le vocees. Está sofocado, no sordo. – dijo Sakura dándole un manotazo al rubio. Sasuke y Makoto se aproximaron también al chaval, a la espera de saber que le ocurría.
- ¿Por qué corres así? – inquirió Sasuke. Kei le dedicó una mirada desafiante y antes de perder el conocimiento por el agotamiento, respondió:
- Akatsuki está aquí…
Sin tiempo a que los presentes reaccionasen, Sasuke desapareció del Hostal.
KONOHA: Capturado el Uchiha
22 de Enero 2014, 16.10h
Barrio Uchiha
Por las calles del Barrio Uchiha, regresaban la Pantera y el Halcón con Itachi arrestado. Atrás habían dejado a los cinco Anbu caídos, a Sen secuestrado por una manada de lobos y a la fuga el líder de Akatsuki Pain, su compañera Konan y el asombrosamente miembro de la organización, Minato Namikaze.
Itachi no oponía resistencia a su arresto. Caminaba al paso de los dos Anbu, con la cabeza agachada al paso de las viviendas de su antiguo barrio. Cuanto más se adentraban en las calles, más le costaba caminar, más pesado se hacía el viaje. Cientos de recuerdos le volvían a su mente en aquel lugar, la masacre de su clan, su familia, su hermano pequeño. Cuantos recuerdos vividos. De repente quedó estático ante la casa donde había pasado su infancia. El cuerpo le tembló, las piernas le fallaron y cayó de rodillas al suelo, con un agónico gimoteo que dejó a su paso dos lágrimas que se quebraron en sus mejillas. Los dos Anbu no le dieron tregua:
- Levántate, pedazo de escoria. Si hace falta te llevaré arrastras. No te creas que vas a ablandar nuestros corazones con dos lágrimas fingidas. Ya eres un abuelo para venir con esos cuentos. A tus 31 años, te debería dar vergüenza. – Gritaba el Halcón, mientras le golpeaba en los pies para que se incorporase.
- No tenemos tiempo que perder, debemos llevarle al Hospital. Las quemaduras son muy graves – replicó la Pantera.
- Me importa una mierda, como si se quiere pudrir aquí mismo. No tengo ningún tipo de compasión por este tío. Mira a tu alrededor, cerdo, esto es todo lo que dejaste después de ti. Desolación, vacío y muerte. Ya no queda nada en esta tierra y todo gracias a ti ¡Camina! – voceó el Halcón indignado.
Itachi se incorporó, tomó aire y volvió a su paso. La Pantera era más incrédulo con toda la historia. Aunque no podía evitar tratar a Itachi como un criminal, nunca entendió porque hizo lo que hizo y siempre creyó que podría existir un motivo. Era de las personas que creía que todo no era blanco o negro, que siempre existía la posibilidad de verlo gris. Y esa convicción la trasladaba al caso de Itachi. Él si creía sus lágrimas y estaba convencido de que había un motivo para ellas.
Caminado cerca del lago Ziva dirección al Hospital Central de Konoha, se cruzaron con Shikamaru y las hermanas Sahori que regresaban de investigar los documentos archivados de la Villa. Nara sorprendido corrió hacia los Anbu para saber más, pero no había tiempo que perder. Sin mediar palabra, todos acompañaron al cuerpo de élite al hospital, donde ingresaron finalmente al Uchiha. Allí se encontraron con Kei Yamanaka que propuso traer a Ibiki Morino para interrogar a Itachi, pero los Anbu se negaron rotundamente. Ellos sabían que Ibiki había formado parte de las filas de Danzou, así que no podían confiar en él. El joven Chunnin fue ordenado a buscar al Hokage y no perdió ni un minuto. Mientras tanto, Shikamaru y las hermanas querían saber que había ocurrido.
- ¿Es Itachi Uchiha, verdad? – preguntó Shikamaru sorprendido, desde el pasillo, frente a la puerta de la habitación donde le habían ingresado.
- Sí. – respondió lacónico el Halcón.
- ¿Qué hace aquí? ¿Cómo le habéis encontrado y capturado? ¿Y qué son todas esas quemaduras? – insistía el joven Nara buscando respuestas. La más pequeña de las hermanas Sahori comenzó a agitarse, su cuerpo desprendía un calor inhumano y pronto perdió la conciencia. De repente se puso a hiperventilar.
- ¡¿Qué te ocurre Dei?! – gritó una de sus hermanas, sosteniéndola en brazos.
- Es por el Dragón Imperial – respondió la mayor de todas las hermanas, Mei Sahori - ¿Dónde está? ¿Ya no está en la Villa? Está en peligro.
- ¿¡Qué?! – Voceó Shikamaru - ¿Cómo aseguras eso con tanta tranquilidad? – estaba muy preocupado, poco sabía de Sen y lo que creía saber siempre había sido malo, pero desde que había hablado con Yuko Hyuuga, su forma de ver al Dragón Blanco había cambiado. Le veía como una pieza clave de toda la historia, una pieza necesaria para poder subsistir. Luego, no podía morir así como así.
- Somos dragones igual que él. Nuestro clan es un verdadero clan de dragones y todos nuestros miembros son bestias con apariencia humana. Ninguna de nosotras alberga un corazón como el vuestro. Estamos ligadas al Dragón Imperial Blanco, el máximo líder de nuestra raza. Desde que Dei conoció al dragón, sus poderes se activaron completamente, ella es un dragón de tierra, simboliza el lazo entre los vivos y los muertos, simboliza lo perceptible y lo etéreo, el amor al lugar. Sus poderes de detección están ahora latentes y el mayor flujo de chakra de estas tierras es el Kyubi y el Dragón Imperial. Si falta el dragón, ella lo nota. Si el Dragón se muere, también.
- ¿Quieres decir que esta reacción es porque el Dragón está muriéndose? – insistía Shikamaru anonadado.
- Desde luego, está en peligro.
- Le han secuestrado – añadió el Halcón.
- ¡¿Cómo?! – preguntaron casi todos al unísono.
- Un hombre a lomos de una bestia y rodeado de una jauría de lobos se lo llevó. Estaba aliado con Itachi, por lo que pudimos ver. – aclaró la Pantera, intentando apaciguar los ánimos.
- ¿No hicisteis nada? – les recriminaba la segunda hermana menor, Fei.
- No pudimos. Ya era demasiado tarde. Llegó antes que nosotros. Cuando venga el Hokage lo explicaremos todo –Y los dos hombres se introdujeron en la habitación de Itachi sin mediar más palabra.
Mientras tanto, Kei Yamanaka había alcanzado a Kakashi que se dirigía a la Casa del Hokage. Regresaba absorto, aún recordando la conversación que había mantenido con el detective Makoto. No creía que ahora tuviese problemas con la nación de Japón entera. Parecía una pesadilla sin final de la cual no podía despertar. De repente el joven le asaltó y le comunicó que los Anbu habían detenido a Itachi y que le esperaban en el Hospital. Hatake no perdió tiempo, ordenó al joven que avisara al equipo 7, que le comunicase la noticia antes a Naruto y Sakura, que tuviesen cuidado con Sasuke, y que se reuniesen con él en el hospital.
Rápido, Kei Yamanaka iba hacia el Hostal Haruno, bordeando la frontera de Konoha, pues había encontrado a Kakashi entre las tierras del Clan Hyuuga y el Refugio de los Inuzuka. Al cruzar el paso de las montañas Arild, tres sombras le cubrieron. Se detuvo en seco y se giró a mirar. A contra luz, el sol no le permitía distinguir quienes eran. Pero pudo ver unas capas ondeando al viento, cuando sus pupilas se acostumbraron a la luz y entonces lo vio. Unas nubes rojas estampadas sobre el fondo de una gabardina negra. No podía ser otros que los Akatsuki. Kei estaba temeroso, debía huir. Si aquellos hombres habían entrado en la Villa no era para otra cosa que parar recuperar a Itachi. Aterrado, corría despavorido hacia el Hostal Haruno, sin descanso, sin mirar atrás y cuando se quiso dar cuenta, estaba sentado frente a Naruto, Sakura y Sasuke sin aliento.
Sasuke desapareció de inmediato de la sala al escuchar el nombre de Akatsuki, sin tiempo a pensar. Sakura gritó a Naruto que corriese tras él y el zorro no lo dudó ni un segundo. El Uchiha era muy rápido y apenas podía seguirle, sin más remedio tuvo que atacarle, lanzándole varios shurinkens que esquivó. Naruto necesitaba pararle. No sabían de que Akatsuki se trataba, pero si era Itachi, no dudaría en enfrentarse a él. De repente, la suerte sonrió al joven rubio, pues entre dos estrechas calles un enorme carruaje cargado con alimentos se cruzó en el paso de Sasuke, quien sin más remedio, tuvo que frenar en seco, lo que hizo que Naruto le alcanzase. Le cogió por la camiseta estirando de él y los dos hombres se enfrascaron en una batalla de golpes sin cese. Puñetazos y patadas constantes, sin tregua, varios kunais y shurinkens, hasta un enorme katon que Naruto esquivó, pero que hizo perder de vista al Uchiha y comenzar otra vez a correr tras él. Corría sin control, buscando el charka de un Akatsuki y dio con él. Naruto y él se detuvieron ante tres hombres, pero ninguno era Itachi:
- ¡¿Dónde está mi hermano?! – Gritó Sasuke enrabietado.
- Dímelo tú. Vosotros le habéis capturado – el Sharingan de Sasuke se activó súbitamente.
- ¿De qué estás hablando? – preguntó contrariado.
- Aquí está Mitsui Fukuda y Josh Aerlen, llevarlos con vuestro Hokage. Es todo lo que he venido a hacer aquí. – Kisame hizo caso omiso de las preguntas de Sasuke y desapareció.
Naruto intentó seguir tras él, pero era inútil. Su cuerpo se había esfumado, como si se tratase de alguna técnica de traslación. Sasuke miró a los dos reporteros y se marchó en busca del Hokage. Quería saber que era eso de que habían capturado a Itachi. El rubio regresó con los dos hombres y los acompañó hasta la casa del Hokage; mientras tanto, Kei Yamanaka había conseguido articular varias palabras e informó a Sakura de que Itachi estaba en el hospital. La joven salió despavorida hacia allí y dejó a Makoto a cargo de Kei.
22 de Enero 2014, 16.40h
Hospital Central de Konoha, Habitación de Itachi Uchiha
Cuando Kakashi llegó al hospital, las heridas de Itachi estaban casi curadas. Sufría quemaduras en toda su espalda y piernas. Las enfermeras le habían estado hidratando y vendándole.
Los Anbu seguían vigilando en el interior de la habitación, mientras Shikamaru y las hermanas Sahori esperaban en el exterior. El Hokage les saludó y les preguntó:
- Hokage-sama, aún no sabemos nada con exactitud, los Anbu no han querido darnos muchos detalles, pero Sen ha sido secuestrado.
- ¡¿Qué?¡ - vociferó Kakashi atemorizado – ¿Ha sido Akatsuki?
- No. Al parecer un hombre que iba rodeado de lobos, es que no nos ha explicado nada, no sabemos nada. Entremos dentro, ahora que estas aquí, se supone que se explicaran – concluyó Shikamaru.
- Mejor que salgan fuera. Quiero hablar con Itachi a solas un momento. - El Hokage hizo un gesto a los Anbu a través del vidrio de la puerta y estos salieron – ¿Qué ha ocurrido? Resumid.
- Cuando llegamos a la frontera del Barrio Uchiha, Minato Namikaze huía con un dragón en sus manos y corría a reunirse con Pain y Konan. Itachi Uchiha apareció de repente y se abalanzó sobre Sen, que estaba en el suelo, aparentemente herido por un ataque de Yondaime. Justo en el momento que cayó sobre él, Minato les quemó vivos. Nosotros saltamos sobre ellos, pero al mismo tiempo un grupo de lobos nos atacaron y nos cortaron el paso. Un hombre encapuchado a lomos de un lobo gigantesco se acercó y habló con Itachi. No pudimos entender nada, pero se llevó a Sen y una bolsa en forma de huevo que había debajo de él. Después recogimos a Itachi y lo hemos traído hasta la Villa. Los cinco Anbu que acompañaban siempre a Sen, estaban muertos alrededor de éste. Parecía que habían sido quemados, pero después de que Minato lanzase el último ataque sobre Sen, los cuerpos se calcinaron por completo. Podemos ir a recogerlos ahora, pero antes queríamos dejar a Itachi a buen recaudo. – dijo conciso el Halcón, a la espera de recibir nuevas órdenes.
- No, no es necesario. Quedaros aquí hasta que Sakura llegue. Luego podéis ir a recoger sus restos, Sakura se hará cargo de Itachi.
- Todas las sospechas de Sen se han confirmado, lo de Minato era cierto y parece que se enfrentó a él, pero ¿Hokage sama, quién es ese hombre de los lobos? – inquirió Shikamaru, preocupado por la situación de Sen – Según las Sahori, Sen está en peligro. Debemos ir en su búsqueda.
- No, no. Tranquilos. Todo paso a paso. No conozco a ese montaraz, pero sé quien son los lobos y podéis estar tranquilos, Sen se entenderá con ellos. Me lo prometió. – Dijo Kakashi recordando la conversación que había tenido hacía pocas horas con Sen, en la que había discutido con él, precisamente por ese clan de Lobos. Ahora se había encontrado con ellos cara a cara y esperaba de Sen que pudiese salir adelante. Le daba un voto de confianza, se lo debía por lo que había pasado. – El Halcón y la Pantera que se queden aquí hasta que Sakura llegue. Shikamaru, tú y las Sahori dirigíos a buscar a Sasuke. Si se entera de que su hermano está aquí será un problema. Seguramente Naruto esté con él, así que os ayudará a detenerle. Yo iré a hablar con Itachi hasta que llegue Sakura y Kei Yamanaka. Cuando encontréis a Sasuke esperadme en la casa del Hokage. Vosotros, Anbu, cuando Sakura llegue, decidle a Kei que busque a Tsunade y la traiga aquí, y después id a recoger los restos de los Anbu.
Todos los presentes asintieron con la cabeza y se dispusieron a cumplir sus funciones. Kakashi tomó aire, miró al cielo y con parsimonia cruzo la puerta de la habitación. Las enfermeras ya habían terminado su trabajo y habían dejado al paciente descansar solo. Yacía tendido en la cama, con casi todo el cuerpo vendado. La persiana de la habitación estaba abierta de hito en hito y dejaba entrar unos rayos de luz intensos que dejaban ver los rastros de las lágrimas en las mejillas de Itachi.
- Itachi Uchiha, volvemos a vernos después de tantos años. Ahora soy yo el que está al otro lado de la cama. ¿Has estado llorando? Tu hermano no está aquí. – Dejó un tiempo de silencio, esperando la respuesta del hombre, pero no ocurrió nada. – Sabes que vengo a preguntarte cosas y que dependiendo de las respuestas, pasará una cosa u otra. Ni si quiera has opuesto resistencia para llegar hasta aquí. ¿Qué es lo que quieres Itachi? Ya somos muy mayores para andarnos con rodeos. El tiempo corre en nuestra contra, es mejor arrepentirse a tiempo.
- No tengo nada que hablar contigo, Hatake Kakashi. Como maestro de Sasuke ya me has juzgado, nada de lo que diga será para ti una respuesta justa. Diga lo que diga, sólo sonará a escusa. Necesito que hables antes con unos hombres. Si entonces tienes dudas, vuelve a hablar conmigo
- ¿Qué hombres?
- Estarán al llegar, si Kazuzu no me ha fallado.
- ¿Pensáis atacar Konoha? – preguntó atónito, sin mostrar un ápice de preocupación.
- No. Son civiles.
- ¿Quién es ese Montaraz que viaja con los lobos?
- No voy a hablar más contigo, hasta que no hables con esos hombres.
- De acuerdo. Descansa ahora que puedes. Está tregua es por tus heridas. A mi regreso no habrá rodeos. – le dijo el Hokage, mientras se retiraba de la sala.
- Kakashi, siempre tan clemente… – siseó Itachi tras la salida del hombre.
Caminado hacia la salida, después de haberse despedido de los Anbu, se cruzó de pleno con Sasuke que corría alterado por la Villa. Al ver al Hokage se detuvo en seco para hablar con él.
- Kakashi, Itachi está en la Villa. ¿Dónde está, dímelo?
- Sasuke, cálmate.
- ¡¿Dónde está?! – gritó Sasuke, alterando a la gente que paseaba por la calle. Justo en ese mismo momento llegó Sakura, junto con Shikamaru y las hermanas Sahori, pues se había cruzado por el camino y ésta les dijo que la acompañasen porque era seguro que Sasuke iba en busca de Kakashi.
- ¿Maestro qué está pasando?
- Sakura, entra al hospital, te está esperando un paciente urgente. – Shikamaru y las hermanas tragaron saliva al escuchar a Kakashi. Sabían que se iba a desatar una pelea, pues Sasuke iba a entender rápidamente que el paciente era Itachi. La joven Haruno, perpleja y a la vez preocupada, obedeció la orden y se dirigió al interior sin quitarle ojo a Sasuke.
- Hokage-sama ¿dime que no es Itachi a quien va a atender? – inquirió el Uchiha encolerizado.
- Sasuke, te he dicho que te sosiegues. Márchate de mi vista ahora mismo. Vuelve con Naruto y seguid con vuestro trabajo. – insistió en guardia el hombre, pues sabía que de un momento a otro Sasuke iba a saltar sobre él. Shikamaru y las Sahori se pusieron en guardia para proteger al Hokage en caso de que fuese atacado.
- ¡Kakashi! ¡Contéstame! – chilló. – Dejadme de una vez acabar con este sufrimiento. No tenéis ni idea de que es esta vida.
- Sasuke, ya eres muy grande para seguir ese camino, ¿aún no has aprendido nada? No puedes entrar ahí. Le necesitamos para recuperar a Sen. Dame tiempo. Vuelve con Naruto, te lo ordeno.
- ¡¡¡Argh!!! – Sasuke golpeó el suelo y abandonó el lugar sin dejar rastro, en dirección a la frontera.
- Hokage-sama, se va de la Villa, ¿le seguimos? – Propuso Mei Sahori.
- No. Dejadle solo. Lo necesita. Lo pasa verdaderamente mal. Si realmente se encontrase con su hermano cara a cara y pudiese hablar, no lo mataría, pero él no lo sabe.
- ¿De qué hablas, Kakashi? – preguntó Shikamaru.
Pero no obtuvo respuesta. El Hokage se marchó a su casa para reunirse con Tsunade y comentarle todo lo ocurrido. Necesitaba encontrar esos dos civiles de los que hablaba Itachi y hablar con ellos. Kakashi sabía un secreto del hermano mayor de la familia Uchiha que nadie más sabía en la villa. Ni tan si quiera la misma Tsunade tenía constancia de ello, pero Kakashi no podía decir nada, se lo prometió a la madre de Sen y perduraría la promesa tras su muerte. Sólo Sen debía descubrirlo por sus propios medios. Era por eso por lo que le había dado aquella tregua a Itachi. Tenía un voto de confianza sobre él y quería hablar antes con aquellos dos civiles para contrastar información.
Al llegar a su despacho se encontró con Naruto y Shizune, acompañados de dos hombres y la sorpresa fue mayúscula. No hacía ni diez minutos que Itachi había hablado de ellos y ya estaban en la sala. Naruto le contó que Kisame los había traído hasta la Villa y que con las mismas desapareció. Kakashi le explicó lo que había ocurrido con Sasuke y le pidió que se reuniese con Sakura en el Hospital, se imaginaba que no querría estar mucho más tiempo sola con Itachi. Ordenó a Shizune que localizase a Tsunade y se dispuso a hablar con los dos hombres.
- Buenas tardes, soy el Hokage de la Villa Oculta de la Hoja. Su máximo representante. Me llamo Kakashi Hatake y voy a ayudarles en todo lo que esté en mi mano. ¿Cómo se encuentran? – Kakashi estrechó sus manos y les pidió que tomaran asiento, mientras él se quedaba apoyado en la mesa del despacho.
- Bien, bien. No se preocupe. Nos han traído de todo para comer, pero no tenemos hambre. Estamos muy bien.
- De acuerdo. Pues cuéntenme, por favor. Cómo se llaman, cómo han llegado hasta aquí, qué están buscando y tal.
- Mi nombre es Mitsui Fukada y mi compañero se llama Josh Aerlen. Éramos periodistas de la TKN de Tokyo – la cara de Kakashi cambió completamente, y su rostro mostraba su asombro y perplejidad a la vez. No podía creer lo que estaba escuchando. – Kisame nos ha traído a la Villa hace unos minutos y bueno, lo único que queremos es volver a casa. Pero antes le debemos un favor a una persona.
- Un momento, señores. Vayamos paso a paso ¿Dicen que Kisame les ha traído hasta aquí? – Kakashi ya no sabía ni que preguntar. Eran tantas las cuestiones que asaltaban a su cabeza que no sabía ni como plantear la situación. Aquellos hombres eran los reporteros secuestrados hacía seis años y de repente habían aparecido en la villa vivos y de la mano de Kisame, estaban sanos y salvos, sin rasguños, sin secuelas aparentes.
- Sí. El hombre pez. Déjeme explicárselo todo. Antes de volver a nuestra casa, tenemos que mover una ficha en este enorme tablero de ajedrez en el que jugáis los ninjas. Le prometimos a Itachi Uchiha que le salvaríamos si no conseguía ayudar a Sen y Minato se salía con la suya. Vamos a contarle todo lo que hemos vivido los últimos seis años, cuatro de ellos en la cueva de la Organización Akatsuki. Sabemos todo lo que necesitan saber de ellos.
