Notas del capítulo:
Lamento la demora, ha sido una semana difícil, así que me he dado un pequeño respiro.
Espero que les guste y dejarlas aunque sea un poco más tranquilas xd
Importante: quiero agradecer a Akire por avisarme de los errores, también morí de risa cuando me di cuenta xD Al parecer el archivo no se guardó con la versión completamente corregida y me dejó la antigua xD Lamento ese salseo de palabras y cosas extrañas, pero ya está revisado y corregido ;)
¡Gracias!
Capítulo 28
Eren se pasea de un lado a otro, su cola rígida y sus orejas que se mueven con giros ante cualquier señal de su entorno, le hacen saber a Mikasa lo ansioso y preocupado que está. Y ella también.
Siempre le ha tenido recelo a Levi, porque ese hombre tan fuerte no dudó ni un instante en golpear de manera salvaje a Eren. Sabe que fue para salvarlo, pero eso no detiene su coraje. Pero Eren está enamorado de él, y lleva un hijo suyo dentro. A su sobrino. Al hijo de su hermano, aquel niño que le salvó la vida sin importar qué.
Por eso y porque lo ha conocido un poco mejor, está demasiado inquieta. No quiere oír malos resultados. No, no. No podría soportarlo. ¿Cómo sería para Eren? Seguramente su mundo se derrumbaría, como lo hizo tantos años atrás, cuando su madre le fue arrebatada por esas fauces hambrientas.
Eren no podría soportar algo así de nuevo. Mikasa presiente lo que llegaría a desatar el hecho de que pierda a Levi: sed de venganza.
Eren iría con todo contra el Rey. Quizás lo asesine, quizás no sobreviva una vez que eso pase. Pero sea lo que sea, ella estará ahí. Apoyándolo, y también vengándose, porque si algo le pasa al futuro miembro de su familia, más de una cabeza rodará. Y eso también recae en Armin.
Mikasa siempre mantiene la compostura, pero en ese momento se siente vulnerable, Armin tampoco está y eso la tiene inquieta, la desorienta. Se lleva una mano a los cabellos negros, se permite ese instante de debilidad. ¿Cómo estará el rubio? ¿Nervioso? ¿Aterrado? ¿Le habrán hecho daño?
Se muerde los labios con fuerza. Respira profundo y se endereza sobre la silla, abre la boca para hablarle a Eren, cuando la puerta de la enfermería se abre dejando ver a la mujer de anteojos que se limpia la frente con un paño blanco.
— Señorita Hanji, ¿cómo está él? ¿Qué pasa?
— Cálmate un poco, Eren —le dice la mujer con una sonrisa, sincera pero temblorosa, se nota que incluso ella no puede creerlo—. Por algo Levi es el hombre más fuerte de la humanidad. Él y su bebé están bien, la bala hirió su costado, entre las costillas, pero traspasó el músculo limpiamente…
Las explicaciones de Hanji se van desvaneciendo en la mente del castaño, solo puede procesar el "están bien". Levi y su bebé están bien. Una risita nerviosa sale desde su garganta, para luego aferrarse a los brazos de la mujer con la cabeza gacha.
— No sabe cuánto se lo agradezco, de verdad, muchas gracias. —Por fin esos ojos esmeraldas vuelven a mirarla, y Hanji sonríe de vuelta, sintiendo sus propios ojos llorosos por la emoción.
Ella también tenía miedo. Pero a pesar de su propio diagnóstico, siguió intentándolo.
— Ahora solo queda dejarlo descansar.
La mano de Mikasa se posa sobre el hombro de Eren, que se gira levemente para mirarla. — Sabemos que está bien, así que confiemos en la señorita Hanji. El Líder de la Legión nos espera en su despacho.
Eren asiente de mala gana, se gira para darle una mirada significativa a Hanji y por fin se mueve para comenzar a seguir a Mikasa por el pasillo.
Una vez en el despacho, el rubio se mueve de un lado a otro, para cuando todos están reunidos allí, se detiene y pone ambas manos sobre el escritorio para comenzar a hablar.
— Los planes han cambiado, ya no contamos con Levi, así que Mikasa tomará su lugar en la misión —suelta el hombre con seriedad, está inquieto—. Ahora, nos vamos.
Los soldados se preparan con rapidez, acomodando las correas que han dejado sus marcas sobre su piel. Enganchando las cajas metálicas y tomando sus capas para caminar rumbo a la entrada, donde los demás soldados preparan los caballos.
Es entonces cuando los ojos celestes de Irvin captan a alguien acercarse a caballo, si la guardia de la entrada no ha avisado su llegada es porque tiene que ser de confianza, aunque a esas alturas, ¿quién lo es? El hombre se detiene y baja del caballo con rapidez, cuando la capucha cae, la persona que menos espera ver, lo mira fijamente.
Pixis alza un rollo de papel mientras le sonríe de medio lado.
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El rubio entra a su despacho a paso firme, está perdiendo los estribos y eso no es bueno, no, no. Jamás le ha ocurrido algo así. Se gira y encara al mayor.
— ¿Por qué se lo llevaron?
Pixis cierra los ojos al momento que suelta un suspiro cansado, y decir—: Se enteraron de que está en cinta y que el hijo es tuyo. Si vas al castillo negociará, Arlert por Ackerman—. Los ojos dorados de Pixis se clavan en Irvin con una pesadez impresionante—. Pero no habrá negociación, te matarán cuando entregues a la chica. La Legión de Reconocimiento será liderada por otro, un soldado del Rey y ahora ellos también estarán a su disposición.
— Matará dos pájaros de un tiro.
Entonces lo supo, Irvin entendió por qué Pixis estaba allí. El hombre avanza y le entrega el enorme rollo de papel. Con cuidado Irvin lo despliega, el papel es muy viejo, y cuando sus ojos se deslizan sobre él, los trazos son reconocidos por su mente.
— El castillo…
— Así es, es el plano —le explica Pixis sacando la petaca metálica y llevándosela a los labios—. Sé dónde está Armin. Aun así, debo decirte que está la posibilidad de que si se dan cuenta de que me fui, lo cambien de lugar y todos estemos perdidos.
— Serás declarado un traidor.
Irvin alza la vista y se lo queda viendo. Ese hombre que parece tan relajado, como si se tomara todo a la ligera, es valiente. Como también muy perceptivo. Sabe manejar los sentimientos, controlar sus acciones a través de estímulos, de lazos. Por eso es que ha llegado tan lejos y por lo mismo, se ha ganado la confianza del mismísimo Rey.
— Debemos irnos entonces —dice Irvin, y no solo se refiere a que ya deben ir por Armin, si no a que irse de allí, huir de los muros. Los mismos que antes los protegían, ahora los apresan y los ponen en peligro, incluso más que los mismos titanes.
Pixis asiente con seriedad, porque sabe que esa es la única forma de mantenerlos a salvo. De asegurar su bienestar.
— Ésa sería la mejor opción por ahora, que se refugien fuera de los muros y así mantendrás a salvo a la Legión, y a tu familia —dice Pixis guardando el licor dentro de su chaqueta—. Al menos por ahora, y se deben mantener todas las vidas posibles.
Irvin desvía la mirada hacia la ventana, esa Legión es su familia. Los ha visto desde que ingresaron a su tropa. Como han evolucionado, como han crecido. Y cómo quieren luchar por el derecho de tener una familia. Han dado sus alas por toda la humanidad, ¿por qué no asegurar su bienestar? Su vida…
— No quiero que termines como este viejo… sin nada por lo que pelear.
Irvin lo mira con asombro, para luego sonríe con suavidad. Ése hombre es parte de todo aquello, de sus luchas y sueños.
— Te agradezco todo esto, Pixis.
Sin más que decir, comienzan a trazar el plan a base de esos planos, tomando en cuenta los puntos vulnerables y las posibilidades de guardias. Si aún tienen la ventaja de la sorpresa, puede que tengan éxito en la misión.
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Irvin baja las escaleras del castillo con rapidez, viendo a los chicos reunidos en el primer piso, nerviosos, todos se levantan y lo miran cuando baja.
Están muy ansiosos, pero no en un buen sentido. La incertidumbre, el choque de adrenalina antes de comenzar una misión que es suspendida de momento. Todo se mezcla dentro de sus cuerpos, bombeando su sangre. La tensión se siente en el aire e Irvin sabe que debe tranquilizarlos para que puedan enfocar esos sentimientos.
— Bien, chicos, antes de explicarles de qué tratará la misión, que ha sido modificada por un motivo en especial, hay algo que debo aclararles —dice Irvin parado derecho, mirando al frente con esa voz de mando que suele poner cuando la ocasión lo amerita—, iré por Armin, el que quiere ser parte de esta misión, que me siga, el que no, no será juzgado, en cambio, deberá quedarse en el cuartel.
Irvin no le da tiempo a nadie de responder a eso, se gira sobre los talones y camina hacia el living, donde hay suficiente espacio para albergar a la mayoría mientras habla.
Cuando entra, se para un momento frente a la chimenea, repasando los detalles por si algo se le pasa. Cuando todo parece estar en orden en su cabeza, el hombre se gira viendo a los chicos parados con la mirada resuelta y sonríe de medio lado.
Son una familia. Una muy fuerte.
— Escuchen, iremos al castillo del Rey a por Armin, ya debe estar allí. Así que lo que estamos haciendo es prácticamente una rebelión. Una vez que partamos no hay vuelta atrás. De esta misión no hay regreso, esto es una completa huida fuera de los muros —Explica Irvin paseando la mirada entre los soldados allí de pie.
— ¿Una huida? ¿Eso quiere decir que abandonaremos a la Legión? —Pregunta Marco frunciendo el ceño ante esa idea.
— No, Marco —responde el rubio sacudiendo la cabeza—. Cuando nosotros partamos, los demás en la Legión deben fingir que no saben nada y "ayudar" en nuestra captura, así ganaremos tiempo con toda la confusión y aseguraremos que estén bien, al menos hasta que volvamos.
— No lo entiendo, ¿sólo nos iremos por un tiempo? Pero… ¿cuál sería el motivo para volver? —Pregunta Jean. Sabe que deben irse, lo tiene claro, pero no sabe cuál sería el motivo para regresar, lo presiente, pero quiere estar seguro de qué es a lo que se enfrenta.
Irvin endurece su expresión y sus ojos se ven incluso más fríos que el propio color celeste que les otorga esa sensación. —Cuando derroquemos al Rey.
Los chicos allí presentes se miran unos momentos, sienten los escalofríos de la adrenalina y la incertidumbre de aquella decisión.
Las orejas de Eren permanecen altas, enfocando al frente y su cola tan tiesa como todo su cuerpo. Él está seguro: quiere recuperar a Armin. Quiere asegurar el bienestar de Levi. De su hijo. Quiere un mundo diferente para su familia.
Da un paso al frente haciendo el saludo, con el puño sobre el corazón.
— ¡Sí Señor! —Exclama haciendo que los demás lo miren unos instantes para luego hacer lo mismo.
El día en que decidieron entrar a la Legión de Reconocimiento, fue porque querían libertad, dejar de esconderse dentro de los muros como ganado, sí, Eren tiene mucho que ver en ese pensamiento; y a pesar de haberse librado de los titanes, el que los mantiene encerrados y viviendo en injusticia es un hombre. Uno codicioso y con miedo. Un hombre al que no le importa su pueblo, solo asegurar sus riquezas y sobre todo su vida, por ello está tan empeñado en tener a Mikasa dentro de su guardia. Porque si hay una rebelión, ella sería el terror entre las personas, y si volviera los titanes, ella se encargaría de varios.
Ella es la pieza que necesita en su tablero y aprovechará todo lo que esté a su alcance.
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Jean y Marco se van a su cuarto para recoger algunas cosas personales y acarrearlas hacia los carruajes, el mismo que los esperará en las afueras de los muros, listos para cuando tengan que salir de allí. Mientras ordenan las cosas en un bolso, el chico agita sus orejas zorrunas, moviendo la cola y rozando la espalda baja de Marco, que se gira para verlo extrañado.
— ¿Qué pasa, Jean?
— Esto no me gusta —contesta Jean volviéndose con las manos en las caderas y mirando el piso para aclarar sus pensamientos y emociones—. ¿Sabes por qué se llevó a Armin? Porque está desesperado, quiere hacer un trato con el Líder de la Legión, es obvio. Si lo piensas, es un plan estúpido y desesperado, que terminó con uno de sus soldados muerto. Esto es lo mismo. Iremos a por Armin a ciegas, rescatarlo y huir, demasiado simple.
Marco termina de doblar una camisa y se gira hacia Jean, alza las manos y lo toma del rostro para acariciar con los pulgares su rostro. Sus miradas por fin se encuentran y el pecoso sonríe suave.
— Sea fácil o no, debemos ir por él, es nuestro amigo. Porque mientras yo no estuve, él te dio todo su apoyo y nos ha salvado un montón de veces. Se lo debemos. Él haría lo mismo, ¿no?
Jean desvía la mirada, siempre es así. Hace lo correcto, pero duda y se cuestiona un montón de veces para llegar a la misma conclusión.
Enternecido por eso, Marco suelta una risita y acerca sus labios a los de Jean, lo besa suave, tomando su boca con delicadeza y saboreando su dulzura unos instantes, antes de separarse para mirarlo fijamente y decir—: No dejaré que nada te pase.
Ante esas palabras, las orejas de él decaen y se vuelven a alzar. Jean lo toma de la camisa y lo acerca más a él para besarlo con pasión, metiendo su húmeda lengua y arrancando un quejido ronco desde su garganta. Marco frunce el ceño y cierra los ojos ante la fuerza de ese beso, donde el castaño ceniza jala y chupa sus labios con fuerza, demandando su cooperación. Para cuando se aleja, Marco jadea mirándolo embobado unos instantes.
Jean podría jurar que en ese preciso momento podrían haberse lanzado a un nuevo beso y terminar haciéndolo ahí mismo, pero la puerta es tocada y ambos se separan para poder recuperar la compostura.
La misión, la misión.
Mikasa abre la puerta y los mira unos instantes. Si es que percibe el ambiente, no lo demuestra, manteniendo ese semblante serio y monótono antes de hablar.
— En 10 minutos más saldremos, el Líder de la Legión indicó que dejarán sus cosas en la carreta para partir con rapidez.
— Gracias, Mikasa —dice Marco tomando su bolso y mira a Jean que hace lo mismo, siguiendo a la azabache fuera del cuarto.
Mientras caminan, Marco mira hacia los lados dándose cuenta de que la chica está sola.
— ¿Y Eren?
— Cagado de miedo —contesta Jean casi por inercia, ganándose una mirada asesina por parte de Mikasa.
— Fue a despedirse.
Es todo lo que dice y ambos chicos saben lo que eso significa.
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— Sólo unos minutos, Eren. Debe descansar lo que más pueda antes del viaje —Le indica Hanji poniendo una mano en su hombro, sabiendo lo difícil que es aquello para Eren.
Eren asiente y abre la puerta de la enfermería. La tenue llama ilumina el cuarto, camina hacia la camilla y ve a ese hombre acostado ahí, su cabello negro desperdigado sobre el colchón y sus orejas felinas están caídas. Sus garras parecen más largas, ¿tan rápido crecen?
Toma un banco y se sienta a su lado, sin dejar de mirar ese pálido semblante, se ve tan débil y a la vez tan fuerte, su expresión tranquila lo hace ver como si en cualquier momento despertará y golpeará a cualquiera que lo amenace.
Toma su mano con cuidado y la alza hasta su boca para besarla con suavidad. Siente sus ojos escocer, pero no llora, por el simple hecho de saber que está vivo.
— Iremos a rescatar a Armin —dice con voz suave, para no causarle incomodidad mientras duerme. Su aliento tibio calienta la fría mano de Levi, que seguramente debe estar entumido ante la baja temperatura de ese cuarto—. Nos reuniremos fuera de los muros, Levi, y me encargaré que nada le pase ni a ti, ni a nuestro hijo, nunca más. Te lo prometo.
Eren cierra los ojos con fuerza, inspira profundo y el aroma del felino inunda sus fosas nasales. Vuelve a abrirlos y deja su mano con cuidado sobre la cama, para girarse y salir de la enfermería.
Sus pasos resuenan contra la madera, está decidido. Tiene una familia que proteger y ahora se encargará de que estén a salvo y que así permanezcan.
Notas finales:
¿Podrán traer a Armin de vuelta?
Uf, este es el arco más denso del fic, pero todo es compensado ;)
AVISO IMPORTANTE: el fic se suspende por dos semanas por el motivo del evento "Semana para Kasamatsu-senpai" que estoy realizando. El sábado 25 de Julio y 1 de Agosto no habrá actualización, se retoman el sábado 8 de Julio.
Gracias por su comprensión y apoyo C:
