DECISIONES
Cuando hemos terminado mi castañita del alma y yo de entregarnos al fuego y a la pasión, no puedo pegar ojo, así que me dedico a hacer algo que jamás, y repito, JAMÁS, revelaría al mundo: observarla mientras duerme.
Sus rizos caen graciosamente sobre su espalda. Su nariz respingona me parece una ricura. Sus labios rojizos invitan a probarlos con gula. Y su morena piel, en contraste con el pálido de la mía, me hace estremecerme de placer.
Es la chica más linda que jamás haya visto. Y lo más importante: es mía.
Mientras la observo con deseo, oigo un ruido en la puerta de Astronomía. Me levanto con rapidez, para evitar que Granger se despierte. ¿Quién puede venir ahora a molestarnos? Tal vez Potter, porque se ha dejado su dignidad y su hombría esta noche, o incluso el Pobretón, pues quedó aún más bajo que el Cara-Rajada...
Es por esas ideas que tengo, que me sorprendo enormemente al ver a Zabinni abriendo la puerta, al otro lado.
-¿Qué haces aquí, tarado,-le digo mirándolo con odio contenido. ¿No podía comprender que quería mi intimidad? Fue entonces que me di cuenta de que Granger estaba allí, y de que Blaisse también, y la podría ver-.
-Vaya..., siento haberte estropeado la diversión, Malfoy, pero me ha llegado carta urgente..., a ti también, aunque veo que estabas ocupado..., y escondido. Por eso la lechuza no te encontraba... Por cierto, ¿quién es la afortunada de la noche?
Miro hacia ella, y me doy cuenta de que la Gryffindor se ha dado la vuelta, por lo que no se le ve la cara.
-No importa ahora,-digo con indiferencia, al tiempo que me voy poniendo la ropa encima de los boxers, que ya llevaba puestos antes de que Zabinni entrara a molestar a mi bella durmiente y a mi interesante distracción de observarla mientras duerme-. ¿Qué pasa?
Es entonces cuando Blaisse me da una carta y mis ojos corren por las letras que ha escrito, esta vez mi madre. Mis peores temores se han confirmado. Ya ha llegado la hora. Mi tiempo se ha acabado. Es hora de que elija.
Antes de salir de la Torre de Astronomía, miro con anhelo a Granger, pensando que es muy posible, que nunca más pueda volver verla reír, murmurar, a besar sus labios, a compartir el silencio con ella, solos los dos con nuestra soledad, a poseerla..., y a poder verla como una chica que puede ser mi chica.
De aquí a unas horas es muy probable que ni siquiera tenga valor para mirarla a la cara, a su preciosa cara..., pero, ¿qué puedo hacer yo?
Así que sigo a Zabinni con la culpa pisándome los talones, y dejando a mi chica sola en la torre de Astronomía...
Lo que falta, encima, es que se enfade porque no estaré yo por la mañana. Aunque, pensándolo bien, puede que eso me facilite enormemente las cosas.
Sigo a Blaisse a toda prisa por los pasillos, teniendo extremo cuidado de que no nos vea nadie. Para lo que, todo hay que decirlo, ponemos hechizos por todos los pasillos, por los que, por mucho que mire Filch, su gata o incluso la metomentodo de Mc Gonagall, no verían absolutamente nada.
He de tomar una decisión importante para mi futuro. Una decisión que cambiará mi vida radicalmente. Y estoy completamente perdido. Es por eso que Blaisse y yo, habíamos decidido hablar el tema antes de anunciar nuestra decisión en nuestras casas.
Cuando giramos una última esquina de un pasillo, delante del cuadro de un león fiero, Blaisse y yo nos miramos con complicidad:
-Slytherin manda,-dice mi amigo en un susurro-.
Es ahora cuando el cuadro se quita de en medio y da lugar a nuestra Sala. Una Sala que Blaisse y yo habíamos encontrado en nuestro primer curso, y que habíamos proclamado como NUESTRA.
En esa sala a la que bautizamos como "nuestro pequeño hueco de intimidad" para cuando era necesario hablar en clave, Blaisse y yo hemos pasado los mejores momentos de nuestras vidas. Nos hemos contado secretos, hemos charlado sobre nuestro pasado, presente..., y ahora toca hablar del futuro.
Mientras pasamos hacia el interior y el cuadro cierra la puerta a nuestras espaldas, mi cabeza está hecha un auténtico caos.
-Aún no estoy preparado,-me confiesa Blaisse en un susurro-. Siempre creí que este momento estaría mucho más lejos, no puedo decidir aún. ¿Cómo voy a hacerlo,-me dice mientras mira hacia una esquina que hay en el techo-. Creo que no sabré elegir bien, y en estos casos, como ya sabes,-me dice meditando, más bien parece que hable consigo mismo, pero no le interrumpo-, no hay vuelta atrás. Nuestro tiempo se acaba Draco...,-me dice mirándome ahora a los ojos-.
-Ya lo se..., es una auténtica pesadilla. Juro que si tengo algún día hijos, no haré que tengan que tomar decisiones como estas tan pronto. Es el final de una etapa en nuestra vida, pero tengo la sensación de que, al elegir, da igual cual sea la elección, todo cambiará drásticamente.
-No es una sensación, Draco,-me dice con sinceridad mi mejor amigo-, es un hecho. Y quien no lo ha vivido no lo entiende...
-El problema es que..., yo no se que elegir..., ¡joder soy demasiado joven,-digo subiendo el volumen de voz, cosa que no me preocupa puesto que hay un hechizo insonorizador en la sala-.
-Yo estoy igual que tú..., ¿cómo se que la elección que haga será la correcta? Además, mis padres, con sus estúpidas presiones, no me ayudan demasiado.
-¿Acaso crees que a mi no me crispa los nervios? Estoy harto de simular que se lo que quiero, cuando, en realidad, estoy tan perdido... Desearía que todo esto no pasara nunca. Desearía que el tiempo se detuviera en esta etapa de mi vida, y que no corriera, ni hacia delante, ni hacia detrás...
Y tras ese monólogo filosófico, vienen muchos más durante el resto de la noche. Mi amigo tampoco se queda atrás. Y seguimos horas y horas hablando sobre el tema en cuestión, hasta que me doy cuenta de que es tarde, ¡debemos ir a desayunar! Así que aviso a Blaisse.
-Blaisse, tenemos que ir a desayunar...
-No me entraría nada en el estómago,-me dice con sinceridad-.
Le observo y veo que no tiene muy buen aspecto. Me miro en un espejo, y veo que yo estoy aún peor, pálido, completamente pálido, como si la siguiente etapa de mi vida, ya empezara a comerme la alegría y las ganas de vivir.
Nos dirigimos al gran comedor, y seguimos cuchicheando sobre el asunto, discutiendo opciones diferentes sobre la mesa, y olvidando las que ya hemos descartado por la noche.
Alguna mirada de complicidad no tarda en llegar, ya que sabemos que todo pende de un hilo, que el tiempo se termina, y el pasado debe olvidarse para centrarse en el futuro. Entonces una imagen de Granger aparece en mi mente, y la intento borrar inútilmente de mi cabeza.
De repente, algo interrumpe mis cavilaciones y pensamientos: es Granger, que parece que se ha vuelto completamente loca...
-¡Suéltalo, es mío, mío!..., ¿me oyes, él es mío, tendrás que matarme para conseguirle..., ¡déjalo ya o te mataré!..., ¡pervertido homosexual, búscate tu propio amante...
Me quedo completamente impactado. Miro a Granger, que está mirando a Blaisse con cara de asesina en serie..., por lo que se me pasa por la cabeza la estúpida idea de que crea que Blaisse y yo nos traemos algo "rarito". La simple idea me da la risa, pero no tengo ánimos para echarme a reír ahora mismo.
Creo que ya se ha dado cuenta de que todo el comedor la está mirando..., ¡y no se le ocurre hacer otra cosa que meterse debajo de la mesa!... Es por esa clase de detalles tan raros que me vuelve loco... Porque nunca he conocido a una chica como ella...
Después del desayuno, Blaisse y yo volvimos a nuestra sala. Yo aún estoy confuso, y mi amigo no se queda atrás.
Desearía poder contarle lo que me traigo con Granger desde hace un tiempo, ya que es importante en el tema a tratar..., ¡pero no me atrevo! Tengo la sensación de que he traicionado a alguien o a algo al haber hecho todas estas locuras...
El tiempo va pasando, y el silencio continúa reinando en nuestra sala. Hasta que Blaisse decide que se va a dar una vuelta:
-Me estoy volviendo loco Draco..., ¡necesito respirar un poco de aire!..., ¿vienes?
-No. Yo me quedo aquí..., pensando,-le digo sin siquiera mirarle-.
Cuando desaparece por la puerta, una única idea aparece en mi mente: Granger.
¿Cómo se lo voy a decir, ¿y cómo voy a decidir algo si cada vez que lo intento ella aparece para torturarme lentamente?
Se que cuando se entere de lo que estoy a punto de hacer, me odiará con toda su alma. Pensará que sólo la he utilizado, que me he divertido y ahora la tiro como si de un pañuelo usado se tratara...
Me siento mal conmigo mismo, porque se que en un principio..., fue así. La utilicé y me utilizo. La atracción física que sentía por ella era lo más importante para mí, mi necesidad de conseguir lo que quería a cualquier precio... Parece que el precio ya se ha fijado..., mi corazón. ¿Puede ser así?
Intento negarlo con mi cabeza, pero al pensar en que probablemente, Granger no me vuelva a hablar, siento una palpitación de dolor que me come por dentro, haciéndome sufrir lo indecible.
No puedo soportarlo. No puedo ahora y se que no podré en un futuro, porque sentiré que la he traicionado, probablemente ella también lo pensará. Pero, ¿qué puedo hacer yo?
Es en estos momentos cuando pienso en un hechizo para borrar mi memoria. Saco mi varita, y la miro con temor. Esa podría ser la solución..., vuelvo a mirarla.
-Sólo con decir "obliviate" todo quedará atrás..., jamás me habré sentido atraído por ella. Jamás habré besado sus labios. Jamás habré rozado su suave piel. Ni habré sentido su abrazo caluroso. No habré deseado poder abrazarla hasta que explotará en burbujas, igual que el champagne. Ni siquiera habré deseado poseerla, ni lo habré hecho, porque todo lo borraría...
Vuelvo a mirar la varita, que parece que me reta a que lo intente...
Subo la mano hacia mi mismo, con temor... ¿Acaso puedo hacer esto, ¿soy capaz a renunciar a algo que me ha dado tanto, algo que me da fuerzas para levantarme cada mañana, ¿algo que hace que sienta una extraña y fantástica sensación de felicidad con el mero hecho de pensar en ella?
Sigo pensando sobre el tema..., mirando de nuevo la varita, la subo para realizar el hechizo..., pero en el último momento, la bajo, débil y cobarde como acostumbro a hacer cuando tengo que jugarme por algo o alguien.
-No puedo hacerlo...,-digo bajando la varita-. No puedo renunciar a los recuerdos..., a mis sueños y a mis anhelos...
Así que la bajo, rendido completamente. Mi tiempo se ha acabado, y Granger puede ser una pieza crucial en mi decisión..., ¿qué debo hacer, ¿cómo sabré si he hecho lo correcto?
Noto la sangre corriendo a borbotones por mis venas..., se que haga lo que haga, no habrá vuelta atrás, todo cambiará radicalmente..., ¿pero como sabré elegir correctamente?
Sin poder evitarlo, siento una tremenda angustia, una pena que inunda todo mi ser. No podré vivir así por siempre.
Se que lo que voy a hacer no está bien, no está nada bien. Traicionaré a mi castañita de mi corazón. La traicionaré y me odiará por eso. Deseará verme muerto, sin vida, por haberla hecho el daño que se que le haré...
Pero no puedo hacer nada para evitarlo, es mi destino, mi futuro pronto será mi presente, y mi presente será mi pasado..., no hay vuelta atrás.
-¡Blaisse,-digo en un susurro, al verle entrar-. ¿Qué haces aquí tan rápido?
-Nada..., me aburrí de caminar y despejarme...,-me confiesa-. Ya me he decidido...,-me dice de repente, sin esperar a que yo diga nada más-. Voy a contestar...,-y sale por el cuadro de nuevo, no sin antes echarse un hechizo de invisibilidad-.
Me quedo solo, meditando un rato más. Aunque razono todo lo que digo y pienso, no puedo evitar dar un puñetazo contra una pared..., la sangre sale por mi blanquecina piel, que parece tan delicada. Miro la sangre que sale de mi mano. ¿Por qué estoy condenado a llevar sangre de Malfoy en mis venas? Se que si no fuera un Malfoy, nada de esto ocurriría, absolutamente nada. Odio mi apellido en momentos como estos, pero es lo que se espera de mi, y no hay más posibilidades.
Cuando pueda me despediré de ella..., para siempre...
FIN DEL CAPI! REVIEWS!
