Por algunas circunstancias, un evento escolar, Eren ha estado ocupado casi todas las tardes de las últimas dos semanas. Tuvo la mala suerte de ser uno de escogidos para ayudar. Dado que nadie quería quedarse las tardes en la escuela, la maestra se vio en la obligación de escoger al azar varias personas. No pudo negarse cuando dijeron su nombre, todos habían accedido. Estaba irritado, últimamente casi no tenía tiempo para pasar con Capitán, estuvo tentado a decirle a la maestra «¡No puedo ayudar! ¡Tengo que llegar a casa rápido para estar con mi gato!», pero prefirió no hacer el ridículo. De igual forma no hubiera sido una excusa válida para ella. No le desagradaba dejar a su querido Capitán con la señorita Zoe, ella le caía muy bien (aunque eso no le quitaba lo rara), lo que odiaba era no poder estar más tiempo con él. Por todas las actividades que se han dado en su escuela, últimamente lo único que hacía al llegar a casa era hacer su tarea y dormir (a veces ni siquiera hacía su tarea). Le encantaba la idea de terminar ese año y salir de vacaciones, pero odiaba todos los acontecimientos que se daban. Su escuela tenía la tradición de hacer una feria casi a finales del año lectivo, eran divertidas y podían asistir personas de fuera de la institución. Era un evento muy esperado por todas las personas de la ciudad, siempre eran divertidos y alegres. Él también espera con ansias la feria. Pero detesta tener que cargar cosas pesadas y esa era otra cosa que odiaba de ser escogido para ayudar, la enorme cantidad de esfuerzo que tiene que hacer. Pero mientras más rápido termine, más rápido estará junto al capitán. Su capitán.
«Había salido de la habitación dando fuertes pisotones, quería llorar, quería sacar todo lo que tenía dentro de su pecho. Esperaba que lo que acababa de ver no fuera más que un sueño, un muy horrible sueño. Sintió asco al recordar como esa mujer se pegaba y coqueteaba descaradamente con él, la persona de quien estaba enamorado, su pecho dolió al darse cuenta que él no había hecho nada por apartarla. Intentó contener su llanto, las lágrimas se habían acumulado en sus ojos. Intentó discernir cómo había acabado todo así, cómo pasó de ser un desconocido, un simple superior, a ser la persona más importante del mundo. Su mundo.
—Oi, niño.
Se tensó al escucharlo, lo ha asustado, no esperó que lo siguiera, no esperó que se hubiera percatado de su desaparición. Giró su cuerpo lentamente, con mirada fija en el suelo, sus cabellos alcanzaban a tapar sus ojos. Aquello molestó a la otra persona, él amaba sus ojos. Amaba esos ojos tan verdes, tan intensos, que habrían podido transformar todo el dióxido de carbono en oxígeno. Amaba todo de él, especialmente su sonrisa.
—¿Sí...?
—¿Por qué no te quedaste? No tenías que irte de ese modo.
No respondió, no quería responder. ¿Qué podría decirle? ¿«Lo siento, me puse celoso al verlo con esa mujer»? No iba a hacerlo, no podía hacerlo. Estuvieron en silencio por varios minutos.
—Te hice una pregunta, responde estúpido niño.
—No me sentía a gusto.
Estaba consciente de que su voz fue apenas un murmullo, si el pasillo no se encontrara en silencio, vacío, posiblemente, no habría podido ser escuchado. Su oreja se sentía un poco caliente, él sabía lo que eso significaba, era fácil deducir que estaba mintiendo. Había sido atrapado.
—¿Es así? —Arqueó una ceja, ante su respuesta.
—Sí.
—Entonces, ¿por qué demonios estás llorando?
Llevó una de sus manos a sus mejillas, era verdad, estaba llorando, en algún momento había dejado de retener el agua acumulada y simplemente la dejó fluir.
—Dime la verdad, no me gusta... no me gusta verte así. No me gusta verte llorar.
—¿Por qué no alejó a esa mujer?
—¿Eh?
—¡Diga la verdad! ¿¡Por qué no la alejó!?—Levantó bruscamente su mirada, tenía los ojos rojos y sus labios temblaban. Estaba inseguro, no quería decir nada más, pero la bomba había sido soltada y ya no podía callar.—¿¡Tanto le gustaba tener a esa mujer pegado a usted!?
—¿Estás celoso?
—…
—Erwin me dejó bastante claro que no podía ser irrespetuoso o grosero, no con ella. Por eso no la alejé. No quería que se acercara tanto, se veía muy... sucia.
Sollozó. Retrocedió un par de pasos al sentir cómo el otro avanzaba, a pesar de que él le había dicho sus sentimientos, no había obtenido una respuesta clara. Era normal que se sintiera inseguro ¿no es así? Él nunca ha afirmado que le corresponde. Y eso le duele, le entristecía, le hace sufrir. Cuando su espalda chocó con el final del pasillo, optó por volver a hablar. ¿Qué más podía perder? Lo mejor sería aclarar sus dudas.
—¿Yo... yo le gusto...?
Intentó limpiar sus lágrimas pero fue inútil, no importa cuánto limpiara, ellas simplemente no se detenían.
—No me gustas—respondió. Esas palabras fueron suficiente para destrozar su corazón.—No me gustas—repitió—, no es un simple gustar lo que me ocurre contigo. Te necesito, te deseo, te... amo.»
Un sueño, un recuerdo, un algo, apareció en su mente. Parecía un cortometraje, uno en donde él era el protagonista, sintió el dolor, las lágrimas, la tristeza, la alegría. Su corazón comenzó a latir con fuerza al recordar esas simples palabras «Te necesito, te deseo, te... amo», su cuerpo comenzó a temblar y lo que sea que estuviera cargando cayó bruscamente al suelo. El mundo comenzaba a volverse negro. Le faltaba aire, sentía que ya no podía respirar.
—¡Eren!
Lo último que escuchó fue un grito lleno de preocupación de Mikasa, lo último que sintió fue cómo su cuerpo cayó al suelo, lo último que vio fue el cielo. Estaba comenzando a nublarse. Parecía que iba comenzar a llover.
