Hola, chicas! Un nuevo capítulo y para quienes me decían que extrañan los momentos hot entre nuestros protagonistas, bueno, les dejo esto por acá.
Capítulo 29: El invernadero.
EPOV
Ya habían pasado dos días desde navidad. Había preparado una cena romántica para Bella en un restaurante de Port Angeles, para darle una sorpresa, que seguro estaba no rechistaría en cuanto la recibiera. Pero primero pasaríamos la tarde de picnic en el invernadero de Esme que estaba cerca de mi casa, ya que el clima en Forks no nos había dejado otra opción. Le había pedido a mamá que me ayudara con la comida y me prestara una de sus canastas para llevarla. Tomé unas mantas y las metí en el carro junto con la cesta. Ese día sería únicamente para Bella y para mí. Pasé a medio día por ella y en cuanto estacioné en su casa salió a mi encuentro. Afortunadamente no se encontraba en casa ni Sue, ni Charlie. Entendía al papá de Bella, ella era su nena y después de la muerte de Renée toda su atención y protección se volcaron en ella y Emmett. Ahora yo estaba poniendo en riesgo a su hija ante sus ojos, podría romperle el corazón y para ello Charlie no sabía cómo actuar. Lo que él no sabía es que primero moriría antes de lastimar a mi preciosa.
—Andas pensativo el día de hoy —comentó Bella en cuanto entró a mi carro.
—Mejor calla y bésame, salúdame como Dios manda —le pedí.
—Si es lo que quieres, Cullen —tomó mi rostro entre sus manos como solía hacerlo yo y esta vez fue ella quien se apoderó de mis labios. Succionó salvajemente mi labio inferior, su lengua húmeda se adentró a mi boca, adorando cada parte de mi cavidad. Comencé a gemir. Bella era capaz de provocarme los más bajos instintos pasionales—. Espero que ese haya sido un saludo como Dios manda —me guiñó un ojo.
—Más que eso preciosa, mira cómo me has dejado —señalé mi polla levantada y deseosa de un poco de atención.
—Quizá también pueda hacer algo por eso —señaló mi entrepierna.
— ¡Joder, Bella! No me hagas llevarte a tu casa y follarte como si no hubiera un mañana —gruñí.
—No lo sé —se llevó un dedo a su mejilla—. Me gustaría hacer algo que jamás he hecho con eso —volvió a señalar mi polla, gemí por su insinuación.
—Tú, mujer, me quieres volver loco —decidí ignorar su cara de victoria y encendí mi auto.
— ¿Y bien adónde iremos? —preguntó después de unos minutos.
— Haremos picnic
—Edward todo Forks está cubierto de nieve, no sé si te hayas dado cuenta, pero muy seguramente si seguimos tu plan terminaremos con el culo congelado.
—Sí me lo imagino, pero no iremos a cualquier lugar. Hay un lugar que he tenido que adaptar un poco, quizá no esté completamente cálido, pero podremos hacer nuestro picnic —Bella me miró interrogante—: El invernadero de Esme.
— ¿No se molestará porque lo usemos?
—Le he pedido permiso y en cuanto supo que se trataba de una cita contigo accedió encantada. Te lo dije, mi madre te ama.
—Entonces picnic será —me sonrió.
—Por ahora —señalé.
—No entiendo —me miró confundida.
—Todo a su tiempo, preciosa. Mientras tanto vamos a disfrutar del invernadero de Esme.
Estacioné frente al dichoso invernadero, abrí la puerta de Bella para ayudarla a bajar, robándole un cortito beso a mi preciosa castaña y después fui por la canasta y las mantas. Bella me ayudó con las mantas y entramos en el invernadero. Debido a la época Esme tenía pocas plantas en él, pero la construcción por sí sola era sublime, justo lo que buscaba para Bella y para mí en esos momentos. Había colocado algunas mesas a los costados dejando el espacio en medio para colocar las mantas. Me apresuré a terminar de ponerlas sobre el suelo y a sacar la comida de la canasta.
—Toma asiento, preciosa —la ayudé a sentarse encima de las mantas y le seguí yo, sentándome con ella entre mis piernas— ¿Quieres emparedado o empanada? —le mostré los dos recipientes.
—Empanada será en esta ocasión. Sobre todo, si son de las famosas empanadas de Esme.
Nos dimos pequeños bocados el uno al otro, comimos mucho y nos sentíamos realmente satisfechos. Disfrutábamos de por fin tener un momento para nosotros solos, sin los chicos dando vueltas e interrumpiendo, o sin nuestros padres alrededor, por lo que no teníamos que contenernos. Pegué a Bella lo más que se podía a mí, sonaría cansino y chocante, pero realmente la extrañaba. Extrañaba pasar momentos así, solos los dos, compartiendo pláticas, caricias y besos. Estar en nuestra burbuja sin la invasión de alguien más. Porque con ella una caricia no era únicamente eso, era la manera más dulce de ella de decirme te amo, su manera de comunicarme cuan ardientemente era su sentir por mí, su deseo y pasión. En cada beso me daba su misma alma, para que hiciera con ella lo que quisiera. Con Bella todo, absolutamente todo era todo. Amor, pasión, deseo, complicidad, química, comprensión, confianza, respeto, todo.
— ¿Quieres el último trozo de la tarta de manzana? —me extendió en sus dedos un trozo pequeño de tarta.
—Por favor —ella llevó sus dedos a mi boca para que pudiera degustar el trozo y en cuanto tuve el trozo en mi boca comencé a chupar sus delicados dedos, enrollé mi lengua en ellos. Su piel siempre era dulce. Bella respondió con un gemido a mis caricias con la lengua en sus dedos.
—Por favor —repitió mis palabras antes dichas.
—Déjame degustar de tu piel —extendí su brazo y fui depositando pequeños besos en toda la extensión que quedaba a mi alcance. No pude terminar con mi tarea cuando Bella se levantó y se colocó a horcajadas sobre mí— ¿Bella?
—Ya no lo soporto más, Edward. Necesito que me hagas tuya, necesito sentirte enterrado dentro de mi cuerpo, necesito sentir cómo tu dura y caliente polla posee mi centro —gemí de excitación. Las palabras de Bella estaban causando grandes estragos en mí. Bella no solía ser tan explícita con sus palabras a la hora de hacer el amor.
—Bella —gemí su nombre.
— ¿Lo harás, Edward, me follarás justo aquí?
— ¿Quién eres tú y qué has hecho con mi tímida Bella? —le pregunté apartándola.
—Oh, yo, lo… lamento —se apartó rápidamente de mí y escondió su rostro en sus manos. Esperé unos segundos para ver si las retiraba, pero eso no sucedió. Comencé a asustarme cuando escuché un sollozo escapando de su garganta.
— ¿Bella?
—Sólo que… quería ser m… más atre… atrevida —su sonrojo de vergüenza se alcanzaba a ver a través de sus manos.
—Cariño, ven acá —aparté las manos de su rostro—. Me ha encantado esa sensualidad, ese lado explícito y atrevido tuyo, pero no quiero que lo hagas por mí o sólo por querer ser más atrevida. Si no deseas hacerlo o te provoca incomodidad no lo hagas —me miró con sus dulces ojos cafés húmedos por el llanto.
— ¿Entonces no te pareció mal? —se mordió el labio.
—El labio no por favor —gemí—. No, no me pareció mal, de hecho, fue todo lo contrario —me acerqué a ella—. Supongo que si tú quieres ser atrevida yo también puedo serlo —tomé su mano y la llevé a la evidencia de mi excitación, mostrándole lo duro que me había dejado con sus palabras.
— ¿Eso es por mí? —apretó su mano alrededor de mi polla. Su humor había cambiado radicalmente; su mirada volvió a ser traviesa y llena de lujuria. Se había esfumado cualquier rasgo de pena por lo anterior. Eso quería, que ella se sintiera cómoda con cualquier cosa que hiciéramos.
—Sólo tú puedes provocar que se me ponga así de dura en cuestión de segundos —la atraje hacia mí y comencé a besarla mientras la colocaba nuevamente a horcajadas sobre mí—. No quiero que nada de lo que hagamos te avergüence, Bella.
—No es eso —comenzó a restregar sus caderas contra las mías— es sólo que creí que había ido un poco lejos para ti, que eso no te gustaba —comencé a reír.
—Bella, jamás es demasiado cuanto se trata de ti, cualquier cosa que hagas ten por seguro que tendrá el mismo efecto en mí —alcé mis caderas para que pudiera sentir mi polla.
—Entonces debo de preguntarte ¿Qué esperas por follarme, Cullen? —besó mi cuello, succionándolo, eso seguro dejaría una marca.
— ¡Joder, nena, me estás marcando! —gemí.
—Aja, aquí en Forks también hay unas cuantas lagartonas a las cuales alejar.
—Conozco un buen remedio para ello, preciosa —comencé a besar la piel que alcanzaba de su hombro mientras ella seguía trabajando en la marca de mi cuello.
—Dime cuál es —siguió moviendo sus caderas enloquecedoramente.
—Tenerte en todo momento a mi lado.
—Me agrada, pero yo tengo una mejor —dijo Bella.
—Estoy ansioso por oírlo.
—Umm qué tal tú y yo encerrados todo el día en una habitación follando día y noche.
— ¡Joder, esa me encanta mucho más! —tomé sus caderas y nos giré quedándome encima de ella—. Yo enterrado en ti a todas horas, con acceso completo a mi paraíso personal —coloqué mi mano en su coño por encima de sus jeans.
—Sería el mismísimo cielo —ronroneó.
—Me encantaría entrar en él ahora mismo, pero no podemos.
—Pero ¿por qué? —se quejó—. Edward llevas todas las vacaciones diciendo que me extrañas y ahora que podemos estar juntos dices que no —cruzó sus brazos debajo de sus pechos haciéndolos más apetitosos.
—Créeme que quiero —puntualicé enterrando mi polla en su centro y ella gimió—. Pero tengo otros planes.
— ¿Y no pueden esperar? —volvió a quejarse.
—No, Charlie nos ha dado hasta las diez y eso nos limita.
— ¿Y es muy importante? —envolvió sus piernas alrededor de mi cintura.
—Lo es, por favor no me lo hagas más difícil —le supliqué.
—Que conste que no ha sido por mí por quien hemos parado —aflojó su agarre en mi cintura pero aún seguían alrededor de mí, así que aproveché para levantarnos a los dos del piso en un movimiento fluido con ella aún a mi alrededor. La llevé al carro y regresé a recoger todo y meterlo en el carro después. Después conduje hacia la casa donde Alice me ayudaría a arreglar a Bella para la cena, sólo esperaba que no la torturara y la pusiera de mal humor.
—Ahora señorita —comencé a decirle—, usted se portará bien y subirá al cuarto de Alice quien la preparará para nuestro próximo encuentro.
—Me niego rotundamente —volvió a cruzarse de brazos y poner firmes sus pies en el suelo—. Al menos que me digas que es para ponerme un negligé o algo por el estilo para después encerrarnos en tu cuarto, me niego.
¡Carajo! Con trabajos había logrado que mi erección anterior se bajara y pudiera presentarme de manera decente en la casa de mis padres y viene Bella a ponerme esa erótica y sensual imagen de ella envuelta en un negligé. Mi polla de nuevo se encontraba en todo su esplendor.
—Por favor, Bella.
—Me deberás una grande —subió enojada al cuarto de Alice y yo corrí al mío para realizar las últimas llamadas y verificar que todo ya se encontraba en orden para nuestra llegada al restaurante.
Me apresuré para esperar a Bella en el piso de abajo, pero Alice parecía no tener planes para ello. Tuve que subir a apresurarla, pero la duende me recibió con un grito furibundo de la belleza llevaba su tiempo; argumenté que con Bella no necesitaba mucho puesto que ella en sí misma ya era una auténtica belleza. Diez minutos después de mi pequeño enfrentamiento con Alice, dejó salir a mi preciosa con un hermoso vestido azul, sencillo pero hermoso, unos tacones que me dejaron sorprendido porque hacían lucir las piernas de Bella kilométricas y un maquillaje tan natural que le sentaba de maravilla a mi novia.
—Puedo saber adónde vamos a ir.
— ¿Qué te parece la idea de viajar a Port Angeles y tener una cena romántica? —la sonrisa más hermosa del mundo se dibujó en su precioso rostro.
—Siempre y cuando sea contigo.
— ¿Con quién más si no es conmigo?
—No lo sé, seguro que encuentro un hombre galante y guapo que quiera acudir conmigo —bromeó, pero su broma no causó ninguna gracia en mí—. Vamos, sabes que no iría con nadie más —sonreí como un bobo y tomé sus manos para depositar un beso en cada una de ellas.
Conduje hacia Port Angeles ansioso, esperaba que la sorpresa que tenía preparada para Bella le agradara. Llegamos a nuestro destino, el restaurante favorito de Bella, por lo menos de la zona, la Bella Italia. La comida era buena y el ambiente era íntimo, justo lo que necesitaba para ese día. Bella y yo solos sin ninguna interrupción. Al parecer acerté en elegir el lugar ya que estuvo encantada y prácticamente había olvidado el detalle de la tarde. Pasamos al local e inmediatamente nos asignaron la mesa que ya había apartado desde días atrás. En el plato que ya se encontraba frente a ella había una rosa roja depositada pulidamente. El mesero se acercó para recorrer una silla, pero no lo dejé, era yo quien quería tener esos detalles con ella. Pedimos nuestros platillos; obviamente Bella sus amados raviolis y yo decidí irme por unas berenjenas a la parmesana. Durante la cena comentamos de todo, desde el comienzo del nuevo semestre para Bella, mi regreso de vacaciones a la empresa, donde prometió ir a visitarme algún día, la cena de navidad, de todo, con Bella nunca se nos acababa tema de conversación. Comenzaron a hacer algunos movimientos al lado, moviendo algunas mesas y sillas para colocar un piano.
—Esto es raro, en ninguna otra ocasión de las que he venido he visto que realizaran presentaciones en vivo o cosas por el estilo —lucía extrañada.
—Llevamos tiempo sin venir, quizás sea un nuevo atractivo del restaurante —comenté.
—Me agrada —sonrió. Después continuó comiendo.
— ¿Me disculpas?, en un momento regreso —me levanté de la mesa y caminé hacia donde estaban los baños y una vez asegurado que Bella no me miraba, pasé discretamente con ayuda del personal del restaurante, por detrás del piano para sentarme frente a él. No necesitaba partituras, esa canción me la sabía de memoria desde el momento en que me invadió cada nota mientras pensaba en ella. Llamé la atención de todos y todos se giraron a verme, pero quien me interesaba era Bella; en cuanto me vio su rostro pasó de la confusión a la sorpresa y pude leer en sus labios un "¿Qué haces?"—. Disculpen que interrumpa su cena, en verdad lo lamento, pero hace años conocí a una chica. Ella me cautivó desde niña, despertó en mí los sentimientos más dulces, puros y apasionantes que soy capaz de sentir y esta noche quiero tocar algo que compuse para ella. Bella, preciosa, cada nota de esta canción fue creada pensando en la belleza de tu alma —comencé a tocar mientras continuaba viéndola directamente a sus ojos. Ella derramaba algunas lágrimas, pero tenía una radiante sonrisa en su bello rostro. Continué con cada nota, depositando lo más que podía de todo mi amor por ella. Mi corazón parecía vibrar al ritmo de las notas, haciéndose notar y gritando también por todo el amor que había ahí únicamente para ella. Terminé la canción y caminé hacia donde estaba ella para tomarla en brazos y girar con ella mientras su maravillosa risa me envolvía.
—Mil gracias —tomó mi rostro y besó mis labios; el resto de las personas presentes rompieron en aplausos—. Eres lo mejor para mí. Te amo —beso—. Te amo —beso—. Te amo.
—Y yo a ti cariño —besé sus labios y pedí permiso para acceder a la dulzura de su cavidad. Enredé mis dedos en sus cabellos y la pegué a mí.
—Vámonos de aquí. Quiero estar solamente contigo —susurró sobre mis labios.
—A donde tú quieras —respondí tras darle un último beso.
Tomados de la mano salimos del restaurante y emprendimos camino hacia mi casa donde Bella volvería a cambiarse de ropa para que le llevara de regreso a la casa de Charlie. Llegamos y la casa estaba vacía, encontrando una nota que habían ido precisamente a la casa de los Swan a ver un partido y a cenar. Acompañé a Bella al cuarto de Alice a buscar su ropa y empezar a cambiarse, me pidió me quedara con ella mientras lo hacía. Pero me estaba torturando, verla quitarse el vestido quedando únicamente en una minúscula tanga de encaje azul y un sostén que apenas cubría sus pechos del mismo color.
—Será mejor que te espere en mi habitación —le dije después de aclararme mi garganta.
— ¿Por qué? —me preguntó.
—Bella, eres una jodida tentación. Tú y encaje es un infarto seguro para mí —ella inmediatamente me sonrió traviesamente.
—Con que te gusta verme en encaje —se acercó seductoramente a mí—. Hace mucho que no hacemos el amor —pasó sus brazos por mi cuello— ¡Y joder que muero por estar contigo! La casa está sola y quizá, sólo quizá, si aceptas podríamos ir a tu habitación y… —no terminó la frase porque ya le estaba devorando su boca. Enredé mis dedos en su melena castaña y la pegué todo lo posible a mi cuerpo. Ella gimió en cuanto sintió mi dureza enterrada en su vientre. La tomé de sus nalgas y ella enredó sus piernas en mi cintura. La saqué de ahí y la llevé a mi habitación.
—Me has estado tentando durante todo el día, Bella, y ahora te follaré hasta que te duela juntar tus piernas —besé su cuello y bajé una de mis manos hacia su muslo para acariciar la suavidad de su piel.
—Extrañaba tus manos sobre mi cuerpo —comenzó a sacar la camisa de mis pantalones y a desabotonarla con dedos temblorosos—, tus besos sobre cada parte de mi cuerpo —jadeó cuando acaricié su coño húmedo sobre el encaje de sus bragas.
Me separé por un momento de ella, a lo que replicó con una queja. Terminé de quitarme completamente la camisa y a desabrocharme los pantalones, todo bajo la atenta mirada de Bella. Recorrió con su mirada cada centímetro de mi cuerpo descubierto y bajó aún más quedándose por unos segundos de más en mi erección que ya se volvía dolorosa. Me quité el pantalón y quedé únicamente con mi bóxer gris. Bella se hincó en la cama y comenzó a besarme nuevamente mientras adentraba su mano en mi ropa interior para tomar en su mano mi polla que clamaba por un poco de atención ¡Joder que su mano era cálida y suave!
—No sabes cuánto he extrañado a tu amiguito, Edward
—No puedes llamar amiguito a mi pene, Bella.
—Entonces —dijo mientras besaba ya en ese momento mi cuello— sería algo como he extrañado jodidamente tu polla, el calor que emana de ella, la suavidad y rudeza con la que me follas con ella.
— ¡Joder, Bella! —la empujé suavemente hasta dejarla completamente acostada sobre mi cama.
Comencé a depositar besos de mariposa por su cuerpo, desde su abdomen hasta su dulce boca. Acariciando sus piernas, siempre acercándome lo suficiente para sentir la calidez de su estrecho coño, pero sin llegar a tocarlo, logrando que Bella soltara bufidos de frustración. Me detuve por un tiempo en el comienzo de sus senos, besando la delicada piel de esa zona y debo de admitirlo, besando sus lunares que me fascinaban.
— ¿Alguna vez te he dicho cómo me enloquecen este par de lunares? —junté sus pechos logrando que se tocaran el uno al otros.
—No, pero ahora lo noto —gimió cuando di un pequeño mordisco a su pecho.
—Son todas mías
Llevé mis manos a sus senos y comencé a acariciarlos sintiendo la piedrecilla de su pezón bajo el encaje de su sostén. No pude resistir más por ver a ese par de cerezas, redondas, duras y rosadas, así que bajé las copas de su brasier y me maravillé con la imagen ante mí. Dos hermosos pezones me saludaban totalmente erguidos y excitados al igual que yo. Bajé mi boca a uno de ellos y lo saboreé, la mejor sensación de todo el puto mundo: tener un pezón en la boca mientras lo succiones. Amaba chupar su coño, pero succionar y chupar sus pezones era un éxtasis indescriptible. Continué con mi tarea de chupar su pezón mientras atendía el otro con mis dedos, haciéndolo rodar entre ellos. Bella movía sus piernas buscando un poco de contacto en la zona sur de su cuerpo. Me separé de sus pechos y soplé sobre su otro pezón notando como se endurecía aún más. Bella pasó sus manos a todo lo largo de mi espalda hasta dejarlas en mi trasero y apretarlo, después las adentró en el bóxer y enterró sus uñas en él logrando que mi pene se frotara con su sexo ya húmedo.
—Puedo sentir lo mojada que estás —volví a besarla y embestí sobre su coño, ambos continuábamos vestidos, pero no dejaba de ser totalmente placentero sentirnos rozar.
—Necesito sentirte ya, Edward. Ha sido demasiado tiempo —bajó de la parte de delante de mi bóxer dejando libre mi erección que saltó en busca del calor de su sexo. Gemí por el contacto.
Sabía que no teníamos tanto tiempo antes de que alguno de nuestros padres llamara para preguntar por nuestra demora. Así que sin pensarlo más solamente hice a un lado su tanga y me enterré en una firme estocada hasta lo más profundo de su intimidad.
— ¡Bella!
— ¡Edward!
Gritamos ambos por, por fin, estar unidos de esta manera tan íntima. La humedad y suavidad de su cuerpo me envolvía de una manera deliciosa; la calidez de su sexo me quemaba de una manera apasionadamente. Permanecí sin moverme un momento esperando que ella se adaptara a mí, pero sus caderas tenían otra intención, ya que comenzaron a moverse buscando más fricción con mi cuerpo.
—Lo necesito rápido, Edward, rápido y duro.
—Lo tendrás nena, lo tendrás.
Moví mis caderas firme y rápidamente, creando una celestial fricción con nuestros sexos. Bajé nuevamente mi rostro para tomar un pezón en mi boca. Bella jadeaba y chillaba de placer. Mis jodidos sonidos favoritos, pero aún faltaba el que más me gustaba: ella gritando mi nombre en medio de un orgasmo. Me separé de su pecho y coloqué mis manos a ambos lados de su cabeza para tomar impulso y penetrar su delicioso cuerpo. Efectivamente la penetración se hizo más potente pero seguía sin tener la profundidad que buscada, por lo que coloqué una de sus piernas en mi hombro y comencé con las estocadas.
— ¡Joder, Edward! —gritó.
—Lo sé, preciosa, te siento más estrecha de esta manera —era delicioso—. Es completamente delicioso.
—Dame más, Ed… Edward, más, joder —parecía no tener suficiente porque sus caderas buscaban un contacto mayor.
—Tu coño es tan estrecho —sus manos seguían enterradas en mi trasero, probablemente dejaría marcas en él, pero era lo que menos me importaba.
—Edward ne… necesito.
—Lo que tú quieres, preciosa —yo necesitaba hacerla explotar, mi orgasmo no tardaba en llegar.
—Chúpame mis pezones, Edward, por favor —gimoteó. Sin que me lo tuviera que volver a pedir así lo hice —¡Agh! —gritó cuando empujé sus piernas aún más haciendo que la penetración se hiciera mucho más intensa.
— ¡Joder! —grité con su pezón en mi boca— Es jodidamente bueno.
Continué con las embestidas y saboreando de la sensación de tener su pezón entre mis labios. El coño de Bella se hacía cada vez más pequeño, haciéndome ver que se encontraba cerca de su orgasmo.
—Estoy cerca, cariño.
—Lo sé, puedo sentirte. Vamos Bella, dámelo, córrete para mí, preciosa —mis palabras parecieron ser el estímulo necesario para su liberación, siendo así el mío para mi propio nirvana.
— ¡Edward! —ahí estaba, mi sonido favorito.
—Te amo, preciosa.
Estuvimos en la misma posición por unos segundos mientras nuestras respiraciones se normalizaban. Salí de ella delicadamente y me acosté a su lado, ella se giró y dejó su cabeza sobre mi pecho, además de pasar una de sus piernas por mis caderas. Bajé mi mirada y mi sonrojo favorito en ella estaba presente. Era un sonrojo postcoital.
—Cada vez se vuelve mejor —me dijo.
—Es fantástico hacer el amor contigo.
— ¿Mejor que cualquier otro?
—No hay comparación —besé sus labios—. Me encantaría seguir así, pero no deben de tardar en llamar por nuestra demora.
—Ya sé, yo también estoy muy cómoda, pero debemos ir.
La tomé en brazos y la llevé al baño de mi habitación para limpiarla y arreglar su cabello que gritaba haber sido follada. Después regresamos a mi habitación por mi parte y ella a la habitación de Alice para vestirse.
— ¿En qué piensas? —le pregunté cuando vi aparecer una sonrisa traviesa de la nada en su rostro.
—En darle las gracias a Alice.
— ¿Por qué harías eso?
—Ella fue quien me motivo a comenzar a usar ropa interior de satén y encaje. Dijo que cuando tuviera pareja algún día le agradecería y hoy he visto a qué se refería.
—Como dije, el encaje en ti es mi perdición —tomé su mano y deposité un beso en ella. Continué el resto del viaje agarrado de su mano.
Llegamos a casa de Charlie y precisamente en ese momento mis padres y Alice salían con sus cosas en la mano. Habíamos llegado tarde, pero no importaba, había disfrutado de uno de los mejores días en mi vida al lado de la mujer que amaba. El punto sería explicarle a Charlie por qué llegábamos media hora tarde. Bella besó mis labios antes de que bajara a abrir su puerta. Llegamos al lado de mis padres que ya estaban despidiéndose y vi la mirada de Charlie no muy contento.
—Lo siento, papá tuve que pedirle a Edward que se detuviera en su casa porque se me había olvidado el bolso en el cuarto de Alice.
—Supongo que está bien —dijo no muy contento Charlie.
—Hijo, ya nos despedíamos de Charlie y Sue —dijo Esme— ¿Vienes con nosotros?
Me encantaría decir que no, que me quedaba a dormir con Bella, pero no podía.
—Claro mamá —sonreí.
—Preciosa, nos vemos mañana —bajo la atenta mirada de Charlie me incliné a besar la comisura de sus labios.
—Te veo, mañana —sonrió.
Pasaríamos año nuevo todos juntos en Seattle, así que podría verla sin que Charlie pudiera evitarlo o nos diera toque de queda. Podría disfrutar completamente de Bella. Me despedí de Charlie y Sue y regresé a casa con mis padres y hermana. Estaba ya en mi cama pensando en lo que horas antes pasó entre Bella y yo precisamente en mi cama. Prácticamente me ponía a llorar como un niño, quería a Bella a mi lado para poder dormir bien, pero tendría que esperar hasta que regresáramos a New Haven. De pronto una idea cruzó por mi cabeza, quizá no tendría que esperar para estar con ella. Tomé mi ropa y mis llaves del carro y salí lo más silencioso que pude la casa, conduje hacia la casa de Bella y estacioné el volvo dejándolo fuera del alcance la vista de Charlie. Llegué al árbol que había escalado tantas veces años atrás para entrar al cuarto de Bella, llevaba unas cuantas piedritas en la mano para aventarlas a su ventana y me abriera. Después de tres piedritas creí que Bella no abriría, pero abrió su cortina tallándose sus ojos, seguía dormida, pero en cuanto me vio abrió sus ojos completamente y corrió el cerrojo de su ventana y me dejó pasar.
— ¿Qué haces aquí? —me preguntó en un susurro.
—Ya no puedo dormir lejos de ti —hice mi puchero marca Cullen— ¿Me dejará pasar la noche con usted, señorita? —pregunté con mi sonrisa torcida.
—Por supuesto que sí —sonrió y me besó— A dormir entonces —tomó mi mano y me llevó a su cama. Me acosté y ella se pegó a mi lado, pegando su trasero a mi ya despierta erección. Pasé mi brazo sobre su cintura, hundí mi rostro en su cabello y me dejé envolver por esa maravillosa esencia de fresa. Y por fin me sentí en casa. Por fin dormiría como un niño y en paz.
¿Y bien chicas, qué les ha parecido el momento hot entre estos dos? Ya les faltaba un poco de actividades, como lo llama Bella. Un capítulo más y los que faltan ;)
Reviews a responder: Cary tenía que haber de todo en las fiestas navideñas xD... faltó un poco de lujuria, pero bueno acá ya lo he puesto y espero te haya agradado ;)... muchas gracias por leer. Karol me da mucho gusto que continúe agradándote la historia, me gustaría también poder publicar más seguido, pero tengo una mala maña de escribir poco a poquito :( admiro totalmente a quien puede escribir tan rápido, lo juro; si en alguna ocasión logro preparar dos capis ten por seguro que los subiré; muchísimas gracias por leer! Carito también ya extrañaba escribir un momento hot y aquí está, por fin se les hizo a este par xD espero te haya gustado y gracias por leer.
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