Título: The Courtesan (El Cortesano)
Autor: Drops of Nightshade
Traducción: Traducciones. A ver qué sale
Enlace a la historia original: s/8741238/1/The-Courtesan
Desde aquí, el equipo de Traducciones. A ver qué sale desea agradecer a Drops of Nightshade el habernos concedido el permiso para traducir esta historia y su continuación.
¡Muchas gracias! ^_^
Capítulo Veintinueve
Cuartel General de la Orden del Fénix – Residencia Lestrange – Mansión Malfoy
1996
Habían transcurrido tres días sin ningún cambio en el estado de Harry.
Hermione pasó casi cada momento despierta junto a su cama, haciendo pausas sólo para visitar el baño o para robar algunas horas de sueño en la habitación que le habían dado.
La señora Weasley, que había llegado con el resto del extenso clan Weasley unas horas después que Ginny y Hermione, se preocupaba tanto por su inconsciente hijo adoptivo como por su obstinada hija adoptiva, que se negaba a ceder y apartarse de Harry, excepto para atender sus propias necesidades básicas.
Para Hermione, la completa felicidad de reunirse con su familia estaba diluida por el hecho de saber que Harry estaba sufriendo alguna maldición Oscura. Ni siquiera el que le quitasen su collar de Procreadora, gracias a un complicado conjuro, pudo levantarle el ánimo.
Se sentó en la misma silla de la que se había apropiado cuando había entrado por primera vez en la habitación de su hermano adoptivo. Sus dedos acariciaban de forma ausente la nueva piel desnuda de su cuello mientras sus penetrantes ojos color canela se enfocaban en la inmóvil figura sobre la cama.
El propio cuello de Harry estaba desnudo, un hecho del que Hermione se había dado cuenta con sorpresa y bastante confusión tras el pánico inicial de ver a su hermano adoptivo en un estado tan penoso. Lord Voldemort realmente había liberado a Harry de su contrato. Las implicaciones de ello perturbaban a Hermione; desafiaban la imagen que se había construido acerca del monstruo que había creado las leyes de servidumbre. ¿Por qué había liberado a Harry?
Su hermano adoptivo había sido tan vago en los detalles cuando le había enviado la corta carta, describiendo a grandes rasgos el supuesto plan que el Señor Oscuro tenía para él, y Hermione apenas se había atrevido a creerle. Pero con aquella incuestionable realidad ante ella, Hermione decidió reservar sus opiniones hasta que Harry finalmente se despertase y pudiese explicarle todo en persona.
Durante los últimos tres días, varios sanadores habían ido y venido, ninguno de ellos siquiera remotamente eficaz en sus intentos de curar a Harry de lo que fuese que le afligía. El estado de su hermano adoptivo se había deteriorado de forma incesante, la luz de cada nuevo día revelando otro declive en su salud. La habitación de Harry se había convertido en una silenciosa tumba, rota sólo por el sonido de su trabajosa respiración y los callados susurros de los miembros de la Orden que venían a asomarse a la habitación, esperando con ansiedad algún signo de que Harry estaba mejorando.
Ocasionalmente uno de los Weasleys hacía acto de presencia, entablando con ella una forzada conversación antes de marcharse de nuevo. Había escuchado el relato de su huida de Hogwarts, cómo Nymphadora Tonks, disfrazada como Draco Malfoy, les había escoltado en pequeños grupos hasta el límite de las protecciones. Allí ellos se habían deslizado fuera fácilmente y habían permitido a los medallones de la Orden que les transportasen como Trasladores.
Cuando Hermione había preguntado acerca de lo que le había pasado a Tonks, la cual seguramente no podría mantener el engaño de ser Draco Malfoy por mucho más tiempo, se había preocupado cuando no le pudieron dar ninguna respuesta. A juzgar por el sombrío aspecto de los rostros de los miembros de la Orden, no sabían realmente qué pasaría con la estúpidamente valiente Metamorfomaga. Había esperanzas de que pudiese regresar discretamente a su posición, sin que su sospechosa y coincidente ausencia fuese descubierta, pero Hermione temía que la amable mujer no fuese tan afortunada.
Y luego estaba Lavender.
Había sido una suerte que un medallón de la Orden hubiese sido pasado clandestinamente a la joven, pero el daño emocional y mental de haber sido usada para el sexo habían hecho estragos en su brillante luz, empañándola quizá de forma irreversible.
Casi cada noche se colaba en la habitación de Ginny y dormía junto a la familiar calidez de su hermana adoptiva, no queriendo afrontar la oscuridad sola. Ginny le había ofrecido muchas veces trasladar otra cama a su habitación para que la usase, pero la chica todavía se aferraba a sus jirones de dignidad y orgullo.
A Hermione y al clan Weasley al completo les destrozaba ver de primera mano cómo de destructivo era el sistema, evidente a través de los ojos espantados y faltos de sueño de Lavender Brown.
Ver el miedo que todavía albergaban los ojos de su hermana adoptiva, sabiendo que no todas las Cortesanas, o Procreadoras en ese caso, eran tan afortunadas como para tener un contratante justo, hería a Hermione profundamente. Ese era el destino del que Ginny y ella habían escapado, el destino que Harry había sufrido.
Pero ella no podía catalogar a Harry como una víctima.
A través de todas las cartas que habían intercambiado, ni una sola vez había sentido un grito de ayuda en sus palabras, ni había detectado miedo o sufrimiento por el tono de su escritura. Harry siempre escribía de forma alegre, compartiendo con Hermione los sucesos de la semana anterior, los libros que había leído o los sucesos graciosos que habían tenido lugar.
¿Cómo estaba Harry tan feliz, tan satisfecho con su suerte en la vida? Hermione se alegraba de que su hermano adoptivo hubiese tenido una experiencia libre de sufrimiento, ¿pero por qué era así?
Incluso si había estado enmascarando esas emociones negativas, Hermione conocía a su hermano adoptivo suficientemente bien como para ser capaz de leer entre líneas y descubrir que estaba angustiado.
Lo que le llevó de vuelta a la pregunta final; ¿por qué había liberado Lord Voldemort a Harry?
Gruñendo ante la tensión mental de pensar cosas demasiado complicadas con tan poco sueño para alimentarlas, Hermione enterró su rostro entre sus manos y tomó aire de forma profunda y calmada unas cuantas veces. Alzando su cabeza una vez más y apartando su ligeramente grasiento pelo de su cara, suspiró cansada—, despierta Harry. Tengo tantas preguntas para que respondas.
Pero Harry no despertó.
Y las preguntas de Hermione siguieron sin respuesta.
Remus Lupin se sentó en uno de los muchos estudios del castillo francés que la Orden había convertido en su cuartel general, sus dedos jugando con el hermoso talismán enrollado cuidadosamente en torno a su muñeca.
Cuando los sanadores habían desvestido a Harry para buscar heridas que tratar, habían descubierto el resplandeciente amuleto en torno a su cuello. A pesar de que no había reaccionado a un conjuro de detección de Oscuridad, y los sanadores habían expresado su interés en mantenerlo alrededor del cuello de Harry, Moody había tenido la última palabra sobre el asunto. Había ordenado que el talismán, junto con cualquier otro material que Harry poseyese en ese momento, fuesen eliminados para evitar que el Señor Oscuro de alguna forma encontrase la manera de infiltrarse en el cuartel general a través de un objeto maldito.
A Remus, el cual había estado presente entonces, se le había entregado el talismán para que lo destruyese, según las órdenes de Moody. Sin embargo el hombre lobo no podía y no se resignaría a destruir el hermoso amuleto, que era claramente inofensivo. El lobo en su interior, la criatura que había aceptado hacía mucho tiempo cuando había dejado de tomar la poción de Acónito, era por naturaleza una criatura del bosque. Ese talismán apestaba a magia de los árboles y a algo tan puro y poderoso que el lobo interior de Remus gruñía ante el mero pensamiento de dañarlo.
No, Remus por tanto deseaba ansiosamente devolver el amuleto al hijo de su mejor amigo, colocarlo en torno al cuello de Harry donde sentía que realmente pertenecía. Sin embargo eso sería desobedecer directamente las órdenes de su superior.
Así pues, estaba dividido.
Oyendo pisadas que se aproximaban, su oído mejorado por su sangre de hombre lobo captando el ligero golpeteo contra el suave suelo de madera, Remus tiró de su túnica cubriendo el talismán y ocultándolo de la vista. Cogiendo rápidamente un libro, adoptó una pose de indiferencia mientras las pisadas se acercaban y se detenían al llegar a la puerta del estudio donde él se encontraba.
Hubo un suave golpe en la puerta ante el cual Remus respondió con un— pase.
Se sintió aliviado al ver a Kingsley Shacklebolt entrar en el estudio y no a Alastor Moody, cuyo ojo mágico sin duda habría captado el intento de Remus de esconder el amuleto que le habían ordenado destruir.
Kingsley parecía agotado, su frente surcada de líneas causadas por el estrés y sus ojos enrojecidos. Remus podía sentirse identificado con la difícil situación actual del hombre; él también estaba sufriendo de insomnio y una gran cantidad de ansiedad por el bienestar de Harry.
Sin embargo el estado fatigado de Kingsley estaba más atribuido al lago proceso de clasificar a los evacuados de Gran Bretaña, organizar el alojamiento y dar asesoramiento y tratamiento a aquellos que lo necesitaban. También estaba el asunto de los agentes dejados en Gran Bretaña, en concreto Sirius Black y Nymphadora Tonks, ambos en posiciones bastante precarias.
Siendo el enlace de la Orden con el Ministerio Francés y con la política internacional, Kingsley estaba bajo una gran cantidad de presión. Lord Voldemort no había perdido el tiempo solicitando que el Ministerio Francés actuase en contra de los insurgentes de la Orden, los cuales no sólo habían secuestrado ilegalmente a su gente sino también le habían atacado abiertamente a sus fuerzas y a él.
Estaba teniendo lugar un gran debate en el Ministerio acerca de si se debía continuar dando asilo a la Orden del Fénix, o entregarles para apaciguar al Señor Oscuro. No se habían enviado amenazas a Francia y su comunidad mágica todavía acerca de su posición, pero llegarían inevitablemente si el Ministerio continuaba obstinándose en dar refugio a la Orden y sus fugitivos.
—¿Cómo está la Señorita Delacour? —preguntó Remus antes de que su amigo y líder pudiese hablar. El hombre lobo había estado en el vestíbulo del castillo cuando una Fleur Delacour transformada con Multijugos había aterrizado sobre el duro mármol, con Harry inconsciente apretado contra ella.
Había habido tanta sangre; por un segundo el lobo interior de Remus se había sumido en una furia ciega pensando que la sangre era de Harry. De forma subconsciente había aceptado al niño Harry como parte de su manada, la manada que no era su familia por sangre, pero era su familia y sus seres queridos a pesar de todo. Ver aquel líquido carmesí manchando el vestíbulo, ver a Harry tendido boca abajo, provocó que Remus tuviese un momento de colapso en su habitualmente férreo control.
Había hecho falta un rápido y preciso conjuro de aturdimiento por parte de Minerva, la cual se había disculpado más tarde profusamente, para contenerle antes de que ocurriese algo peor. Cuando quedó claro que era Fleur el origen de la enorme pérdida de sangre, había sido llevada rápidamente a la pequeña sala de emergencias que había en el cuartel general, mantenida cerca por si las misiones iban mal. Lo último que Remus había oído era que estaba en estado crítico, pero todavía viva y respirando.
Kingsley dio la impresión de que quería cambiar el tema hacia lo que había ido a hablar, antes de suspirar y admitir—, está estable ahora. Los sanadores dicen que recuperó la consciencia brevemente, pero no dijo nada antes de volver a dormir. Hay esperanzas de una total recuperación, sin embargo no estamos convencidos de esa valoración.
Asintiendo aliviado al escuchar que la joven tenía una gran probabilidad de sobrevivir al hechizo Oscuro que había creado múltiples cuchilladas mortales en su cuerpo, Remus se puso alerta mientras Kingsley se preparaba para lo que había venido a decir originalmente antes de que él le hubiese desviado.
A juzgar por la tensión de la mandíbula del hombre, no eran buenas noticias.
—Acabo de regresar del Ministerio Francés, y han estimado oportuno informarme del estado actual de las negociaciones con Gran Bretaña —. Kingsley habló con una traza de veneno en su voz, algo poco característico para el elocuente hombre.
Remus se puso ligeramente rígido, sin gustarle dónde estaba yendo esto. Si Francia les revocaba su protección...
—El Ministro Francés de Magia, Valcroix, ha accedido a recibir a una delegación de Gran Bretaña, para discutir la situación y tomar una decisión sobre lo que se debe hacer.
Remus se calmó un poco y dijo—, él no tenía más elección que aceptar esta negociación, Kingsley, a fin de no enfrentarse a una declaración de guerra del Señor Oscuro. Valcroix es bueno en lo que hace, tendrá a esos diplomáticos bailando a su alrededor durante meses antes de que el tema de nuestra Orden se toque siquiera.
A pesar de las palabras de aliento de Remus, la mandíbula de Kingsley se apretó y admitió—, yo también llegué a esa conclusión lógica. Hasta ese punto tenía total confianza en Valcroix y sus consejeros para mantener a los dignatarios visitantes en vilo. Hoy, sin embargo, he sido informado de quién exactamente viene a Francia para negociar un acuerdo.
Remus se quedó inmóvil y observó con cuidado a Kingsley, el cual era incapaz de ocultar el leve aura de temor al hombre lobo.
—No —, Remus se ahogó mientras su mente saltaba a la única persona que podía hacer sentir una chispa de miedo al gran Kingsley Shacklebolt.
—El propio Señor Oscuro ha anunciado que asistirá a las negociaciones.
Remus desechó a un lado el pánico que clamaba en su pecho, pensando inmediatamente en Harry todavía tendido inconsciente y deteriorándose de forma constante—. ¿Cuándo estará aquí?
—No más tarde que una semana a partir de hoy.
Los dos hombres se miraron, ambos pensando y sabiendo lo mismo.
No tenían suficiente tiempo.
Rabastan Lestrange se consideraba a sí mismo un hombre despiadado a veces, pero era necesario perteneciendo al Círculo Interno del Señor Oscuro. Había tenido su cuota de lucha y derramamiento de sangre, no siempre en el calor de la batalla.
Pero mientras apuntaba una varita hacia la cabeza de Nymphadora Tonks, la madre de sus hijos, su compañera por más de una década, sólo sintió tristeza.
Cuando el Señor Oscuro le había asignado la misión de localizar a las personas implicadas en el secuestro y tortura de Draco Malfoy, había estado decidido a tener éxito por su Señor a cualquier precio. Con su actual humor de perros, el Señor Oscuro era propenso a perder el control de su impresionante poder y matar a la siguiente persona que le contrariase de cualquier manera.
La mayor parte de los Mortífagos y sus subordinados Segadores echaban la culpa del terrorífico estado de ánimo a la obvia huida de la Orden y de un gran número de personas de la casta servil. Sólo aquellos cercanos a Lord Voldemort sabían que la verdadera razón que le llevaba a estar furioso era el secuestro de Harry James Potter.
Su ex-Cortesano.
Rabastan había descubierto el hecho antes de que Harry fuese secuestrado y se había quedado a la vez sorprendido y extrañamente complacido de que el hermoso y poderoso joven fuese libre hasta cierto punto, para hacer lo que desease y disfrutando de tener plenos derechos.
Así que Rabastan se había lanzado a investigar, sabiendo que estaba claro que alguien había estado suplantando a Draco en Hogwarts. Cuando Rabastan había llegado con hombres armados, el impostor hacía mucho tiempo que se había ido.
Pero le habían asignado esa misión por una razón.
Rabastan no sólo estaba muy versado en el arte del Duelo, sino también en el del Rastreo. Su Señor le había usado en numerosas ocasiones para cazar y eliminar a varios indeseables. Nunca había fallado en localizar a su presa en una caza.
No fue una sorpresa por tanto que captase rápidamente las diferentes firmas mágicas de los estudiantes y profesores de Hogwarts. Su trabajo fue más fácil porque él enseñaba en Hogwarts y estaba familiarizado con los muchos sabores de la magia que impregnaban los muros del castillo.
Cuando hubo leído correctamente la firma mágica, Rabastan se había sentido invadido de una mezcla de furia, traición y tristeza. Porque la identidad del impostor era sin duda su Procreadora retirada, Nymphadora. Con su habilidad única era ideal para una tarea como esa. En ese punto había despedido a las fuerzas que le ayudaban y había continuado la persecución de la rebelde mujer en solitario.
Nymphadora había regresado a la casa donde vivía con sus dos hijos menores, Theodore y Andrómeda, relajándose de vuelta en su rutina.
Cuando Rabastan llegó hizo marchar a la mujer Sirviente de servicio, lo cual no era totalmente irregular. Algunas veces cuando visitaba el lugar, prefería estar a solas con sus hijos y Nymphadora.
En el momento en el que entró en la habitación de los niños donde Nymphadora estaba sentada en una mecedora, cantando suavemente a Andrómeda para que se durmiese, la mujer alzó la cabeza y sus ojos se encontraron con los suyos.
Ella lo supo.
Mientras su nana se desvanecía, Nymphadora se puso en pie delicadamente, con cuidado de no perturbar al bebé dormido en sus brazos, antes de llevar a su hija a la cuna en la esquina de la habitación y colocarla dentro.
Lentamente se volvió y se encaró con Rabastan, el cual alzó su varita cuidadosamente para apuntar a su cabeza, su rostro inexpresivo.
—Por favor, no lo hagas aquí —, murmuró Nymphadora como para no despertar a su hija.
Asintiendo, Rabastan hizo una seña a su ex-Procreadora para que fuese en primer lugar y así poder mantener su varita apuntada hacia ella.
En cuanto hubieron dejado la habitación de los niños la dirigió hacia la habitación de música, la cual estaba al otro lado del salón. No pudo evitar percibir que Nymphadora estaba temblando muy levemente y aun así mantenía su barbilla alta. No se arrepentía de lo que había hecho.
Rabastan permitió que ese pensamiento le diese valor mientras apuntaba a la cabeza de su compañera, con la Maldición Asesina lista para salir de sus labios. Le daría esta muerte limpia, mucho mejor que la que recibiría a manos de los torturadores el Señor Oscuro.
Entonces, titubeó.
Nymphadora le miraba con una terrible calma. Su pelo era de un brillante rosa chicle como siempre, casi desafiante ante lo que iba a pasar, pero sus ojos normalmente violetas revelaron su miedo con su deslucido brillo gris.
¿Qué les diría él a los niños? ¿Cómo se lo explicaría a Calix, a Theodore? ¿A su preciosa Andrómeda cuando creciese y preguntase dónde estaba su madre?
—Cuida de nuestros hijos —, dijo Nymphadora suavemente.
Era como si hubiese leído sus pensamientos. Por otra parte, él siempre había sido un libro abierto para ella.
—Lo haré.
No había nada más que decir. Ninguno se disculparía por lo que había hecho o por lo que todavía tenía que hacer.
Era el momento.
—¿Mami? ¿Papi? —una pequeña, confusa voz cortó la tensión.
Rabastan se quedó inmóvil como si se hubiese convertido en piedra. Los ojos de Nymphadora se llenaron de lágrimas mientras miraba suplicante a Rabastan. El mensaje era claro; llévatelo, no dejes que vea esto.
Theodore estaba de pie vacilante en la puerta de la sala de música, con un dragón de peluche sujeto en su puño. Su apariencia había cambiado para reflejar su aprensión, su pelo un deslustrado marrón y sus ojos color negro oscuro.
Y de repente Rabastan no pudo hacerlo.
Nymphadora observó mientras su ex-contratante guardaba su varita y se agachaba para que su hijo pudiese correr a sus brazos. El pelo y los ojos de Theodore se aclararon gradualmente mientras su padre le abrazaba, asegurando al niño que todo estaba bien.
Levantando al chico y colocándole apoyado en su cadera, Rabastan se volvió hacia Nymphadora y dijo con voz firme y clara—, vas a dejar Gran Bretaña. Contacta con tu gente y haz que preparen alguna forma de llevarte a lugar seguro.
—No —, dijo Nymphadora al instante, su rostro con su familiar gesto obstinado.
Rabastan lanzó una mirada a su testaruda ex-Procreadora y dijo con frialdad como para no asustar a su hijo, que escuchaba su conversación en sus brazos con los ojos muy abiertos—, te estoy ofreciendo una oportunidad de escapar.
—Y yo no la estoy aceptando. No me separaré de mis hijos.
Los ojos de Nymphadora relampagueaban con el instinto protector de una madre por sus vástagos, sus ojos volviéndose de un color acerado para mostrar su inquebrantable postura sobre el tema.
—¡No puedes hacer que mamá se vaya! —gritó Theodore, captando el sentido de la conversación. Se aferró a la túnica de su padre con sus puños y clavó en él sus profundos y tristes ojos azules.
Hay una cosa que se puede asegurar de Rabastan Lestrange, Mortífago del Círculo Interno.
Su única debilidad eran sus hijos.
Echando una mirada a Nymphadora dijo a regañadientes—, estoy dispuesto a llegar a un acuerdo.
Entonces comenzó a desvelar su plan.
De esa manera, no estaría traicionando a su Señor, y tampoco estaría privando a sus hijos de su madre. Tenía que confiar en que sus maquinaciones no fallarían, porque entonces no sólo sería la cabeza de Nymphadora la que estaría en peligro.
Narcissa estaba de pie en el vestíbulo de la Mansión Malfoy, su equipaje apilado de manera ordenada y listo para su partida a Francia. Era sólo una pantalla para su verdadera misión, pero tenía que hacer que pareciese auténtico.
Había sido difícil preparar un Traslador internacional a Francia, considerando la tensa situación entre el país y Gran Bretaña, sin embargo Narcissa era nada más y nada menos que Lady Malfoy. Tenía muchos amigos, en muchos lugares.
Por tanto, se hallaba en posesión de un medio para llegar rápidamente a Francia. Su excusa para entrar en el país era visitar a su vieja amiga Lady Angeline Beaumont, cuya hija se había comprometido recientemente y lo estaba celebrando con una larga sucesión de fiestas en la mansión familiar. Le proporcionaba la excusa perfecta para tan súbita visita, y era una suerte que Lady Beaumont y su círculo fuesen acérrimos seguidores del Señor Oscuro y sus objetivos y estuviesen preparados para ayudar de cualquier manera posible.
Narcissa no se había sorprendido cuando su Señor le había informado de que mientras ella lideraría el verdadero rescate de Harry Potter, él estaría presente también en Francia. El Señor Oscuro planeaba romper todas las negociaciones cuando estuviese confirmado que Harry estaba sano y salvo fuera de las garras de Orden.
La presencia del Señor Oscuro con suerte atraería la atención de la Orden lejos de Lady Malfoy, dándole mayor flexibilidad para planear y desarrollar maneras de rescatar a Harry. Atacarían en dos frentes; el Señor Oscuro distrayendo al Ministerio Francés y atrayendo completamente las miradas de la Orden mientras que Narcissa lanzaría una campaña encubierta para recuperar a Harry.
Ella sabía que el Señor Oscuro tenía muchos planes en marcha por si uno fallaba y estaba segura de que si cualquier cosa iba mal, se llevaría a cabo otra estrategia.
Sintiendo unos brazos rodeándola, y el reconfortante aroma de la colonia de Lucius acariciando sus sentidos, Narcissa se relajó en el abrazo de su marido y le permitió darle esa muestra de apoyo en la privacidad de su hogar. Estaba preocupado por su seguridad y resentido con su Señor por pedirle a su esposa que realizase esa misión, a pesar de saber que Narcissa era extremadamente afortunada de haberse librado de un castigo mayor. Además, él no acompañaría a su Señor a Francia, lo que significaba que no había forma de que pudiese estar allí para ayudar a Narcissa si se encontraba con problemas.
—Recuerda, el Señor Oscuro te necesita aquí en Gran Bretaña llevando sus asuntos y limpiando tras la debacle de la Orden —, le recordó Narcissa por añadidura, apoyando su cabeza hacia atrás sobre su hombro y cerrando los ojos.
—Soy muy consciente, mi amor. Eso no significa que vaya a detestar menos estar separado de ti.
El silencio cayó entre ambos, mientras cada uno recibía y daba consuelo a cambio. Narcissa rompió la fácil quietud del momento preguntando—, ¿cómo lo está llevando nuestro Señor?
Su marido supo al instante por el tono de su voz que Narcissa no se refería al violento humor del Señor Oscuro ni a su ardiente rabia. Actualmente ellos dos eran los únicos seguidores de su Señor que sabían de su vínculo mágico con Harry Potter y de las subsiguientes consecuencias de que estuviesen separados.
Habían pasado tres días, y mientras que su Señor mantenía su fachada en su lugar, su Círculo Interno podía decir que algo terriblemente malo estaba pasando. Pero eran Narcissa y Lucius los que sabían la verdadera causa de su magia inestable y de su comportamiento a veces dolorido.
Los nuevos vinculados como su Señor y Harry Potter tenían que estar uno en presencia del otro durante al menos un mes después de la ceremonia, para evitar que su núcleo mágico compartido se rompiese y se deteriorase totalmente. Una vida como squib, o incluso la muerte, aguardaba a los dos si no entraban en contacto el uno con el otro pronto.
Debido al poder puro del Señor Oscuro y su ex-Cortesano todavía tenían un par de semanas antes de que el daño en su magia pasase el punto de recuperación. Por tanto, el Señor Oscuro realizaría su visita a Francia dentro de una semana, lo más pronto que un viaje de ese tipo podía hacerse. Aliviaría el dolor estar en el mismo país; quizá les daría a ambos más tiempo antes de que fuese tarde.
No por primera vez, Narcissa se preguntó por qué su Señor había decidido vincularse con su ex-Cortesano. Sí, Harry era sin duda un mago poderoso, con algunas habilidades únicas, pero eso no justificaba que el Señor Oscuro pusiese su supervivencia en manos del destino. Siempre había la posibilidad de que algo les separase, o de que Harry fuese asesinado. Y había ocurrido; Harry estaba ahora a un país de distancia y en manos de sus enemigos acérrimos. Más aún, para empezar había estado enfermo, su cuerpo y mente luchando con alguna aflicción desconocida que Narcissa había sido incapaz de tratar. Ella no era una mujer arrogante, pero conocía sus propias habilidades en las artes de la sanación. Si ella era incapaz de ayudar a Harry, entonces dudaba mucho de que nadie que la Orden pudiese llamar fuese capaz de socorrer al muchacho. Sólo podía confiar en que le hubiesen dejado el talismán en su sitio, el cual había estado haciendo más bien que lo que era capaz Narcissa.
—Él es tan fuerte en apariencia como siempre. Pero... las grietas están empezando a hacerse evidentes, especialmente para Severus y Bellatrix.
Lucius parecía preocupado respecto a su mejor amigo y a su cuñada, los cuales eran ambos personas brillantes y con talento. Si empezaban a excavar demasiado hondo, podían descubrir la verdad, por muy inverosímil que pareciese. Lucius no quería considerar cómo reaccionaria el Señor Oscuro en su actual estado, si dos de sus más cercanos y leales seguidores decidiesen indagar en sus asuntos a sus espaldas, a pesar de sus buenas intenciones.
—Lucius, debes mantenerles lejos de la verdad lo mejor posible —, le dijo Narcissa con urgencia, volviéndose para poder mirar a su marido a los ojos.
—Por supuesto. Lo sabrán en el momento adecuado, cuando nuestro Señor esté preparado para que ellos conozcan la verdad.
Relajándose ante la segura certeza de su esposo, Narcissa se apartó para decir un último adiós a su hijo. Draco estaba en su cama en la Mansión Malfoy siguiendo las estrictas instrucciones de su madre, hasta que estuviese totalmente curado de su terrible experiencia. Volvería a Hogwarts el lunes para retomar sus clases, a pesar de que los instintos protectores de Narcissa le gritaban que le mantuviese escondido dentro de los muros de su mansión. Por otra parte, las protecciones de la Mansión habían servido de poco cuando su desconocido asaltante se había presentado y secuestrado a Harry.
Sabiendo que sus labios habían adoptado un gesto tenso ante el recuerdo de su fracaso, Narcissa sin embargo se encaró con su marido y le dijo con decisión—, no voy a fallar esta vez.
El rostro de Lucius se suavizó ligeramente y se acercó para acariciar la mejilla de su esposa con una delicadeza que nunca era vista fuera de la privacidad de su pequeña familia.
—Sé que no lo harás.
Harry estaba en la oscuridad.
Su opresivo entorno negro presionaba contra su corazón y su mente, intentando gotear por sus defensas y mancharle irreversiblemente. Alguna parte instintiva de Harry era todo lo que le mantenía luchando contra el negro océano de poder que le ahogaba y le retenía.
Pero estaba tan cansado.
Era tentador permitir a la oscuridad que chocase contra él, abandonar sus defensas y desaparecer en la dulce nada. Pero se negaba a rendirse, a abandonar su mente y cuerpo a la oscuridad. Harry Potter todavía luchaba.
Había habido un tiempo de gris, cuando la negrura se había retirado y le había dado la oportunidad de descansar y respirar. Había sido protegido dulcemente en el más tenue miasma, sus defensas aumentadas y fortificadas contra los ocasionales zarcillos negros que intentaban alcanzarle.
Entonces la negrura había vuelto con más furia aún y Harry sabía que algo había cambiado, porque la oscuridad era peor. Ahora había un agujero en su propio ser, un hueco horrible que permitía a las sombras aferrarse a él aún más. Algo importante había sido separado de él y sabía que no era sólo el objeto que le había protegido de la oscuridad en el tiempo gris.
Solo, desesperado y exhausto, Harry Potter permanecía atrapado en una batalla contra las sombras.
De pie junto al hijo de su mejor amigo, miembro de su manada y ser querido, Remus tomó una decisión.
Hermione Granger, la hermana adoptiva de Harry, estaba dormida en la silla junto a la cama, la pobre niña permitiéndose finalmente un descanso de su atenta vigilancia.
Era una suerte entonces, ya que Remus no tendría a nadie que le hiciese preguntas acerca de lo que iba a hacer. Había llegado a esta decisión después de su charla con Kingsley, dándose cuenta de que con el Señor Oscuro en camino, Harry necesitaba recuperar todas sus fuerzas por cualquier medio posible.
Desatando delicadamente el talismán de su muñeca, Remus alzó la cabeza de Harry de la almohada bajo él para colocar la cadena del amuleto en torno a su cuello. Sintiendo el pelo ligeramente mojado de sudor y la piel fría, Remus se recordó a sí mismo lo que estaba en juego si aquello iba mal.
Con cuidado, el talismán fue colocado en torno al cuello de Harry, y su cabeza bajada de nuevo a su almohada con manos seguras.
Remus se apartó, observando con aliento contenido mientras esperaba la reacción de Harry a que el amuleto fuese puesto una vez más sobre su persona.
El gris había vuelto.
Harry podría haber gritado de alivio cuando la oscuridad se replegó de él, para ser reemplazada por el reconfortante gris.
Sabía que podía simplemente relajarse en ese estado, permitiendo al gris fortalecerle e intentar llenar el agujero en su interior donde había perdido algo importante, pero estaba lleno de nueva esperanza y determinación.
Harry se negó a esperar el momento en que la negrura volviese, a sufrir la aplastante impotencia mientras las sombras le sofocaban una vez más.
Ahora era el momento de escapar.
Armándose con el gris, permitiéndole que penetrase dentro de él y fortaleciese sus defensas, Harry abandonó la relativa seguridad del área que había convertido en su fortaleza. Inmediatamente la negrura intentó atacarle, pero el escudo gris de Harry desvió todos los ataques.
Caminó hacia delante a través de la oscuridad, sintiendo la rabia de las sombras mientras el gris frustraba todos los intentos de aplastarlo.
Casi era libre; podía saborear la luz y la vida más adelante, mientras la oscuridad todavía le envolvía e intentaba mantenerle atrapado.
Era el hueco en su interior el que le impulsaba, su deseo de encontrar lo que fuera que estaba destinado a llenarlo.
Necesitaba estar completo.
Con una fuerza que Harry nunca había sabido realmente que tenía, envió una oleada de gris al último tramo de negrura frente a él, haciéndola añicos completamente. Mientras la oscuridad se desvanecía, gritando de furia, el gris se aclaró hasta que fue un puro, cegador blanco.
Se envolvió en torno a Harry como una reconfortante manta, limpiando su alma de las sombras que habían intentado mancharla. Empujándole con delicadeza, Harry supo que la luz le guiaría de regreso a donde pertenecía.
Permitió que le condujese lejos del lugar oscuro que ahora existía irrevocablemente en su ser. Sin embargo, nunca más le poseería.
Le llevaría un tiempo a la oscuridad perdonarle por escapar y negarle su cuerpo y su mente, pero sabía que las sombras llegarían a disculparle y protegerle, siendo ahora una parte permanente de su existencia.
Las barreras a su alrededor se fundieron bajo la luz alrededor de Harry y finalmente sintió el roce de lo que echaba en falta. Ahora comprendió, de dónde había sido secuestrado y a dónde tenía que ir.
Mientras Harry James Potter abría sus ojos tras una batalla de tres días, fue ajeno a la exclamación de alegría y sorpresa del hombre de ojos color ámbar inclinado sobre él.
Abrió su boca, y percibió vagamente que la otra persona en la habitación se inclinaba para escuchar lo que tenía que decir.
—¿Qué habéis hecho?
Remus Lupin se encontró acorralado por penetrante esmeralda, tan parecidos a los de la dulce Lily que sintió cómo se quedaba sin aire. Y mientras esas tensas y acusadoras palabras salían de la boca de Harry, el hombre lobo comenzó a preguntarse si lo que la Orden había hecho era correcto.
Continuará...
¡Hola!
¿Qué tal estáis? ¿Nos esperabais?
Por fin sabemos cómo salieron los Weasley de Hogwarts y lo que pasó con Fleur después de recibir la maldición cortante.¿Soy a la única a la que no le gusta que Ojoloco esté de feje de la Orden? Menos mal que Remus no le hizo caso y conservó el amuleto del unicornio
No sé para qué quiere tanto ojo mágico si luego para él todo es peligroso ¬¬
Y Harry se ha despertado y no parece muy contento ¿creéis que podrán convencerle de que se una a ellos o los mandará a hacer gárgaras? XD
¡Ya sabéis que esperamos vuestros comentarios!
Muchas gracias a aquellas personas que se toman unos minutos en hacernos saber su opinión
¡Gracias!
Nos vemos en unos días ^^
Un saludo
Traducciones. A ver qué sale.
