Dinastía, segunda generación

Veintiocho

-¿Vendrás a Hogsmeade con nosotros?- Preguntó Harry.

-Ya tengo mis regalos de Navidad.

-¡Pero yo no! Y tú tienes buenas ideas, Draco...¡Ven con nosotros!

El rubio resopló y asintió.

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Tenía que actuar hoy, la oportunidad era inmejorable.

¡Lástima que apenas había pasado un par de meses enseñando en Hogwarts!

Tal vez si podía raptar al chico Malfoy sin que supiera su identidad, podría seguir...

Iluso, se amonestó a sí mismo, cuando tengas el dinero del rescate podrás ir a donde quieras, cumple tu parte y termina con esto. Después de todo, para eso estás aquí.

Con un encantamiento, recogió y encogió todas sus posesiones. Toda huella suya en el Colegio había sido borrada.

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Como todas las cosas inesperadas, pasó muy rápido: en un momento, Draco Malfoy-Black se alejó un poco del grupo de amigos, distraído, mirando una vidriera; y al siguiente, atontado, desaparecía en brazos del Profesor Jones.

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Harry le explicó angustiado a su padre Remus, que era su culpa, que él había convencido a Draco para que lo acompañara al pueblo.

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-¿Quieres decirme que no sabes nada del malnacido que se llevó a mi hijo?- Tronó Sirius Black, en la cara de Albus Dumbledore.

James sujetó a su amigo, para evitar que maldijera al Director. -Cálmate, Sirius...

-¡¿Qué me calme? ¿¡Cómo mierda me pides que me calme cuando un Profesor de Hogwarts se llevó a mi hijo y quién sabe qué está haciéndole, James!

En ese momento, Kingsley Schacklebolt y Lucius Malfoy entraron al despacho, con parte del misterio resuelto.

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Querida e ilustre familia:

¿Cuánto vale un heredero para los Malfoy? ¿Cuánto para los Black?

¿Cuánto vale su nieto, Lord Abraxas? ¿Qué porcentaje de su fortuna está dispuesto a pagar?

¡Lucius, mira los peligros de exponer a tu preciosa familia, y de alardear sin modestia! ¿Te creías intocable?

Por supuesto que no puedes mentirme, sé a cuánto asciende la fortuna Malfoy, y quiero la mitad, en oro, sin hechizos que lo manchen ni encantamientos de rastreo...y si les hace falta una mano que llegar a la cifra, estoy seguro de que los Black y los Potter estarán encantados de prestarles ayuda.

Cuando tenga el oro en mis manos, tal vez me sienta lo suficientemente conmovido como para devolverles al chico.

xxxxxxxxxccxxxDulzura Letal, 1 de enero de 2012 xxxxxxxxxxxxccccccccc