Capítulo 29
Lizzie no supo en qué momento se quedó dormida, pero recordaba vivamente todos sus sueños. En todos ellos aparecía Darcy, siempre sonriéndole como en Pemberley, con la mirada adolorida en Hunsford, tocando en la guerra de bandas. Al despertarse levantó la cabeza y volvió a caer pesadamente sobre la almohada, su cabeza no parecía estar dispuesta a darle un segundo de descanso. Por la luz que se asomaba bajo la cortina pudo notar que era muy temprano en la mañana, pero como ya no podía seguir durmiendo decidió levantarse. Después de ducharse y vestirse, salió de la casa. Se sentó en el banquito del fondo del jardín, con la cabeza entre las rodillas.
— ¡Hola Lizzie! ¿Cómo estás? — Escuchó una voz que la sacó de sus pensamientos. Ella conocía muy bien esa voz, y no era en absoluto la que quería oír en esos momentos.
— ¡Wickham! — Exclamó, sorprendida. — ¿Qué haces aquí tan temprano?
—Lizzie, Lizzie, ahora somos casi hermanos. Puedes seguir diciéndome George. Tú siempre lo hiciste. — Dijo el joven, tendiéndole una mano amistosamente. Lizzie se la estrechó sin decir nada. Wickham le sonrió y se sentó junto a ella.
—Como tú digas, George. Trato hecho. Pero aún no me has contestado a mi pregunta, ¿Qué haces aquí a esta hora de la mañana? — Respondió ella, mirando al árbol que tenían al frente.
—Quería saludar a Lydia, pero creo que sigue durmiendo, y me pareció que sin ella no soy muy bienvenido en Longbourn.
— ¿Has comido algo? — Le preguntó Lizzie, el chico parecía haber perdido peso en los últimos meses, estaba más demacrado y se le veían ojeras bajo los ojos, aunque nada de eso lo hacía verse menos atractivo. El joven le hizo un gesto de negación. — ¿Quieres que te traiga algo para comer?
—Sería bueno. — Dijo, con una mueca.
Lizzie entró en la casa y se dirigió a la cocina. Lydia estaba sentada en el mesón de la cocina, con un enorme plato de cereales frente a ella. Lizzie prendió el hervidor y sacó un par de tazas de la repisa, a las que les puso café y azúcar.
—Tu novio está afuera. — Le dijo a su hermana, mientras vertía agua en una de las tazas. —Parece que no ha comido ni dormido en días…
— ¡Georgi está aquí! ¿Por qué no me dijiste antes? — Exclamó Lydia, interrumpiendo a su hermana y dirigiéndose a la puerta.
—No escuchaste nada de lo que te dije… ¿Verdad? — Le dijo Lizzie, tendiéndole una de las tazas y mirando seriamente a su hermana. —Llévale esto, tiene una cara espantosa.
—Eres una amargada, Lizzie. —Se burló Lydia, tomando la taza que le tendía su hermana, Lizzie vio como salía al patio y se sentaba con Wickham, abrazándolo por la cintura mientras él tomaba su café. A pesar de las circunstancias de ambos, los dos parecían felices y Lizzie pudo notar un brillo de cariño en la mirada de Wikcham a su hermana, mientras acariciaba la espalda de la joven con suavidad. No pudo evitar sonreírse para sus adentros, envidiaba un poco a Lydia, quizás si ella misma no fuese tan tonta, estaría ella misma afuera, abrazando a otro joven que la mirara con ese cariño que Wickham mostraba con su hermana…
Apartó ese pensamiento de su cabeza. Ya había pensado demasiado en eso y por su propia salud mental debía evitarlo. Subió las escaleras y sacó un libro de su pieza. Necesitaba aire fresco para poder pensar y leer con tranquilidad, por lo que salió de su casa y se dirigió al pueblo. Una vez ahí se instaló en la plaza, bajo un árbol con muchas hojas. Como aún no eran las once de la mañana, no había mucha gente dando vueltas por el centro del pueblo, sólo unos niños paseando con sus niñeras, y un grupo de chicos que jugaban fútbol. Estuvo leyendo un buen rato, hasta que alguien la interrumpió.
— ¡Lizzie! ¿Cuándo volviste? — Phil King se sentó junto a ella, rodeándola amistosamente con el brazo. Lizzie sonrió y bajó el libro sin cerrarlo.
—Hace unos días… — Dijo Lizzie, con la mirada ausente.
—Perfecto… Es una suerte que te haya encontrado, ya iba para tu casa a hablar contigo. Mi primo, el dueño del "Wicked Pub", nos preguntó si podíamos tocar el sábado en la noche. Me ofreció pagarnos y todo. ¿Qué te parece?
—Bien, estoy dentro. — Sonrió ella, cerrando el libro y poniéndolo en su regazo. —No tengo nada mejor que hacer.
—Bueno, nos juntamos esta misma tarde para ensayar. No faltes. — Dijo él, parándose y ayudándola a pararse a su vez. — ¡Esto va a ser genial! Susan y yo hemos estado practicando algunas nuevas canciones este verano, y estoy seguro de que te van a encantar. Son totalmente de tu estilo.
Esa tarde durante el ensayo, Lizzie participó como siempre lo había hecho, aunque estaba algo más desanimada de lo normal. Sus amigos no dejaron de notar que ella estaba demasiado dócil, y que ni siquiera había protestado mucho durante la elección de canciones. Como no era lo habitual en Lizzie estar tranquila y calmada, sus compañeros se dieron cuenta de que le pasaba algo. En uno de los descansos, en el que trajeron pizza y bebidas para comer, Susan se acercó a hablar con ella.
—Lizzie, ¿Te sientes bien? — Dijo, tendiéndole una lata de bebida.
—Si… ¿Por qué preguntas? — Dijo Lizzie, extrañada.
—Te ves terrible y ni siquiera has mirado la pizza, ¿Te pasó algo? — Preguntó su amiga, mientras Lizzie daba un sorbo a la lata.
—No, no es nada. Debe ser el cansancio. — Dijo Lizzie, intentando poner una expresión tranquilizadora en su cara. —Creo que voy a comer algo de pizza. — Agregó, levantándose del suelo y dirigiéndose a donde los chicos estaban, rodeando la pizza. —Más les vale que me hayan dejado al menos un pedazo, animales. — Se burló, mientras sacaba un pedazo y volvía a sentarse junto a Susan.
— ¿Estás segura de que sientes bien, Lizzie? Si quieres, paramos y seguimos mañana, hay tiempo antes de la tocata. — Insistió Susan, viendo como su amiga devoraba la pizza en dos mordiscos.
—Toquemos otra. — Dijo Lizzie, luego de terminar de tragar. — La última.
— ¿Estás segura? — Pregunto su amiga, observándola atentamente.
— Segurísima. — Dijo Lizzie, con una sonrisa que hizo que volviera a parecerse a ella misma. — ¡Hey todos! Una más, desde arriba. — Agregó, dirigiéndose a los chicos.
Al terminar el ensayo Lizzie y Charlie Lucas se fueron juntos, ya que no vivían muy lejos el uno del otro. Mientras se dirigían a sus casas, Charlie miraba a su amiga con la típica sonrisa autosuficiente del que sabe algo que los demás no. Lizzie levantó las cejas al notarla.
— ¿Ya sabes la última gran noticia? — Le preguntó Charlie, ampliando aún más su sonrisa. La verdad era que era una excelente noticia y estaba muy seguro de que a Lizzie le interesaría bastante.
—Estás muriendo por que te pregunte ¿o no? — Preguntó Lizzie, con una sonrisa sarcástica, divertida ante la cara de su amigo. —Lo mejor que podría hacer sería no preguntarte nada y dejarte con las ganas, pero si lo hago, vas a explotar. Así que, enorme chismoso, ¿Cuál es esa gran noticia?
—Dices eso sólo para no reconocer que te mueres de ganas de saber, Lizzie. Pero como dices que no te interesa, no te voy a decir. — Respondió su amigo, que sabía perfectamente cómo molestar a Lizzie.
—Ya, no seas idiota. Dime… — Insistió Lizzie, su amigo estaba empezando a molestarla.
—Bueno, bueno, ya. No era necesario que insistieras tanto. — Se burló él, haciendo que Lizzie pusiera los ojos en blanco. —Los Bingley vuelven a Meryton.
— ¡¿Qué? — Exclamó Lizzie, sin dar crédito a lo que oía. Sinceramente, ella había pensado que los Bingley se habían aburrido de Meryton y habían preferido volver a Londres, no esperaba que volvieran así de repente.
—Lo que escuchaste. Los Bingley vuelven. Charles se va a la universidad, pero Caroline se queda aquí. Claro que no es la perspectiva más agradable del universo, pero algo es algo. También parece que vuelve Darcy. Tú sabes, cara de amargado, creído, serio… — Dijo. No era secreto en Meryton que algo pasaba entre Lizzie Bennet y Darcy, como buena ciudad pequeña, todos conocían los secretos de los demás.
— ¿Cómo lo supiste? — Preguntó Lizzie. Necesitaba saber si Charlie había conseguido su información de una fuente confiable, o sólo eran rumores infundados.
—La señora Grace, la cocinera de Netherfield fue a la carnicería esta mañana y compró carne para la semana. Le dijo a quién quisiera escucharla que los Bingley volverían esta semana. — Contestó Charlie, levantando las cejas. —Me extraña que preguntes Lizzie, todo se sabe en este pueblo. Aunque tú deberías saberlo mejor que nadie. Después de la fiesta de Netherfield se comentó bastante acerca de ti y Darcy.
— ¿Qué estás insinuando? — Preguntó Lizzie con una mueca feroz dibujada en su cara. Charlie decidió que era más prudente quedarse callado y tranquilizar a Lizzie, quien era bastante capaz de sacar su carácter cuando lo necesitara.
—Nada, era una broma. Cálmate. — Dijo, intentando tranquilizar a su amiga.
—Más te vale. — Masculló Lizzie, lanzándole una mirada asesina. Ambos siguieron caminando en silencio por un rato. Lizzie pensaba en lo que había dicho Charlie. ¿Sería verdad? En Meryton no eran extraños los rumores sin fundamentos. ¿Darcy iba a volver? ¿Cómo iba a ser todo cuando él volviera? ¿Quería ella que las cosas cambiaran? Mil preguntas se agolpaban en su cabeza a una velocidad supersónica. Por desgracia para ella, Charlie rompió el silencio.
— ¿Qué pasó con los Bingley exactamente? Digo, ustedes parecían ser verdaderamente cercanas a ellos, pero tampoco tenían idea de por qué se fueron, o no quisieron decir nada.
—No quiero hablar de eso. — Respondió bruscamente Lizzie, con el ceño fruncido.
— ¿Por qué?
—No es tu problema… — dijo la chica, enojándose más por momentos. — Si digo que no quiero hablar de eso es porque NO QUIERO HABLAR DE ESO. No es tan difícil de entender.
— ¡Uy!… Parece que toqué una fibra sensible. — Se burló Lucas. Lizzie le lanzó una mirada furiosa. —Uhh… si las miradas mataran. —Agregó él, con el mismo tono burlón. Lizzie lo golpeó en el hombro. — ¡Oye! ¿Por qué fue eso?
— Por idiota. — Masculló Lizzie, adelantándose un par de pasos, con las manos en los bolsillos.
— ¡Auch! — Se quejó el chico, apresurándose para alcanzarla. —Me pegaste fuerte. Aunque debo reconocer que me lo merecía. Lo siento, no debería haberte molestado.
—No seas idiota. No es culpa tuya. Es la tensión, el problema de Lydia y… y todo. Fue un estallido irracional de rabia por mi parte. — Dijo Lizzie, deteniéndose y mirando a su amigo.
—Deberías dormir algo. Ya es tarde, y dormir poco te hace estar de peor humor. Ya llegamos a tu casa.
— Ok. Buenas noches… y perdón por el golpe. — Dijo Lizzie, antes de meterse al camino que llevaba a su casa. Charles le hizo un gesto con la mano antes de desaparecer por el camino.
Lizzie entró a la casa y se dirigió inmediatamente a la pieza de Jane, donde su hermana estaba escuchando música tranquilamente, mientras leía. Jane levantó la cabeza al sentir como su puerta se abría bruscamente y daba paso a su hermana, que parecía estar muy conmocionada por algo.
— ¿Lizzie? ¿Pasa algo? — Preguntó, mientras Lizzie entraba a su pieza y se sentaba junto a su hermana en la cama. — ¿Estás bien?
—Jane, tengo que decirte algo. — Murmuró Lizzie. — Los Bingley vuelven…
Jane se puso súbitamente pálida al oír eso, al igual que su hermana, no esperaba esa noticia. Sin decir nada, se quedó sentada sobre su cama, mirando fijamente a la nada. Lizzie se acercó a ella y la abrazó con cariño.
—No te preocupes, Jane. — Susurró. — Te prometo que todo estará bien, y si vuelve a intentar hacerte daño, le partiré la cara. — Jane sonrió ante las palabras de su hermana, aunque unas lágrimas comenzaron a asomarse a sus ojos. —No llores, Jane. Todo va a estar bien, te lo prometo. — Musitó Lizzie, sin dejar de abrazar a su hermana. —No llores, por favor.
¿Qué les pareció? A mí me gustó mucho., Lizzie está confundida por el cambio de actitud de Darcy. Debe ser muy complicado dare cuenta de que te equivocas acerca de una persona, y además ella también tiene su orgullo y le debe costar un mundo admitir que se equivocó. Lo digo porque yo también soy muy orgullosa y me dolería hasta el alma admitir algo así.
En cuanto, a mí, ¡estoy exhausta! Mi trabajo es agotador, pero felizmente sólo me queda una semana de trabajo y ¡seré libre!
Muchas gracias a todas las que leen esta historia, y especialmente a las que dejan reviews largos y bonitos (o cortos y lindos, también me gustan). Siempre me alegran mucho y me dan ánimos para seguir escribiendo. ¿Se acuerdan que en el capítulo anterior les dije que iba a escribirles un pequeño regalito de Navidad? Pues ya está listo, es una pequeña historia de la primera Navidad de Lizzie y Darcy juntos.
¡Hasta el próximo capítulo!
