Colores.

Seiya se aburría.

Mucho.

Aburrido.

No existía nada divertido en un Seiya aburrido, su humor normalmente alegre se ensombrecía hasta el punto de ponerse un poco huraño.

Shun lo abandono al mediodía alegando que tenía una cita pendiente con la Amazona de Camaleón: June, quien lo esperaba con una sonrisa deslumbrante en la sala.

Se notaba cuanto se gustaban mutuamente aunque sus salidas aun fueran en plan de "amigos".

Tendría que darle un empujón a su hermano para que por fin se decidiera a declarársele, el pensamiento lo hizo tanto sonreír como entristecerse al mismo tiempo. Shun tenía a June, Shiryu a Shunrei, Ikki a esa extraña chica que rondaba –un no somos nada pero algo somos –mientras que Hyoga aun valoraba sus opciones.

Y para él no existía ninguna más.

No podía ver a ninguna chica por mucho que lo intentara, no eran ella.

Suspiro sacudiendo la cabeza para sacarla de sus pensamientos.

Decidido a no dejarse abrumar por esos sentimientos salió de la habitación donde se encontraba viendo un programa sin importancia sobre historia.

Camino por la mansión buscándola inconscientemente pero tratando de evitarla conscientemente, que difícil es no tener tu corazón cuando le pertenece a alguien más.

-Seiya. –Su voz, solo su voz, alumbro su día. Levanto la mirada para encontrarse con esos ojos mar que lo ahogaban. –Te estaba buscando. –Sonrió por primera vez –Necesito tu ayuda.

-Dime en que me necesitas, Saori. –Un calor subió por su mano al entrar en contacto con su piel, sonriendo la muchacha solo guardo silencio para arrastrarlo en dirección desconocida. No importaba siempre la seguiría.

-Quiero que te sientes ahí un rato, tienes que quedarte quieto. –Le indico al mostrarle un banco después de entrar a un cuarto donde nunca había estado, se fijó en los diferentes cuadros cubiertos que se encontraban en las paredes. –Abriré las ventanas para que entren suficiente luz.

-¿Tú los pintaste? –Pregunto al correr una de las sábanas antes de que pudiera detenerlo. Se mostró sorprendido al verse a sí mismo pintado en el lienzo, no estaba perfecto pero se acordaba de ese momento cuando jugaba con los niños del orfanato.

-Sí. –Confeso avergonzada descubriendo los demás, también estaban: Shun con una sonrisa inocente, Hyoga con un fondo glacial, Shiryu con un dragón e incluso Ikki cruzado de brazos con un cachorro de lobo. El viejo Kido y Tatsumi aparecían en algunos cuadros en momentos cotidianos pero los que predominaban eran los suyos. –Me gustaría poder pintarte claramente.

-De acuerdo. –Bajo el rostro para que no se percatara de su vergüenza, ni de sus latidos acelerados. Se sentó demasiado tenso, con la espalda recta y el cuerpo rígido, la vio ir y venir en el cuarto organizando los materiales que usaría hasta que finalmente se acomodó en un taburete.

-Intentare hacerlo rápido para que no te canses pero si quieres descansar un rato me avisas. –Declaro antes de comenzar a trazar en el lienzo.

Seiya quiso decirle que no se cansaría porque estaba con ella.

Porque quería verla concentrada, con sus ojos observándolo con detenimiento, su largo cabello recogido en un moño y su vestido veraniego acariciar la piel de sus piernas.

-¿Desde cuándo pintas? –Pregunto una vez que sintió el olor de la pintura fresca, oleo específicamente.

-Cuando era una niña solía hacerlo con mayor frecuencia pero lo deje un tiempo. Volví a pintar el día que nos reencontramos. –Señalo uno de los dibujos donde aparecía un Pegaso acompañado de un Unicornio.

-Lo haces muy bien. –Comento con un pequeño tono irritado por el "otro" que salía plasmado en el dibujo.

-Soy la Diosa de las Artes después de todo. –Contesto ligeramente vanidosa.

Se mordió el labio para no dejar escapar el comentario soez que deseaba en cambio se concentró en permanecer quieto mientras ella daba las primeras pinceladas, pronto se sintió un poco mareado por el aroma que le produjo un poco de tos.

-Descansemos. –Propuso Saori sentándose en el marco de la ventana tratando de respirar aire fresco –Te agradezco que hagas esto. Sé que es una petición un poco extraña.

-Haría lo que fuera por ti. –Pronuncio sin pensar. Sus grandes ojos azules se abrieron con sorpresa mientras un sonrojo aparecía en su rostro, no pudo evitar girar el rostro para evitar su mirada. –Quiero que seas feliz.

-Lo soy si estás conmigo. –Contesto con seriedad permitiendo que se diera cuenta de que su comentario estaba muy pensado. –Por eso quisiera pedirte que te quedaras conmigo.

Seiya medito sus palabras, no le prometía nada más que su compañía. ¿Sería suficiente? Si. Se contestó a sí mismo con rapidez, no necesitaba más que verla, escucharla, olerla y si existía la oportunidad tocarla.

-Mi vida te pertenece. –Declaro con la misma seguridad que uso tres años atrás. Tomando valor acerco su rostro hasta el de su princesa, espero su reacción – ¿se alejaría? – al ver que no lo apartaba se inclinó más dejando que la piel de sus labios entraran en contacto con la de su mejilla.

El olor de la pintura no volvió a parecerle molesto a partir de ese día.