Twilight y sus personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía

Temas fuertes (violencia, violaciones, lenguaje, etc), que pueden fomentar pensamientos negativos a audiencias jóvenes. Se aconseja prudencia. Solo para mayores de 18.


Cuando Bella gimió, el macho supo que no era producto del dolor. Su aroma le decía que estaba totalmente excitada, y él quería… quería tocarle los pechos. Por primera vez quería explorar junto con ella todo, a pesar de que había tenido muchos en su boca, presionados contra su cara o en su verga, ninguno de esos recuerdos tenía lugar aquí mientras estaba con su hembra.

Sin detenerse mucho a pensarlo, rasgó con los colmillos la prenda que cubría a la humana, ella jadeó sorprendida ante tal arrebato, pero no dijo nada, su olor le indicó que seguía excitada, además tenía un rubor adorable en las mejillas y las ráfagas de aire que salían de su boca eran calientes y ásperas. Con la misma actitud de desapego al pasado, Edward estiró con cuidado la mano, y aunque le temblaba, abarcó uno de sus senos, adorando el peso contra su palma, la suavidad contra sus dedos. Bella era tan cálida y pura que se relamió los labios, animándose a tocar sus picos erguidos, incluso presa de la excitación, un ronroneo escapó de lo más profundo de su garganta.

—Quisiera… quisiera probarlo con mi lengua, ¿sí? —jadeó inseguro. Ella volvió a gemir.

—Oh, sí. Por favor, eso me encantaría.

Así que eso hizo, inclinándose con cuidado, su lengua salió para degustarlo y aquello fue increíble, se dio un festín entonces con los pechos de su hembra, chupando y lamiendo con toda la gentileza que pudo, el deseo imperioso de morderla comenzó a picar en su nuca, sus colmillos amenazando con alargarse. Edward respiró profundo cuando el olor de su hembra, esa fragancia naturalmente limpia que ella despedía, llegó a su nariz otra vez en fuertes oleadas. El olor, el sentir sus manos fuertemente enredadas dentro de su cabello, lo transportó al pasado, provocándole un estremecimiento. Edward jadeó, abrumado por las sensaciones abrió los ojos. Mirando entonces a Bella, estaba ahí, dispuesta, amándolo y entregándole, precisamente a él, algo único y sumamente valioso. Le acarició la mejilla con dedos temblorosos, tenía todavía repulsión de tocarla, de penetrarla con algo que consideraba sucio, sin embargo, cuando ella le sonrió y lo atrajo a sus labios, supo que realmente iba a hacerlo, iba a poseer a su hembra. Tenía que hacerla suya de forma irrevocable.

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Agarrándolo por el cabello, Bella arrastró la cabeza de Edward hasta ponerlo a su altura y así poder mirarlo a los ojos, sabía por sus repentinos temblores que él estaba dudando, que iba a retractarse y no iba a permitirlo, pero cuando sus ojos ambarinos la encontraron, inmediatamente se quedó sin respiración. Eran una mezcla de pasión y salvaje necesidad, e incluso, algo mucho más oscuro bailaba en el fondo de estos. Edward la miraba con el mismo ardor que un hombre excitado tiene cuando busca una sola cosa y la quiere en ese preciso instante.

La joven se arqueó bajo su peso, insitándolo. Sonriendo y adorando el sonido de su ropa al rasgarse; no estaba nerviosa, por el contrario, se sentía desesperada por sentirlo contra su piel, por formar parte de él y volverse uno solo. Cuando él gruñó y sus ojos se encontraron, Bella comprobó como cambiaba la expresión de su rostro. Cómo desaparecía todo residuo de su timidez y pasión inocente para ser reemplazada por un deseo salvaje que le recordó que él no era humano. Edward era un hermoso depredador, un magnífico y poderoso animal, lo bastante parecido a un ser humano como para que ella se olvidara de quién y qué era él en realidad. El vampiro le hizo olvidar todo aquello cuando la besó con urgencia, le metió la lengua con pasión en la boca, las manos firmemente enredadas entre su cabello mientras la empujaba y la levantaba. Su deseo era feroz, la necesidad de estar con ella era evidente.

De pronto, Edward se detuvo, alejándose de su boca; tenía la respiración errática cuando la miró a los ojos antes de sonreír, enseñándole dientes y colmillos. Unos filosos y largos colmillos que habían aparecido de la nada.

—Creo que me gusta esto.

—¿Qué, romper mi ropa? —El vampiro sacudió la cabeza.

—Tú, debajo de mí... Es diferente, no me siento... ya sabes, tú eres tibia y muy suave. —De pronto su sonrisa se congeló—. Debo pesar mucho, lo siento, yo…

Cuando se revolvió entre sus brazos, Bella lo dejó sin aliento al sujetar su verga. Y sin dejar de mirarlo a los ojos, deslizó la mano por el grueso miembro y lo sacó de la prisión del pijama, dejándole libre, específicamente sobre su vagina. Edward gruñó mirándola.

—No sé cómo hacer esto suave para ti —susurró de pronto, su voz cubierta de temor.

—No tengas miedo. —Le acarició con suavidad los brazos—. Es algo natural… tan solo deja que tus instintos hagan lo que hay que hacer. No me va a doler, lo prometo. —Inesperadamente, suaves dedos hurgaron dentro de su cuerpo, asustándola; Bella jadeó ante la invasión, apretando los dientes cuando él comenzó a frotar el pulgar contra su clítoris.

—Eres hermosa, Bella. Quisiera probarte aquí —ronroneó mientras impulsaba otro dedo dentro de ella, provocando que sus ojos rodaran hacia atrás—. Pero estoy más allá de eso, ahora mismo necesito estar dentro de ti.

—Y yo necesito que lo hagas —suplicó con un largo gemido.

Edward sacó sus maravillosos dedos y empujó las caderas, Bella sintió la cabeza de su verga tratando de entrar, haciendo presión poco a poco. Mientras que el cuerpo del vampiro se cubría de sudor, la joven percibió la tensión de sus músculos, rebelándose a su manera contra la presión y el ensanchamiento que aquello provocaba, y a pesar de que estaba dispuesta a recibirlo, de cualquier manera Edward constituía una invasión, pero aunque tenía miedo, no cambiaría nada de lo que estaba sintiendo, en especial cuando él se inclinó contra sus labios y la besó antes de empujarse dentro de ella. Edward elevó la cabeza y rugió en éxtasis, los colmillos se le alargaron de nuevo, Bella imaginó que por el placer que estaba sintiendo. Por su lado, la joven se tensó, su cuerpo completo rebelándose, ante el dolor y la sensación de estiramiento, aquello inevitablemente trajo lágrimas a sus ojos.

—Te mentí, me duele un poco —balbuceó incómoda.

Cerró los ojos con fuerza tratando de soportar el gemido agónico que quería escapar de sus labios, aquello espantaría a cualquiera en una situación como ésta, sin embargo, dulces labios recorrieron su rostro.

—Lo siento, ama —susurró, limpiando las lágrimas de sus ojos con los labios—. Será solo esta vez, no volverás a sentir dolor.

—Te quiero, Edward.

Él dejó escapar el aire que tenía en el pecho y se estremeció ligeramente antes de empujarse nuevamente dejándola parcialmente sin aire. Una vez que estuvo totalmente dentro, y la conmoción de aquella magnitud dentro de su cuerpo hubo disminuido, la joven le acarició los hombros, sintiendo sus músculos y el calor que despedían, eso logró relajarlo.

—¿Quieres que me mueva? —inquirió a través de los dientes apretados.

—Sí, yo... creo... intentémoslo —asintió con la cabeza. El vampiro gimió y comenzó a moverse sobre ella entonces.

—Mierda —siseó con la cabeza metida en su cuello—. Bella, estoy horrorizado por haberte profanado, debería quitarme pero... yo no... no p-puedo parar...

—No quiero que pares —ordenó en un gemido agónico, incapaz de creer que aquello comenzara a sentirse tan bien y él pensara en retirarse.

El vampiro rugió en su oído, antes de apoyarse en los brazos y comenzar a embestir con libertad, dejándole conocer su lado primitivo y aquello era increíble, su expresión era intensa, su mirada completamente salvaje, los colmillos al descubierto la hicieron sentir una contracción en su sexo. Aquellas armas letales eran increíblemente eróticas, y en ese frenesí que estaba sintiendo, no se iba a poner a reflexionar por qué no estaba aterrorizada por ellos.

Cuando los embates comenzaron a volverse más frenéticos, Bella lo abrazó con sus piernas y brazos, soportando las duras acometidas. Y cuando el placer se volvió casi insoportable, cuando logró dominarla, Bella le mordió entre la clavícula y el hombro, Edward dejó escapar un rugido gutural, que debería haberla asustado, pero no lo hizo. Sus urgentes empujes se estrellaban contra ella más fuerte y rápido, el control de su cuerpo sobre el de ella se volvió más posesivo unos segundos antes de correrse en un flujo caliente y húmedo que, por alguna razón, la dejó fuera de combate al provocar su propio orgasmo.

Y luego, Edward empujó una vez más, sufriendo otro orgasmo y ahí estaba ella, corriéndose con él nuevamente, las oleadas masivas golpeándola de adentro hacia afuera, dejándola desorientada y sin aliento.

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Estando recostado contra el colchón, sintiendo el suave peso de su hembra, Edward estuvo acariciando el menudo cuerpo de Bella, mimándola y ronroneando cerca de su oído pese a que se sentía temeroso de haberla lastimado mucho, como si haberse dejado llevar al profanarla y marcarla no hubiera sido suficiente. Suspiró alejándose un poco, dejando que el auto desprecio lo consumiera, incapaz de romper el silencio. Minutos después, por suerte, y como si sintiera su ansiedad, Bella se apoyó contra su pecho y lo miró.

—Edward, eso fue... fuera de este mundo. —Él apoyó la frente contra su sedoso cabello, tenía el corazón acelerado y lleno de vergüenza.

—Dime la verdad. ¿Te dolió mucho? —Bella frunció el ceño.

—Estoy bien, muy bien en realidad creo que fui bendecida. —Él suspiró sintiéndose aliviado.

—¿Lo prometes?

—Nunca pensé que esto fuera así —se ruborizó—, de hecho... ni siquiera que se pudiera tener más de un orgasmo.

—Sí, es un efecto secundario del esperma de los vampiros. —Sujetó su mejilla, acariciando su nariz con la suya—. Gracias por esto, Bella, y por morderme, me marcaste.

—¿Lo hice? —Lo miro preocupada al parecer buscando marcas, haciéndole sonreír.

—En mi mundo, morder justo como tú lo hiciste, es marcar al compañero. Y yo estoy gratamente complacido de ser tuyo. Me ha gustado mucho.

—Lo mismo digo, Edward. —Le dio un suave beso en los labios—. No hubiera imaginado mi primera vez de otra manera. —El macho sonrió lleno de orgullo.

—También fue algo así como mi primera vez, ama. —La besó en la frente—. Definitivamente la mejor.


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