29

-Por suerte Conan-Kun no vio a Kaito. Si en verdad es Kid, lo hubiese descubierto con tan solo ver uno de sus trucos- meditó recordando el día de ayer. Mientras apoyaba su cabeza en su mano inconscientemente su mirada se desvió hasta el mago. El joven bromeaba con sus amigos a la distancia.

- ¿Pueden ser la misma persona? - sus mejillas adquirieron un tinte rojo- Si es así y realmente le gusto, la decisión de que estemos juntos es solo mía- respiró profundamente tratando de darse valor- No es justo-Al ver como una despampanante pelirroja se acercaba a su amigo, desvió su mirada a la ventana donde reposaban dos pajaritos – No quiero tomar esta decisión ¿Por qué mi vida no puede ser más fácil?

-Hola Kaito- Kaito vio con aburrimiento como la cara de sus compañeros a su alrededor se sonrojaban ante la chica.

-Hola- simplemente respondió con una de sus típicas sonrisas.

- ¿Sabes Kaito?- preguntó con media sonrisa gatuna- Ese viernes no tengo planes podr…

- ¿De verdad? Que pena. Este viernes Aoko y yo iremos al acuario- ¿Acuario? Que pésima excusa – pensó al recordar su miedo a los peces.

- Tal vez quieras posponer esa salida. No creo que a Nakamori le moleste- le contestó alzando la voz para así llamar la atención de la castaña a lo lejos.

Aoko, que medio alcanzó a escuchar su nombre entre sus compañeros se volteó confundida.

-¿Verdad Nakamori?- la bruja se le acercó con pose imponente. La castaña analizó con sus ojos rápidamente la situación. Claramente estaba relacionado con la cara de disgusto del mago y el evidente desafío de la pelirroja, pero aun así no lo entendió del todo.

-Honestamente, no sé de que me estas hablando- sonrió con fingida dulzura.

-De cancelar tus planes del viernes con Kuroba- expuso fastidiada por tener que repetir. La ojiazul pestaño reiteradas veces confundida.

-¿Planes? Nosotros no tenemos planes – Miró de reojo los ojos de cachorro que Kaito le lanzaba para rogarle que le siguiera el juego- Creo Koizumi, que el único que puede responderte es Kaito.- Antes que terminara de formarse una sonrisa de victoria en los labios de su compañera, la castaña sin dejar de sonreír pero con ojos astutos siguió hablando- Yo no tomo las decisiones por él y mucho menos necesito presionarlo frente a sus amigos para que tome una- insinuó, haciendo referencia a la situación actual de los jóvenes- Ambas sabemos que cuando realmente quiere hacer algo, lo hace. Es una persona que funciona por instintos.

-¿A qué estas insinuando Nakamori?- preguntó más molesta la bruja.

-Yo no insinúo nada, creo haber sido bastante clara- ya algo cansada de ser inmiscuida en un conflicto que no era de su incumbencia volvió a mirar distraídamente por la ventana e ignorar los cuchicheos – Tengo cosas más importantes de las que preocuparme que de Kaito que hace en su tiempo libre- estaba molesta y por sobre todas las cosas, estaba molesta con el mago.

Después de que la bruja abandonase la sala ignorando las nuevas propuestas de sus pretendientes, Kaito se atrevió a acercarse nuevamente a su amiga que se había esforzado en ignorar todo lo que le rodeaba menos la ventana.

-No hay nada ahí – dijo como si nada hubiese pasado. La castaña no se molestó en responder – respecto a lo que pasó antes…- un poco nervioso vio cómo su amiga recién se volteaba a verlo.

-¿Si?- el mago se sonrojó levemente ante los desafiantes ojos de la muchacha- No te entiendo Kaito- susurró para que ningún curioso escuchase- Si no quieres salir con ella, porque le mientes diciendo que nosotros tenemos planes- preguntó cruzándose de brazos.

-Técnicamente no era una mentira- dijo rascándose la cabeza- solo que aún no te preguntaba – se excusó como un niño pequeño. Los ojos de la castaña se suavizaron ante la imagen de su travieso amigo- Lo siento, yo no pensé que ella haría una escena frente a todos, usualmente no es así de impulsiva- Kaito trataba de excusar a su molesta amiga.

-Es normal Kaito- el joven la miró extrañado- le gustas y quiere una oportunidad contigo- Kaito medio sonrió

-Lo sé- suspiró- Pero ella no me gusta – ahora fue el turno de Aoko de sorprenderse.

-Siempre pensé que te gustaba aunque fuese un poco- Kaito formó una cara de disgustó propia de una niño cuando ve algo que no quiere comer.

-¿Qué te hizo pensar eso?- preguntó con curiosidad.

-Bueno…- Aoko se removió nerviosa en su asiento, gesto que para cualquiera habría pasado desapercibido, menos para el mago- es muy atractiva y siempre están hablando a escondidas.

-Es atractiva, no lo voy a negar, pero he visto mujeres más bonitas – Así como tu, por ejemplo- Con suavidad y discreción hizo que su mano rozase la de ella y cuando sus miradas chocaron, él sonrió con sinceridad – Y respecto a los cuchicheos, no son más que tonterías- Aoko alzó una ceja con curiosidad, aún incapaz de modular alguna palabra- Habla de cosas como que quiere que sea su esclavo y que satanás me maldecirá y cosas por el estilo. Es muy extraño en realidad- Aoko palideció de un momento a otro- ¿Te sientes bien? – preguntó preocupado.

-¡¿Qué ella hizo que..?!- preguntó con rabia contenida. Kaito se sorprendió por su cambio de humor.

-¿No creerás esas tonterías? ¿Verdad Aoko? – preguntó con algo de sorna en su voz, pero como respuesta solo recibió la furiosa mirada de la muchacha.

- Claro que no- en un patético intento de disimular su irritación, mintió aun con el ceño fruncido.

-Si tu lo dices- fingió que le creía- cambiando de tema ¿El viernes por la tarde que quieres hacer?

Un poco más tranquila y maquinando un plan en su cabeza contestó con una sonrisa sincera- planeabas invitarme, pero no pensaste ningún lugar en concreto- no fue una pregunta, sino una afirmación. El joven se sonrojó levemente – de todas formas no creo que tus planes se lleven a cabo.

-¿Por qué dice eso?- preguntó un poco desilusionado.

-Porque este finde semana Kid realizará un robo- Kaito la miró completamente confundido.

-¿De qué estas hablando? No hay ningún aviso- respondió mientras con su teléfono buscaba alguna noticia, después de todo no era la primera vez que se hacían pasar por él.

-No aún- lo corrigió la chica mientras le mostraba una noticia de esa misma mañana- Hoy por la noche arribará a Japón una de las joyas más famosas de la realeza china. Estará hasta el Domingo y luego regresará. Así que lo más probable es que el atraco sea el sábado ¿No estás de acuerdo conmigo? – el mago leyó la noticia expectante.

-Creo que tienes razón- una sonrisa gatuna se le escapó de los labios, gesto que la castaña registró en su memoria-

-Parece un niño con un dulce. Claramente está emocionado de poder exhibirse- se contagió de la alegría del ambiente- antes me habría molestado mucho saber su doble identidad, pero ahora solo quiero que esté a salvo- siempre que pensaba en el ladrón de luna un sentimiento de amor afloraba, pero siempre iba tomado de la mano con uno de miedo y preocupación.

- ¿Aoko? – preguntó con un deje de preocupación - ¿Por qué piensas que si Kid hace un robo el sábado, tu y yo no nos podremos juntar el viernes?

-Por que seguramente tienes el tiempo contado y el viernes debas ver las instalaciones- con ingenuidad respondió- Se me había olvidado decirte, para el viernes ya tengo planes – una pequeña mentira podría liberarlo de obligaciones- y el sábado seguramente estrás ocupado viendo el robo… si es que hay uno, obviamente- Toma la oportunidad que te estoy dando tonto- pensó medio molesta.

-Ya veo- sonrió sin ocultar su felicidad ante la nueva oportunidad que le ofrecía el destino. Sin pensarlo dos veces tomó su celular y le mando un mensaje a Jii dándole las indicaciones necesarias.

-Te vez demasiado feliz, podrías molestarte en fingir – pensó disgustada. Para llamar su atención lo tomó por la manga pero al momento de hacerlo sintió como si el mundo girara.

-¿Qué esta pasando?- pensó mientras sentía como su garganta se cerraba impidiéndole respirar y sus ojos picaban imposibilitándole ver a las personas a su alrededor. Sus ojos se cerraron sin poderlo evitar pero cuando se abrieron ya no se encontraba en la sala de clases.

-¿Dónde estoy? – se preguntó mientras abría sus ojos en un lugar desconocido. Lentamente se puso de pie y dio algunos pasos por el lugar- Es un pasillo – trató de enfocarse, pero el calor y la poca visibilidad la hacían sentir sofocada- Necesito aire- tambaleándose se acercó a una ventana, pero no pudo abrirla, la golpeó tan fuerte como pudo, pero le fue imposible con su fuerza romper el cristal. Enfocó su mirada a través del vidrio y se sorprendió con la vista. La vista era extraordinaria, claramente se encontraba en uno de los edificios más altos que había visto, pero eso en vez de impresionarla, en este momento la llenaba de angustia – Quiero salir de aquí- susurró antes de sentir una explosión bajo sus pies y volver a perder el conocimiento.

-Despierta Aoko- dentro de la oscuridad una voz la llamaba- despierta princesa, por favor- ¿Kid? – pensó aliviada de no estar sola. Respiró por primera vez, en lo que se sintió una eternidad, sin dificultad y abrió los ojos.

-mmm- murmuró- antes de enfocar la mirada y ver que junto a ella estaba Kaito sujetándole la mano- ¿Qué pasó? – susurró aun sintiendo su cuerpo cansado.

-Te desmayaste- expuso feliz de verla despierta- me diste un gran susto- la regañó mientras que con su mano libre verificaba su temperatura.

- Lo siento- le sonrió al ver su preocupación – debo estar más cansada de lo que creí.

-¿No has podido dormir bien últimamente o tienes mucho trabajo?- la tercera voz de la enfermera escolar sonó delante de la muchacha.

- He dormido poco- confesó tímidamente- supongo que es el estrés por los exámenes- trató de excusarse más ante la mirada acusadora de Kaito que de la enfermera.

- ¿Poco? ¿Qué quiere decir eso?- indagó sin tacto.

-Señor Kuroba ¿Usted no debería estar en clases? - lo regañó la mujer al ver como intimidaba a su paciente.

-Bueno…yo – miró su reloj en busca de una salida- solo quedan 15 minutos de clases, no creo que valga la pena volver- sonrió apenado- la llevaré a casa para que descanse- la mujer hizo una revisión completa por última vez a Aoko ante de dejarlos ir con una advertencia.

Ya de regreso a casa Aoko no dejaba de pensar en su sueño- claramente fue un lapsus, pero de dónde. La ciudad esta llena de edificios de gran altura- frunció el ceño.

-¿Aoko me vas a decir que esta pasando?- preguntó el mago despreocupadamente con sus manos en los bolsillos.

La joven lo miró con detenimiento. Para cualquiera, no era más que un estudiante volviendo tranquilamente a su casa, pero ella lo conocía como a la palma de su mano. Tenía la mandíbula apretada y caminaba demasiado lento, por lo general era inquieto, pero hoy estaba tan tranquilo que la sacaba de quicio. Siempre la miraba al hablar, pero esta vez su vista estaba concentrada en el camino y se negaba a desviarla, mas por obstinación que por otra cosa.

-Mírame- le pidió mientras detenía su andar. El joven se detuvo frente a ella pero no le devolvió la mirada. Suspiró algo desilusionada- No sé como explicarlo- susurró con algo de culpa.

-Inténtalo- pidió más tranquilo.

-No puedo- respondió con algo de pesar. Kaito la miró entristecido, pero antes de modular una palabra el gesto de su amiga lo hizo sonrojarse. Aoko en un arranque de valentía entrelazó sus dedos con los de él - No puedo contarte porque no sé como explicarlo, pero si te puedo prometer que todo está bien conmigo.

-Aoko llevas meses así- susurró con preocupación- Por favor no me dejes fuera de tu vida- Hipócrita

-Tu jamás estás fuera de mi vida. Ni si quiera imagino mi vida sin ti- confesó con una sonrisa mientras apretaba un poco sus de dedos haciendo notar su unión- Eres el único en quien confío ciegamente- susurró más para sí misma que para él. Kaito la miró con ternura y sin ser consciente se acercó a ella hasta apoyar su frente con la de ella.

-Eso me alivia, porque yo tampoco imagino mi vida sin ti- el corazón de la chica dio un vuelco ante la emoción.

-Siento mi corazón palpitar con fuerza- la castaña estaba sonrojada hasta las orejas- no sé qué decir ni hacer- pensó confundida.

-Vamos- dijo el mago instándola a caminar aun con las manos unidas- debes descansar- se ve tan linda cuando está sonrojada- pensó con orgullo mientras caminaban. Una vez dentro de la casa de la castaña, la joven se disculpó por unos minutos para hacer una llamada.

-Hola… si soy yo- susurró mientras se cambiaba de ropa, por algo más cómodo- Necesito un favor- con rapidez explicó los sucesos del día y tan detalladamente como pudo el edificio y lo que recordaba haber visto por la ventana- ¿Puedes encontrar ese edificio?...gracias- en cuanto cortó la llamada se dirigió a la cocina donde seguramente estaba Kaito.

-¿Kaito?- se extrañó de no encontrarlo donde lo dejó.

-Qué bonito vestido – la alabó apareciendo por detrás- y bastante ligero por suerte para mí- pensó con descaro.

-Que susto me has dado- lo regañó con suavidad- ¿Qué pasa? ¿Por qué me miras así? – preguntó al notar como los profundos ojos azules del mago la seguían por donde caminase.

-Tu padre llamó, no llegará a cenar- ronroneó el adolescente- No le hablé de tu desmayo- susurró mientras se acercaba lentamente como si acechara una presa- creí que tu querrías decírselo- expuso mientras que, con suavidad, tomaba uno de los mechones rebeldes de Aoko y lo dejaba detrás de su oreja.

-Ya…ya veo – tartamudeó dando un paso atrás hasta chocar con la mesa- Gracias, por no decirlo- susurró haciendo que sus alientos chocaran.

-No tienes nada que agradecer- le respondió con suavidad y tan cerca, que su nariz chocaba con la de ella. Tirando de la poca suerte que le quedaba según el mago, se atrevió a acariciar la mejilla de su compañera y bajar sus dedos por su largo cuello y terminar en su clavícula expuesta - Aoko- susurró deslizando su boca hasta su oído. La joven tiritó al escuchar su nombre salir de su boca. El mago complacido por provocar esa reacción siguió sin pensar en las consecuencias.

-No se cuanto más pueda resistirme- su voz suplicante la hizo despertar de su ensoñación.

-Kaito- su voz sonó temblorosa- No debes. No conmigo- dijo convencida mientras cerraba sus ojos para no distraerse de su propósito- No soy buena para ti- algo más confiada pero incapaz de alejarlo siguió- Dime que solo estás jugando conmigo y que solo es una broma- su pobre y traicionero corazón casi rogó que no fuese lo último.

-No digas eso Aoko- la voz del mago sonaba extrañamente gruesa- No me alejaré de ti, sin importar cuanto me lo pidas- acunó el rostro de la chica entre sus manos- abre los ojos.

La castaña sintió como el joven trataba de reconfortarla, pero su deseo de mantenerlo seguro de lo que le esperaba por estar cerca de ella fue mayor- Lo siento- medio lloriqueó mientras lo apartaba para dar un paso y tomar distancia- No lo entiendes y probablemente nunca lo harás, pero esto es por tu bien- le rogó con la mirada que se alejase de ella.

-Deja de decir estupideces- alzó la voz por primera vez en la noche- ¿Lo qué es mejor para mi? ¡Solo yo puedo saber lo que es mejor para mi! – Aoko molesta por su tono inesperado de voz no vio venir cuando él acortó en dos zancadas la distancia- Tu eres lo mejor para mi y yo lo soy para ti- con un gesto rápido tomó a la castaña por la nuca y la besó bruscamente haciendo notar su inexperiencia. Aoko por su lado abrió desmesuradamente sus ojos por la impresión y por la corriente eléctrica que recorrió cada parte de su cuerpo-¿Eso se sentía besar?- después de unos segundos el mago se separó para que así pudiesen respirar, pero no se alejó ni un centímetro por temor a romper la magia.

- No puedes negarlo Ahoko- susurró antes de buscarla nuevamente con su boca. Con un poco más de confianza, pero aun sintiendo los nervios típicos de un novato, posó su mano libre su cadera y la volvió a besar con hambre atrasada. La mente de Aoko estaba revuelta, no podía pensar con claridad, lo único que sabía es que quería más mucho más y por eso sus instintos la obligaron a responder con timidez hasta aumentar el ritmo.

-Basta- le rogó con su última luz de racionalidad mientras sus dedos se entrelazaban entre los cabellos de mago. Kaito sonrió contra su boca.

-No suenas muy convencida de alejarme- su voz hizo despertar a la castaña de su evidente error y en un impulso empujó al mago hasta quedar a unos pasos.

-Idiota- exclamó con una mano en el corazón- ¿Por qué no me escuchas? – le gritó furiosa.

-Deja de negarlo Aoko – le respondió con tranquilidad- si no lo quisieras no me habrías respondido.

-Yo no he dicho eso ¿o si? Hay otras mil razones más importantes que mis sentimientos por ti– respondió molesta antes de cubrirse la boca por su desliz. Kaito sonrió victorioso mientras se acercaba nuevamente hasta quedar a dos pasos- quita esa socarrona sonrisa de tu boca- le exigió mientras cruzaba sus brazos aun con un tinte rojo adornando su rostro- Lo que sea que estés pensando, no va a pasar.

-Aoko- la llamó tomando su barbilla entre sus dedos- ya pasó- le susurró mientras sus miradas chocaban. El mago no podía dejar de sonreír por la enorme felicidad que sentía, aun cuando Aoko no la compartiese.

-Debes irte- pidió la joven apartando la mano del mago mientras quitaba su mirada. El gesto hizo que escociera un poco el corazón del joven, después de todo, ella jamás lo había tratado así, pero estaba decidido a llevar hasta el final la situación.

-Lo haré- dijo robándole un corto beso- pero volveré- la castaña, llena de indignación, iba a reclamar con toda la energía que le quedaba cuando el mago le volvió a robar un beso para hacerla callar.

-Podría seguir toda la noche- se burló a solo unos centímetros de su cara. Aoko llena de frustración alzó la mano para darle un golpe, pero el chico fue más rápido y con un movimiento veloz, tomó su muñeca y la volteó aprisionándola contra su pecho. La joven impactada, trató con todas sus fuerzas de liberarse de su agarre.

-Eres un maldito- escupió molesta- ¿Por qué haces todo más difícil? – el mago respondió susurrando en su oído.

-No es mi culpa- con lentitud beso cada pedazo de la piel expuesta que iba desde el hombro hasta el cuello de la chica. La joven suspiró hipnotizada por las caricias y las nuevas sensaciones que traían con ellas y sin pensarlo su cuerpo se relajó entre los brazos del muchacho. Kaito al ver que Aoko ya no se resistía, soltó su agarré y con más confianza apartó los mechones del largo cabello y se abrió pasó por el pálido cuello- Todo esto es tu culpa Aoko, es tu culpa por ser tan apetecible y caer en mis brazos tan fácilmente- la joven lanzó otro suspiro ahogado odiándose a sí misma por no resistirse ante los encantos del mago- No sabes cuánto tiempo estuve reprimiéndome- con una sonrisa llena de confianza siguió- Y parece que no fui el único- dijo volteándola para ver sus ojos brillar de deseo.

-No sabes en lo que te estas metiendo- lo amenazó.

-Sé más de lo que crees- Princesa- Contratacó con media sonrisa gatuna- Para ser honestos, eres tú quien no sabe en lo que se está metiendo- dijo alzándola mientras hacia que se sentase en la mesa de la cocina.

La castaña sonrió resignada ante las ocurrencias del joven que no dejaba de besarle el rostro- Lo sé todo Kid- pensó con mientras decidía olvidar todas sus preocupaciones por una noche.

-Solo esta vez- susurró mientras tomaba su rostro entre sus manos y lo obligaba a mirarla- solo hoy seremos imprudentes- su mirada era severa- y mañana todo volverá a ser como antes ¿Entiendes? – Kaito sonrió por la nueva oportunidad.

-Ya veremos- dijo tratando de acercar su boca a la de ella.

-Hablo en serio- trató de amenazarlo antes que el mago volviese a hacerla callar.

-Yo también- dijo entre besos con voz ronca contra el cuello de su "amiga". Incapaces de seguir modulando palabras con sentido, los jóvenes siguieron besándose por largo rato hasta que las manos curiosas del mago se deslizaron desde la rodilla hasta el muslo descubierto de compañera. Con inseguridad y manos temblorosas la acarició con timidez por su piernas y espalda.

-¿Tienes miedo?- le preguntó la joven. El mago sin entender a que se refería se apartó para mirarla- estas temblando- dijo mientras tomaba sus manos.

-Lo siento- se disculpó avergonzado- Realmente no sé que es lo que estoy haciendo y no quiero arruinarlo- confesó enterneciendo a la joven.

-Es imposible que lo arruines- le dio valor posando las manos del mago en sus caderas. Kaito iba a hablar, pero Aoko lo detuvo posando un dedo sobre su boca- Todo esta bien así- le susurró deslizando sus brazos alrededor del cuello de su acompañante y los instó a acercarse tanto como pudiese- Todo es perfecto- lo volvió a tranquilizar antes de besarlo con tanto amor como pudo. Lentamente, tomando todo el tiempo del mundo lo besó mientras se aferraba a él como si fuese su único salva vidas. Tanto las caricias como los besos se intensificaron hasta el punto que lo único que se escucha en la casa eran los leves gemidos que se ahogaban en la boca del otro.

-Aoko, hay algo importante que quiero decirte- tomó algo de distancia- necesito que me escuches con atención.

-No- le pidió cubriendo la boca del joven con sus manos- No lo digas. No quiero escucharlo- el mago desilusionado se cubrió el rostro con las manos por unos segundos.

-Eres muy obstinada- se quejó con una media sonrisa- cuando estés lista lo hablaremos.

-Gracias- dijo simplemente mientras bajaba de la mesa con un notorio sonrojo por lo recién ocurrido. Kaito admiró su obra con vanidad. Los labios de Aoko estaban hinchados, sus ojos brillaban, su cabello estaba despeinado y sus piernas flaquearon al ponerse de pie.

- Me gustas así- escupió sin pensarlo, Aoko sin entender de que hablaba lo miró con una ceja alzada- Así de deliciosa- sonrió como un gato- llena de la evidencia de nuestra travesura- le insinuó tocando con suavidad sus rojos labios.

-Estas demente- dijo avergonzada.

-Tal vez- volvió a sonreír sin vergüenza- es parte de mi encanto- presumió antes que su teléfono anunciase la llegada de un mensaje. Sin muchas ganas vio que se trataba de Jii y los preparativos del robo- Ya debo irme- dijo medio desilusionado al mismo tiempo que el padre de Aoko cruzaba el umbral de la puerta principal anunciando su llegada.

- justo a tiempo- pensó el mago un poco sonrojado.