29. Terror en Light City – Parte 1
Trailmon avanzaba a una buena velocidad, animado quizás por la confianza de saber que éramos aquellos descendientes de esa leyenda que circulaba por todo el Digital World desde hacía treinta años… Gargadomon se había subido al techo del vagón para hacer guardia mientras los demás tratábamos de disfrutar el almuerzo. V-mon no se despegaba ni un instante de mi hermana menor, excepto por si necesitaba algo, y Gotsumon… bueno… Gotsumon apenas comió la mitad de la porción que nos habíamos servido todos. Era muy extraño, sobre todo si todos recuerdan que era el que devoraba la comida en mi casa.
-¡Gotsumon! –le regañé. -¡Deberías comer un poco más! ¡Gastaste muchas fuerzas en la última pelea!
-El esfuerzo fue en vano, Daisuke… -dijo Gotsumon mientras jugaba con los palillos.
-Oye, Steve… -trataba de hablar Rina con el chico nuevo. -¿Qué fue eso de…?
-Si le preguntas por lo que pasó hace unas horas contra Wizarmon, olvídalo, no te contestará. Ya lo intenté. –dije.
-No me gusta hablar de mi vida. Es lo que dice mi amigo. –contestó su Digimon.
Ese aspecto de nuestro nuevo acompañante era mucho más sombrío. Si de por sí el hecho de tener a Fanbeemon como intérprete era muy incómodo, peor era el hecho de que realmente no hablaba demasiado.
-Torkaimon no parece fuerte… ¿o sí? –trató Hiroshi de cambiar la conversación.
-No lo sé… -dije bajando la mirada. –Es como si lo poco que conociera de él fuese tan sólo una mentira… pero es de esperarse… me mantuvo engañado mucho tiempo…
Era incómodo sentirme así, sobre todo si mi hermana dependía de qué tan fuerte me mostrara frente a las circunstancias. Peor aún, Gotsumon no parecía estar de humor para animarme como siempre lo hacía.
-¡Estos dos necesitan un psicólogo urgentemente! –dijo Akio animado mientras devoraba un buen pedazo de carne.
-¡Akio! –protestamos mi Digimon y yo al unísono.
Era de suponerse. Ninguno de los dos estaba con los ánimos por los cielos.
-En treinta minutos entraremos por el camino subterráneo de Light City. –dijo Trailmon por el altavoz.
-¿Subterráneo? –preguntó Mizuki. -¿Tren subterráneo?
-Al parecer la entrada principal a Light City ha sido bloqueada. –respondió Trailmon. –Los retenes bajo el mando de los nuevos comandantes de Torkaimon han tomado las rutas principales.
-No la libraremos si nos descubren. –dijo Gaomon.
-¿Y la ruta subterránea no estará bloqueada también? –preguntó Rina.
-El éxito de nosotros los Trailmon es que podemos abrir caminos por dondequiera que vayamos.
-¡Interesante! –exclamó Hiroshi.
-Puedo ver la cúpula que aísla a Light City del resto del Digital World. –contestó el Digimon de mi padre desde las afueras.
-Así que los nuevos comandantes están ahí… -dije en voz baja. –Me pregunto cuántos serán ahora…
-Dicen que son alrededor de tres. –contestó Trailmon.
-Y ya conocimos a uno… -dijo Akio.
-Me pregunto quiénes serán los otros dos. –dije mirando a mi amigo de roca. -¿No te parece increíble, Gotsumon?
Pero mi cara de ánimo desapareció al ver que Gotsumon no cambiaba de parecer por nada. Realmente me molestaba ver a quien me había dado tantos ánimos, ser ahora el que estaba más deprimido que todos nosotros. Pero parecía entenderle… después de todo, era mi amigo. En parte guardaba dentro de mí ese sentimiento de derrota… ¿Si este "nuevo comandante" era un Adulto y ya nos mostraba un tremendo potencial? ¿Cómo serían los otros dos? Lo más triste era que íbamos directo a una muerte segura, enfrentándonos contra todos…
-Onii-chan... -dijo Ayano-chan despertando. -¿Ya llegamos a Light City?
-Llegaremos muy pronto, Ayano-chan. -contestó Rina quitándome las palabras de la boca.
-Gracias Rina. -dije mirándola fijamente. -En cuanto lleguemos a Light City buscaremos hospedaje y un médico.
Debía reconocerlo que la única que había podido darse una ducha con tanto ajetreo era Mizuki. Desde que habíamos llegado al Digital World no habíamos podido atendernos como quisiéramos.
Tomé la salida por la puerta hacia la parte trasera del vagón y me topé con el Digimon de mi padre. Parecía más meditabundo que otra cosa, así que decidí tratar de hacerle compañía.
-Ho… hola… -dije tímidamente. Debo confesar de que, aún siendo amigo de mi padre, le tenía respeto y quizás un poco de temor.
-Hola Daisuke. –dijo el Digimon de mi padre. -¿Ya hiciste las paces con tu amigo, el bravucón?
-¿Con Akio? –pregunté. –No… Sigue enfrascado con ese perro asunto… Oye… ¿es verdad que aún no me han perdonado por el daño que he hecho a buena parte del Digital World?
-Tu padre también se hacía esas preguntas…
-¡Pero eso era diferente! –grité. -¡Él ya era un Vigilante encubierto!
-¿Y no crees que también se sintió mal de tener qué realizar el trabajo sucio? No te imaginas qué tan preocupado se ponía todas las noches. El hecho de que estuviera respaldado no le quitaba el hecho de que era un trabajo sucio en cubierta.
-Creo que me he pasado buena parte del tiempo pensando como un viejo aliado del enemigo... -contesté. -Pero ese tiempo ya pasó... Ahora... iremos a Light City...
-Esa ciudad me trae muy lindos recuerdos. -contestó mi compañero de pláticas. -Isao y su Digimon habían sido heridos de gravedad y teníamos una cuenta regresiva para llegar a esa ciudad por atención médica.
-¡Esos no son lindos recuerdos! -grité.
Aquel Digimon de etapa adulta comenzó a reír. Un poco extraño podía decirse... parecía ser todo lo contrario a mi padre, pero por lo que contaba, ambos eran muy similares, o al menos lo fueron cuando se conocieron.
-"Señor Vigilante y el niño". -dijo Trailmon. -"Entren al vagón que tendremos que atravesar la cúpula".
El Vigilante y yo obedecimos a la orden de Trailmon, no sin antes mirar a Light City, de frente era inmenso. El Digimon de mi padre estaba con una sonrisa que parecía nadie le iba a quitar, pero yo estaba más sorprendido que otra cosa, preguntando qué habría dentro de ella.
-Pronto, Ayano-chan... estaremos en Light City...
Al ingresar al vagón, de pronto escuchamos como una especie de taladrar, acompañado de una estruendosa vibración que hizo sacudir todo el vagón de nuevo.
-¿Qué está pasando? -preguntó Mizuki.
-"Estamos atravesando la tierra y la barrera que aisla a Light City del resto del mundo" -contestó Trailmon. -"Entenderán que debo abrir paso. Pero no se preocupen, dentro de poco regresaré a las vías abiertas para los trenes".
-Mientras no sea peligroso... -contesté.
-¿Y esto no es peligroso? -protestó Rina.
-¡Más peligroso que ser perseguido por alguno de los aliados de Torkaimon no creo! -gritó Hiroshi opacado por el fuerte ruido de abrir la tierra.
-"¡En cinco segundos llegaremos a una vía libre!" -gritó Trailmon.
Y Trailmon parecía estar seguro de lo que hacía, pues de un momento a otro, el estruendo de abrir la tierra comenzó a desaparecer, hasta que la fluidez del movimiento del tren se hizo más suave.
-¡Miren! -gritó Rina muy asombrada.
La vía del tren estaba cubierta en la parte superior por una especie de cristal transparente, lo que nos dejaba una hermosa vista de la ciudad, y que enmarcaba una enorme torre blanca con unos bellos grabados cerca de la punta.
-"La ciudad del comienzo". -recité. -Eso es lo que dice.
-¿La ciudad... del comienzo? -preguntó Akio. -¿Por qué "del comienzo"?
-"Esta ciudad es muy importante para todos los Digimon". -contestó el tren. -"Algunos cuentan que aquí comenzó el Digital World".
-¿De verdad? -pregunté asombrado.
La vista de la ciudad desapareció pues dentro del túnel llegamos a una sección con el techo cubierto. Trailmon comenzó a bajar la velocidad de su andar, y de repente nos detuvimos.
-"Señores pasajeros, a pesar del riesgo que conlleva llegar a esta ciudad, hemos llegado a Light City". -dijo Trailmon. -"Espero que este viaje haya sido de su total agrado. De mi parte apagaré mis circuitos para guardar energías y para no llamar la atención de las tropas armadas".
-¡Muchas gracias, Trailmon! -dijo Hiroshi bajando del tren.
-"Niños Elegidos, les deseo mucha suerte en su viaje, lograrán restablecer la paz del Digital World".
-Lo haremos, Trailmon-san. -contesté.
Trailmon, entonces, apagó sus faros y el resto de su maquinaria y tablero electrónico. Al llegar a la puerta de la estación de trenes, pudimos darnos cuenta que la puerta estaba cerrada con cadenas y candados.
-¡No puede ser! -protestó Hiroshi.
-¡Yo me encargaré de esto, Akio-san! -dijo Gaomon.
-¡No! -gritó el Vigilante. -Si ven un estruendo por aquí, se pondrán más alertas.
-¿Y qué vamos a hacer? -preguntó Rina.
-¿No podemos buscar una llave o algo? -preguntó Mizuki.
-Creo que puedo hacer algo. -dijo Akio doblando un clip para papeles y convirtiéndolo en una tira larga de alambre con algunas salientes.
Akio tomó aquella tira de alambre y la insertó en la ranura del candado principal, en menos de cinco segundos, ya había abierto el candado, y fue cuestión de quitar las cadenas para abrir la puerta.
-¿Y cómo hiciste eso? -pregunté asombrado.
-Algo tendrá que ver con el tiempo que perdiste con los bravucones que se colocaban a la esquina de la escuela. -dijo Rina molesta.
-Técnicamente así fue. -contestó el susodicho.
-Veo que no te molesta que te recuerden quien eras hace varios meses. -dijo Mizuki.
-Acepto que fui un malo hace algún tiempo...
-No te molesta... -dije en voz baja.
-Para nada. -volvió a decir.
-Mejor nos vamos de aquí, Akio-san. -contestó Gaomon. -No queremos que esas tropas se den cuenta de que estamos aquí.
-Si conozco a mi antiguo jefe, podría decir que ya sabe que estamos aquí. -contesté.
Tomamos las escaleras que llevaban al exterior, y al salir, notamos una enorme maravilla, pequeños vehículos sobre los cuales estaban montados tanto Digimon en etapa de niñez, como en su estado adulto. Pequeños y grandes comercios, edificios que se levantaban de un lado a otro, Digimon corriendo de aquí para allá... Prácticamente era como una metrópoli en el Digital World.
-No pareciera que este sea un lugar tenebroso. -dijo Piyomon.
-Estoy comenzando a dudar de que los comandantes de Torkaimon estén por aquí. -mencioné.
Pero como si de una mala palabra se tratara, todos los Digimon residentes de la zona comenzaron a mirarme de mala manera, y comenzaron a murmurar unos a otros.
-¿Qué pasa? -pregunté un tanto confundido por la reacción de todos.
-Al parecer "Torkaimon" es una palabra prohibida en esta ciudad. -dijo Gotsumon.
Y nuevamente, los Digimon de la zona voltearon a mirarnos, murmurándose entre ellos como si de verdad fuéramos basura o no sé...
-¿¡Qué pasa!? -pregunté de nuevo.
-¿Cómo es que conocen a ese maldito Digimon? -preguntó un Elecmon.
-Digamos que nos ha hecho mucho daño a todos... -contestó Gotsumon.
Al parecer esa explicación fue suficiente para los Digimon, ya que de pronto, todos se fueron, a excepción de uno, un Geckomon, quien se quedó mirándome fijamente, para concluir por último:
-Cuando escuchen la alarma, mejor escóndanse, gero.
-¿La... alarma? -pregunté. Pero Geckomon se fue sin decir nada.
-Como sea. Debemos buscar un hospital cuanto antes. -dijo Mizuki.
-Cierto. -medité. -Gargadomon, V-mon, Gotsumon y yo iremos a llevar a Ayano-chan a un hospital.
-Rina y yo podemos ir a buscar hospedaje. -dijo Mizuki.
-Bien, Hiroshi, el chico nuevo y yo buscaremos comida. -dijo Akio muy fresco.
-De acuerdo. -contestó el Vigilante. -Daisuke, en marcha.
-Sí. -contesté.
Así, el grupo se separó en tres. El Digimon de mi padre llevaba cargando a mi hermana, en tanto V-mon no se despegaba del Vigilante, y Gotsumon y yo tratábamos de seguirles el paso. Literalmente llevaba arrastrando a mi amigo de roca, no parecía tener ganas de caminar.
-¡Gotsumon! -grité. -¡Deja de hacer esto! ¿¡Cuántas veces debo decirte que no podemos rendirnos ahora mismo!?
-Pero... pero... -replicaba mi amigo de roca.
-Todos hemos perdido alguna pelea durante nuestras vidas. -dijo el Digimon de mi padre. -Pero eso no debería dejarnos en el suelo.
-Ya escuchaste. -dije. -Así que levanta los ánimos, que nos necesitan.
Gotsumon se medio levantó, pero no terminaba de retirar ese semblante triste. Finalmente, con un poco de esfuerzo, pudimos llegar al hospital de la ciudad.
-Bien, entremos. -dijo el Digimon azul. - Ojou-san necesita atención inmediata.
Al entrar, vimos cómo toda una guardia de Guardromon corriendo de un lado a otro. Parecía toda una tropa de soldados robots con forma de tanques de guerra, algo extraño para ser el hospital de la ciudad.
-Creo que nos equivocamos. -dije avergonzado. -Más bien esto parece un taller mecánico...
-Oh, no se equivocó, señor humano. -contestó uno de los Guardromon. -Este es el Hospital de Light City.
-¡Qué bien! -grité por fin. -¡Por favor, atienda a mi hermana! ¡Desde hoy en la mañana se encuentra así! ¡Hemos recorrido mucho para llegar a esta ciudad!
-¿Llegar... a esta ciudad? -preguntó el robot. -Nadie puede entrar ni salir de aquí.
-¿Eh? -pregunté asustado.
-¡Seguramente son soldados de los comandantes! -respondió otro Digimon robot mientras los demás nos rodeaban.
-¡Esto es una locura! -grité un poco harto.
-¡No somos aliados de Torkaimon! -contestó el Vigilante. -¡De verdad necesitamos que atiendan a uno de los nuestros...!
De pronto, las palabras de nuestro compañero de viajes fueron interrumpidas por una fuerte sirena que de un momento a otro sentíamos como que podrían destrozar nuestro sentido de la audición. Por fortuna no duró mucho la alarma, lo cual en mi sentir causó un gran alivio.
-¡Maldición! -dijo uno de los pacientes que esperaba en la sala de espera. -¡Sí son aliados de esos comandantes!
-¡Que no los somos! -grité de nuevo.
-¡Ah! -gritó un Gazimon quien también esperaba sentado su turno. -¡Esos Elecmon están afuera de un edificio!
-¿Eh? -pregunté antes de mirar hacia afuera.
Pude ver a dos Elecmon corriendo asustados en la calle. Parecía ser que de pronto, todo el bullicio de la ciudad se apagara después de la sirena. No entendía lo que pasaba, y menos cuando de pronto, de un pequeño móvil aparecieron varios Nanimon, extrañas bolas con mechas en la cabeza, unas gafas oscuras, la leyenda FUTURE grabadas en cada uno de ellos, y con abundante vello donde normalmente las personas adultas lo tenían, un poco desagradable a mi parecer...
-¡Los ancianos! -gritaron los pacientes en la sala de espera.
Estaba asustado de ver lo que sucedía. Los Nanimon de un lado, y los dos Elecmon asustados tratando de defenderse. Fue entonces cuando uno de los Elecmon saltó hacia el cielo, e iluminando sus enormes colas trató de lanzar su ataque especial contra alguno de ellos, pero uno de los Nanimon, de un golpe, hizo desaparecer los datos del pobre Elecmon.
-¡No! -gritó V-mon asustado. -¿Pero qué hicieron?
-¡Increíble! -dije asustado. -¿¡Cómo pudieron hacerle eso a un indefenso Elecmon!?
Mi rabia se desató cuando ese mismo Nanimon, comenzó a beber una botella de sake entera, y su otro amigo intentó repetir el ataque de su compañero contra el Elecmon que quedaba. No recuerdo por qué lo hice, recuerdo haber escuchado las palabras de los demás diciendo "¡No salgas!" o "¡Esos ancianos te matarán!", pero no presté atención. Incluso recuerdo haber sentido un tirón por parte de Gotsumon. Impulsivamente salí del edificio del hospital tratando de defender a ese Elecmon de una muerte segura...
Continuará...
