Holaa de nuevo! XD Ya que ando de buen humor y me siento bondadosa porque ya terminé mis prácticas profesionales, he decidido traerles un nuevo cap! Espero que lo disfruten :D Aquí conoceremos un poco sobre la personalidad de cierto enemigo o Bueno, quiero que vayan conociendo a Sable aunque sea un poco, falta bastante para que se encuentre en persona con Luffy y los demás XD Espero que no haya muchas fans de Sanji por aquí o me odiarán un poco lol. En fin, besos y abrazos, nos estamos viendo! :D

Capítulo 29.- El duro camino de un hombre caballeroso

Las piezas de aquel ajedrez se encontraban totalmente desperdigadas sobre aquel tablero de madera, como si en cualquier momento fuera a retomarse la partida, sin embargo, nadie de los presentes se encontraba interesado en proseguir.

Miró con enorme atención el contenido de aquellos tres enormes tanques de vidrio que se posaban en medio de la habitación, conteniendo un líquido luminoso de diferente tonalidad, burbujeante e increíblemente llamativo.

—Todo va saliendo de maravilla, ¿no es así Verzle? –cuestionaba el pelirrojo quien clavaba fuertemente su mirada en aquel hombre-.

—Sigo impresionado de toda la materia prima que has sido capaz de proporcionarme –decía sin despegar su mirada de aquellos tanques gruesos de vidrio-.

—Es lo que menos debería preocuparte. En mis islas hay mucha materia prima…Demasiadas cosas por explotar, Verzle. Creo que estás consciente de ello mejor que cualquiera.

—Recuerdo cuando nos conocimos hace casi ya veinte años atrás –susurró- No podía creer que se trataba de ti…Simplemente no podía creerlo.

—Daría lo que fuera por volver a aquellos tiempos donde figuras imponentes como Shirohige y Gol D. Roger surcaban los mares, metiéndose en problemas.

—Tú eras un enemigo común a ellos dos…Disfrutabas con sus encuentros, incluso cuando…

—Fui arrojado al mar por Roger…En nuestra última y más interesante pelea…Luchó por proteger algo, que igual forma terminó cayendo en mis manos.

—¿Crees que todo será así de fácil Sable? El Gobierno no demorará en hacer sus movimientos.

—Todo es cuestión de intereses –sonrió triunfante- Tampoco es como si tuviera miedo a alguno de los miembros del Cipher Pol o al actual…Akainu.

—De modo que lo conoces –miró a verle con un aire de interés-.

—He vivido por muchos años Verzle…Conozco más de este loco mundo de lo que tú crees. No fui el único en soñar con llegar a Nede y dominarla.

—¿Estás insinuando que…? –fue incapaz de proseguir y sólo halló en aquella mirada la respuesta deseada-.

—Las Armas Ancestrales, lo que ocurrió en el Siglo Vacío y el misterio que impera sobre el Archipiélago Shinboku…Han sido temas que el gobierno simplemente no puede pasar por alto.

Eliminó a Ohara por los estudiosos que eran capaces de interpretar la información expuesta en los poneglyph, todo para no develar lo que sucedió en el Siglo Vacío. Ha ido tras las Armas Ancestrales, fracasando en la adquisición de una tras la destrucción de los planos, ignorando una más que habita en las profundidades del mar y una más de la cual sólo se saben rumores.

Y Shinboku, eso es algo que sólo está en su imaginación…Pero hasta los cuentos de hadas pueden tornarse realidad, ¿no lo crees Verzle?

—Siempre me lo he preguntado Sable, ¿cómo es que tú…llegaste a Nede?

—¿Crees que cuando deseaba conocer sobre el Siglo Vacío me quedé sentado esperando a que alguien me dijera sobre ello? No, Verzle…La ubicación del Archipiélago Shinboku la hallé….tras descifrar una parte del Siglo Vacío…

Aquello dejó helado por largos minutos al afanoso científico. Si bien jamás creyó que aquel personaje fuera ordinario y débil, jamás pensó que hubiera llegado tan lejos y mucho menos que poseyera conocimiento sobre un archipiélago que nació como un mito y se sigue manteniendo de ese modo hasta la actualidad.

—Luces sorprendido Verzle –expresó sin titubeo mientras se movía de acá para allá en esa amplia habitación- Tú mismo sabes las maravillas que alberga mi preciado paraíso.

—Algo como eso…no debería existir…Lo que hace es simplemente…-fue incapaz de proseguir, repentinamente había empezado a tensarse, a sudar frío, a recordar viejas anécdotas-.

—Los humanos somos seres curiosos, es imposible para nosotros detenernos cuando pescamos algo interesante. Me sucedió a mí, te ocurrió a ti…y no somos los únicos. Milagros como esos no se dan siempre.

—¡Pero están en contra de todo principio existente! –exclamó con furia-.

—La ciencia está para socorrer al incrédulo…Las leyendas para alimentar el corazón de los aventureros. Tú has sido uno de los bendecido, Verzle.

—Sable.

—Debes sentirte reconfortado, tu hija está en buenas manos, alejada de todo peligro. Le será prácticamente imposible llegar hasta el Nuevo Mundo otra vez –dijo tras cruzarse de brazos y detenerse frente a ese científico-.

—¿Qué ha sido de ellos? –interrogó serio-.

—Corren libres por la vida, volviéndose fuertes hasta el día que los reclame.

—Ni siquiera sientes respeto por ellos –espetó furioso-.

—El respeto es algo que se gana Verzle…Su sola procedencia no es suficiente para ello –alegaba como sí nada- Yo tengo mis propias normas.

—Ni siquiera quiero pensar en lo que…sucederá cuando esto llegue al mundo exterior –volteó mirando con horror-.

—Al pueblo se le da lo que pide para mantenerlos contentos, obedientes y leales –se jactó con una amplia sonrisa- Es así como funciona la mente humana….Todos poseen su propia definición de paraíso.

Sus muñecas se hallaban totalmente esposadas, sus tobillos habían sufrido el mismo destino y sus brazos se mantenían en una misma postura gracias a aquella soga que rodeaba a la mitad de su tronco. No era más que una mera prisionera, una mercancía muy cara que se encontraba siendo transportada hasta su comprador.

Miraba con rabia a quien recién había cruzado el portal, quien ni siquiera se inmutaba por la manera inhumana en que estaba siendo tratada la chica.

—¡EZIO, MISERABLE! –gritó la peli azul fulminándole con aquella mirada-.

—No seas tan descortés muchachita. Que una mujer que se expresa de manera tan vulgar es sencillamente desagradable.

—No es nadie para recriminarme eso…¡Usted es una completa basura! Es igual que el maldito de Sable.

—Parece que sabes sobre mi persona.

—Se sorprendería.

—Es lo que desearías, pero no puede ser posible. Soy un hombre que goza de muy buenos contactos tanto en el bajo mundo como en el que tú y el resto de la gente ignorante residen. Sé quién eres y mejor de lo que crees.

—¿C-Cómo dices…?

—Conozco la relación que tuviste con Portgas D. Ace…y al mismo tiempo, la que apuradas penas entablaste con Lynn…

—¿Lynn?¿Cómo es que él…? –pensaba lo más rápidamente posible, tratando de hallar respuestas-.

—No hay necesidad de que lo pienses demasiado…Lynn es mi nieta.

—¿Su…nieta? Eso significa que…ella también…

—¿Cuál sería el problema si ella formara parte de todo esto? Después de todo, lleva mi sangre por sus venas…

—¡Ella no es como tú, ella jamás sería tu aliada!

—La defiendes mucho pese a lo poco que convivieron.

—¡¿Dónde está ella, dónde la tienes?!

—Pronto me reuniré con ella, después de que te deje en donde me fue indicado. Aunque lamentablemente irá acompañada.

—¿Acompañada?¿Es que continúa con Marco y los otros…? –pensaba con seriedad-.

—Será mejor que duermas, todavía demoraremos en llegar. Gozamos de un buen transporte pero incluso así requeriremos invertir un par de días más.

—Piensa llevarme de vuelta a casa…Me ha alejado demasiado del Nuevo Mundo…Si intento regresar Sable podría hacerle algo a mi padre y al mismo tiempo sólo haré que se preocupe. Pero…¿qué se supone que deba hacer, qué?

¿Qué manera era esa de apagar la pasión y de anular por completo un acercamiento, un beso, un roce?¿A quién se le había ocurrido la maravillosa idea de arrojar aquella cantidad abrumadora de agua helada en plena madrugada?¿Por qué se empeñaban en asesinar su mágico momento, ese acontecimiento posiblemente irrepetible donde poseía a su alcance lo que más anhelaba?

Giró la cabeza con lentitud expresando en su rostro unas ansias asesinas propias de un psicópata serial con un grave desorden mental.

Rápidas y llenas de potencia fueron aquellas tremendas patadas, que si bien habían logrado impactar contra el tirador y el músico de la tripulación, enterrándolos sobre el piso, también había logrado mancillar de manera terrible las paredes de la habitación en la que se encontraban.

Trataba de serenarse, pero estaba claro que estaba furioso. Sin más salió de allí, llevándose a la pelirroja de la mano, en busca de un cambio de ropa para que la damisela no se enfermase. Los pobres apaleados apenas se hallaban recuperando el aliento.

—S-Sanji….Sanji-san…es…muy fuerte…Yohoho….Siento que muero…Aunque ya estoy muerto…Yohoho.

—No creo que sea…momento de bromear, Brook…-dijo quejoso Usopp quien intentaba salir del agujero en el que estaba atorado gracias al rubio-.

—¿Crees que…haya estado bien dejar a Zoro solo? –cuestionaba el esqueleto viviente quien ya había logrado escapar y ahora ayudaba a su nakama a salir de la situación-.

—Seguramente ya se perdió…de nuevo…

—Creíamos que todo iba a calmarse después de que todas reaccionaron pero….

—Nami ahora se comporta como colegiala en primavera cuando está con Sanji…Y él otro simplemente no lo piensa dos veces.

—¿Por qué será que a nosotros no nos toca esa suerte? ¡¿Es qué allá arriba no nos quieren?! –dramatizaba mientras lloraba a mares- Empiezo a creer que no somos atractivos.

—Espera….¡Un momento!

—¿Qué pasa Usopp-san?

—Si a Nami le ocurrió esto…y a Robin igual…Entonces…¿Será acaso que ella….?

—¿Esté detrás de Law-san igual que Nami-san por Sanji-san?

—Tenemos que encontrarla y apartarla…Él podría hacerle algo malo –decía preocupado Usopp mientras salía corriendo a toda prisa-.

Sobre la pared se plasmaban una peculiar imagen, una que aludía sin duda alguna a un apuesto y valiente hombre que navegaba entre el feroz oleaje del mar, mirando hacia el horizonte, sonriente y ansioso de aventura. Quizás buscando un tesoro inimaginable en alguna isla desértica.

El pequeño aparato carmesí y de forma afrijolada poseía una pequeña lente en medio y a los lados pequeñas patitas que permitían a su poseedor avanzar o retroceder; la luz que emitía la lente central impactaba de lleno contra la pared, mostrando al mismo tiempo la imagen. Era un objeto peculiar y al mismo tiempo casi mágico.

Tras haber cambiado aquella imagen, un par de voces familiares resonaron a la entrada de la puerta, denotaban sorpresa; eran como pequeños niños fascinados ante algo que simplemente no estaba guardado en sus archivos de memoria.

Miraron a la castaña un momento sólo para sentarse de golpe al lado de ella. Observaban con atención aquello que les había maravillado tanto.

—¡GENIAL! –exclamaron el pequeño médico y el capitán-.

—¿Qué es eso Lynn? –preguntaba Luffy tomando aquel objeto entre sus manos-.

—Es un pequeño proyector de imágenes inmóviles…-soltó, pero al ver el semblante de confusión del moreno optó por cambiar su respuesta- Es algo así como un pequeño aparato que muestra imágenes.

—¿En serio? Es increíble –decía ilusionado Chopper- ¿Qué estabas mirando?

—Recordaba una vieja historia que mi madre me contaba justamente utilizando este pequeño aparato –sonrió y simplemente empezó a retroceder aquellas imágenes que anteriormente había visto-.

—Lynn, ¡quiero jugar con eso! –exclamó alegre Luffy-.

—Lynn, quiero escuchar la historia –dijo Chopper feliz tras sentarse en el regazo de la chica-.

—¿Es divertida? –preguntaba el moreno-.

—La historia habla de un hombre llamado Jason D. Black.

—¿Jason D. Black? –cuestionaba el renito-.

—Así es, Jason D. Black….Él era un hombre valeroso, que amaba la aventura y que carecía de eso a lo que muchos llaman como miedo. Siempre alegre, siempre confiable…Un día simplemente decidió partir al mar y para ello pidió al rey que le proporcionara un barco y gente confiable –hablaba con mucho entusiasmo-.

Le ofreció al rey que cualquier tesoro que él descubriera sería suyo…Él sólo se conformaba con los misterios que allá afuera le aguardaban. Él sólo quería conocer aquello que era desconocido por todos…Su corazón temblaba ante lo que pudiera estar más allá de sus tierras.

—¡La imagen, la imagen ha cambiado, Luffy! –expresó ansioso el renito-.

—Salió al mar por aventura, como todos nosotros –sonrió ampliamente Luffy- ¿Y qué fue lo que halló? –le cuestionaba curioso-.

—Viajó por muchos años, conoció numerosas islas…Hice amigos, salvó a ciudades y países enteros. Forjó su historia en el mundo y se sintió libre y dueño de su destino por primera vez en mucho tiempo.

Él creía conocerlo y haberlo experimentado todo y haber llenado su corazón de aventuras y fabulosas historias…Él creía eso hasta el momento en que la conoció a ella…-sonrió cálidamente, posando su mirada en la imagen que había puesto para los chicos-.

—¡Una princesa! –pronunció Chopper con los ojos brillosos-.

—Se enamoró perdidamente desde el momento en que la vio…Fue aquello llamado amor a primera vista y para su felicidad, era mutuo. En ese momento su corazón conoció otro tipo de regocijo, uno que jamás podría olvidar.

Permaneció al lado de su amada, conociéndose y enamorándose incluso más…Era una felicidad indescriptible, una que traería una enorme bendición a sus vidas.

—¡Un bebé! –comentaba gustoso el pequeño médico-.

—Aquel bebé era el fruto de su amor, la bendición más grande que pudieron haber tenido…Pero…

—¿Pero…? –alegaba el capitán-.

—La calma siempre precede a la tormenta…

—¿Por qué lo dices, Lynn? –interrumpió Chopper-.

—Porque su más grande felicidad les fue arrebatada…sin más. Aquel bebé fue robado dentro del hogar, dejando tristeza a la madre y cólera al padre.

¿Quién podía haberse robado a su única felicidad?¿Quién habría de tener el alma tan fría y el corazón tan negro para siquiera pensar en hacer un acto tan ruin como ése? Sencillamente no se lo explicaba, pero tenía una pista de quién pudo haber sido.

Nuevamente zarpó al mar, ahora con una misión y un propósito….Los días se hicieron semanas, las semanas meses y de ese modo los años llegaron….Su juventud se esfumó y los años empezaron a reflejarse sobre su piel y cabello. Pero todo valía la pena por recuperar su tesoro más valioso, aquel que el destino caprichoso se había dado a la tarea de robarle.

Y una mañana brillante, el sol le recibió con su calidez y sus pies tocaron una nueva isla…Un sitio sin comparación alguna se había postrado frente a él, acobijándole, alentándole a continuar su búsqueda.

Se adentró más y más…Sus pasos eran lentos, la edad pesaba sobre sus hombros pero su voluntad era la misma que cuando salió al mar por primera vez. Sonrió, allí estaba su amado tesoro…El valor para seguir adelante.

Abrazó a su hijo, era la primera vez que lo hacía después de tantos años…Ya era todo un hombre, poseía los ojos de su madre y el resto de las facciones eran suyas. Era fuerte y sonriente…Había crecido bien y en un magnífico lugar.

Ambos lloraron, ambos se dijeron todo aquello que por años fue imposible decir…Había mucho que contarse. Había llegado el momento de la despedida…

—¿Despedida, por qué? –preguntaba el médico lleno de confusión-.

—Porque el hijo no podía abandonar la isla…Aquel sitio había sido su hogar y le había provisto de todo lo necesario para vivir. No podía ser malagradecido con aquel sitio.

El padre no comprendía, el padre deseaba volver con él a casa y presentárselo a su madre, quien aguardaba angustiosa por los dos. Pero pese a ello, el joven no accedió.

-"Padre, yo los amo con todo mi corazón, pero no puedo abandonar este que es mi hogar".

-"¿Es qué no sabes el sufrimiento que tu decisión causará en tu madre?"

-"Dile a mamá que estoy bien, que soy feliz y que deseo que ustedes también lo sean"

-"Pero hijo, he navegado por más de quince años, buscándote, para que regresemos a casa".

-Lo sé padre, lo sé, pero entiéndelo…No puedo cumplir tu único deseo…No puedo…Espero puedas perdonarme".

-"No lo entiendo, simplemente no lo entiendo hijo. Tu madre y yo te amamos demasiado".

-"Es por ese mismo amor que debes irte y decirle a mamá que estoy bien, que soy feliz y que estoy orgulloso de tener padres como ustedes".

El padre no insistió más pese a que su corazón lloraba por no poder volver a casa con su hijo y simplemente dio media vuelta y avanzó hacia la costa, listo para regresar a casa al lado de su querida esposa.

Subió a su barco y miró con amargura lo que estaba dejando atrás…Sus ojos se inundaron por tibias y pesadas gruesas; fue incapaz de contener el llanto…No podía creer lo que estaba viendo, simplemente era imposible, pero no era el único que estaba asombrado.

Ahogó su llanto y lo comprendió todo…Ahora sabía por qué su hijo le había dicho lo que le dijo, ahora sabía que posiblemente había sido salvado sin desearlo realmente…

—¿Qué fue lo que vio Lynn? –inquiría Chopper con cierta desesperación de querer saber más-.

—…Nada…

—¿Nada…? –soltaba Luffy-.

—No había nada…Aquella isla, toda aquella gente….todo lo que palpó y sintió como real….ya no estaba. Sólo se hallaba el mar en absoluta calma…y ellos…

—¡Imposible! –chisteó Chopper-.

—Jason D. Black y su tripulación pensaron lo mismo…Pensaron que todo no había sido más que un mero sueño, un juego de sus mentes.

—¡Qué miedo! –chilló Chopper-.

—…Si buscas algo con todo tu corazón, de una manera tan profunda…es muy posible que logres hallarlo, incluso en el abismo de lo absurdo…Sin embargo, si llegas a encontrar aquello que pide con desesperación tu corazón, prepárate…porque eso mismo te arrojará lejos…

Jason D. Black dijo antes de morir: "El deseo es el sentimiento más fuerte que reside en el corazón, pero al mismo tiempo, el más temible. No dudes que hallarás lo que más quieres o ansíes en este mundo, incluso aunque resulte imposible, ya que tu voz siempre será escuchada…Sin embargo, duda de aquello que tanto deseas recuperar, porque el precio siempre será caro…No lo olvides detrás de toda ilusión siempre habrá un poco de realidad…"

—Ungh…-musitó el médico tras sentir un escalofrío recorriéndole el cuerpo-.

—Interesante –dijo como sí nada Luffy quien tenía aquel aparato entre sus manos- Él deseaba recuperar a su hijo, pero al final…dudó y se fue…Cuando se arrepintió todo se esfumó…

—Así es –sonrió ligeramente la castaña- Mi madre me decía que las cosas que son importantes tienen que ser protegidas, para que nunca puedan ser añoradas…Para que no naveguemos por el inmenso mar sin rumbo y con un deseo frágil en el corazón….Para que nuestro propio deseo no nos vuelva su esclavo…

—¿No tienes alguna otra historia? –cuestionaba con interés el médico-.

—¿Qué es esto Lynn? -decía el moreno mostrándole aquel tubo de metal con figurillas pintada en su exterior, haciendo recordar a un pequeño dragón verde surcando entre un mar de pétalos rosas-.

—Un caleidoscopio…Mira dentro, y verás de qué se trata.

Una enorme sonrisa se dibujó en el moreno, parecía divertido con el mundo de colores que resguardaba el telescopio y que cambiaba continuamente, haciéndole ver por momentos diferentes formas.

—Luffy, quiero ver yo también –suplicaba el reno-.

—Lynn, aquí hay muchas cosas interesantes –estipuló Luffy jalando hacia ellos aquel baúl haciendo uso de su elasticidad-.

—Son mis juguetes –les respondió tras una pequeña sonrisa-.

Peluches de diferentes tamaños y formas, muñecas y todo aquello que es indispensable en la niñez de una niña se encontraban en ese baúl, en perfectas condiciones como si verdaderamente jamás hubieran sido utilizados.

—Tienes muchas cosas bonitas aquí Lynn –indicó Chopper quien ya estaba dentro del baúl, pereciendo un peluche más de la colección-.

—Hacía mucho tiempo que no entraba a mi habitación –dijo tras ponerse de pie y abrir su armario- Pueden quedarse con algo que quieran, si gustan –decía tras mirarlos; se sorprendió ligeramente con ambos, ya llevaban entre sus manos un montón de cosas, que si bien eran juguetes, eran cosas que habían llamado su atención-.

—¿En serio podemos quedarnos con todo esto? –preguntaba Chopper con una gran sonrisa-.

—Por supuesto, son cosas que no utilizo y si a ustedes les parecen bonitas, pueden quedárselas –expresó sonriente al ver que Luffy había optado por el caleidoscopio y ese pequeño objeto de imágenes-.

—Genial –sonreía abiertamente Luffy-.

—Ah, esperen –soltó de golpe Lynn antes de alzar un poco las sabanas de su cama y husmear por debajo de ella-.

—¿Qué pasa?

—Esto les gustará mucho más.

Una caja empolvada fue jalada hacia ella mientras con rapidez la limpiaba. No demoró mucho en sacar el contenido de la misma; aquellos dos simplemente miraban todo con interés. Sus ojos mostraban interés e ilusión. Se trataba de un telescopio en excelentes condiciones y cuyo largo posiblemente era equivalente a dos metros.

Los chicos sólo la observaban mientras colocaba sobre la alfombra aquel soporte para luego depositar el telescopio. Abrió la ventana y entonces empezó a enfocar.

—¡Un telescopio! –ambos exclamaron mirándose con entusiasmo-.

—¿Quieren ver? Las estrellas se ven increíblemente bien –les invitó-.

No hubo que pedirlo dos veces; en un santiamén ya se hallaban admirando lo que el cielo nocturno les tenía reservado. Era increíble, la vista era sencillamente incomportable, jamás sintieron las estrellas tocar como en ese instante. Era algo nuevo para ellos, pero igualmente sorprendente.

—Fue un regalo que me trajo mi hermano de sus viajes –comentaba ella-.

—¿Tienes un hermano? –cuestionó con sorpresa Chopper-.

—Sí.

—¿Mayor o menor? –preguntaba el moreno sin despegar su mirada del telescopio-.

—Mayor –sonrió- Pero lo veía pocas veces, así que para eximirse me traía regalos. Muchos de ellos permanecen en esta habitación. No sería mala idea que me los llevara conmigo.

—¿Cómo es tu hermano? –cuestionaba Luffy en esta ocasión- ¿Es fuerte?¿Es un pirata como tú?

—Yo siempre he considerado a mi hermano fuerte…-sonreía mientras hablaba sobre él, mostrando un gran entusiasmo- Él fue alguna vez un pirata, pero abandonó aquello por cuestiones personales…Ahora sólo viaja solo por el mundo, viviendo aventuras, siendo libre…Y cuando nos vemos siempre me cuenta sus travesías. Él es muy divertido, amable, relajado y adora la carne –rio ante esta última confusión-.

—Suena una persona interesante…Shishishishi.

—Quizás algún día puedan conocerlo. Sé que se llevarán de maravilla…Él tiene tu apetito, Luffy.

—Ese día nos quedaremos sin comida –soltó gracioso Chopper-.

—Es lo más seguro –afirmaba Lynn-.

—Hablando de comer, ya me dio hambre –expresó el capitán, cuya barriga empezaba a chillar de hambre con enorme claridad-.

—Jajajaja…Pues vayamos por algo a la cocina –sugería Lynn-.

No comprendía cómo era que se le había escapado de la vista, como simplemente se había esfumado y ahora sencillamente se hallaba totalmente solo, buscándole entre un mar de árboles blancos y danzas infinitas de pétalos, y sin pista alguna de poder encontrarla. ¿A dónde se había ido su hermosa dama ahora que todo parecía tan perfecto?¿Es que el sueño simplemente se había esfumado?

—¡Nami-san!¿Dónde estás, a dónde te has metido? Seguramente quieres jugar a las escondidas. Eres una chica muy traviesa –decía efusivamente Sanji-.

Su mirada se cruzó no con los ojos castaños a los que estaba acostumbrado, sino con unos sublimes zafiros que simplemente le hipnotizaron desde el primer instante. Su rubia cabellera resplandecía casi por magia bajo los rayos de la luna, sus carmesí labios podrían enloquecer a cualquiera mientras su alba piel sencillamente embonaba a la perfección con esas vestimentas orientales de tonos lilas, rosáceos y un presuntuoso negro. No había nada que objetar, esa mujer sencillamente poseía una hermosura arrebatadora y un cuerpo que despertaría el instinto de cualquier que la mirase.

¿Qué hacía una mujer como ella allí, en aquel jardín completamente sola y desprotegida?¿Es que acaso se había perdido?¿Había errado en su camino?¿O quizás…había caído ante sus encantos y simplemente había decidido irle a buscar?

—¡Mellorine! –exclamó como un chico que conoce al fin al amor de su vida-.

—Tú debes de ser, Sanji, ¿no es verdad? –le cuestionó sin quitarle la mirada de encima-.

—¿Cómo es que una belleza como tú conoce el nombre de un simple hombre como yo? –le interrogó galantemente-.

—Quizás porque soy una mujer curiosa –le sonrió suavemente- ¿Crees que podrías indicarme el camino de vuelta a la ciudad? Me he perdido, soy bastante despistada. Por favor, Sanji-kun –expresó tan seductoramente como le era posible-.

—¡Pero por supuesto que sí! –contestó al instante, con una mirada boba y pervertida-.

—Eres un caballero Sanji-kun. Ya no es común hallar hombres como tú –se aproximó a él, sonriendo dulcemente- Pagaré tu amabilidad, Sanji-kun –se detuvo frente a él, aproximando su rostro al de él peligrosamente, separándoles apuradamente algunos centímetros-.

—¡Eres mucho más hermosa de cerca, mellorine!

—Y tú mucho más apuesto de lo que pensé, Sanji-kun.

—¿Cuál es su nombre, bella dama?

—…Scarlett…Mi nombre es Scarlett…Espero que jamás lo olvides…

Sus labios ya no podían decir palabra alguna, habían sido robados, habían sido sencillamente sellados para enmudecer cualquiera palabra, cualquier suspiro, cualquier queja. La sorpresa le dominaba por completo y ello sólo condujo a la inmovilidad de su cuerpo. ¿Cómo se supone que responda ante una situación como ésa, cómo?

¿La suerte le sonreía o simplemente estaba preparándose para jugarle la mejor de las bromas?¿Cómo es que su mundo había dado tantos giros?¿Qué era esa sensación que le oprimía el pecho, acaso era aquello llamado presentimiento?

Aquel beso le heló por completo, como si no fuese una persona la que se lo estuviera dando, sino algo con una apariencia humana pero con la frialdad de la roca. Era hermosa, era perfecta, pero al mismo tiempo, era hueca, superficial y efímera. La belleza siempre ha sido así, inalcanzable e indiferente.

Pero pronto sintió la calidez arropándole, alcanzando su piel y trayéndole de golpe a la realidad. La frialdad se había esfumado, pero su inmovilidad se mantenía allí, dolorosa e indestructible, aferrándose a su cuerpo sin importar lo mucho que deseara deshacerse de ella.

Sus labios se despegaron con lentitud, podía sentir esa suavidad abandonando sus labios pero al mismo tiempo podía contemplar aquel rostro, aquel semblante que le había cautivado fugazmente y que se mantendría inmutable en sus pensamientos. ¿Cómo podía existir un ser como ella?

Su sonrisa repentina tornó inseguro a su corazón, dificultaba su respiración y empezaba a nublar a su expectante visión. Algo estaba empezando a quebrarse, posiblemente se trataba de su fortaleza que rápidamente empezaba a mermarse.

Jamás el blanco contrastó tanto contra el apasionado carmesí…Nunca antes aquel arte había sido creado en pleno movimiento, en medio de una noche calmada y una luna curiosa.