Advertencias
Los personajes, salvo excepciones, no me pertenecen
La historia contiene escenas explicitas de sexo, violencia y lenguaje soez.
NO soy escritora, esto es por diversión, estoy abierta a cualquier duda o crítica fundamentada y respetuosa.
No todos sale de mi imaginación, con lo que es posible hallar diálogos, escenas, etc inspiradas o tomadas de los juegos u otros lugares. Igualmente, el hilo argumental de la historia coincide en puntos con los de los primeros juegos, pero sólo será en parte, otras cosas serán inventadas y no coincidirán.
Capítulo 29
El trío de asesinos llegó a las inmediaciones de las ruinas de unas antiguas termas romanas a pocos kilómetros de la ciudad turca, cuando el sol comenzaba a esconderse tras la línea del horizonte, con su paso lento pero decidido.
Escondidos tras las columnas de piedra que sujetaban sendos arcos de medio punto, esperaban el momento para separarse y comenzar la misión.
Cuando el camino quedó despejado para acceder al interior, Ezio hizo un gesto de cabeza a sus dos compañeros, haciendo que inmediatamente después cada uno tomara un camino distinto.
El italiano avanzó entre las columnas mientras observaba a Nuray caminar con sigilo y discreción sobre ellas y los restos de entablamento que quedaban, ayudándolo a matar desde las alturas a los guardias a los que él no podía acceder, pero podrían en algún momento descubrirlo.
Cuando el hombre llegó a la entrada de un pasillo subterráneo, el lugar donde escondían el Fruto, Nuray bajó de un salto de las alturas hasta reunirse con Ezio.
Él habló en un susurró tras cerciorarse de que todo iba bien.
-Voy a entrar. Quédate aquí con Yusuf, y si tardo más de lo previsto y se acerca el relevo de guardias, sólo entonces, entrad.
-Si hay demasiados ahí abajo no te hagas el héroe, extranjero. Pide ayuda.
-Lo haré, no soy tan estúpido. –Se burló con una sonrisa, que Nuray no correspondió.
-No sé yo.
Ezio volvió a sonreír para después besarla fugazmente aplastando sus labios contra los suyos con fervor, desapareciendo después escaleras abajo.
El pasillo era angosto y oscuro, iluminado tenuemente por antorchas ancladas a las paredes, pero pronto el camino se bifurcaba, llevando a lo que antaño fueron las distintas salas de aguas termales.
El asesino se pegó a una de las paredes al escuchar pasos avanzar hacia él, esperando a que el guardia pasara de largo; Fue entonces cuando Ezio lo siguió, apuñalando su aorta por la espalda.
Tras varios minutos por fin consiguió dar con la sala adecuada, dando gracias porque nadie hubiera descubierto aún los cadáveres que había dejado a su paso sin posibilidad de esconderlos. Antes de que el italiano pudiera pensar en su estrategia a seguir, un soldado hizo que se tuviera que esconder, vislumbrando que se dirigía veloz a la sala del Fruto.
-¡Tenemos problemas! Hay que sacar el artefacto de aquí. Varios hombres han aparecido muertos.
-Me temo que soy el culpable. –Dijo Ezio sorprendiendo a los soldados de la estancia al aparecer de repente, haciendo que todos adoptaran posturas amenazantes, desenvainando las armas.
El moreno sonrió levemente dispuesto a acabar con todos ellos para que el plan continuara, avanzando veloz hacia el grupo para comenzar el combate.
Dos de los soldados atacaron a la par a Ezio, quien esquivó los ataques con raudos movimientos, atacando después, clavando sus dos hojas ocultas en la garganta de los hombres. Acto seguido tuvo que esquivar la estocada de un nuevo enemigo, moviéndose con brío por la sala para no ser herido, recibiendo un par de golpes y cortes que su armadura absorbió.
Tras recuperarse de un puñetazo que hizo que sangrara una de sus cejas, Ezio derribó a golpes al último hombre, dejándolo inconsciente para después acercarse al cofre que guardaba el artefacto.
Pocos segundos pudo el hombre disfrutar de su victoria, cuando escuchó sonidos de disparos en la superficie, haciendo que su cuerpo se tensara ante la alarma que lo invadió, haciendo que se alejara del arcón, guardándose el objeto para regresar arriba.
Al subir las escaleras tuvo que agacharse para no recibir un balazo, encontrándose con Yusuf haciendo lo mismo tras lo que quedaba de una columna cercana.
-¿¡Qué ha pasado, Yusuf!?
-Creo que sabían que vendríamos, es una emboscada. ¡Están por todas partes!
-¡¿Y Nuray?! -Gritó sobre el alboroto.
-La he perdido de vista un segundo.
Al concluir la frase, ambos pudieron atisbar a la morena correr hacia unos guardias, matándolos con sus cuchillos que lanzó con maestría, subiéndose después al entablamento de las ruinas, avanzando hasta alejarse del gran foco de enemigos.
Ezio y Yusuf salieron entonces al encuentro de los guardias, comenzando una caótica lucha mientras la joven llegaba al punto donde se hallaban, bajando a ayudar, concretamente al italiano, quien tenía varios hombres detrás.
Nuray se levantó tras caer sobre dos soldados, girándose después para volver a la pelea y dejar de contemplar a Ezio, quien a su vez dejaba guiar de vez en cuando su vista hacia ella, comprobando que le iba bien.
Transcurridos unos intensos minutos, Nuray dejó de llevar ventaja en la lucha, vislumbrando como gran cantidad de enemigos se agolpaban a su alrededor a pesar de que Yusuf y Ezio aniquilaban vertiginosamente.
Pronto la joven cayó al suelo siendo golpeada repetidas veces, dándose cuenta de que sólo algún hombre intentaba herirla de veras, usando la espada.
-¡Lleváosla, no la mateéis, idiotas! -Gritó uno de los guardias ante la paliza que estaba recibiendo la turca, quien terminó por desmayarse mientras sus dos compañeros luchaban por llegar hasta ella.
Ezio corrió tras el hombre que cargó a Nuray sobre uno de sus hombros, dirigiéndose a un caballo para volver a la ciudad, cuando Yusuf lo derribó, salvándolo de una inminente lluvia de pólvora que impactó contra los restos de la ruina.
El hecho de haber estado a punto de morir no retuvo al italiano, quien volvió a levantarse para correr hacia el hombre que se llevaba a la mujer, gritando no con enfado y desesperación al ver que se alejaban a gran velocidad.
Yusuf de nuevo tuvo que proteger a su amigo de los últimos disparos, antes de que los guardias huyeran tras la llegada de los refuerzos asesinos.
-¡Ezio no pierdas la cabeza! ¡Casi te matan! –Riñó el turco con seriedad, gritando.
-¡Se la han llevado, Yusuf!
-¡Lo sé! ¿Pero quién va a salvarla si nos matan? Debemos ser inteligentes o moriremos todos, incluido ella.
El italiano suspiró calmándose al hallar la verdad en los comentarios de su amigo. Debía concentrarse para que nadie saliera mal, por mucho miedo y esfuerzo que le costase mantenerse sereno.
Tras el segundo de reflexión, Ezio habló con voz serena, pero tensa.
-César la ha mandado secuestrar. Sabe lo que significa para mí y espera que vaya a por ella, para así matarme de una vez.
-Pues ese idiota va a saber de que pasta estamos hechos los asesinos. Vamos a por ella de inmediato. Deben haberla llevado al palacio del sultán, ya sabes.
-Bien, pues pongámonos en marcha.
-¿Conseguiste el Fruto?
-Sí. –Dijo para después enseñárselo.
-¿Qué vamos a hacer con él?
-Llevárnoslo. Es lo único con lo que podemos salvar a Nuray si las cosas se ponen feas.
-No vamos a dejar que le hagan nada. –Intervino solemne Yusuf tras hallar el temor en el rostro rígido de Ezio.
Ambos se levantaron y se dirigieron a sus caballos, ordenando nuevas instrucciones al resto de asesinos, para comenzar después a cabalgar raudos hacia el palacio, pensando qué iban a hacer para sacar de allí a la muchacha.
Nuray despertó con un intenso dolor de cabeza y tronco, encontrándose encadenada de brazos en una celda casi idéntica a la que en el mes anterior había estado Ezio en San Angelo, con lo que no pudo evitar las horribles imágenes del estado en que lo encontró, asumiendo que iba a acabar igual, o incluso peor a manos de Borgia.
Mientras la chica tragaba saliva y cerraba los ojos aceptando su destino, a la par que intentaba conseguir templanza, la puerta de los calabozos se abrió, dando paso a César, quien optó por entrar solo.
Gracias a todo el que lea!
