ALUCINACIONES DE VENGANZA

Capítulo 29- Las cosas van mejor

Teen Titans no me pertenece

¡Hasta que me digno a aparecer! D: Mil perdones por mi ausencia, seguro que muchos entienden las razones. Me da gusto pasarme por aquí en mis tiempos libres, me divierto mucho o me emociono mucho con las historias que puedo encontrar en los fandoms, así que si tienen alguna que me recomienden no olviden mencionarla.

¡Prometo actualizar más rápido la próxima!

Besos, y saludos :3


Capítulo 29- Las cosas van mejor

Robin

Cualquier cosa que haya visto en el pasado no se compara con esto. Es terrorífico, inexplicable; el pánico hace que los nervios se alboroten; la desesperación y la asfixia me arrastran con una fuerza etérea hacia la salida mientras me cubro los labios con mi guante.

El hueco en el estómago se hace más grande conforme lo que acabo de ver se digiere en mi cerebro. Me siento mareado, lleno de náuseas, con el ritmo cardíaco inestable, y con un malestar a la altura de la frente.

Lo lógico no deja de obligarme a preguntarme cómo es que había envejecido; peor aún, cómo se había desvanecido como una hoja quemada por el sol cuando es aplastada. Veo a mis amigos igual de perdidos; asustados; sin color en el rostro. Nadie sabe cómo reaccionar ante tan espectáculo de irrealidad macabra.

¿Acaso era un tipo de ilusión, una farsa, o una broma de mal gusto?

Los escalofríos van y vienen como descargas eléctricas, por suerte y aún sigo en pie. Quisiera parecer firme, con valor como para afrontar esto, como si pudiera mantener la situación bajo control, pero incluso a mí me afecta de una manera tan gradual. No puedo ni hablar para tranquilizar a los médicos de la habitación, quienes se la han pasado con exclamaciones de asombro, de horror, y grandes interrogantes que todos naturalmente se plantearon desde el inicio.

Slade ha muerto, se ha desvanecido. Todo frente a nosotros, que creerlo se ha hecho una tarea tan difícil; tan incrédula que nos quedamos pasmados alrededor de 10 minutos, en los que –al menos yo- hemos luchado contra las cavilaciones que se retuercen en torno a esta desintegración espontánea.

Todo hubiera seguido en el mismo ambiente de no ser porque el comunicador sonó en medio de tanta incertidumbre. Contesté aferrándome a ese sonido, como si fuera mi única salida para desenfocarme de las cenizas esparcidas en las relucientes losas del suelo.

Ojala hubiera apagado el comunicador T antes de entrar aquí. Esta vez fue como un golpe bien certero en el pecho, como si alguien me robará el aire y me impidiera seguir respirando. ¿Por qué demonios la había dejado sola? La había recuperado, cuando creí que estaba muerta, cuando creía que nunca la volvería a ver, cómo es que pude dejarla sola de nuevo.

Sea como sea, me olvidé de Slade. Caminé de forma apresurada, no dije nada, pero mis amigos sabían que se trataba de algo malo, por eso no dudaron en seguirme. Quería tan pronto llegar a la torre, cuanto deseaba poder tener los poderes de Kid Flash, la desesperación sólo hacía más grande mis ansias y mi culpabilidad. ¿Podría abrazarla de nuevo?


He esperado por varios días. No he podido separarme del pequeño, y además los policías me confiscaron la motocicleta porque dijeron que no traía licencia para conducir y que era menor de edad. ¿Y ellos qué saben si soy menor de edad o no? Digo, en una epidemia de personas idiotizadas como zombies no es común que antes de huir te preocupes por si llevas la licencia o tu identificación; aunque realmente están en lo correcto, sólo tengo 17 y papá no me llevó a sacar la licencia por miedo a que usará su preciado auto y lo chocara.

Papá es un completo idiota; mi familia es tan aburrida y tan antisocial que me preocupa que hayan salido de viaje; digo, sólo es por trabajo, pero cómo es que aceptaron ir, se perderán tan pronto como bajen del avión. Por suerte me dejaron aquí, no sé si sea bueno o malo, aunque admito que quería ir a conocer Nueva York.

No soy el mejor hijo que se pudiera desear, soy un chico promedio que pasa la etapa de la rebeldía –diría mamá-; no soy como mi hermana que se la pasa metida en los libros y cada cena habla de lo espectacular que le ha ido en la Universidad; ni tampoco soy como papá, pegado sólo a la computadora y con tantas hojas con cálculos en mano. Mamá es un poco menos complicada, no se la pasa tragando libros o conectada a la laptop, pero sí que la gastronomía la mantiene ocupada, eso no me disgusta, en realidad me encantan sus platillos cada vez más diversos –si no pregúntenselo a mi estómago-, pero odio cuando se presiona tanto por una receta que le sale mal en cada intento.

Miro a tanta gente tan consternada, inquieta, y con una preocupación enorme por saber qué sucede. ¿La mayoría sabrá lo que está pasando en realidad? ¿Yo sé lo que está pasando?

Ethan se acurruca a mi lado mientras observa detenidamente a su oso de peluche. Aunque me dejasen ir, no he podido dejar a este niño aquí solo con toda esta multitud, no quisiera que se asustara más de lo que está, además Starfire me dijo que lo cuidara y ayudara a encontrar a su madre. Bueno, en realidad me dijo que se lo dijera a los Teen Titans, pero no siempre soy un inservible.

—¿Cuándo volverá Starfid… —se traba en la última sílaba, aun no puede pronunciar bien el nombre.

—No te preocupes, ella fue a buscar a tu mamá —le digo tratando de terminar ahí la conversación para no fastidiarla y no decirle cosas que no debería, pero él continua hablando, y a veces lo veo tan calmado que me pregunto si tiene la edad que aparenta tener al ver las caricaturas para preescolar —¿Ella también buscará a tu mamá?

—Mmm… —me quedo pensando en qué responderle, apenas iba a decirle que mi madre se había quedado en casa de la abuela,… iba, porque justo cuando las palabras estaban a punto de salir, las luces se apagaron y casi se me sale el corazón del susto.

Unos gritos de pánico se escuchan haciendo eco en el gran gimnasio de la secundaria que ahora se está usando como un albergue a causa de esta situación. Las linternas no tardan en aparecer, pero la gente sigue asustada.

Un chirriante rasguño en el techo, como de un metal crujiendo, resuena en todo este gran espacio. El silencio acapara la atención de los oídos de las personas, y sea un trueno, sea el viento, o cualquier otra cosa; todos nos quedamos quietos como esperando a que algo salga a nuestra espalda con tentáculos y nos haga correr afuera.

Abrazo a Ethan, quiero decirle que todo va a estar bien, pero hasta yo siento en el aire ese tono de suspenso que cualquiera siente en una película de terror.

La atmósfera es tan densa, y tantas respiraciones juntas vuelven la espera eterna. Los gritos vuelven a escucharse tan pronto comienza a temblar la tierra. Unos estruendos sonoros quiebran el silencio, el pánico hace que una estampida de gente salga corriendo, sin embargo el resplandor rojo que se muestra afuera los devuelve hacia adentro. ¿Qué fue lo que vieron para regresar otra vez al gimnasio?

La tierra vuelve a estremecerse, esta vez más fuerte, tanto que en el techo hay algunas grietas y el sonido de concreto cayendo es tan insoportable. Los oídos me duelen, se sienten tan sensibles, y me desorientan; lo único que atino a hacer es taparle los oídos a Ethan, porque seguro que sangrarán con tanto bullicio.

Tengo miedo de que algo me caiga encima, es por eso que trato de alejarme de los lugares con grietas, aunque con la obscuridad que hay podría caerme con el niño en brazos. Observo de reojo la luz de fuego que sale por esas grietas, como cuando la luz de la luna aparece sobre las ventanas, pero esto es otra cosa, como si fuera una franja de luz intensa de color rojo o naranja. Y no sólo eso es lo sorprendente, puesto que cuando miro con más atención, figuras negras se incorporan en esos fulgores, y se mueven con tal rapidez hacia la obscuridad. ¿Qué son esas cosas?

Un grito aterrador se hace parte de otros más, son diferentes a los de antes, éstos suenan desgarradores, y me parten los nervios. Ojala papá estuviera aquí, y me dijera qué hacer; ojala mamá estuviera abrazando a mi hermana y a mí. Estoy solo con un niño, así que tendré que pensar como papá, como mamá y ser al mismo tiempo como su hermano mayor. Tenemos que escondernos y salir de aquí antes que las sombras nos atrapen.


"Despierta, cariño"

Abro lentamente los ojos y veo sus ojos azules llenos de dulzura. ¿Por qué no trae su antifaz? No me importa, y me lanzo a sus brazos dejando el sillón en donde descansaba. Quería verlo de nuevo, y esta calidez me mantiene segura. Mis brazos lo aprisionan, y el alivio me mantiene lejos del estrés y del dolor.

—¡Al fin despertaste! —exclama con emoción. Puedo sentir sus brazos devolviéndome el abrazo tan fuerte, que llego a sentir una punzada de dolor en las costillas, y sus intentos por aspirar mi aroma. Me alegra poder verlo, poder sentirlo; estoy contenta por estar con él una vez más.

Después de ese gran impulso de felicidad, me detengo a pensar por qué lo extrañaba tanto. Todo termina en una sensación de amargura; me abalanzo más a él con tal desesperación mientras sollozo en su hombro. Recuerdo cada ardor de las heridas que llevo en la piel, la culpa se encima sobre mi espalda, y los gritos me sacan de las casillas. Tiemblo de manera abrupta, y sólo siento un terrible dolor de todo.

—Está bien, está bien, todo va mejor —me susurra colocando su mano en mi nuca, acercándome más a su pecho, intentando serenarme. Estoy muda, víctima de las imágenes que parpadean como una película en mis memorias. Felicidad, tristeza, ira, culpa, odio; todo se junta para hacerme estallar en una inevitable desesperación de llanto.

Sólo él puede calmarme. Y así lo hace. Escucho todo lo que dice, y las cosas van mejor. Los laboratorios S.T.A.R. hicieron un antídoto para que las personas dejaran esos estados de hipnotismo, el caos se ha controlado. Mis amigos han estado intentando seguir las huellas de los demás miembros de La Hermandad del Mal, quieren tener todas las respuestas posibles, ante la hipnotización, hasta si puede haber secuelas u otro plan en marcha, aun no tienen ese flanco dominado.

—¿Cuánto he estado inconsciente? —le pregunto en medio de buenas noticias, todo ha pasado tan rápido pero eso no me quita el regocijo que nace por dentro. ¡Las cosas van mejor!

—Dos días —dice con algo de tristeza— .Estábamos preocupados por ti y por Speedy.

¡Cierto! Había olvidado ese último detalle. Era tan confuso pensar en los últimos minutos que estuve despierta en medio de una pelea. Speedy me estaba protegiendo, y Jerico había sido un monstruo más del control mental. Su apariencia perdió todo lo angelical que podía ser Joseph, y sus ojos me aterraron, mucho más que los de Argenta, Gnarrk e incluso Kole. ¿Qué había pasado con ellos? ¿Aún estaban vivos?

No quiero preguntar. No estoy preparada para aceptar otras muertes en mi conciencia.

—Starfire, ya todo está mejor, tranquila, necesitas despejar tu mente.

Tiene razón, pero dormir no es la solución, tengo esa inquietud dentro de mí, quiero saber y confirmar cuál es mi culpa, cuánto daño me pertenece, qué personas llevaré lamentándome por dentro.

Me levanto, él se sorprende, doy unos cuantos pasos y caigo de rodillas en el suelo cuando mis piernas flaquearon. Me siento débil, pero estoy viva, quiero correr y gritar que estoy viva; antes de que todo se vuelva gris.


El resplandor blanco azulado y muy brillante se esparce por toda la sala. Cega por tanta intensidad. Cyborg trata de ver con su ojo biónico, pero no dice nada después de un rato. Sólo estamos nosotros tres y me siento preocupado por no ver ni una cabellera pelirroja rondando por el salón.

Este destello me trae sensaciones desagradables. No logro conectarlo con algo más, no hasta que veo a Raven, su cara muestra una angustia tan auténtica, que se me erizan los vellos del brazo cuando puedo ver en sus ojos lágrimas. Los guturales alaridos confirman sus alarmantes sospechas que se esconden entre sus más profundas pesadillas.

Si esto es verdad es mejor ponernos a salvo, sobre todo a ella. Cyborg aún no parece descubrir nuestra teoría, pero se espera lo peor cuando el piso comienza a crujir, cuando los enormes ventanales terminan de romperse y miles de vidrios rotos se esparcen por la arena de la isla.

—¡Hay que correr, Robin! —me grita con voz ronca, pero es tarde, el destello nos hace cerrar los ojos y sólo dejar que los oídos sean presentes de la aparición de un monstruo.

La luz blanca se vuelve roja, como sangre en el resplandor de la luna. Un temblor bajo nosotros destruye objetos y deja pisos de la torre con huecos. Estamos en el suelo, aprisionándonos de lo que se pueda agarrar para no caer en una de tantas grietas que desfilan rocas en picada.

La voz de Roy me pone alerta, está gritando de dolor, ¿es que acaso…?

Quiero ponerme de pie, e ir a ayudar a Speedy, pero los temblores no me ayudan.

—¡¿Roy, dónde estás?! —Cyborg se atreve a caminar, pero los alaridos continúan. La voz de Raven nos pide que no nos acerquemos al portal, suena asustada, casi puedo sentir sus respiraciones entrecortadas.

—¡Ayuda!

Se detiene por un segundo mis latidos —¡¿Star?!—ella también está ahí. Salgo corriendo pero una barrera me lanza a uno de los extremos y siento una roca golpear en mi espalda lo que me hace quejarme de dolor.

El portal disminuye su luz, apagándose, extinguiéndose como el calor de una vela con el soplo del viento. Tan pronto como desaparece la luz y el extraño dibujo en el suelo, veo a mi novia y a mi compañero desvanecidos en el piso. Los tres los auxiliamos, y no sé cómo reaccionar. Raven me da una mirada de alivio, parece que nuestra teoría sólo fue una mala premonición. Así era hasta que un destello que se ve desde unos de los ventanales rotos capta nuestra atención. El mismo resplandor de fuego de hace rato, pequeño, pero en pocos segundos abarca la zona de una manzana entera.

Tiene que ser una broma. Todo ya se había mejorado. ¿Cómo es posible conectar lo de La Hermandad del Mal con aquella luminosidad. ¡No tiene sentido!

Sus cuernos aparecieron surgiendo de entre las penumbras de una dimensión de tantas que quizás conquista. Los ojos rojos y penetrantes en su frente vuelven a darle una apariencia de un total monstruo. Su piel, su gran tamaño, y su maldad me hacen sentir imponente, y yo sólo me pregunto: ¿esta vez saldremos con la misma suerte que la última vez?

—Mi padre regresó.